.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 4
The Fire Still Burns

Media día. Residencia de los Adler.
Jueves, 21 de Mayo

–Cariño, llegas tarde. – se rió el pelirrojo, rodeando el cuello de Adan y besándolo. – Ya he puesto a calentar la comida.

–Son las dos y cuarto…será que me extrañabas. – el moreno suspiró, sonriendo después y pegándole una nalgada. – ¿Ya has hablado con Ashram sobre las visitas nocturnas?

–No, está en la universidad. – le contestó sin despegarse, finalmente haciéndolo antes de que le dijese algo. – Ya hablaré con él, creo que se siente solo. Las cosas han cambiado mucho.

–Yo también echo de menos a Kiyoshi… no sé por qué tiene que quedarse a dormir en la residencia de estudiantes teniendo la casa tan cerca. Lo único que quiere es alejarse de casa para hacer lo que le da la gana. – frunció el ceño levemente. Siguiendo al pelirrojo a la cocina y pasándose la mano por el cabello.

–No seas gruñón, Adan. – sonrió para sí, buscando dos platos mientras se metía con el moreno. – Quiere independencia. Aunque... creo que es por Azrael. Por cierto, me llamó.

–Siempre te pones de su parte…– se quejó poniendo cara de circunstancias. – ¿Y qué te ha dicho? Después de tanto tiempo ya era hora…

–Lo mismo de siempre, que tal vez regrese en medio año más... – suspiró, sirviendo la comida con cara de desánimo. – Que ha cambiado, que ya no es el mismo... Y luego me colgó. Pero a mí me gusta que seas gruñón en realidad. – sonrió de nuevo, mezclando conversaciones. – Te ves sexy.

Adan carraspeó ligeramente y se sentó a la mesa. –No seas baka…– apoyó un codo porque estaba cansado. –Si ese niño no hubiera hecho el idiota, y si el otro no fuera igual de idiota. – se pasó las manos por la cara. Agobiándose él solo.

–Pero los dos siguen haciendo el idiota. Y Kiyoshi viene casi a diario, no te da tiempo de extrañarlo. – colocó uno de los platos frente a él, sirviéndole un poco de agua y sentándose en la otra silla.

–Claro que me da tiempo, además, yo casi nunca estoy cuando viene. – se quejó, suspirando de nuevo. –Seguro que lo hace adrede porque sabe que tú no le das la monserga…– cortó un trozo de carne y se la metió en la boca. –Está deprimido.

– Claro que lo está, y Azrael. ¿Por qué son tan necios? – frunció el ceño, molesto, clavando el tenedor en su carne, y suspirando luego. – Me deprimen a mí.

–A mí también…– el moreno suspiró. –Se fue bien lejos para que no pudiésemos darle una buena tunda.

Aki se rió, empezando a cortar su carne de la manera más tradicional en vez de apuñalarla. – No, se fue huyendo, pero no va a resolver nada así. Ya han pasado dos años y sigue enamorado, ¿no? Lo mismo va para Kiyoshi. A veces me dan ganas de subirlo a un avión y enviarlo a África. Pero prefiero que me sigas queriendo.

Adan lo miró a los ojos, apuntándolo con su cuchillo. –Ni se te ocurra…– le dijo serio, sonriendo después porque sabía. O más bien quería pensar, que estaba completamente de broma. –Y por supuesto que sigue enamorado de él. No sé qué pensaba que iba a encontrar en un sitio tan remoto. Además, se trata de Kiyoshi… no es tan fácil de sustituir.

– No, es tu niño de oro... – lo molestó, alborotándose el cabello de nuevo. – Pero hablando en serio, esos dos nacieron para estar juntos. Creo que Azrael está enfadado conmigo... porque le insisto, pero ya le grité bastante a Kiyoshi por lo que hizo, en su momento.

–La culpa no fue toda de Kiyoshi. Tal vez no hizo lo más inteligente, pero de todos modos el comportamiento de Azrael no fue el correcto…– dijo poniéndose inmediatamente de parte de su hermano. No lo podía evitar. Sentía como si fuera su hijo. –Lástima que Azrael nunca llame cuando estoy yo, le iba a decir unas cuantas cosas. No se puede ser tan cobarde.

– Calma, calma... – sonrió el pelirrojo, encantado con esa manera que tenía de defender a Kiyoshi. – Ya sé que la culpa no fue toda de él. En realidad... también me molesta que Azrael siga así. Siempre fue muy necio, pero antes por lo menos me escuchaba. – exhaló revolviendo su comida en el plato. – Lo extraño.

–Estoy seguro de que él también y por eso se enfada. No contigo, si no consigo mismo… Pero el orgullo masculino es algo difícilmente controlable para algunos. – apretó un poco las mandíbulas y suspiró. –Tal vez deberías ir a buscarlo.

– ¿A África? Es él quien huyó. – exhaló de nuevo, desplegando su propio orgullo por un momento, pero admitiendo. – No creas que no lo he pensado.

–No te hagas el duro, no va contigo. – el moreno sonrió, apartando un poco la silla. –Ven.

– Pero sí va contigo... – se rió, poniéndose de pie para ir hacia donde estaba sentado Adan. – Creo que tienes razón.

–Se me da bien convencer a la gente de que la tengo. – sonrió levemente, sentándolo en sus piernas y apartándole un poco el cabello de delante de la cara. – ¿Cómo te ha ido en el trabajo?

–Bien... Me ofrecieron trabajar en un documental que están planeando. Será divertido salir del estudio. – sonrió entusiasmado, tratando de olvidarse un poco de aquellos líos.

–Parece interesante, ¿De qué trata?– le pasó la mano por el muslo y se apoyó contra el respaldo de la silla.

–Acerca de la vida moderna, la juventud, la mentalidad, ya sabes... cosas de esas. Lastimosamente no me llevarán a ver leones en África, porque esa sería una buena oportunidad. – se rió sin poder evitar el bromear así. Le agradaba hablar con Adan, siempre lo escuchaba con ese gesto de paciencia en el rostro.

–Lástima… en África tendrían un buen material sobre la mentalidad de la juventud también. – dijo refiriéndose a Azrael y alzando una ceja. –Los chicos quieren hacer un calendario para comprarse equipo nuevo…ya que el gobierno no nos subvenciona lo que necesitamos.
– ¿Sí? ¿Puedo ver? – el pelirrojo abrió los ojos, demostrando más entusiasmo de lo que era necesario. – Ah... ¿por qué no estudié fotografía? ¿No quieres hacer un video?

–No creo que un video sea buena idea. A no ser que pretendas hacer un video serio del problema de que no tengamos un buen equipo. – le apretó el muslo y suspiró. –Y no, no puedes venir a ver. Bastante vergonzoso será ya sin tu presencia.

–Pero quiero mi copia, quiero ver esa foto, Adan. – le advirtió casi serio, señalándole el pecho. – No tiene por qué ser vergonzoso, no tienes idea de lo atractivo que eres. Cada vez te pones más guapo.

Adan le apoyó un dedo en los labios y luego se los besó. –De todos modos es vergonzoso posar desnudo. – suspiró con fuerza y miró hacia la puerta. –Y no sé si es muy buena idea porque está Kiyoshi y…– siguió meditando para sí mismo. Recordando que a sus compañeros no les había servido ninguna de sus excusas convincentes.

– ¿Y eso qué? Kiyoshi ya es mayor y que yo sepa no será un calendario porno, ¿o sí? Además, incluso te ha pedido que poses para él, eres tú quien se niega. – se rió maldito porque sabía que al rubio le gustaba molestar a su hermano también.

–Yo considero que es lo suficientemente erótico como para que no deba verlo. No me parece que ver a tu hermano mayor tapándose sus partes y poniendo cara de Adonis sea muy educativo.

Aki se rió de nuevo, besándolo en los labios. – No te preocupes, yo creo que a su edad... Adan, ¿recuerdas el trabajo de medio tiempo que tenía en la universidad? – le preguntó de pronto.

–Desgraciadamente aún sí…– le dijo el moreno. Recordando como posaba desnudo para las clases de arte. –Aún así…– sonrió levemente.
–Aún así... no quieres que vea a su hermano, vale, te protegeré. Pero yo sí quiero uno, lo pondré en nuestro baño. – dejó escapar una risita, poniéndose de pie al escuchar el timbre y corriendo a abrir. – ¡Ya voy!

Adan se apoyó la cabeza contra la mano, pensando que debía habérselo ocultado y alzando la mirada al escuchar la voz de su hermano. Se levantó para ir a abrazarlo y lo estrujó un poco contra su pecho desconsideradamente. Pegándole una nalgada, aunque el pobre no supiese por qué.

– ¿Y eso por qué fue? Sálvame, Aki... – le pidió bromeando, aunque abrazando a Adan de vuelta.

–Por esta vez, no te salvo – se rió el pelirrojo, apoyando una mano sobre la cabeza de Ashram a modo de saludo y haciéndolo entrar.
–Hola…– el moreno lo miró, pasando entre ellos. Incómodo por los abrazos y apartándose ligeramente de Adan por si pensaba volver a decirle algo sobre entrar por las ventanas.

– ¿Y tú aquí?– preguntó el moreno maliciosamente. –Creí que vendrías dentro de un rato, cuando yo ya estuviera en el trabajo.
–No seas así, yo vengo cuando salgo de clases... y cuando puedo. – sonrió un poco rojo porque a veces sí que lo evitaba. Pero lo cierto es que hoy había tenido ganas de verlo.

– ¿Por qué no conversan un poco mientras yo hablo con Ashram? – se aprovechó Aki, ya que prefería decirle esas cosas sin que Adan lo pusiera nervioso. También le parecía que estaba incluso más callado últimamente.

–Vale…– Adan se llevó a su hermano por los hombros. –Vamos a dar un paseo.


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