.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 23
The Eyes of the Heart

Mañana. Universidad.
Miércoles, 27 de mayo.


–Lo siento, no he podido salir antes. – dijo Ashram, sentándose al lado de Daniel y observándolo fijamente. Casi había llegado a la hora de salida, pero aún así había querido entrar. Tenía ganas de estar con él.

– No importa. No tienes que marcar tarjeta. – se rió el chico, aunque sí se había puesto nervioso. – Ya empecé... a esculpir tu rostro. Aunque lo estoy haciendo en mi piso. – le sonrió, imaginando que se sentiría expuesto si lo hacía en clase.

–Tendré que ir para poder verlo…– meditó, sin comprender que quería decir con pasar tarjeta. –Tenía ganas de verte…

– Yo también, pensé que a lo mejor te sentías cohibido. – le confesó finalmente, colocando su mano sobre la mesa para que Ashram la sujetara si quería.

–No me importa. – miró su mano por un rato, sin estar seguro de si lo hacía para que se la sujetase y tomándola por fin. Llevándosela a la cara a pesar de que estaba manchado de arcilla. –Siempre te vistes de colores claros… ¿Cómo sabes si la ropa te queda bien? ¿Nadie te acompaña?

– ¿Me visto de colores raros? Me pregunto si me han estado mintiendo... – se rió, realmente pensando en ello después. – No estoy seguro de cómo se me ve, sólo de si me queda cómoda. Pero como no he cambiado de talla en algún tiempo... pensaría que no está tan mal. En cuanto a los colores, suelo preguntarle a la dependienta, y luego... –bajó su otra mano, virando el borde de su camiseta para mostrarle la etiqueta que llevada cosida allí. – Así puedo saber qué prenda estoy eligiendo.

–Eso es muy inteligente. Yo creo que te ves muy bien siempre. Mi hermano dijo que eras muy guapo. Lo eres…– le dijo sin un trazo de vergüenza, completamente sincero.

– ¿Tu hermano dijo eso? – se sonrojó, sonriendo y jugando con sus dedos. – Y tú eres muy dulce y guapo también. Siento ganas de presumirte.

– ¿Qué significa eso? ¿Querrás decir presumir de ti? – desvió la mirada un poco, avergonzado por si era eso, a pesar de que nadie hubiera notado su estado, de no ser Aki.

– Sí, eso... – se rió, bajando la cabeza y apretando su mano.

–La gente no lo comprendería, que te sintieras orgulloso de estar conmigo. No se lo vas a decir a tu madre. ¿Verdad?– lo miró fijamente, limpiándole las manos porque acababa de sonar la campana del final de la clase.

– ¿Por qué no? No me avergüenzo de ti, Ashram. Me siento feliz. – su sonrisa empezaba a desaparecer de nuevo, pero sabía que debía ser paciente. Aún no parecía comprenderlo. – Eres guapo y dulce, amable... Y creo que mi madre lo entendería con el tiempo. Pero no pensaba organizar una reunión familiar en un futuro cercano si eso es lo que temes.

–No temo. No me importa su opinión si tú no cambias la tuya por eso. Yo aún no se lo he dicho a nadie. – se levantó y lo llevó con él de la mano. Lo cierto es que una reunión de esas lo hubiera puesto muy nervioso y más si Aki no estaba cerca. –A Aki le gustaría saberlo.

– Creí que se lo dirías enseguida. No sé por qué, me dio esa impresión. – sonrió, dejándose llevar. – Si cambiara mi opinión cada vez que mi madre me dice algo, no estaría viviendo solo ni habría hecho ninguna de estas cosas.

–Sí, es cierto. – el moreno entrelazó los dedos con los suyos dubitativamente de si aquello no le haría sentirse apresado. No, estaba bien, era agradable, Daniel siempre era delicado. –Te acompaño a tu casa.

– Vale. ¿Me dejarás tocar tu rostro de nuevo? Quiero recordar todos los detalles. – le pidió, moviendo el bastón frente a él, aunque estaba seguro de que Ashram le advertiría si iba a estrellarse con alguien. Claro que, aún así, no quería depender de nadie más.

–Sí, no me importa que me toques. Ya sé que no me vas a hacer nada.

–Eh… Ashram. ¿Sabe tu hermano que no vas a regresar a casa ahora?– le preguntó Azrael que estaba apoyado en una columna fumando.

–No…

–Bueno, ya lo aviso yo. Tú vete con tu novio. – le dijo por jorobar un poquito.

–Es mi novio. – zanjó Ashram de todos modos, huyendo ligeramente de la sonrisa asombrada de Azrael.

Daniel se rió, apoyándose más en Ashram. – Hasta luego... – se despidió por cómo se lo llevaba el chico. – Me alegra que haya cambiado la respuesta.

–Sí… – lo miró de soslayo. Preguntándose realmente si podrían seguir con aquello, teniendo en cuenta lo poco que él hablaba.

– ¿Te sucede algo, Ashram? – le preguntó de pronto, un poco más serio.

–No, sólo estoy callado. – miró de soslayo a la gente que pasaba. Percatándose por primera vez en su vida de cómo los miraban. Más bien a Daniel. –La gente te mira…

– Sí, lo supuse pero... no importa si yo no los puedo ver. – se rió, pensando que aquello no lo hacía invisible, pero sí le evitaba malos ratos.

– ¿Eso te molesta?

–No, no me interesa. De todos modos yo no suelo mirar hacia arriba. No me voy a celar. – le advirtió.

– Vale, no te celes... – sonrió, seguro de que era un despistado. No lo miraban por eso. – ¿Qué quieres decir? ¿Me mira gente muy alta?

–No, quiero decir que yo camino mirando para abajo. – suspiró, pensando que todo había que explicárselo.

– Ya lo sé, sólo bromeaba. ¿Por qué caminas así? Es... un poco peligroso, ¿sabes? – giró su rostro ligeramente hacia él.

–No lo sé, porque no me quiero poner derecho. Me sentiría extraño. – se pasó la mano por el pelo. –No es peligroso… ¿Por qué lo sería?

– Porque no ves por donde caminas... –se rió, a sabiendas de que era irónico que lo dijera él. – Pero eres alto. ¿Puedes pararte recto cuando estemos en mi piso? Sólo un momento.

–Sí. No importa si sólo lo ves tú. No lo ves, pero es como si lo hicieras. – alzó la mirada un poco y luego la bajó de nuevo. –Si ves el suelo no te tropiezas. Si alguien o algo se acerca puedo escucharlo.

– Eres un poco como yo entonces. Pero me es más difícil cuando estoy en la calle. Hay mucho ruido. – le sonrió, admitiendo aquello. – Tengo que prestar mucha atención cuando estoy solo.

–Comprendo, pero yo estoy acostumbrado a tener que vigilar mis espaldas. – le explicó. –O a entrar en lugares concurridos, con seguridad, y salir sin que me descubran. Pero Aki siempre se despierta cuando entro en su cuarto, no lo comprendo, Aki no es muy hábil.

Daniel se rió ante su sinceridad. Probablemente era lo que más le gustaba de él. – Será porque está acostumbrado a tu presencia. Las personas que viven juntas suelen acostumbrarse a ciertas cosas. Luego se sienten raros cuando no sucede.

–No lo sabía. Ya estamos en tu portal. – le indicó, ya que imaginaba que había estado distraído. –Subiré por las escaleras de nuevo. – le advirtió. –Aunque antes solía entrar por las ventanas, pero a Aki no le parecía bien.

– No, seguro se llevaba sustos. Y también puede ser peligroso. – sonrió, entrando con él al edificio y acompañándolo hacia las escaleras. – ¿Por qué entrabas por las ventanas?

–Porque… No estoy seguro. – le confesó subiendo las escaleras. –Es el mejor modo de que no te vean… supongo. O porque estaba en el tejado, o en un árbol.

– Eres muy interesante, Ashram. – le aseguró, subiendo poco a poco y preguntándose de pronto si no le estorbaba. – Pero yo creo que me fijaría en alguien trepado a una ventana o a un árbol. Claro, si pudiera fijarme.

–Pero no me verías, porque yo sólo tenía permiso de salir por la noche, y porque sé como no ser visto. – le explicó, con un tono un poco cansado, como si le preocupase que le llevara la contraria en algo que él mismo conocía mejor que la mayoría de las personas. –Si los ninjas no fueran casi invisibles, su efectividad como asesinos sería nula.

–Sí, supongo que sí. Así que eres ninja… – asintió, escuchándolo interesado. –Aún así prefiero que sigas entrando por la puerta. Mi piso... queda alto, me preocuparía. Aunque seguramente tú no te caerías.

–No, no me caería. – le contestó, seguro de sí mismo y esperando a que abriese la puerta. – ¿Cómo compras la comida? ¿La encargas?

– A veces... Y a veces voy de compras a una tienda que hay cerca de aquí. Volví locos a los empleados, pero por fin me aprendí en qué pasillo queda cada cosa y ahora me dicen si han cambiado algo. – sonrió, seguro de que le ponían cara de pesadez. – Es más fácil comprar frutas o cosas así.

–Las otras cosas son difíciles de identificar. Podrías encargar tus compras por teléfono, he visto a Aki hacerlo. – le explicó, soltándolo porque le gustaba verlo moverse por su casa. Le hacía pensar que podía ver. – ¿Puedo ver tu cuarto?

– Claro. Pero no será la gran cosa. – se rió, dejando su bastón en el mismo lugar de antes, así como sus llaves. – Y ya lo sé, eso hago, pero a veces me gusta salir y hacer las cosas por mí mismo, ¿lo comprendes?

–Supongo que sí. Pero a mí no me gusta ir solo a comprar, porque no quiero hablar con la gente…– lo siguió, observando a su alrededor. Todo estaba casi vacío. Lógicamente para él.

– ¿Te gusta? Supongo que no es muy atractivo. – sonrió, sentándose en la cama, el colchón suave, pero firme bajo su cuerpo. Extendió una mano hacia la mesita de noche, mostrándole el lugar preferencial que ocupaba su escultura de la flor.

Ashram observó la flor y luego a Daniel. –Gracias por ponerla ahí. – se sentó a su lado y le sujetó la mano. –A mí me gusta, de todos modos no me gustan los adornos.

– No, ya lo suponía. Pero a mí me gusta esa flor. Me hace sonreír cuando la toco. – De hecho sonrió nuevamente, apretando su mano y acariciándola un poco.

– Me gusta verte sonreír. – le tocó los labios con las puntas de los dedos y apartó la mano. –Querías que me pusiera derecho… ¿Lo hago?

–Vale, pongámonos de pie. – asintió, poniéndose de pie él y esperando a que Ashram también lo hiciera.

Ashram se irguió frente a él. Pensando que así parecía un poco bajo. Pero no, simplemente él era alto. –Me llegas a la altura de la mandíbula. – Le explicó.

Daniel alzó los brazos, sintiendo su cabeza y la diferencia de alturas. – Lo sabía, eres alto, seguro te ves imponente así. – bajó sus manos sintiendo su rostro de nuevo con suavidad. – Me pongo nervioso con cualquier cosa.

–Yo también… No pasa nada. –quiso calmarlo y calmarse a sí mismo, ya que lo había avergonzado un poco y además no sabía qué debía hacer. Simplemente cerró los ojos dejando que acariciase su rostro. –Puedes seguir tocándome… lo comprendo. – le dijo serio.

– ¿Lo comprendes? – continuó, sintiendo cómo le palpitaba el corazón con rapidez. – Realmente me gustas, Ashram. Nunca me he puesto así de nervioso antes.

–Yo tampoco, y de todos modos nunca he tenido un novio antes…– bajó la mirada para verlo mejor y le acarició el cabello porque le encantaba su tacto y su color. –Te digo que lo comprendo porque yo hubiera querido saber cómo eres.

– Pero a mí me gusta... sentirte. – bajó las manos por su cuello, sintiendo la curva de este. – No te gusta que te toquen, debe ser incómodo para ti.

–No, estoy bien, sólo un poco nervioso. Pero tú no me harás nada. Estoy bien. – le aseguró, aunque cerraba un poco un puño. –Me gusta como tocas las cosas.

– ¿En serio? No... Yo no te haría nada. – sonrió ligeramente, acercándose un poco. – Además, eres un ninja, creo que... si yo fuera alguien malvado podrías derrotarme fácilmente. –bromeó, deslizando sus manos ahora por los hombros del chico, se sentían fuertes.

–Se nota que eres bueno…– le tocó la cara con su mano, acariciando su mejilla y alzándosela un poco. –La gente malvada no tiene este rostro…

–No lo sé, no he tenido oportunidad de verlos. – bromeó de nuevo, aunque su sonrisa era cálida, dejando que sus manos recorriesen su pecho y deteniéndose allí por no incomodarlo. – Eres extraordinario, Ashram. Quiero preguntarte algo, pero me da un poco de vergüenza.

–No tiene por qué, no me voy a reír. – le dijo calmado al comprobar que nada sucedía.

– Ya lo sé, pero supongo que es un poco... vanidoso. Aunque no suelo ser así. Además no quiero que pienses que... me interesa realmente. – sacudió un poco la cabeza, alzándola de nuevo hacia el moreno, un poco rojo. – Es acerca de mis ojos. Verás, los recuerdo como eran, pero ya no se ven así, ¿verdad? Y recuerdo... que antes veía a muchos ciegos usando lentes oscuros. No sé si debería hacerlo. ¿No se ven... extraños?

–Se ven preciosos, son de color azul, pero es como si tuviesen un velo plateado. Yo prefiero verlos. – lo miró, pensando en que él tapaba el suyo y se apartó el cabello de delante. Era un poco cobarde hacer eso. –Creo que es normal que quieras saberlo.

Daniel sonrió completamente, aferrándose a su ropa, aunque se había sonrojado aún más. – Gracias... No me atrevía a preguntarle a nadie más. Mi madre sólo me diría que soy guapo y yo... no quería revelar que pienso en esas cosas. Pero me siento seguro contigo.

Ashram observó como lo sujetaba y le pasó las manos por la espalda como probando a ver qué pasaba. –Supongo que para una madre su hijo siempre es lo más precioso que hay. Te pones rojo muchas veces…

– Es... porque me pongo nervioso, antes no me sucedía tanto. – bajó el rostro, riéndose un poco, aún más rojo de que se lo indicase.

Ashram le alzó la cara de nuevo, observando su sonrisa y besándolo. Sujetando su rostro con una mano y entrando en su boca mientras cerraba los ojos. Suponía que debía haberle pedido permiso, pero ahora ya era tarde para eso. No había podido dejar de pensar en su primer beso toda la noche.

Daniel sólo le devolvió el beso, soltando sus ropas y simplemente dejando sus manos en donde estaban, cerrando los párpados. También había estado pensando en eso, deseando que lo hiciera de nuevo.

–Me gusta besarte…– susurró con el corazón agitado en su pecho. Besándolo de nuevo.

El rubio deslizó sus manos, hasta sus hombros, apretándose contra él, sin protestar para nada. Se sentía en el cielo.

Ashram lo pegó contra su pecho al romper el beso y deslizó los labios por su cabello. Seguía sintiéndose nervioso por la proximidad, pero comenzaba a pensar que tal vez no se había dado cuenta. Tal vez había llegado la hora de prometerse a sí mismo el proteger a quien él desease. Le rodeó la cintura con suavidad. Se sentía bien, no podía creer que aquello estuviera sucediendo.

Daniel continuó con los ojos cerrados, ocultando su rostro en él. Le encantaba aquella calidez, sus brazos rodeándolo, podía permanecer así para siempre. – Creo... – suspiró nervioso. – Te quiero, Ashram.

–Yo también te quiero. – el chico le acarició la espalda con su mano, besándole el cabello de nuevo. –Me siento extraño, como asustado. Pero no tengo miedo.

El rubio negó con la cabeza. – No, no temas. Me pasa igual. Me siento nervioso, pero seguro a tu lado.

– ¿Dónde sueles estar cuando estás solo? – le preguntó Ashram, seguro de que él no estaba muy cómodo allí de pie.

– En la sala, suelo acostarme en el sofá, por horas. A menos que esté trabajando en una escultura o estudiando porque... si me acuesto para estudiar me duermo.

– ¿Puedes soñar y ver cosas?– le preguntó Ashram. Saliendo de la habitación con él para llevarlo a la sala donde suponía que estaba el sofá.

– Sí, puedo ver cuando sueño, aunque... a veces las cosas pueden ser algo borrosas, como si estuviera viendo un recuerdo, ¿sabes? Pero tal vez es algo psicológico. – le contestó sin preocuparse mucho por eso.

–Comprendo… mis sueños son muy claros. Pero casi nunca tengo sueños agradables. Aunque desde que te conocí no he vuelto a tener pesadillas. – se quitó los playeros antes de sentarse en el sofá. –He venido para aquí para que puedas estar cómodo. Aún no he visto la escultura, aunque supongo que aún no tiene forma.

– No mucha, apenas hago la forma de la cabeza – se rió, sentándose también. – Y gracias, ya lo sabía, lo de que me trajiste aquí para que esté cómodo. Yo no suelo tener pesadillas, a veces sueño cosas extrañas, pero es normal supongo.

– ¿Porque estás ciego?

– Algo en mi cabeza. ¿Recuerdas que te dije que había tenido un accidente? Bueno, recibí una contusión en la cabeza... y se dañó lo que conecta los ojos con el cerebro. –le explicó pacientemente, aquello ya no le afectaba.

–Daniel…– Ashram lo miró fijamente. –Digo que si es normal que sueñes cosas extrañas porque estás ciego…– suspiró.

–Oh, lo siento, creí que me preguntabas por qué... – se rió, recostándose un poco contra él. – No, creo que es normal porque estoy un poco loco. Los sueños vienen del subconsciente, es natural que sean así, ¿no lo crees?

–No lo sé… No estoy muy seguro de saber lo que es el subconsciente, aunque me hayan hablado de él tantas veces en el médico y en clase…– lo rodeó con los brazos para que se apoyase en su pecho. Observándolo y acariciándole la cara con suavidad. –Quisiera quedarme contigo.

– Yo también quisiera que te quedaras. Me agrada cuando estás conmigo... – cerró los ojos nuevamente, como si se fuera a dormir aunque no pensaba hacerlo. – Yo tampoco estoy muy seguro de qué es, pero sí sé que no ve las cosas de manera directa.

–Se lo preguntaré a mi siquiatra. Tal vez él sepa cómo explicármelo. – sonrió levemente al observar su rostro con los ojos cerrados, sin percatarse de que lo hacía. – ¿Puedo besarte otra vez?

– Puedes besarme... todas las veces que quieras. – asintió el chico, abriendo los ojos y alzando el rostro.

Ashram le sujetó un poco la cabeza para besarlo, observando su rostro y acariciándole el cuello. –No comprendo por qué Dios me habría enviado un ángel si no me he arrepentido…– susurró acariciándole un poco el pecho para buscar el latido de su corazón.

–Qué cosas dices... – se sonrojó el chico, sintiéndose un poco agitado y besándole una mejilla. Sentía que quería hacerlo feliz, que encontrase la tranquilidad junto a él.

Ashram lo miró un poco confundido. Preguntándose si creía que lo había dicho como una especie de piropo o algo así. –Pero nunca me dejarán quedarme contigo.

– ¿Por qué no? ¿A qué te refieres? – suspiró, imaginando que se refería a su arresto domiciliario. – Tal vez yo pueda quedarme contigo, ¿crees que lo permitan?

–No lo creo, dirán que no podrías controlarme… seguramente. Pero tal vez algún día me perdonen, ya que no he vuelto a hacer nada malo y estoy estudiando. Voy al siquiatra… – le explicó las cosas que le habían mandado hacer. –Se lo preguntaré al doctor también… o a LucSven… – se corrigió a tiempo ya que no quería asustarlo.

– ¿Quién es... Lucsven? – le preguntó, pensando que era un nombre extraño. – Me refería a quedarme en tu casa. Pero tal vez... en un futuro.

–Eso sí que podrías hacerlo. Pero había pensado que seguramente no querrías. – suspiró levemente. –Es Sven… Sven Ashel. Es el hombre que se encargó del caso y el primero que pudo obtener mi custodia. Luego, ya que me comportaba bien y que tenía familia directa, y gracias a las influencias de Adan… me dejaron irme con mi hermano. De todos modos, me escapaba todas las noches para ir con él.

– Supongo que es lo normal. Ese hombre debe ser muy amable. – sonrió, asumiendo aquello porque había ayudado a Ashram. – Claro que quiero quedarme contigo, no veo por qué no. ¿Crees que tu familia esté de acuerdo?

–Yo creo que ellos siempre están de acuerdo en todo lo que me haga feliz, y no sea malo para mí. Además, Aki quería que me gustases. – le tocó el pecho, acariciándolo. –Ese hombre no es nada amable, pero es buena persona. Él también tenía una cruz, pero jamás se la acabaron… Yo aún tengo otra.

– ¿Jamás se la acabaron? ¿Te refieres a...? – dejó la pregunta en el aire, tocando su mano intrigado. – ¿Entonces ese hombre era de la secta también?

–No. Era un policía, se lo hicieron en una misión, le cortaron la cara por aquí…– le señaló la zona con un dedo. –Querían sacarle los ojos. No pudieron, y tampoco hacer la barra vertical. Él no era de la secta, luchaba contra ellos y me dijo a mí que luchara con él. Yo lo hice. Él siempre comprendía todo… lo que yo decía.

– Seguramente porque comprendía ese mundo. Debe ser horrible que te ataquen así. Yo no podría trabajar de eso. Claro... – sonrió, seguro de que estaba diciendo tonterías, pero le habían dado escalofríos.

–Lucifer no era malo. ¿Sabes? Simplemente no estaba de acuerdo con Dios, pensaba que era un tirano…– le dijo de pronto.

– No lo sé, supongo... Pero Dios no es un tirano. ¿Tú lo crees así? – le preguntó, sorprendido por ese comentario de pronto.

–Lo creo así, lo es… Por su culpa los ángeles se mataron entre sí, porque no quería compartir su poder. A eso se le llama tiranía. Cuando el poder es de una sola persona y no es discutible ni susceptible de ser relegado de su cargo, eso es dictadura…– le dijo Ashram tranquilo.

– Yo no lo veo así, creo que Dios quería lo que es mejor para todos nosotros. Tal vez sabía que Lucifer no podría manejar bien ese poder. Tal vez incluso a él lo protegía. No lo sé... supongo que es confuso a veces.

–El mejor modo de proteger a las personas es mantenerlas a tu lado, cuidar de ellas y tratar de comprenderlas. No echarlas de tu lado, repudiarlas y exiliarlas después de torturarlas con tu odio y con el fuego del infierno…– Ashram suspiró con fuerza. –Eres cristiano…

–Sí. ¿Te molesta eso? Supongo que puedo comprenderlo. – suspiró, tocándole el pecho. – Yo creo en Dios, creo en ese tipo de cosas. Pero no significa que tú tengas que creerlo.

–Yo también creo en Dios. No hay modo de creer en Satán sin creer en él. Y está bien, no te preocupes, es lógico que creas en Dios, a mí me agrada que lo defiendas. Seguramente Dios estará orgulloso de ti. – sintió que se le empañaba un poco la vista al pensar que no se merecía que Daniel lo quisiera y lo abrazó mejor, acariciándose la cara con su cabello.

– No lo creo, no soy tan bueno como piensas. – sonrió, dejándose abrazar de aquella manera tan cariñosa. – Me refería a creer en Dios en el sentido en el que creo en ti. A creer que hace lo correcto, que nos quiere.

–Yo te quiero. Por eso no habría dejado que tuvieras ese accidente. Si Dios existe no estaba allí ninguna de las veces para mí.

– Yo comprendo lo que sientes. Pero ya no culpo a Dios por mi accidente. Puedo ver otras cosas que antes no veía. – sonrió, sin moverse de aquel sitio. – Siempre he creído que hay una razón para las cosas. Pero no puedo... no tengo explicación para lo que te sucedió. No puedo decirte que está bien.

–Yo nunca había hecho nada para merecerme eso. Algunos son amados por Dios y otros no. El hombre que nos da historia de las religiones es un cura. Dice que Dios me puso pruebas más difíciles que al resto, que todo puede ser perdonado por Dios si te arrepientes. Yo no quiero su perdón, pero a veces creo que sí. Y me encuentro a mí mismo rezando en mi cuarto. Luego me avergüenzo.

– No tienes que avergonzarte. Es natural querer el perdón de Dios. Es como si te peleases con tu padre, o eso creo yo. Lo odias, lo llamas de todo, pero de todas maneras quieres que te quiera... ¿no? – sonrió levemente. – Yo creo que Dios te perdonaría...

–No lo sé, no tengo padre, y nunca he insultado a nadie, creo…– Ashram le besó los labios de nuevo. –Creo que todos los demonios tienen un ángel a su lado.

– ¿Eso crees? – se rió un poco confundido. – Yo no creo... que a los demonios les agraden mucho los ángeles.

–Yo creo que sí, porque ellos son lo que a ellos les hubiera gustado ser y todo lo que han perdido. Ellos los perdonan, aunque hayan hecho cosas terribles. Los demonios sólo son ángeles que han cometido pecados. Tienen sentimientos.

– Supongo que sí – murmuró en un volumen de voz bajo, preguntándose si Ashram no estaría hablando de sí mismo. – Yo creo que un verdadero ángel puede ver al ángel dentro del demonio.

–Entonces seguramente puedan hacerlo. – le apartó un poco el cabello de la frente para verlo mejor. – ¿Te gusta pasear de noche?

– No lo sé, supongo que sí, aunque no suelo hacerlo. Sólo... subo a la azotea y ya. Pero si me acompañas, creo que me gustaría. – sonrió, moviendo su rostro hacia el de Ashram. Siempre lo dejaba fuera de base con sus cambios de tema, pero eso le hacía un poco de gracia.

–Podríamos ir algún día. No me dejan salir solo de noche, pero siempre me escapo. Es agobiante.

– ¿No te meterás en problemas?

–No, sería difícil que me viese alguien relacionado con el caso. – analizó, pese a que con Daniel no podía ir a escondidas. –Además, tú puedes decirles que no hacía nada malo.

– Puedo, pero no sé si sería tan simple. – sonrió, pensando que a veces hablaba como un niño grande.

–Pues le diré a Kiyoshi que vaya con Azrael y nos acompañe. ¿Te molesta eso? Quiero llevarte a un lugar especial…

– Está bien, supongo que no habrá problema. – suspiró, un poco nervioso luego, aunque la voz de Ashram había permanecido igual. – ¿No estás molesto, verdad?

– ¿Por qué iba a estarlo? No, no lo estoy. Me siento bien.

– Por nada, es que no quiero que pienses que te limito... – sonrió un poco, consciente de sí mismo ahora.

–No pienso eso. A mí no me importa que no puedas ver… no me molesta. – le aseguró, aunque claramente preferiría que pudiese. –Tal vez sueñes conmigo y puedas verme entonces.

– No me refería a eso. – contestó, bajando un poco la cabeza contra el cuerpo del moreno. – Tal vez sueñe contigo, ahora que sé como te ves.

– ¿A qué te referías? Creí que lo decías porque no podemos ir solos.

– Sí, pero no porque no pueda ver. Lo decía porque no te dejo... portarte mal, supongo. – se rió, enrojeciendo ligeramente.

Ashram lo miró fijamente. –Haces bien. No sería muy bueno si me internasen en un centro siquiátrico por salir solo. Me escaparía antes de que me atrapasen.

– No, eso no sería nada bueno. – el rubio bajó un poco la voz, prefiriendo no imaginar algo así. – Pero no sucederá. No tienes que romper las reglas para estar conmigo. Yo haré lo que sea necesario.

–Creo que me siento feliz…– le dijo Ashram. Observándolo con aquella misma expresión nostálgica a pesar de que era sincero.

– Haré que te sientas seguro. Por lo menos lo intentaré. – alzó una mano tocando sus labios con suavidad. – Me gustaría sentirte sonreír alguna vez.

–Creo que antes lo hice, pero ahora no puedo. Y me daría vergüenza. – le besó la mano y se la apoyó contra la cara. –Me gusta que te apoyes en mí y me abraces.

– No te preocupes, no hay prisa... –sonrió, contento por la posibilidad de que hubiese sonreído antes. – A mí también me gusta que me abraces, pero me ponía nervioso tocarte. No quiero que te moleste.

–Está bien, me gusta que tú lo hagas. ¿Alguna vez has estado con otra persona?

– Sí... bueno, tuve un novio en la secundaria, pero rompimos. No llegamos a mucho en realidad. – sonrió, recordando aquello y preguntándose si se pondría celoso.

–Comprendo…– le dijo, efectivamente poniéndose celoso. – ¿Qué quiere decir que no llegasteis a mucho?

– Era una cosa de chiquillos. A eso me refiero. – sonrió, escuchando el tinte de celos en su voz. – Al final no pudo con la situación. Sus amigos lo presionaban. No es fácil ser gay, adolescente y para colmo tener de novio a un ciego.

–Eso no influye. Nunca encontrará a nadie como tú ya. – le tocó los labios con un dedo, pensando que eran muy suaves. –A mí me han hecho cosas, que no eran de niños. Por la fuerza, es… lo más humillante que haya pasado. Así que, nunca se lo cuento a nadie.

– Ashram... – susurró, abrazándose a él. Ahora comprendía mucho mejor por qué tenía tanto miedo al contacto físico. Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas y los cerró, conteniéndolas. No quería que el moreno lo viera así y se cerrara a él. – Yo nunca te haré daño.

–Yo tampoco…– lo rodeó con los brazos suavemente. –Quiero hablar de ello…– dijo de pronto.

– Puedes decírmelo todo... – le aseguró, exhalando con suavidad para tomar valor. – Puede que me ponga sentimental porque te quiero. Pero eso no significa que no puedas seguir hablando.

–Está bien, lo siento. Sé que no es agradable. Sólo lo hacía Arestiel, a veces me besaba. Me sujetaba con fuerza la mandíbula como si me la quisiera partir. Tenía las manos grandes y fuertes… y los ojos completamente negros. Yo me quedaba paralizado. Aún y cuando me mordía la lengua, se bebía mi sangre. Me daban náuseas. Pero tenía miedo.

– Claro que tenías miedo, es comprensible. – murmuró, intentando mantener su voz estable, acariciando al chico con suavidad. Lo que le estaba contando era terrible. Era natural su estado actual. Cada cosa que le contaba era peor que la anterior.

–En una ocasión… me ataron a una cruz. Me violó. También los demás me tocaban, todos los que estaban allí reunidos lo hicieron, me hicieron el corte en el pecho, reabrieron las heridas de mis manos… y se bebieron mi sangre. Pensé que por fin iba a morirme para siempre, pero no fue así. – sintió que se le desbordaban las lágrimas por las mejillas pese a que su voz seguía calmada, aunque ya no pudo continuar hablando y tampoco mirarlo.

– No, me alegro de que no hayas muerto, Ashram. – El rubio sintió sus lágrimas escaparse de sus ojos una vez más, pero era el moreno quien lo necesitaba ahora. Le tocó las mejillas, sintiéndolas húmedas y acariciándolas. – Estás vivo... y por eso puedo tenerte a mi lado, puedo abrazarte, y puedo protegerte.

Ashram bajó la vista para mirarlo. – ¿No te da asco? – le preguntó, observando como brillaban sus ojos por las lágrimas.

– ¿El qué? Tú no tienes la culpa. Si algo me da asco... es lo que ese hombre te hizo, lo que te hicieron. – negó con la cabeza, intentando hacerle comprender. – Tú eres increíble.

Ashram no pudo evitar echarse a llorar a pesar de que trataba de no hacer el más mínimo ruido y lo abrazó de nuevo, refugiándose en su cuello.

Daniel lo abrazó a su vez, acariciando su cabello y permitiendo que las lágrimas resbalasen silenciosas por sus mejillas. – “Está bien. Te quiero, Ashram.”


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back