.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
4 Tell Tail Hearts

Kiba rodeó a Hiyaku por la cintura y lo echó sobre él, recostándose un poco más en el sofá del salón. Acercó la lengua a su cuello lamiéndole el borde de la mandíbula cerrando los ojos y le besó una mejilla moviendo la cola contra los cojines. Tal vez era porque habían cenado hacía poco, habían salido a correr y ahora se sentía feliz, el caso es que lo estaba… y mucho.

Hiyaku dejó escapar una suave risa, abrazándolo contra sí y deslizó la mano por su espalda, acariciando su cola. – Es increíble lo bien que me haces sentir. Eres.......... – cerró los ojos, recostándose más y dejándose lamer. – Kiba..............

El moreno sonrió abrazándolo con más fuerza para besarlo mientras le acariciaba la espalda –Eso me hace feliz, no puedo evitar sentirme bien a tu lado…- le deslizó la mano por la cola llevándosela al cuello y acariciándose la cara con ella –Ni siquiera mi madre ha podido quejarse de lo nuestro…

- No, no creo que ninguna madre se vaya a quejar de ver a su hijo así. Además, eres exitoso, aunque no sea en lo que deseaban para ti. – le sonrió, sintiendo que explicaba demasiado, pero lo cierto es que estaba orgulloso de verlo tan liberado. – Me has ayudado mucho a mí también......... – bajó un poco la mirada sin querer pensar en ello. – Realmente quiero ser la persona que era cuando te enamoraste de mí.

-Pero yo amo a la persona que eres ahora… tanto como a la que eras… Sé que aún te sientes mal…no puedes escondérmelo… pero también sé que cada vez vamos mejor y que llegará el día en que casi no pensemos en ello…

- Yo sólo quiero......... hacerte feliz. – alzó el rostro para mirarlo a los ojos de nuevo. – Fui egoísta e hice algo terrible, pero cuando te miro así, no puedo evitarlo, no me arrepiento aunque eso me lleve al infierno. Creo que si te hubiera perdido, no hubiera podido continuar.

Kiba lo miró sintiendo, cómo no, dolor al escuchar sus palabras, porque ni un solo día se había dejado de sentir culpable por hacerle pasar aquello –Cuando estuve encerrado… poco antes de que me soltasen, el tigre entró en mi habitación… me habló de lo que podrías sentir después de esto… de si me culparías… o de si no harías eso por mí… me preguntó varias veces… de distintos modos, si haría lo que fuera por ti… creo que tenía miedo…

- ¿Miedo? ¿Miedo de qué? Fueron ellos quienes crearon todo esto, ¿no? – contestó, claramente molesto, apartando un poco la mirada. – Tú........ nunca dudaste de mí ¿verdad? No quería hacerlo, pero..... jamás pensé en decir que no, no contigo de por medio. Y....... – alzó la mirada de nuevo, para que supiera que hablaba en serio, aunque sus ojos se veían afectados. - ........ no te culpo, nunca te culpé.

Le pasó la mano por la cara para que lo mirase a los ojos de nuevo -Yo siempre supe que harías lo que fuera por mí… y jamás dudé de ti… ni siquiera se me pasó por la cabeza que pudieras culparme… y creo que él no podía comprender que yo te amase y creyese en ti de ese modo… como para no tener miedo…- lo siguió mirando fijamente sin poder evitar pensar que seguramente todo aquello lo había planeado el toro, porque el albino sí tenía miedo, de que lo abandonasen…

- No importa lo que él pensara, por más terrible que fuera lo que me mandasen a hacer, por más miedo que tuviera, nunca te hubiera dado la espalda. – le sonrió un poco, pasándole la mano por el rostro, y besándolo suavemente en los labios. – Me alegro de que hayas confiado en mí porque... no sabes el dolor que me causaba el sólo pensar en ti, en cómo pudieras estar pasándolo, en que no podía estar contigo. Quería cambiar de lugares, ¿sabes?

-No- tragó saliva solo de recordarlo, lo terrible que había sido aún a pesar de que él se había comportado todo lo calmadamente posible. Lo abrazó con fuerza como si algún peligro lo amenazase o como si pudieran arrebatárselo –Realmente estaban mal de la cabeza… eran muy peligrosos… mucho… ojalá no hubiera sucedido nada de esto…

- Ojalá........ pero sucedió – susurró el rubio, sintiéndose mejor de sentir su abrazo y cerrando los ojos contra él. – Es el pasado, eso me dices, ¿no? Ahora estamos juntos y eso es todo lo que importa. Ellos....... ya no están.

-No… ya no están…- lo sujetó por debajo de las axilas alzándolo un poco para verle mejor la cara sin poder evitar mirarlo con cariño y mover la cola contra los cojines. Se levantó con él en brazos y lo llevó hacia la ventana mirando al exterior. Abrió el ventanal con una mano para dejar entrar el aire del exterior –Ahora sólo estamos tú y yo…

-Eso suena perfecto........ – sonrió, apoyando su rostro contra el hombro del moreno, por su parte, dejando su larga cola guindar hasta el suelo. – Siempre me gustó la vista nocturna.

-Y a mí siempre me han dado vértigo las alturas…- sonrió acercándose más a la ventana y echándose atrás de nuevo abrazándolo con fuerza antes de recostarse en la cama con él. Se volvió de cara contra la colcha rozando la nariz contra la tela moviendo la cola y se sentó de pronto, pasándose una mano por la oreja.

- Dios, cómo te amo........ – sonrió el chico puma, al verlo comportarse así, abrazándolo por la cintura y tumbándolo de nuevo, su cola ondeando un poco, a la vez que le besaba la mejilla.

Kiba sonrió moviendo la cola de nuevo sin poder evitarlo y lo besó profundamente abrazándolo aún más. Lo cierto es que se había sorprendido de haber hecho eso, ya que sólo solía tener esos comportamientos cuando estaba solo pero sonrió al romper el beso mirándolo serio de nuevo –Te amo…

-Lo sé......... pero no me lo digas tan solemne – le sonrió, ahora con suavidad, pasándole un dedo por una oreja cariñosamente. – De todos modos, me hace sonreír como tonto cada vez que me lo dices.

-Entonces no te quejes… o tendré que ensayar ante un espejo a ver cómo te lo digo- sonrió moviendo la oreja porque le hacía cosquillas y apoyó la nariz en su cuello cerrando los ojos y abrazándolo más, moviendo la cola con suavidad contra el colchón.

- No, si no me quejo, aunque me gustaría ver eso – se rió, bromeando, a pesar de sí estárselo imaginando, y añadiendo. – No, prefiero que me lo digas todas esas veces en vez de practicarlo.

-No pienso practicar esas cosas delante de ti…- se rió besándolo –Te quiero…- le dijo manteniendo aún la sonrisa e inclinando una ceja sólo porque ahora le iba a dar risa cada vez que le dijera te quiero.

 
 

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