.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 24
Slightly Disturbing

Medio Día. Clínica siquiátrica Sakura.
Miércoles, 27 de mayo.

Kaigan dejó de estudiar aquellas notas que había tomado y se estiró un poco en su asiento, contestando el intercomunicador después.

– El detective Drago está aquí. Y la señora Meyer llamó, dice que si puede hacerle una cita para mañana.

–Sí... hágale una cita temprano, a las nueve. Y dígale al detective que puede pasar. – le indicó, intrigado por su visita. Por otra parte, le parecía que cada vez eran más frecuentes.

Drago llamó antes de entrar de todos modos y pasó directamente. –Cuanto tiempo…– le saludó antes de pasearse por la sala, observando los diplomas del nipón.

– Buenas tardes. – lo saludó el psiquiatra, poniéndose de pie y prefiriendo no comentar sobre eso. Conociéndolo, seguro se rebelaba incumpliendo su trato. – ¿Tiene dudas acerca de mis credenciales?

–No, sólo dudas acerca de su cara de niño bueno en la universidad…– señaló el bloque de fotos de la Orla y lo miró de soslayo. Subiéndose las gafas y mirándolo de frente. –Ashram Higuri… es tu paciente. ¿Cierto?

– Sí, es mi paciente. ¿Sucede algo con él? – lo miró serio, aunque tranquilo. El chico parecía estar progresando, no creía que se hubiese involucrado en algún problema.

–Voy a necesitar hablar con él…– lo miró de nuevo de soslayo. Notando su excesiva seriedad. Así que… le tenía cierto apego al chico.

– ¿Puede decirme por qué? Teniendo en cuenta el hecho de que está aquí, hablando conmigo, puedo suponer que no ha hecho nada fuera de la ley. – lo miró a los ojos, intrigado. ¿Acaso tenía que ver con lo que habían hablado antes? Seguro que sí...

–Quiero hablar con él sobre mi caso. – lo miró fijamente. –Creo que si alguien de esa secta pudiese estar involucrado, el chico podría saber algo. No le estoy pidiendo su permiso. – le advirtió.

– Entonces ¿qué hace aquí? – le preguntó, sonriendo un poco. – Yo no tengo su custodia, pero debería decir que Ashram... está haciendo lo que puede. No sé si sería bueno para él que lo asocien con esto de nuevo.

–Será bueno para salvar muchas vidas de personas inocentes si puede ayudarme…– dio unos pasos hacia él. Estudiando su sonrisa.–Estoy aquí porque creo que sería positiva su presencia. Pero si me he equivocado tal y como he entrado puedo volver a salir… doctor.

– No. Usted hablará con él con o sin mi permiso, ¿no es así? Entonces no puedo negarme. – le aseguró sin retroceder. Ya conocía sus juegos, además, probablemente intimidaría a su paciente.

Drago lo miró a los ojos. –No se lo tome como algo personal.

Kaigan sonrió, negando con la cabeza. – No lo estoy tomando como algo personal, detective Drago. Pero suelo preocuparme cuando algo interfiere con el progreso de mis pacientes. Ashram necesita aceptar su pasado para poder dejarlo atrás, pero no creo que esta sea la mejor manera.

–No tengo opciones. Necesito atrapar a ese cabrón. ¿Lo comprende? Sé que ese chico no es el culpable. Déme un voto de confianza. Aún no me ha visto hablar con una víctima…

– No es por usted, es por él. – le aclaró, aunque sí tenía algo de aprehensión ante sus métodos. Pero eso no era justo, ambos eran sus pacientes después de todo. – Está bien, estoy seguro de que puede manejarlo. Pero tal vez deba advertirle para beneficio de ambos, Ashram no responderá bien si alza la voz.

–Bien, no iba a hacerlo de todos modos. ¿Cree que soy un iracundo, verdad?

– Creo que... se deja llevar por su ira fácilmente. – cambió las palabras, ya que no creía en identificar a sus pacientes con sus emociones. – Aunque no le grite a él, podría molestarse. ¿Aún esta de mal humor, detective?

–Sólo con verlo me siento lleno de amor…– el moreno le sonrió, adelantándose un paso más para atosigarlo.

– Ya veo que se siente mucho mejor. – le sonrió el albino de nuevo, observando cómo se movía y permaneciendo quieto. – Me alegro.

–Puedo notarlo... y bien. ¿Vamos de paseo?

– Usted parece creer que estoy a su disposición a cualquier hora, ¿no? –le preguntó a pesar de que era obvio que no tenía ninguna cita en ese momento o lo hubiese hecho esperar.

– ¿Lo está?– le preguntó, sonriendo aún.

–No, tengo otros pacientes. Pero por suerte para usted, estoy libre ahora. – le sonrió, notando su manera de hablar. ¿Estaba intentando convencerlo de otra manera? – Aún así, creo que haría bien en llamar antes de venir. A no ser, claro, que lo que desee sea hablar conmigo.

Drago sonrió, mirando a un lado y de nuevo al doctor. –No me gustaría eliminar el factor sorpresa. ¿Puedo…?– preguntó, pegándose a él para coger el teléfono. –Necesito hacer una llamada.

– Por supuesto, pero veo que asumió de antemano que yo accedería. – miró su brazo, retrocediendo por fin, pero sólo para sentarse en su silla.

Drago sonrió levemente. –Soy muy intuitivo…– sacó una tarjeta de su bolsillo y telefoneó a casa de los Adler. Apoyando una mano sobre la mesa del escritorio e inclinándose un poco sobre la misma.

– O muy seguro... – le sonrió el médico, mientras el teléfono sonaba.

– Aki. – contestó el pelirrojo al otro lado de la línea, aún con su vieja costumbre de contestar así.

El detective sintió la tentación de decir “Drago”, pero la contuvo y alzó una ceja. – ¿El señor Higuri?

– Eh... sí, soy yo. – contestó, extrañado de que alguien lo llamase señor, pero seguramente era de la compañía de luz o algo así, claro que los recibos estaban a nombre de Adan. – ¿Quién habla?

–El detective Adamo Drago de la policía… – le dio tiempo a reaccionar para estudiarlo.

– De... ¿Detective? – repitió, sintiendo que se le helaba la sangre. Hubiese preferido no volver a escuchar esa palabra en su vida a menos que viniese acompañada del apellido Sven. – ¿Qué sucede? ¿Sucedió algo?

–Puede tranquilizarse. El motivo de mi llamada es que me gustaría hablar con su hermano Ashram.

Aki soltó una risita nerviosa sin poder controlarse. – Eso no me tranquiliza. Ashram no ha hecho nada malo.

–Lo sé. – suspiró levemente y miró a la mesa. –Pero hablar con él nos sería de gran ayuda. ¿Lo comprende, señor Higuri? Sé que la situación de su hermano es difícil, pero si hay algún modo de detener esto. Estoy seguro de que tanto usted como él también querrán ayudarme a hallarlo. Hoy hemos encontrado a un niño de tres años colgando de la puerta de una iglesia. Le habían arrancado el corazón…

– Pero Ashram no tiene nada que ver con eso ya. No está en ningún culto. – negó con la cabeza como si pudiese verlo. En el fondo lo comprendía, pero no podía evitar proteger a su hermano. No quería que sufriera de nuevo, justo ahora que las cosas parecían estar mejorando.

–Creemos que el caso puede estar relacionado. – el moreno cerró los ojos, rascándose la frente con una mano. No podía obligarlo a hablar con él sin pruebas de ningún tipo. –Por favor, ayúdeme a coger a ese hijo de puta… no va a detenerse.

– Ashram... – el pelirrojo suspiró, bajando la cabeza, indeciso. – Déjeme hablar con él primero... Si ve llegar un detective de la policía sin saber qué sucede, se va a alterar.

–Lo comprendo. ¿Tiene algo para apuntar mi teléfono? Necesito que me localice lo antes posible. Creemos que la próxima victima será dentro de tres días. – abrió los ojos de nuevo. Ligeramente aliviado y soltando la cruz que había tocado en su pecho.

– Sí... un momento. – el chico se puso nervioso mientras buscaba una hoja y un lápiz. Tres días, era muy poco tiempo. – Aquí estoy, dígame.

El moreno le dio su teléfono móvil y no pudo evitar rogarle una vez más. –Por favor. Es muy importante. Le aseguro que no será un interrogatorio, sólo hablaremos tranquilamente. Sé que su hermano es sólo una víctima. Su siquiatra me acompañará. Haga lo posible…

– Sí, claro... le llamaré lo antes posible. – le aseguró, asintiendo con el teléfono en la mano. – Hablaré con Ashram hoy mismo.

–Gracias y disculpe. – esperó a que el chico se despidiese y colgó el teléfono un poco tenso.

– ¿Aceptó? – le preguntó el psiquiatra, aunque le había parecido que sí, pero el moreno tenía el ceño fruncido.

–No lo sé…– suspiró con fuerza. Apoyándose sobre la mesa del siquiatra y rozando de nuevo la cruz en su pecho. –Esta noche hablará con Ashram. Espero que acepte. Sería mucho menos desagradable si lo hacemos por las buenas.

– Yo creo que aceptarán... – le respondió el psiquiatra por si eso ayudaba, observando cómo había tocado aquella cruz. Le daba la impresión de que el detective se involucraba personalmente por alguna razón. – Pienso que Ashram querrá ayudar si le explican la situación.

–Sí, yo también lo creo. El detective Sven sentía aprecio por ese chico. Me hablaba de él… en las pocas ocasiones en las que hablaba de algo relacionado con su vida privada. – se cruzó de brazos, mirando al suelo pensativo. – ¿Un café?

– ¿Seguro que quiere hacer eso? Tal vez haya esperanza para usted. – sonrió, de pronto enseriándose y asintiendo. – ¿Prefiere que se lo pida a la enfermera o vamos a la cafetería?

–Vayamos a una cafetería, odio los divanes. – le dijo serio, sin mirarlo aún y girándose hacia él de pronto. – ¿Hacer el qué?

–Quedarse a hablar conmigo. Lo digo por su manera de... despedirse la última vez que hablamos.

–No me acuerdo de nada, estaba tan dormido…– guardó las manos en los jeans luego de abrir la puerta y salió de la oficina.

– Asumo que ha tomado una siesta entonces. – comentó, seguro de que sí lo recordaba y observando cómo se guardaba las manos en los jeans.

–Sí… una. En la oficina del forense. Mientras esperaba a que pudieran decirme algo útil. No era mi intención, pero no pude evitarlo.

–Bien, estaba cansado. Yo se lo hubiese recomendado de todas maneras si no creyese que me saldría con alguna excusa. – sonrió, pensando que había parecido un poco adolescente por su manera de huir antes.

– ¿Una excusa cómo… tengo que atrapar al malo antes de que mate a alguien más? Hum… cierto, no sé si sería una excusa muy creíble…– ironizó.

– ¿Y? ¿El malo escapó mientras usted dormía? No puede hacer más de lo humanamente posible, detective. Si se descuida, su cansancio afectará su trabajo. ¿No lo ha pensado?

–Lo he pensado, pero sé cuando debo descansar. – el moreno suspiró con fuerza y su cabello se movió ligeramente antes de que se lo apartase con las manos hacia atrás.

– No siempre sabemos juzgar lo que es bueno para nosotros, aunque estemos seguros de que es así. – le contestó, observándolo de manera distinta por unos segundos. – Espero no haberle sonado agresivo antes. Suelo ser un poco protector con mi trabajo.

– ¿También me protege a mí así? – preguntó, sonriendo de medio lado mientras encendía un cigarro.

– No, con usted uso otros métodos. – le respondió tranquilamente. – Aunque supongo que también actuaría así si su jefe viniera pidiéndome su expediente.

Drago lo miró de soslayo. Serio de nuevo. –Así que… Ashram es especial para usted. ¿No es así?

– Especial... Supongo que un poco, sí. No sólo es un caso interesante, es alguien que tiene el deseo de mejorar. Además... también era importante para Oshitari sensei. Lo dejó en mis manos y no pienso traicionar su confianza.

–Es comprensible… – el moreno entró en la cafetería y lo dejó pasar. Siguiéndolo hasta una de las mesas y pidiendo lo mismo de siempre. Apoyándose con un codo en la mesa. Adormilado.

Kaigan también hizo su orden, observando al detective luego. – Me preocupa que se sienta identificado con aquello nuevamente. Eso le hará más difícil sentirse cómodo en su vida rutinaria.

–Trataré de no mencionar el caso. Sólo le haré preguntas sobre su pasado. No creo que sea tan relevante.

–No supongo que no. – contestó, manteniéndose tranquilo. – Creí que había descansado, detective, pero sigue viéndose un poco... como si se fuera a dormir.

–No voy a dormirme. – alzó la mirada a sus ojos y se quitó las gafas. –Estoy pensando… he organizado las fechas de los nacimientos de los chicos. No sé si tiene mucho sentido. El primero nació el día once. El hijo del señor Martín. Once días trascurrieron hasta la segunda víctima. La cual nació el dia cinco. Cinco días más tarde… – se apartó para que la chica le sirviese el café. –Me sigue. ¿Verdad?

– Le sigo... Parece que las fechas de nacimiento y el intervalo entre los asesinatos corresponden. – asintió atento. – Eso no sólo demuestra la naturaleza metódica de las muertes, el asesino conoce a estos chicos... o los ha investigado más de lo que pensaba.

–Sí… y eso es bueno. Si las muertes son lógicas pueden darnos pistas. Si fuesen arbitrarias… estaríamos ante algo mucho más difícil. En tres días morirá otro chico. –golpeó la mesa con un dedo, observando el café y deseando recibir esa llamada, a pesar de que sabía que seguramente no se produciría hasta el día siguiente.

– Tres días... ¿Eso significa que ha desaparecido un chico que nació el tres? – le preguntó, observando su gesto. – Tal vez deberíamos enfocarnos en las escenas de los crímenes. Pero no... No los asesinan allí... – recordó, echándole un poco de azúcar a su café, algo distraído.

El moreno lo miró fijamente. –El chico que murió… nació el día tres. No se entera usted de nada. Me dan ganas de estrangularlo.

–Eso dice mucho de usted. – lo miró de nuevo, como recordándole con quien hablaba. – Soy un psiquiatra, no un policía. Por lo general me concentro en las reacciones de la gente, en señales...

–Pues deje de concentrarse en mí y trate de concentrarse en lo que le estoy diciendo. – frunció el ceño, mirándolo fijamente. – ¿Por qué está haciendo esto?

– Ya se lo dije, quiero ayudarlo. – Le sonrió, pensando que era necio. – Me interesa el caso, pero una vez que es mi paciente, lo es las 24 horas del día. Por otro lado... ya le dije también que suelo analizar a las personas.

–Recuérdeme que no tenga una relación con usted…– se llevó el café a los labios y miró por el cristal.

– No creo que tenga que recordárselo. – le aseguró, bebiendo un poco también. – Pero ya tenemos dos: relación psiquiatra-paciente. Y la de compañeros... ¿o no?

–Sólo si piensa escuchar lo que le digo acerca del caso sin pararse a contar mis lunares mientras le hablo…– lo miró a los ojos. Ligeramente molesto porque no se tomase en serio la conversación.

– No estoy contando sus lunares, no lo analizo físicamente. – le aseguró, alzando una ceja. – Y ¿bien? Tiene toda mi atención.

–Era una forma de hablar. Y no iba a decir nada ahora. ¿Enfadadito?

– No me enfado con mis pacientes. No me enfado casi nunca en realidad. Pero usted sí lo estaba...

–No, no lo estaba y se enfada usted continuamente. Si no exterioriza un poco más sus sentimientos le dará una úlcera…

– Está jugando al psiquiatra de nuevo. – sonrió, negando con la cabeza. – No me enfado constantemente. ¿Por qué piensa eso?

–Puedo verlo en su cara. – lo miró a los ojos y se apoyó en la mesa. –No juego a los siquiatras. Soy un detective. ¿Sabe? Tenemos también ese tipo de estudios… sicológicos. Debemos comprender la mente de los asesinos.

– Sí, por supuesto. Pero yo no soy un asesino... – contestó, deseando inmediatamente no haberlo hecho de esa manera. – Supongo que sí me enfado, es natural. Y usted es un paciente muy difícil.

–Y usted muy mentiroso… para ser un niño bueno…

– Hasta donde sea posible, intento no involucrarme personalmente con mis pacientes. No miento, simplemente no creo que hablar de lo que yo sienta aporte mucho a mi trabajo.

–Oh… comprendo…– se limitó a contestar secamente. Bebiéndose el café y mirando por el cristal de nuevo.

Kaigan se quedó mirándolo, sonriendo un poco, notando lo que intentaba hacer. – No va funcionar en mí. ¿Está molesto, detective?

–Sí. Y no sé a que se refiere. Sinceramente. – lo miró a los ojos serio.

– A nada entonces... – le devolvió la mirada, pensativo. – pero está usted pensando... ¿Por qué yo tengo que decirle cada secreto de mi vida y él a mí no me dice nada? ¿Estoy en lo correcto?

–No, la verdad es que no. Lo que estaba yo pensando era. ¿Por qué demonios estoy en una cafetería con mi siquiatra? Porque como sólo soy su paciente… No veo el motivo. – lo miró a los ojos y dejó la taza sobre el plato. –No es muy bueno leyendo en mí. Tal vez yo no estaba escrito en los libros.

– Tal vez no... – admitió, comprendiendo y mirando por la ventana luego, pensativo. – Muchos pacientes desarrollan cierto afecto por su psiquiatra, cuando eso sucede lo mejor que se puede hacer es recomendarle a otro profesional.

–Hágalo… Deje mi caso. – lo retó.

– No dije que fuera a hacerlo... – lo miró curioso, aún pensativo. – Es lo que dicen los libros que debería hacer, sólo pensaba en voz alta. ¿Usted quiere que deje su caso?

–No me toca a mí juzgar esas cosas. ¿Cierto? A menudo la gente no sabe lo que necesita. – le sonrió de forma escéptica. – ¿No dicen nada acerca de cuando el siquiatra tiene una curiosidad insana por su paciente?

– Sí, en realidad... es lo mismo, debe distanciarse. Pero sé lo que sucederá si dejo su caso.

– ¿Qué se sentirá sólo sin mí?

– Sí, exactamente. Ya no tendré con quien luchar todos los días. – le sonrió, pensando que siempre tenía alguna salida. Pero esta vez él también la había necesitado y eso le preocupaba.

–Apúntese a clases de lucha griega…– le dijo, no sin segundas.

–Soy japonés, me van mejor los kimonos.

–Voy a preferir no ahondar en mis pensamientos ahora mismo y usted también.

– Detective... creo que esta conversación se ha vuelto ligeramente perturbadora. – le contestó, sonriendo y bebiendo un poco más de su café.

–Tal vez en su mente era sólo ligeramente perturbadora… – Drago sonrió también. Preguntándose para qué le había dicho esas cosas. –Siempre quiere ganar ¿Verdad? Y dirá cosas aunque no las sienta o aunque le parezcan equivocadas para hacerlo… Es competitivo…

– Usted también lo hace. Pero yo no digo cosas que no sienta a menos que esté bromeando. Sólo admito que a veces digo cosas que no pienso en realidad, para observar la reacción de las personas. – asintió, pensando que no podía seguir escondiendo eso de él. – Las reacciones... dicen mucho más que las respuestas directas a veces.

–Lo sé. Hasta donde sea posible, intento no involucrarme personalmente con mis pacientes. Eso seguramente no estaba siendo muy sincero para el caso. ¿No cree?... ¿O es qué conmigo no puede evitar saltarse esa regla?

– Eso se lo contestaré... si me habla de su primer caso. Aquel del que se negó a hablar, ¿recuerda? – le sonrió, haciéndole ver que no se había olvidado.

–Mal, doctor, pero ahora ya ha dado su palabra. Creo que usted no quería hablar sobre mi primer caso, si no sobre la primera vez que vi un muerto. Mi primer caso fue rutinario, pero ahora. Contésteme… después de haber demostrado de nuevo que no es un buen detective. – lo miró serio, quitándose las gafas para limpiarlas.

– Creo que ahora... yo siento deseos de ahorcarlo. – se rió, negando con la cabeza y bajando la mirada. – Ya me he involucrado un poco en otras ocasiones, como por ejemplo con ese chico, Ashram. Pero sí, admito que usted rompe un poco mis esquemas. Siento la necesidad de ayudarlo.

–Me hace sentir como un cachorrito extraviado… guau. – le dijo. Igualmente serio, a pesar de que de nuevo estaba jugando. –Me encanta romper cosas, ah… y también cabrearlo… Sí.

– Aún no rompe nada excepto mi concentración. Tendré más cuidado. – contestó, poniéndose serio nuevamente, un poco incómodo. – ¿No quiere hablar de eso? La primera vez que vio un muerto...

–No. – sentenció, apartando la taza vacía y encendiendo un cigarro. Tocándose el pecho después sin poder evitarlo, mirando a un lado.

– No, porque no fue en su trabajo... ¿no es así? – le preguntó, pensando que se protegía demasiado como para ser algo así. – No tiene que hacerlo ahora, pero eventualmente... sería bueno para usted.

–Lo tengo muy hablado…– lo miró a los ojos fijamente, serio. –Y superado.

– Sí, por eso me pone ese rostro cuando le pregunto.

–No, lo hago porque había pensado venir a tomar un café con una persona que para variar me resulta agradable. Pero esa persona no deja de intentar sicoanalizarme. Y habíamos quedado en una hora a la semana, hora con la que ya he cumplido. Así que si piensa seguir, no voy a tener más remedio que irme. Porque esto no está siendo muy agradable…– lo miró a los ojos, apoyando una mano en la mesa como si fuera a necesitar impulso para saltarle al cuello. – ¿Comprende eso, señor doctor?

– Con un título me basta. – alzó una mano como para tranquilizarlo. – Bien, no hablaremos más de eso, pero ya se lo había advertido. No es fácil para mí el detenerme.

–Y no es fácil para mí hablar con la gente. Mucho menos si creo que sólo estoy siendo su objeto de estudio. Comprendo su obsesión por su empleo, porque yo también la padezco, pero con alguien como yo… no es bueno. Y no es fácil.

– No es un objeto de estudio... – negó con la cabeza sintiéndose extraño. – Lo lamento si le hice pensar eso. No era mi intención.

–Ya… de todos modos es tarde. Le avisaré mañana si consigo una cita con Ashram y en tal caso… Intente sacar tiempo para mí.

– Sí, lo tendré en mente. – asintió, poniéndose de pie y haciendo ademán de coger su chaqueta, recordado que la había dejado en la clínica.

–Oh, sí. La próxima vez tráigase estudiado cómo no cabrear a sus pacientes… Últimamente no hacemos más que discutir…– le dijo. Burlándose, aunque estaba serio mientras dejaba el dinero sobre la mesa.

– No... Es natural que mis pacientes se cabreen... Pero no es necesario que sea un paciente ahora. – sonrió, aunque su mirada estaba un poco perdida.

–Eso creía yo hasta que usted me dijo que eso era. Pero bueno, no soy tan rencoroso… ¿O sí?... Haré que lo olvido.

– No haga eso, lo que sucede, sucede. – lo miró a los ojos, ahora sonriendo como solía hacerlo. – Ya le dije que soy consciente de mis problemas. – le aseguró mientras salían de la cafetería.

–Pues añada otro problema a los que ya es consciente. – se señaló el pecho, sonriendo ligeramente y desviándose para ir a buscar su moto.

– Pero este no es nuevo. – sonrió, meneando la cabeza y caminando de vuelta a la clínica. Se sentía poco profesional. Empezaba a desesperarse.


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