.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 25
Sweet as Pie

Tarde. Residencia Adler.
Miércoles, 27 de mayo.

Adan se frotó el cabello con una mano mientras abría la puerta de la casa con la otra. Se había quemado la espalda y esperaba que Aki no hubiera tenido tan mal día como él. – ¿Aki? – lo llamó para ver si estaba en casa.

– Estoy aquí. – le contestó en una voz desacostumbradamente seria para él. Finalmente saliendo de la habitación para ir a recibirlo. – ¿Estás cansado?

–No he tenido un buen día y por lo que parece tú tampoco…– Adan se aproximó a él y le dio un beso en los labios. – ¿Qué pasa?

– ¿No tuviste un buen día? – le sonrió con desgana, mirándolo a los ojos. – Llamó un detective, dice que quiere hablar con Ashram. No es acerca de él, es por un caso, pero...

–Ya imagino cual. Supongo que no tenemos muchas opciones. Moralmente hablando. Por otra parte, dudo mucho que si Ashram lo supiese no quisiera ayudar y… Bueno, Ashram es un adulto capaz de tomar sus propias decisiones después de todo. ¿No crees?– le apoyó la mano en un hombro, apretándoselo un poco.

– Lo sé. Yo también... creo que debería ayudar si puede. Yo lo haría. Pero me preocupa que se le metan ideas en la cabeza. Y justo ahora que parece estar bien... – suspiró, seguro de que se estaba engañando de nuevo.

–No, nosotros no vamos a dejar que eso suceda. Ashram está muy bien ahora. Se ve diferente desde que conoció a Daniel. No le permitiremos que lo angustien… Si quieres llamo a la clínica y les pregunto que opinan de ello. – le alzó un poco la cara con una mano para que lo mirase a los ojos.

– El detective dijo que su siquiatra estaría presente. Creo que ya lo saben. – le sonrió, pensando que siempre olvidaba contar lo importante. – Realmente le gusta Daniel, me lo dijo... luego de que discutimos. Pero, ¿qué te sucedió a ti? Dijiste que habías tenido un mal día.

–Llegamos tarde. Eso es todo. Un edificio abandonado. Ardió y un indigente estaba dentro, demasiado colgado para enterarse de nada al parecer… – suspiró con fuerza y le apoyó la mano en el hombro de nuevo. –Eso y que se me cayó algo en la espalda. Rajó un poco el traje y me quemé. Nada importante. Fue más el golpe que otra cosa.

– ¡Adan! ¿Estás bien? ¿Fuiste al médico? Déjame ver... – le empezó a sacar la camisa como si el moreno no supiera cuidarse a sí mismo.

Adan suspiró, sonriendo ligeramente y dejándole mirar para que se quedase tranquilo a pesar de que estaba vendado. –Claro… me atendió una ambulancia allí mismo… Baka…– lo abrazó contra él, acariciándole la mejilla con una mano y besándole el cabello varias veces.

– No me des esos sustos... Baka tú. – sonrió, aunque sin soltarlo. – No sé qué hago si te pasa algo.

–No me va a pasar nada…– le dio un golpecito en una nalga y le acarició la espalda, levantándolo para cogerlo a horcajadas. –Pasado mañana es la chorrada esa. ¿Quieres venir?

– Claro que quiero. No me perdería esa oportunidad por nada. – se rió, mirándolo a los ojos y pensando que era muy afortunado de tener a Adan. – Pero si esta noche tienes que dormir boca abajo, puedes hacerlo sobre mí.

–No sé si estás hablando de dormir…– el moreno lo miró a los ojos sonriendo un poco.

– Los dos necesitamos relajarnos, ¿no lo crees? Además, ya sabes que no puedo resistirme a ti. – le besó los labios, entrecerrando los ojos.

Adan lo besó de vuelta. Sentándolo sobre la mesa y rozándole el cuello con la nariz mientras recorría su garganta con la lengua, sus manos subiéndole la camiseta mientras lo acariciaba ya excitado. –Ashram…– se separó bruscamente. Mirando al chico que había entrado como siempre sin hacer ningún ruido y posiblemente desde la ventana de su cuarto. – ¿Cuántas veces hay que decirte que uses la puerta?– le preguntó, frunciendo el ceño porque estaba avergonzado. Recogiendo su camiseta para ponérsela.

–Lo siento…– dijo Ashram sin sentirlo en realidad y observando la venda en la espalda de Adan, después a su hermano para ver si lo defendía.

– No te preocupes, no pasa nada... – sonrió el chico un poco rojo porque se había excitado también. Se puso de pie, acariciando un hombro de Adan, intentando quitarle importancia a todo aquello. – Pero al menos golpea la ventana. –bromeó, haciéndose el loco ante la mirada del moreno. – Ashram, quiero hablar contigo, pero no es nada malo. Sólo dame un minuto con Adan.

–Bueno…– entró en su cuarto de nuevo y cogió la katana para nuevamente salir por la ventana como en venganza y ponerse a practicar en el jardín.

Adan miró a Aki y le apretó un hombro. –Es igual, voy a comer algo.

– Bien... ya sabes, no te enfades. No lo hace por molestarnos... – lo besó de todas maneras, rodeando su cuello con los brazos antes de separarse de él para ir a buscar a Ashram.

Adan lo miró irse, suspirando profundamente, mientras, Ashram bajaba la katana una y otra vez con fuerza. Se había olvidado los guantes en casa de Daniel y se sentía un poco incómodo de mostrar sus manos, pero mañana los recogería. Miró a Aki al sentirlo entrar y se quedó de pie, observándolo con la katana en la mano.

– ¿Estás molesto? A Adan le da vergüenza, no está enfadado. – le explicó como tantas otras veces, pero podía reconocer esa mirada en él aunque para los demás tuviese rostro de poker.

Ashram se encogió de hombros y giró la katana en su mano, sujetándola de nuevo y blandiéndola un momento. Un insecto cayendo al suelo cortado en dos. –Estoy bien. Daniel es mi novio.

– Tienes novio... – miró el insecto, casi compadeciéndolo, aunque suponía que era mejor que el insecticida en realidad, y sonrió, emocionándose. – Ashram, tienes novio. – saltó, acercándose al chico y abrazándolo sin darse mucha cuenta de lo que hacía.

El moreno apartó la mano con la katana, sorprendido y pensando que era un inconsciente. –Podrías haberte hecho daño. – hizo el esfuerzo de levantar la mano y le sujetó la cintura. –Nos besamos.

–Yo sabía que tú me protegerías. – se rió, mirándolo a los ojos, contento, por un momento olvidándose de todo lo demás. – ¿Y te gustó? ¿Cómo fue?

–Agradable… Nos besamos mucho. – apretó un poco el ceño para no sonreír, recordando que eso… Eso era lo que hacía al principio para dejar de hacerlo.

– Deja de hacer eso. No te va a matar. – se rió el chico al ver lo que hacía. – Me alegro mucho, ya era hora. Amo a ese chico. Bueno... no como tú, claro está. – bromeó riéndose de nuevo.

Ashram le apoyó la mano en los labios y luego en la cabeza. –No sé de qué hablas, Aki…– le dijo confuso.

– No importa, no importa... Que me agrada Daniel, eso. – le sonrió, recordando entonces lo que tenía que decirle y odiándolo más. No quería estropearle su felicidad.

–Sí… ¿Qué sucede?– preguntó, observando su rostro, sin comprender por qué tan serio de pronto. –Tenías algo que decirme…

– Sí, pero luego celebramos... – le sonrió de manera temerosa, enseriándose de nuevo. – Ashram... es que me llamó un detective. Quiere que lo ayudes, bueno, quiere preguntarte algunas cosas... que podrían ayudarlo. Es... acerca de ese caso que vimos en la televisión, ¿lo recuerdas?

–Sí. Lo comprendo, es lógico. No me importa. – cogió la vaina de la katana para enfundarla. – ¿Celebramos con pasteles?– preguntó serio, observando la funda de la katana.

Aki sonrió, aliviado de que lo tomase así, asintiendo. – Sí, voy a ir a comprarlos ahora. ¿Me acompañas? ¿O prefieres seguir practicando? Y no te sientas presionado, es tu celebración.

–Te acompaño…– se miró las manos. –Mejor me quedo.

– ¿Has perdido tus guantes? – notó su mirada, y se acercó. – Si quieres venir, te puedo prestar unos míos, pero son de invierno... así no tienes que quedarte castigado.

–Vale…– lo miró y se acercó a la ventana. Saltando adentro de su cuarto y mirándolo. Extendiendo la mano para ver si entraba por allí, sólo por reivindicarse ante Adan, aunque él no lo viese. –Me los dejé en casa de Daniel.

El pelirrojo le sujetó la mano, apoyándose en la pared para entrar de ese modo, aunque sin mucho equilibrio, riéndose. Seguro que si Adan los veía, les reñía a los dos. – También los dejaste en mi piso la primera vez que me visitaste, ¿recuerdas? Yo creo que es porque quieres regresar.

Ashram colocó la espada cuidadosamente y lo miró. –No me gusta tocarlo con guantes.

– No, imagino que no. – sonrió, buscando en uno de los cajones y sacando un par de guantes negros. – Cuando te gusta alguien quieres sentir su piel. Toma.

–Es suave…– le explicó. –Su cabello.

– ¿Más suave que el mío? – bromeó de nuevo, negando con la cabeza luego para no confundirlo. – Era una broma. Pero dime, ¿puedo saber cómo sucedió o es privado?

–Tan suave como el tuyo…– le dijo, saliendo del cuarto. –No me importa. Creí que me iba a preguntar si me gustaba, así que le dije que sí… y que no iba a hacer nada extraño. Fue ayer… en mi cuarto. Luego nos besamos…y estaba temblando. Daniel… – le dijo, ya que aquello le había marcado. – ¿No avisas a Adan de que nos vamos?

– Sí... ah, espero que no se moleste. – se dirigió a la cocina, buscándolo. –Adan, Ashram y yo vamos a comprar pasteles, no tardamos nada. ¿Vale?

– ¿Para agradecerle que entre por las ventanas?– le preguntó el moreno que leía el periódico para informarse del caso y se bajó las gafas mirándolo a los ojos.

– No... – Aki se acercó, abrazándolo por los hombros y susurrando en su oído. – “Para celebrar que tiene novio.”

Adan lo miró gratamente asombrado y le besó una mejilla. –Tráeme algo de crema.

– Vale, te amo... Ahora vengo. – le besó la mejilla, saliendo de nuevo y haciéndole una seña a Ashram. – Vamos, todo listo.


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