| Capítulo 57
You Are Young and Life is Long and There is Time to Kill Today
- ¿Nervioso? ¿O excitado? – le dio a escoger
el chico albino al toro, mientras caminaban hacia el lugar de la
cita, sintiéndose un poco extraño de casi recorrer
el camino hasta su casa si hacía tan poco que había
salido de allí para ir a buscar a Takeshi.
-Excitado…- el moreno sonrió de medio lado y miró
atrás de Hansa bajando una mano a sus nalgas y sujetándolas
con fuerza pasando la mano después a lo largo de su cola
hasta soltarla –Ahora más…- lo miró un
poco rojo por ello y lo atrajo por la cintura levantándolo
sobre él para besarlo sin dejar de andar –y más…
- Y más, y más...... – sonrió el chico,
desplegando un poco sus alas al ser levantado. – Deberías
bajarme si quieres que te diga lo que haremos, o no podrás
concentrarte.
-¿Qué apuestas a que sí?...- lo miró
a los ojos lamiéndole el mentón y sonrió, dejándolo
bajar aún así, arrastrando las manos por su cuerpo
al hacerlo –Serás tú quien se desconcentra…
- No lo creo. Realmente.... no lo creo – sonrió, aunque
lo cierto es que sí estaba pensando en otras cosas y se enserió
tan sólo un poco para explicarle. – Hay una entrada
trasera, en realidad, es una ventana, pero está cubierta
con vegetación, así que no es fácil de encontrar.
Pienso que sería buena idea, si entro por allí y me
escondo, mientras tú pasas con todos los fuegos artificiales
por la entrada principal, y le distraes. ¿Qué crees?
-Como quieras… yo simplemente voy a entrar ¿O.K.?
Planear las cosas hace que deje de ser divertido… - lo miró
de soslayo y sonrió, metiéndose un caramelo en la
boca y girándolo con la lengua en el interior. Lo cierto
es que sí estaba nervioso, alzó las manos observando
que le temblaban y se rió –Espero no morirme por pasar
un buen rato.
- No lo harás, yo iré preparado por ti. – lo
miró con algo de reprimenda en la mirada, meneando la cola
tras de sí, molesto porque no se cuidara aunque sin decírselo
claro. De todos modos, no pudiendo frenarse de añadir. –
Por lo general estaría de acuerdo contigo, pero no es la
misma situación que las anteriores. Te diré qué,
si estás equivocado y sólo es una más de esas
chicas, ni siquiera moveré un dedo. Puedes tener toda la
diversión para ti.
-... entonces quiero que vengas a mi lado mientras la mato…-
se guardó las manos en los bolsillos y miró adelante
viéndolo de soslayo de nuevo –Pero no será una
zorra… no… hoy quieren criadillas…- se rió
entre dientes sacudiendo la cabeza para apartarse el flequillo –Las
mías son de gourmet.
- Pues le saldrán caras, no creo que puedan costearlas.
– sonrió, relajándose exteriormente tan sólo.
– Haz lo que quieras, yo haré lo que quiera también.
-Es lo que siempre haces… haces lo que quieres contigo, haces
lo que quieres conmigo…- inclinó la cabeza dejando
escapar un resoplido y frunciendo el ceño. Se quedó
parado delante de la casa observando la puerta y apartó al
albino por si acaso. Le pegó una patada a la puerta y miró
al interior –Antes de que te vayas…- susurró
mirando al fondo –dime si ves a alguien al fondo… porque
yo no veo nada en la oscuridad…-sonrió pensando que
aquel sitio era una cagada para él.
Hansa exhaló contrariado. – No tienen sentido, se
supone que no nos vieran llegar juntos. Vale..... – se asomó,
ya de por sí entrando y parándose en el medio de la
estancia. – No, no veo a nadie, no hay nadie. Pero si lo hubiera,
ya habría problemas. Me voy a ocultar. – decidió,
ya que no veía el punto de salir de nuevo y entrar por detrás
a esas alturas.
-No… sal…me apoyaré en la ventana…- se
fue hasta el fondo y se apoyó en el marco, aunque finalmente
acabó por sentarse en el suelo. Lanzó el caramelo
a la mitad de la estancia y sacó un cigarro mientras esperaba.
Alzó la vista para verlo –Larga…va…
- No me largues o no me vuelves a ver – lo amenazó,
sonriendo un poco luego. – Y seguro que no te gusta eso.....
– y salió, a pesar de que no veía para qué.
Lo cierto es que lo estaba desesperando ya.
Takeshi sonrió en la oscuridad y sacó la navaja volteándola
entre dos dedos, haciendo girar el metal. Se rió levemente
–A ti tampoco te gustaría…- murmuró, pasándose
la mano entre las piernas.
Mientras tanto, Sei se paró sobre el edificio dejando bajar
al mapache sobre las tejas y se acuclilló –“La
puerta estaba abierta”- susurró en bajo mirándolo
–“¿puedes colarte tú solo?”
El chico asintió, mirándolo con gesto grave, sin
decir nada para no hacer ruido, y besándolo con rapidez,
antes de meterse en el hueco, quedando de nuevo agazapado, lo único
visible, el brillo de sus ojos.
Takeshi apagó el cigarro rápidamente al escuchar
el sonido en el tejado y se levantó pegado a la pared, lo
cierto es que el corazón le estaba golpeando con demasiada
fuerza y sintió que estaba demasiado serio.
Sei miró hacia abajo y se dejó caer por el agujero
del techo, cayendo acuclillado en el suelo de la casa. La madera
crujió cuando el grifo se incorporó un poco más,
y Takeshi escuchó perfectamente el sonido de sus alas al
cerrarse, estaba acostumbrado al sonido de las plumas al frotarse
de ese modo. Pero no veía casi nada en la oscuridad, sabía
que estaba ahí, comenzaba a angustiarse...
El grifo lo observó aún sin moverse ¿realmente
ese era el asesino? No era un felino… era un herbívoro.
Lo miró fijamente y Takeshi notó entonces su sombra,
percibiendo su perfil y viendo por fin el reflejo de sus ojos dorados.
Sei se alzó levantándose y el moreno tragó
saliva sintiendo una gota de sudor frío en su cuello ¿Qué
puto animal era ese?
Hansa se asomó desde donde se había ocultado, observándolo
nervioso. ¿Un grifo? No le gustaba nada. Takeshi no iba a
poder contra un grifo, ni siquiera estaba seguro de poder él.
Movió la cola tras de sí, preparándose para
atacar a la menor provocación, con las orejas hacia atrás.
Por su parte, Tanuki observaba desde arriba, casi sin salir del
agujero, pero bastante aliviado al ver lo que era. La mamá
de Tanuki tenía razón, no había nadie más
fuerte que un grifo, aunque no comprendía como ese chico
habría podido hacer las heridas que habían visto.
Sei le había dicho que no eran de arma.
-Eres un poco fea ¿no? Para ser una gatita… eres demasiado
grande… y definitivamente no eres mi tipo…- lo miró,
preguntándose por qué no se movía ni un ápice
y sacó la pistola con la mano al lado de su pierna quitando
el seguro. Sabía que el cazador lo veía… pero
él apenas apreciaba su silueta, era enorme…
Sei siguió mirándolo confundido y alzó la
vista al techo como preguntándose qué debía
hacer, si no era el asesino… no podía serlo…
pero no podía hablar con Tanuki así –Ya tengo
novio.
Takeshi alzó la cara de pronto al escuchar su voz –Qué
gracia…- dijo obviamente pensando que lo vacilaba. Alzó
las manos tratando de apuntar hacia él y directamente le
disparó sin esperar un segundo. Sei dejó escapar un
rugido al sentir el dolor en su brazo y se echó adelante
sobre él, clavándole las uñas a través
del pecho y tratando de morderle –Joder!- el moreno le sujetó
la cara tratando de apartarlo, pero era muy fuerte. Le pateó
el estómago revolviéndose bajo él y escurriéndose
entre la oscuridad corriendo por los pasillos.
Sei se levantó del suelo jadeando con la mano en el brazo
y sin embargo caminó despacio tratando de percibirlo.
El moreno se apostó contra una pared llevándose la
mano al pecho. Dolía… aunque no quería ni imaginarse
lo que hubiera dolido a alguien que no fuera de su raza. Trataba
de controlar su respiración pero era casi imposible. Hansa
no había entrado, no le sorprendía…pero eso
si dolía.
- No..... – Hansa se levantó, con el corazón
golpeándole el pecho. Había sido muy rápido,
ni siquiera le había dado tiempo a reaccionar. Se lanzó
contra él, garras afuera y alas semi-extendidas para aumentar
su velocidad. No sabía a donde se habría ido Takeshi
pero tampoco iba a dejar que los siguiera en ese estado.
- Ah! Sei! Mira!!!!! –el mapache gritó, advirtiéndole
del peligro para que se hiciera a un lado y disparando su arma,
a pesar de que a Sei no le gustaban.
El albino escuchó el sonido, saltando a un lado, y esquivando
el balazo, sólo para sentir cómo otro le rozaba el
costado, haciéndolo perder el equilibrio.
-Mierda…- Takeshi abrió la ventana y trepó
por parte de la enredadera y la pared apoyándose en el marco.
Y trepando al tejado. Se quedó parado en la parte de arriba
observando el agujero en este y comenzó a patearlo notando
que se partía bajo él y sobre el mapache. No tenía
idea de quien estaba ahí pero era claro que estaba con el
cazador.
Sei lo miró, definitivamente ese era…Apretó
los dientes y le rugió, moviendo la cola y lanzándosele
encima mordiéndole el hombro porque se le había escurrido
cuando había tratado de alcanzar su cuello.
El moreno por fin partió lo suficiente como para observar
al chico que se escondía allí dentro y lo sacó
de un tirón por la ropa sujetándole el cuello con
una mano a su espalda y la otra mano con la otra. Lo miró
y sonrió –Una rata…
- Ah! No! Un mapache! – lo corrigió el chico, pataleando
e intentando soltarse desenfrenadamente.
Hansa lanzó un grito de dolor, lanzándole un zarpazo
al rubio, con todas sus fuerzas, arañándole parte
del ala, y sintiendo las plumas caer alrededor de su mano, mientras
lograba llegar a su brazo también.
- Hansa!- el moreno le quitó la pistola al mapache y la
lanzó al suelo descargada, dejando caer las balas por el
tejado, alzando al chico en el aire sobre el agujero aún
sujetándolo por el cuello –Tú!! Si te importa
esta mierda suéltalo!!! Porque si no, le voy a partir el
cuello!- dijo apretando aún más con ambas manos –Suéltalo!
Sei se levantó de encima del tigre con cara de autentica
furia y saltó al tejado abriendo las alas y encogiendo una
inmediatamente por el dolor –Dámelo! Dámelo
o te voy a matar!
Tanuki lo miró con desesperación, aún pataleando
en el aire, y con la boca abierta, intentando respirar, pero lo
estaba apretando muy duro y además le dolía.
Mientras, el albino, se puso de pie, tambaleante, sujetándose
el hombro lastimado, con un rostro que tampoco se veía muy
pacífico. Se elevó tras el grifo, rápidamente
colocando una de sus manos en su garganta, sus uñas rozándole
la piel. - ¿No ibas a hacer eso de todas maneras, eh? Tú
y tu amiguito..... Aquí se acaba.
- Gah..... – el mapache hizo un sonido ronco y apagado, tambaleándose
aún más angustiado, deseando morderlo y sin poder
conseguirlo, claro, en vez de eso, pateando cada vez más
furiosamente hasta alcanzarlo., meciéndose una y otra vez
para patearlo de nuevo. Aunque se pusiera en peligro o no sirviera
de nada, era su única oportunidad. No podía dejar
que mataran a Sei.
Sei alzó una mano sujetando el brazo de Hansa y le clavó
las uñas notando que aún las hincaba más en
su cuello. Le dolía y encima lo estaban hiriendo… Por
si no fuera poco le estaban haciendo daño a Tanuki y no podía
hacer nada. Tampoco iba a poder tener una oficina… ni iban
a hacer el amor. Lo miró como pidiéndole perdón.
Pero no podía ser… él era un grifo…
Takeshi se encogió un poco al notar cómo el mapache
le golpeaba los testículos y aflojó la mano lo justo
para que el mapache cayera sobre las tejas. Se agachó un
poco, notando aquel dolor tan intenso, sin poder evitar ceder al
dolor y caer de rodillas. El grifo le clavó aún más
las uñas en el brazo al albino, lanzándolo por encima
de él y se tiró encima del mapache cubriéndolo
y cayendo al piso de la casa por el agujero de nuevo.
El moreno miró a Hansa aún sin poder moverse del
sitio y dejó escapar un grito de furia. Aunque más
bien era porque estaba muy cabreado. Los iba a matar, los iba a
matar como fuera.
Tanuki se aferró a Sei sin notar que estaba lastimado, aún
así, golpeándose bajo él y apretando los dientes
para no gritar. Lo importante es que los habían soltado.
Hansa se arrodilló, jadeando porque el golpe le había
sacado el aliento, además de enviarle otro corrientazo de
dolor al hombro empeorándolo todo. – Takeshi.... –
murmuró poniéndose de pie, y asomándose, dispuesto
a atacar de nuevo, y extendiendo las alas, ya a punto de lanzarse.
- Para…- el moreno se volvió en el suelo sujetándole
la muñeca y lo tiró hacia atrás contra él
al ver cómo el grifo salía por el otro lado con el
mapache en los brazos. No parecían planear atacarlos de nuevo
si no más bien irse –Para…- le dijo de nuevo
porque sabía que estaba herido, él no tenía
la pistola y ahora mismo lo que no tenía era capacidad para
levantarse si quiera. Aún le corría un sudor frío
por el cuello, así, acabarían muertos.
El albino se dejó caer junto a él respirando fatigado
y cerrando los ojos por un segundo, como recuperando fuerzas, abrazándolo
luego a pesar de emitir una protesta por el movimiento de su hombro.
– Takeshi... –susurró de nuevo.
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