Capítulo
5
I should die before I wake
Primera hora de la tarde. Residencia de los Adler
Jueves, 21 de Mayo
– Ashram, casi matas a Adan de un infarto, ¿sabes?
De nuevo... – se rió el pelirrojo porque aquello jamás
dejaba de hacerle gracia y porque quería que Ashram se relajara
un poco, aunque nunca sabía si se relajaba o no.
– Quería dormir contigo, tú me dejabas. –
le dijo, molestándose y mirándolo de pie frente a
él.
– Ya lo sé... – suspiró, colocando su
mano sobre la cabeza del moreno y mirándolo a los ojos. –
Pero creo que sería más sencillo si llamases a la
puerta... – le aclaró a pesar de que a él no
le desagradaba del todo encontrarse a su hermano de aquella manera.
Pero no quería que Adan se llevase una idea equivocada.
–Si llamo a la puerta te despertaré. – cogió
su carpeta y se sentó contra la pared, al lado del sofá
de la sala. Sin querer dar muestras de que se estaba molestando
más.
–A mí no me molesta. La idea es que Adan sepa que
estás allí. – suspiró, sentándose
a su lado y mirándolo. Realmente Adan era muy comprensivo
con todo aquello, mucho más de lo que podía esperarse
de él. Tenía suerte, pero no podía abandonar
a Ashram, no quería hacerlo. – Eh, no me pongas esa
cara. Mejor dime por qué fuiste a mi cuarto.
–Tenía una pesadilla…– le mostró
las hojas en su carpeta. –A Kiyoshi le parece interesante.
– ¿Se la contaste? – le preguntó malentendiendo
y observando los dibujos consternado. – ¿Esta es tu
pesadilla? ¿Significa algo para ti?
–Sí… que tengo las manos manchadas de sangre…y
que me espera el infierno. – le dijo. Mirándolo a los
ojos después, igual de impasible.
– ¡No digas eso! – Aki se exaltó, bajando
la voz luego, recordando que a Ashram no le gustaba. – No
digas eso... Lo siento, no quise gritarte. – continuó
mirándolo, tratando de hacerle comprender contra toda posibilidad.
– No vas a ir al infierno. Eres bueno, no importa lo que haya
sucedido antes.
–Claro que importa, Aki. Además, no me arrepiento
de lo que hice. Ya te lo he dicho muchas veces. – se apoyó
en el sofá con la cara. Pensando que siempre le gritaba y
se enfadaba con él, además, nunca comprendía
nada. –Me siento muerto. Estoy muerto.
– No lo estás, estás vivo. Por eso puedes continuar.
– le riñó, frunciendo ligeramente el ceño,
su voz denotando lo que realmente sentía. – ¿No
eres feliz con nosotros? ¿Conmigo?
–Si te digo que no te pondrás a llorar…
–No tienes que decir nada. Ya sé la respuesta. –
murmuró, en efecto con ganas de llorar, pero aguantándose.
– Te quiero, Ashram, quiero que seas feliz. Y no pienso rendirme
nunca.
–Ya lo he notado…– el moreno lo miró serio
y le sujetó la mano, aunque aún tenía las suyas
manchadas de arcilla. –Me siento vacío… no valgo
para nada ya.
–Eso es una tontería. Vales para mucho. Vales para
mí. – le sonrió un poco, apretando su mano.
Nunca iba a dejar de odiar a esas personas por lo que le habían
hecho a Ashram, pero eso tampoco valía para nada. El que
se sentía impotente era él. – ¿Te cansa,
que no me rinda?
–No, es agradable. Sé que es porque me quieres, yo
también te quiero. – entrecerró un poco los
ojos sin levantar la cabeza del sofá. –Aunque hoy hubiera
querido matar a alguien…
– Ya sabes lo que diré. – suspiró Aki,
rodeándolo con un brazo, comprendiese o no. – ¿Por
qué?
–Porque me llamó pirado delante de alguien que parecía
un ángel… Pirado es un insulto ¿Verdad?
–Sí, pero no matas a las personas porque te insulten.
Sólo insúltalo de vuelta. – le aconsejó,
seguro de que no era una buena idea, pero seguía siendo mejor
que matarlo. – ¿Quién parecía un ángel?
–Hay que tratar a las personas como te tratan a ti y ser
implacable con tus enemigos. No puedes ajustarte sólo a las
normas que a ti te parezcan. O pones la otra mejilla u ojo por ojo,
Aki. – lo miró a los ojos de nuevo. Aki siempre se
confundía.
– Pero eso es del viejo testamento. Y el nuevo está
para corregir. “Perdona a tus enemigos...” – bromeó,
ya que no era tan creyente, tocándole la mejilla después
con una mano. – No me hagas caso, pero si dices que hay que
tratar a los demás como te tratan a ti, lo que yo dije tiene
sentido: te insultan, tú insultas, punto. No hay necesidad
de derramar sangre.
–Aki…– el moreno lo miró, de nuevo pensando
que siempre se confundía. –No entiendes nada. Hay que
tratar a las personas como te tratan a ti y ser implacable con tus
enemigos, forma parte de la filosofía satánica. No
puedes decirme que lo insulte porque me ha insultado y luego decirme
que está mal que no sea implacable con él. De todos
modos da igual. No lo maté, ya sé que te pondría
triste, pero le golpeé la cabeza con una goma…
Aki se rió sin poder evitarlo, negando con la cabeza. –
No me río por eso, por lo de la goma... eso. Y no mates,
porque entonces te llevarán de mi lado. Ya fue difícil
que me permitieran tu custodia. Olvídalo... – sonrió,
pensando en el detective Sven y preguntándose cómo
le estaría yendo con el retiro. Seguramente seguía
igual de necio. Pero a veces tenía ganas de consultarle,
por extraño que fuera. – Ashram... el diablo... Lucifer
mismo te dijo que te portases bien, ¿no? Así que no
importa si no comprendo...
–No, no importa, de todos modos nunca has comprendido. –
lo miró de soslayo, alerta por si iba a alzar la voz. –He
visto a mi maestro en el sueño.
– Dios... olvídalo. – el pelirrojo lo miró,
sintiendo aquel odio de nuevo y sujetando la mano de Ashram. –
Él no es nadie, nunca lo fue. – le aseguró,
deseando tener el poder de hipnotizarlo, pero lo único que
se le ocurría era algo que Ashram rechazaría de pleno.
A pesar de eso no podía hacer otra cosa, no era tan iluso
como para pensar que un abrazo o unas palabras de cariño
lograrían la magia.
–No lo puedo olvidar porque tengo pesadillas…–
le dijo. Pensando que era obvio, tampoco era como que estuviese
pensando en él por iniciativa propia. –Al final del
sueño vi un ángel, recé… y dejé
de ahogarme.– susurró, ya que se sentía extraño
de contar eso. De hecho no se lo había dicho a Kiyoshi, no
quería hablar de ello con nadie que no fuera a Aki.
– ¿Ves? Se supone que los ángeles pueden redimirte,
Ashram. – le sonrió levemente, imaginando que aquellos
eran los verdaderos deseos del moreno. – Tengo que... Quiero
pedirte que hagas algo por mí. Sé que no te gusta,
pero necesito que vayas al médico de nuevo.
– ¿Por qué?– preguntó serio. Pensando
en que no iba a contarle acerca de sus pesadillas nunca más.
– ¿Es porque te lo ha dicho Adan?
– No, es porque quiero ayudarte. Porque no sé qué
más hacer. No me mires así. – suspiró,
pensando que siempre metía la pata con él. –
Puede ser bueno. Todo lo que tienes que hacer es ir... no pasa nada,
¿verdad?
–No pasa nada…– repitió el chico. No le
gustaba poner triste a Aki. –Pero no servirá de nada,
sólo dicen tonterías para gente normal.
– Bien, pero me hará sentir mejor. – le apretó
la mano de nuevo con suavidad. – Tú me protegiste todo
ese tiempo. Ahora quiero protegerte yo, aunque sea de esta manera.
–Bueno, aún te protejo. – lo miró a los
ojos y se movió un poco para apoyarse en su hombro. –Los
ciegos pueden modelar aunque no ven nada.
– ¿Qué... ciegos? No estoy entendiendo algo
de nuevo, ¿verdad? – se rió en bajito, preguntándose
si sería una metáfora, a la vez que acariciaba el
cabello de Ashram. – Ya sé que me proteges.
–Los ciegos, pero estaba hablando de alguien que conocí
en clase de Kiyoshi. Me fui a su clase, porque estaba enfadado,
y conocí a alguien que fue agradable conmigo porque no podía
verme… supongo.
–Las personas pueden ser agradables contigo aunque te vean.
Yo te puedo ver, y Kiyoshi y Adan y Azrael... – sonrió
de nuevo sin dejar de acariciarlo. – ¿A ti te agradó
esa persona?
–Sí, era bueno. Hacía un corazón con
alas. Y no es lo mismo, porque vosotros… – se quedó
callado, meditando en como decir aquello. –Sois especiales.
–Tú también eres especial. – le revolvió
el cabello cariñosamente y casi sin darse cuenta de lo que
hacía. – Me alegra que hayas conocido a alguien así.
– lo alentó, ya que le parecía que el interactuar
con otras personas debía ser positivo para él.
–No lo conozco, sólo hablamos un poco, pero creo que
lo enfadé, aunque me dijo que no.– cerró los
ojos porque le ponía todo el flequillo delante, aún
así sin sacarse de debajo de su mano. –A Adan no le
gusta que vaya despeinado.
–Pero Adan no sabe nada de modas... – se rió,
metiéndose con él en su ausencia. – ¿Por
qué crees que lo enfadaste?
–No entendí. – le dijo, refiriéndose
a lo de las modas y prosiguiendo, no parecía importante.
–Porque me dijo “Ashram…”
– Pero no te iba a llamar Pedro... – se aguantó
la risa para que el moreno no pensase que se reía de él.
Lo cierto es que le gustaban estos momentos, casi podía pretender
que todo estaba bien.
–Aki…– Ashram se levantó, suspirando con
fuerza. –Se llama Daniel, tiene nombre de ángel…
es así. – le mostró un dibujo en un folio. –Más
guapo que aquí. – dijo después, mirando su propio
dibujo con algo de desaprobación ya que allí se veía
oscuro.
– Pues sí, es bastante guapo. – asintió
a pesar de que no era su tipo, pero ahora se preguntaba si era el
tipo de Ashram. Lo miró sonriendo sin poder evitarlo.
– ¿Por qué te ríes?– apartó
su dibujo, mirándolo él mismo y luego guardándolo
–No.– sentenció, marchándose para ir a
buscar su katana y practicar afuera. Ya se imaginaba lo que estaba
pensando. Lo mismo que Kiyoshi. Los dos estaban siempre metiéndose
con él.
– ¿No? Sí... – sonrió, eligiendo
dejarlo en paz. No quería avergonzarlo y que luego no le
hablase al chico por su culpa. Por otra parte, él también
necesitaba estar solo un rato. – Con cuidado, Ashram... –
le pidió, a sabiendas de que

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