.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Epílogo


1- Turn On the Lights, Bright Eyes!

Tanuki saltó emocionado, mientras ambos salían del local que habían decidido, sería su oficina. Habían estado ahorrando por algo más de un año, trabajando casi sin parar, aunque claro, para ellos, era lo mismo que jugar. Aunque a los ojos de los demás se habían convertido en profesionales confiables, sin importar su manera nada tradicional de resolver los casos. – Sei!!!!!!!!!!! Ya vamos a tener oficia! ¿Visitamos mamás? Vamos a visitar mamás! Seguro se ponen contentas – sonrió, agarrándole la cola al grifo de pronto porque además quería jugar.

-Sí!! Vamos a verlas! – el rubio lo cogió como siempre. De hecho, no podía evitar cogerlo, una porque le gustaba y otra porque le parecía molesto tener que mirar abajo siempre para verlo. Le sujetó la cola acariciando mientras pensaba y pasándose la punta por la nariz –Pero es que son dos y no podemos verlas a la vez…

- No........ pero vamos a ver una primero y luego la otra. En orden de quien viva más lejos? – preguntó, ahora confundido también porque no se lo había planteado y el comentario de Sei lo había confundido a él también. – Que quiero que se pongan orgullosas.

-No lo sé… parece lógico… podemos pasar la noche en casa de una… y luego vamos a la de la otra al otro día… porque si no, yo me canso… y también duermo… tu madre no va a tener comida para mi, pero no me los voy a comer…- sonrió pensando que seguro y ya lo estaba pensando y levantó el vuelo para subirse a uno de los edificios y mirar desde arriba -¿Sabes por donde está?

- Para allá! – exclamó, señalando fuera de la ciudad como si hubiera un camino claro, y recordándole. – No te los comes que me pongo triste. Llevemos comida, que si pasas hambre, también me pongo triste.

-No como mapaches…- el grifo se echó a volar de nuevo para ir hacia donde lo había dirigido –Viven en el bosque… es que son mapaches…- se explicó a sí mismo como si fuera la cosa más lógica o no hubiera mapaches viviendo en la ciudad.

- Sí, toda mi familia es mapache – le corroboró sin saber por qué se lo recordaba, abrazándose más al rubio. – Yo les digo que eres mi novio y me cuidas que si no, se asustan, que estás muy grande.

-Pero no se asustan todo el rato… sólo al principio…- dijo, o más bien imaginó, haciéndose un “mapa mental” –Igual no voy a comérmelos…- extendió más las alas mirando a lo lejos y buscando a lo lejos a ver si veía una casa que pareciese de mapache, aunque no sabía cómo se veía una casa de mapache –En las casas de los mapaches hay muchas cosas…

- No, ya sé que no te los comes. – le sonrió Tanuki, besándole repentinamente una mejilla. – Sí hay muchas cosas, porque además, yo les envío. Debí robarme una cámara – meditó pensando en que hubiera sido bueno que vieran alguna foto de Sei antes de presentarlos. – Mira, la casa de mi familia está detrás de un árbol enorme pero muy bonito. Y así nos protege y no nos da calor – explicó, innecesariamente.

-¿Querías que se tomasen fotos?- preguntó sin comprender muy bien y meditando sobre las cámaras –A mí me tomaron fotos en la cárcel y no me gustó… no sé donde está ese árbol grande… Es que mira… hay muchos árboles… si les mandas cosas debes saber la dirección… ¿hacia el río… o es hacia la montaña?

- Hacia el río! - exclamó, emocionado de que se estuvieran acercando y casi saltando entre sus brazos a la vez que señalaba. – Y quería tomarte fotos a ti, para que supieran cómo te ves, pero si no te gusta, mejor no..........

-Bueno, pero a ti sí que te dejo aunque no me guste… pero cierro los ojos… - movió la cola en el aire y se fue hacia el río pensando que tampoco vivían tan lejos como había pensado. Aún así, iba a cansarse si después tenía que ir al lado contrarío hacia la montaña, aunque de pronto se alegraba de que vivieran lejos de su madre…. -Traje cosas brillantes…- dijo mostrándole algunas joyas que desde luego, robaba de las casa de los que asesinaba pero él no les daba ningún valor.

- Ah! Se van a poner contentos! Eres el mejor novio del universo! – proclamó el mapache alzando la cola y abrazándolo con fuerza.

-Pero tú eres el mejor novio del universo para mí!- el grifo se dejó caer hacia el bosque amarrándolo con fuerza para que no se asustase y cerrando los ojos mientras lo besaba. Extendió las alas de golpe para planear antes de llegar sobre los árboles y seguir lo que quedaba caminando y lo miró rompiendo el beso –Delante de tus padres no nos lamemos la lengua… por eso ahora sí…

- Vale! Lámeme la lengua! – accedió el chico, pidiendo otro beso, cerrando los ojos y abriendo la boca, seguro de que lo recibía.

Sei se quedó rojo pero lo besó efectivamente como el mapache había supuesto y luego lo siguió abrazando y echó a correr entre los árboles porque le había dado pena. Se paró de golpe al ver el árbol grande y empezó a caminar despacito porque también le daba pena ver a la familia de Tanuki.

- Estás bonito! Le aseguró Tanuki, corriendo y golpeando a la puerta, esperando un poco. Efectivamente, unos segundos después, una mujer mapache le abría la puerta, asomándose como a escondidas, y sonriendo al ver a su hijo. – Tanuki! Ah! – la señora se asustó al ver al grifo que venía tras él, halando a su hijo adentro y cerrando la puerta de golpe por si acaso.

El rubio se quedó frente a la puerta con los ojos abiertos como platos y las orejas paradas moviendo la cola inquieto y más porque le hubiesen quitado a Tanuki de encima, que si antes le daba pena, ahora mucha más aparte de que le daban ganas de comérsela –Es que es mi novio… - dijo en bajito como sin comprender muy bien.

- No mamá que es mi novio! Y es grande pero me cuida y no me come! – le explicó el chico mapache a su madre, abriendo la puerta para ir a buscar a Sei, ante las miradas brillantes del resto de su familia que ya se había agrupado al fondo de la habitación observando con curiosidad.

Sei se quedó mirándolos y cogió a Tanuki él ahora, apretándolo contra su pecho y echándose para atrás porque no le gustaba nada ver ojos de mapache en la oscuridad –Es mi novio y yo lo traje… y… es mi novio…

- Sí! Y enciendan las luces que Sei se asusta- pidió el chico, ahora uno de los más pequeños, corriendo a encenderlas y guindándosele al grifo del brazo de pronto.

- Eres graaaaaaaaaaaande! ¿Por qué eres novio de Tanuki? ¿No se asusta? – le preguntó curioso, y Tanuki lo bajó, aplastándole una oreja.
- No, Sei es bonito y es mi novio! – volvió a repetir como si su hermanito se lo fuera a robar.

- Perdona, es que pensaba que te lo ibas a comer. – le explicó la madre de Tanuki, sonriendo y ahora sí acercándose para recoger al pequeño, que no fuera a molestar. – Pasa.......

-No como mapaches… y no me como a mi novio, si no… no me lo como- acortó bastante rojo sintiendo que le daba pena hablar y entregándole las piedras al que se había colgado de su brazo sólo porque le había parecido bonito -Tanuki es mi novio porque lo quiero… nos besamos y hacemos el amor, somos novios…

- Ah! – el chico se puso contento, correteando por la casa y mostrándole las piedras a su otro hermano, como si le hubieran dado lo más maravillosos del mundo, mientras su madre, enrojecía, moviendo las orejas, y saludando, aparentando no haber oído eso último.

- Qué bien.......... Tanuki no nos dijo que venían. Este es mi esposo, y esos son Kaze y Kouki – señaló a los más pequeños que ya se estaban revolcando en el suelo, lanzándose cosas.

- Mucho gusto – lo saludó el padre de los mapaches, dándole la mano porque creía que era lo amable, aunque le daba pena.

- Es mi familia! – celebró Tanuki contento alzando la cola, y anunciándolo como si se tratase de un show de variedades.

-Soy Sei… soy un grifo…y soy cazador… por eso Tanuki es mi compañero…- desvió la vista del señor mapache, que por cierto sí era pequeño a pesar de ser un padre y observó cómo los pequeños jugaban, moviendo la cola más interesado y volviendo de golpe al tema –Es mi compañero, por eso es que investigamos…

- Sí! Y Sei me ayuda, y vamos a abrir una oficina! – anunció contento, de pronto lanzándose a los brazos de su madre.

- Eso es bueno! Que es peligroso que andes por las calles, no me gusta....... – protestó la mujer, abrazándolo igual y acariciándole las orejas. – Y debes venir a visitar más a menudo.

- Sí... estamos muy orgullosos de Tanuki. Es el primero que se va del bosque. – aclaró el papá que aún parecía alucinado con el tamaño del grifo.

-Yo también estoy orgulloso, los mapaches son muy listos, por eso el investiga y yo… hum… yo cazo…- sonrió de compromiso mostrando los colmillos como siempre y pensando que eso era mejor que decir que los mataba, además de que a veces era accidental –Yo lo cuido y él vigila porque yo me duermo, es aburrido… vivimos juntos y… tenemos un colchón grande… después vamos a ver a mi madre…

- Muy bien hecho – lo felicitó el hombreo echándose hacia atrás el verle los colmillos.

- No come mapaches! – aclaró Tanuki por si acaso, añadiendo de pronto. – Y tiene hambre pero aquí no va a haber nada para él. Le dije que trajera comida y no me hizo caso. – comentó, a pesar de no saber si el grifo tendría hambre o no.

- ¿Se van a quedar un rato? ¿Por qué no se sientan? – ofreció la mujer sin saber qué hacer con lo de la comida y llevándose a su esposo consigo hacia un sofá lleno de almohadoncitos por todos lados.

Kouki alzó las orejas de pronto, acercándose al grifo y mirándolo con los ojos muy abiertos, preguntando. – Y ¿no tienes un hermano que cace conmigo cuando yo sea investigador? Porque yo no sé cazar y voy a necesitar uno........

-Tengo varios hermanos… tengo muchos… pero no tienen alas… pero sí cazan…- Sei se llevó a Tanuki a otro sofá porque lo veía el más grande y lo sentó sobre sus piernas rodeándolo por la cintura. Se quedó callado sin saber qué más hacer ni decir, tan sólo mirando a los padres del mapache y preguntándose qué debían hacer ahora.

Pasaron varios minutos así, sin que nadie dijese nada, todos mirándose entre sí, mientras que Kaze se dedicaba a llenar a su mamá de joyas como si fuera arbolito de navidad, hasta que Tanuki rompió el silencio de pronto. – A Sei le gusta el helado y el pastel! –anunció, triunfante de tener algo que decir.

- Ah.......... no tenemos helado, pero tenemos pastel. ¿Quieres pastel, Sei? – le preguntó la mamá mapache, alzando la cola también, igual que su hijo, de pronto todos pendientes de lo que respondía el grifo.

- Sí me gusta!- Sei paró las orejas sujetando la cola de Tanuki y acariciándola- Las colas de mapache me gustan mucho… son a rayas, la mía no… mi madre no tiene cola porque es un águila… pero también puede volar y nosotros vinimos volando ¿verdad? A Tanuki le gusta.

- Sí! Porque Sei no me suelta y no me caigo! – asintió el chico, reído, y moviendo su cola hacia delante como prueba de que era bonita, lo cual era un poco innecesario, dado que todos allí eran mapaches con la excepción del grifo.

- Muchas gracias – le sonrió la madre del chico, parándose a buscar el pastel, mientras uno de los pequeños la seguía, saltándole alrededor y exclamando. – Yo quiero! Yo quiero! – por si acaso sólo le daban al rubio.

- ¿Tu madre sabe que Tanuki es tu novio? No come mapaches tampoco, ¿verdad? – le preguntó el papá, un poco preocupado, aunque se notaba que el grifo no era agresivo, además de que su hijo era muy inteligente y no se iba a dejar comer.

-Mi madre no lo sabe… o igual se lo dijeron mis hermanos cuando los sacamos de la cárcel… pero ella no come mapaches… bueno…no sé…pero no come personas mapache…- negó con la cabeza seguro de que eso no lo comía –Es que mi madre no se come a las personas…no le gusta la gente… y es por eso que vive en la montaña… pero sí le gustan sus hijos… y también le va a gustar mi novio… a mi madre le gustan los hombres, a mí también, pero las mujeres son amables.

- Mi mujer es amable – asintió el papá mapache muy convencido.

- Pero no deben sacar gente de la cárcel, no es bueno....... Pero tampoco se deja que la familia esté en la cárcel – aseguró la mujer que ya regresaba con el pastel, y que de paso, demostraba por qué la mente de Tanuki era tan confusa como lo era. – Toma, Sei, eres muy bonito. – le aseguró, dándole palmaditas en al cabeza y entregándole su plato, mientras su otro hijo se encargaba de entregar los demás pasteles.

-Tú también eres bonita- Sei cogió el pastel feliz y sin tener para nada en cuenta el tratarla de usted y mucho menos el no decirle bonita a la madre de su novio –A mí me gustan los mapaches…



 
 

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