Capitulo
16
Coming Back to Life
Noche. Residencia de estudiantes.
Sábado, 23 de mayo
Azrael timbró, un tanto inseguro de si aquel era el piso
que Kiyoshi le había indicado en la residencia de estudiantes
de la universidad. Se pasó la mano por el cabello aún
un poco húmedo. Sintiéndose nervioso y sonriendo mientras
miraba a un lado. Qué ridículo, se sentía como
un chaval en su primera vez.
El rubio sonrió, encendiendo las velas y mirándose
en el espejo un momento antes de abrir la puerta. – Hola...
ven, pasa – le sonrió, tomándolo de la mano
y llevándolo hacia adentro. Se había esmerado en que
el ambiente fuese romántico, aunque no estaba tan seguro
de sus habilidades culinarias. Pero eso era lo de menos ahora.
–Nunca habían hecho algo así por mí…
¿Tienes una sortija de diamantes por ahí escondida?–
sonrió, jugando con él, emocionado. Apretándole
un poco la mano y haciéndolo girarse para besarlo.
El rubio lo besó profundamente, sonriendo, enamorado. –
No, aún te estoy conquistando. Pero esta es la bienvenida
que te mereces.
–Tú ya me conquistaste hace mucho tiempo…–
le apartó un poco el cabello de la cara y le alzó
ligeramente el rostro. –A ver qué has hecho. No sabía
que se te diese bien la cocina. Tengo miedo.
– Yo también. – le sonrió, con algo de
doble sentido, separándose de él. – Hice espaguetis
con setas, pollo... ¿Te gustan esas cosas? También
compré helado.
–A mí me gusta todo lo que no sea pescado o verde.
– cogió la botella de vino que había sobre la
mesa y la abrió. Mirándolo y sonriendo un poco mientras
servía la bebida en las copas. –Una vez una mujer me
dijo que había que servirle spaghetti a un hombre para saber
como iba a ser en la cama.
– Hum... tal vez estoy intentando averiguar si has cambiado
en algo. – se rió, metiéndose en la pequeña
cocina para buscar los recipientes. – Ya recordaba que no
te gustan los vegetales. Le tenías terror a las coles. –se
rió, pensando en las luchas de Aki con Azrael para que se
comiera la col.
–Qué asco. – se pasó la mano por delante
de la cara como si aquello le fuera a proteger del olor de la col
cocida del pasado. –Seguro que he cambiado mucho. –
Dijo en otro tono. Bajando la mirada a sus nalgas en aquellos ceñidos
jeans sin poder, ni querer evitarlo. –En realidad lo que ella
aseguraba es que si un hombre se comía los espaguetis estirando
en lugar de enrollarlos no sabía hacer el amor, y que si
se manchaba al comérselos no se iba a preocupar por ella…
– ¿Sabes que ahora tendrás que tener mucho
cuidado al comerlos? – se rió, colocando el recipiente
sobre la mesa y destapándolo para servir. – Te estaré
vigilando.
–No soporto mancharme cuando como. Por eso me lo comentaba
esa mujer. – sonrió de medio lado. –Huele bien.
– Si no te gusta podemos ordenar algo, no pienses que estás
obligado. – se sentó, sirviéndole más
vino y de paso, sirviéndose a sí mismo, sonriendo.
Se sentía nervioso como si esperase su juicio y no sólo
sobre la comida. – Siempre te ponías rojo al principio.
–Ahora ya no. – le aseguró, inclinando un poco
la cabeza y rozándose la nuca. –Aunque sí que
me enrojezco con el cansancio si lo echas de menos. – le dijo
con cierta burlilla en el tono de voz. Se llevó el tenedor
a la boca y miró a otro lado mientras masticaba, ya que no
soportaba que lo viesen comer y Kiyoshi parecía encontrarlo
la atracción principal. –Están buenos, ya puedes
respirar. – le dijo bebiendo luego un poco.
El rubio se echó a reír, suspirando. – Bueno,
sabía que no te iban a matar. –Empezó a comer,
también desviando la mirada, notaba que lo incomodaba. –
Siento como si estuviera flotando en un sueño. Da un poco
de miedo.
–No tengas miedo. ¿Qué es lo que te asusta?
–bebió un poco más y pinchó varias setas
para ponerlas en el plato de Kiyoshi. –Para ti las cosas vegetales
estas.
–Oye, que le dan buen sabor a la comida. – se rió
un poco al reconocer aquel antiguo gesto. – Siempre da miedo
flotar, porque nunca sabes cuando vas a caer.
–Le dan buen sabor, pero no es necesario comérselas
después de que hallan cumplido con su misión. –
sonrió levemente y luego bebió un poco de vino. –Yo
no te voy a dejar caer. – miró la copa serio. Pensando
algo que mejor se guardaba para sí.
– ¿No? –sonrió el rubio, sintiendo que
se precipitaba, las palabras de Adan seguían resonando en
sus oídos y él seguía siendo un chiquillo enamorado.
– Entonces me comeré tus setas. – contestó,
extendiendo el brazo para quitarle otra de su plato de manera juguetona.
–Aún tengo otra…– alzó una ceja
y lo miró a los ojos, torciendo una sonrisa en los labios.
–Esa la guardamos para luego. – le guiñó
un ojo, travieso, comprendiendo muy bien lo que quería decir.
–Le he sacado brillo para ti. – se rió sin poder
evitarlo. Empujándole la frente con un dedo después
y sirviendo vino para ambos. –Deberías probar lo que
comíamos allí.
– ¿Lo dices porque me gustaría, o porque era
horrible? – se rió, realmente intrigado, apoyándose
en una mano para observarlo. – Cuéntame, Azrael, quiero
saberlo todo. Bueno, casi todo.
–Era horrible. Al principio preguntaba ¿Qué
es esto? Luego me acostumbré a que me dijesen “carne,
tú come” y puf… créeme que era mejor no
saber.– se rió. Acabándose lo que había
en el plato y bebiendo un poco más. –No te hubiera
gustado nada de lo que allí había.
–No, seguramente no... – se rió, ya que era especialmente
exigente con la comida. No tenía que ser exquisita, pero
tampoco comía cualquier cosa. – Pobre Azrael, seguro
hasta col comiste pensando que era otra cosa.
–Nah… de todos modos no comí verdura, pero sí
serpiente, cocodrilo. Cosas geniales. – se rió entre
dientes. Cogiendo la cajetilla de cigarros y encendiendo uno, girándose
un poco en la silla para apoyar el codo sobre la mesa. –Estaba
bien aquello, dentro de lo que cabe. Nos dedicábamos a hacer
casas rápidas y no muy maravillosas. Lo justo para vivir
la gente de allí. Casi todos eran africanos, claro. Salvo
el doctor y algunos turistas a veces.
– A mí me resulta fascinante. El que hayas podido
estar en otro país del que no conocías nada. Siempre
has sido más valiente que yo, Azrael. – le contestó,
realmente impresionado. – ¿Extrañabas estar
aquí? ¿Extrañas África ahora?
–No, no extraño el trabajo duro y el puto sol a todas
horas, al principio sentía que se me iba a derretir la piel,
luego ya estaba tan quemada que me costaba reconocerme en el espejo.
– se rió. Girando un poco la cara hacia él.
–Me preguntaba si te gustaría.
– Yo te encuentro muy sexy, así como te ves, con esa
piel dorada por el sol. – su mirada recorrió sus brazos,
más fuertes ahora por el trabajo duro. ¿Cómo
no le iba a gustar? Hasta se sentía sonrojar un poco. Bebió
lo que le quedaba en la copa, sirviéndose más aún.
– Has cambiado mucho, pero yo diría que para bien.
–Tú también, y ya he notado que ahora te vistes
como quieres. ¿Recuerdas cuando nos acostábamos en
tu cama para hablar?– sonrió levemente, apartándose
el cabello que caía sobre su rostro –De pequeños,
al volver del colegio.
–Sí, claro que lo recuerdo. Y cuando no se podía,
igual me llamabas desde la casa de Aki, y hablábamos hasta
que uno de los dos se quedaba dormido, por lo general, tú.
– se rió, ahora observando sus ojos a la luz de las
velas. – Adan ya no puede decirme que esto es muy ajustado.
–Nunca es demasiado ajustado para mí, me dan ganas
de lamerte las piernas. – sonrió. Echando más
vino. Moviendo un poco la copa para observar como manchaba de rojo
el cristal. –La primera vez que viniste a mi piso… y
el miedo que sentí al sujetar tu mano después de tanto
tiempo mirándote desde lejos.
–Y yo te extrañaba tanto, como ahora. Me preguntaba
por qué ya no venías a verme... – le recordó,
sintiéndose un poco nervioso de nuevo. –Y no quería
volver a alejarme de ti.
–No te salió muy bien. – el moreno lo miró
a los ojos y luego sonrió un poco para que no fuera a pensar
que se lo estaba echando en cara ahora. –Ni siquiera era más
guapo que yo.
– No, no lo era. –negó con la cabeza, sonriendo
también, aunque desviando la mirada. – Sólo
era un idiota y yo también.
–No le llames idiota, él no tuvo la culpa. En su
lugar seguramente yo hubiera hecho lo mismo. – sonrió
levemente, mirando hacia la ventana y dejando salir el humo entre
sus labios. –Enrollarme con un tío bueno. No es mi
problema si tiene novio o no.
– No, ¿verdad? – contestó, aún
sin mirarlo, consciente de lo que eso significaba. – Voy a
lavar los platos. No quiero que me coman las hormigas luego. –
se puso de pie empezando a recoger. No sabía qué más
hacer. ¿Disculparse de nuevo? ¿Repetirle que no lo
volvería a hacer?
Azrael se apoyó en la mesa con una mano, mirándole
las nalgas mientras fregaba los platos. –Eso no es muy sexy,
el rollo ama de casa. ¿Puedes dejarlo para luego?
–Puedo, pero entonces sólo te voy a mirar serio. Y
no será tan agradable como lo había imaginado. –
le contestó, medio en broma para ocultar lo que realmente
le dolía. Azrael no tenía por qué cargar con
esas cosas, tenía razón. Era su culpa después
de todo.
–No me importa que me mires serio. – el moreno se
levantó y cerró el grifo del fregadero. Cerrándole
el paso con su cuerpo contra la encimera y apagando el cigarro en
el agua. Dejó salir el humo a un lado y lo miró a
los ojos. –Yo también fui un capullo.
Kiyoshi negó con la cabeza. – Me lo merecía.
Tú nunca me engañaste ni estuviste con otro. Yo debí
haberte valorado más – le tocó el rostro sintiendo
que se le empañaban los ojos.
–Sigo siendo posesivo, aún más. ¿Te
da igual? Puedo ser insoportable, y ya sé que al principio
lo soportas todo. ¿Y después? Sé que tú
eres el mío. – apoyó las manos en la encimera
a los lados del chico. –Tú eres mío.
Kiyoshi sonrió, sintiendo que las lágrimas resbalaban
por sus mejillas sin que pudiese evitarlo. – ¿Recuerdas
cuando te dije que ya no lloraba? – se abrazó a él,
escondiendo el rostro en su pecho. – A mí me gustas
insoportable. Ya no me importan las fiestas, ni los paseos, ni nada
de eso. No vale la pena si no estás conmigo, baka.
–Baka tú, que estás llorando. – sonrió
levemente, pasándole la mano por el cabello y apretujándolo
contra su pecho. Se levantó la camiseta y lo metió
debajo.
El chico se rió ahogadamente gracias a aquel escondite,
murmurando. – Hueles bien.
–Me lavo con perlán, suavizante incorporado…–
se rió, levantándose la camiseta de nuevo y dejándola
caer al suelo. Pasándole la mano por el cabello y observándolo
contra su piel desnuda. –He pensado en ti todos los putos
días.
– Yo también, todos... los putos días –
se rió imitándolo y pensando que a Adan le daría
un ataque como le hablase así. – ¿Quieres ver?
–Todo lo que quieras enseñarme…– sonrió
jugando. –A ver…
Kiyoshi se rió, apartándose de él a duras
penas y llevándolo de la mano a su habitación, tomando
la libreta que había dejado en la cama. Se la entregó
un poco nervioso. – Azrael, conoce a tu stalker obsesionado.
El moreno se rió ligeramente antes de coger la libreta y
sentarse en la cama para mirarla. Pasó las hojas, llenas
de dibujos de él por todas partes. Sintiéndose mal
por no haberlo perdonado antes, por no haberle vuelto a hablar siquiera.
¿Y si el error lo hubiera cometido él? Se hubiera
sentido aún más miserable por haberlo perdido. Dejó
la libreta a un lado y le sujetó las caderas al chico de
pie frente a él. Levantándose para besarlo –Te
amo. – le confesó serio, apoyando su rostro contra
el del chico y besándolo abruptamente.
Kiyoshi cruzó los brazos detrás de su nuca, devolviéndole
el beso de manera apasionada, necesitada en realidad, apretándose
contra su cuerpo tanto como le era posible. Lo había extrañado
tanto…
Azrael le pasó las manos por la espalda hacia arriba, arrugando
la camiseta con sus manos y subiéndosela a medias hasta el
pecho, bajando las manos de nuevo y tratando de colarlas por dentro
de los jeans. Pero estaban condenadamente apretados. Las pasó
por encima de la tela, apretándole las nalgas y bajándolas
por sus piernas sin dejar de profundizar en su boca. –Estos
pantalones son como un cinturón de castidad.
– No... Son... un juego... para que puedas imaginar lo que
guardan, inclusive en público. –tomó sus manos,
haciéndolo acariciarlo por encima de los jeans, finalmente
soltándolo para abrirlos.
Las manos de Azrael se metieron enseguida entre la tela y su piel,
apretándole las nalgas con fuerza y mirándolo a los
ojos excitado con tan poco. Le mordió ligeramente el labio
inferior, lamiéndolo después y quitándole la
camiseta. Recorrió su pecho con la mirada y después
su rostro, su cabello despeinado. –Te quiero…–
susurró besándole el cuello con pasión y sujetando
sus nalgas de nuevo. Subiéndolo un poco sobre su pierna para
rozarlo contra él.
– Yo a ti. No imaginas cuanto... – sonrió el
chico entre jadeos, subiendo un poco más y alzando la cabeza,
extasiado. Bajó las manos por su espalda, sintiendo sus músculos,
la fuerza con la que lo sujetaba y le alzó el rostro nuevamente
para besarlo.
El moreno rompió el beso y deslizó los labios por
su pecho, besándole el abdomen y sintiendo su piel tersa
y dura. –A tus pies…– se rió, borracho
y no sólo por el vino. Apoyó una rodilla en el suelo,
hundiendo la cara contra su piel y oliéndolo. Frotándose
contra sus caderas y bajándole el pantalón junto con
la ropa interior. Besó su sexo antes de metérselo
en la boca, sus manos recorriéndole las piernas de arriba
abajo.
– Ohn... Azrael... – gimió el chico, inclinándose
un poco hacia delante y finalmente apoyando una rodilla en el colchón
para no perder el balance. Estaba que ardía y aquellos labios...
Dios, lo iba a volver loco. Se rió, tocándole el cabello,
sintiendo su sexo crecer en la boca del moreno.
Azrael le golpeó las nalgas con una mano, empujándolo
dentro de su boca y manteniéndolo allí, rozando su
nariz contra el vello rubio del chico y dejándolo salir de
su boca un momento para lamer sus testículos abruptamente.
Su mano sujetando el sexo del chico para acariciarlo. Deslizó
la lengua por la cara interna del muslo de Kiyoshi y lo miró
de soslayo. Apartándose un poco y apoyando los brazos en
el colchón sin levantarse del suelo, pasando la lengua contra
su sexo, rozándolo tan sólo y esperando a ver qué
hacía.
Kiyoshi bajó la mano a su sexo, acariciándolo y moviéndose
provocativamente, acercándolo al rostro del chico tan sólo
para retirarlo de nuevo, sonriendo. Alejándose más
y subiendo a la cama, tocándole el cabello con suavidad como
incitándolo a seguirlo.
Azrael le sujetó la muñeca y se acarició la
cara con su mano, subiendo a la cama y haciéndole pasarla
a lo largo de su pecho y abdomen. Se abrió los jeans un poco.
Acariciando su sexo completamente erguido bajo la tela con la mano
del chico. – ¿No te habrás vuelto inocente de
pronto, no? – lo retó.
– Inocente, yo siempre he sido inocente, Azrael. –
Se rió el chico, abriéndole los jeans y metiendo su
mano por debajo de la ropa interior, apretando con delicadeza, sintiéndolo
cálido y pulsante, grande. – Inocente, pero deseoso
de aprender.
–A mí no me cuelas esa. – se rió abiertamente,
estremeciéndose al sentir su mano y sujetándole la
otra, metiéndola por dentro de sus jeans sobre sus nalgas.
Se recostó sobre él entre sus piernas. Apretándose
contra su sexo y besándolo de nuevo.
– Aquí hay una que sí es verdad. Mi cuerpo...
se acostumbró a tu cuerpo. – jadeó, lamiendo
sus labios luego mientras continuaba masajeando al moreno, abriendo
las piernas.
– ¿Has estado esperando todo este tiempo? –
le preguntó incrédulo, deslizándose entre sus
piernas y desnudándose sin querer apartarse para nada de
él. Le parecía increíble. –Hum…
qué suave eres. – Se rozó contra su cuerpo.
Sujetándole las piernas y haciendo que las subiese sobre
su cuerpo caliente.
– Lo intenté... intenté hacerlo. Pero sólo
pensaba en ti, me sentía traicionero. – le sonrió,
acariciando su cabello, tocando los mechones que enmarcaban su rostro
con dos dedos. – Ni siquiera... quería salir.
–Mejor, porque me he cabreado sólo de pensar que intentaste
hacerlo con otros. – le dijo, ya fuera justo o no. No le importaba.
Se arrodilló de nuevo, acariciándose su propio sexo
con suavidad. –Date la vuelta.
Kiyoshi se giró, bajando el rostro contra la almohada. Le
había dolido. Pero era comprensible. Ya le había dicho
que era posesivo, ¿no? Sonrió, relajándose,
intentando olvidarse de aquello.
Azrael se acercó más a él, pasando su sexo
contra los testículos y el sexo del rubio a cuatro patas
delante de él. Le apretó las nalgas, separándoselas
un poco y observando su ano. Tocándolo con un dedo y acariciándolo
antes de empujarlo dentro de él hasta hacerlo entrar por
completo, moviéndolo con fuerza y empujando uno más.
–Me he pasado todo este tiempo sintiendo escalofríos
sólo por recordar tu forma de gemir. – sonrió
al escucharlo. Escupiendo entre sus nalgas para ayudarse.
El rubio alzó el rostro, mirando hacia atrás tanto
como podía, sus labios entreabiertos, dejando escapar los
gemidos ahora. – Noh... tienes que... ah... recordar más...
– gimió de nuevo, sonriendo un poco y apretando las
nalgas.
–No… ¿Verdad? – sonrió con un gesto
de cara dura inevitable para él. Le encantaba tenerlo así,
su cuerpo se acordaba perfectamente de que ese chico era suyo. No
había otro como él. Le sujetó las caderas con
las manos, alzándolo y haciéndole aplastar la mejilla
contra la almohada mientras su lengua rozaba sus nalgas, entreteniendo
el momento de buscar ávidamente dentro de su cuerpo.
– No... Nunca más... – contestó, dejándose
llevar por los gemidos luego, aquella lengua enloqueciéndolo.
Deseaba que lo penetrara, pero Azrael siempre había sabido
como llevarlo al borde. O tal vez sólo necesitaba ser Azrael
para lograr aquello.
El moreno deslizó la lengua por su espalda, siguiendo la
línea de su columna y penetrándolo de golpe. Moviéndose
dentro y contra él, aplastándolo en la cama bajo su
peso y apoyando una mano en su cabeza, revolviéndole el cabello
y moviéndose con fuerza mientras besaba su cuello –Ky-chan…–
sonrió, jadeando y golpeándose contra sus nalgas mientras
se las hacía alzar un poco para poder entrar en su cuerpo
lo más profundamente posible.
El rubio se rió entre jadeos, dejándose mover a su
ritmo, su sexo rozando contra las sábanas, inflamándose
más mientras el chico alzaba las nalgas rindiéndose
bajo el peso del moreno, gimiendo sin ningún control. –
Te amoo... te amo...
–Oh…joder…– Azrael apoyó una mano
sobre los brazos de Kiyoshi, apretándoselos sobre su cabeza
y colando la otra bajo las caderas del chico. Sujetando su sexo
y apoyando los labios entre su cabello, arrastrándolos después
por su mejilla y besándolo como podía. –Muévete
más…– se empujó dentro de él con
fuerza, al borde. Disfrutando aquello al máximo.
– Ah...ah... Azrael... qué fuerte... – jadeó
contento, estremeciéndose, aunque moviéndose más,
justo como le había pedido el moreno, su sexo pulsando con
más urgencia. – Dios, Dios, Azrael...
–Ahg… Kiyoshi…– el moreno lo volteó
rápidamente. Abrazándolo con fuerza y moviéndose
en él profundamente, frotándose contra su cuerpo y
besándolo. Corriéndose dentro de él y sintiendo
como el chico lo seguía. Derramándose caliente contra
su abdomen y pecho.
– Ah... ah... Azrael... eres increíble... – gimió,
exhalando con fuerza, intentando recuperar su respiración
y en vez de eso riéndose, dejándose llevar por la
alegría, por lo relajado que se sentía después
de tanto tiempo.
–Sí, lo sé. – se rió. Besándole
los labios de nuevo y recostándose a su lado en la cama.
Estirando la mano para buscar la cajetilla de cigarros en sus jeans.
–Creía que no dejaban pasar la noche a invitados en
los dormitorios de estudiantes.
– No los dejan. – se rió, seguro de que si alguien
se quejaba estarían en problemas. Pero no creía que
nadie se fuese a quejar. – No soy tan buen chico, Azrael,
creí que lo sabías. – se giró de lado,
observándolo.
–Eso es lo que me gusta de ti. La cara de buen chico, ese
cuerpo de pecado y lo malo que eres…– torció
una sonrisa. Besándole la frente y llevándose el cigarro
a los labios. –No creas que hemos acabado…
– ¿No? ¿Vamos a recuperar esos dos años?
– le preguntó, sonriendo de aquella manera y deslizando
sus dedos por el pecho del moreno. – Tienes que quedarte a
dormir, o cuando despierte pensaré que fue un sueño.
–Me quedo a dormir, porque cuando acabemos no creo que pueda
mover un dedo de todos modos. – colocó la mano libre
bajo su propia cabeza, dejando que lo acariciase. –Se suponía
que debería de estar reposando.
– Lo sé, pero soy mala influencia. Adan pensaba que
era al revés, ¿te acuerdas? – se rió,
seguro de que aún lo pensaba. – Estoy feliz, ya habrá
tiempo para inyecciones mañana.
–Adan… deberías ver su cara cuando salí
de casa esta noche y me preguntó a dónde iba. Y yo
“A dormir con Kiyoshi.” Sí, ya sabía que
venía a eso. – se rió, echando la ceniza en
un papelito y llevándose el cigarro a los labios. –Creí
que no me dejaba salir ya. Menos mal que Aki siempre está
ahí para salvarme.
Kiyoshi se rió de nuevo. – Aki siempre nos salva a
los dos. – suspiró, recostándose de nuevo, un
poco más serio. Seguía enterneciéndolo la manera
que tenía Adan de cuidarlo. – Sigo siendo su otooto.
–Otooto… Ahora ya puedo presumir de nuevo de tener
un novio japonés, o de tener un novio al menos. – se
rió, suspirando levemente y rascándose la cabeza con
una mano. –Seguro que estamos con las mismas dentro de diez
años.
– ¿Con las mismas? No... Porque ya no nos vamos a
separar más, así que tendrá que acostumbrarse...
de nuevo. – se rió, colocándose sobre él
y mirándolo a los ojos. – Aishiteru... baka. –
se rió de nuevo, besándolo.
–Yo también te quiero, como se diga. – se rió,
apagando lo que quedaba de su cigarro y apoyándole las manos
en las nalgas. –Si Adan supiera lo salido que eres…
–Pero no lo sabe y no se lo vamos a decir. – le aseguró
aún reído y sin quitarse de encima.
– ¿No? No sé, si te portas bien a lo mejor
no se lo decimos. – lo besó con suavidad, acariciándole
la espalda con una mano. –Dijiste que tenías helado
¿No?
Kiyoshi asintió, besándole el pecho y saltando de
la cama. – Qué mal, nos olvidamos del postre.
Azrael se giró un poco, siguiéndolo con la mirada
y echándole un vistazo a las ventanas. –A ver si te
van a ver por la ventana.
– Sí que eres celoso. – se rió, tirando
de una sábana y cubriéndose hasta la cabeza. –
Soy el fantasma de Kiyoshi.
–Eso es que estoy muerto, debo de estar en el cielo. –
se levantó y lo abrazó por detrás, besándole
el cuello y bajando la sábana sólo hasta su sexo.
Sujetándola allí con una mano. –Hum… hay
una mesa vacía aquí.
– Hum... aún no busco el helado. – sonrió,
pensando que no iba a dormir esa noche, pensamiento que no lo atormentaba
precisamente. – Y si yo soy el fantasma... tú estás
vivo.
–Sí, ¿no lo has notado? – apretó
su sexo contra una de las nalgas del chico, rozándolo un
poco para que se inflamase de nuevo. –Vivito y coleando. –
Apretó con su mano el sexo del chico sobre la sábana.
–Tú también… das señales de vida.
– Eso es porque tú me revives. – dejó
escapar un gemido, inclinándose hacia delante, el sexo de
Azrael empujándolo un poco ya. – Eres milagroso. –
se rió de nuevo, jadeante.

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