| Capítulo 28
Brain-eating and Bug Pie
Tanuki se le subió encima al grifo, acercando cada vez más
su rostro al del rubio dormido en pleno parque, y moviendo sus orejas
y la cola, susurrando. – Seiiiiiiii............ – a
ver si se despertaba, pero a la vez, nervioso por despertarlo.
El rubio entreabrió los ojos sacudiendo las orejas y estirándose
ruidosamente bostezando y abrazándolo como si fuera un peluche,
plegándose de medio lado en la hierba como si lo de despertarse
no fuera con él. Sintió algo en la cola y la sacudió
observando una mariquita que echaba a volar –Comamos bichos!
_ No!!!! Está bonita! Juega conmigo! – lo riñó,
aunque riéndose y moviendo la cola contra él, contento
de que se despertara.
-Le quitas las alas y está fea…- protestó el
rubio sentándose de todos modos y mirándolo fijamente
–Yo soy más bonito, me quitas las alas y soy bonito
igual…
- Sí, tú eres más bonito, pero no quiero que
te quiten las alas. – aseguró como si fuera una posibilidad,
y agarrándose la cola de pronto como si alguien hubiera hablado
de quitar colas.
-Tampoco te quitarán la cola!- anunció sujetándosela
también y tapándolo por si acaso –De todos modos,
puedo comerme a quien sea…- le recordó… cosa
que era bastante improbable. Alzó la vista siguiendo los
saltos de un saltamontes -¿Nos comemos eso?- preguntó
comiéndose antes de esperar –Sabe a cacahuetes…
era feo…
- ¿Te gustan los cacahuates? – preguntó el
mapache, tumbándose sobre la hierba boca abajo con la cola
en alto ahora, ya despreocupado. – Yo no como bichos......
los pescados no vuelan – aclaró, como si el volar los
convirtiera en bichos.
-Hay un pez que se llama pez volador… y eso es porque vuela…
luego vuelve al agua porque se asfixia… pero vuela…
tiene alas… de pez…- le explicó a gatas subiéndose
sobre él y bajando la cabeza para verlo, besándole
la nariz al revés –Me gustan los cacahuetes…
pero no tengo tantos como para comer sólo de cacahuetes…
y…hay que pelarlos…
- Sabes mucho, Sei – exclamó impresionado el mapache,
golpeando el suelo con la cola, más contento aún de
que lo besara, agarrándole la cabeza de pronto. – No
comas sólo cacahuates entonces.
-No… como gente… pero shh… Si me oyen, me llevan
a la cárcel… y no te veo más… me enfado
y los mato a todos… luego me escapo,…- anunció
como viendo el plan ya en su mente –A todos los que no me
dejen escaparme… También me gustan los pasteles…
y … otras cosas que saben bien…
- No vayas a la cárcel! – exclamó alterado,
como si fuera lo único que hubiera dicho, de pronto saltando
así mismo, y guindándose de su cuello porque así
no se lo podían llevar. - ¿No te da penas comerte
a la gente? Porque a lo mejor.... te comes a los novios de otros.
Y ellos también lloran. Pero te voy a comprar un pastel!
– anunció para nada siguiendo un orden determinado
en la conversación.
-Vale! Yo te compro uno a ti!- se giró en la hierba dejándolo
sobre él y se giró a un lado pensando en lo de comerse
a la gente –Pero es que sólo me como a gente mala…
sus novios no los quieren…- dedujo claramente sin tener idea
y viendo a un hombre con cola de cocodrilo pasando con un maletín
–Mira… un hombre iguana!
-¿Cómo?- preguntó el hombre que obviamente
no tenía muy buen humor.
-Hombre iguana!- el rubio lo miró a los ojos rugiéndole.
- No soy iguana! Tú....tú..... – el hombre
lo señaló, claramente molesto a pesar de estar preocupado
por la actitud del rubio.
- Pero tienes cola de iguana! Y es un grifo!!!!!!! Es bonito! Y
yo soy un mapache! ¿Puedo tocar tu cola? – le preguntó,
por curiosidad, ya que nunca había tocado una cola como aquella.
- Es de cocodrilo! Y no, no puedes tocar mi cola! Niños
maleducados.... – los riñó el hombre, enfurecido,
aunque Sei no tenía ni cara ni cuerpo de niño realmente.
Tanuki le sacó la lengua, subiéndose por el grifo,
molesto y algo desanimado. – Pues no puedes tocar la mía
tampoco y Sei dice que es la mejor!
-Es la mejor!- le aseguró el rubio sujetándolo y
mirando al hombre con odio. No se lo comía, sólo porque
sabía que Tanuki no querría –No le toques su
cola que total está asquerosa…- soltó para que
lo escuchara.
-Deberían aprender a comportarse! Si es que su madre no
les enseñó! - les gritó pese a que ya se iba
yendo por si acaso.
-Mi madre te mataría y yo también te mataré!-
sentenció sacándole la lengua sólo porque lo
acababa de aprender y antes nunca se le había ocurrido sacarla
por algo que no fuera vérsela o mostrarla.
El hombre los miró horrorizado apretando el paso y Sei lo
siguió con la vista contrariado –Da igual, las colas
verdes son un asco…
- Pero la tuya sí la puedo tocar, ¿verdad, Sei? Y
es bonita! – miró hacia donde ya ni había rastro
del hombre, igual mostrando la lengua de nuevo porque le había
parecido divertido que Sei también lo hiciera y deslizándose
hasta atrás del grifo para sujetar su cola, mostrándole
la suya, para que hiciera lo mismo.
El rubio la sujetó –Puedes tocarme lo que quieras
porque somos novios, menos la polla… porque eso me da vergüenza…-
explicó levantándose y alzándolo sobre su hombro.
Sonrió abrazándolo por debajo de las axilas y girando
para hacerlo revolotear, soltándolo un poco para agarrarlo
de las manos aún girándose y dejándose caer
en la hierba de nuevo mareado. Se volvió de espaldas alzando
la cola –Me mareé!
- Yo también! – exclamó el mapache, con ojos
descentrados, tratando de pararse y cayendo sentado con su cola
tras él y las manos entre las piernas.
-Pero fue divertido… antes de marearse…- dijo doblando
la punta de la cola y girándose varias veces por el campo
hasta apoyar la cabeza en las piernas del mapache alzando los brazos
para abrazarlo –Esta noche podemos ir a buscar nuestro dinero,
que nos debe doña cerdo…
- Sí, y compremos pastel luego, ¿quieres? –
asintió el chico sonriendo aún mareado, y abrazado
al grifo. -Eres muy grande. – comentó lo obvio.
-Tú eres pequeño… A mí me gustas así-
añadió por si acaso –Quiero pastel… ahora…
que tengo hambre…- añadió levantándose
un poco mareado aún y buscando una pastelería guiándose
por el olfato. -¿Crees que tengan pastel de bicho?
- No, la gente no come bicho. ¿Por qué quieres comer
bicho? Los pasteles llevan harina y frutas o.... otras cosas –
finalizó no muy seguro de lo que llevaban, sólo de
que sabían bien, y no tenían bichos.
-O chocolate… a mí me gustan los bichos, saben a cacahuete…
- se paró delante de la panadería mirando los pasteles
de afuera –Podemos comprar una tarta entre los dos…-
anunció viendo las fresas emocionado –Primero deberíamos
besarnos.
- Está bien, bésame. – asintió el chico,
cerrando los ojos y luego aclarando. – Y nos besamos luego
de la tarta también, así sabemos a tarta. –
sonrió, orgulloso de su genial idea.
-Sí! Quiero beso con sabor a tarta!- anunció emocionado
también y besándolo mientras le acariciaba la cola
–Tus ideas son muy buenas…- anunció sólo
para besarlo de nuevo, aunque sólo habían acordado
un beso antes, pero igual, no se notaba.
Tanuki sonrió, moviendo las orejas. – Gracias- y le
haló de la mano, entrando al local. – Queremos un pastel!
Ese! – señaló el que Sei había estado
mirando, alzando sus ojos al rubio por si acaso. - ¿Quieres
ese verdad? No tiene bichos.
-Bueno… aunque no tenga bichos… - dijo mirando a la
mujer que se espantó un poco guardando el pastel dentro de
la cajita.
-Ninguno tiene bichos…todos están muy limpios- aseguró
preocupada.
-Deberían hacer uno con bichos… saltamontes…
saben a cacahuete… - aseguró el rubio dándole
consejo y pagándole.
- Sei lo compraría. Yo no, no me gustan los bichos. –
lo apoyó Tanuki a medias, pero muy serio, siguiendo al grifo
con la cola en el aire.
-Tal vez haga uno con bichos otro día…- se planteó
el rubio mirando a Tanuki -¿Si te comes bichos… te
comes su cerebro? ¿O no tienen? No quiero comerme cerebros…
- Sí tienen.... porque tienen cabezas. Y en la cabeza está
el cerebro, ¿no? – preguntó confundido, aunque
había empezado la frase muy seguro de sí mismo.
-Sí… en la cabeza está el cerebro… en
la barriga las tripas, si te las comes puedes comer caca, por eso
no se comen.. y saben asco… me lo enseñó mi
madre… - anunció felizmente –y entonces no quiero
más bichos… que los cerebros me dan asco también…
- ¿No te comes los cerebros de la gente que te comes? Yo
como pescado, no me comeré la cabeza tampoco – anunció
por si acaso, como si hicieran un pacto de no comer cerebros.
-No… que además su cráneo está duro…
e igual no quiero romperlo si no me gusta lo que está dentro,
no es como que no pueda, porque sí puedo…- explicó
innecesariamente -No comemos cerebros… tripas tampoco…
tienen caca…- le recordó –Vamos a comer pastel…
al bar para que nos paguen y le pedimos leche, yo quiero agua.
- Sí, porque si no nos pagan, te la comes. – le recordó,
porque se sentía impresionado por Sei, caminando alegremente
hacia el bar, con la cola en alto.
-Claro- sentenció el rubio con el pastel en una mano y sujetando
su cola con la otra.
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