| Capítulo 24
The Beauty of Making Chairs
- ¿Qué?! ¿Cómo que renuncias?! No........
– el rubio se pasó una mano por la frente con un gesto
exasperado, como intentando disipar un masivo dolor de cabeza. –
No puedes renunciar. Tienes una sesión en dos horas, ¿sabías?
Claro que sabías.... – murmuró más para
sí, deseando ahorcarla con sus propias manos.
Escuchó sus excusas del otro lado de la línea, intentando
calmarse, pero claro, le era imposible.
- Tu agente..... Tu agente es un idiota! Hay seguridad aquí,
no te va a pasar nada. Lo has hecho miles de veces antes. –
le respondió a la voz que tanto lo estaba alterando en esos
momentos. – Claro que no te vamos a pagar más! –
volvió a alzar la voz, sobresaltando a la chica que estaba
a punto de entrar en su oficina con el café que le había
pedido hacía 10 minutos. La morena se giró, suspirando,
prefiriendo regresarse por donde había venido. Cuando estaba
así, era mejor no hablarle.
- Hay un contrato, ¿recuerdas? Un contrato...... –volvió
a modular su voz, levantándose de su escritorio y paseando
sus ojos castaño-dorado por el paisaje que se apreciaba afuera.
– Puedo demandarte....... – casi susurró, contra
el auricular. Por supuesto que no pensaba demandar a nadie. Era
absurdo con la situación como estaba. Con las pérdidas
que estaba teniendo la compañía, seguro le salían
más caros los abogados que conseguirse otra modelo.
Hiyaku cerró los ojos, olvidándose un poco de la
voz molesta que ahora intentaba buscar maneras de que no la demandase
a pesar de que lo había dicho más como un consuelo
para sí mismo. Estaba cansado. Hacía mucho tiempo
que no se cansaba tanto. Claro, que no era el mismo tipo de cansancio.
No podía evitar pensar en todo lo que se había esforzado,
todo lo que había trabajado, sólo para que todo se
viniera abajo. Se suponía que fuera fácil una vez
que lo hubiera logrado. No se suponía que ocurrieran esas
cosas.
- ........¿estás escuchando algo de lo que digo?
¿Hola? – La voz lo sacó de sus pensamientos,
casi haciéndolo saltar de lo distraído que estaba.
El rubio apartó el teléfono de su oreja, moviéndola
molesto por el tonito, haciendo acopio de todas sus habilidades
lisonjeras, cambiando de estrategia, y lanzando un suspiro antes
de volver a hablar por el aparato.
- Sí, sí, claro que te escucho, por supuesto. –
dijo, utilizando un tono de voz más suave y moviendo la cola
de un lado a otro, mientras caminaba por la oficina. – Nena,
linda, preciosa, claro que no te voy a demandar. No lo decía
en serio..... Pero piénsalo, ¿dónde voy a conseguir
a otra como tú? Eres única. ..... – escuchó
un momento respondiendo con una ligera sonrisa. –No, claro
que no lo digo sólo por decir. Sabes que no contrato a cualquiera.
No puedes renunciar. Estaremos perdidos sin ti.....
La chica volvió a soltarle una retahíla de cosas,
aunque esta vez le parecían un poco más razonables.
El chico puma se rascó la cabeza, más tranquilo ahora
que parecía estarla convenciendo, su larga cola aquietándose
un poco. – No, entiendo que tengas miedo, pero no te va a
pasar nada. Ya te dije que tenemos seguridad. ¿Crees que
dejaría que le pase algo a una de mis estrellas?
Escuchó por unos minutos más, su expresión
volviendo a cambiar a una más tensa, y la cola retornando
a su movimiento alterado, justo cuando la secretaria volvía
a acercarse a la puerta sobre la que se leía Matsuda, Hiyaku.
La morena alzó la mano para llamar, escuchando a su jefe
alzar la voz de nuevo, y una vez más, regresando por donde
había venido. Ya sabía que la llamaría luego
a preguntarle donde estaba su café.
- ¿Cómo que renuncias de todas maneras?!!!! ¿Qué
no entiendes? Para eso existen los contratos. – refutó,
exasperado de nuevo. - Si tanto miedo tienes, no hagas estupideces
y ya está. No veo por qué tienes que salir con hombres
que apenas conoces. ¿Cuál es la necesidad, eh? Y no
andes diciéndole a la gente que quieres que te maten! Más
si hay un asesino suelto. Es estúpido! ¿Qué
no lo ves? ES-TÚ-PI-DO!
Se apartó el auricular de la oreja de nuevo, moviéndola
fastidiado con aquel tono de voz chillona que ahora le gritaba y
pensando que con gusto la mataría él mismo si así
se callaba. Abrió los ojos al escuchar lo que le decía
porque hasta a esa distancia podía entender cada palabra.
Ya ni siquiera estaba interesado en retenerla, que se fuera a la
mierda. Ella, y todas las demás.
- ¿Hijo de puta?! ¿Hijo de puta?!!!!! Serás
mi madre, pues. – le contestó enfurecido. – Y
para que lo sepas, no eres nada especial, hay muchas, miles como
tú! Se caen de los árboles! Y para colmo, eres fea,
horri.....! – exhaló con fuerza, al escuchar que cerraba,
intentando calmarse y seguro de que le había intentado tirar
el teléfono. – Imbécil, no puedes tirar un teléfono
inalámbrico.... – murmuró, casi en un susurro
y empezando a reírse con suavidad, alzando la voz luego,
para terminar finalmente riéndose a carcajadas como un loco,
liberando en gran parte la tensión por la que acababa de
pasar.
Se asomó a la ventana de nuevo, observando el tráfico
abajo, y cerrando la persiana con un solo movimiento de su mano,
aún riéndose y cubriéndose el rostro con una
mano. – Dios, odio a la gente...... debí vender sillas.
Nadie mata a los que hacen las sillas, no......
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