Capitulo
19
Saya
Noche. Residencia Adler.
Lunes, 25 de mayo
– Odio cuando tienes guardia. – se quejó Aki,
apoyándose un poco en el hombro de Adan. – Voy a iniciar
un incendio para que vengas a salvarme. – bromeó, riéndose
un poco. Lo más seguro es que durmiese con Ashram esa noche,
si es que no estaba enfadado.
–No seas baka. Eso no tendría ninguna gracia. –
le dio una palmadita en la cara, terriblemente serio. Luego le besó
los labios superficialmente. –Sé bueno, y no te acuestes
muy tarde.
– Seré bueno y no empezaré incendios. –
sonrió aún más, pensando que Adan siempre era
tan serio, pero eso le hacía quererlo más. Le alborotó
el cabello, de manera necia. – Me acostaré temprano,
pero igual veré la televisión.
–Vale…– el moreno se pasó la mano por
el cabello, tratando de peinárselo medianamente más
por reflejo que porque realmente le siguiese importando el hecho
de ir despeinado. Se volteó para bajar las escaleras y meterse
en el coche.
–Tengo hambre…– le dijo Ashram a Aki. Entrando
desde el jardín, porque había visto a Adan salir y
no había querido entrar hasta que se fuese para que no hicieran
equipo echándole el sermón.
– ¿Y por qué vienes por allí? –
se rió, imaginando la razón y acercándose para
llevarlo a la cocina, haciéndose un poco el loco. –
A ver qué hay...
–Porque no fui por la puerta…– le dijo Ashram,
haciéndose el loco también y acompañándolo
a la cocina. –Dijiste que verías la tele.
– Sí, me aburro sin Adan. Bueno, no me aburro contigo,
pero no estabas. ¿Quieres verla conmigo? – le preguntó,
sirviéndole de un recipiente y sonriendo. – Tengo postreeeeee....
– ¿El qué? – se aproximó a ver,
cambiando completamente de actitud, aunque no fuese muy apreciable
para quien no lo conociese. Observó el flan moverse sobre
el vaso metálico y miró a Aki.
–Eso mismo... y le puse mucho sirope... – sonrió,
notando su sutil cambio de actitud. Le entregó su plato,
suspirando y mirándolo a los ojos. – Lo siento. Se
que exageré al preocuparme así.
–Está bien, ya sé por qué lo haces.
– dijo, apoyándole la mano en la cabeza y luego dirigiéndose
hacia la sala con su plato para sentarse en el suelo frente a la
mesa, delante del sofá donde Aki siempre se ponía
por las noches. –No me quería ir…
– ¿Querías quedarte con ese chico? Pero entonces
yo paso la noche solo... – protestó medio en broma,
casi tirándose en el sofá. – Pero sabes que
confío en ti, ¿verdad? No es por eso ni nada parecido.
–Ya lo sé. Es porque estás preocupado por mí.
Pero no deberías estarlo, a mí no va a ocurrirme nada.
No me ha ocurrido hasta ahora, sé cuidar de mí mismo.
Y no iba a pasar la noche con él. Sólo quedarme un
poco más. Mañana quedaré con él de nuevo.
– hundió la cuchara en el flan y se metió un
poco en la boca para que le durase más. Mirando a su hermano
de soslayo.
– Ya, pero también me preocupo de que me quiten tu
custodia. Aunque supongo que soy un poco paranoico... – miró
el techo pensativo, encendiendo la televisión luego, casi
por costumbre. – Es una idiotez, a lo mejor estoy celoso.
– bromeó, girándose de nuevo para observarlo.
Había pasado directamente al postre, no le sorprendía.
– Háblame de ese chico...
–Nos tocamos…– le dijo, mirándolo fijamente
ahora. –Yo me celo de Adan, y de Azrael también…
– dijo impasible, apartando la mirada después para
seguir comiendo.
– Y Adan se cela de ti. Azrael... no – se rió,
tocándole la cabeza. – Hay más. – le recordó
para que comiese tranquilo. – Creí que no te gustaba
que te tocasen. Es rubio, ¿verdad?
–Vale…– Ashram lo miró un momento. –Sí,
es rubio, tiene los ojos plateados… y es muy pálido.
Tiene las manos y el pelo suaves. – le dijo después.
Aunque suponía que a su hermano no le interesaban esos detalles.
–No me gusta que me toquen… – le aclaró
después, por si pensaba que ahora podían hacerlo.
– ¿Ni yo? – le preguntó ya que lo venía
haciendo desde hacía un tiempo y se preguntaba si le molestaba.
– Sonaba agradable en el teléfono. Aunque creo que
lo puse nervioso.
–Un poco, porque estabas histérico. – permaneció
por un momento callado, pensando en qué decir. –No
me molesta que me toques, pero no quiero que me abraces mucho tiempo,
me siento incómodo. Sólo nos tocábamos las
manos, yo toco tus manos toda la noche.
– Bien, lo tendré en cuenta. – le aseguró
serio, para que comprendiese que no estaba bromeando. – Y
no estaba histérico, estaba preocupado, alterado si quieres.
¿Quieres dormir conmigo esta noche?
–Sí. – cruzó las piernas y miró
el flan. –Le he contado a Daniel muchas cosas de mí.
Y le he dejado que tocase mi cara. Para que pudiese saber como soy.
Aún así sigo agradándole. Dijo que pensaba
que era guapo. ¿Tú qué piensas? – lo
miró fijamente, expectante. Nunca se había planteado
antes algo así sobre sí mismo.
–Tiene razón, eres guapo. Por algo eres mi hermano.
– se rió, suspirando luego ante la cara de seriedad
del chico. – Claro que eres guapo, Ashram. Nunca he pensado
lo contrario. Eres guapo y agradable.
–Bueno…– regresó a su flan, pensando para
sí en lo que había hecho con Daniel. Hablar todo el
tiempo. –A Daniel le da vergüenza casi todo el tiempo…
– ¿Le da vergüenza? ¿Por qué lo
dices? – sonrió, tumbándose boca abajo en el
sofá y observando al moreno con una sonrisa un poco maldita.
–Porque se pone rojo cuando le digo algunas cosas. –
observó su sonrisa, percatándose de que siempre ponía
esa cara cuando iba a meterse con él. Claro que no le enfadaba
cuando lo hacía Aki.
– Cosas... ¿cómo qué? – le preguntó
insistiendo sin dejar de observarlo. Era la primera vez que veía
Ashram interesado así en hablar de algo que no fueran ellos
o alguna cosa extraña. Aunque a él no le molestaba,
claro, siempre y cuando estuviera bien.
–No me acuerdo. – sentenció mintiendo. Ahora
le avergonzaba a él un poco repetirlas. –Que me gusta
su pelo…
– Yo creo que a Daniel le gustas tú... –canturreó
el pelirrojo, yendo a tocarle la nariz y deteniéndose antes
de hacerlo, bajando la mano de nuevo.
–Bueno. Es gay. – sentenció. Mirando el televisor
porque ahora se sentía incómodo con eso. No es verdad,
no le gustaba.
–Y yo también. ¿Y eso qué? No nos gusta
cualquiera, ¿sabes? – hizo un gesto con los labios,
aunque no se ofendía realmente. – ¿A ti te gustan
las chicas, Ashram?
–No, no me gustan las mujeres. Gritan y no son guapas…–
le explicó, mirándolo de soslayo. –Además,
odio a todas las mujeres que conozco. ¿Y tú?
– No, no las odio a todas. Mi mejor amiga en la universidad
era una chica. Y también me agradó mucho la madre
de Adan. Fue una lástima... – suspiró, apoyando
su cara en las manos. – Pero te gustan los chicos entonces...
¿no?
–No me gusta nadie. ¿Para qué? Estás
fantaseando, Aki…– Ashram lo miró fijamente.
Seguramente Aki de nuevo fantaseaba con que él era una persona
normal.
– No estoy fantaseando, sólo te preguntaba. Si no
te gusta nadie, no te gusta nadie. – le devolvió la
mirada, intentando no presionarlo, pero no le creía. Por
lo menos había notado su fascinación con los rubios.
– Pero ¿nunca te has sentido atraído hacia otra
persona?
–Kiyoshi…– dijo, mirando el suelo entre sus
piernas.
– ¿Eh? – Aki alzó la cabeza, sorprendido.
– ¿Kiyoshi? ¿Por qué nunca me dijiste
nada? ¿Todavía... te gusta?
Ashram se encogió de hombros. –No lo sé, supongo
que no. No dije nada porque no era apropiado hacerlo. Y de todos
modos no tenía importancia.
– Claro que sí, Ashram. – se sentó, recordando
no alzar la voz, aunque le había costado trabajo. –
Esto es lo que me desespera. Tus sentimientos son importantes, muy
importantes. –dijo sentándose.
–Kiyoshi está enamorado de Azrael, además
a Adan le hubiera molestado eso. Ni siquiera quiere que vaya a dormir
con él. Fui un asesino, estoy entrenado y aunque creáis
que ya estoy lo suficientemente lejos… puedo escucharos. De
todos modos es igual. Ya no siento nada.
– Más vale que no me mientas. Sabes que no me gusta
que me mientas en cosas importantes. – le riñó,
aunque más triste que enfadado. No estaba seguro de la razón,
sólo se sentía así. – Adan no lo hace
por ti, sabes lo mucho que protege a Kiyoshi. Y además...
no es bueno escuchar las conversaciones de los demás.
–La escuché porque me molesta. – le dijo, por
si pensaba que andaba cotilleando. –Yo no le haría
nada a Kiyoshi que no fuera protegerlo. – le aseguró,
mirándolo serio y visiblemente molesto. – ¿Y
qué importaría si sintiera algo? ¿Qué
harías? Seguramente sólo estaba confundido porque
Kiyoshi es muy amable conmigo y es guapo. – le dijo, más
bien repitiendo las palabras de Oshitari al respecto.
– No lo sé, no sé qué haría,
por lo menos podría escucharte, estar allí para ti.
– lo miró a los ojos de nuevo, intentando hacerlo comprender.
– No tienes que hacer estas cosas solo. Y además...
–suspiró tocándole la mejilla brevemente. –
Ya lo sé, sé que no le harías nada a Kiyoshi.
Y Adan también lo sabe en el fondo. Pero es su naturaleza.
– ¿Y cual es la mía? – le preguntó,
ya que Aki siempre intentaba que hiciese las cosas de diferente
modo. –No necesito que nadie se apiade de mí o que
me diga lo que ya sé. No dije nada porque sabía que
sólo te pondrías triste y me dirías que a Kiyoshi
le gusta Azrael. Pero que me quiere mucho. Ya lo sé. Lo mismo
me habría dicho él. Cuando ya sabes las respuestas
no necesitas hacer las preguntas. – le dijo el moreno. Mirando
la televisión y deseando no habérselo contado. De
todos modos, ya no tenía ninguna importancia.
Sus ojos recorrieron las imágenes de la iglesia comida por
las llamas y recubierta de hollín, los periodistas hablaban
del crimen. –"Y mataré a sus hijos con muerte;
y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriñó
los riñones y los corazones: y daré a cada uno de
vosotros según sus obras"– dijo Ashram mirando
la pantalla aún.
Aki permaneció en silencio, observándolo, deseando
apagar la televisión de pronto, pero entonces parecería
que lo trataba como a un niño de nuevo. No le gustaba que
se pusiera así, lo asustaba. Y tampoco le gustaba que pensara
de esa manera, por más madura que pareciese. Había
una parte de Ashram que siempre permanecería cerrada para
él. Y además nunca parecía comprender lo que
intentaba hacer.
–Quiero más flan…– le dijo el chico,
mirándolo de pronto y levantándose para cogerlo, ya
que Aki le había dicho que había más. Aún
así esperando a que le diese permiso.
– Ya te lo sirvo. – le contestó el pelirrojo,
poniéndose de pie y dirigiéndose a la cocina, pasándole
por delante. Había pensado en tomar un trozo para él,
pero no tenía muchas ganas ahora.
– ¿Estás enfadado conmigo? – Ashram
lo siguió hasta la cocina.
– No, no estoy enfadado contigo, Ashram... – le contestó,
intentando no sonar demasiado terrible y sonriendo un poco. –
No hagas caso, sólo estoy cansado.
–Vosotros nunca me decís nada a mí. Pero yo
tengo que hacerlo. – le echó en cara.
–Yo te lo digo todo, Ashram, excepto esas cosas que te ponen
nervioso. – lo miró, ahora sí molestándose.
– ¿Por qué crees que te hago tantas preguntas?
No tengo idea de lo que estás pensado y todo lo que me respondes
es que nunca comprendo nada. Soy tu hermano, perdóname si
me preocupo por ti.
–Lo siento. Estoy cansado. Todos me tratáis como si
fuera un niño pequeño o como si no comprendiese las
cosas. Pero las comprendo muy bien. Comprendo que tengo veinticinco
años vacíos… y un futuro en el que siempre viviré
de este modo. Confinado y tratado como la persona que no soy. ¿Por
qué me tratáis así? – Ashram permaneció
igual de sereno. Mirándolo a los ojos y tratando de hacerle
comprender.
– ¡Porque te quiero! Te queremos, ¿no lo ves?
– Aki negó con la cabeza, alterado a diferencia de
su hermano. – No sé cómo tratarte, lo he intentado
todo. Ya sé que a veces exagero... ya me disculpé
por eso. Pero tú no comprendes, siento que... – colocó
las manos en sus hombros, le gustase o no. Era él quien necesitaba
ese contacto físico. – No encajas... pero no lo intentas.
Sólo te sientas allí con tu nubecita en la cabeza,
negándote a todo. Nadie encaja, Ashram. No eres el único.
–Lo siento. – Ashram se aproximó a él
un poco. Bajando la frente contra su hombro. –Lo intentaré.
– Sí. No importa – asintió Aki, acariciándole
la nuca cariñosamente y sonriendo un poco. – Siento
haberte gritado. Toma un poco de flan...
–Vale… tú también come flan. La verdad
es que sí me gusta Daniel. – le dijo después.
Regresando al salón con su plato.
El pelirrojo sonrió, meneando la cabeza. Así no podía
con él, no lo comprendía. Tenía razón
en eso. Había estado a punto de irse a la cama y rendirse
al menos por hoy. Pero no podía rendirse, nunca podía,
aunque seguramente seguía siendo Ashram quien lo protegía
a él. Tomó un trozo de flan tan sólo por complacerlo,
yendo a sentarse a su lado en el suelo. – Así que no
estaba tan equivocado después de todo...
–Pero no estoy muy seguro de que quiera que me guste. Aunque
supongo que no puedo evitarlo. Tampoco quería que me gustase
Kiyoshi. – miró a su hermano y luego a la tele. –
¿Qué crees que hicieron con las partes mutiladas?
Alguien debe quererlas…– le dijo a su hermano, sin poder
evitar prestar atención a la noticia y hablar de lo que estaba
pensando sólo por complacer a su hermano e intentar no encerrarse
en sí mismo aún y si sus conversaciones eran inadecuadas.
– No lo sé, pero no creo que sirvan para transplantes...
– le contestó, de igual manera, siguiéndole
la conversación, aunque no fuese un tema muy gracioso realmente.
– Me asustan un poco, ¿sabes? Ese tipo de noticias...
aunque luego se me pasa el susto.
– ¿Por qué? A ti no te harán nada.
Yo no les dejaría. – lo miró y sujetó
su mano para ponérsela en la cabeza y que lo acariciase.
–Seguramente se las llevaron a alguien… para hacer un
sacrificio.
– ¿Eso piensas? Yo creería que con lo que hicieron
ya... – comentó, pensando que Ashram sabía de
esas cosas. – Y gracias... –sonrió, acariciándole
la cabeza. – Siempre es... No lo sé, es horrible pensar
que haya gente haciendo esas cosas.
–Sí… no creo que sea un simple loco. No se
tomaría tantas molestias ni sería tan descuidado.
Lo habría hecho en su casa, seguro que no encuentran los
genitales…– se giró en la alfombra. Mirándolo
nervioso, recostándose después a su lado y volteándose
de espaldas.
– Ashram... ¿te vas a dormir allí? –
sonrió el pelirrojo, acariciándole el cabello y pensando
que por una noche no estaba mal. Se acostó a su lado, sujetando
su mano. – Te quiero...
Ashram se quitó el guante y le tomó la mano de nuevo,
porque le había agradado hacerlo con Daniel. –Yo también.
– le dijo sintiéndose extraño. Cerrando los
ojos y poniéndose nervioso por no tener su katana. –Adan
nos va a reñir…
– Yo me encargo de Adan. – sonrió apretando
suavemente su mano. – Tú me proteges a mí y
yo te protejo de los regaños.
–Eso haces…– le dijo Ashram. –Por eso
no me gusta quedarme solo con Adan. Necesito mi katana. –
le dijo levantándose sólo para regresar y recostarse
de nuevo en el suelo con el arma. Cubriendo a Aki con la manta que
había sacado de su cama.
– Deberías ponerle un nombre. – bromeó,
porque parecía como si fuera su peluche. A él no le
molestaba, aunque fuese extraño. Ashram jamás les
haría daño.
–No. – Ashram abrió los ojos. –Eso sería
raro.
– Sí, ¿verdad? – se rió en bajito
el chico, pensando que a pesar de todo, no cambiaría a su
hermano por nada del mundo.

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