Capitulo 29
The Nature of Angels
Mañana.
Jueves, 28 de mayo.
–Como no lo veo subido a una moto voy a recomendarle que
me lleve usted en coche…– dijo el detective mientras
se ponía la cazadora. Saliendo de la clínica a donde
había ido a buscar al doctor.
– Cierto, nunca he subido a una en mi vida. – afirmó,
seguro de que sería muy incómodo, por no decir nada
digno. Se dirigió a su coche de color plateado, quitando
la alarma antes de abrir las puertas. – ¿Logró
descansar anoche?
–Por supuesto. Ya le he dicho que no tengo problemas de sueño.
Más bien para permanecer despierto en todo caso…–
se subió al coche. Poniéndose el cinturón y
bajando la ventanilla. –Hábleme de Ashram.
– No creo que pueda decirle mucho más de lo que usted
ya sabe. Como fue criado por el líder de ese culto. Utilizado
como asesino, torturado... – lo miró, imaginando que
no se refería a eso, pero tampoco podía violar la
confianza de su paciente. – Es un chico agradable en la actualidad,
si bien marcado por su pasado. Ha tenido dificultad adaptándose,
aunque lo está intentando tanto como puede. Ahora estudia
y su arresto domiciliario es un poco flexible. A veces tiene dificultad
comunicándose con claridad, pero debe ser paciente, detective.
–Ya veo. Es un buen chico según tengo entendido. Para
nada violento. – cogió un cigarro y lo encendió
sin preguntar, apoyando un brazo en la ventanilla y mirándole
las manos disimuladamente.
– No, no lo es. – contestó, pensando en el incidente
en el que había participado hacía poco tiempo. No
quería predisponerlo por algo así.
– Pero según tengo entendido, nunca lo fue. Ashram
no asesinaba por sus propios instintos. Supongo que podría
decirse que era más un arma que un verdadero asesino, desde
el punto de vista psicológico.
–Ya veo… Eso tengo entendido. – El moreno se
pasó la mano por el cabello, suspirando con fuerza. –
¿Y sus familiares? ¿Los conoce?
– Sí, bueno... más que nada he tratado con
Adan Adler y con Aki Higuri. Los dos le dan mucho apoyo al chico.
Adan Adler es un hombre muy responsable, serio... Es confiable,
diría yo. Y el otro chico... es algo impaciente, pero también
se preocupa por Ashram.
–Impaciente… Yo diría inmaduro. Pero me pareció
una buena persona. Es lo importante. – golpeó la chapa
del coche con los dedos. Impacientándose y observándolo.
–Juguemos a algo…
– ¿Juguemos? ¿Qué quiere decir con eso?
– sonrió, preguntándose si no era él
el impaciente.
–Hágame una pregunta personal y yo le haré
otra. Es obligatorio responderla. – sonrió levemente.
Pasando un brazo por el respaldo del asiento. –Es un juego
que me enseñó mi mami.
El psicólogo se puso serio, aunque internamente le intrigaba.
– ¿Por qué habría de jugar a eso? No
estamos en una sesión. Creí que le molestaban mis
constantes preguntas.
–No será uno de sus acosos. Sólo un juego.
¿No se atreve?– torció la sonrisa, sujetando
el cigarro con los dientes.
– No lo acoso, detective. – suspiró mientras
giraba en una esquina. – ¿Empiezo yo o prefiere empezar
usted?
–Empiece usted. Así dependiendo de lo mucho que me
toque las pelotas puedo formular una u otra pregunta…
El albino sonrió. – Supongo que debería ser
cuidadoso. Empecemos con algo sencillo entonces. ¿Por qué
no me quiere hablar de la primera vez que vio un cadáver?
Recuerde que tiene que responder con la verdad. Nada de respuestas
como “no es asunto suyo”.
–Porque es algo muy personal. – le respondió
calmado esta vez. Como si el hecho de poder sacar algo a cambio
cambiase completamente las tornas. – ¿Le gustan los
hombres?
– Sí, me gustan los hombres. Y creí que el
objetivo del juego era responder preguntas personales. – sonrió,
pensando que se había pasado de listo con esa respuesta.
Casi se sentía mal por lo que iba a preguntar. – ¿Cuándo
fue la primera vez que vio un cadáver?
–Cuando tenía trece años…– carraspeó
ligeramente. –Preguntarle sobre su homosexualidad es una pregunta
personal… así que continúe. ¿Tenía
una relación con el doctor Oshitari?
– Me refería a su respuesta...–contestó
pensativo, aunque sin distraerse al conducir. – No, no tenía
una relación con Oshitari sensei. Sólo fui su alumno.
¿De quien era el cadáver?
–De mi padre… Le gustan los chicos problemáticos.
¿No? – le preguntó, dejando salir el humo lentamente,
mirando serio hacia fuera.
Kaigan suspiró, frunciendo un poco el ceño. –No,
me gustan las cosas con orden, metódicas. Pero muchas veces
he pensado que tal vez esté en estado de negación.
– lo miró de soslayo de nuevo, su tono de voz distinto,
más suave. – ¿Cómo murió su padre?
–Un tiro en la cabeza a quemarropa. – le contestó
aún mirando al exterior. –Piensa en mí extra
laboralmente… ¿cierto?
– Por supuesto, somos compañeros de café, ¿no?
– sonrió, aunque su sonrisa era forzada. Se sentía
un poco presionado. – Sí. ¿Quién mató
a su padre?
–Yo. – se rozó el pecho con la mano, buscando
la cruz disimuladamente y mirándolo de soslayo. –Es
aquí, pare el coche…
Kaigan detuvo el vehículo, observando al moreno, deseando
preguntarle más cosas, pero no podía si no se adherían
al juego. – ¿Neceita unos minutos? – le preguntó,
seguro de que le diría que no, pero luego de haberle confesado
aquello no podía estar como si nada.
–Oh… sí… ¿Estoy peinado?–
lo miró serio y alzó una ceja. –Vamos. –
llamó a la puerta con dos golpecitos y esperó aparentemente
de forma paciente. –Aún puedo hacerle una pregunta
más.
– Resérvela para cuando la necesite. – le sonrió
el médico, siguiéndole la corriente ya que consideraba
que era lo mejor por el momento y observando al pelirrojo que abría
la puerta con cara de no estar preparado aún.
– Doctor Hashimoto, hola... Y usted debe ser el detective...
–Adamo Drago. – le contestó el moreno, sonriendo
cortésmente y estrechándole la mano con suavidad.
Entrando sin soltársela aún. –Gracias por recibirnos…–
lo soltó por fin, echando un vistazo al interior.
–Buenos días. –Adan, que había pedido
la mañana libre para aquello, estrechó su mano. –Adan
Adler.
–Encantado… – el moreno lo miró fijamente.
–Aki… ¿Por qué no avisas a Ashram?–
le preguntó Adan, acompañándolos a la sala
y cogiendo la cazadora del detective para colgarla.
–Gracias…– el moreno se sentó en el sofá,
recontándose un poco en el respaldo y separando matemáticamente
las piernas.
– ¿Un café?
–Sí, gracias… ¿Le importa que fume? –
preguntó el detective.
–Le traeré un cenicero. Disculpen un momento…–
el moreno se fue hacia la cocina ligeramente nervioso.
Aki llamó a la puerta de Ashram, entrando luego. –
Ya llegó el detective. – les anunció a los dos
chicos, el rubio sujetando la mano de Ashram para darle fuerzas,
a pesar de que Aki aun no se iba. – Recuerda, sólo
quiere hacerte unas preguntas. No es nada que tenga que ver contigo.
–Lo sé. – el moreno se levantó, apretando
la mano de Daniel y dirigiéndose con él al salón.
–Pero tú estarás conmigo… ¿Verdad,
Aki?
– Yo, Daniel, Adan y el doctor Hashimoto. – le sonrió,
asintiendo y saliendo con él a la sala. – Este es Daniel,
¿está bien que se quede con nosotros, verdad?
Kaigan levantó la mirada observando al chico. Al parecer
se habían acercado aún más durante esas semanas.
Era un nuevo paso hacia el progreso.
–No hay ningún problema, Ashram. – Drago se
levantó sin poder evitar fijarse en el aspecto del chico.
Se veía todo él… en penumbras.
–Soy el detective Adamo, encantado. El detective Sven me
ha hablado mucho de ti.
– ¿Sven?– preguntó Ashram, retirando
su mano lo antes posible.
–Sí. Daniel, encantado. – el detective le dio
la mano también, sin poder evitar fijarse en su aspecto y
en el nombre. Se sentó de nuevo, esperando un momento mientras
cogía unas hojas.
–Daniel es mi novio. – le explicó Ashram a su
siquiatra.
– Así es... – sonrió el chico, enrojeciendo
un poco. – Mucho gusto.
– Mucho gusto, Daniel. – el psiquiatra le estrechó
la mano, notando su nerviosismo y sonriéndole a Ashram. –
No te pongas nervioso. El detective sólo desea hacerte unas
preguntas porque considera que tu conocimiento sobre el tema podría
ayudarle.
–Comprendo. – el moreno lo miró fijamente. –Usted
también es un paciente del doctor, lo he visto. – le
dijo observando su cigarro.
Drago lo miró a los ojos, serio y luego se subió las
gafas sonriendo ligeramente. –En realidad es rutinario para
los miembros de la policía.
Ashram lo siguió mirando sin decir nada.
–Bien, Ashram… te importaría decirme si recuerdas
a alguna otra persona al mando o cercana a Arestiel que haya sobrevivido…
– ¿Cercana? Sólo yo…
Daniel apretó su mano nervioso, preocupándose.
– Ashram no ha tenido contacto con nadie de esa secta desde
entonces... – intervino Aki, el albino calmándolo.
– Tranquilo, nadie lo está acusando de nada. No es
necesario que conteste por él. – sonrió con
voz calmada, pensando en lo que habían conversado en el coche.
Impaciente e inmaduro, tal vez fuera las dos cosas.
–Y si lo hubiera tenido seguramente habrían tratado
de matarme…
–Sí, es lógico…– el detective lo
miró a los ojos. – ¿Comprendes lo que están
haciendo, Ashram? ¿Has escuchado las noticias?
–Lo comprendo, están matando ángeles…
– observó los ojos del detective.
–Pero todos son niños…
–No tiene importancia…– le dijo el moreno. Adan
poniéndose un poco nervioso y tratando de seguir ligeramente
separado para no ser una multitud.
–Y tu novio… ¿Es él un ángel?–
preguntó sin poder contenerse.
–Sí, lo es. Para mí… Pero nadie le hará
daño. – sentenció después.
– Ashram... – murmuró el chico, aunque conmovido
por su respuesta, el psicólogo observándolos, pensando
que no debería intervenir, pero haciéndolo de todas
maneras.
– ¿Crees que Daniel corre peligro? ¿Por qué
dices que no tiene importancia que sean niños?
–Sólo tiene importancia que sean ángeles. Que
sean niños sólo me parece una coincidencia. Muchos
nacieron ángeles y la vida los cambió. Eso hace que
los niños tengan más probabilidades de seguir siendo
lo que en su origen fueron… –Ashram habló sin
tener en cuenta lo que fueran a opinar de su manera de pensar. –Daniel
no corre peligro. Yo lo protejo.
–Justicia de Dios…– dijo Drago.
–O el misericorde…– le contradijo Ashram. –Hay
ángeles buenos y ángeles malos. Los buenos son ángeles
santos, obedientes a Dios, permanecieron fieles, sin caer; y los
malos son los caídos, son los ángeles que por su propia
voluntad siguieron a Satanás en su rebelión.
Aki lo miró con cara de que hubiese preferido que no hablara
así. Pero claro, a eso había ido al detective. De
cualquier manera seguía incomodándolo. Miró
a Adan como buscando apoyo.
Kaigan permaneció observándolo. Se veía con
mucha más energía al hablar de aquello. Probablemente
porque se sentía cómodo. Era lo que conocía,
en estos momentos tenía una función.
– ¿Y por qué crees que los están matando?
¿Podrías hacerme una lista de las personas involucradas
en la secta que no fueron detenidas, Ashram?
–No los conocía por su nombre real. Lo siento.
–No, lo comprendo…– el detective se pasó
la mano por el cabello. Fumando pensativo.
–No sé por qué los matan. En el caso de Arestiel
al parecer era por dinero, según Sven.
– ¿Y tú por qué crees que los mataban?
–Porque…– lo miró a los ojos y luego a
su siquiatra. –No lo sé. – contestó por
no decir “porque se lo merecían”–. Sin
embargo Drago lo comprendió y no dijo nada porque opinaba
lo mismo. De no haber estado el siquiatra delante le hubiera dado
coba para sacarle más.
–Los niños fueron violados…– le dijo ya
que ciertos detalles no se habían revelado.
–Es posible. – contestó sin sorprenderse. –Hay
quien se vale de ciertas cosas para crear sus propias reglas. Pero
el asesino murió… se suicidó.
–En realidad lo mataron.
–Ya lo sabía.
Aki lo miró con ganas de taparle la boca. Estaba seguro
de que lo había deducido de alguna manera extraña,
pero tal vez el detective no opinase lo mismo.
Daniel le apretó la mano mientras el psiquiatra, habiendo
notado aquel súbito silencio y la mirada del detective, se
inclinaba hacia delante.
– ¿Qué quieres decir con que ya lo sabías,
Ashram?
–Cuando un arma pierde su utilidad ya no sirve de nada…
Algunas armas hablan.
–Salvo que les arranques la lengua.
–Si tus ojos pecan, arráncatelos y arrójalos
lejos de ti, Si tu lengua peca…– Ashram lo miró
intrigado. – ¿Le cortaron la lengua?
–Eso es, Ashram…
–Pues ya sabe por qué lo mataron. No confiaban en
él. Seguramente ni siquiera sabía como hacerlo bien…
–No, por eso lo atrapamos, Ashram. – Drago lo miró
fijamente. Preguntándose si sentía algún tipo
de orgullo o nostalgia por el asesinato.
Kaigan lo observó detenidamente, había muchas preguntas
que deseaba hacerle, pero delante del detective podrían resultar
perjudiciales para Ashram. – ¿Hay algo que te llame
la atención en este caso? Algo que te sea... ¿muy
familiar? – le preguntó cuidadosamente, notando la
mirada de Aki sobre él.
–No. Yo mataba para hacer lo que se me ordenaba. Sabía
lo que estaba haciendo y lo hacía bien. Me llevaba los corazones
porque con ellos se realizaban ceremonias… Esto. A mí
me parece un teatro. Pero yo no sé lo que ellos predican.
–Disculpa, Ashram…– Drago miró al siquiatra
y le habló al oído. – ¿Crees que podría
mostrarle estas fotos?
El albino observó las fotos, mirando al chico y su rostro
sereno, tranquilo. Pero eso no lo iba a alterar, seguramente habría
visto muchas cosas como esas. Estaba más preocupado por sus
respuestas. – Ashram, ¿crees que podrías ver
algunas fotos de los crímenes? – le preguntó
de todas maneras, renuente a tomar las decisiones por el chico.
– ¿Es necesario? – preguntó Aki, que
aún recordaba las fotos que le había mostrado el detective
Sven.
–No me importa, Aki…Tú no mires. – Ashram
las sujetó con su mano enguantada, dejándolas sobre
la mesa y observándolas. –Es… grotesco. No creo
que tenga ningún significado. Sólo regocijarse en
la muerte, recrear un escenario para posiblemente una ceremonia.
– ¿Qué me puedes decir de esto?– le preguntó,
mostrándole al pequeño que colgaba de la iglesia.
–El sagrado corazón… no lo sé…
Este no tiene alas…
–Eran de paloma. Se las habían clavado allí…–
le explicó Drago.
–Cuando Jesucristo se representa en el sagrado corazón
con la virgen, también es un bebé… Esto…–
observó otras fotos del forense. –A mí me parece
que quien lo hizo tenía dudas y miedo… no es el corte
que haría un asesino.
– ¿Qué corte habría hecho un asesino?...
– le preguntó Drago.
–Uno limpio… habría sabido donde está
el corazón y lo habría sacado con facilidad. ¿No
había sangre del asesino en las espinas? Seguro que no llevaba
guantes de cuero.
–Aún estamos esperando pruebas.
–Comprendo. – apartó las fotos con una mano
y suspiró mirando a un lado.
Kaigan se apartó un mechón de cabello, no sólo
observando a Ashram al decir aquello, si no también la mano
de Daniel apretando de aquella manera la del moreno, la mirada de
Aki que se había estado resistiendo a mirar aquellas fotos
y que ahora parecía ligeramente aliviada. Incluso el gesto
del detective al apartar las fotos.
–Ashram…– Drago llamó su atención,
buscando su mirada, el chico lo observó fijamente. –
¿Qué estás pensando?
–Hay una mosca en el salón…– le contestó
el moreno. Que no estaba pensando en eso principalmente.
El detective esbozó una sonrisa y apretó las mandíbulas
para contenerla. –Creo que hay una persona poderosa detrás
de todos estos asesinatos. Y que no se trata de imitadores o asesinos
en serie… Se trata de cabezas de turco que realizan estos
sacrificios por orden de esa persona.
–Sí, eso creo…– le contestó Ashram.
– ¿Por qué crees que lo hacen? ¿Por
miedo o por fanatismo?
–Por fe…
–Por fe, claro. – Drago se subió las gafas.
– ¿En Satán?
–No, en esa persona. Que tal vez se haga llamar Satán,
yo no lo sé. Así que da igual que encuentre a los
asesinos. Ellos no le dirán quien es su líder, y el
líder nunca se manchará las manos con sus víctimas.
Pruebe a buscar señales en los asesinos, tal vez allí.
Drago suspiró con fuerza. –Ashram, esta es mi tarjeta…–
la puso sobre la mesa y miró a Aki un momento. –Si
de pronto recuerdas a alguna persona que pudiera estar tras esto…
Puedes llamarme, o decírselo al doctor si lo prefieres.
–Bueno…
El pelirrojo sonrió, por poco dejando escapar un suspiro.
Suponía que estaba actuando como un idiota, pero realmente
se había preocupado de que sospecharan de Ashram. No le haría
bien algo así, justamente ahora.
– Y recuerda que puedes venir a hablar conmigo cuando lo
necesites. No tienes que esperar a recordar algo. – el albino
lo miró a los ojos, instándolo a seguir con las sesiones.
–Iré pronto…– le dijo Ashram, ya que de
todos modos pensaba ir antes de que todo aquello sucediese. –Ayer
tuve otra pesadilla…– comentó pensativo. –Pero
no quiero hablar de ella ahora…
– Está bien, no tienes que hablar de ella hasta que
estés preparado. – asintió, actuando antes de
que el pelirrojo abriese la boca. Conociendo a Ashram, lo que menos
deseaba era preocupar a su familia. Por otro lado, él tampoco
tendría ganas de discutir ese tipo de cosas luego de contestar
a las preguntas del detective.
– Entonces... ¿Ya terminamos? –preguntó
Aki de todas maneras, sintiéndose un poco reñido por
la mirada del médico.
– Sí…– Drago se levantó. Estrechando
la mano de Ashram y sintiendo el tacto del cuero. Se preguntaba
por qué seguía llevando aquella prenda. –Bueno,
gracias de nuevo. – estrechó la mano de Aki y la de
Adan que acababa de levantarse para despedirlos.
–Espero que les haya sido de ayuda…– les dijo
Adan. –Doctor. – se despidió también.
– Hasta luego. Fue de mucha ayuda. – le aseguró,
sonriendo y estrechando su mano. – Mucho gusto, Daniel. –
se despidió del rubio también.
– Mucho gusto. – contestó el chico que aún
no soltaba la otra mano de Ashram.
Aki exhaló con fuerza al verlos marcharse, cerrando la puerta
tras de sí. – No estuvo tan mal...
–Yo no hice nada. – Ashram miró a Aki y suspiró.
–No te pongas tan nervioso.
–Sí, no te pongas tan nervioso. – le dijo Adan
a Aki. Sujetándolo por los hombros.
– ¿Quieres volver a clase, Daniel? – sólo
daría tiempo a última hora.
– No, creo que mejor me doy por enfermo. – sonrió
el chico, negando con la cabeza. – Prefiero quedarme contigo
un rato más. – añadió, cuidadoso de no
molestar a los demás habitantes de la casa. En realidad,
había pensado que prefería quedarse con él
por el resto del día.
– Vale, pero no os quejéis de que me ponga nervioso.
Eso demuestra mi amor... – el pelirrojo se rió, ahora
mucho más calmado, tirando un poco de Adan para llevarlo
consigo.
– ¿Puede quedarse Daniel a comer?– Ashram los
miró, esperando una respuesta.
–Sí, Ashram, claro…– Adan le sonrió
levemente y se llevó a Aki con él a la cocina para
ayudarlo.
– ¿Vamos al jardín?– le preguntó
Ashram.
– Vamos... – asintió el chico, dejándose
guiar ya que era la primera vez que salía a aquel jardín.
– Tú no estabas nervioso.
–No. Yo no he hecho nada, así que no tengo por qué
estarlo. Además ese hombre conocía a Sven. –
se lo llevó de la mano al jardín y bajó los
dos escalones que daban afuera. Lo guió hasta el columpio.
– ¿Te quieres sentar aquí?
– ¿Tenéis un columpio? Sí, me encantan
los columpios. – sonrió, sentándose con cuidado.
– Sven es el policía que te ayudó a estar con
tu familia, ¿no?
–Detective…– lo empujó despacio, observando
el movimiento de las hojas de los árboles con la brisa. –Tenía
el cabello del color de la sangre, los ojos dorados… y siempre
decía palabrotas…
– Suena encantador... – sonrió, seguro de que
era una buena persona si había ayudado a Ashram. Enseriándose
un poco, aunque se sentía agradable ser empujado así
por el moreno. – Yo sí me puse nervioso, pero no por
ti. Es sólo que me afectan este tipo de crímenes.
No puedo comprenderlo.
–Lo siento. – se disculpó por haberle pedido
que estuviera con él.
–No, ¿por qué te disculpas? No hiciste nada...
– detuvo el columpio un poco con los pies para girar ligeramente
el rostro. – No tienes que disculparte sólo porque
yo me asuste.
–Tal vez no debí pedirte que vinieras. – se
puso frente a él, sujetando sus manos sobre las cadenas con
delicadeza. –Ayer tuve una pesadilla, pero no fue como las
de siempre.
– Quiero estar contigo... Para eso son las relaciones. –
le aseguró para que no se preocupase más. –
¿A qué te refieres? Tal vez estabas tenso.
–Normalmente sueño con gente de mi pasado, o con seres
extraños. – se arrodilló en el suelo y apoyó
los brazos en sus piernas. – ¿Alguna vez has visto
un libro antiguo? Una Biblia antigua por ejemplo.
– No, sólo cuando era pequeño en la televisión.
En los museos no te dejan tocar las cosas. – sonrió
un poco, acariciándole el cabello.
–No… Bueno, suelo soñar con seres como los que
salen en esos libros antiguos. Yo te mostraré unos que sí
puedes tocar. Tal vez esta noche. – le sujetó las manos,
observando su piel pálida.
– Está bien. ¿Te preocupa no soñar con
ellos? – Dejó que le sujetase las manos de aquella
manera, pensando que tal vez Ashram se sentía cómodo
con ellos por alguna razón.
–No me preocupa, me da igual. Pero de algún modo
prefería esa clase de pesadillas… – apoyó
la cara en sus piernas, cerrando los ojos. –Es difícil,
pensar que sólo puedes ver oscuridad.
–No es así, es un poco... diferente. – se inclinó
sobre él, como abrazándolo de esa manera. –
No es importante, puedo ver otras cosas, como la exacta curvatura
de tu nariz o el color de tu voz. Si estás preocupado, triste,
feliz. Aquellos sonidos a los que nadie presta atención por
estar distraídos... Y aún puedo ver en sueños.
– sonrió, besando su cabeza con suavidad. – ¿Tienes
miedo, Ashram?
–Sólo tengo miedo de una cosa. De que las personas
a las que quiero dejen de quererme, o de que algo les suceda. Sólo
de eso. ¿De qué color es mi voz?– preguntó
malinterpretando.
– Creo... que es púrpura, oscura, fuerte... profunda...
Me hace sentir bien. Y a veces veo dorado en ella. – sonrió,
bajando las manos por sus mejillas con suavidad. – Es la voz
más hermosa del mundo para mí. Y nadie va a dejar
de quererte. Yo te amo y puedo darme cuenta de que tu familia te
quiere mucho.
–La tuya es azul…– el moreno suspiró con
fuerza. Alzando la cara para observarlo y sujetando su cuello para
besarlo.
–Mira Aki…– Adan los observó sin querer
desde la ventana de la cocina.
– ¿Eh? – el pelirrojo se asomó a la ventana,
sonriendo luego y guindándose del cuello del moreno. –
Mi hermanito está enamorado...
–Me hace feliz verlos…– Adan le pasó la
mano por la cintura. Observándolos y sonriendo levemente.
–Nunca pensé que vería algo así.
–Yo tampoco... la verdad. – lo miró por un momento,
volviendo a observar a los chicos. – Pero estoy feliz también.
Ashram se lo merece, al parecer sí hay justicia en este mundo.
Adan se rió en bajo y le besó la frente. –Sigamos
con la comida.
– No te rías de mí... que lo digo en serio...
– le dio una nalgada, alejándose con rapidez para que
no pudiese regresársela.
Daniel, por su parte, alzando un poco el rostro de Ashram sin poder
dejar de sonreír por lo contento que se sentía. –
Lo siento... ¿te interrumpí?
–No, no quiero hablar de eso…– le apoyó
las manos en el pecho y se coló entre sus piernas para abrazarse
contra él. – ¿Cómo imaginas al doctor?
–Vale. Y no lo sé... No es muy grande, ¿verdad?
Imagino que tiene una mirada bondadosa. Su voz es muy tranquila,
te hace sentir confianza. Y además, su mano no parecía
la de alguien muy fuerte. – le contestó, abrazándolo
de vuelta y pensando que allí se sentía muy bien.
–Yo creo que debe tener un cuerpo fibroso… Es bastante
alto y estilizado. Pero su mirada es fría. Aunque su voz
sea cálida.
– Oh... completamente equivocado entonces. – sonrió,
pensando que no le pasaba con frecuencia. La mayoría de las
personas expresaban sus sentimientos a través de sus voces,
aunque no se dieran cuenta. – ¿A ti te agrada?
–A mí sí. Es normal que te confundas. Es un
siquiatra, sabe jugar con la mente de las personas. ¿Cómo
imaginas al detective?
– Suena agradable, aunque algo tenso. Pero creo que estaba
preocupado. Y... es más fuerte que el psiquiatra, ¿no?
– le preguntó, sintiendo que jugaban, pero era divertido.
–Es musculoso y alto. Tiene el pelo castaño oscuro
y los ojos grises. Llevaba la camisa un poco abierta, noté
que tenía un rosario en el pecho. – le explicó
ya que quería que pudiese imaginarse todo lo que él
podía ver.
– Es católico. Debe ser duro para él este caso.
Bueno, igual es duro ver morir a niños... – murmuró,
bajando un poco la cabeza. – A ti ¿te gustan los rosarios?
–No. No me gustan las cruces… – le contestó
sinceramente. –Yo creo que había demonios en sus ojos.
– ¿Eh? ¿Demonios? ¿Qué quieres
decir? – le preguntó, sujetándose a las cadenas
del columpio.
–Sus ojos… Están llenos de odio, de temores…
de miedo a sí mismo.
– Oh... Eso es algo que no puedes escuchar. – suspiró,
pensando que Ashram era muy observador. – Pero tal vez...
por eso me pareció tenso.
–Tal vez. Yo creo que no se fiaba de mí. Tal vez no
con respecto a este caso, pero no se fiaba… – olió
sus ropas y cerró los ojos. –Podrías quedarte
en mi cuarto hoy. Y yo dormiría en el suelo a tu lado.
– O puedes abrazarme... al menos hasta que me duerma. –
le pidió, recordando que el moreno no se sentía cómodo
durmiendo en una cama. Lo cierto es que había notado aquel
dejo de desconfianza, pero no había querido decírselo
a Ashram. De todos modos no tenía importancia, él
no había hecho nada.
–Puedo hacerlo si tú quieres… Kiyoshi me va
a regalar un futon. – le pegó el jersey contra el cuerpo
sin percatarse de lo que hacía realmente. – ¿Cómo
lo imaginas a él?
– Sé que es atractivo, probablemente siempre esté
sonriendo porque siempre lo escucho haciendo bromas, excepto esa
vez que me habló de ti o cuando su novio me besó.
– se rió, pensando que seguro sus celos eran evidentes
para cualquiera. – Y es delgado, ¿no?
–Sí, es muy guapo…– comentó pensativo.
– Eso sonó extraño... ¿tengo que ponerme
celoso yo? – preguntó, aún sonriendo, aunque
un poco preocupado. Sabía que Kiyoshi era muy popular.
–No. Ya no me gusta. – le contestó sincero.
–Y tú eres mucho más guapo que él.
–Ya no. Eso quiere decir que antes te gustaba... –
suspiró, moviendo un poco la cabeza en un gesto inconsciente.
– No lo sé... Kazama me hablaba de Kiyoshi, incluso
a mí.
–Kiyoshi le gusta a muchos, pero Kazama puede olvidarse,
él nunca saldría con un estúpido. Sólo
saldría con Azrael. – se apoyó sobre sus piernas
de nuevo. –Tú tuviste otro novio antes. No me conocías.
– No, no te conocía, pero es distinto... porque tú
no conoces a mi novio. Ni siquiera está en esta ciudad. –
sonrió tocándole el cabello, intentando hacerlo comprender.
– ¿No te pondrías celoso si aún fuera
mi amigo? ¿Ni un poquito?
–Tu novio soy yo. Él ya no es tu novio. – Ashram
lo miró fijamente. –Sí, me pondría celoso…
– Cierto, lo siento, no te enfades... – bajó
la mano hasta su cuello como apaciguándolo porque había
notado el cambio en su voz. –Pero ni siquiera le hablo desde
la escuela.
–No me enfado. ¿Tienes miedo?– preguntó
más por curiosidad que otra cosa. Sujetándole la mano
y besándosela.
– Claro... yo tampoco quiero perderte, Ashram. – bajó
la cabeza hacia él, aún sonriendo levemente. –
Nos conocimos hace poco, pero siento... Sólo te amo.
–Yo también te amo… Es la primera vez que alguien
me trata así. Yo ya no tengo ojos para nadie más.
No quiero que te celes… yo nunca te haría daño.
– se levantó para besarle los labios y deslizó
la lengua profundamente en su boca.
Daniel se dejó besar, sujetándose de las cadenas
con una mano para no caerse, mientras la otra seguía en el
cuello de Ashram. Se separó apenas unos centímetros
de sus labios cuando el beso hubo finalizado. – “¿Por
qué... confío tanto en ti?”
–Porque eres mi ángel…– lo abrazó
contra él, acariciándole el cabello.
– No soy perfecto, Ashram. – le recordó, temeroso
de que se desilusionase luego, pero aún así abrazándose
al chico. – Lo sabes ¿verdad?
– ¿Por qué dices eso?– lo miró,
ayudándolo a levantarse para que fuera con él.
– Porque siempre dices eso de que soy un ángel. Y
me gusta, me hace sentir bien, pero me preocupa. – sonrió
inseguro, dejándose llevar de aquella manera.
–Yo no creo que los ángeles sean perfectos. Si lo
fueran no se habrían corrompido tantos. ¿No crees?
Para mí los ángeles no son como los pintan en los
cuadros…– le explicó. Llevándolo con él
hacia debajo de los árboles.
– ¿No? ¿Cómo son los ángeles
para ti? – le preguntó intrigado, notando el cambio
de temperatura en su piel y la brisa que movía las hojas
a su alrededor.
–Son los hijos de Dios, pero también son sus utensilios.
Son guerreros, consejeros… y los dotó con libertad
de pensar y elegir. Eso los hace imperfectos. El único ser
perfecto es Dios…– apoyó la mano en el tronco
y luego la de Daniel. –Un roble…
– Un roble... – sonrió el chico, sintiendo la
superficie rugosa del árbol. – Son árboles muy
fuertes... supervivientes. Me gusta tu manera de pensar, creo que
tienes razón. Aunque yo no sería un buen guerrero,
debo advertir eso. – bromeó, riéndose un poco.
–Hay muchos modos de luchar y a veces la fuerza no es necesaria.
Te voy a coger en brazos. – le advirtió, tomándolo
en brazos delicadamente para sentarse con el chico encima de él
sobre el campo.
– La fuerza siempre es necesaria, aunque no sea un tipo de
fuerza físico. – sonrió, recostándose
contra él, cómodo. – Tú eres fuerte,
Ashram. En más de un sentido.
–Tú eres muy fuerte personalmente…– Apoyó
la cabeza contra la corteza y cerró los ojos, acariciándole
el cabello.
– Lo intento... – cerró los ojos también,
pegándose al chico y recibiendo sus caricias.
–Te amo. – le dijo por si estaba poniéndose
triste. Ya que a él le hacía feliz escucharlo.
– Y yo te amo a ti. –sonrió como arrullado por
la voz de Ashram o más bien, por lo que aquel

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