.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 6
Delirium

Noche.
Jueves, 21 de Mayo

Todo era oscuridad. Sólo podía ver siluetas, las formas de aquel lugar, pero no parecían muebles. Kiyoshi se giró sobresaltado al sentir que alguien le tocaba el hombro. Sonrió nervioso antes de enfocar la mirada, balbuceando a la vez que sujetaba aquella mano. – Lo siento, es que no sé... ¡Ah! – El chico saltó hacia atrás soltando la mano, la mano... que sólo era una mano. Allí no había nadie, sólo esa mano... Se giró de nuevo, echando a correr espantado, sin pensar, intentando buscar alguna salida.

Pero sus pasos se hicieron inseguros a medida que sus pies comenzaban a hundirse en un suelo blando y chapoteante. La humedad comenzaba a empapar sus ropas y sus pies descalzos resbalaban en algo viscoso. Se cayó hacia delante sin oportunidad a reaccionar ante aquello que se enroscaba en su tobillo. Sus manos rebuscaron angustiadas acertando a tocar un mar de sangre y vísceras, sujetó un ojo con la mano, aproximándolo a su rostro sin percatarse de lo que era.

Parpadeó observándolo, gritando de nuevo al comprender lo que estaba sujetando, más aún cuando el ojo se movió en su mano como si estuviese vivo, deslizándose por su brazo hasta caer de nuevo en aquel líquido viscoso. El rubio intentó ponerse de pie, resbalando y volviendo a intentarlo pero cada vez que intentaba escapar parecía hundirse más. – ¡Azrael! – le llamó sin siquiera darse cuenta, reaccionando ante su terror, desesperadamente intentando salir de allí, gritando y hundiéndose cada vez más profundamente hasta que el hedor a sangre coagulada penetró por sus fosas nasales. Inundando sus orificios y ahogándolo.

Una mano se hundió en el medio de aquella ansiedad, tratando de asir la del chico. Tirando de él hacia arriba.

Kiyoshi se asió a esa mano, sin pensar en lo que encontraría al salir, sólo en que no quería ahogarse así. Jadeó, sintiendo el sabor de la sangre en sus labios, y limpiándose desesperado, asqueado, apartándose un poco antes de comprender que se trataba de Ashram. Se abrazó a él, temblando, intentando recuperar el aliento lo suficiente para poder hablar. – ¿Dónde estamos? ¿Qué es esto?

–Tú no deberías estar aquí…– Ashram se dejó abrazar y le sujetó un brazo con delicadeza. –Esto es el infierno.– contestó rotundo. Sacando la katana de su espalda y apoyándola tras la de Kiyoshi en una especie de abrazo protector.

“Señor de las moscas.”

De nuevo la voz de su maestro llenó por completo todo. Una tenue luz iluminando tan sólo lo suficiente para que las paredes que los rodeaban se revelasen como viscosas y blandas. Palpitantes, con vida como las entrañas de algún gigantesco ser que se los hubiese tragado.

Entre la carne roja y descarnada podían vislumbrarse agujeros que se movían lascivamente, contrayéndose y distendiéndose. Comenzando a revelar lo que parecían ser grandes bolas rojizas que pronto se presentaron como las cabezas de seres despellejados. Se empujaban con sus manos de uñas afiladas como garras para salir de entre la carne que los atrapaba. Caían al suelo con ruido morboso, arrastrándose hacia ellos sin piernas y abriendo sus bocas gigantescas para dejar salir el zumbido de las moscas que se abalanzaban ahora en una nube negra.

– No, no... No estamos muertos... – protestó Kiyoshi, aferrándose al moreno, aún así intentando que se levantase, intentando escapar hacia algún lado, aunque las paredes los rodeaban. Las moscas se abalanzaron hacia ellos, cortándoles el paso por completo, el chico manoteando, intentando quitárselas de encima, sintiendo cómo intentaban meterse por sus oídos, por su nariz, ya ni siquiera podía abrir la boca para gritar o los ojos para ver hacia dónde se dirigía o cómo estaba Ashram.

Ashram se sacudió el cuerpo y la cara, tratando frenéticamente de quitarse aquellos seres repugnantes de encima. No comprendía por qué estaba Kiyoshi allí, pero sin duda era su culpa. Se quitó la camiseta, sintiendo la angustia de aquellos seres subiendo por su cuerpo, pegándose a su piel por completo. Deseando gritar por la desesperación y temblando mientras apartaba los insectos del rubio y le cubría la cara con su ropa.

No podía pensar en qué hacer, no sabía cómo huir con aquel lastre a cuestas y a la vez lo más importante para él era protegerlo. Aún y si simplemente era una pesadilla, debía protegerlo.

Bajó la katana de golpe al sentir algo en su pierna. Uno de aquellos seres había llegado a sujetarlo. Apretó la mano de Kiyoshi y tiró de él para hacerlo correr sin rumbo fijo. Simplemente huyendo de las moscas.

El rubio se sacudió, corriendo con él, agitado. No comprendía nada, ¿qué lugar era ese? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué? – ¡Ashram! – le gritó al observar lo que se encontraba frente a ellos. Filas y filas de lanzas apuntando al oscuro cielo, como si de un macabro campo de batalla se tratase, los cuerpos retorciéndose aún, clavados en ellas, dejando un rastro de sangre y putrefacción al deslizarse. Kiyoshi continúo corriendo de la mano de Ashram, al que no parecía afectarle tanto aquello.

Los cadáveres intentaban sujetarlos, tirando de su cabello, su ropa, algunos siendo atacados por las moscas también a su paso.

El moreno les cortó los brazos con poca o ninguna consideración. Llevándose las astas de madera, las piernas, cercenando todo lo que tratase de retenerlos un segundo más en aquella pesadilla.

Los miembros caían a su alrededor, rebotando sobre ellos sin que el ritmo de la escapada se detuviese. Las lanzas se hundieron de pronto en la tierra, los cuerpos cayendo en una montaña mórbida y viva por los estertores. A su alrededor se iban acercando personas de rostros pálidos y cadavéricos, la mirada perdida mientras aplaudían muy despacio y al unísono mientras los iban cercando. Ashram podía reconocerlos. Podía reconocer a quienes había matado a la perfección. Se detuvieron para mostrarle los agujeros vacíos de órganos que el chico había arrancado.

–Tendré que arrancarte los testículos y comérmelos para tenerlos de nuevo yo…– alzó la mano uno de los cadáveres que estaban pisando, sujetando entre las piernas del rubio.

– ¡No!– el rubio pateó con todas sus fuerzas, casi cayendo al suelo por el impulso, y evitándolo a duras penas, temblando, pegándose a Ashram. Aquellos pálidos seres seguían acercándose, sus carnes cayendo de los huesos como si no se hubiesen movido en años, esperando. Sus voces cada vez más claras, repartiéndoselos en una especie de subasta macabra.

– Yo quiero su corazón...

– Yo quiero sus ojos...

– Su lengua...

El chico retrocedió un poco más, apretando el brazo del moreno. En esos momentos le hubiera gustado haber desobedecido a su hermano, haber aprendido a usar un arma.

– Kiyoshi... No me lo negarás a mí, ¿verdad?

El rubio alzó la mirada ante el descompuesto rostro de su padre, la piel putrefacta, sus entrañas abiertas, pulsantes por los gusanos que se movían en ellas.

Ashram movió su brazo rápidamente y le arrancó la cabeza. La misma rebotando entre los cuerpos sin que el sonido de las moscas opacase aquellas voces. Ahora suplicantes, cada vez más ruidosas, implorando. Exigiendo. El moreno se defendió como pudo, a golpe de espada contra todos los que se acercaban. No, eran demasiados. Eran muchos, no podía con todos.

Siguió retrocediendo y haciendo a Kiyoshi dar pasos hacia atrás a su espalda. – Confíteor Deo omnipoténti… beátae Maríae semper Vírgini, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum… Confíteor Deo omnipoténti… beátae Maríae semper Vírgini, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum…– la oscura voz de Ashram se repetía una y otra vez. Tratando de salir de allí, implorando de nuevo a Dios. Pero esta vez no parecía haber escapatoria. –Él no se merece el infierno. – murmuró, tratando de apartarlos aún como podía pese a que no morían y sus miembros se aferraban reciamente a ellos. Se cayó hacia atrás sobre Kiyoshi.

El rubio intentó atraparlo, sintiendo el golpe contra el suelo al caer, seguro de que iban a morir ahora. Pero súbitamente todos aquellos seres habían desaparecido, el cielo se divisaba azul. – Ashram – susurró, entrecerrando los ojos ante la luz que parecía alcanzarlos.

El chico se giró en el suelo. Cogiendo la camiseta que le había prestado a Kiyoshi y tapándose rápidamente con esta. Sujetándole la mano de nuevo y llevándolo con él hacia las rocas rojizas buscando la sombra. El calor haciéndose cada vez más incesante e insoportable a gran velocidad. –Es mi culpa, es mi culpa que estés aquí. – repitió el chico angustiado. Enfundando de nuevo la katana y notando que la funda negra de flores de cerezo quemaba al tacto de la yema de sus dedos.

La hierba comenzó a amarillear y secarse. Se cuarteaba levantándose como piel seca.

– No es tu culpa... – contestó Kiyoshi, sintiéndolo así, aunque no comprendía. No comprendía y no quería pensar mucho en lo que acababa de ver. Estaba respirando con dificultad gracias al calor. – No recuerdo... cómo llegué aquí. Tenemos que salir.

–Estás en mi pesadilla, no puedes salir físicamente. – le dijo el chico, que pese a que no comprendía nada, sí estaba muy acostumbrado a que aquella clase de visitas al infierno terminasen tan sólo cuando se despertaba.

Se lo llevó con él de la mano hacia una cabaña de paja y lodo que podía ver cerca. Pasó al interior con la katana desenfundada de nuevo. Observando a su alrededor. Estaba completamente vacío salvo por una enrome mancha de sangre seca que mojaba la tierra.

Kiyoshi se pasó la mano por el cabello, echándoselo hacia atrás, aún pegajoso por la sangre de aquel infernal charco. – Pero si esta es una pesadilla, puedes despertar. – le pidió asustado, no comprendía cómo podía estar en la pesadilla de otro. ¿Y si despertaba y lo dejaba allí? ¿No sería su propia pesadilla acaso? No tenía sentido. Se agachó en una esquina sintiéndose como un niño pequeño de nuevo, observando aquella mancha fijamente, como vigilándola.

La tierra comenzó a moverse ligeramente. Unas patas aguijoneadas y negras saliendo de entre la misma y horadando poco a poco el agujero hasta dejar salir una araña roja y negra.

Ashram la atravesó con la katana antes de que Kiyoshi se levantase asqueado. –No puedo despertarme, hazlo tú si sabes.

Pero el rubio dejó escapar una risita, demasiado afectado ya. – No sé cómo, quiero despertar. – pidió, como si alguien estuviera controlando aquello, metiéndose una bofetada finalmente para ver si con eso lo conseguía. La tierra estaba temblando de nuevo. No, toda la cabaña.

Ashram se agachó a su lado y le cogió la mano. Negando con la cabeza. –Haciéndote daño no saldrás…– se apoyó con la otra mano en el suelo para mantener el equilibrio. Percatándose demasiado tarde de que se había apoyado sobre el cadáver del insecto. La alzó, pero ya no estaba allí.

Soltó a Kiyoshi de pronto, sacándose el guante aparatosamente. Movido por la angustia. Observando como se colaba ya por completo entre su carne por el orificio reabierto de su cicatriz en forma de cruz invertida. Dejó salir un gemido de desesperación entre los labios, arañándose la piel y sintiendo como corría bajo esta. La piel de su brazo se movía y levantaba al paso del insecto, sus uñas levantaban la piel tratando de sacar a aquel ser que le aterraba mientras su brazo se iba cubriendo con su propia sangre.

– ¡Ashram, no! – el rubio le sujetó la mano, evitando que siguiese haciéndose daño él, horrorizado. Tragó con fuerza, reuniendo todo su coraje aunque en realidad se esforzaba por no temblar como una hoja. Le arrancó un trozo de camiseta atándola en su brazo, sin saber si aquello resultaría y tomando la mano del chico con la katana, pidiéndole. – Ayúdame... – ya que no estaba seguro de poder levantarla solo. Rezando ahora sí, por no hacerle daño, intentando hacer aquel corte ligero para sacar el insecto. Estaba más asustado que nunca, su corazón latiendo con demasiada fuerza.

Ashram le sujetó la mano, la suya propia temblando y el sudor resbalando por sus labios mientras le ayudaba a acercar la hoja. –Corta…– le pidió, bajando el filo con él hasta hundirlo en la carne, atravesando parte del insecto en la operación y sacándolo luego fuera de su cuerpo con brusquedad y urgencia. Sin preocuparse en absoluto por el posible dolor.

Ambos de giraron de pronto. Como saliendo de su ensimismamiento provocado por el terror al sentir las llamas que rodeaban la pequeña cabaña. Ashram se levantó de golpe. Arrastrando a Kiyoshi con él al notar que las arañas salían ahora más y más, por cientos como alertadas de la catástrofe que el fuego provocaría. No… no podía más, no podía salvar a Kiyoshi. Morirían los dos por su culpa.

.................

– ¡Aki!–las manos de Azrael se sujetaron a la cama del hospital, temblorosas al igual que su cuerpo entero. Temblando empapado en sudor por las fiebres que le provocaban su delirio.

–Azrael…– François le refrescó la frente tras inyectarle de nuevo. Preguntándose a quien llamaba y si debía tratar de buscar un teléfono por si el chico no conseguía sobrevivir.

.................

Aki protestó, murmurando a saber qué cosa al ver que el teléfono no dejaba de sonar. Era inconcebible que llamasen a esas horas. Finalmente se levantó a contestar ya que no quería que se levantase Adan. – Aki... eh, sí soy yo... ¡¿Cómo?! ¡¿Azrael?! – exclamó, despertándose de una vez, el corazón retumbándole.

Adan se apoyó en una mano, encendiendo la luz de la mesilla y mirando al pelirrojo a su lado. A la vista estaba que no era nada bueno. Miró la hora. Las cinco de la mañana.

–No suelen sobrevivir ni siquiera las primeras veinticuatro horas, pero él está resistiendo. De todos modos no puedo asegurarle que sobreviva. – François miró hacia la cabaña donde estaba el chico con un enfermero. –He pensado en llamarle porque no dejaba de gritar su nombre.

– No... ¡Que no puede ser! ¿No puede hacer algo? Haga algo. Dígale que resista, voy para allá. – le avisó al médico, moviéndose de un lado a otro con el teléfono aún en el oído y observando a Adan – Lo picó una araña, a Azrael. Está mal.

– ¿Una araña?– el moreno le sujetó la muñeca. – ¿Vas a ir?– le preguntó más que nada pensando en Ashram, no podía salir del país y no le parecía que fuese un buen momento para dejarlo solo en casa cuando él trabajaba.

–Señor…Aki…– el doctor lo llamó al sentir que no estaba al teléfono. –Yo estoy haciendo todo lo posible. – le dijo al notar que se había puesto de nuevo. –Puede venir si lo desea, pero realmente no puede hacer nada por él…

–Claro que puedo hacer algo por él, puedo estar allí. – suspiró, intentando controlarse. Era la segunda peor llamada de su vida. – Lo siento, sé que no tiene la culpa. Dígale... dígale que me espere. – le pidió colgando y girándose. – Tengo que ir, Adan.

– Está bien pero ¿Dónde vas ahora? No va a haber un vuelo especialmente para ti esperando en el aeropuerto. Tendrás que comprar mañana el billete…– le apoyó la mano en la cara y le apretó un poco la mejilla. –Va a estar bien.

– ¿Y qué si no? Quisiera...quisiera que hubiese un vuelo ahora. – apoyó la frente contra el hombro del moreno, cerrando los ojos, sintiéndolos llenarse de lágrimas. No podía dejar de pensar en esas palabras “las primeras veinticuatro horas.”

Adan suspiró con fuerza. Nunca podían tener una vida normal, era increíble. Cogió el teléfono y llamó a la operadora para pedirle que le pusiesen con la agencia de viajes. – ¿Queda algún billete para volar a África?– preguntó atendiendo a lo que la mujer le explicaba. –Sí, de acuerdo…resérvelo. Solo uno, gracias.– colgó el aparato y le alzó la cara un poco para que lo mirase a los ojos. –Sale en dos horas, tienes que ir solo. Alguien tiene que estar con Ashram.

– Gracias, Adan. – le sonrió, aunque con aquel gesto de tensión aún en el rostro. Ashram, no había pensado en él. – ¿Puedes? ¿Podrías encargarte? Volveré tan rápido como pueda, te lo prometo, con Azrael. –suspiró, estrujándose el cabello, intentando pensar en algo. Adan tenía que trabajar. – Podríamos pedirle a Kiyoshi que se quede aquí por unos días. Ashram lo escucha.

–Sí, no te preocupes, ya me encargaré de eso. – se levantó y subió sobre una silla para bajar la maleta de arriba del armario para que metiese unas cuantas cosas. –Tú quédate el tiempo que necesites. Venga, vístete, te llevaré en coche y despierta a Ashram, no podemos dejarlo aquí solo.

– Vale, gracias Adan. – le besó la mejilla dirigiéndose a la habitación de Ashram y sentándose a su lado para no asustarlo. No tenía buena cara y se veía agitado. – “Ashram...” – lo llamó, intentando despertarlo sin sobresaltos, tal parecía que todo le caía encima a la vez.

Ashram lo miró de soslayo porque ya estaba despierto desde hacía un buen rato. Se había dado cuenta de que se había clavado tanto las uñas en su sueño contra el brazo que las tenía llenas de sangre al igual que la manga de la camiseta, y no quería que su hermano lo notase, así que no se movió.

– Azrael está mal, lo picó una araña. Así que tengo que ir con él, ¿comprendes? – le pasó la mano por el cabello intentando permanecer tranquilo. – Siento despertarte, pero tienes que venir al aeropuerto con nosotros. Adan se encargará de todo, le pedirá a Kiyoshi que venga a quedarse contigo mientras no estoy. ¿Está bien?

–Sí. – el moreno se levantó, metiéndose en el baño para vendarse el brazo antes de salir y ponerse otra camiseta. Una araña… –Es el demonio. – susurró lavándose las manos sin gesto en el rostro.


.................

– Ya hablé con Ashram. Está bien. – Aki entró en su habitación de nuevo, apresurado, metiendo más cosas en la maleta sin fijarse mucho. Lo que quería era estar junto a Azrael tan pronto como le fuese posible.

–Vale, contestó el moreno agobiado por quedarse a solas con el chico y preguntándose si debía hablar o no con Kiyoshi acerca de aquello. No le iba a quedar más remedio si necesitaba que pasase unos días con ellos cuidando de Ashram.

– Vamos... me estoy volviendo loco esperando aquí. – le contestó el pelirrojo, sujetando su mano y apretándola. – Va a estar bien. – repitió como convenciéndose.

–Claro que sí, es un chico fuerte, no le va a matar el veneno de una araña…– le aseguró, aunque no estaba tan seguro por desgracia. – ¿Crees que debería llamar a Kiyoshi?

Ashram los observó desde fuera del marco de la puerta. –Llámalo. – le dijo pese a que no era normal tratándose de él. Pero estaba preocupado.

Adan lo miró extrañado. –No, creo que será mejor dejarlo dormir.

–Tal vez está despierto. – le dijo Ashram.

– ¿Estás nervioso, Ashram?– le preguntó Adan cogiendo la maleta de Aki y dirigiéndose a la puerta. Ashram observando el teléfono un momento y rechazando la idea de usarlo.

–No, estoy bien.

Aki le acarició el cabello, imaginando que estaba preocupado, aunque no lo quisiese admitir. – Es mejor dejarlo dormir. Sólo se preocupará y no podrá hacer nada. Y tal vez cuando despierte, Azrael ya esté bien.

–Bueno. – contestó Ashram, caminando en silencio y metiéndose en el coche, aunque le desagradaba terriblemente. Se encogió sobre el asiento contra una de las puertas traseras.

–Pero mañana tendré que decírselo, necesito que se quede con Ashram por la tarde.– le dijo Adan. Suspirando con fuerza y girando la llave del coche.

–Puedo estar solo.– le contestó el chico que no comprendía por qué lo trataban como si fuera a romperse.

–No, y tienes que ir al médico mañana. Si no hay alguien contigo no irás…– le riñó el mayor, observándolo por el reflejo del retrovisor.

–No…– admitió Ashram mirando por la ventana.

–Quiero que le hagas caso a Adan y a Kiyoshi en mi ausencia. Y dale una oportunidad al médico, por favor. – le pidió, mirándolo agobiado. No era el mejor momento, pero confiaba en que estaba prestando atención.

–Sí…– contestó molestándose por adelantado y mirándolo de soslayo a ver si ya lo dejaba en paz.

Adan suspiró y detuvo el coche frente al aeropuerto. –Vamos Ashram. – le avisó cogiendo la maleta y entrando en el recinto con Aki y el chico. –Coge el billete… y date prisa que se ha hecho tarde…

El pelirrojo se apresuró, acercándose al mostrador. – Sí, llamamos hace un rato. Un billete a nombre de Adan Adler.– esperó a que la chica buscase pacientemente en su ordenador antes de encontrarlo sonriendo con toda la tranquilidad del mundo.

– Sí, aquí está. – le dijo entregándoselo. –Dentro de poco llamarán para que aborde, que tenga un buen viaje.

– Gracias. – sonrió el pelirrojo, recordándose a sí mismo que ella no tenía la culpa y suspirando, tomando el billete antes de regresar junto a Adan y Ashram. – Lo mejor será que me suba ya. Llamaré en cuanto haya visto a Azrael.

–Vale. – Adan lo sujetó tras haber colocado el equipaje y lo abrazó con fuerza antes de besarlo con suavidad. –Ten cuidado, mejor llámame en cuanto aterrices y luego de nuevo. ¿Vale?– le pidió preocupado.

Ashram lo miró y dio un paso adelante ligeramente nervioso. –No quiero que te vayas. – confesó al fin, aunque su rostro seguía usualmente serio.
–No pasa nada Ashram, solo serán unos días. – Adan lo miró y suspiró. –Vamos, vete.

–Estaré de vuelta antes de que te des cuenta. – Aki abrazó a Ashram y luego a Adan, besándolo en los labios. – Gracias, te llamaré al llegar entonces. – se alejó apresurado ya que por una vez en su vida sí le interesaba no llegar tarde.


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