.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 72

Death and the Maiden

Hiyaku se paseaba nervioso, una vez más. Tal parecía que era lo único que hacía desde lo sucedido. No era capaz de comer ni de dormir realmente. Y ni siquiera podía concentrarse en su trabajo. No desde lo de aquellos emails. Matar a Lindsey, ¿cómo podía matar a alguien? Y sin embargo había accedido. Por Kiba.

- No tengo derecho. – murmuró, moviendo la cola, desencajado. Y sin embargo había citado a Lindsey, le había dicho que era para unproyecto especial, que no le podía decir a nadie. Y la chica por supuesto, había aceptado, encandilada con la promesa de un pago substancioso y de la fama que vendría con ello. Seguía repitiéndoselo. – No tengo derecho, no puedo matarla.... – pero tampoco se detenía. No podía hacerlo, tampoco tenía derecho de dejar morir a Kiba porque él fuera un cobarde. Claro, esto sólo era un argumento comparado con el hecho de que tuviese razón o no, no deseaba que muriera, no podría soportarlo. Ya ni siquiera sabía qué estaba bien y qué no.

El timbre sonó, sobresaltándolo y por un momento se quedó allí de pie, sin poder moverse, sin poder creer que realmente estuviese a punto de hacer algo así. La chica tocó el timbre de nuevo, provocando que el rubio se pusiese en movimiento, y le abrió la puerta con una sonrisa, tratando de no pensar.

- Matsuda-san, buenas noches......... – lo saludó la muchacha con un dejo coqueto en la voz, y Hiyaku se hizo a un lado dejándola pasar.

- Lindsey. Buenas noches, ¿no..... le dijiste a nadie que venías para acá, cierto? - preguntó, súbiotamente nervioso. No había sido buena idea invitarla a su piso, pero no era un asesino, si de malas podía pensar de manera coherente en esos últimos días.

La chica negó con la cabeza, dirigiéndose al sofá color beige y cruzando las piernas al sentarse. – No, no le he dicho a nadie. ¿De veras es tan importante esta campaña? ¡Por qué tanto secreto?

- Porque... es muy importante. Mucho. – contestó, tratando de ocultar su aturdimiento el chico, dirigiéndose al bar, buscando algo de beber. Lo necesitaba y de todas maneras, imaginaba que sería mejor para ella si no estaba demasiado consciente. - ¿Quieres algo? – inquirió, una vez más pensando en detenerse, no iba a poder hacerlo, no era justo.

- .......... Matsuda-san

- Ah, sí! – el rubio se giró, notando que Lindsey llevaba algunos minutos hablándole.

- No, le decía que algo de vino estaría bien. ¿Se siente mal?

- No, no, estoy bien, sólo cansado – sonrió el chico, notando la mirada extrañada de la chica y acercándose con dos copas, sentándose a su lado.

- Oh, claro, si trabaja tan duro........... Deje que lo ayude a relajarse. – le guiñó un ojo coqueteando y se puso de pie, aunque llevándose la copa en una mano, para colocarse tras él masajeándole un hombro.

- No! Deja eso......... – la detuvo, colocando una mano sobre la de ella y sorprendiéndola un poco, intentando fingir luego que no había sido nada y sonriendo de nuevo. – Quiero decir que....... no tienes que esforzarte, hablemos un rato antes de firmar el contrato ¿vale?

- Claro, no era mi intención molestar. – se disculpó la morena, pensando que de seguro llevaba mucho tiempo sin estar con una mujer y por eso estaría tan estresado. Además, debía estar preocupado por todo lo que estaba pasando, tenía unas ojeras terribles. Pero igual no se veía feo y no tenía nada de malo ganarse los favores del jefe.

- Dime Lindsey, ¿tienes algún plan para tu vida? Tal vez tengas a alguien.......... –empezó a hablar, mentalmente preguntándose qué estaba haciendo. Buscando excusas para retrasar el momento tal vez, sin poder evitar desear desesperadamente que algún milagro lo salvara de cometer aquel crimen. Pero no ocurriría ningún milagro, las cosas no se solucionarían así.

Y antes de que se diera cuenta, la chica ya estaba casi encima de él, sonriendo, ignorante de lo que estaba a punto de sucederle, llena de vida, y obviamente malinterpretando las cosas. – No tengo a nadie, no pienses en eso........ – sus labios se posaron levemente sobre los del rubio que la apartó súbitamente de los mismos, abrazándola de pronto, simplemente porque necesitaba que alguien lo abrazase a él, porque ni siquiera tenía cómo desahogarse. Comenzó a temblar, contra la confundida chica, susurrando en su oído. – Lo siento, Lindsey. No tengo derecho, pero no quiero perderlo. Lo amo. Espero.... que nunca me perdones. No tengo derecho... - repitió, casi para sí mismo ahora.

- ¿Hi... Hiyaku? No, ¿Matsuda-san? ¿Está......... ¿ - la morena se separó un poco de él, sin comprender de qué le hablaba, un poco nerviosa, negándose mentalmente que pudiera estar en peligro. – Tal vez debería recostarse, creo que no se siente bien... ¿verdad? – sugirió como quien escucha un sonido extraño y pregunta “¿quién está ahí?” con la esperanza de que le confirmen de que no es nada que le pueda hacer daño.

El rubio negó con la cabeza, sumamente serio, sus ojos aguados por lo que se veía forzado a hacer, una vez más pensando en qué aún estaba a tiempo de detenerse. Pero era inútil, el sólo pensar en Kiba muerto lo empujaba. Por él hubiera matado a media agencia si se lo hubieran pedido. Claro que eso no lo hacía más fácil. La miró a los ojos manteniendo su mirada por unos segundos. – Está bien, seré rápido. Para que no te duela, ni siquiera sabrás qué pasó – murmuró ahora sí espantándola, sus palabras más bien dirigidas para darse valor a sí mismo, para convencerse. – No te muevas, será rápido........ – le aseguró, girándola por un brazo y rasgando su garganta con sus garras de un solo tajo. La sangre salpicó los almohadones y la alfombra, y Lindsey cayó al piso, ahogándose desesperada, luchando.

No, no había muerto, para desgracia del rubio. La chica había conseguido esquivarlo tan sólo un poco en su afán por escapar, lo que significaba que ahora no sólo no estaba muerta, si no que su agonía no sería tan breve como lo habría deseado Hiyaku. La morena se arrastraba por la alfombra, desangrándose dolorosamente y emitiendo un mórbido sonido líquido, tratando de pedir ayuda inútilmente, mientras se sujetaba la garganta con una mano,la sangre resbalando por entre sus dedos, sin que consiguiese detenera.

- No, no, Dios! – el rubio se sujetó el cabello, agobiado, del desespero ni siquiera podía pensar bien, se estaba hipervenitlando y más bien tenía deseos de gritar. Era como estar en una pesadilla.

Lindsey emitió otro de aquellos espantosos sonidos, y se resbaló sobre su propia sangre, manoteando sin ningún control y alzándose un poco de nuevo para alejarse apenas unos centímetros más.

Súbitamente, Hiyaku se encontró saltando sobre ella, su cola moviéndose salvajemente de un lado a otro, mientras alzaba una mano mostrando sus garras, clavando a la casi desfallecida chica en el suelo, con su otro brazo. Sus ojos nublados posándose en los de su jefe, aterrados, al caer ahora de espalda, y el rubio se quedó paralizado por un momento, al sentir aquella muda acusación en su mirada. Su brazo bajó veloz en un fuerte zarpazo, terminando de destrozar lo que quedaba de su garganta, y por ende, finalizando su agonía, borrando aquella culpa de aquellos ojos más no de su propio corazón.

Se cubrió el rostro, temblando y manchándose de sangre aún más, dejándose caer recostado contra el sofá, sintiendo una fuerte opresión en el pecho, pero incapaz de llorar, sollozando en seco. – Kiba........ –susurró, absurdamente deseando que estuviese allí para abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien. Se mordió el labio inferior con fuerza, provocando que sangrara. Aún tenía que tomarse una foto.


 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

 
 

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back