Capitulo
9
Come Home
Mañana.
Viernes, 22 de Mayo.
–Para quieto... – Aki lo pinchó en un brazo
riéndose y recostándose en su asiento, observando
el ir y venir de la azafata. – No puedo creer que haya tenido
que venir a buscarte para que regresaras.
–No vuelvo por eso, lo hago por la araña. Ya no iba
a poder dormir nunca más en mi vida pensando en que esas
cosas andan por ahí…– sintió un escalofrío
y suspiró. Aún no se encontraba nada bien. Golpeteó
el asa del asiento con los dedos, inquieto – ¿Y qué?
¿Cuántas horas se tarda?
–Cinco. ¿Quieres que le pida una manta a la azafata?
– le preguntó al verlo estremecerse. – Yo tampoco
iba a dormir bien si te quedabas. Además, igual estaba pensando
en ir a buscarte.
–Estás loco…– Azrael lo miró de
soslayo y negó con la cabeza, aunque sonriendo. –Y
deja, no tengo frío, ha sido de pensar en la araña.
Cuando llegue me pondré a dormir… ¿Qué
hora será allí cuando lleguemos?
–Serán las 16:00... Creo. – suspiró aún
sonriendo. – Yo siempre he estado loco, viene con el territorio...
Te he extrañado mucho, Azrael. Y no creas que olvidé
que me colgaste el teléfono.
– ¿Cómo? – preguntó, haciéndose
el loco al respecto. –Fue tu culpa por insistente. –
le empujó un poco el brazo y sonrió levemente. –Estoy
nervioso. – se pasó la mano por la cara, apretándose
un poco la mandíbula.
– No tienes por qué. – le sonrió, aunque
lo comprendía. Pero además tenía ganas de sacudirlo.
Si no fuese porque estaba enfermo... – Estoy seguro de que
él también lo estará.
–No quiero verlo y a la vez…– se pasó
las manos por los jeans negros, suspirando y mirando por la ventanilla
del avión del lado de Aki. –Seguro que está
muy guapo…
– Claro que lo está. También ha crecido, no
como tú claro. – lo codeó, riéndose para
quitarle esa expresión seria del rostro. – Ya han pasado
dos años, Azrael. Él tampoco te ha olvidado.
–Pues esa noche no debía de estar pensando en mí,
yo no he olvidado esa noche…– apretó las mandíbulas
recordando.
..........
Eran las ocho de la tarde y acababa de salir del trabajo. Había
ido a ver a Kiyoshi a casa y el chico parecía estarse preparando
para una fiesta. La cena de final de instituto.
– Azrael... Iba a llamarte. – le sonrió
el rubio, colgándose de su cuello y besándolo. –
Sabes que es hoy ¿verdad?
–Se me había olvidado. – contestó
el chico, recibiendo el beso de mala gana de pronto. Notando un
vacío en el estómago al recordarlo. –Pensaba
que al final no irías, sabes que a mí no me gusta
que vayas. – lo siguió con la mirada mientras se arreglaba.
– ¿Por qué no? Es la última fiesta...
ya te lo dije. ¿No confías en mí? – lo
miró a través del espejo mientras se acomodaba el
flequillo. – ¿Por qué no vienes conmigo?
–No conozco a nadie y sólo habláis de
gente que no he visto en mi vida y de asignaturas, o de universidades.
No pinto nada ahí…– se apoyó contra la
pared. –Venga, quédate, no se te pierde nada. No se
trata de confiar o no. Vas a beber… podrías hacer algo
de lo que después te arrepintieras.
–Claro que no, no seas tonto. Ven... – le insistió,
aclarándole luego. – Sí me pierdo algo. Es importante,
son mis amigos. Puede que no vuelva a ver a muchos de ellos.
–No voy a ir. Tú haz lo que quieras…–
el moreno comenzó a perder las formas y se sentó en
una silla. Ni siquiera sabía por qué no se iba ya.
–Ya sabes a lo que van, a cogerse una borrachera y tratar
de ligar… yo no iría. Nunca salgo con mis compañeros.
–Yo no tengo la culpa de que seas antisocial. Tengo derecho
a divertirme, ¿no? – lo miró frunciendo el ceño
y tomando su cazadora. No entendía por qué se ponía
así, sólo era una fiesta y él nunca quería
acompañarlo a ningún lado. – ¿Seguro
que no cambias de opinión?
–No. – lo miró fijamente. Sin poder evitarlo
sujetándole el brazo. – ¿Y para qué te
arreglas tanto?
–Porque me gusta verme bien, por eso. – Se miró
el brazo, molesto. Sí, claro que confiaba en él, como
no.
–Para una reunión con unos amigos, llegaría
con unos jeans y una camiseta. – Azrael lo miró serio.
No le estaba haciendo nada de gracia aquello.
–Pero no es una reunión, es una fiesta. ¿Ahora
te molesta que me arregle? – se sacudió de su agarre,
enfadado. ¿No se daba cuenta de que lo estaba lastimando
con esas sospechas?
–Me molesta que lo hagas para salir con otros. ¿Es
qué no tienes cabeza? Prométeme que no vas a probar
una gota de alcohol.
– Claro que no. Yo no voy a hacerle promesas a alguien
que no cree en mí. – lo miró a los ojos enfadado,
deseando que le dijese algo. No le gustaba pelear y mucho menos
ir a una fiesta con ese humor.
–Yo no confío en nadie, ya lo sabes. Es el único
modo. O sea, que piensas salir, pillarte una cogorza y luego ¿Qué?
¿Qué crees que pasará? Johan siempre está
detrás de ti… Vas con él, ¿Verdad?
El rubio lo miró, enrojeciendo por el enfado, finalmente
contestándole. – ¡No voy con nadie! ¡Voy
solo porque mi novio se niega a acompañarme! ¡Azrael
no baka! – se dio la vuelta, saliendo, sin olvidarse de dar
un portazo. ¿Cómo se le ocurría decirle algo
así? ¿Acaso no pensaba?
Azrael se quedó en su cuarto. Consciente de que se había
pasado celándose y se sentó en el borde de la cama.
.........
–Todavía me acuerdo como si hubiera sucedido ayer…–
le dijo a Aki. Volviendo desde sus recuerdos.
– Lo sé, Kiyoshi cometió una estupidez, pero
la gente tiene el derecho de arrepentirse. No ha estado con nadie
desde entonces. Ha cambiado mucho... como tú. – el
pelirrojo le sujetó la mano apretándosela. –
Sé que lo amas.
–No lo sé, he tenido demasiado tiempo para odiarlo,
y para echarlo de menos. Pero creo que tengo miedo de verlo de nuevo
y seguir pensando sólo en aquel momento.
– Pero eso es algo que tendrás que averiguar cuando
lo veas. No puedes huir toda la vida. – le contestó,
comprensivo.
–No me conoces bien…– se rió, pensando
que desde luego que podía hacerlo. Sólo tenía
que volver a… huir. –Voy a ver si duermo un poco, me
duele la pierna. – le dijo. Sin poder evitar pensar de nuevo
en aquello al apoyarse a un lado del respaldo. Pensar en cuando
había ido a disculparse.
....................
Había salido de casa al percatarse de que su reacción
había sido extrema. Entró en la discoteca donde se
suponía que iba a celebrarse la fiesta. Dispuesto a disculparse
y a acompañarlo por el resto de la noche. Entonces lo vio.
Podía reconocerlo a lo lejos, no le hubiera hecho falta acercarse.
Pero no quería creérselo.
Le sujetó el hombro a pesar de que se estaba besando
con otro. Subido en sus piernas. – ¿Kiyoshi?
–A... ¡¿Azrael?! –el rubio casi se
cae del susto al verlo allí. Se sentía mareado, aturdido.
Había bebido demasiado. ¿Qué estaba haciendo?
–Azrael, no es... No sabía que ibas a venir...
Azrael esbozó una sonrisa cínica y ni siquiera
pudo decir una palabra. Le escupió en la cara, apartando
a la gente casi como si quisiera mandarlos a otro planeta. El corazón
quería salírsele del pecho. ¿Cuántas
veces habría hecho eso ya? Echó a correr y a las pocas
calles se detuvo ahogado, apoyándose contra una pared con
la espalda, sentándose en el suelo y respirando fatigado.
– ¡Azrael! – el rubio salió corriendo
tras él, desesperado, limpiándose el rostro, su vista
nublada por los efectos del alcohol y las lágrimas. Pero
¿qué clase de estupidez había estado haciendo?
Se había sentido tan solo, tan incomprendido. Como un idiota
completo. – ¡Azrael! – lo llamó al verlo
allí acuclillado. – Azrael, escúchame...
El moreno solo alzó la vista para mirarlo con auténtico
odio y echarle un corte de mangas. – Que te den por el culo,
Kiyoshi, seguro que pronto encuentras a alguien que te ayude…–
el moreno se levantó de nuevo. Cualquier cosa era mejor que
ver su cara y le empujó el pecho, caminando hacia su casa.
– Olvídame.
– No, Azrael, no lo entiendes... – sollozó
el chico, realmente golpeado, aunque lo sabía, no tenía
derecho. Quería desaparecer. Aún así gritando
como medida desesperada. – ¡Azrael, no te vayas! Por
favor...
– ¡Qué te jodan! – Azrael lo miró,
aguantándose las ganas de llorar y apretando las mandíbulas.
–Que te jodan…– repitió ahora casi para
sí.
..............
El chico en el avión se hundió un poco más
en el asiento, tapándose los ojos con una mano como si su
única intención fuera dormir.
Aki le colocó la manta que había pedido hacía
unos minutos, cubriéndolo. Lo conocía demasiado bien.
A él no lo iba a engañar.

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