Capítulo
3
Ponzoña
Media tarde. África
Jueves, 21 de Mayo
–Nunca me acostumbraré a no escuchar la voz de Holden
cuando llamo…– el chico de cabello morado sonrió,
sentándose en la sillita de plástico requemado por
el calor que tenía detrás. Hacía un mes que
no llamaba, pero no salía muy barato desde allí.
– ¿Acaso no te gusta mi hermosa voz?– Aki bromeó,
aunque claramente se le notaba la alegría que le causaban
aquellas llamadas. – Seguro que Holden te extraña mucho
también, con lo encantador que te comportabas.
–Sí… por aquí siguen diciendo que tengo
mi encanto, no creas. Ya no soy tan mono, pero tengo otros pros…
– cogió un cigarro del paquete que tenía sobre
la mesa y lo encendió mirando hacia el sol.
–Para mí siempre vas a ser mono... Monito... –
se rió, suspirando luego. – ¿Cuándo vas
a regresar? Te extraño, baka.
–Yo creía que al changuito lo tenías en casa…–
se rió, pasándose la mano por la pañoleta blanca
que llevaba en la cabeza. ¿Por qué siempre le hacía
la misma pregunta? –No lo sé. Tal vez dentro de medio
año…
– ¿Por qué siempre respondes lo mismo? Voy
a tener que ir a buscarte. Ashram se coló en la habitación
de nuevo. Deberías haber visto la cara de Adan. – se
rió de manera maldita al recordar aquello.
Azrael se rió abiertamente. –Pobre hombre, no tiene
descanso contigo y… Ashram. – Carraspeó ligeramente
porque no era lo que iba a decir. –Siempre te digo lo mismo
porque tú siempre me preguntas lo mismo…– cambió
de tema, bromeando otra vez. –Hay un doctor aquí…
que…– lo siguió con la mirada.
– Porque te extraño. – se puso serio de pronto,
porque lo conocía muy bien, demasiado bien como para que
lo engañase. – Puedes decir su nombre, Azrael.
–Se llama François… es francés…
como el suflé…– le dijo serio, aunque trataba
de indicarle que no quería hablar de ello. Además
no tenía ni idea de la procedencia del suflé.
– Ooh lala... Azrael – sonrió un poco el pelirrojo
sin poder resistirse, pero añadiendo luego. – Me preguntó
por ti, ¿sabes?
– ¿Y tú que le dijiste? ¿Qué
estaba jodido igual que él? – el chico apretó
un poco las mandíbulas –No te he llamado para pagarlas
contigo.
– Pues entonces no lo hagas. – le contestó, deseando
darle una nalgada como cuando era pequeño. – Azrael,
vuelve... ¿No crees que ha sido suficiente? Kiyoshi está
arrepentido y viene a visitarnos más veces de las que son
saludables en un chico de su edad.
–Sinceramente… ¿Para qué quieres que
vuelva? Tú tienes tu vida y yo no pinto nada ahí.
Podría ir a visitarte de vez en cuando, pero eso no le daría
valor a mi vida. Y si es por Kiyoshi… olvídalo. Porque
ni siquiera puedo verlo. Me cuesta no pensar en él ¿Sabes?
–Por eso mismo. Él no está mucho mejor, Azrael,
a pesar de que finge. Estáis siendo necios los dos. –
le aseguró, intentando transmitir un tono de voz estricto
luego, aunque no estaba en su naturaleza. – Y no quiero que
digas más tonterías. Tú siempre vas a ser parte
de mi vida, eres importante. Da igual en donde estés.
–Lo que quieras, pero yo no tengo nada que hacer ahí…
¿Qué hago, voy ahí y pinto monas? ¿Me
paso el día solo? Ahora creerás que quieres verme,
pero no te gustaría tenerme en tu casa cada noche dando por
el culo cuando quisieras estar tranquilo con Adan. ¿O es
qué sólo iba a ir en tus ratos libres?… Además,
ya no soy ese niño, y tampoco soy la persona de la que Kiyoshi
se enamoró. Supuestamente…– dijo después
en un tono de voz cargado de veneno.
– ¡Azrael! –le gritó sin poder detenerse.
– Te conozco mejor de lo que piensas. Tú no eres así,
deja de pretender. Eres fuerte, ¿no? Y te interesan las personas
que te quieren, porque Kiyoshi aún te quiere. Y yo te quiero
y te voy a dar una sacudida la próxima vez que te vea así
me saques tres cabezas de alto. ¿Cuál es la diferencia
entre estar aquí o allá?
Azrael se rió de su cabreo y se levantó de la silla
–Te quiero Aki. – dijo con tono chulo. Colgando el teléfono
y regresando al trabajo. ¿Qué él no era así?
A ver si lo asimilaba ya.
...........
El calor era abrumador a todas horas. Al principio sentía
como si su piel fuera a derretirse, pero ahora estaba tan quemada
por el sol que le costaba reconocerse en el espejo. Probablemente
no era consciente de lo mucho que había crecido y se había
desarrollado su cuerpo.
Hizo una mueca con los labios, señal de que estaba reventado
de trabajar. El sudor perlaba su piel y resbaló por la comisura
de estos hasta gotear desde su quijada.
–Puto calor…– se quejó el fornido chico.
Maldiciendo sus ocurrencias y pasándose la mano por la frente,
secándosela después con la pañoleta que llevaba
en la cabeza. Se sentía mal por haberle colgado así
a Aki.
Dos africanos pasaron por su lado, diciendo a saber qué
y posiblemente burlándose de su calor. Se rascó la
oreja, apoyándose en la pala porque estaba harto de lanzar
tierra afuera para igualar el suelo. Sonriendo e ignorándolos.
Suponía que él mismo también se habría
burlado de ser a la inversa.
El caso es que estaba ganando mucho dinero con aquel trabajo y
además. Lo más importante es que se había alejado
de todo. Aki no comprendía nada, si regresaba sólo
iba a ser una molestia.
–Y aquí está mi albañil preferido…–
un doctor rubio y joven caminó sobre la tierra, ofreciéndole
un poco de agua y sonriendo. Sacándolo de sus pensamientos.
–Gracias. – el chico se apoyó en la pala y se
lo bebió todo de golpe – ¿Ya es hora?
–Sí, Azrael… por eso se estaban burlando de
ti. – le susurró al oído, riéndose él
mismo.
–Desgraciados…– el chico se rió, mirando
atrás y buscándolos con la vista mientras se quitaba
la pañoleta, atándosela en la muñeca. Se quitó
la camiseta y se la puso en la cabeza para secarse el sudor del
pelo.
El rubio frente a él mirándolo de arriba abajo con
una sonrisa y balanceándose un poquito de adelante a atrás.
–Tienes… la marca del sol. – le dijo pasando la
mano por donde la misma se dibujaba en su pecho.
Azrael inmediatamente se percató de que aquello era un avance
sexual y no rechazaba ninguno a no ser que no le gustase la invitación.
–Sí ¿Hum?… ¿Y qué más...
puede ver, doctor…?– preguntó el moreno, levantando
los brazos y sujetándose la nuca con las manos, dejándolas
bajar por su pecho y metiéndolas por dentro de los jeans
flojos que llevaba.
–Azrael…– el chico le sujetó la cintura
del pantalón cortado, tirando de él de golpe y golpeándolo
contra sí. Se aproximó a sus labios y él alzó
la cara. Sujetándolo por los hombros.
–No, nada de besos…– sonrió, bajándolo
por su cuerpo. –No hacen falta para echar un polvo. –
le dijo pese a todo, aclarándole que aquello no era una aventura
siquiera. Sólo un polvo.
–Hueles a calor…
–Estoy ardiendo…– le contestó el chico
mientras se abría el pantalón, apoyándose contra
la pared. – ¿Ves algo que te interese?
–Uf…– el doctor deslizó un dedo a lo largo
de aquel sexo grueso y grande haciendo que se irguiese un poco.
– ¿Te gusta? Creo que se merece un homenaje. ¿No?
–El chico lo arrodilló por completo, rozándole
el cuello con ella para hacer que se inflamase, golpeándole
los labios después. –Diga aaa…
El rubio le golpeó las nalgas con la mano por burlarse de
él. Haciéndolo sonreír y fruncir el ceño
pocos segundos después al sentir como lo succionaba. –Hum…
sigue así…– sus manos fuertes estrujaron las
hebras de cabello dorado.
Miró al cielo por el tejado que apenas eran andamios aún,
guiándolo y escuchándolo toser un poco. Tal vez se
había pasado haciéndole tragarse tanto, miró
hacia abajo para poder controlar mejor sus movimientos, observando
aquel cabello rubio. Su rostro tornándose completamente serio
al pensar en Kiyoshi. Sintió que su erección disminuía
levemente e hizo levantarse el doctor. Abriéndole el pantalón
sin dejarlo siquiera reaccionar y besándole el cuello, masajeado
su sexo abruptamente.
–Ah… despacio…si sigues así…–
el chico se apoyó en su pecho, palpando los músculos
de su brazo al moverse de esa manera y temblando. –Por esto
me encantan los albañiles…
– Lo he notado. – lo volteó, torciendo una sonrisa.
Apoyándolo contra la pared y agachándose ligeramente
para escupir entre sus nalgas. Su sexo penetrándolo lentamente
ya que no entraba de otro modo debido al grosor y a lo mucho que
apretaba el rubio. Lo forzó un poco más. Arrancándole
un gruñidito y penetrándolo por completo. Haciéndoselo
tan fuerte como era posible. Metiéndole los dedos en la boca
para que no gritase tanto.
El rubio apoyó las manos en la pared observando su propio
sexo balancearse. Jadeando en una mezcla de dolor y placer. Dejándose
llevar por aquella fuerte mano que sujetaba sus nalgas. Sí,
lo había deseado desde la primera vez que lo vio.
– ¡Agh! ¡Mierda!...
– ¿Azrael?
El moreno se inclinó, una araña negra y roja subiendo
por su muslo.
– ¿Te ha mordido? Azrael. – el rubio se apartó.
– ¡Contesta! ¡¿Te ha mordido?!
– ¡Sí! coño…
– ¡Mierda!
– ¿Qué pasa, François?... – preguntó
el chico asustado, subiéndose los pantalones al ver que con
los gritos venía alguien.
– ¡No te muevas!– el rubio salió subiéndose
los pantalones a toda prisa y uno de los africanos que se había
reído antes se agachó a mirarle la pierna, diciendo
algo que no comprendía, observando dos puntitos, rodeados
de círculos rojos. Se le estaba inflamando la pierna y comenzaba
a doler como el infierno, le ardía todo. Aplastó a
la araña como vengándose y uno de los africanos le
gritó algo con el gesto asustado. El otro atándole
la pierna sobre la picadura. Sacándose el machete de la cintura.
–Dios, ¿Qué haces? ¡No! ¡Para!–
dijo el chico asustado. –Deja eso. – se echó
unos pasos hacia atrás, le costaba respirar y se estaba mareando,
sentía vértigo, náuseas y un sudor frío
empaparle el cuerpo. El dolor era insoportable y presionaba incluso
su cerebro como si una mano invisible y terriblemente poderosa lo
estrujase. – ¡Ahhhh! ¡Dios!
Se cayó hacia atrás aguantándose la pierna
que el chico acababa de rajarle. El otro sujetándolo para
que no lo apartase mientras su sangre resbalaba por el suelo.
– ¡Ah! ¡François! ¡François!

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