Capitulo
11
Almost as if You Never Left
Tarde – Noche. Residencia de los Adler.
Viernes, 22 de mayo.
–Gracias. – Aki le pagó al taxista, bajando
su equipaje y el de Azrael, antes de que pudiese protestar. No quería
que hiciera esfuerzos. – Aquí estamos, en casa por
fin.
–Sí, qué sentimiento tan agradable. Creo que
voy a vomitar de lo agradable que es. –el moreno, que estaba
más nervioso que otra cosa, tragó saliva y le quitó
una de las bolsas. –Cojeo, pero aún puedo con mi equipaje,
no seas gay y abre la puerta, que me quiero sentar.
– No puedo dejar de ser gay, Azrael. No seas necio tú.
– le riñó, abriendo la puerta de la casa para
dejarlo pasar.
– ¿Adan, ya...? Aki… – Kiyoshi se quedó
sorprendido al verlo de vuelta tan pronto, abriendo la boca para
preguntar. Pero las palabras murieron en sus labios una vez más,
al percatarse de la presencia del moreno.
Azrael notó una sensación desagradable de vacío
en el estómago y le dio su mochila para ver si se le quitaba
esa cara de susto –Bu… Aún no me he muerto. –
le dijo, torciendo una sonrisa como autoprotección.
– No... Me alegro de que estés bien. – desvió
la mirada, sujetando su mochila sin saber qué hacer ahora.
Le estaban temblando las piernas.
–Kiyoshi, ¿puedes ponerla en tu antigua habitación?
Azrael se va a quedar con nosotros. – le habló Aki
para ver si lo sacaba de aquel estado.
Azrael miró a Aki y carraspeó ligeramente –
¿Y Ashram?
– Probablemente está en su habitación. Fue
al médico, ¿verdad? Voy a ver cómo está.
– sonrió, alejándose sin permitir que el rubio
contestase.
Apenas pudo balbucear. –A...Aki... – suspiró,
mirando a Azrael de soslayo ya que lo ponía nervioso mirarlo
directamente. Seguro que aún lo odiaba. – Voy a llevar
esto a la habitación.
Azrael miró a Aki con cara de que iba a matarlo por déjarlo
ahí sólo con él y luego miró a Kiyoshi
de nuevo. Cogiendo ahora la otra bolsa que había dejado Aki
en el salón. –Puedo subir yo las cosas si tienes algo
que hacer. – le dijo, colgándose la bolsa del hombro
y subiendo las escaleras, sujetándose a la barandilla porque
le dolía la pierna. Se sentía muy extraño y
Kiyoshi había cambiado mucho.
–No, déjame ayudarte antes de que me vaya. –
contestó, seguro de que deseaba que desapareciese de su vista.
Pero no podía ignorar el hecho de que estaba cojeando. Subió
las escaleras un poco más lento que el chico.
–Estás muy guapo.– le dijo Azrael sin mirarlo.
Kiyoshi lo miró sorprendido, enrojeciendo un poco. –
Gracias, tú... has crecido mucho.
Azrael se rió un poco. –Tú no…–
abrió la puerta sin poder evitar acordarse de lo sucedido
allí la última vez que había entrado en esa
habitación. Corrió las persianas para que entrase
la luz y lo miró sin poder evitar un gesto de estar dolido.
Sentándose en la cama para estirar la pierna sobre ella.
–Me picó una araña cuando trataba de tirarme
a un gabacho… Qué putada, ¿no? – se rió,
mirando la pierna y subiéndose un poco el pantalón
negro para ver que aún estaba hinchada.
– Sí... bueno, me alegra que estés bien. –
desvió la mirada nuevamente, sintiendo aquel dolor, deseando
poder quedarse con él contra toda esperanza. Dejó
la mochila en el suelo, retrocediendo. – Ya tengo que irme.
Sólo estaba esperando a que llegase alguien.
–Sí, claro. – Azrael torció una sonrisa
en los labios y lo miró a los ojos. – ¿Y por
qué no llamas a alguien y le dices que estás ocupado
conmigo?
– Me refería a Aki... estaba esperando a que llegase
Aki... – le aclaró, sin atreverse a mirarlo. ¿Le
estaba pidiendo que se quedara, o le estaba echando en cara que
pudiese tener una cita? No lo comprendía.
–Entonces no tienes que irte. – Cogió una cajetilla
de cigarros del bolsillo y encendió uno. – ¿Me
abres la ventana? Si no me mataré a mí mismo de asma…
– Sigues fumando... – comentó, cayendo en sus
viejas costumbres mientras abría la ventana. Estaba nervioso,
él no se ponía nervioso.
–Tú sigues teniendo un bonito culo. – se rió,
dándole una calada al cigarro y girando el encendedor entre
los dedos. –Ya sabes… cuando coges una mala costumbre
después es imposible dejar de hacerlo. Aki me ha dicho que
estás estudiando arte. ¿Cómo te va?
–Bien, me agrada. Y al parecer no soy tan malo. – se
giró, ocultando su culo y sonriendo, intentando relajarse.
– ¿Te agradó África?
–No, muchos africanos… no son mi tipo. – se apoyó
contra la pared y siguió mirándolo con la misma sonrisa
en los labios mientras se fumaba el cigarro. –No creo que
vuelva, no podría dormir pensando en las arañas asesinas,
prefiero los peligros de la ciudad, ya sabes…– miró
a un lado y cogió un platito de decoración para usarlo
de cenicero. Seguro de que ya le reñirían después.
–Creía que iba a encontrarme al mismo niño de
instituto, qué tontería ¿no?
– Yo creí que iba a encontrar al mismo chico que...
– suspiró, negando con la cabeza. – No esperaba
encontrarte en realidad. Sigue siendo igual, nunca me dicen nada.
–Pero tenías ganas de verme, has estado pensando
en mí…
La sonrisa se borró del rostro del rubio, que se sentía
terriblemente vulnerable ahora. – Pero... eso no cambia nada,
¿verdad?
–No lo sé… te he estado odiando todo este tiempo.
Ahora te veo y me doy cuenta de que ya no te odio. Odio lo que sucedió,
odio a ese niño idiota de instituto… odio recordar
cómo lo estabas besando. Pero me acuerdo como si fuera ayer…
Sin embargo tú ya no eres ese niño, y yo tampoco soy
quien era, ya no tiene sentido. – dejó caer la ceniza
en el platito, mirando el humo salir de su cigarro y dándole
otra calada. – ¿Y tú? Si no hablamos de esto
vamos a estar así siempre, eso siempre va a estar ahí
de todos modos. Así que es mejor hablar de ello.
– No eres el único que me ha estado odiando. Fui un
estúpido, lo sé. – se apoyó contra la
pared, agobiado. – Ni siquiera me di cuenta de lo que hacía
hasta que te vi allí... Y ahora... ahora quisiera poder retroceder
el tiempo.
–Pues no puedes. – Azrael lo miró fijamente.
– ¿Por qué te quedas tan lejos?... – dio
unas palmaditas sobre la cama para que se sentase.
Kiyoshi se acercó, sentándose a su lado y sonriendo
un poco. – Te ha cambiado la voz. Es más grave.
–También la polla, ahora es más grande…–
se rió. Poniéndose un poco nervioso por la proximidad,
pero él la había pedido, no se habría puesto
nervioso de no ser él. – Así mejor, ¿No?
– le preguntó, pasándole un brazo por los hombros
y tocándole el cabello, mirándolo fijamente. Si en
ese momento llega a abrir alguien la puerta probablemente se hubiera
muerto de infarto.
– ¿Qué haces, Azrael? Solías huirme...
– se rió en bajito, por lo nervioso que estaba, preguntándose
si no estaría jugando con él. Llevaba tanto tiempo
deseando ver esos ojos de nuevo.
–Ya no soy un niño…– le tocó la
mejilla con la mano, observándolo y sintiendo calor en el
pecho. Bajó la vista a sus labios y de nuevo a sus ojos,
sonriendo de medio lado, conteniendo las ganas de besarlo. –Me
tengo que poner unas inyecciones, ¿Sabes? No las soporto…
– Aki te las pondrá, es inmune a ruegos... –
bromeó, desviando la mirada de nuevo, sintiéndose
débil ante su rostro. – Me asusté mucho.
–No tenías por qué asustarte, soy muy duro…–
sonrió, notando como desviaba la mirada y preguntándose
qué demonios estaba pasando allí. Tenía el
corazón desbocado, se suponía que debía odiarlo
y sin embargo no podía dejar de pensar en besarlo. Tal vez
porque era increíblemente guapo, pero… no, no era tan
simple. –Sigues siendo mi tipo, esto es difícil.
– Tal vez debería irme... antes de que hagas algo
que lamentes después. – le sonrió, poniéndose
de pie. En realidad deseaba lanzarse a sus brazos, besarlo, pedirle
que lo perdonase nuevamente. Pero no podía hacer nada de
eso.
–Cobarde…– Azrael apoyó la mano en la
cama y lo observó, sonriendo apenas perceptiblemente.
– No me llames cobarde, sabes que no me gusta. – protestó
enfáticamente antes de poder detenerse, cubriéndose
la boca después. – Baka, lo hago por ti.
–Yo sé muy bien lo que hago, así que escápate
si quieres. A ver si puedes cuando no tenga que estar acostado.
– alzó las cejas un momento, sonriendo con cara de
chulo. –No me hagas qué te lo llame de nuevo sólo
para ver cómo te enfadas…
–Azrael, eres un necio. – se quedó mirándolo
sin saber qué hacer, girándose para irse de allí,
nervioso, pero no antes de que Aki apareciese empujándolo
y haciéndolo caer sobre el moreno.
– Lo siento, Kiyoshi, no sabía que estabas allí.
– sonrió, haciéndose el loco. – Te vas
a quedar a cenar, ¿no? Adan ya debe de estar por llegar.
–Digo yo… no puede ser tan maleducado como para irse.
¿No?– Azrael lo sujetó con un brazo, rodeándolo
con fuerza, aunque miraba a Aki con una sonrisa maldita.
– No, le rompería el corazón a su Oniisan...
–le apoyó el pelirrojo, sonriendo maldito.
–Bien, me quedo, pero no os creáis que no sé
lo que sucedió. – suspiró el rubio, sintiéndose
demasiado cómodo entre los brazos de Azrael como para poder
contradecirlos.
Azrael se rió entre dientes y lo soltó después
al escuchar que abrían la puerta abajo. – ¿Es
Adan? – preguntó, curioso por verlo.
Adan entró en la casa y subió las escaleras al ver
a Aki arriba en la puerta. Besándole una mejilla por detrás
y observando a su hermano encima de Azrael, sintiéndose un
poco incómodo por la visión. –Bueno, parece
que han limado asperezas. ¿Qué tal estás?
–Bien…– el moreno le contestó un poco cortado
–Tienes canitas ya eh…
–Gracias, si no me avisas no lo hubiera sabido. –
el moreno suspiró y miró a Aki. – ¿Se
tiene qué quedar aquí?
–Es mi hermano. – asintió Aki, girándose
y tocándole el cabello a Adan. – Yo creo que se te
ven distinguidas. Te ves sexy maduro...
Kiyoshi se rió sin poder aguantarlo más. A veces extrañaba
vivir allí, con ellos. – ¿Y Ashram? ¿No
viene a saludar?
–Debe estar escondido, ahora iré yo a abrazarlo aunque
no quiera…– se rió entre dientes. Acariciándole
la espalda a Kiyoshi sin percatarse de lo que hacía completamente.
–A ver…– se levantó, abrazando a Adan incómodamente,
y saliendo, más que nada porque se sentía incómodo
ahora con todos allí pendientes de él.
Adan lo siguió con la mirada, observando como bajaba las
escaleras cojeando y luego miró a su hermano pequeño.
Sujetándole el brazo con suavidad y preguntándole
– ¿Qué? – suavemente, antes de abrazarlo
con cariño. Parecía que lo necesitase.
–Ashram, no te escondas. – le dijo Azrael al llegar
abajo. Logrando que saliera de su cuarto con cara de gato receloso.
El chico sonrió y lo abrazó, Ashram dejando que lo
hiciese como si fuera algo inevitable – ¿Qué
tal? ¿Ya te echaste un novio macizo? Mira que bueno estás
ahora…
–No me gustan los macizos. – se separó incómodamente,
aunque estaba feliz de ver que había regresado y todos estaban
en casa como antes. De todos modos no comprendía su expresión,
pero le sonaba a alguien como Adan. Grande y duro.
– No lo sé... – sonrió levemente Kiyoshi,
abrazando a Adan de vuelta, temeroso. Se sentía como si estuviese
en un mundo alterno en donde Azrael y él seguían en
términos amistosos. Pero no estaba seguro de nada.
– Bueno... yo voy a rescatar a Ashram que estoy sintiendo
su señal de auxilio. – se disculpó Aki, bajando
las escaleras.
–Aki…– Ashram lo miró, yendo a su lado
demasiado rápidamente.
Azrael se rió con cara de maldad. –Hoy todo el mundo
me huye…jejeje
Adan le pasó la mano por el cabello a Kiyoshi y le alzó
un poco la cara para verlo bien. – ¿Cómo te
sientes? ¿Lo quieres? – susurró, hablando con
él.
– ¿Tienes que preguntar? – le sonrió
con aquella mirada insegura. – Dice que ya no me odia, pero
no sé qué está haciendo... Adan, ¿estoy
siendo idiota?
–No… ¿Por qué? ¿Qué ha
hecho?– preguntó serio, aunque trataba de que no se
notase su preocupación.
Kiyoshi se rió en bajito por la expresión de su hermano,
aunque seguía gustándole que se preocupase así
por él. – Nada terrible. Sólo decirme un par
de piropos y abrazarme... Tal vez estoy exagerando.
–Bueno, Kiyoshi… ¿No has pensado qué
tal vez Azrael también pueda quererte aún? Tómate
esto como una segunda oportunidad.
–Sí, eso deseo. –asintió el rubio, pegando
su rostro al pecho de Adan. – Pero es confuso que las cosas
se resuelvan así. Como si alguien te hubiese escuchado. –
se separó de él nuevamente, mirándolo a los
ojos. – Creo que soy yo el problemático ahora. Sí,
estoy siendo idiota.
– Tenéis que volver a conoceros…– le dijo
Adan. Acariciándole el cabello y pensando que lo quería
más que a su vida. Le besó y suspiró.–Escucha,
te voy a dar un consejo y tú haz lo que desees con el. Ya
que tú metiste la pata, si lo quieres, demuéstrale
que aún lo amas. Pero… no te arrodilles, no seas fácil
de conseguir. Cometiste un error, sí. Pero eso no te ha hecho
perder valor. Ser tu novio sigue siendo un lujo.
Kiyoshi dejó escapar otra risita, sintiendo que se le nublaban
los ojos y limpiándoselos, abrazando con fuerza a Adan. –
Te quiero mucho, oniisan... – lo apretó un poco más,
como cuando era un niño, susurrando. – “No te
preocupes, encontraré la manera”
–Estoy seguro de ello…– le frotó la espalda
con suavidad y lo cogió en brazos. –Ah… cuanto
tiempo hace que no duermo con mi niño…– se acostó
en la cama encima de él. Jugando ahora que no los veían
los demás.
–Eso es porque ya no lo necesitas, Adan no baka... –
se rió, haciéndose bolita tanto por jugar, como porque
se sentía bien así. En realidad había habido
noches en las que le hubiese gustado ser como Ashram y poder colarse
en la cama de su hermano.
–Yo siempre voy a necesitar a mi hermano. – le besó
el cabello. Pegándole una nalgada y mirándolo, sus
labios dibujando una sonrisa –Te diré algo para que
te rías de mí…– sonrió, apartándole
un poco el pelo de la cara –Voy a posar para un calendario.
..............
Azrael y Aki mientras tanto, colocaban las cosas sobre la mesa
de la cocina. El chico ya no se veía tan sonriente ahora
que no había gente delante.
–Y se supone que estés descansando. – Aki lo
codeó para ver si se le quitaba esa expresión. –
Vamos, no fue tan malo...
–Estoy nervioso…– movió un poco un hombro,
sentándose después en una de las sillas. –Casi
lo beso.
–Debí haber esperado más entonces, pero se
escapaba. – sonrió, sentándose frente a él
y observándolo. – Está tan nervioso como tú.
O más, porque no sabía que venías. ¿Qué
piensas hacer, Azrael?
–No lo sé…– negó con la cabeza,
encendiendo otro cigarro y mordiendo un poco el filtro. –Recuperarlo.
– se mordió un poco un dedo y negó con la cabeza
de nuevo. –Me vuelve loco, sólo con verlo de nuevo…–
se llevó la mano al estómago, riéndose. –Sólo
hay una persona para cada uno.
–Eso creo yo también. – el pelirrojo extendió
una mano sujetando la de Azrael. – ¿Ves? Nunca me has
engañado. –se rió, acariciándolo. –
Lo amas, él te ama, no puede ser tan difícil.
–Los dos hemos cambiado…– le besó la mano
antes de soltársela. –Y tú también, hasta
me están entrando ganas de tirarte los tejos porque…–
se inclinó un poco para mirarle las nalgas y apoyó
la cara contra ellas.
Aki le dio una colleja, riéndose. –Te faltan siglos
para poder meterte conmigo. Y no porque sea viejo, si no porque
soy sabio.
–Ay…– se rió, frotándose el cuello.
–Mereció la pena, y entonces, supongo que Adan tiene
siglos más que yo. – se giró un poco, carraspeando.
Adan alzó una ceja. – ¿Y eso qué fue?
–Una broma…– dijo el chico, sonriendo y tapándose
un poco la boca con la mano. Dejando que Adan le quitase el cigarro
y lo apagase.
– Una broma, una broma. Que Azrael es mi hermanito y Adan,
mi bombero grande y fuerte. – el pelirrojo se puso de pie,
besando al moreno ya que le encantaba la cara que ponía cuando
decía cosas así.
–Aki, no seas malo... – le advirtió Kiyoshi,
entrando en la cocina también y mirando a Azrael de soslayo,
como si de pronto se hubiese vuelto un chico tímido.
El chico lo miró directamente, sonriendo un poco y echándole
un beso con los labios, apartando la silla a su lado ligeramente.
–Y yo… ¿Puedo serlo?– le preguntó,
colocando el brazo por encima del respaldo de la silla.
Adan lo miró y suspiró, mirando a Aki y preguntándose
en que clase de monstruito se había convertido aquel chico
tímido.
– No lo sé, depende de lo que te diga tu médico.
– le contestó el rubio, riendo un poco. Se sentía
bien, el bromear así con Azrael sin preocuparse tanto por
cada cosa.
–Su médico dice que... Adan y yo necesitamos una noche
tranquila. – contestó el pelirrojo, asumiendo el papel
y pensando que aquello servía dos propósitos. –
Así que podrías hacernos el favor de quedarte un poquito
más.
– ¿Te vas a quedar a dormir?– preguntó
Azrael, mirándolo con una sonrisa y girándose hacia
él.
–Ni lo sueñes…– le dijo Adan. Señalándolo
con un dedo. –Haced el favor de tomaros las cosas con calma,
me estáis poniendo nervioso.
–Yo querría que se quedara. – dijo Ashram, sentándose
en una silla al lado de él.
– Adan... yo creí que querías pasar un tiempo
conmigo sin interrupciones. – le insistió Aki, el rubio
sonriendo.
– Me quedo, pero dormiré con Ashram.
–Oh, pero yo necesito cuidados nocturnos.
–Si quieres me quedo yo contigo. – le dijo Adan, molestándolo
y dibujando una sonrisita en los labios mientras deslizaba la mano
por uno de los muslos de Aki.
–No, no podría dormir. – le dijo Azrael sonriendo.
Ashram los miró, empezando a comer y sintiéndose
bien. Tanto que incluso le daban ganas de hablar. –El doctor
me dijo que debería hablar con Daniel.
– ¿Quién es Daniel? ¿Un tío bueno?–
le preguntó Azrael, girándose hacia él.
–No, sí… no lo sé. – Ashram lo
miró, molestándose porque se confundía y además
no le parecía un buen calificativo –Es como un ángel.
–Eso es que es rubio ¿no?– le preguntó
Azrael a Aki, riéndose sin poder evitarlo.
– ¿Y amable, verdad? –preguntó Aki por
ayudar a Ashram, y también por averiguarlo. No quería
que nadie le hiciera daño o lo molestase.
–Es un chico de la universidad, va en clases de arcilla conmigo...
– aventuró Kiyoshi, sonriendo un poco y procediendo
a comer.
– ¿Pero es guapo o no?– le preguntó Azrael.
–Sí, pero a ti no te interesa. – dijo Ashram
mirando la comida.
Adan se tuvo que tapar la boca para no reírse y se levantó
a buscar agua. Azrael sin embargo sin poder contenerse.
Aki le dio con un dedo en el brazo tan sólo porque había
recordado a tiempo que tenía la pierna lastimada. –
Claro que es guapo, Ashram tiene buen gusto.
– Y entonces, ¿ya te agrada de nuevo? Puedes volver
a dibujarlo luego... – lo alentó Kiyoshi, aunque algo
le decía que no había tirado ese dibujo.
–A lo mejor, cuando hable con él… – le
dijo Ashram, pensando en el rubio. –A lo mejor se disculpó
porque es muy educado. – Lo defendió, repitiendo las
palabras de Kiyoshi. –O muy bueno.
Azrael sonrió, alucinado de que fuera en serio con eso de
los celos y todo. ¿Así qué le gustaba alguien?
–Cuando me ponga bien podemos salir una noche los tres como
antes a dar un paseo y lo invitas.
–No sé…– Ashram lo miró nervioso.
–No quiero hablar más. – sentenció.
–Hagámoslo, será divertido, Ashram. –le
sonrió Kiyoshi, dibujando con un dedo en su servilleta. –
Iremos a un lugar tranquilo.
–No lo presionéis. – lo defendió Aki,
aunque le parecía algo positivo. Tal vez dejase de pensar
en todas esas cosas que le había dicho antes. – Pero
me alegra que conozcas a alguien que te agrade así.
–No quiero que me toque. – le dijo Ashram en bajo.
Pensando en cosas raras. Azrael obligándose a callarse la
boca.
–Está bien, Ashram, sólo tienes que ser su
amigo y no lo agobiéis más. – Adan los miró,
poniéndose serio. Él no conocía al chico ese,
pero la realidad es que por más que ellos quisiesen mucho
al chico… Era un asesino y estaba mal de la cabeza. Dudaba
mucho que ese chico pudiese interesarse por él de ese modo.
Tremenda decepción no sería buena para Ashram si le
seguían metiendo esas ideas en la cabeza.
– Eso digo yo... – lo apoyó Aki, metiéndose
un trozo de carne en la boca. – Es asunto de Ashram, y los
demás tienen sus propios asuntos que resolver.
–Ouch... – sonrió Kiyoshi, dedicándose
a comer luego en silencio. No era su intención molestar.
Sólo le resultaba difícil no hacerlo.
–Yo sólo quería saber si estaba bueno a ver
si me lo presentaba…– Azrael se rió, jugando
un poco y cruzando una pierna sobre la otra.
–Tú tienes a Kiyoshi. – le dijo Ashram, levantándose.
–Voy al jardín.
– ¿Veis? Parad quietos los dos. – Les riñó
Aki nuevamente. – Ashram, no les hagas caso. Espera, voy contigo.
Ya que estáis tan emocionados, podéis lavar los platos,
¿no? Luego vuelvo a ponerte la inyección, Azrael.
–Estaré deseándote…– le dijo el
chico. Suspirando, mirando los platos sucios con hastío.
Pero le venía bien, quería quedarse a solas con Kiyoshi
un poco más.
–Voy a practicar…– le dijo Ashram a Aki. –Tú
puedes estar tranquilo con Adan, estoy bien.
Adan se levantó, notando que sobraba en la cocina y sujetando
a Aki por los hombros desde atrás, besándole el cuello.
–Nosotros vamos arriba. Qué se la ponga Kiyoshi.
– Hum... vale, puesto así, no me puedo resistir. –
le contestó, dejándose llevar. – Ki-chan...
lo dejo en tus manos.
–Aki... – intentó protestar el rubio, achicando
los ojos luego. – Baka. – y girándose para mirar
a Azrael.
–No le tengas miedo a mis cachas, ahí no tengo peligro,
y es la única parte que me queda blanquita. – le dijo
el chico, jugando un poco. Nervioso también por eso y maldiciendo
a Aki y Adan. –Bueno…– encendió otro cigarro
ahora que Adan ya no estaba. –Me gustó ese abrazo de
antes.
–A mí no me resultó desagradable. – le
sonrió, relajándose un poco y confesando. Se puso
de pie, empezando a recoger los platos como para distraerse en algo.
– Sigo pensando que no deberías fumar.
–Puede ser, pero me gusta. – le dijo el moreno, mirándolo
y levantándose para abrazarlo por detrás. –Hago
muchas cosas que no debo. – susurró, girándolo
hacia él y apretándolo contra sí. Estrujándolo
y apoyándose un poco contra la encimera para mantener el
peso en una pierna.
– Pero hay cosas que sí debes hacer. – sonrió
el rubio, aunque sentía que se le iba a salir el corazón.
– Te he dibujado miles de veces. Y ahora tú no te pareces
a mis dibujos. – murmuró, nervioso porque lo que deseaba
era aquel beso, pero a la vez seguía teniendo miedo de equivocarse.
– ¿Y cual te gusta más? Yo, ¿O el de
los dibujos?– miró hacia abajo para observarlo. –Porque
a mí me gusta mucho más este Kiyoshi. Estás
mejor que nunca, me dan ganas de comerte.
– Pero soy malo para la salud, tengo muchas calorías.
– se rió ahora, comprendiendo por qué se ponía
tan nervioso. – Me gustas más tú.
–Eso está bien…– le pasó la mano
por la espalda, mirándolo a los ojos y sonriendo un poco
antes de soltarlo. – ¿Te gusta esto?– le preguntó
subiéndose la camiseta por un lado hasta el principio del
pecho.
–Claro que me gusta... – Kiyoshi colocó su mano
sobre el abdomen del chico, sintiéndolo. Y retirando la misma
después. – Pero creo que mejor termino de lavar los
platos.
Azrael sonrió, dejando caer la camiseta, sentándose
sobre la encimera al lado del fregadero –Cuando acabes subimos
a tu cuarto.
–Eso suena mal. – se rió el rubio, fregando y
mirándolo de soslayo, volviendo a mirar los platos luego.
– ¿Realmente me odiaste todo este tiempo? Nunca...
¿me extrañaste, Azrael?
–Mucho…– le dijo, contestando a la última
pregunta. – ¿No me hubieras odiado tú a mí?
– No lo sé, no me siento capaz de odiarte, pero lo
comprendo. No te culpo. – sonrió mirando neciamente
los platos mientras fregaba. – Supongo que es por eso que
estoy nervioso ahora.
– ¿Por eso? Yo creía que era porque te estabas
enamorando de mí de nuevo, y eso pone nervioso. – se
inclinó, ayudándolo a limpiar los platos y acariciándole
las manos deliberadamente cada dos por tres.
– No puedo hacer eso, baka. Yo nunca he dejado de estar enamorado...
–le sonrió sin poder evitarlo. – Aunque estaba
fingiendo bastante bien hasta que llegaste de sorpresa.
–No he vuelto a besar a nadie…– casi susurró
el moreno. –Y claro que puedes, puedes enamorarte de la misma
persona cada día incluso. – cerró el agua y
bajó con cuidado de la encimera. –Acompáñame
a tu cuarto, me da miedo escuchar voces extrañas.
– Vale... Entonces haré que te enamores de mí
de nuevo. Puedo hacerlo, ¿sabes? –se sujetó
de su cintura, contento porque le hubiese dicho aquello, y ahora
sí, ayudándolo a apoyarse en él.
–Lo sé…– Azrael se rió con suavidad,
subiendo por las escaleras despacio. De todos modos tampoco tenía
ganas de separarse de él – Ah… tendré
que buscar empleo de nuevo.
–Pero tú siempre has encontrado la manera. Y ahora
tienes que recuperarte. – Abrió la puerta de la habitación,
dejándolo pasar y cerrándola luego. No podía
creer que estuviesen juntos en ese mismo lugar. – Yo te ayudaré
a buscar.
–Vale…– se recostó en la cama. Recordando
lo mismo que Kiyoshi y poniéndose ligeramente serio. –
¿A qué hora sales de la universidad?– preguntó
curioso, señalándole una bolsa y haciéndole
una seña con la mano para que se la llevase.
–Antes del medio día. Y casi siempre vengo acompañando
a Ashram. No se supone que ande por ahí solo. – le
explicó el chico, aunque en realidad, lo hacía porque
él tampoco deseaba estar solo.
–Hum…– Azrael se quitó la camiseta y luego
se volteó, abriéndose el pantalón y bajándose
un poco la cintura del mismo hasta media nalga. –Hazlo con
cariño que soy virgen…– se rió para no
pensar en la aguja y lo mucho que le dolería.
Kiyoshi sacando la jeringa de la bolsa y mirándola nervioso.
– Piensa que hago esto porque te quiero... – le advirtió
clavándola tan cuidadosamente como podía, recordando
de pronto su pesadilla con Ashram.
–Pues si me quieres prefiero que me lo demuestres de otro
modo. – dijo el chico que no podía evitar ponerse de
malas cuando aquello sucedía. –Vale, gracias. –
se quedó boca abajo, tocándose la nalga con la mano.
–Odio esto, a ver si se acaba ya.
Kiyoshi se inclinó, retirando la mano del moreno y besando
en donde lo había pinchado. – ¿Así está
mejor?
–Bien… De ahora en adelante te nombro mi enfermero
personal. – se sopló el flequillo, desconcentrado por
aquel beso y olvidándose incluso del pinchazo. – ¿Dónde
está la residencia de estudiantes? Tendré que ir a
buscarte para que lo repitas mañana.
– Al lado de la universidad, sólo tienes que cruzar
la calle. – le contestó, aunque igual pensaba regresar
al día siguiente. Pero era mejor si Azrael lo buscaba. –
Estoy en el tercer piso del segundo edificio. Y no comparto habitación.
– ¿Eso me lo dices para que sepa que tendremos picadero?–
se giró sobre el lado que no le había pinchado, sonriendo
y apoyándose en un codo. –Dame la mano…
–Eso te lo digo para que lo sepas. – le dio la mano,
sonriendo también. Se sentía como renacido.
–O.K. y yo ya veré lo que hago con la información
obtenida. – sonrió de medio lado y cogió un
rotulador, dibujándole un gato en la palma y apoyándosela
en el pecho, apretándola para que le dejase la marca y mirándolo
a los ojos.
–Azrael. – el chico lo miró como si acabase
de regalarle alguna piedra preciosa, con los ojos aguados. –
Creo que voy a hacerme otro tatuaje.
Azrael sonrió levemente. –Si te lo haces en mi honor,
entonces tendrá que ser donde a mí me parezca. –
se rió, observando sus ojos y tirándole de la mano
para acercarlo a él. Se acarició contra su rostro,
entrecerrando los ojos a la suavidad de su piel y a aquel olor familiar
y agradable a fresco. –Buenas noches…– susurró
después al rozarse con sus labios. Separándose por
fin y recostándose en la cama.
–Buenas noches. – el rubio le pasó la mano por
el cabello, pensando que debía irse a dormir con Ashram como
había decidido, pero le era increíblemente difícil
separarse de él. – “Creo que Adan me va a reñir.”
–susurró para sí, recostándose a su lado.
–Es una vieja costumbre…– susurró el chico
antes de sujetarle la nuca despacio, acercándolo a él
y entreabriendo los labios antes de besarlo profundamente, echándose
un poco sobre su cuerpo y jadeando en sus labios incluso.
Kiyoshi cerró los ojos, dejándose besar, correspondiéndole
con el pecho agitado. Sería un error, pero no se lo parecía.
Le sujetó la cabeza, acariciándolo con suavidad, susurrando.
– “Lo siento.”
–Calla…– le mordió el labio inferior con
suavidad, mirándolo a los ojos y besándolo de nuevo
antes de abrazarlo con fuerza. El corazón le iba a toda pastilla
y ni siquiera quería pensar más, quería hundirse
en aquel olor suave. En aquel calor conocido.
Los brazos del rubio se deslizaron alrededor de su cuello, en señal
de que se rendía, a la vez que besaba su cuello con suavidad.
Se sentía como en el paraíso, por tenerlo allí
de nuevo, sintiendo su peso sobre él, su respiración.

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