| Capítulo 56
Misión de reconocimiento
Tanuki se removió bajo el brazo del grifo que ya lo había
atrapado a dormir de nuevo y se rió bajito, sin ninguna razón
en especial, abrazándolo de pronto y dándole un beso
en la nariz.
El rubio le puso la mano en la cabeza acariciándole una
oreja y sonriendo sin abrir los ojos -¿Ya es de noche?- preguntó
por saber si ya tenía que levantarse a cazar. Estaba interesado
porque a lo mejor podía luchar con él. Si era un felino
también. Tenía ganas de jugar bruto.
- No, es de tarde, pero quería jugar. ¿No quieres
jugar, Sei? Porque dijiste que te despertara para eso.... –
le recordó, muy contento.
-Sí!- se sentó de golpe en el colchón poniéndose
el pantalón a las prisas para saltarse el tema de la ducha
y se levantó como preparado para ir a la calle calzándose
sin siquiera desabrochar las botas.
- Ah! ¿Vamos a jugar afuera?! – exclamó el
chico, casi saltando en el colchón porque no se lo había
esperado, y corrió a ponerse sus zapatos también,
sin percatarse de la estrategia del grifo.
Sei sonrió viendo que su estrategia había funcionado
y le cogió la mano tan pronto vio que se había calzado,
echando a correr fuera de la casa llevándolo con él
–Vamos a ver el sitio donde quedamos con el asesino y vemos
donde te escondes mientras…
- Vamos!! – exclamó el chico, aún más
contento porque lo ayudase, casi colgándose de él,
añadiendo luego más serio. – Sei, ya sé
que no te gusta, pero voy a llevar mi arma esta noche.
El rubio siguió caminando y bajó las orejas mirando
a un lado sin decir nada al respecto, aunque disimulaba terriblemente
mal, contrariamente a lo que él pensaba.
- Sei............ Sei........ – lo llamó, mirándolo
con algo de temor porque lo notaba contrariado y sabía que
no le había sentado bien. – Sei...... no sé
si la vaya a usar. Es por protección.
-Mm…no confías en mí…- lo miró
de soslayo, mirando la cola del mapache y queriendo tocarla, pero
ahora no, estaba molesto, así que no lo haría…
- No es eso, no es para protegerme a mí, es para protegerte
a ti. Que tú ya me proteges. – se agarró de
su mano, como insistiéndole. – Sei...... que no quiero
que te pase nada.
-Pero no me va a pasar nada, no hay nadie más fuerte que
yo- lo miró convencido de ello y observó sus ojos
acariciándole la mano con un dedo mirando a otro lado como
si no lo hiciera –Y yo no quiero que tú le hagas daño
a nadie…
- Yo tampoco le quiero hacer daño a nadie, pero aún
no sabemos si es sólo uno. Y ¿si son más? No
quiero quedarme sin poder hacer nada..... – se detuvo, mirándolo
con cara de que le daba pena ya, de sólo pensarlo, bajando
tan sólo un poco las orejas.
Sei lo miró alzando una mano para tocarle las orejas y se
paró levantándoselas por las puntas con las yemas
de los dedos sonriéndole sólo para ver si también
sonreía – Está bien…sólo porque
eres mapache… pero no la uses si no estás en peligro…
- Pero.... ¿y si tú estás en peligro? –
le preguntó, aún preocupado, aunque sonriendo un poco,
sólo porque le sonreía, y moviendo un poco las orejas.
-No creo…- lo miró a los ojos parpadeando confundido
¿Cómo iba a estar en peligro si era un grifo? No había
nadie más fuerte que un grifo. Su madre se lo había
dicho.
- Pero por si acaso..... – Tanuki alzó la cola, seguro
de que lo que decía el grifo era cierto, pero aún
así, se asustaba.
-Bueno… pero no vayas a dispararme a mí sin querer
¿quieres practicar? Podemos practicar en el campo…
¿o ya lo haces?
- Ya lo hago, tomé clases. Pero vamos a practicar, así
estoy listo. – asintió más contento. , y luego
negando con la cabeza. – Y no te voy a disparar a ti. Si lo
hago, te dejo que me muerdas, pero no me comes nada – le advirtió
por si acaso, aunque confiaba en él.
-No te voy a morder!- el rubio lo cogió en brazos jugando
con su cola y lamiéndole una oreja –Yo no te haría
daño nunca, eres mi novio, tengo que perdonarte, no es tu
culpa si te sale mal… yo a veces me confundo…- aunque
más bien, se confundía cada dos por tres.
- Pero no me va a salir mal, por eso te digo. Para que veas que
confío en ti. – movió la oreja con rapidez pasándose
una mano por la cara reído, y moviendo la cola también
contra la mano del rubio.
-Ah… ya entendí…- sonrió abrazándolo
más –Te ríes lindo… ahora me gustas más
que antes y antes ya me gustabas mucho… no… te quiero
más, eso!- le sonrió de nuevo –Pero no ahora
mismo… hace rato… a lo mejor días…
- Qué bien! – exclamó el chico emocionándose
y alzando la cola casi recta ya de la alegría. – Yo
te quiero cada vez más también. Te quiero, te quiero,
te quiero..... Y eres el mejor compañero del mundo y el que
mejor juega y eres muy inteligente y bonito. Ahora bésame
– casi le exigió, riéndose de nuevo por la alegría.
- Sí…- el rubio lo abrazó levantándolo
un poco sobre él para besarlo sonriendo feliz –Hum…vamos
a ver dónde te escondes… pero no se donde está
esa calle.
- Tú sígueme, yo me sé orientar. – declaró
orgulloso el más pequeño abrazándose al grifo,
sin darse cuenta de que así, no había quien lo siguiera.
– Por allá. – señaló por fin con
el brazo, cayendo en cuenta de su situación.
- Vvale…- el grifo siguió caminando hasta llegar a
donde el mapache le había indicado. Era una casa bastante
desvencijada y la miró después, observando al mapache
-¿Seguro que no vive nadie dentro? Porque igual sí…
- No sé, él dijo que no..... ¿Por qué
me citaría en una casa donde vive gente? – le preguntó,
observándolo como si tuviera todas las respuestas y añadiendo
luego. – A mí no me gustaría vivir aquí,
se ve sucia.
-Ya, pero el hombre que trabajaba conmigo antes, vivía en
el metro e igual estaba más sucio y olía peor…-
el rubio empujó la puerta pero estaba cerrada y se alzó
con el mapache por arriba de la casa –Hay un agujero en el
techo…- descendió de nuevo colándose entre el
agujero de las tejas y respirando el olor a humedad y abandono –Sí
que apesta…
- Sí, huele feo. Menos mal que tengo baño. –
comentó en su salto de lógica, que indicaba que se
ducharía al regresar. – Y está sucio. Tampoco
quiero vivir en el metro. Además, hace frío.
-Y el suelo está duro, me gustaba más la cárcel,
me gusta más tu casa y además estás tú…-
lo dejó en el suelo y le cogió la mano mientras caminaban
buscando –Es mejor saber cómo es… si hay que
escaparse… porque él sí sabe donde puede esconderse…
Debimos escoger el sitio nosotros…- meditó después
–A ver si vemos donde puedes esconderte…
- Pero no va a pasar nada, tú me proteges y yo te protejo.
– le recordó, mirando a su alrededor y observando una
puerta. - ¿Qué tal ahí? Tal vez sea un armario....
-Preferiría que fuera un lugar… más alto…-
miró arriba buscando un buen sitio –porque de esa manera
habrá menos posibilidades de que te vea… e incluso
podríamos huir mejor…si hiciera falta, que no la hará…-
meditó igual mirando arriba -¿Qué tal en el
agujero entre el techo y el tejado?
- Me parece bien, pero ¿por dónde va a entrar él?
Porque la puerta está cerrada.... ¿Crees que tenga
llave? – lo miró, curioso, mirando el agujero. –
O a lo mejor por las ventanas, no vimos las ventanas. Olerá
feo... – meditó, ahora arrugando la nariz.
-Bueno… yo dejo aquí mi chaleco para que te pongas
encima, así ya no huele feo… si huele, escondes la
nariz en el pelo…- examinó meditando –y luego
mi chaleco olerá a ti!- anunció feliz como si fueran
a la casa sólo para eso –Creo que a lo mejor tira la
puerta…o a lo mejor vuela también…o entra por
la ventana… o tiene llave, sí… No sé qué
creo que haga…
- Es que si entra como nosotros, a lo mejor y me ve..... –
se preocupó moviendo una oreja y recapacitando. – No
me ve, me escondo muy bien y tu chaleco olerá a ti y luego
a mí. Lo atrapamos, nos pagan, y dormimos juntos de nuevo.
– explicó, como su gran plan.
-No te ven…- se levantó un poco y lo dejó colarse
por el hueco –Puedes buscar un sitio ahí dentro –
se agarró a la madera mirando al interior –Creo que
la gente que no es mapache, no cabe- examinó, viendo que
él no pasaba.
Tanuki se metió, gateando, lo más que pudo y se giró
sobre sí mismo observando al grifo desde allí, dejando
ver tan sólo sus ojos brillantes, dorados en aquella oscuridad.
- ¿Me ves? – casi susurró como si hablar bajito,
lo escondiera mejor.
-Te veo los ojos… - el rubio lo miró fijamente –y
no los tienes negro ahí dentro…- se acercó un
poco más, metiendo la mano para tocarle la cabeza como si
hubiera que asegurarse que seguía siendo él y le aplastó
las orejas.
El mapache se rió, agarrándole la mano y acariciándose
más con ella, sin percatarse de que lo había asustado,
saliendo un poco. – Es que se ponen así en la oscuridad.
Es algo mapache....
-Tu familia se verá toda igual en la oscuridad…- anunció,
mirándolo a los ojos y sacándolo por debajo de las
axilas para abrazarlo –A mí me gustas más con
luz…- lo besó acariciándole la cola –Ya
podemos ir a casa…a que te bañes…y yo no…-
dijo sujetándolo con un brazo bajo las nalgas y quitándose
el chaleco para dejarlo dentro del techo.
- Tú también, que metiste los brazos. – protestó
el chico, dándose cuenta de que no se había bañado
ese día. – Los cazadores también tienen que
oler bien.
-Pero ya huelo bien… me puedo lavar los brazos… me
van a ver las tetas…- dijo pegándolo más a él,
como si sirviera de algo para taparlo –Mejor volvemos volando…
- Sí! Pero tú no tienes tetas! Eso lo tienen las mujeres.
Báñate conmiiiiigo –le insistió, para
ver si eso daba resultado, porque a veces con sus padres, funcionaba.
-Tengo tetas de hombre…cuando era pequeño, las tenía
planas pero ya no, úu sigues siendo pequeño…-
evaluó pensando que igual el mapache casi seguía teniéndolas
planas –Vaaale me baño contigo…
- Eso! – celebró, un poco confundido por lo de las
tetas de hombre y tocándose el pecho como para comprobar.
-A mí me gustan tus tetas…- lo miró un poco
rojo de pronto porque recordaba cosas y se alzó un poco más,
descendiendo de nuevo y cerrando los ojos reído.
- Pues a mí me gustan las tuyas...... – respondió
Tanuki abrazándose más y pensando que igual le gustaba
todo lo de Sei.
-Son bonitas pero no en ti… tú las tienes de mapache…-
dijo parándose delante del edificio –Vamos… así
tú te duchas y yo duermo…
- Nooooo! Tú te duchas conmigo! Ven y jugamos – le
sonrió, agarrándole las orejas de pronto sólo
porque sí, y moviendo las suyas.
-Vaale…- movió las orejas sólo porque lo había
contagiado ver las del mapache y suspiró –Los mapaches
se lavan demasiado…
- No, es normal. Hay que estar limpio, para que no huelas mal ni
te enfermes. Y mi mamá me lavaba las orejas cuando estaba
pequeño, pero ahora lo hago yo. – explicó innecesariamente,
educando acerca de sus maneras.
-Yo te puedo lavar las orejas… me gustan tus orejas…-
lo dejó en el suelo ya en la casa y le sujetó una
oreja con cada mano entre los dedos acariciando la pelusa –Mi
madre me lavaba entero pero igual no me gustaba… pero como
me daba miedo, me bañaba igual.
- Ya, es que a los mapaches, nos gusta lavarnos. Por eso yo ya
lo hacía sólo, pero las orejas son más difíciles
porque no me las veo. – aclaró, como si pudiera verse
la espalda. – Tú mamá quería que te bañaras
y las mamás saben lo que se debe hacer casi siempre.
-Sí… porque son madres…ellas saben. Tampoco
te ves el culo…- dijo sonriendo de pronto –Si me miro
atrás, me veo un poco de culo pero no… yo te lo lavo,
tenemos que ver cómo se hace el amor- le recordó –pero
no hoy, porque tengo que dormir y comer, para no estar cansado…-
dijo como si no hubiera dormido horas y horas ya.
-Ya sé, te bañas y te acuestas. No! Comes primero.....
– recapacitó, comentando luego. – Ahora tenemos
ordenador. A lo mejor allí alguien nos dice cómo se
hace, ¿no?
Sei bajó un poco la cabeza pensando en que de nuevo había
fracasado de su huída del agua –Hay películas
sobre eso…yo duermo y tú investigas… Se llaman
películas porno…eso…- dijo sonriendo porque había
sido inteligente, “cómo no” –En la cárcel,
también tenían revistas porno… pero tienen que
ser gay, porque no queremos ver mujeres…después vienes
conmigo a la cama…me besas y me despierto.
- Las hubieras leído. – se lamentó, porque
así habrían sabido. – Ya sé que tienen
que ser gay, porque somos hombres los dos. A mí me gustas
hombre – aseguró como si fuera posible que cambiase
de sexo de un momento a otro. – En la cárcel todos
son gay ¿verdad? Porque no hay mujeres. Y si no son gay,
no pueden tener pareja y se ponen tristes.
-A mí también me gustan hombres, las mujeres no me
gustan… me caen bien, son buenas… menos las putas, esas
no son buenas…- dijo pensando que le hacían pasar vergüenza
y odiaba eso –Y sí veía las revistas, pero no
las leía porque leer no se me da bien… que no fui al
colegio, veía las fotos y luego me tocaba… cuando no
me veían…
- Ah...... por eso sí sabes tocar, pero no hacer el amor
– exclamó el mapache, recordando que le había
gustado mucho cómo lo tocó esa noche. – Nunca
he conocido una puta. Las he visto, pero igual no les hablo.
-Yo tampoco les hablo… pero a veces ellas te hablan, así
que… me pongo nervioso y me voy…- explicó moviendo
la cola nervioso sólo de pensarlo –Pero también
hay hombres que ponen nervioso pero igual son putas, pero hombres…
en la cárcel también había… ellos sí
saben hacerlo, pero mejor no les preguntamos!
- Hum.... vale! – dijo de igual manera, aunque no estaba
seguro de por qué no les preguntaban si sabían. -
¿Tus amigos no saben? Sí saben, me dijiste que unos
tenían novio. ¿Por qué no les preguntas a ellos?
-Porque no quiero volver a la cárcel…- inclinó
un poco la cara mirándolo a los ojos pensando que era obvio
–y ellos están dentro, aún no los saco…-
movió una oreja mirando al agua de soslayo –Vas a tener
que quitarte la ropa, Tanuki…- dijo más bien sólo
para que se la quitase y no porque tuviera urgencia en mojarse –Y
no quiero que sepan que no sé hacerlo…- añadió
después con gesto de orgullo.
- Ya ....... Tú también quítatela! –
saltó de pronto riendo y halándole el pantalón
con la cola alzada alegremente. – No les preguntamos entonces.
Yo averiguo mejor. Y no te preocupes, los sacamos de la cárcel
cuando terminemos con este caso.
-Vale…- sonrió levantándose y quitándose
la ropa, cogiéndolo luego en brazos antes de entrar en la
ducha. Se sentó con el mapache encima y lo abrazó,
lo cual hacía un poco difícil el lavado, pero igual
sintió un escalofrío al notar el agua mojarlo y suspiró
–No me gusta esto…
...............
Tanuki se terminó de comer su pescado, con cara de alegría,
acariciándose la barriga para demostrar que estaba satisfecho
y colgándose de Sei luego, más bien arrodillado sobre
la cama, ya que el grifo estaba sentado allí. - ¿Te
gusta tu comida?
-Sí…- se pasó la mano por los labios limpiándose
la sangre que pudiese quedar y luego se las lamió repasándose
los labios también –Ahora tengo sueño…-
aclaró tirándose a un lado en la cama sin más
y moviendo las alas un poco. Lo observó fijamente y se estiró
sacando las garras y escondiéndolas de nuevo –¿Te
quedas conmigo hasta que me duerma?
- Sí, te presto mi cola, pero luego tengo que ir a averiguar
cómo se hace el amor, ¿está bien? – aseguró
de manera muy seria, pero sin poder evitar sonreír un poco
luego.
-Está bien…- lo miró a los ojos aún
y cogió su cola con ambas manos acercándose por el
colchón y llevándosela a la cara y cerrando los ojos
–No te excites viendo a otro…- le dijo después
con un ojo entreabierto –Me celaré cuando lo sepa…los
mapaches no mienten…
- No, yo no miento y sólo me gustas tú. Además,
seguro que no hay grifos, porque los grifos son muy raros de encontrar,
pero son muy bonitos – explicó de más, acurrucándose
con el rubio.
-Vale…- cerró el ojo, sonriendo un poco sonrojado
porque parecía que le gustaba mucho que fuera un grifo y
movió la cola para colocarla sobre el mapache rodeándolo
también con un brazo.
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