.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 34

Always Be Prepared

Sei se abrazó al pecho de Tanuki apoyándose en su espalda y casi cubriéndolo completamente. Claro que no se cargaba sobre él, sólo lo rodeaba, estaba calentito… y él tenía sueño. Lo que no le apetecía era trabajar, aunque aquello era lo único parecido a un juego que antes hacía, pero las cosas eran diferentes ahora, Tanuki jugaba con él y no le hacía falta, aunque cazar de vez en cuando siempre era divertido.

-¿Crees que haya algún caso interesante?- preguntó el rubio moviendo las orejas.

- No sé..... tenemos que salir para saberlo. – contestó el mapache, moviendo la cola aunque restringida por el abrazo y enrollándose, logrando verse aún más pequeño. – Pero sí habrán casos y tenemos que buscar uno que dé mucho dinero.

-No sé… pero es que me canso…- se defendió el grifo que de cansarse nada, pero morro tenía un rato. Se echó atrás desperezándose y moviendo la cola a los lados bajando la vista para coger la del mapache inmediatamente como si fuera un reflejo inevitable.

- Pero hay que trabajar. La oficina, ¿te acuerdas? – insistió un tanto impaciente aunque sonriendo porque le sujetara la cola, contento. – Además, te gusta cazar. Así cazas.....

-Vale… sí me acuerdo… pero es que trabajar todos los días cansa también…- protestó aún así, saliendo con él hacia la taberna donde siempre recogían los trabajos –Me gusta cazar… pero también me gusta cuando otros lo hacen para mí…- se rió moviendo la cola a los lados sin soltar la del mapache como si fueran un extraño tren.
- Ah! No sabía que se pudiera hacer eso..... – comentó el chico, imaginando que como Sei ya había salido en los periódicos, a lo mejor otra gente quería trabajar para él. – Igual, no trabajamos ayer, comimos pastel en vez de eso. Y podemos comer pastel después de trabajar también. – aseguró, como si de una genial idea se tratara.

-Vale… pero no venden pasteles en las noches…- el rubio lo siguió intrigado ahora por saber por qué no se vendían pasteles en las noches y le sujetó la mano como hacían las parejas, aunque un tanto receloso de abandonar su cola como si después ya no fuera a estar allí cuando la quisiese tomar –En la cárcel a veces otros cazaban para mí, mis amigos… - dijo pensando de pronto que a veces le traían a gente para que no se los comiera, pero al final se los comía igual si no eran bonitos.

- Eso es porque eres muy simpático- razonó el mapache, levantando la cola ahora que estaba libre. – No importa, compramos pastel mañana y lo guardamos y cuando terminemos de trabajar, comemos. – resolvió, no queriendo abandonar su idea, aunque luchaba con el hecho de que si compraban pastel, seguro se lo querrían comer enseguida de todas maneras.

-Vale…- dijo meditando en lo terrible que sería saber que había un pastel en la nevera sin poder comérselo durante todo un día. Entró en el bar sentándose como siempre en una de las banquetas delante del mesonero y cogiendo a Tanuki para dejarlo en sus piernas.

-Hola…- el mesonero que aún no recuperaba su humor habitual. Los miró parándose delante y sirviéndoles leche y agua como acostumbraban a tomar, bajo la mirada de Sei que se sentía algo confundido.

- Hola! – saludó Tanuki, tan feliz como siempre de recibir su leche, echándose hacia delante para tomarla y observándolo fijamente de pronto.

- ¿Qué? – le preguntó el otro, incómodo por la mirada del mapache, además del ánimo que llevaba.

- ¿No hay empleo? Estás enojado....... – comentó el chico, señalándole lo obvio y preguntándose si lo habrían saludado mal o algo.

Sei lo miró fijamente de vuelta sin poder evitar mover la cola inquieto, pero no se lo quería comer, que le hacía falta además de que le caía simpático aunque no era nada bonito la verdad –No quiero comerte…- le anunció en lo que era una aseveración, no una amenaza, a pesar de que parecía todo lo contrario.

-Hay trabajo sí…- refunfuñó el hombre extendiéndoles las tarjetas y sujetando la otra en la mano meneando la cabeza y añadiéndola también sólo porque imaginando de quien venía, suponía que tanto ellos como él se sacarían un buen pellizco –Han venido unos finolis… que parecían creer saberlo todo- aclaró inventando un poco.

- Finolis..... Pero esos tienen mucho dinero ¿no? – preguntó el mapache emocionado, aunque se preguntaba para qué querían investigadores, si ya creían saberlo todo. - ¿Por qué no nos dabas el trabajo?
- No, por nada, sólo me demoré un poco- contestó el mesonero, aunque el motivo era claramente otro, añadiendo. – Pues sí, sí deben tener mucho dinero. Y vienen y piden agua.... – murmuró resentido.

-Aunque yo tuviera dinero seguiría pidiéndote agua…- el rubio lo miró a los ojos con varias tarjetas en cada mano como si fuera a leerlas todas a la vez, aunque normalmente solía juzgar por quien le apetecía comerse.

-No es lo mismo- protestó el hombre que no acababa de ver por qué no era lo mismo, pero el cazador le simpatizaba además de que le hacía ganar dinero.

-No… ¿no?- insistió el rubio.

-No …- dijo el hombre contrariado y yendo a atender a otro hombre sólo para poder huir de explicaciones.
- Te dije que eras muy simpático, Sei. – le explicó Tanuki, seguro de su conclusión, bebiéndose su leche y mirando las tarjetas como podía a pesar de que las sostenía Sei. – Busca casos que nos paguen bien. Y que no tengamos que robar. – especificó, aún recordando al chico ardilla.

-Pero robar se te da muy bien… y no todos los ladrones van a ser bonitos… ¿te acuerdas del lobo? Era bien feo… - dijo contrariado moviendo las orejas y comenzando a leer las tarjetas –Eso mejor lo haces tú…- decretó porque le aburría y bebió su agua acabándosela y sirviéndose más de la jarra sobre la barra –Eres mas listo- anunció parándose a su espalda de pie y apoyando los labios en una de sus orejas leyendo por encima.

- Vale, pero si es un ladrón bonito, no cumplimos con el trabajo. – aseguró contento porque le dijera listo. – Pero yo digo que tomemos el de los finolis, porque...... ya oíste que tienen mucho dinero. Además, es un asesino.... se ve interesante, y te lo puedes comer. – finalizó confiado, leyendo la nota que a duras penas había pegado el cantinero a la tarjeta y que en realidad, sólo decía eso. Después de todo, Hiyaku no le había dicho mucho más y tampoco es como que se sintiera con muchas ganas de ayudarlos.

-Humm… vale… - dijo leyendo por encima no tan convencido de poder comerse al asesino si no sabían nada de él –Pero no tenemos por donde comenzar… y los casos de la gente rica siempre son más difíciles… - aclaró apoyándose en sus hombros con las manos.

- No, pero podemos llamar a ver si nos dicen algo. O ir...... – respondió optimista elevando la cola a pesar de estar sentado sobre el grifo y girándose luego confundido. - ¿Por qué son más difíciles?

-Porque a los ricos siempre les pasan cosas más complicadas… Te pongo un ejemplo… Nuestras casa es pequeña… porque no tenemos mucho dinero… así que nos robará un ladrón no experto, pensará que es fácil porque no tenemos alarmas ni nada… Pero si eres rico, tu casa es grande y tienes alarmas y puedes pagar investigadores y policías… así que los ladrones inexpertos no te roban, sólo los expertos… Con los asesinos pasa igual… - explicó muy convencido –Y mejor vamos, porque los teléfonos no me gustan.

- Waaaaa...... Eres muy listo, Sei. Por eso eres el mejor compañero del mundo. –declaró como si se acabara de ganar un premio. – Vamos! Pero... a esta hora no trabajan..... Tendríamos que ir de día.

-Vale… vamos, pero no a verlos… me llevo otra… para que no piense que sólo nos interesan los que le caen mal…- dijo cogiendo otra tarjetita al azar sin tener idea de qué trataba y porque además seguro que la otra les llevaba mucho tiempo -¿Vamos a casa?- preguntó cogiéndole la mano de nuevo feliz de que fuera su novio sin poder evitar sonreír pasándole la cola alrededor de la cintura.

Tanuki se rió contento con la extraña caricia, pégandose más a él. – No sé, podemos resolver el otro caso esta noche, si no es muy difícil, y así ganamos doble dinero. ¿O te cansas mucho?

-Es que me canso mucho…- protestó el grifo cogiéndolo en brazos y amarrándose a una cornisa para alzar el vuelo rodeándolo más mientras sobrevolaba los edificios buscando aquel que venía en la tarjeta sólo para ver donde estaba y rozando la nariz contra una de las orejas del mapache lamiéndola después tentado a morderla un poco.

Tanuki movió rápidamente la oreja como siempre, abrazándose al rubio, dejando que su cola guindara hacia abajo, y disfrutando del vuelo ahora. - ¿Adónde vamos? ¿No íbamos a casa? Pero jugamos un poco..... le advirtió, porque no tenía ganas de dormirse enseguida de nuevo.

- Vamos a jugar…- aclaró porque se había olvidado de para qué había alzado el vuelo y lo dejo resbalar –No te suelto…- le aclaró sujetándolo por las manos y dejándolo colgar en el aire reído –Te suelto, pero no te caes- dijo cogiéndolo por la cintura y lanzándolo por encima de él, recogiéndolo de nuevo y abrazándolo recordando entonces –Quería ver donde estaba el edificio de la tarjeta… eso hacía…

- Mejor no me sueltes! – exclamó el mapache, que le daba miedo que Sei se equivocara y no lo pudiera agarrar luego, abrazándose al grifo de una manera, que no lo separaban ni con grúa. Alzó un poco la cabeza, para observar los edificios, pegándola luego contra el pecho del rubio de nuevo. – Me dices si lo ves.

El rubio lo miró sonriendo un poco y pensando que así de agarrado aunque lo soltara, no se caería y se rió abrazándolo y dejándose caer entre los edificios alzándose de nuevo y sobrevolándolos. Se echó hacia abajo sorprendido al encontrarse de frente a otra persona volando y se alzó de nuevo –Lo veo…- anunció, acuclillándose en el techo del mismo –Si no me sueltas un poco, tú no lo vas a ver.

- Vale, pero si me caigo, me atrapas – advirtió, como si el grifo no lo fuera a hacer, separándose. - ¿Cuál es? Es grande ¿verdad? ¿Es el más grande? – preguntó emocionado, porque tenía la idea de que mientras más grande fuera el edificio, más les pagarían.
-No te caes y claro que te atrapo, te protejo porque te quiero mucho- le aclaró –Es el que está debajo de nosotros- explicó acuclillado como estaba en la cornisa –Es bastante grande… pero no es el más grande…

- Ah, bueno, no importa. Igual es grande...... – se inclinó, mirándolo, confiado ahora en que Sei no lo dejaría caer. – Es bonito también, pero a esta hora, no debe haber nadie. – concluyó, con todo el cabello guindando por la manera como se asomaba.

-No, las luces están apagadas- el rubio se inclinó también hacia abajo sujetando la cintura del mapache con una mano y descolgándose amarrado a la otra, dejándose caer para mantenerse en el aire de nuevo y espiar por las ventanas. Sólo podía ver mesas y sillas… una oficina… y algo que parecía… un escenario -¿Qué crees que sea?

- No sé, ¿entramos a ver? – sugirió el chico, ahora inspirado por la curiosidad. .- A lo mejor es un teatro..... o a lo mejor hacen películas. – razonó luego, porque le parecía una mejor explicación.

-Vaale…- el rubio se acercó tratando de abrir una ventana sin mucho éxito –Seguro que tú sabes abrir ventanas… - dijo desistiendo inmediatamente.

- Sí.... – asintió orgulloso el mapache, sacándose algo del bolsillo y estirando los brazos sin llegar a alcanzar el pestillo. - ¿No me ayudas? Necesito que me cargues- aclaró, porque desde ese ángulo, o no lo lograba o acababa cayéndose.

-Sí…- el rubio lo acercó al pestillo interesado por lo que llevaba en la mano -¿Es una ganzúa? ¿O es otra cosa?- dijo aunque no veía bien -¿Crees que tengan seguridad dentro? No quiero ir a la cárcel…

- No..... es un ganchito.... – le mostró el objeto en cuestión, no muy seguro de cómo se llamaba. – Y ¿si tienen alarma? No quiero que vayas a la cárcel tampoco – pensó de pronto preocupado, aunque a la vez desanimado. – Pero no hemos hecho nada. Por entrar, no te quedas en la cárcel......

-Pero si alguien entrase en nuestra casa yo me lo comería… Mi madre también mató a uno que entró en nuestra casa… y yo me acuerdo porque me lo comí…- dijo observando pese a todo, cómo abrían la ventana –Si llegan, huimos… - susurró de pronto pensando que era mejor hablar en bajo –¿Y si tienen pistolas? Me duermo…

- No te duermas! Te cuido...... Yo también tengo una pistola – le recordó, aunque no la tenía con él, y así no servía. Pero desde que Sei lo acompañaba, no veía la necesidad. Y menos, si al grifo no le gustaban. – No tienen alarma...... – anunció, deslizándose por la ventana y abriéndola totalmente para que el grifo cupiera.

Se dejó caer al interior mirando a su alrededor la mesa que imaginaba de la recepcionista leyendo su nombre sobre una placa dorada. Era una chica, seguro que era agradable, dedujo mirando después adelante, más interesado en ir a ver el escenario aquel.

Abrió la puerta mirando a su alrededor el fondo azul que cubría las paredes, cojines y plumas en el suelo. Se quedó mirando la pared de atrás observando que eran mujeres desnudas –Es un putiferio!

-Ah! – Tanuki exclamó, más bien porque lo había sobresaltado que porque lo asustara aquello, acercándose. – Y ¿eso por qué da miedo? No, no están haciendo nada, sólo están desnudas..... – le aclaró para que se tranquilizara.

-Ya… pero es que son putas…- dijo mirándolas curioso no obstante –No me gustan…- aclaró desviándose de las fotos y mirando a otro lado moviendo la cola inquieto –No les dejes que me hablen si las vemos… que me ponen nervioso…- dijo recordando más bien el caso de chicos en la cárcel y enrojeciendo moviendo las orejas.

- No les dejo que te hablen. – accedió, mirándolo y pensando que él también se veía bonito cuando enrojecía. Se alejó, metiéndose tras el escritorio y revisando los cajones, leyendo todo papel que encontraba. – Aquí hay nombres y direcciones.... dice que son modelos – explicó, revisando los archivos de las chicas que acababan de contratar.

-Pues las modelos usan ropa… por eso son modelos… para ponerse modelos…- dijo el rubio observando los papeles por detrás de él –También hay modelos pornográficas… pero también son putas…- aclaró muy poco interesado en los papeles –Entonces es una agencia de modelos putas donde matan modelos…

- No sé, a lo mejor no mata modelos, a lo mejor sólo mató a una..... – lo miró el mapache, guardando los papeles y regresando junto a él. – Pero contratan mucha gente, así que nos pagarán bien. Tomó una cámara, disparando el flash de pronto y riéndose.

Sei cerró los ojos de golpe sorprendido por la luz del flash y sonriendo contagiado por la risa del mapache –En la cárcel también te sacan fotos de frente y de lado…- explicó mirándolo –A mí no me gustan las fotos… Si nos pagan mucho, a lo mejor podemos tener una oficina pronto…- lo miró acostándose entre los cojines para probarlos y sujetó uno morado abrazándolo –Este cojín me lo llevo…

- Hum....... – el chico se quedó mirando la cámara, porque había pensado llevársela, pero si a Sei no le gustaban las fotos, no tenía sentido, ya que sólo sacaría fotos de él. La dejó a un lado, tirándose sobre él y sujetando otro cojín. - Y yo me llevo este – sentenció, a pesar de su comportamiento, tomando uno azul.

-Vale…- el rubio se rió abrazándolo y bostezó sonoramente moviendo las orejas –Si no fueran finolis que lo saben todo, ya podíamos dormir aquí hasta mañana…

- Pero tampoco tendrían este lugar...... – le aclaró Tanuki, decidiendo que finolis y ricos era lo mismo. – Además, nuestra casa es más bonita. Y no hay fotos de putas – sonrió, seguro de que eso lo haría feliz.

-Es verdad… además tenemos un colchón que nos compramos nosotros y no huele raro…- aclaró haciendo patente que no le pasaba desapercibido lo extraño que olía ese colchón -¿Nos vamos?

- Vamos, volvemos cuando haya gente para preguntarles qué quieren- delineó el plan, como si fuera una estrategia muy bien planificada, abrazándose a él, y sujetando los almohadones, por si echaba a volar de pronto.



 
 

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