Capítulo
7
Life has just begun
Amanecer. África
Viernes, 22 de Mayo.
Aki le apretó la mano al chico, respirando aliviado, aunque
estaba cansado. Pero ya se veía mucho mejor, estaba respirando
con normalidad y la fiebre había desaparecido. – “Tienes
suerte, conseguiste que te picara una araña para que no pudiese
sacudirte...” – bromeó, susurrando por si dormía.
Azrael entreabrió los ojos y lo observó como si no
comprendiese lo que estaba viendo. Sonrió levemente sin poder
evitarlo y le tocó la cara como para asegurarse de que no
era un sueño. –Dime que no eres François y estoy
alucinando…– sentía la boca seca y como si le
hubiese pasado un tanque por encima.
–Sí, soy François y tengo un culito pequeño
y sexy. Ooh la la... – se rió en bajito el chico, pasándole
la mano por la frente luego como solía hacer cuando era pequeño
y le daban ardores. – Soy yo, Aki. Vine en cuanto pude.
–Ahg… ahora no me dejarás en paz hasta que
me vaya… tsk…– frunció un poco el ceño
al tratar de mover la pierna, moviendo los dedos y riéndose
ligeramente, levantando la sábana un poco. –Uf…
tengo dos…– se rió de nuevo, apoyándose
la mano en los ojos para ocultar que se le estaba empañando
la vista. No sólo por el miedo que había pasado si
no porque Aki hubiera ido allí por él. Después
de lo imbécil que había sido y del tiempo que había
estado sin ponerse en contacto con él.
– Sí, pero aún puedo alcanzarte así
que no intentes huir. – el pelirrojo le acarició el
cabello sintiendo que se le empañaba la vista a él.
– No me des esos sustos, Azrael.
El chico negó con la cabeza, apartándose la mano
de la cara una vez se hubo contenido las ganas. Mirando hacia otro
lado y riéndose sin ganas. –Me arden las ingles…
¿Por qué no me echas algo?– le preguntó
torciendo una sonrisa y jorobando.
–Te voy a echar de la cama como sigas. O ¿debo llamar
a François para que te atienda? – lo molestó
riéndose, aunque en realidad, el rubio había sido
muy amable desde el primer momento.
–No… seguro que tú enviaste a la araña
para no dejarme follar con François…– se rió,
pasándose la mano por la frente de nuevo y sentándose,
tirando de la sábana y sintiendo como si el mundo girase
y le golpease la cabeza al ponerse en vertical. Desechando la idea
de levantarse y quedándose allí sentado en el borde
de la cama. Estirando los brazos y moviendo las manos. – ¿Me
coges en brazos?– bromeó porque era del todo imposible.
– Tú lo dijiste, ya no eres un niño. Si te
cojo en brazos ahora, me aplastas. Tampoco tenías que crecer
tanto... – se rió, de todas maneras sujetando sus manos.
– Tuve que dejar a Ashram con Adan.
–Lo siento. – bajó las manos sobre sus piernas
y suspiró. –Pero yo no te mandé venir. –
levantó una pierna, mirando la venda que cubría el
corte, asegurándose de que aquello no había sido una
pesadilla. Aquel tipo sí le había metido un tajo.
Pero al parecer para salvarlo. – ¿Cómo está…n
todos? Tuve una pesadilla.
–No me estaba quejando, tonto. – suspiró, pensando
que nunca cambiaba. No por dentro, dijese lo que dijese. –
Todos están bien. Kiyoshi incluido. Seguro esta preocupado
por ti ahora. Y François dijo que eran normales, las alucinaciones.
–Pues si lo dice el francés… debe ser verdad.
– sonrió levemente, estirando las piernas en la cama
de nuevo porque le dolían aún. –Adan me matará.
– dijo, sin querer revelando que realmente deseaba regresar.
Después de aquello y de ver a Aki… no podía
resistirse.
–Es un doctor. – contestó sin percatarse de lo
que acababa de pasar hasta unos segundos después. –
¿Eso... quiere decir que regresarás? Vas a venir conmigo
¿verdad?
–No puedo ignorar el que hayas traído tu culo hasta
aquí sólo por mí ¿No?– se giró
para mirarlo a los ojos y apartó la mirada, apoyando los
codos sobre el colchón. –No es que tenga miedo de volver
pero…
– Pero... No hay nada que temer. Sólo regresarás
con las personas que más te quieren en el mundo. Y no digas
que vine “sólo por ti” como si no fueses importante.
Aún eres mi hermano, ¿verdad? – le sonrió,
moviéndole la mano.
–Vale, vale… que no somos Hansel y Grettel…–
el moreno le sujetó la mano para que no se la menease así
y se rió. –Quiero un cigarro…– miró
a un lado para buscar sus cosas sin mucho éxito. –Y
taparme la polla…
–No deberías fumar, pero sí taparte eso...
– se rió, alzándole la sábana hasta la
cabeza. – Y quédate en la cama, aún no estás
bien, Gretel. – se rió maldito.
–No, yo me pido ser Hansel… o mejor a Hansel y a ver
que hacemos él y yo. – se rió, bajándose
la sábana de nuevo hasta las caderas. –No me tapes
que tengo calor y me gusta exhibirme…
El doctor llamó a la puerta un momento antes de entrar.
–Azrael, ya veo que estás mejor…– dijo
aliviado, acostándolo de todos modos. Apoyando una mano en
su pecho y haciendo que el chico lo mirase fijamente.
–Eso es porque me estabas cuidando tú…–
el moreno le sujetó la mano, besándosela y haciendo
que el rubio enrojeciese y aún más al tener público.
–Así que no hagas lo que creo que vas a hacer…–
remató luego, asesinando el romanticismo.
François suspiró con fuerza, negando con la cabeza.
–No seas pesado, no duele.
–Una mierda… lo odio.
–Yo te odio a ti y tengo que aguantarte…– mintió
el joven chico. Pinchándole en una nalga y diciéndole
a Aki. –Siempre igual con las inyecciones, ¿sabe? ¿Es
un familiar?
–Sí, soy su hermano mayor, aunque no lo parezca.
– sonrió sin aclararle más por si acaso lo echaba
cuando descubriera que no eran hermanos de sangre. – Es que
Azrael prefiere pinchar que ser pinchado.
–Prefiero clavar y odio que me la claven, no es cuestión
de preferencias… ¡ay!…– se tocó la
nalga porque encima el rubio le había dado una palmada.
–No llores Azrael…– le dijo para meterse con
él.
– ¿Cuándo me puedo ir?– preguntó
el moreno.
– ¿Te vas?– el rubio lo miró bastante
más serio de lo necesario en esos casos.
– Sí…– contestó el chico, mirando
a Aki luego, incómodo por la reacción del doctor.
– Puedes irte cuando quieras, pero tendréis que seguir
administrándole estas inyecciones unos días. De todos
modos, Azrael, tal vez deberías estar en cama un poco más…
–No se preocupe, doctor. Yo puedo cuidarlo, lo he hecho desde
que era un enano y ya ve... creció bien. – sonrió
el pelirrojo, comprendiendo lo que sucedía allí. –
El resto de su familia lo está esperando. ¿Es absolutamente
necesario que continúe en cama?
–No… supongo que el peligro ya ha pasado. – se
fue hasta uno de los armarios, apoyándole la ropa sobre la
cama.
–Procura no apoyar esa pierna demasiado. – le dijo,
saliendo demasiado rápido de la habitación.
Azrael lo siguió con la mirada y luego sonrió. –Joder,
qué mala hostia.– apartó la sabana para ponerse
la ropa interior.
–Eres un rompe corazones, Azrael... – le reprendió,
aunque le hacía algo de gracia. Suponía que no era
bueno reírse de esas cosas. – Te quedaras con nosotros
por ahora. Y no quiero protestas.
–Estaba entre esa opción o quedarme en la calle, pero
se pasa frío…– se rió, poniéndose
los jeans a la pata coja y sentándose de nuevo. Colándose
la camiseta ajustada blanca. – ¿Es qué te quieres
ir ya mismo? No tenemos billetes…y tengo que coger mis cosas…
que como mucho serán dos maletas. – lo miró
fijamente, aún sintiendo como si aquello fuera otro sueño.
De pronto volvía. Con Aki no le daba tanto miedo. –Se
rompió el corazón él sólo, yo le dije
que era sólo un polvo. Ni siquiera fue eso, me picó
la araña a punto… cabrona. – se rió, quejándose.
–Me hubiera gustado follármelo antes de irme. Pero
así no puedo, no conseguiría estar a la altura con
una sola pierna y las migrañas que tengo.
Aki le dio una palmada en la cabeza a modo de regaño. –
Voy a terminar agradeciéndole a la araña esa. No sé
de donde aprendiste esas cosas, Azrael.
– ¿Qué cosas?– preguntó el chico
pasándose la mano por el cabello. – ¿A disfrutar
la vida? Lo aprendí yo sólo, a base de palos.
El pelirrojo se puso serio, suspirando y recostándose contra
la silla. – A disfrutar de la vida ¿eh? Iré
a comprar los billetes. Ya pasaremos a buscar tus cosas luego.
–Eh…usa el teléfono. – Azrael le apoyó
la mano en el hombro para retenerlo con él. –Y vamos
a recoger mis cosas.

Continua leyendo!
|