.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 27
Glimpses Through a Window

Noche. Residencia de los Adler.
Miércoles, 27 de mayo.


– ¿Te gustó el pastel con crema? Porque traje extras para mi valiente bombero. – sonrió Aki, ahora que Ashram ya estaba en su habitación y por fin tenían un momento de privacidad. – Creí que hoy iba a ser un día horrible.

–Fue bastante horrible de todos modos…– el moreno se cerró el yukata antes de acostarse en la cama, después de haberse lavado, ya que no le dejaban tomar duchas con la herida. Lo miró y sujetó las gafas, pensando en si leer o no. Observándolo cambiarse. –Pero el pastel estaba muy bueno…

–Sí, lo lamento. Lo del mal día, no el pastel. – se rió, girándose para mirarlo y pensando en lo mucho que le atraía cuando estaba en yukata. Claro, le atraía siempre de todas maneras. – Pero estoy feliz, seré tonto, pero tengo esperanzas de nuevo. – Subió a la cama, besándole el pecho y recostándose a su lado. – Ten más cuidado la próxima vez.

–Estaba teniéndolo, pero si no lo cubría le hubiera golpeado a él. De todos modos murió. – suspiró, poniéndose las gafas finalmente y cogiendo el libro. – ¿Qué clase de esperanzas?

– Para Ashram. Tal vez lo que necesitaba era alguien ajeno a su pasado. Creo que lo he protegido demasiado. – lo miró a los ojos, un poco serio. – Estoy seguro de que hiciste lo que pudiste. No mucha gente se arriesgaría así para salvar a otra persona.

–Es mi profesión. Y deja de mezclar dos conversaciones a la vez. Me mareas…– sonrió levemente para que no creyese que estaba molesto. Se quitó las gafas y las dejó en la mesilla, notando que quería hablar. Le hubiera gustado acostarse por completo, pero le dolía la espalda, así que se echó de lado en el colchón. Mirándolo a los ojos y jugando con mechoncitos de su cabello. –Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Ya le damos más libertad de lo que la ley le permite. El caso es que me gusta Daniel. Me alegra mucho que esté con ese chico.

– Sí, a mí también me agrada. Pero creo que me hubiera gustado cualquiera que hiciera feliz a Ashram. Y sabes que amas cuando mezclo conversaciones. – se rió, porque acaba de hacerlo de nuevo. – Creo que hoy estaba intentando que no se le notase.

–Es natural. Sabes que le obligaban a no mostrar sentimientos. Pero eso me alegra, eso es que al menos siente algo que no es tristeza o soledad, para variar…– sonrió un poco y observó sus ojos. –Lo de hoy fue terrible…– se rió ahora que ya estaba pasado.

– No fue tan terrible... Tarde o temprano tenía que pasar. – se rió el chico, acariciándole el pecho distraídamente. – De todas maneras, tú lo dijiste, no es un niño, debe imaginar lo que hacemos.

–Bien. Pero no tiene que verlo. Fue violento para mí… estaba… excitado. – frunció el ceño, volteándose y maldiciendo acto seguido. –Lo había olvidado.

– Ya, no te pongas así de nuevo. – le pidió el chico, aunque le daba la risa por la cara que ponía. – Ni que no te fueras a excitar nunca más.

–Que cosas dices…– le empujó la frente con un dedo y lo tumbó en la cama. –Dijiste que ibas a ser mi colchón… morirás aplastado. – le dijo, acostándose sobre él y cargando su peso para molestarlo.

– Ah, no me aplastes... – se rió, sujetando sus hombros para soportarlo un poco. – Pero me gusta tenerte encima.

–Baka…– le besó los labios y sonrió, rozando su nariz contra la del chico mientras le abría la camisa. –No sé que es peor… haber visto como te desnudabas o esos shorts del pijama. – deslizó un dedo por la goma que rodeaba sus caderas.

– Los shorts... son peores. Por eso debes quitármelos. – se rió, besándolo él ahora y deslizando una mano desde su pecho hasta su hombro, abriéndole un poco el yukata.

Adan sonrió, metiendo la mano por sus caderas y bajo la tela, acariciando su sexo y observando al pelirrojo. –A mí me gusta como te sientan.

– Qué bien, no me gusta verme feo para mi amante. – contestó, empezando a respirar agitado, su sexo respondiendo a las caricias. – A mí me encanta... cómo te queda la yukata.

El moreno le besó los pezones, lamiéndoselos y bajándole la ropa al fin para desnudarlo. Acariciándole las piernas y tensando un poco los músculos mientras se las pasaba por la cintura, excitado por la suavidad y el contorno de sus muslos firmes y calientes. –Tú siempre estás increíble.

El pelirrojo gimió, arqueando un poco la espalda, sonriendo. – Tú eres increíble y fuerte... Eso me gusta... – Alzó los brazos, alborotándole un poco el cabello mientras lo acariciaba. – Y ya estás excitado de nuevo.

Adan apretó su sexo contra el del chico como para demostrárselo y tensó las mandíbulas ligeramente mientras se arrodillaba para desnudarse. Lo volteó y sujetó sus nalgas con las manos. –Estas son las mejores nalgas que existen…– se las apretó. Alzando sus caderas después ligeramente y sujetándolo con fuerza innecesaria. Besándole la piel y deslizando la lengua entre sus glúteos hasta introducirla en él. Cerró los ojos extasiado, lamiendo su ano profundamente y rozándose contra sus nalgas con la cara.

– Aaadaaan... –gimió el chico, estremeciéndose, sintiendo que la lengua de Adan lo enloquecía y apretando un poco su ano para sentirla aún más. Se alzó sobre los brazos para mantener cierto equilibrio, su sexo erguido golpeando contra las sábanas.

Ashram, que hacía tan sólo unos segundos que había saltado al marco de la ventana seguía allí, petrificado por completo y sin capacidad de reacción. Rozó la madera de la pared con las uñas, respirando agitado por el miedo y la confusión.

Adan recorría con su lengua la espalda del pelirrojo, besándole la nuca y haciéndolo moverse bajo él. Succionó su cuello apasionadamente y lo penetró, jadeando con fuerza y apretando los músculos mientras se movía.

El chico afuera dejó escapar un sonidito aterrado, observando el cuerpo grande de Adan, el sudor en ambos, su sexo entrando y saliendo del cuerpo de su hermano en lo que él recordaba como algo doloroso y humillante.

– Ah... Adan... – jadeó el chico dejándose mover al ritmo del moreno, el rostro enrojecido por la pasión y el placer, su propio sexo palpitaba erguido contra el colchón. – Sí... Adaaaan... eres... increíble...

El moreno le besó el cuello de nuevo, entrecerrando los ojos por el placer y arrastrando sus labios entreabiertos por la nuca de Aki. –Ah… te amo…– bajó la mano para sujetar su sexo y lo acarició suavemente mientras se movía dentro de él. Lo volvía loco. –Aki…– sonrió mientras lo giraba de cara a él y volvía a penetrarlo, besándolo apasionadamente.

El sexo de Ashram se apretaba terriblemente contra sus pantalones sin que el chico reparase en ello. Se sentía confundido y no podía dejar de mirar a su hermano, de observarlo de forma muy distinta. Rozó su pene con su mano, por instinto y bajó la vista al sentir la dureza y calidez de este. ¿Por qué le sucedía eso? Él ya había aprendido a eliminar esos sentimientos y no le había vuelto a ocurrir desde que era un niño.

Saltó de golpe desde el tejadillo al sentir que Adan giraba ligeramente la mirada. Se cayó al césped por culpa de la confusión y saltó la valla por encima para salir de la propiedad.

Aki alzó la cabeza, sujetando el rostro de Adan sin percatarse de nada, estaba completamente inmerso en las sensaciones y en el cuerpo del moreno. – ¿Adan...? ¿Qué miras...? Mírame a mí...

Adan sonrió ligeramente y lo besó. Echándose sobre él para penetrarlo de forma más profunda y abrazándolo con fuerza, haciéndoselo más violentamente y disfrutando al sentir como el sexo y los testículos del chico se apretaban contra su pelvis.

– Nnhmm... – gimió el pelirrojo, estremeciéndose, sin dejar de sonreír, aferrado con fuerza de sus brazos, sintiendo cómo su sexo pulsaba y apretándose más contra el cuerpo del moreno. Se abrazó a él, jadeando y gimiendo con más fuerza cada vez que lo penetraba.

El moreno le besó el pecho, deslizando la lengua por la garganta del chico y pasándola por la línea de su mandíbula mientras lo levantaba de las sábanas para cogerlo en brazos. Se arrodilló, moviéndolo contra su cuerpo y observándolo. –Eres precioso, Aki…– estrujó sus nalgas con las manos, apretando un poco las mandíbulas al estremecerse.

– Nadie... se ve mejor que tú. – dejó escapar otro gemido, sus dedos deslizándose por la espalda del moreno, encrespados, finalmente subiendo hasta su cabello como era inevitable. Se sentía increíblemente caliente, no podía dejar de estremecerse. – Mi... Mi bombero... – sonrió, besándolo, su lengua lamiendo la de Adan desesperadamente a la vez que su sexo reaccionaba sin que pudiese aguantar más, corriéndose. Rompió el beso, gimiendo en voz alta. – Adaaaan...

– Aki…– el moreno frunció el ceño, apretando las mandíbulas mientras se corría dentro de él. Jadeando después contra su cuello y estrujando el sexo empapado del pelirrojo. Se dejó caer sobre él, cansado, acostándolo en la cama y notando su corazón aún alterado.

– Te amo... – se rió el chico, aún agitado, pero inmensamente contento, acariciando el cabello del moreno. – Yo...te amo...

– Yo a ti…– lo miró a los ojos, sonriendo levemente. Sin saber si debía o no decírselo. Finalmente, a su pesar, apelando como siempre a la sensatez. –Ashram nos ha visto…

– ¿Eh? – el chico abrió los ojos, enrojeciendo y mirando a la ventana como si se hubiera quedado para el show. – ¿Nos vio? Dios... no me lo dijiste. Qué vergüenza... – se rió de manera inconsciente. Ya se lo explicaría al día siguiente.

–No quería estropearlo… lo siento. – se acostó a su lado por dejar de aplastarlo, rodeándole el pecho con un brazo. –Bueno… no pasa nada, no creo que haya visto mucho.

– No... ¿Crees que debería hablar con él ahora? – le preguntó, preocupado de pronto, pero seguramente Ashram habría visto mucho más que eso antes. – No. Creo que sería raro. No te tienes que disculpar...

–Creo que es mejor que lo dejes solo, probablemente… bueno. – frunció el ceño ligeramente, le ponía incómodo tratar esos temas. –Lo mejor será que lo dejes solo.

– Vale... No tiene nada, digo... Ya debía de saber que lo hacíamos. No es como que sea un secreto. – le sonrió, apartando su brazo con suavidad y poniéndose de pie de todas maneras.

– ¿Dónde vas? – le preguntó Adan. Apoyando una mano en el colchón y sentándose.

– No te preocupes, sólo voy a buscar unos pasteles. El sexo me da hambre. – le sonrió, poniéndose la yukata de Adan ya que le daba pereza ponerse el pijama. – Estoy seguro de que Ashram está bien. En todo caso, luego me preguntará.

–Aki… son las doce…– Adan lo miró a los ojos y le sujetó la mano – ¿Te vas a poner a comer pasteles a estas horas? Vuelve a la cama, aunque bajes y mires para la puerta no vas a saber como está.

– Pero Adan... tú también quieres un pastel. – le sonrió con cara de ruego. Lo cierto es que ahora sí quería uno por estar pensando en eso.

–No, lo que yo quiero es que vuelvas a la cama y no comas dulces a horas intempestivas. – se levantó y lo cogió en brazos para acostarlo de nuevo. –Ya, duerme, no pasa nada, Ashram sabe lo que es el sexo.

– Hum... aguafiestas... – se rió, dejándose acostar. – Pero sí quería un pastel, ahora tendré que comerlo en el desayuno.

–Sí, sería lo más lógico. – Adan suspiró y le revolvió el cabello antes de taparlo. –Duerme, que mañana hay que trabajar.

–Vale... dormiré... – se giró de lado, sonriendo en realidad y cerrando los ojos, volviendo a abrirlos casi susurrando. – Adan... soy muy feliz contigo.

–Yo también…– sonrió levemente y le besó la frente, apoyándose mejor en la almohada.


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