| 3- Where The Eagles Soar and the Lions
Roar
Sei lo llevó de la mano observando a los otros leones que
habían decidido quedarse viviendo en la casa de su madre
y también a algunos chicos que sin duda habían escapado
también de la cárcel pues los reconocía como
sus novios.
Los saludó con una mano sonriendo –Es mi novio…-
les advirtió de nuevo entre tanto de camino a la casa. Llamó
a la puerta aunque no había nadie dentro y se volvió,
parando las orejas de golpe al ver a su madre tras él sonriendo.
Se había asustado claro, pero no iba a admitirlo o sabia
que se reiría de él –Es mi novio…- le
dijo ahora a ella levantando a Tanuki por debajo de las axilas para
subirlo a su altura.
-Sei es mi hijo preferido…- dijo la mujer de cabello blanco
batiendo un poco las alas y cogiendo a Tanuki para abrazarlo.
- Ah! Es mi grifo preferido! – exclamó el mapache
como si alguna vez hubiese conocido otro, contento de que lo abrazara.
Eso era que le había gustado.
-Claro! Es que es el mejor grifo que hay…- dijo la albina
demostrando de dónde Sei sacaba su orgullo y abrazó
a su hijo también aplastando al mapache en el medio y Sei
lo volteó sutilmente para cogerlo él de nuevo porque
ya se estaba poniendo celoso por las dos partes.
-Pero es mío…- le recordó Sei abrazándolo
más sobre su pecho –y mira… tiene una cola peluda
de colores…- sonrió mostrándosela delante de
su cara y la mujer la acarició sonriendo feliz.
-Los chicos me dijeron cómo Tanuki los sacó de la
cárcel y que tú los ayudaste… muy bien hecho…-
les animó acariciándoles el pelo a los dos.
- Sí! Es que Sei quiere mucho a sus amigos y desde que lo
conocí, me dijo que los iba a sacar, y yo quiero que Sei
esté feliz, así se ve más bonito. Y además,
no puede dormir sin mi cola.... – se quedó pensativo,
abrazado al grifo, corrigiéndose luego. – Sí
puede, pero duerme mejor así.
-Es verdad… y ahora me baño todos los días
porque Tanuki me manda pero no me gusta…y también cazamos
mucho juntos…y tenemos una oficina en la que vamos a trabajar,
Tanuki es muy listo!
-Tú también Sei!- le gritó su madre de pronto
frunciendo el ceño y pasando a la casa.
El rubio abrió los ojos de una cuarta siguiéndola
al interior y pasando con Tanuki en brazos y algunos de los otros
chicos detrás.
-Eh! Tanuki! Gracias por sacarnos- dijo uno de los leones que correteaba
también al interior colgándose de la espalda del grifo
–¿Sabes que Sei tiene un novio aquí?- preguntó
otro para que Sei se volviese de golpe.
-Mentira!- le gritó pegándole en la cara un manotazo
sin más y dejando a Tanuki en el suelo para saltar sobre
el reído león que estaba mordiéndole el cuello.
-Ven…- dijo la mujer llevándolo de la mano como si
nada.
Tanuki se dejó llevar, mirando hacia atrás, observando
cómo Sei jugaba con su hermano o amigo que vivía con
su mamá o lo que fuera. – Pero Sei no tiene más
novios, ¿verdad? Porque me dijo que no, y yo sé que
no, porque Sei no me miente. Y sí! Es muy listo! –
exclamó de pronto como si ya se le hubiera olvidado de qué
iba su preocupación.
-No, Sei nunca tuvo más novios, lo hacen para jugar…
para que se enfade y no le dé pereza…- se rió
a carcajadas abriendo un cajón para mostrarle las cosas que
los chicos y ella habían recolectado para ellos, lo cual
venían a ser además de algunas bolitas de cristal
para el mapache… dinero – A nosotros no nos hace falta
aquí…- se lo dio para que lo guardase –Para que
cuides de Sei… porque él no sabe, muchas cosas…-
carraspeó echándose el pelo hacia atrás con
orgullo –pero sabe lo suficiente!
- Sabe mucho! Sei también me cuida – sonrió,
asintiendo orgullosos y guardando el dinero, tomando las bolitas
luego, mucho más interesado. – Y gracias!!!!!!!!! Están
muy bonitas, las voy a poner en un lugar especial. En la oficina!
Para que las vean, pero las pongo lejos para que no se las roben
– explicó innecesariamente, pero con deseos de hacerle
saber lo mucho que las apreciaba.
-No creo que nadie robe a unos cazadores tan buenos como vosotros…-
sonrió la mujer saliendo al exterior con Tanuki de nuevo
y mostrándole cómo ahora eran una maraña de
leones mordisqueándose con Sei. El grifo sonrió, pisoteándolos
para volar lo necesario para acercarse a Tanuki y recuperarlo.
-No es verdad que tengo otro novio… y la madre de Tanuki
también es mapache… y su padre… y sus hermanos
también y todos son pequeños con colas de mapache!
-Naturalmente…- dijo uno de los magullados leones rascándose
una oreja reído y comiéndose una pedrada de la albina
en una pierna –Ah! Joder!
-No te metas con Sei!
- Pero sí es cierto, todos son mapaches, y mis hermanos
son más pequeños que yo, pero son bonitos! Pero yo
soy más bonito para Sei! – aseguró, por si acaso,
rascándole una oreja, aunque por supuesto, no había
comprendido para nada por qué se molestaban de que el león
dijese eso. – Y ya sé, tu mamá me dijo, además
yo te creo. – aclaró ahora refiriéndose a lo
de tener otro novio.
-Claro es que además yo te dije que no tuve más novios
y yo no te miento nunca… salvo cuando me hago el dormido,
pero no es lo mismo porque no miento hablando…- Explicó
claro… muy “sabiamente”.
La mujer águila se rió, alzando el vuelo de pronto
para sentarse en el tejadillo de la casa –Ven aquí
a decirme donde vivís…
Sei saltó al tejado con Tanuki abrazado y señalo
a la maraña de edificios en la ciudad –En aquel edificio
gris y azul… en la planta más baja…
- Sí, en el sótano, porque a los mapaches nos gustan
los lugares bajos y oscuros.......... pero no sé si luego
nos mudamos para que Sei pueda extender sus alas........... que
son las mejores – especificó, por si acaso, su madre
no entendía sus razones.
-Cierto sí… pero podéis mudaros a otro sitio
bajo que sea más grande… ahora tenéis dinero…
-Tenemos cama!- dijo Sei pasando por alto lo del dinero porque
a parte de cuando quería algo concreto, no le daba mucha
importancia –Una grande donde cabemos los dos y hacemos el
amor… y al principio no nos salía así que tuvimos
que ver video pornográfico… ¿verdad?- le consultó
a Tanuki jugando con su cola y pasándole la suya.
La albina se echó a reír tratando luego de controlarse
carraspeando –Claro.. es lógico…- trato de permanecer
seria.
- Sí, y además mi mamá me había dicho
que no me tocara, pero Sei sí puede tocarme. – explicó,
recordando la cara que había puesto su madre cuando empezaron
a hacerle esas preguntas. – Y...... Sei ya sabía un
poco, porque él sí sabía que había que
meterlo......... Es muy listo – reiteró orgulloso,
y alzando la cola más, moviendo la del grifo entre sus manos
para acariciarse la cara con su punta, y soltar una risita divertida.
-Iré a visitaros algún día… para ver
la oficina… y si necesitáis ayuda… ya sabéis
que aquí hay un montón de leones aburridos…-
dijo viendo abajo a los chicos y saltando al suelo para mirarlos
desde abajo –Cuidaros… - sonrió sin más,
encerrándose en la cabaña de nuevo.
-A mi madre lo le gusta mucho la gente…- explicó Sei
–Por eso es que ellos no pueden dormir en la casa, pero tú
sí le gustaste… y yo ya le gustaba de antes…
- Qué bien! A mí también me gusta tu madre.
Y sí es simpática como me habías dicho! –
le sonrió, enrojeciendo un poco al darse cuenta de que hablaba
de ella, y que los estaba mirando, como si pudiera escucharlos a
esa distancia, aunque no decía nada malo, claro.
-Claro.. es que es mi madre…- sentenció Sei pensando
que el también era muy simpático –Te pusiste
rojo!- lo señaló abrazándolo y besándolo
porque estaba bonito y no podía evitarlo.
Los leones silbaron abajo para meterse con el y Sei levantó
las orejas tapando al mapache con los brazos –Que es mi novio!!!!!
Tanuki se escondió aún más debajo de los brazos
de Sei, enrojeciendo y por poco metiéndose bajo su sobaco,
porque le había dado pena, aunque su cola seguía recta
en el aire como si de una bandera se tratase.
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