| Capítulo 47
Executive Decision
Kiba acabó de poner la mesa pensando que era la primera
vez que invitaba a alguien a comer a su casa, tal vez fuera…
pero no en su casa. Suspiró sentándose en una de las
sillas del salón pasándose la mano por el pelo y bajándola
luego al mantel. No estaba muy seguro de qué estaba pasando
pero estaba preocupado por todo. Echó las orejas hacia atrás
preguntándose ahora si habría cocinado a su gusto.
Hiyaku se bajó del auto, acomodándose la ropa. Ni
sabía por qué se ponía nervioso ahora, y si
no habría sido mejor caminar para llegar más tranquilo.
Apretó la botella de vino que había llevado, esperando
que le gustase. Suponía que era simple cortesía llevar
algo. Suspiró, y por fin se acercó a la puerta, tocando
el timbre, y sonriendo. Estaba actuando como un tonto, no pasaba
nada.
El moreno se levantó de golpe, casi volcando la mesa con
una rodilla y se quedó mirándola frunciendo el ceño
y poniéndose de lo más serio porque estaba nervioso
además de bastante molesto por estarlo. Se dirigió
a la puerta por fin y volvió atrás mirándose
en el espejo y asegurándose de que estaba perfecto. Se cerró
un poco mas las cuerdas de la camiseta negra yendo a abrir la puerta
y miró atrás esperando a que su cola se calmase, suspirando
estresado ¿para qué se estresaba tanto? –Hola…-
dijo por fin abriendo y apartándose un poco –Pasa,
estás en tu casa…
- Gracias – le sonrió el rubio, en cierta manera más
clamado y por otra parte, un poco rojo, entregándole la botella.
– Te traje esto, no sabía cual te gustaba, así
que.....
-Sí… claro, gracias- dijo mirando la botella –aunque
no era necesario…ya lo sabes…- la dejó sobre
la mesa volviendo para ayudarle a sacarse la cazadora colgándola
tras la puerta –Si te parece podemos cenar ahora que aún
está caliente…
- Por supuesto. Además, soy tu invitado, tú guíame
– le sonrió, observando el piso. Para haberse acabado
de mudar, estaba muy ordenado. Incluso el suyo estaba peor. –
Es agradable aquí.
El moreno sonrió, llevándolo hasta el salón
por la cintura –Cenamos en el salón, la verdad es que
ya he puesto la mesa y todo…estaba deseando que llegaras y
me puse nervioso, estar en casa encerrado yo sólo, me agobia
mucho… no suelo estar mucho ni en mi propia casa...- lo soltó
parándose al lado de la mesa y retirándole la silla
sentándose frente a él. ¿Y para qué
demonios le retiraba la silla para que se sentase? Carraspeó
un poco levantándose de nuevo para abrir la botella.
- Muchas gracias – el rubio se sentó sin fijarse,
apoyándose en la mesa y siguiéndolo con la mirada.
– Debí llegar antes, no quería ponerte nervioso.
Tendré que visitarte más a menudo, para que no te
agobies.
-No me molestaría nada…- sonrió sirviendo vino
en ambas copas y la carne antes de sentarse y llevarse la bandeja
a la cocina para que no molestase. Se sentó frente a él
de nuevo, mirándolo a los ojos –Al menos ahora ya sabemos
que nuestros cazadores están haciendo su trabajo, por más
extraños que sean…- comentó de pronto alzando
una ceja y cortando la carne.
- Pues sí, no se puede juzgar por las apariencias. –
le contestó, empezando a cortar su propia carne, ya que el
anfitrión lo hacía. – Tal vez si me hubieses
conocido algunos años atrás, no hubieras tenido muy
buena impresión de mí tampoco.
-Tal vez… seguramente dependiendo de cuantos años
nos remontemos… creo que era bastante estúpido…la
verdad es que me avergüenzo… Gracias a Dios me llevé
los suficientes palos como para darme cuenta de muchas cosas que
me hicieron madurar…aunque aún me siento bastante infantil
en muchos sentidos…
-Ey, tranquilo, no lo decía por ti...... – sonrió,
tocándole el brazo y retirando la mano luego. – Es
que..... ya ves que no me comporto como se supone. Pues antes menos,
sólo era un chiquillo que venía de las calles. Pero
tampoco consideré nunca que esa clase de cosas pudiesen detenerme.
-Y yo era un chiquillo que se creía muy maduro… mejor
que los demás y que también pensaba que no importaba
la forma en la que consiguieses riqueza… estaba equivocado…-
sonrió levemente mirándolo intrigado –Dime…
¿Qué sucedió? ¿Hubo algo que te hiciese
madurar? Muchas personas aseguran que algo crítico les hizo
hacerlo...- se pasó la mano levemente por donde lo había
tocado y después bebió un poco.
- No precisamente, yo sólo sabía que quería
salir de aquel lugar y si tenía que cambiar algunas cosas
para hacerlo, lo haría, aunque...... admito que al principio,
simplemente me enfadaba porque no me tomasen en serio. – enrojeció
un poco, sintiéndose infantil de nuevo y mirando su comida.
– Tú y yo no somos tan diferentes, me parece. Después
de todo, fundé una compañía, aprovechándome
de las debilidades de otros, aunque no puedo decir que me arrepiento.
Tampoco tengo ningún interés en regresar en todo caso......
esto está delicioso – le sonrió de pronto, pensando
que se estaba poniendo muy serio, y de todas maneras se sentía
avergonzado, fuera cual fuera, la verdad.
-Gracias…- sonrió pensando que lo desconcentraba totalmente
de lo que estaban hablando –pero todos basamos nuestros negocios
en las debilidades de los demás… en la debilidad de
las mujeres por comprar modelitos para sus maridos…- sonrió
sinceramente –en la debilidad de los enfermos…en la
debilidad por la literatura… ¿verdad? No se puede levantar
un negocio pensando en los demás…- lo miró a
los ojos echándose un poco más atrás en la
silla –En mi caso… estudié derecho como ya sabes…saqué
las mejores notas de mi año… pero…- lo miró
frunciendo un poco el ceño –sólo seguía
siendo el hijo de mi padre ¿comprendes? Por otra parte era
normal… yo presumía de ello… ni siquiera me importaba
el hecho de que aborrecía mi carrera…
- Probablemente yo hubiese sido igual. Siempre pensé que
una vez que tuviese dinero, algo de éxito.... todo estaría
absolutamente perfecto. Y ¿qué sucedió para
hacerte cambiar de idea? – lo observó, inclinándose
hacia él, interesado y bebiendo de su copa.
-Que me di cuenta de lo que decían de mí en realidad…
y la verdad… tenían razón… no lo niego…-
sonrió mirándolo directamente –Era un engreído
y no me merecía estar en el puesto de quienes realmente deseaban
hacer aquello… así que me despedí y utilicé
lo que había cobrado hasta entonces para pagarme los estudios
de diseño textil… y bueno…de todos modos seguí
sin encontrar mi lugar, no me gusta mucho relacionarme, no se me
da bien… creo que eso tampoco me ayudó a que me tomasen
de modelo…
- Conmigo te relacionas muy bien. Sólo debes relajarte.
Si dejaste todo eso atrás, no tienes por qué seguir
esforzándote en que te vean como tus padres quieren que te
vean..... – bajó el rostro, dejando la copa a un lado,
no queriendo ser metiche tampoco, pero murmurando casi sin darse
cuenta. – Cada vez me agradas más.
-Gracias…- sonrió viendo que ya había acabado
su plato también -¿Quieres sentarte un rato abajo?-
dijo señalando el sofá que había frente al
televisor –La verdad es que no veo mucha televisión…
y si te quieres ir, no tienes por qué quedarte. De veras,
no me va a parecer mal ni nada.
- Y ¿por qué querría irme? No me estás
largando ¿verdad? – le sonrió, moviendo la cola
bajo su silla y apartándola luego para ponerse de pie, ofreciéndole
su mano. – Conversemos un poco más.
-No te estaba largando…- le miró la mano cogiendo
las copas con la otra y sujetándola sin comprender muy bien
para qué lo llevaba de la mano a su sillón. Se rió
un poco dejando las copas en la mesita sentándose.
- Tienes una risa agradable y estás serio todo el tiempo.....
– meditó el rubio, sentándose y girándose
para mirarlo, un poco rojo. – No quise decir nada malo.
-Ya… no veo nada malo en que me digan que mi risa es agradable…-
lo miró a los ojos sonriendo –pero no puedo evitarlo
cuando me pongo nervioso y bueno… en realidad fui educado
de forma bastante estricta, no sé qué me pasa contigo,
pero me siento cómodo. Debe ser por esa forma que tienes
de ser…- “tan descuidada” remató en su
mente porque tal vez sonaba mal. Se echó atrás hacia
un lado del sofá –La verdad es que me alegro mucho
de que seas así… no sé qué haría
aquí solo, aún no me apaño…
Hiyaku se rió suavemente, recostándose en el sofá
sin dejar de mirarlo. – Vale, yo te apaño entonces.
– se rió aún más, la gracia superando
a la vergüenza. – Yo también me alegro de que
seas así. Igual me pongo nervioso, pero de una manera distinta.
-Ah! Yo también me pongo nervioso…- dijo bajando la
voz poco a poco al notar que había alzado la voz -¿Ves?...-
frunció el ceño recostándose de nuevo en el
respaldo porque se había incorporado al sentirse reflejado
en él –y la verdad no suelo ponerme nervioso…-
dijo pensando en su cola y que nunca había pasado tanta vergüenza
como en esos últimos días.
- ¿No? Y ¿por qué crees que nos ponemos nerviosos?
– le preguntó casualmente, aunque extrañamente,
al hablar de su nerviosismo, ya no se sentía tan nervioso.
– Te sientes cómodo conmigo, yo me siento cómodo
contigo, pero nos ponemos nerviosos. Es algo..... extraño,
¿no?
-Supongo… aunque me estás poniendo más nervioso
hablando de ello…- lo miró a los ojos serio y se pasó
una mano por el pelo hacia atrás acariciándose una
oreja sin dejar de verlo, extendiendo una mano hacia él,
después sin decir nada.
- Disculpa, no quería ponerte nervioso.... – desvió
la mirada, algo cohibido, aunque tomando su mano y mirándolo
de nuevo mucho más serio. Súbitamente, el chico puma,
se incorporó sobre el sofá, acercándose y besándolo
profundamente sin poder contenerse, cerrando los ojos, pero sin
soltar su mano.
Kiba lo sujetó con un brazo acariciándole el pelo
entrelazando los dedos con los suyos en la otra mano. Deslizó
la lengua contra la suya notando su tacto y la pasó por sus
colmillos separándose de él con suavidad mirándolo
a los ojos -Puede que sea por esto…
- Puede..... – respondió el rubio, acomodándose
mejor contra el moreno, observándolo, sin pensar en otra
cosa que no fuera ese momento. - ¿No te sientes más
tranquilo....? – le preguntó, acariciando su rostro
contra el de Kiba.
-No…- lo siguió mirando sin soltarlo, dejando resbalar
los dedos de los suyos sólo para rodearlo con ambas manos
aunque no podía evitar pensar en lo que diría su familia
si se enterase de algo así, un hombre y aún encima
un puma… ni siquiera un cánido.... Aún así
se acarició la cara contra la suya inclinando un poco la
cabeza para buscar sus labios besándolo con fuerza.
Hiyaku lo abrazó, dejándose besar y a la vez devolviéndole
el beso de igual manera. No lo había pensado pero ahora que
se dejaba llevar, no comprendía cómo no lo había
hecho antes.
Kiba bajó la mano por su columna hasta rozar el pelaje dorado
y deslizó la mano por su cola acariciándola y alzándola
para poder tocarla por entero dejándola resbalar de su mano.
Sonrió rompiendo el beso sin quererlo y dejó reposar
la cabeza en el respaldo acariciando la mano en una de las mejillas
del puma apoyándolo contra su pecho. Estaba demasiado cortado
como para decir palabra.
- ¿Deseabas tocarla, verdad? – le preguntó
el rubio, sonriendo contra su pecho, porque ya lo había visto
mirarla en más de una ocasión. En realidad, él
deseaba tocar la suya también, pero no le parecía
un buen momento. Tendría que levantarse un poco, y estaba
muy cómodo. – Me pareciste atractivo desde que entraste
por mi puerta.
-Gracias…- sonrió rozando la nariz contra su cabello
un poco avergonzado de que lo hubiese notado –Yo…nunca
me entero de nada…- confesó un poco molesto consigo
mismo por no haberlo notado –y sí quería tocarla…-
sonrió un poco, observándola y le acarició
la espalda deseando que se quedara así por un rato, hacía
tiempo que no se sentía tan bien.
- Está bien, puedes tocarla cuanto quieras, no se gasta
– se rió sin cambiar de posición. – No
tenías que enterarte, yo mismo no lo hacía. Pensaba....
que sería algo de profesión.
-Yo sólo pensaba… que eras muy agradable…deslizó
un dedo por el borde de una de sus orejas mirándolo reposar
sobre él y sonriendo –Eso sonó fatal…
- Eso sonó muy bien. – sonrió, alzando un poco
el rostro para observarlo. – No te pongas nervioso. No voy
a analizar todo lo que digas.
“Has dicho puedes tocarla cuanto quieras, no se gasta…”
el moreno le repitió sus palabras en la mente pensando que
más bien había sido él quien lo había
analizado, pero mejor no dijo nada demasiado preocupado de cómo
fuera a verse y le besó los labios de nuevo empujando un
poco la nariz contra la suya para alzarle la cara.
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