.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 28
Something Beautiful

Madrugada. Casa de Daniel.
Jueves, 28 de mayo.


Todo era oscuridad en el modesto apartamento, lo cual no era de extrañar ya que su dueño no encendía las luces a menos que tuviese compañía. El silencio era casi absoluto de no ser por los acostumbrados sonidos nocturnos de la ciudad. El rubio se giró en la cama, profundamente dormido, tapándose un poco más con la sábana. De pronto sentía frío.

Ashram bajó la ventana de nuevo y se sentó en el suelo, acurrucado contra la cama. Recogiéndose sobre sí mismo y mirándolo después, tentado a coger su mano, pero temiendo asustarlo. –Daniel…– susurró.

El rubio entreabrió los ojos, pero no estaba seguro de por qué. Tal vez estaba soñando.

–Estoy aquí…– le tocó la mano aún con miedo de asustarlo.

– Ah... Ashram... –se sentó sobresaltado, sin comprender. – ¿Qué...? ¿Estoy soñando? – sonrió, pensando que era una pregunta tonta si era un sueño.

–No, me colé por la ventana, lo siento. – se disculpó. Levantándose y sujetándole los hombros para ver si lo tranquilizaba.

– Pero... ¿por qué? ¿Sucede algo? No deberías estar aquí... –extendió las manos, tocando su rostro, aunque le era suficiente con escuchar aquella voz, pero deseaba saber cual era su expresión.

–Estaba asustado, y no tenía otro sitio a donde ir…– respiró nervioso. Un poco preocupado de que se enfadase con él.

– ¿Por qué estás asustado? – le preguntó, asustándose él y atrayéndolo con suavidad para que subiese a la cama.

Ashram se arrodilló en la cama y le explicó. –Hoy Aki me dijo que un detective quería hablar conmigo… estuve pensando en lo que había escuchado en las noticias y en lo que probablemente iban a preguntarme. Después me sentía nervioso. Subí a su cuarto…– de nuevo algunas imágenes regresaron a sus retinas y se quedó callado.

– ¿Qué? ¿Qué sucedió, Ashram? – lo instó a seguir, ya que suponía que tenía que ver con su pasado.

–No…– susurró, no se lo quería contar. Se sentía extraño y avergonzado. Confuso. –Adan estaba sobre Aki… y yo… me asusté…– Quería matarlo. Pensó frenando aquello.

– ¿Por qué? Son... novios, ¿no? ¿No lo sabías? – le preguntó sin comprenderlo del todo, acariciando su mejilla. – ¿Acaso le estaba haciendo daño?

–No, Aki sonreía, pero… Yo pensé que no era así… Pensé que eso…– No sabía ni lo que pensaba. Simplemente no pensaba en ello nunca. Ahora se sentía aún más extraño, debía haberse quedado solo. Habría sido lo mejor. No era que no hubiese pensado en ir con Kiyoshi, pero seguramente Azrael estaba con él. –Será mejor que me vaya…

– No, no te vayas. Espera... – le sujetó la mano por si intentaba escaparse. Ashram era muy distinto de todas las personas que había conocido antes. – No... Creo que lo comprendo... Probablemente hacían el amor, ¿no? Y eso... – meneó la cabeza, bajando su mano, recordando cómo había llorado el moreno al contarle esas cosas. – No tienes por qué asustarte, Ashram. No es nada malo. No si es de esta manera.

–No es nada malo…– repitió inconscientemente, observándolo y apretando un poco su mano. –Pero yo me excité.

– Bueno... es normal. Imagino que son guapos... – contestó, intentando apartar aquel asomo de celos que sentía. Ya sabía que Ashram no era así. – Tu cuerpo reacciona. El sexo... puede ser algo agradable, hermoso incluso.

–Pero…– Ashram apretó las sábanas con la otra mano. –No me había vuelto a suceder desde que era pequeño, eso… ¿Sabes que es un cilicio?

– No, creo que no... – sonrió, acariciando su mano y recostándose contra el respaldo de la cama. Ya hasta parecía natural que estuviese allí a esas horas.

–Bueno… creo que hay varios tipos. Pero uno de ellos son anillos de metal, con pinchos… se ponen aquí…– le rozó la parte superior del muslo. –Se clavan en la carne…

– Ah... – hizo gesto de dolor sólo de imaginarlo. Le apretó la mano, preocupado. – ¿Por qué... me dices eso?

–Se usan para controlar los deseos sexuales… y para recordar la pasión de cristo. Pero yo no lo tenía que usar por lo segundo. No me…– suspiró con fuerza, frunciendo el ceño, harto de no poder hablar normalmente por la confusión que sentía.

Daniel le tocó el rostro, acercándolo a sí, sintiéndose entristecido y enfadado por lo que le habían hecho a Ashram. – Ya no tienes que controlar nada. Nadie te hará daño.

El moreno lo abrazó con suavidad. – ¿Puedo quedarme contigo? Dormiré en el suelo…

–Pues... a mí no me molesta. Aunque prefiero que duermas conmigo. ¿No se va a preocupar tu familia?

–Pues me iré con Kiyoshi…– se levantó, pensando que era una excusa. –Lo siento. – se disculpó de nuevo.

– No, no te disculpes, Ashram. – se quedó en silencio, indeciso. Sabía que lo mejor era que fuera con su familia, estaba siendo irresponsable. Pero también había escuchado aquel dejo triste en su voz. – Que... quédate conmigo. Los llamaré mañana para disculparme.

–No, es igual Daniel. Debería volver, si mi hermano se despierta y llama a la policía porque se asusta… – suspiró con fuerza. –Además aún no sé de qué quiere hablar ese detective conmigo, tal vez me culpen a mí de esos asesinatos. ¿Lo has escuchado? – preguntó, sentándose en el marco de la ventana y mirando afuera.

–Sí... – asintió con gesto grave, sintiendo un escalofrío. – Es espantoso. Pero tú no hiciste nada. No van a culparte. Además, has estado conmigo...

–No es tan fácil, podría haberlo hecho y nadie se habría enterado. Yo lo sé, un detective también lo sabría. Ahora estoy aquí, nadie lo sabe y llevo guantes. – murmuró, observando las luces en la oscuridad.

–Pero tú no eres así... Ashram. ¿Por qué dices esas cosas? – Bajó al cabeza apesdumbrado, suspirando. – Tú no harías algo tan horrible, ¿verdad? Matar esos niños... Ese no es el Ashram que conozco.

– ¿Lo dudas? Ya te dije que nunca he matado a un inocente, y también que no volvería a hacerlo. No me crees, si tú que me quieres no me crees… ¿Por qué debería creerme un extraño?– lo miró, sintiéndose herido.

– Yo te creo. Pero no me gusta que digas esas cosas, siento que no confías en ti. – extendió una mano hacia el sonido de su voz, como pidiéndole que se acercara. – No quise lastimarte... Lo siento.

Ashram observó su mano, receloso, finalmente acercándose y tomándola, pero manteniéndose de pie al lado de la cama.

– Ashram... – Daniel tomó su mano, apartando las sábanas para ponerse de pie también. Ahora se sentía terrible por haber dicho aquello, pero no se había detenido a pensar. – Yo sé... que no les harías daño a esos niños. Así como sé que no me harías daño a mí. ¿Por qué crees que no me asusté? A pesar de que entraste así a mi piso de noche, sin avisar.

–Yo no sé si estabas asustado…– el moreno lo miró fijamente, desviando la mirada después. –Está bien, no debí venir. Ya estoy bien ahora.

– No digas eso. Yo quiero que acudas a mí. – sonrió levemente, intentando convencerlo. Sentía su tono de voz como distante y eso le dolía. – ¿No puedes perdonarme?

–Sí, no estoy enfadado, sólo confundido y… no lo sé. – observó sus ojos y se aproximó a él para que lo abrazase. –Hace unos días que me siento diferente.

–Lo siento, fui un insensible. – se disculpó de nuevo, abrazándolo de vuelta. – Diferente ¿cómo?

–No lo sé. Sólo me siento… diferente. Mejor, pero extraño…

– Bueno, si es mejor... entonces está bien. – sonrió, apretándolo contra sí pensando que era muy cálido a pesar del frío que tenía. – Las cosas están cambiando. Siempre es un poco confuso. Lo es para mí también.

–Comprendo…– le rodeó la espalda con inseguridad. Oliendo su cabello y cerrando los ojos. –Daniel… ¿Has tenido miedo por tu vida?

– Sólo por un segundo. Cuando sucedió el accidente, pero fue muy rápido, aunque todo pareció detenerse. – le confesó, cerrando los ojos. – ¿Sientes miedo, Ashram?

–De que dejes de quererme… de que te des cuenta, que pienses que soy demasiado complicado…– le confesó. Observando su rostro.

Daniel negó con la cabeza, sonriendo. – Eso no va a suceder. No me importa si eres complicado, me gustan los retos. Y además, te amo. No soy alguien que se dé por vencido con semejante incentivo. – le tocó los labios suavemente, como dibujándolos con sus dedos. – Ya puedes dejar de temer.

– ¿No puedes estar mañana?– le pidió nervioso, sujetándole la mano y observando sus ojos.

– ¿Cuándo hables con el detective? – Daniel asintió, deseoso de ayudarlo. – Si lo permiten... Pero te acompañaré a casa de todos modos.

–Lo permitirán, o no hablaré con ellos, no pueden obligarme. No he hecho nada, y por lo tanto, no pueden probarlo…– miró al suelo y luego sus ojos de nuevo.

– No, no pueden. No permitiré que te acusen. – le aseguró, aunque no tenía manera de impedir eso. No sabía por qué decía algo tan extraño.

Ashram le besó los labios con suavidad. Y luego le besó el cuello mientras lo abrazaba. Imitando lo que había visto hacer a Adan por hacer una prueba.

Daniel le acarició el cabello, dejándose hacer, era agradable. Pensando en decirle que no tenía que apresurarse, pero no quería que se detuviera por sus palabras.

–Ya me voy. – le dijo después tras comprobar que efectivamente nada malo sucedía. Daniel no se había molestado y a él le había agradado. –Acuéstate primero…

– ¿Por qué? ¿Cómo vas a salir? Hum... más importante... ¿cómo entraste? – le preguntó, percatándose de pronto que aquello no tenía sentido.

–Porque quiero ver como te acuestas…– le contestó a lo primero. –Entré por la ventana… y saldré por el mismo lugar.

–Pero es peligroso. ¿De verdad haces eso? – le preguntó, un poco nervioso por más que Ashram le hubiese dicho que solía hacerlo antes. – Me acostaré... pero ten cuidado. Me da miedo.

–Tranquilo. Estoy acostumbrado. – le separó las sábanas y esperó a que se acostase. Besándole los labios sin poder evitarlo.

– Pero yo no. – sonrió el chico, recostándose y sujetándole la mano brevemente. – Cuídate, Ashram. Te estaré esperando mañana.

–Sí…– le acomodó las sábanas. Observándolo por un rato sin querer marcharse. Apretó un poco su mano y se sentó en su cama. –Me iré cuando te duermas…

– No tienes que hacer eso... – sonrió, girándose de lado y cerrando los ojos. Lo cierto es que no había tenido pensado dormir, sólo acostarse y levantarse luego, cuando Ashram se hubiese ido. Pero ahora no tenía opción. Sin embargo no podía negar que le gustaba la forma en la que lo cuidaba. No era condescendiente, sólo le hacía sentir que se preocupaba por él.

–Sé que no, pero quiero observarte un poco más…– se apoyó en la cama, recostándose inseguro frente a él, sin soltar su mano.
Daniel sonrió un poco más, apretando su mano con suavidad. – Realmente eres especial, Ashram.

–No…– le tocó la mejilla, recordando que debía recuperar sus guantes. Pero ya lo haría cuando estuviese dormido.

– Lo eres para mí y eso basta. – le aseguró para que no le discutiera más. No iba a permitir que se menospreciara, aunque comprendiese el por qué.

–Está bien, tienes mal genio.

– Claro que no... – protestó, sonriendo un poco.

–Bueno…– se calló sólo por no seguir discutiendo.

– Bueno nada... –se rió ligeramente, pensando que los dos eran necios. – Olvídalo... te quiero, Ashram.

–Yo también te quiero…– le pasó la mano por el cabello, pensando que jamás se dormía. –Descansa.

– Vale... – suspiró el chico sin nada de sueño. Pero suponía que no tenía escapatoria.


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