.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capitulo 29
The Nature of Angels

Mañana.
Jueves, 28 de mayo.

–Como no lo veo subido a una moto voy a recomendarle que me lleve usted en coche…– dijo el detective mientras se ponía la cazadora. Saliendo de la clínica a donde había ido a buscar al doctor.

– Cierto, nunca he subido a una en mi vida. – afirmó, seguro de que sería muy incómodo, por no decir nada digno. Se dirigió a su coche de color plateado, quitando la alarma antes de abrir las puertas. – ¿Logró descansar anoche?

–Por supuesto. Ya le he dicho que no tengo problemas de sueño. Más bien para permanecer despierto en todo caso…– se subió al coche. Poniéndose el cinturón y bajando la ventanilla. –Hábleme de Ashram.

– No creo que pueda decirle mucho más de lo que usted ya sabe. Como fue criado por el líder de ese culto. Utilizado como asesino, torturado... – lo miró, imaginando que no se refería a eso, pero tampoco podía violar la confianza de su paciente. – Es un chico agradable en la actualidad, si bien marcado por su pasado. Ha tenido dificultad adaptándose, aunque lo está intentando tanto como puede. Ahora estudia y su arresto domiciliario es un poco flexible. A veces tiene dificultad comunicándose con claridad, pero debe ser paciente, detective.

–Ya veo. Es un buen chico según tengo entendido. Para nada violento. – cogió un cigarro y lo encendió sin preguntar, apoyando un brazo en la ventanilla y mirándole las manos disimuladamente.

– No, no lo es. – contestó, pensando en el incidente en el que había participado hacía poco tiempo. No quería predisponerlo por algo así.

– Pero según tengo entendido, nunca lo fue. Ashram no asesinaba por sus propios instintos. Supongo que podría decirse que era más un arma que un verdadero asesino, desde el punto de vista psicológico.

–Ya veo… Eso tengo entendido. – El moreno se pasó la mano por el cabello, suspirando con fuerza. – ¿Y sus familiares? ¿Los conoce?

– Sí, bueno... más que nada he tratado con Adan Adler y con Aki Higuri. Los dos le dan mucho apoyo al chico. Adan Adler es un hombre muy responsable, serio... Es confiable, diría yo. Y el otro chico... es algo impaciente, pero también se preocupa por Ashram.

–Impaciente… Yo diría inmaduro. Pero me pareció una buena persona. Es lo importante. – golpeó la chapa del coche con los dedos. Impacientándose y observándolo. –Juguemos a algo…

– ¿Juguemos? ¿Qué quiere decir con eso? – sonrió, preguntándose si no era él el impaciente.

–Hágame una pregunta personal y yo le haré otra. Es obligatorio responderla. – sonrió levemente. Pasando un brazo por el respaldo del asiento. –Es un juego que me enseñó mi mami.

El psicólogo se puso serio, aunque internamente le intrigaba. – ¿Por qué habría de jugar a eso? No estamos en una sesión. Creí que le molestaban mis constantes preguntas.

–No será uno de sus acosos. Sólo un juego. ¿No se atreve?– torció la sonrisa, sujetando el cigarro con los dientes.

– No lo acoso, detective. – suspiró mientras giraba en una esquina. – ¿Empiezo yo o prefiere empezar usted?

–Empiece usted. Así dependiendo de lo mucho que me toque las pelotas puedo formular una u otra pregunta…

El albino sonrió. – Supongo que debería ser cuidadoso. Empecemos con algo sencillo entonces. ¿Por qué no me quiere hablar de la primera vez que vio un cadáver? Recuerde que tiene que responder con la verdad. Nada de respuestas como “no es asunto suyo”.

–Porque es algo muy personal. – le respondió calmado esta vez. Como si el hecho de poder sacar algo a cambio cambiase completamente las tornas. – ¿Le gustan los hombres?

– Sí, me gustan los hombres. Y creí que el objetivo del juego era responder preguntas personales. – sonrió, pensando que se había pasado de listo con esa respuesta. Casi se sentía mal por lo que iba a preguntar. – ¿Cuándo fue la primera vez que vio un cadáver?

–Cuando tenía trece años…– carraspeó ligeramente. –Preguntarle sobre su homosexualidad es una pregunta personal… así que continúe. ¿Tenía una relación con el doctor Oshitari?

– Me refería a su respuesta...–contestó pensativo, aunque sin distraerse al conducir. – No, no tenía una relación con Oshitari sensei. Sólo fui su alumno. ¿De quien era el cadáver?

–De mi padre… Le gustan los chicos problemáticos. ¿No? – le preguntó, dejando salir el humo lentamente, mirando serio hacia fuera.

Kaigan suspiró, frunciendo un poco el ceño. –No, me gustan las cosas con orden, metódicas. Pero muchas veces he pensado que tal vez esté en estado de negación. – lo miró de soslayo de nuevo, su tono de voz distinto, más suave. – ¿Cómo murió su padre?

–Un tiro en la cabeza a quemarropa. – le contestó aún mirando al exterior. –Piensa en mí extra laboralmente… ¿cierto?

– Por supuesto, somos compañeros de café, ¿no? – sonrió, aunque su sonrisa era forzada. Se sentía un poco presionado. – Sí. ¿Quién mató a su padre?

–Yo. – se rozó el pecho con la mano, buscando la cruz disimuladamente y mirándolo de soslayo. –Es aquí, pare el coche…

Kaigan detuvo el vehículo, observando al moreno, deseando preguntarle más cosas, pero no podía si no se adherían al juego. – ¿Neceita unos minutos? – le preguntó, seguro de que le diría que no, pero luego de haberle confesado aquello no podía estar como si nada.

–Oh… sí… ¿Estoy peinado?– lo miró serio y alzó una ceja. –Vamos. – llamó a la puerta con dos golpecitos y esperó aparentemente de forma paciente. –Aún puedo hacerle una pregunta más.

– Resérvela para cuando la necesite. – le sonrió el médico, siguiéndole la corriente ya que consideraba que era lo mejor por el momento y observando al pelirrojo que abría la puerta con cara de no estar preparado aún.

– Doctor Hashimoto, hola... Y usted debe ser el detective...

–Adamo Drago. – le contestó el moreno, sonriendo cortésmente y estrechándole la mano con suavidad. Entrando sin soltársela aún. –Gracias por recibirnos…– lo soltó por fin, echando un vistazo al interior.

–Buenos días. –Adan, que había pedido la mañana libre para aquello, estrechó su mano. –Adan Adler.

–Encantado… – el moreno lo miró fijamente.

–Aki… ¿Por qué no avisas a Ashram?– le preguntó Adan, acompañándolos a la sala y cogiendo la cazadora del detective para colgarla.

–Gracias…– el moreno se sentó en el sofá, recontándose un poco en el respaldo y separando matemáticamente las piernas.

– ¿Un café?

–Sí, gracias… ¿Le importa que fume? – preguntó el detective.

–Le traeré un cenicero. Disculpen un momento…– el moreno se fue hacia la cocina ligeramente nervioso.

Aki llamó a la puerta de Ashram, entrando luego. – Ya llegó el detective. – les anunció a los dos chicos, el rubio sujetando la mano de Ashram para darle fuerzas, a pesar de que Aki aun no se iba. – Recuerda, sólo quiere hacerte unas preguntas. No es nada que tenga que ver contigo.

–Lo sé. – el moreno se levantó, apretando la mano de Daniel y dirigiéndose con él al salón. –Pero tú estarás conmigo… ¿Verdad, Aki?

– Yo, Daniel, Adan y el doctor Hashimoto. – le sonrió, asintiendo y saliendo con él a la sala. – Este es Daniel, ¿está bien que se quede con nosotros, verdad?

Kaigan levantó la mirada observando al chico. Al parecer se habían acercado aún más durante esas semanas. Era un nuevo paso hacia el progreso.

–No hay ningún problema, Ashram. – Drago se levantó sin poder evitar fijarse en el aspecto del chico. Se veía todo él… en penumbras.

–Soy el detective Adamo, encantado. El detective Sven me ha hablado mucho de ti.

– ¿Sven?– preguntó Ashram, retirando su mano lo antes posible.

–Sí. Daniel, encantado. – el detective le dio la mano también, sin poder evitar fijarse en su aspecto y en el nombre. Se sentó de nuevo, esperando un momento mientras cogía unas hojas.

–Daniel es mi novio. – le explicó Ashram a su siquiatra.

– Así es... – sonrió el chico, enrojeciendo un poco. – Mucho gusto.

– Mucho gusto, Daniel. – el psiquiatra le estrechó la mano, notando su nerviosismo y sonriéndole a Ashram. – No te pongas nervioso. El detective sólo desea hacerte unas preguntas porque considera que tu conocimiento sobre el tema podría ayudarle.

–Comprendo. – el moreno lo miró fijamente. –Usted también es un paciente del doctor, lo he visto. – le dijo observando su cigarro.

Drago lo miró a los ojos, serio y luego se subió las gafas sonriendo ligeramente. –En realidad es rutinario para los miembros de la policía.

Ashram lo siguió mirando sin decir nada.

–Bien, Ashram… te importaría decirme si recuerdas a alguna otra persona al mando o cercana a Arestiel que haya sobrevivido…

– ¿Cercana? Sólo yo…

Daniel apretó su mano nervioso, preocupándose.

– Ashram no ha tenido contacto con nadie de esa secta desde entonces... – intervino Aki, el albino calmándolo.

– Tranquilo, nadie lo está acusando de nada. No es necesario que conteste por él. – sonrió con voz calmada, pensando en lo que habían conversado en el coche. Impaciente e inmaduro, tal vez fuera las dos cosas.

–Y si lo hubiera tenido seguramente habrían tratado de matarme…

–Sí, es lógico…– el detective lo miró a los ojos. – ¿Comprendes lo que están haciendo, Ashram? ¿Has escuchado las noticias?

–Lo comprendo, están matando ángeles… – observó los ojos del detective.

–Pero todos son niños…

–No tiene importancia…– le dijo el moreno. Adan poniéndose un poco nervioso y tratando de seguir ligeramente separado para no ser una multitud.

–Y tu novio… ¿Es él un ángel?– preguntó sin poder contenerse.

–Sí, lo es. Para mí… Pero nadie le hará daño. – sentenció después.

– Ashram... – murmuró el chico, aunque conmovido por su respuesta, el psicólogo observándolos, pensando que no debería intervenir, pero haciéndolo de todas maneras.

– ¿Crees que Daniel corre peligro? ¿Por qué dices que no tiene importancia que sean niños?

–Sólo tiene importancia que sean ángeles. Que sean niños sólo me parece una coincidencia. Muchos nacieron ángeles y la vida los cambió. Eso hace que los niños tengan más probabilidades de seguir siendo lo que en su origen fueron… –Ashram habló sin tener en cuenta lo que fueran a opinar de su manera de pensar. –Daniel no corre peligro. Yo lo protejo.

–Justicia de Dios…– dijo Drago.

–O el misericorde…– le contradijo Ashram. –Hay ángeles buenos y ángeles malos. Los buenos son ángeles santos, obedientes a Dios, permanecieron fieles, sin caer; y los malos son los caídos, son los ángeles que por su propia voluntad siguieron a Satanás en su rebelión.

Aki lo miró con cara de que hubiese preferido que no hablara así. Pero claro, a eso había ido al detective. De cualquier manera seguía incomodándolo. Miró a Adan como buscando apoyo.

Kaigan permaneció observándolo. Se veía con mucha más energía al hablar de aquello. Probablemente porque se sentía cómodo. Era lo que conocía, en estos momentos tenía una función.

– ¿Y por qué crees que los están matando? ¿Podrías hacerme una lista de las personas involucradas en la secta que no fueron detenidas, Ashram?

–No los conocía por su nombre real. Lo siento.

–No, lo comprendo…– el detective se pasó la mano por el cabello. Fumando pensativo.

–No sé por qué los matan. En el caso de Arestiel al parecer era por dinero, según Sven.

– ¿Y tú por qué crees que los mataban?

–Porque…– lo miró a los ojos y luego a su siquiatra. –No lo sé. – contestó por no decir “porque se lo merecían”–. Sin embargo Drago lo comprendió y no dijo nada porque opinaba lo mismo. De no haber estado el siquiatra delante le hubiera dado coba para sacarle más.

–Los niños fueron violados…– le dijo ya que ciertos detalles no se habían revelado.

–Es posible. – contestó sin sorprenderse. –Hay quien se vale de ciertas cosas para crear sus propias reglas. Pero el asesino murió… se suicidó.

–En realidad lo mataron.

–Ya lo sabía.

Aki lo miró con ganas de taparle la boca. Estaba seguro de que lo había deducido de alguna manera extraña, pero tal vez el detective no opinase lo mismo.

Daniel le apretó la mano mientras el psiquiatra, habiendo notado aquel súbito silencio y la mirada del detective, se inclinaba hacia delante.

– ¿Qué quieres decir con que ya lo sabías, Ashram?

–Cuando un arma pierde su utilidad ya no sirve de nada… Algunas armas hablan.

–Salvo que les arranques la lengua.

–Si tus ojos pecan, arráncatelos y arrójalos lejos de ti, Si tu lengua peca…– Ashram lo miró intrigado. – ¿Le cortaron la lengua?

–Eso es, Ashram…

–Pues ya sabe por qué lo mataron. No confiaban en él. Seguramente ni siquiera sabía como hacerlo bien…

–No, por eso lo atrapamos, Ashram. – Drago lo miró fijamente. Preguntándose si sentía algún tipo de orgullo o nostalgia por el asesinato.

Kaigan lo observó detenidamente, había muchas preguntas que deseaba hacerle, pero delante del detective podrían resultar perjudiciales para Ashram. – ¿Hay algo que te llame la atención en este caso? Algo que te sea... ¿muy familiar? – le preguntó cuidadosamente, notando la mirada de Aki sobre él.

–No. Yo mataba para hacer lo que se me ordenaba. Sabía lo que estaba haciendo y lo hacía bien. Me llevaba los corazones porque con ellos se realizaban ceremonias… Esto. A mí me parece un teatro. Pero yo no sé lo que ellos predican.

–Disculpa, Ashram…– Drago miró al siquiatra y le habló al oído. – ¿Crees que podría mostrarle estas fotos?

El albino observó las fotos, mirando al chico y su rostro sereno, tranquilo. Pero eso no lo iba a alterar, seguramente habría visto muchas cosas como esas. Estaba más preocupado por sus respuestas. – Ashram, ¿crees que podrías ver algunas fotos de los crímenes? – le preguntó de todas maneras, renuente a tomar las decisiones por el chico.

– ¿Es necesario? – preguntó Aki, que aún recordaba las fotos que le había mostrado el detective Sven.

–No me importa, Aki…Tú no mires. – Ashram las sujetó con su mano enguantada, dejándolas sobre la mesa y observándolas. –Es… grotesco. No creo que tenga ningún significado. Sólo regocijarse en la muerte, recrear un escenario para posiblemente una ceremonia.

– ¿Qué me puedes decir de esto?– le preguntó, mostrándole al pequeño que colgaba de la iglesia.

–El sagrado corazón… no lo sé… Este no tiene alas…

–Eran de paloma. Se las habían clavado allí…– le explicó Drago.

–Cuando Jesucristo se representa en el sagrado corazón con la virgen, también es un bebé… Esto…– observó otras fotos del forense. –A mí me parece que quien lo hizo tenía dudas y miedo… no es el corte que haría un asesino.

– ¿Qué corte habría hecho un asesino?... – le preguntó Drago.

–Uno limpio… habría sabido donde está el corazón y lo habría sacado con facilidad. ¿No había sangre del asesino en las espinas? Seguro que no llevaba guantes de cuero.

–Aún estamos esperando pruebas.

–Comprendo. – apartó las fotos con una mano y suspiró mirando a un lado.

Kaigan se apartó un mechón de cabello, no sólo observando a Ashram al decir aquello, si no también la mano de Daniel apretando de aquella manera la del moreno, la mirada de Aki que se había estado resistiendo a mirar aquellas fotos y que ahora parecía ligeramente aliviada. Incluso el gesto del detective al apartar las fotos.

–Ashram…– Drago llamó su atención, buscando su mirada, el chico lo observó fijamente. – ¿Qué estás pensando?

–Hay una mosca en el salón…– le contestó el moreno. Que no estaba pensando en eso principalmente.

El detective esbozó una sonrisa y apretó las mandíbulas para contenerla. –Creo que hay una persona poderosa detrás de todos estos asesinatos. Y que no se trata de imitadores o asesinos en serie… Se trata de cabezas de turco que realizan estos sacrificios por orden de esa persona.

–Sí, eso creo…– le contestó Ashram.

– ¿Por qué crees que lo hacen? ¿Por miedo o por fanatismo?

–Por fe…

–Por fe, claro. – Drago se subió las gafas. – ¿En Satán?

–No, en esa persona. Que tal vez se haga llamar Satán, yo no lo sé. Así que da igual que encuentre a los asesinos. Ellos no le dirán quien es su líder, y el líder nunca se manchará las manos con sus víctimas. Pruebe a buscar señales en los asesinos, tal vez allí.

Drago suspiró con fuerza. –Ashram, esta es mi tarjeta…– la puso sobre la mesa y miró a Aki un momento. –Si de pronto recuerdas a alguna persona que pudiera estar tras esto… Puedes llamarme, o decírselo al doctor si lo prefieres.

–Bueno…

El pelirrojo sonrió, por poco dejando escapar un suspiro. Suponía que estaba actuando como un idiota, pero realmente se había preocupado de que sospecharan de Ashram. No le haría bien algo así, justamente ahora.

– Y recuerda que puedes venir a hablar conmigo cuando lo necesites. No tienes que esperar a recordar algo. – el albino lo miró a los ojos, instándolo a seguir con las sesiones.

–Iré pronto…– le dijo Ashram, ya que de todos modos pensaba ir antes de que todo aquello sucediese. –Ayer tuve otra pesadilla…– comentó pensativo. –Pero no quiero hablar de ella ahora…

– Está bien, no tienes que hablar de ella hasta que estés preparado. – asintió, actuando antes de que el pelirrojo abriese la boca. Conociendo a Ashram, lo que menos deseaba era preocupar a su familia. Por otro lado, él tampoco tendría ganas de discutir ese tipo de cosas luego de contestar a las preguntas del detective.

– Entonces... ¿Ya terminamos? –preguntó Aki de todas maneras, sintiéndose un poco reñido por la mirada del médico.

– Sí…– Drago se levantó. Estrechando la mano de Ashram y sintiendo el tacto del cuero. Se preguntaba por qué seguía llevando aquella prenda. –Bueno, gracias de nuevo. – estrechó la mano de Aki y la de Adan que acababa de levantarse para despedirlos.

–Espero que les haya sido de ayuda…– les dijo Adan. –Doctor. – se despidió también.

– Hasta luego. Fue de mucha ayuda. – le aseguró, sonriendo y estrechando su mano. – Mucho gusto, Daniel. – se despidió del rubio también.

– Mucho gusto. – contestó el chico que aún no soltaba la otra mano de Ashram.

Aki exhaló con fuerza al verlos marcharse, cerrando la puerta tras de sí. – No estuvo tan mal...

–Yo no hice nada. – Ashram miró a Aki y suspiró. –No te pongas tan nervioso.

–Sí, no te pongas tan nervioso. – le dijo Adan a Aki. Sujetándolo por los hombros.

– ¿Quieres volver a clase, Daniel? – sólo daría tiempo a última hora.

– No, creo que mejor me doy por enfermo. – sonrió el chico, negando con la cabeza. – Prefiero quedarme contigo un rato más. – añadió, cuidadoso de no molestar a los demás habitantes de la casa. En realidad, había pensado que prefería quedarse con él por el resto del día.

– Vale, pero no os quejéis de que me ponga nervioso. Eso demuestra mi amor... – el pelirrojo se rió, ahora mucho más calmado, tirando un poco de Adan para llevarlo consigo.

– ¿Puede quedarse Daniel a comer?– Ashram los miró, esperando una respuesta.

–Sí, Ashram, claro…– Adan le sonrió levemente y se llevó a Aki con él a la cocina para ayudarlo.

– ¿Vamos al jardín?– le preguntó Ashram.

– Vamos... – asintió el chico, dejándose guiar ya que era la primera vez que salía a aquel jardín. – Tú no estabas nervioso.

–No. Yo no he hecho nada, así que no tengo por qué estarlo. Además ese hombre conocía a Sven. – se lo llevó de la mano al jardín y bajó los dos escalones que daban afuera. Lo guió hasta el columpio. – ¿Te quieres sentar aquí?

– ¿Tenéis un columpio? Sí, me encantan los columpios. – sonrió, sentándose con cuidado. – Sven es el policía que te ayudó a estar con tu familia, ¿no?

–Detective…– lo empujó despacio, observando el movimiento de las hojas de los árboles con la brisa. –Tenía el cabello del color de la sangre, los ojos dorados… y siempre decía palabrotas…

– Suena encantador... – sonrió, seguro de que era una buena persona si había ayudado a Ashram. Enseriándose un poco, aunque se sentía agradable ser empujado así por el moreno. – Yo sí me puse nervioso, pero no por ti. Es sólo que me afectan este tipo de crímenes. No puedo comprenderlo.

–Lo siento. – se disculpó por haberle pedido que estuviera con él.

–No, ¿por qué te disculpas? No hiciste nada... – detuvo el columpio un poco con los pies para girar ligeramente el rostro. – No tienes que disculparte sólo porque yo me asuste.

–Tal vez no debí pedirte que vinieras. – se puso frente a él, sujetando sus manos sobre las cadenas con delicadeza. –Ayer tuve una pesadilla, pero no fue como las de siempre.

– Quiero estar contigo... Para eso son las relaciones. – le aseguró para que no se preocupase más. – ¿A qué te refieres? Tal vez estabas tenso.

–Normalmente sueño con gente de mi pasado, o con seres extraños. – se arrodilló en el suelo y apoyó los brazos en sus piernas. – ¿Alguna vez has visto un libro antiguo? Una Biblia antigua por ejemplo.

– No, sólo cuando era pequeño en la televisión. En los museos no te dejan tocar las cosas. – sonrió un poco, acariciándole el cabello.

–No… Bueno, suelo soñar con seres como los que salen en esos libros antiguos. Yo te mostraré unos que sí puedes tocar. Tal vez esta noche. – le sujetó las manos, observando su piel pálida.

– Está bien. ¿Te preocupa no soñar con ellos? – Dejó que le sujetase las manos de aquella manera, pensando que tal vez Ashram se sentía cómodo con ellos por alguna razón.

–No me preocupa, me da igual. Pero de algún modo prefería esa clase de pesadillas… – apoyó la cara en sus piernas, cerrando los ojos. –Es difícil, pensar que sólo puedes ver oscuridad.

–No es así, es un poco... diferente. – se inclinó sobre él, como abrazándolo de esa manera. – No es importante, puedo ver otras cosas, como la exacta curvatura de tu nariz o el color de tu voz. Si estás preocupado, triste, feliz. Aquellos sonidos a los que nadie presta atención por estar distraídos... Y aún puedo ver en sueños. – sonrió, besando su cabeza con suavidad. – ¿Tienes miedo, Ashram?

–Sólo tengo miedo de una cosa. De que las personas a las que quiero dejen de quererme, o de que algo les suceda. Sólo de eso. ¿De qué color es mi voz?– preguntó malinterpretando.

– Creo... que es púrpura, oscura, fuerte... profunda... Me hace sentir bien. Y a veces veo dorado en ella. – sonrió, bajando las manos por sus mejillas con suavidad. – Es la voz más hermosa del mundo para mí. Y nadie va a dejar de quererte. Yo te amo y puedo darme cuenta de que tu familia te quiere mucho.

–La tuya es azul…– el moreno suspiró con fuerza. Alzando la cara para observarlo y sujetando su cuello para besarlo.

–Mira Aki…– Adan los observó sin querer desde la ventana de la cocina.

– ¿Eh? – el pelirrojo se asomó a la ventana, sonriendo luego y guindándose del cuello del moreno. – Mi hermanito está enamorado...

–Me hace feliz verlos…– Adan le pasó la mano por la cintura. Observándolos y sonriendo levemente. –Nunca pensé que vería algo así.

–Yo tampoco... la verdad. – lo miró por un momento, volviendo a observar a los chicos. – Pero estoy feliz también. Ashram se lo merece, al parecer sí hay justicia en este mundo.

Adan se rió en bajo y le besó la frente. –Sigamos con la comida.

– No te rías de mí... que lo digo en serio... – le dio una nalgada, alejándose con rapidez para que no pudiese regresársela.

Daniel, por su parte, alzando un poco el rostro de Ashram sin poder dejar de sonreír por lo contento que se sentía. – Lo siento... ¿te interrumpí?

–No, no quiero hablar de eso…– le apoyó las manos en el pecho y se coló entre sus piernas para abrazarse contra él. – ¿Cómo imaginas al doctor?

–Vale. Y no lo sé... No es muy grande, ¿verdad? Imagino que tiene una mirada bondadosa. Su voz es muy tranquila, te hace sentir confianza. Y además, su mano no parecía la de alguien muy fuerte. – le contestó, abrazándolo de vuelta y pensando que allí se sentía muy bien.

–Yo creo que debe tener un cuerpo fibroso… Es bastante alto y estilizado. Pero su mirada es fría. Aunque su voz sea cálida.

– Oh... completamente equivocado entonces. – sonrió, pensando que no le pasaba con frecuencia. La mayoría de las personas expresaban sus sentimientos a través de sus voces, aunque no se dieran cuenta. – ¿A ti te agrada?

–A mí sí. Es normal que te confundas. Es un siquiatra, sabe jugar con la mente de las personas. ¿Cómo imaginas al detective?

– Suena agradable, aunque algo tenso. Pero creo que estaba preocupado. Y... es más fuerte que el psiquiatra, ¿no? – le preguntó, sintiendo que jugaban, pero era divertido.

–Es musculoso y alto. Tiene el pelo castaño oscuro y los ojos grises. Llevaba la camisa un poco abierta, noté que tenía un rosario en el pecho. – le explicó ya que quería que pudiese imaginarse todo lo que él podía ver.

– Es católico. Debe ser duro para él este caso. Bueno, igual es duro ver morir a niños... – murmuró, bajando un poco la cabeza. – A ti ¿te gustan los rosarios?

–No. No me gustan las cruces… – le contestó sinceramente. –Yo creo que había demonios en sus ojos.

– ¿Eh? ¿Demonios? ¿Qué quieres decir? – le preguntó, sujetándose a las cadenas del columpio.

–Sus ojos… Están llenos de odio, de temores… de miedo a sí mismo.

– Oh... Eso es algo que no puedes escuchar. – suspiró, pensando que Ashram era muy observador. – Pero tal vez... por eso me pareció tenso.

–Tal vez. Yo creo que no se fiaba de mí. Tal vez no con respecto a este caso, pero no se fiaba… – olió sus ropas y cerró los ojos. –Podrías quedarte en mi cuarto hoy. Y yo dormiría en el suelo a tu lado.

– O puedes abrazarme... al menos hasta que me duerma. – le pidió, recordando que el moreno no se sentía cómodo durmiendo en una cama. Lo cierto es que había notado aquel dejo de desconfianza, pero no había querido decírselo a Ashram. De todos modos no tenía importancia, él no había hecho nada.

–Puedo hacerlo si tú quieres… Kiyoshi me va a regalar un futon. – le pegó el jersey contra el cuerpo sin percatarse de lo que hacía realmente. – ¿Cómo lo imaginas a él?

– Sé que es atractivo, probablemente siempre esté sonriendo porque siempre lo escucho haciendo bromas, excepto esa vez que me habló de ti o cuando su novio me besó. – se rió, pensando que seguro sus celos eran evidentes para cualquiera. – Y es delgado, ¿no?

–Sí, es muy guapo…– comentó pensativo.

– Eso sonó extraño... ¿tengo que ponerme celoso yo? – preguntó, aún sonriendo, aunque un poco preocupado. Sabía que Kiyoshi era muy popular.

–No. Ya no me gusta. – le contestó sincero. –Y tú eres mucho más guapo que él.

–Ya no. Eso quiere decir que antes te gustaba... – suspiró, moviendo un poco la cabeza en un gesto inconsciente. – No lo sé... Kazama me hablaba de Kiyoshi, incluso a mí.

–Kiyoshi le gusta a muchos, pero Kazama puede olvidarse, él nunca saldría con un estúpido. Sólo saldría con Azrael. – se apoyó sobre sus piernas de nuevo. –Tú tuviste otro novio antes. No me conocías.

– No, no te conocía, pero es distinto... porque tú no conoces a mi novio. Ni siquiera está en esta ciudad. – sonrió tocándole el cabello, intentando hacerlo comprender. – ¿No te pondrías celoso si aún fuera mi amigo? ¿Ni un poquito?

–Tu novio soy yo. Él ya no es tu novio. – Ashram lo miró fijamente. –Sí, me pondría celoso…

– Cierto, lo siento, no te enfades... – bajó la mano hasta su cuello como apaciguándolo porque había notado el cambio en su voz. –Pero ni siquiera le hablo desde la escuela.

–No me enfado. ¿Tienes miedo?– preguntó más por curiosidad que otra cosa. Sujetándole la mano y besándosela.

– Claro... yo tampoco quiero perderte, Ashram. – bajó la cabeza hacia él, aún sonriendo levemente. – Nos conocimos hace poco, pero siento... Sólo te amo.

–Yo también te amo… Es la primera vez que alguien me trata así. Yo ya no tengo ojos para nadie más. No quiero que te celes… yo nunca te haría daño. – se levantó para besarle los labios y deslizó la lengua profundamente en su boca.

Daniel se dejó besar, sujetándose de las cadenas con una mano para no caerse, mientras la otra seguía en el cuello de Ashram. Se separó apenas unos centímetros de sus labios cuando el beso hubo finalizado. – “¿Por qué... confío tanto en ti?”

–Porque eres mi ángel…– lo abrazó contra él, acariciándole el cabello.

– No soy perfecto, Ashram. – le recordó, temeroso de que se desilusionase luego, pero aún así abrazándose al chico. – Lo sabes ¿verdad?

– ¿Por qué dices eso?– lo miró, ayudándolo a levantarse para que fuera con él.

– Porque siempre dices eso de que soy un ángel. Y me gusta, me hace sentir bien, pero me preocupa. – sonrió inseguro, dejándose llevar de aquella manera.

–Yo no creo que los ángeles sean perfectos. Si lo fueran no se habrían corrompido tantos. ¿No crees? Para mí los ángeles no son como los pintan en los cuadros…– le explicó. Llevándolo con él hacia debajo de los árboles.

– ¿No? ¿Cómo son los ángeles para ti? – le preguntó intrigado, notando el cambio de temperatura en su piel y la brisa que movía las hojas a su alrededor.

–Son los hijos de Dios, pero también son sus utensilios. Son guerreros, consejeros… y los dotó con libertad de pensar y elegir. Eso los hace imperfectos. El único ser perfecto es Dios…– apoyó la mano en el tronco y luego la de Daniel. –Un roble…

– Un roble... – sonrió el chico, sintiendo la superficie rugosa del árbol. – Son árboles muy fuertes... supervivientes. Me gusta tu manera de pensar, creo que tienes razón. Aunque yo no sería un buen guerrero, debo advertir eso. – bromeó, riéndose un poco.

–Hay muchos modos de luchar y a veces la fuerza no es necesaria. Te voy a coger en brazos. – le advirtió, tomándolo en brazos delicadamente para sentarse con el chico encima de él sobre el campo.

– La fuerza siempre es necesaria, aunque no sea un tipo de fuerza físico. – sonrió, recostándose contra él, cómodo. – Tú eres fuerte, Ashram. En más de un sentido.

–Tú eres muy fuerte personalmente…– Apoyó la cabeza contra la corteza y cerró los ojos, acariciándole el cabello.

– Lo intento... – cerró los ojos también, pegándose al chico y recibiendo sus caricias.

–Te amo. – le dijo por si estaba poniéndose triste. Ya que a él le hacía feliz escucharlo.

– Y yo te amo a ti. –sonrió como arrullado por la voz de Ashram o más bien, por lo que aquel


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