.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 16
Coming Back to Life

Noche. Residencia de estudiantes.
Sábado, 23 de mayo

Azrael timbró, un tanto inseguro de si aquel era el piso que Kiyoshi le había indicado en la residencia de estudiantes de la universidad. Se pasó la mano por el cabello aún un poco húmedo. Sintiéndose nervioso y sonriendo mientras miraba a un lado. Qué ridículo, se sentía como un chaval en su primera vez.

El rubio sonrió, encendiendo las velas y mirándose en el espejo un momento antes de abrir la puerta. – Hola... ven, pasa – le sonrió, tomándolo de la mano y llevándolo hacia adentro. Se había esmerado en que el ambiente fuese romántico, aunque no estaba tan seguro de sus habilidades culinarias. Pero eso era lo de menos ahora.

–Nunca habían hecho algo así por mí… ¿Tienes una sortija de diamantes por ahí escondida?– sonrió, jugando con él, emocionado. Apretándole un poco la mano y haciéndolo girarse para besarlo.

El rubio lo besó profundamente, sonriendo, enamorado. – No, aún te estoy conquistando. Pero esta es la bienvenida que te mereces.

–Tú ya me conquistaste hace mucho tiempo…– le apartó un poco el cabello de la cara y le alzó ligeramente el rostro. –A ver qué has hecho. No sabía que se te diese bien la cocina. Tengo miedo.

– Yo también. – le sonrió, con algo de doble sentido, separándose de él. – Hice espaguetis con setas, pollo... ¿Te gustan esas cosas? También compré helado.

–A mí me gusta todo lo que no sea pescado o verde. – cogió la botella de vino que había sobre la mesa y la abrió. Mirándolo y sonriendo un poco mientras servía la bebida en las copas. –Una vez una mujer me dijo que había que servirle spaghetti a un hombre para saber como iba a ser en la cama.

– Hum... tal vez estoy intentando averiguar si has cambiado en algo. – se rió, metiéndose en la pequeña cocina para buscar los recipientes. – Ya recordaba que no te gustan los vegetales. Le tenías terror a las coles. –se rió, pensando en las luchas de Aki con Azrael para que se comiera la col.

–Qué asco. – se pasó la mano por delante de la cara como si aquello le fuera a proteger del olor de la col cocida del pasado. –Seguro que he cambiado mucho. – Dijo en otro tono. Bajando la mirada a sus nalgas en aquellos ceñidos jeans sin poder, ni querer evitarlo. –En realidad lo que ella aseguraba es que si un hombre se comía los espaguetis estirando en lugar de enrollarlos no sabía hacer el amor, y que si se manchaba al comérselos no se iba a preocupar por ella…

– ¿Sabes que ahora tendrás que tener mucho cuidado al comerlos? – se rió, colocando el recipiente sobre la mesa y destapándolo para servir. – Te estaré vigilando.

–No soporto mancharme cuando como. Por eso me lo comentaba esa mujer. – sonrió de medio lado. –Huele bien.

– Si no te gusta podemos ordenar algo, no pienses que estás obligado. – se sentó, sirviéndole más vino y de paso, sirviéndose a sí mismo, sonriendo. Se sentía nervioso como si esperase su juicio y no sólo sobre la comida. – Siempre te ponías rojo al principio.

–Ahora ya no. – le aseguró, inclinando un poco la cabeza y rozándose la nuca. –Aunque sí que me enrojezco con el cansancio si lo echas de menos. – le dijo con cierta burlilla en el tono de voz. Se llevó el tenedor a la boca y miró a otro lado mientras masticaba, ya que no soportaba que lo viesen comer y Kiyoshi parecía encontrarlo la atracción principal. –Están buenos, ya puedes respirar. – le dijo bebiendo luego un poco.

El rubio se echó a reír, suspirando. – Bueno, sabía que no te iban a matar. –Empezó a comer, también desviando la mirada, notaba que lo incomodaba. – Siento como si estuviera flotando en un sueño. Da un poco de miedo.

–No tengas miedo. ¿Qué es lo que te asusta? –bebió un poco más y pinchó varias setas para ponerlas en el plato de Kiyoshi. –Para ti las cosas vegetales estas.

–Oye, que le dan buen sabor a la comida. – se rió un poco al reconocer aquel antiguo gesto. – Siempre da miedo flotar, porque nunca sabes cuando vas a caer.

–Le dan buen sabor, pero no es necesario comérselas después de que hallan cumplido con su misión. – sonrió levemente y luego bebió un poco de vino. –Yo no te voy a dejar caer. – miró la copa serio. Pensando algo que mejor se guardaba para sí.

– ¿No? –sonrió el rubio, sintiendo que se precipitaba, las palabras de Adan seguían resonando en sus oídos y él seguía siendo un chiquillo enamorado. – Entonces me comeré tus setas. – contestó, extendiendo el brazo para quitarle otra de su plato de manera juguetona.
–Aún tengo otra…– alzó una ceja y lo miró a los ojos, torciendo una sonrisa en los labios.

–Esa la guardamos para luego. – le guiñó un ojo, travieso, comprendiendo muy bien lo que quería decir.

–Le he sacado brillo para ti. – se rió sin poder evitarlo. Empujándole la frente con un dedo después y sirviendo vino para ambos. –Deberías probar lo que comíamos allí.

– ¿Lo dices porque me gustaría, o porque era horrible? – se rió, realmente intrigado, apoyándose en una mano para observarlo. – Cuéntame, Azrael, quiero saberlo todo. Bueno, casi todo.

–Era horrible. Al principio preguntaba ¿Qué es esto? Luego me acostumbré a que me dijesen “carne, tú come” y puf… créeme que era mejor no saber.– se rió. Acabándose lo que había en el plato y bebiendo un poco más. –No te hubiera gustado nada de lo que allí había.

–No, seguramente no... – se rió, ya que era especialmente exigente con la comida. No tenía que ser exquisita, pero tampoco comía cualquier cosa. – Pobre Azrael, seguro hasta col comiste pensando que era otra cosa.

–Nah… de todos modos no comí verdura, pero sí serpiente, cocodrilo. Cosas geniales. – se rió entre dientes. Cogiendo la cajetilla de cigarros y encendiendo uno, girándose un poco en la silla para apoyar el codo sobre la mesa. –Estaba bien aquello, dentro de lo que cabe. Nos dedicábamos a hacer casas rápidas y no muy maravillosas. Lo justo para vivir la gente de allí. Casi todos eran africanos, claro. Salvo el doctor y algunos turistas a veces.

– A mí me resulta fascinante. El que hayas podido estar en otro país del que no conocías nada. Siempre has sido más valiente que yo, Azrael. – le contestó, realmente impresionado. – ¿Extrañabas estar aquí? ¿Extrañas África ahora?

–No, no extraño el trabajo duro y el puto sol a todas horas, al principio sentía que se me iba a derretir la piel, luego ya estaba tan quemada que me costaba reconocerme en el espejo. – se rió. Girando un poco la cara hacia él. –Me preguntaba si te gustaría.

– Yo te encuentro muy sexy, así como te ves, con esa piel dorada por el sol. – su mirada recorrió sus brazos, más fuertes ahora por el trabajo duro. ¿Cómo no le iba a gustar? Hasta se sentía sonrojar un poco. Bebió lo que le quedaba en la copa, sirviéndose más aún. – Has cambiado mucho, pero yo diría que para bien.

–Tú también, y ya he notado que ahora te vistes como quieres. ¿Recuerdas cuando nos acostábamos en tu cama para hablar?– sonrió levemente, apartándose el cabello que caía sobre su rostro –De pequeños, al volver del colegio.

–Sí, claro que lo recuerdo. Y cuando no se podía, igual me llamabas desde la casa de Aki, y hablábamos hasta que uno de los dos se quedaba dormido, por lo general, tú. – se rió, ahora observando sus ojos a la luz de las velas. – Adan ya no puede decirme que esto es muy ajustado.

–Nunca es demasiado ajustado para mí, me dan ganas de lamerte las piernas. – sonrió. Echando más vino. Moviendo un poco la copa para observar como manchaba de rojo el cristal. –La primera vez que viniste a mi piso… y el miedo que sentí al sujetar tu mano después de tanto tiempo mirándote desde lejos.

–Y yo te extrañaba tanto, como ahora. Me preguntaba por qué ya no venías a verme... – le recordó, sintiéndose un poco nervioso de nuevo. –Y no quería volver a alejarme de ti.

–No te salió muy bien. – el moreno lo miró a los ojos y luego sonrió un poco para que no fuera a pensar que se lo estaba echando en cara ahora. –Ni siquiera era más guapo que yo.

– No, no lo era. –negó con la cabeza, sonriendo también, aunque desviando la mirada. – Sólo era un idiota y yo también.

–No le llames idiota, él no tuvo la culpa. En su lugar seguramente yo hubiera hecho lo mismo. – sonrió levemente, mirando hacia la ventana y dejando salir el humo entre sus labios. –Enrollarme con un tío bueno. No es mi problema si tiene novio o no.

– No, ¿verdad? – contestó, aún sin mirarlo, consciente de lo que eso significaba. – Voy a lavar los platos. No quiero que me coman las hormigas luego. – se puso de pie empezando a recoger. No sabía qué más hacer. ¿Disculparse de nuevo? ¿Repetirle que no lo volvería a hacer?

Azrael se apoyó en la mesa con una mano, mirándole las nalgas mientras fregaba los platos. –Eso no es muy sexy, el rollo ama de casa. ¿Puedes dejarlo para luego?

–Puedo, pero entonces sólo te voy a mirar serio. Y no será tan agradable como lo había imaginado. – le contestó, medio en broma para ocultar lo que realmente le dolía. Azrael no tenía por qué cargar con esas cosas, tenía razón. Era su culpa después de todo.

–No me importa que me mires serio. – el moreno se levantó y cerró el grifo del fregadero. Cerrándole el paso con su cuerpo contra la encimera y apagando el cigarro en el agua. Dejó salir el humo a un lado y lo miró a los ojos. –Yo también fui un capullo.

Kiyoshi negó con la cabeza. – Me lo merecía. Tú nunca me engañaste ni estuviste con otro. Yo debí haberte valorado más – le tocó el rostro sintiendo que se le empañaban los ojos.

–Sigo siendo posesivo, aún más. ¿Te da igual? Puedo ser insoportable, y ya sé que al principio lo soportas todo. ¿Y después? Sé que tú eres el mío. – apoyó las manos en la encimera a los lados del chico. –Tú eres mío.

Kiyoshi sonrió, sintiendo que las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin que pudiese evitarlo. – ¿Recuerdas cuando te dije que ya no lloraba? – se abrazó a él, escondiendo el rostro en su pecho. – A mí me gustas insoportable. Ya no me importan las fiestas, ni los paseos, ni nada de eso. No vale la pena si no estás conmigo, baka.

–Baka tú, que estás llorando. – sonrió levemente, pasándole la mano por el cabello y apretujándolo contra su pecho. Se levantó la camiseta y lo metió debajo.

El chico se rió ahogadamente gracias a aquel escondite, murmurando. – Hueles bien.

–Me lavo con perlán, suavizante incorporado…– se rió, levantándose la camiseta de nuevo y dejándola caer al suelo. Pasándole la mano por el cabello y observándolo contra su piel desnuda. –He pensado en ti todos los putos días.

– Yo también, todos... los putos días – se rió imitándolo y pensando que a Adan le daría un ataque como le hablase así. – ¿Quieres ver?

–Todo lo que quieras enseñarme…– sonrió jugando. –A ver…

Kiyoshi se rió, apartándose de él a duras penas y llevándolo de la mano a su habitación, tomando la libreta que había dejado en la cama. Se la entregó un poco nervioso. – Azrael, conoce a tu stalker obsesionado.

El moreno se rió ligeramente antes de coger la libreta y sentarse en la cama para mirarla. Pasó las hojas, llenas de dibujos de él por todas partes. Sintiéndose mal por no haberlo perdonado antes, por no haberle vuelto a hablar siquiera. ¿Y si el error lo hubiera cometido él? Se hubiera sentido aún más miserable por haberlo perdido. Dejó la libreta a un lado y le sujetó las caderas al chico de pie frente a él. Levantándose para besarlo –Te amo. – le confesó serio, apoyando su rostro contra el del chico y besándolo abruptamente.

Kiyoshi cruzó los brazos detrás de su nuca, devolviéndole el beso de manera apasionada, necesitada en realidad, apretándose contra su cuerpo tanto como le era posible. Lo había extrañado tanto…

Azrael le pasó las manos por la espalda hacia arriba, arrugando la camiseta con sus manos y subiéndosela a medias hasta el pecho, bajando las manos de nuevo y tratando de colarlas por dentro de los jeans. Pero estaban condenadamente apretados. Las pasó por encima de la tela, apretándole las nalgas y bajándolas por sus piernas sin dejar de profundizar en su boca. –Estos pantalones son como un cinturón de castidad.

– No... Son... un juego... para que puedas imaginar lo que guardan, inclusive en público. –tomó sus manos, haciéndolo acariciarlo por encima de los jeans, finalmente soltándolo para abrirlos.

Las manos de Azrael se metieron enseguida entre la tela y su piel, apretándole las nalgas con fuerza y mirándolo a los ojos excitado con tan poco. Le mordió ligeramente el labio inferior, lamiéndolo después y quitándole la camiseta. Recorrió su pecho con la mirada y después su rostro, su cabello despeinado. –Te quiero…– susurró besándole el cuello con pasión y sujetando sus nalgas de nuevo. Subiéndolo un poco sobre su pierna para rozarlo contra él.

– Yo a ti. No imaginas cuanto... – sonrió el chico entre jadeos, subiendo un poco más y alzando la cabeza, extasiado. Bajó las manos por su espalda, sintiendo sus músculos, la fuerza con la que lo sujetaba y le alzó el rostro nuevamente para besarlo.

El moreno rompió el beso y deslizó los labios por su pecho, besándole el abdomen y sintiendo su piel tersa y dura. –A tus pies…– se rió, borracho y no sólo por el vino. Apoyó una rodilla en el suelo, hundiendo la cara contra su piel y oliéndolo. Frotándose contra sus caderas y bajándole el pantalón junto con la ropa interior. Besó su sexo antes de metérselo en la boca, sus manos recorriéndole las piernas de arriba abajo.

– Ohn... Azrael... – gimió el chico, inclinándose un poco hacia delante y finalmente apoyando una rodilla en el colchón para no perder el balance. Estaba que ardía y aquellos labios... Dios, lo iba a volver loco. Se rió, tocándole el cabello, sintiendo su sexo crecer en la boca del moreno.

Azrael le golpeó las nalgas con una mano, empujándolo dentro de su boca y manteniéndolo allí, rozando su nariz contra el vello rubio del chico y dejándolo salir de su boca un momento para lamer sus testículos abruptamente. Su mano sujetando el sexo del chico para acariciarlo. Deslizó la lengua por la cara interna del muslo de Kiyoshi y lo miró de soslayo. Apartándose un poco y apoyando los brazos en el colchón sin levantarse del suelo, pasando la lengua contra su sexo, rozándolo tan sólo y esperando a ver qué hacía.

Kiyoshi bajó la mano a su sexo, acariciándolo y moviéndose provocativamente, acercándolo al rostro del chico tan sólo para retirarlo de nuevo, sonriendo. Alejándose más y subiendo a la cama, tocándole el cabello con suavidad como incitándolo a seguirlo.

Azrael le sujetó la muñeca y se acarició la cara con su mano, subiendo a la cama y haciéndole pasarla a lo largo de su pecho y abdomen. Se abrió los jeans un poco. Acariciando su sexo completamente erguido bajo la tela con la mano del chico. – ¿No te habrás vuelto inocente de pronto, no? – lo retó.

– Inocente, yo siempre he sido inocente, Azrael. – Se rió el chico, abriéndole los jeans y metiendo su mano por debajo de la ropa interior, apretando con delicadeza, sintiéndolo cálido y pulsante, grande. – Inocente, pero deseoso de aprender.

–A mí no me cuelas esa. – se rió abiertamente, estremeciéndose al sentir su mano y sujetándole la otra, metiéndola por dentro de sus jeans sobre sus nalgas. Se recostó sobre él entre sus piernas. Apretándose contra su sexo y besándolo de nuevo.

– Aquí hay una que sí es verdad. Mi cuerpo... se acostumbró a tu cuerpo. – jadeó, lamiendo sus labios luego mientras continuaba masajeando al moreno, abriendo las piernas.

– ¿Has estado esperando todo este tiempo? – le preguntó incrédulo, deslizándose entre sus piernas y desnudándose sin querer apartarse para nada de él. Le parecía increíble. –Hum… qué suave eres. – Se rozó contra su cuerpo. Sujetándole las piernas y haciendo que las subiese sobre su cuerpo caliente.

– Lo intenté... intenté hacerlo. Pero sólo pensaba en ti, me sentía traicionero. – le sonrió, acariciando su cabello, tocando los mechones que enmarcaban su rostro con dos dedos. – Ni siquiera... quería salir.

–Mejor, porque me he cabreado sólo de pensar que intentaste hacerlo con otros. – le dijo, ya fuera justo o no. No le importaba. Se arrodilló de nuevo, acariciándose su propio sexo con suavidad. –Date la vuelta.

Kiyoshi se giró, bajando el rostro contra la almohada. Le había dolido. Pero era comprensible. Ya le había dicho que era posesivo, ¿no? Sonrió, relajándose, intentando olvidarse de aquello.

Azrael se acercó más a él, pasando su sexo contra los testículos y el sexo del rubio a cuatro patas delante de él. Le apretó las nalgas, separándoselas un poco y observando su ano. Tocándolo con un dedo y acariciándolo antes de empujarlo dentro de él hasta hacerlo entrar por completo, moviéndolo con fuerza y empujando uno más. –Me he pasado todo este tiempo sintiendo escalofríos sólo por recordar tu forma de gemir. – sonrió al escucharlo. Escupiendo entre sus nalgas para ayudarse.

El rubio alzó el rostro, mirando hacia atrás tanto como podía, sus labios entreabiertos, dejando escapar los gemidos ahora. – Noh... tienes que... ah... recordar más... – gimió de nuevo, sonriendo un poco y apretando las nalgas.

–No… ¿Verdad? – sonrió con un gesto de cara dura inevitable para él. Le encantaba tenerlo así, su cuerpo se acordaba perfectamente de que ese chico era suyo. No había otro como él. Le sujetó las caderas con las manos, alzándolo y haciéndole aplastar la mejilla contra la almohada mientras su lengua rozaba sus nalgas, entreteniendo el momento de buscar ávidamente dentro de su cuerpo.

– No... Nunca más... – contestó, dejándose llevar por los gemidos luego, aquella lengua enloqueciéndolo. Deseaba que lo penetrara, pero Azrael siempre había sabido como llevarlo al borde. O tal vez sólo necesitaba ser Azrael para lograr aquello.

El moreno deslizó la lengua por su espalda, siguiendo la línea de su columna y penetrándolo de golpe. Moviéndose dentro y contra él, aplastándolo en la cama bajo su peso y apoyando una mano en su cabeza, revolviéndole el cabello y moviéndose con fuerza mientras besaba su cuello –Ky-chan…– sonrió, jadeando y golpeándose contra sus nalgas mientras se las hacía alzar un poco para poder entrar en su cuerpo lo más profundamente posible.

El rubio se rió entre jadeos, dejándose mover a su ritmo, su sexo rozando contra las sábanas, inflamándose más mientras el chico alzaba las nalgas rindiéndose bajo el peso del moreno, gimiendo sin ningún control. – Te amoo... te amo...

–Oh…joder…– Azrael apoyó una mano sobre los brazos de Kiyoshi, apretándoselos sobre su cabeza y colando la otra bajo las caderas del chico. Sujetando su sexo y apoyando los labios entre su cabello, arrastrándolos después por su mejilla y besándolo como podía. –Muévete más…– se empujó dentro de él con fuerza, al borde. Disfrutando aquello al máximo.

– Ah...ah... Azrael... qué fuerte... – jadeó contento, estremeciéndose, aunque moviéndose más, justo como le había pedido el moreno, su sexo pulsando con más urgencia. – Dios, Dios, Azrael...

–Ahg… Kiyoshi…– el moreno lo volteó rápidamente. Abrazándolo con fuerza y moviéndose en él profundamente, frotándose contra su cuerpo y besándolo. Corriéndose dentro de él y sintiendo como el chico lo seguía. Derramándose caliente contra su abdomen y pecho.

– Ah... ah... Azrael... eres increíble... – gimió, exhalando con fuerza, intentando recuperar su respiración y en vez de eso riéndose, dejándose llevar por la alegría, por lo relajado que se sentía después de tanto tiempo.

–Sí, lo sé. – se rió. Besándole los labios de nuevo y recostándose a su lado en la cama. Estirando la mano para buscar la cajetilla de cigarros en sus jeans. –Creía que no dejaban pasar la noche a invitados en los dormitorios de estudiantes.

– No los dejan. – se rió, seguro de que si alguien se quejaba estarían en problemas. Pero no creía que nadie se fuese a quejar. – No soy tan buen chico, Azrael, creí que lo sabías. – se giró de lado, observándolo.

–Eso es lo que me gusta de ti. La cara de buen chico, ese cuerpo de pecado y lo malo que eres…– torció una sonrisa. Besándole la frente y llevándose el cigarro a los labios. –No creas que hemos acabado…

– ¿No? ¿Vamos a recuperar esos dos años? – le preguntó, sonriendo de aquella manera y deslizando sus dedos por el pecho del moreno. – Tienes que quedarte a dormir, o cuando despierte pensaré que fue un sueño.

–Me quedo a dormir, porque cuando acabemos no creo que pueda mover un dedo de todos modos. – colocó la mano libre bajo su propia cabeza, dejando que lo acariciase. –Se suponía que debería de estar reposando.

– Lo sé, pero soy mala influencia. Adan pensaba que era al revés, ¿te acuerdas? – se rió, seguro de que aún lo pensaba. – Estoy feliz, ya habrá tiempo para inyecciones mañana.

–Adan… deberías ver su cara cuando salí de casa esta noche y me preguntó a dónde iba. Y yo “A dormir con Kiyoshi.” Sí, ya sabía que venía a eso. – se rió, echando la ceniza en un papelito y llevándose el cigarro a los labios. –Creí que no me dejaba salir ya. Menos mal que Aki siempre está ahí para salvarme.

Kiyoshi se rió de nuevo. – Aki siempre nos salva a los dos. – suspiró, recostándose de nuevo, un poco más serio. Seguía enterneciéndolo la manera que tenía Adan de cuidarlo. – Sigo siendo su otooto.

–Otooto… Ahora ya puedo presumir de nuevo de tener un novio japonés, o de tener un novio al menos. – se rió, suspirando levemente y rascándose la cabeza con una mano. –Seguro que estamos con las mismas dentro de diez años.

– ¿Con las mismas? No... Porque ya no nos vamos a separar más, así que tendrá que acostumbrarse... de nuevo. – se rió, colocándose sobre él y mirándolo a los ojos. – Aishiteru... baka. – se rió de nuevo, besándolo.

–Yo también te quiero, como se diga. – se rió, apagando lo que quedaba de su cigarro y apoyándole las manos en las nalgas. –Si Adan supiera lo salido que eres…

–Pero no lo sabe y no se lo vamos a decir. – le aseguró aún reído y sin quitarse de encima.

– ¿No? No sé, si te portas bien a lo mejor no se lo decimos. – lo besó con suavidad, acariciándole la espalda con una mano. –Dijiste que tenías helado ¿No?

Kiyoshi asintió, besándole el pecho y saltando de la cama. – Qué mal, nos olvidamos del postre.

Azrael se giró un poco, siguiéndolo con la mirada y echándole un vistazo a las ventanas. –A ver si te van a ver por la ventana.

– Sí que eres celoso. – se rió, tirando de una sábana y cubriéndose hasta la cabeza. – Soy el fantasma de Kiyoshi.

–Eso es que estoy muerto, debo de estar en el cielo. – se levantó y lo abrazó por detrás, besándole el cuello y bajando la sábana sólo hasta su sexo. Sujetándola allí con una mano. –Hum… hay una mesa vacía aquí.

– Hum... aún no busco el helado. – sonrió, pensando que no iba a dormir esa noche, pensamiento que no lo atormentaba precisamente. – Y si yo soy el fantasma... tú estás vivo.

–Sí, ¿no lo has notado? – apretó su sexo contra una de las nalgas del chico, rozándolo un poco para que se inflamase de nuevo. –Vivito y coleando. – Apretó con su mano el sexo del chico sobre la sábana. –Tú también… das señales de vida.

– Eso es porque tú me revives. – dejó escapar un gemido, inclinándose hacia delante, el sexo de Azrael empujándolo un poco ya. – Eres milagroso. – se rió de nuevo, jadeante.


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