Capítulo
8
Here Comes The Reaper
Mañana. Universidad
Viernes, 22 de Mayo.
Ashram miró al chico rubio del día anterior disculparse
con aquel pelirrojo odioso. No lo comprendía. ¿No
se suponía que no lo soportaba? Era un cínico…
mentía.
– No, sólo estaba de mal humor... No quise ser grosero...
–se disculpó Daniel una vez más ante el pelirrojo.
Se había sentido mal luego de cómo lo había
tratado. Aunque no le era muy difícil recordar las razones
de su comportamiento.
– Ya... –el chico lo estaba sujetando del brazo como
tenía por costumbre. – Pero lastimaste mis sentimientos.
¿Qué tal si sales conmigo esta noche y hacemos las
paces?
–Tengo que estudiar para mañana... – se negó
el rubio sonriendo, preguntándose por qué tenía
que ser tan insistente e intentando sutilmente que le soltase el
brazo.
Ashram los observó un momento. Mirándolos de soslayo.
Seguro que eso también era una mentira.
–Venga… sólo será un rato ¿Qué
te parece?– siguió insistiendo el chico. Observando
a Ashram de soslayo y esperando que el chico no abriese la boca.
Haciéndole un gesto para que se largase y moviendo la mano
con demasiados espavientos. Tirando sin querer la carpeta de Ashram
al suelo.
El moreno lo miró fijamente al tiempo que se agachaba a
recogerlos. El pelirrojo volteándose al notar el dibujo de
Daniel entre los folios. Se agachó a cogerlo y lo alzó
hasta su rostro –Vaya… parece que al pirado le gustas.
¿Te gusta, pirado?
–Dámelo. – sentenció el chico extendiendo
la mano hacia él.
–No le llames así... – protestó Daniel,
adivinando de quien se trataba y sonriendo. –Buenos días,
Ashram. No le hagas caso, sólo bromea... ¿verdad?
–Oh… venga Daniel, deberías verlo.– dijo
el chico de forma un tanto desconsiderada.
–No tiene gracia. – contestó Ashram que por
supuesto ya no se fiaba del rubio tras ver lo falso que era. De
todos modos quería su dibujo de vuelta, no tenía ganas
de que ahora lo molestasen con tonterías.
–No te lo doy… ¿Para que lo quieres tú,
eh? Está lejos de tus posibilidades.
Ashram lo siguió mirando fijamente, sintiendo que se le
aceleraba el pulso a pesar de que su rostro seguía serio
y calmado. Cogió la pluma de su carpeta y antes de que el
chico pudiera percatarse de qué pretendía hacer ya
estaba frente a él con la punta metálica bajo su quijada.
–Dámelo…– susurró sujetándole
la otra mano antes de que lo empujase y retorciéndole la
muñeca.
– ¿Qué sucede? ¿Ashram? – pregunto
el rubio que no tenía idea de lo que estaba pasando, sólo
de que el pelirrojo ahora estaba callado. No comprendía todos
esos movimientos. – No sé qué le quitaste, pero
devuélveselo. No está bien... deja de molestarlo.
Pero el pelirrojo no contestó, estaba tremendamente serio,
asustado y la gente comenzaba a arremolinarse en torno a ellos.
Tenía miedo de hablar y que le clavase la pluma así
que soltó el dibujo, dejándolo caer al suelo, no sabía
como hacer para no quedar como un imbécil delante de toda
esa gente.
Ashram tampoco dijo nada. Simplemente se agachó a recoger
la hoja. El otro pisándola y sonriendo de pronto. Segundos
antes de qué Ashram, furioso le sujetase el tobillo y tirase
de él para hacerlo caer de espaldas al suelo. Saltó
sobre él y le apoyó el metal de la plumilla bajo el
ojo. Luchando consigo mismo para no hundirlo hasta su cerebro.
– ¡Kiyoshi! ¡Tu hermano está peleándose
con alguien! – le avisó un chico de su clase al rubio.
– ¡¿Qué?! – Kiyoshi corrió
detrás del chico hacia donde se encontraba el moreno. –
¡Ashram! ¡No! ¡Detente! – Le gritó
asustado, agachándose a su lado. –Ashram...
–Deteneos... – aventuró Daniel, nervioso. Estaban
peleando, eso era obvio.
Ashram miró a Kiyoshi por unos segundos que le parecieron
eternos al chico bajo él. Levantándose finalmente
como si nada. Recogiendo la hoja arrugada y sucia, estirándola
acuclillado en el suelo sin querer mirar a Kiyoshi. Sabía
que iba a estar enfadado.
El pelirrojo se levantó rápidamente – ¡Estás
como una cabra! ¡Majadero! – le gritó histérico,
pasándose la mano por el cabello y caminando hacia la sala
de dirección para informar de aquello.
–Ashram... ¿estás bien? No... – se quedó
callado sin querer ponerlo en evidencia delante de todos. No lo
comprenderían. – ¿Por qué no me acompañas
un rato? Ven conmigo.
–No, esperad. –Daniel extendió una mano hacia
el frente como insistiendo un poco. – No sé qué
acaba de suceder pero... no le hagas caso a Kazama. No debió
quitarte eso.
Ashram lo miró de soslayo, levantándose –Si
me espero me llevarán al doctor. – les dijo Ashram,
que pretendía escaparse y comenzaba a mirar hacia la ventana.
– ¿Al doctor? – preguntó Daniel alterado.
–No es eso, está bien. – le aclaró Kiyoshi,
tomando al moreno de la mano. – Ven conmigo. – salió
corriendo, llevándoselo hacia fuera de la universidad. No
quería que se metiera en problemas.
Ashram salió con él, dejándose llevar y tirando
de él después, sujetándose al tejadillo del
gimnasio y saltando arriba, tendiéndole la mano a Kiyoshi
para subirlo con él. Se alejó por el techo hasta quedar
al cobijo de las ramas de los árboles y se sentó con
las piernas cruzadas mirando hacia sus hojas, ordenándolas
y alisando el dibujo sobre la carpeta.
– ¿Ese dibujo fue la causa, no? – le sonrió
el chico, un poco nervioso. Pero extrañamente le parecía
tierno. – No deberías ponerte de esa manera. Con un
buen golpe es suficiente.
–Yo sólo quería que me devolviera el dibujo
sin arrugarlo…– lo miró a los ojos y luego arrugó
él mismo el dibujo en su mano. Estrujándolo. –
Pero lo pisó…y no puedo golpearlo, él es más
fuerte.
– Pero igual, tú peleas mejor. Lo sé... –
lo observó curioso, tocándole la mano. – ¿Por
qué haces eso? Es un buen dibujo. Y... te gusta, ¿no?
–Ya no. – le dijo sin mirarlo. Pensando que era obvio
que él peleaba mejor, por eso no le golpeaba y simplemente
lo inmovilizaba.
– ¿Por qué no? ¿Te dijo algo? –
Kiyoshi frunció un poco el ceño por si acaso.
–Porque es cínico…– le dijo, dejando el
folio a un lado en el tejado. –Se estaba disculpando con Kazama.
Pero ayer me dijo que no lo soportaba.
– Tal vez tengas razón. Pero a lo mejor... –
sonrió un poco, echándose hacia atrás y apoyándose
en sus manos. – Cuando yo era pequeño, a veces Adan
me hacía disculparme con gente que no me agradaba. Pero él
decía que no tenía excusa para ser maleducado.
Ashram lo miró intrigado. –No lo sé, tal vez.
Pero da igual… No es importante.
–Bien, pero lo dibujaste. – sonrió, metiéndose
un poco con él, aunque suponía que no era el momento.
No sólo era eso, se había puesto de esa manera. Llevaba
años controlándose. Lo miró, recordando el
sueño, preguntándose si tendría algo que ver.
Pero no tenía sentido. Eso era un sueño suyo.
–Aki se fue ayer por la noche. – se recogió
las piernas con los brazos, apoyándose en sus rodillas.
– ¿Se fue? ¿A dónde? – le preguntó
preocupado de que hubiese reñido con Adan. Pero no dejaría
a Ashram así.
–Con Azrael a África – lo miró a pesar
de que apenas veía con el cabello delante de la cara. –Adan
se va a enfadar.
–No se lo diremos a Adan. Hum... – contestó
indeciso a sabiendas de que hacía mal. – ¿Por
qué se fue Aki a África? ¿Le sucedió
algo a Azrael?
–Le picó una araña venenosa. Llamaron al teléfono
a las cinco de la mañana. Entonces Aki cogió un avión,
Adan y él dijeron que ibas a tener que quedarte conmigo.
– ¿Una araña? – el rubio contuvo la respiración,
recordando su pesadilla de nuevo. No era posible. – Pe...
Pero está bien ¿verdad? Aki sólo fue porque...
Está bien, ¿no?
–No lo sé. – dijo, recordando como Aki le había
dicho que estaba mal, pero también como habían pensado
en que era mejor no decírselo a Kiyoshi aún –Pregúntale
a Adan…– murmuró, ya que no quería mentirle.
El rubio suspiró más asustado porque no le dijera
nada. Seguramente le habían dicho que no se lo contase. –
Vamos a casa, quiero ver a Adan. Debería llamarlo.
–Estará en el trabajo. – le dijo Ashram, a
juzgar por la hora que habían salido de la universidad.
–Lo sé, pero... – sacó su móvil
de todas maneras, no podía esperar. Al menos tenía
que preguntarle.

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