.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 23

My Secret Life

Aparcó el coche en el parking de la empresa y se pasó las manos por la nuca hacia delante echando el corto cabello gris azulado hacia la frente aplastándose las largas orejas bajo las manos y se miró un momento en el retrovisor asegurándose de estar perfecto antes de bajar. Así debía ser.

Se bajó, dirigiéndose al ascensor, el traje gris oscuro perfectamente acomodado, sin una arruga de mas ni de menos, la camisa crema, limpia y la corbata roja en el cuello engarzada en un pasador dorado. Suspiró esperando a que el ascensor llegase a la planta baja.

-buenos días señor Kyouji…- dijo una chica que agachó un poco la cabeza saludándolo y viendo como el moreno la inclinaba un poco a modo de contestación, sin decir palabra. El señor Kyouji no hablaba mucho, no recordaba haber escuchado jamás su voz, era el dueño del edificio y de su propia empresa a pesar de su juventud.

Su padre desde luego también había sido un triunfador, sin embargo no le había otorgado favor alguno al señor Kyouji, el lo había ganado todo por sus propios esfuerzos, en la universidad, más tarde trabajando en el buffet de su padre y por fin… había emprendido su propio proyecto en la industria de la moda. Ahora sus modistas marcaban la tendencia. Porque el señor Kyouji apenas diseñaba ya más que seis o siete modelos para cada temporada, ahora lo dejaba todo en manos de sus empleados y despues elegía los modelos más apropiados.

-buenos días señor…- saludó una mujer que iba a bajar cuando el moreno salió del ascensor e inclinó la cabeza para saludarla avanzando entre las enormes mesas de los modistas hacía su despacho recibiendo los saludos y contestando a todos del mismo modo serio.

Dejó la enorme carpeta de dibujo sobre su mesa y la abrió colocándola para poder ver los últimos diseños en los que estaba trabajando cuando volviera. Salió de nuevo para revisar el trabajo de los empleados y ayudarlos en lo posible. Claro que solo lo justo, o no estarían creando por ellos mismos.

Los empleados alzaron la cabeza casi al unísono bajándola inmediatamente de nuevo y esforzándose por simular estar trabajando con su máxima entrega entonces, porque todos sabían que para poder trabajar con un triunfador nato… había que triunfar o al menos en el caso de este triunfador había que intentar hacerlo.

Kyouji jamás había despedido a nadie a no ser por vagancia, jamás había despedido a ningún trabajador, ni siquiera a los que jamás habían tenido un diseño en las pasarelas. Porque el consideraba su propio error haberlos contratado y por lo tanto no merecían ser despedidos. Asi que, aunque todos lo respetaban y en cierto modo temían, todos consideraban a este hombre un hombre amable y atento. Tal vez demasiado recto y serio, jamás lo habían visto reír ni bromear. Tampoco salir sin ser por motivos de empleo.

Los que iban quedando atrás respiraban tranquilos y los de delante trataban de seguir pareciendo concentrados en su tarea. El moreno se detuvo entonces tras la espalda de un chico observando su trabajo en las hojas revueltas por la mesa y movió una oreja –así… no se puede trabajar- dijo en un tono totalmente oscuro y apenas alzando la voz.

-se…señor… lo siento…- el chico bajó la cola entre las piernas sin que al moreno le pasase inadvertido. Sintiéndose un poco molesto por ello.

-la timidez no es buena compañera… y tampoco la inseguridad…- le explicó mirándolo con sus ojos de color uniforme, uno gris y otro azul, ese era uno de los motivos por los cuales el señor Kyouji no hubiera podido emprender su verdadera pasión en las pasarelas. Por ese motivo había decidido crear moda en lugar de ser modelo, su raza no debía tener los ojos de aquel color y menos de distinto color, por ese… y porque ser modelo teniendo en cuenta su nombre…no sería correcto ahora era un hombre de negocios.

Ordenó los papeles en blanco a un lado y los usados en otro, dejando tan solo el proyecto en el que trabajaba frente a el, ordenándole los lápices y las reglas, pasando un algodón con alcohol por ellas para que no arrastrasen restos por las hojas en blanco –ahora… puede seguir trabajando…- dijo continuando su camino.

-gracias señor…- el chico rubio miró su amplia espalda cohibido y serio, bajó la mirada hacia sus nalgas y a la cola grisácea llegando casi a sus rodillas y sonrió bajando la cabeza algo rojo. El señor Kyouji era un hombre muy atractivo pero no parecía interesado por nadie y nadie parecía tener el valor como para acercarse a el con aquellas intenciones.

Pero había algo incorrecto entre todo lo que el señor Kyouji hacía, incorrecto para su manera de ver las cosas, o mas bien para como había sido educado… y es que el señor Kyouji era socio de otro hombre en una empresa de “modelos” para fiestas y congregaciones… pero no eran unas modelos cualquiera, eran modelos que posaban desnudas… modelos de pornografía, lo cual no tenía mucho que ver con la moda despues de todo… y mucho menos si se trataba de modelos que decían tener instintos suicidas… su sueño era morir… y el también lo había pensado alguna vez, no, muchas veces… en realidad… tal vez por eso… se había interesado en ser socio de aquel proyecto invirtiendo su dinero en el.

Claro que con el tiempo se había dado cuanta de que aquello no tenía nada que ver con la muerte si no simplemente con el sexo, aun asi, las ganancias eran realmente buenas, otro triunfo.

Pero ahora había algo que le preocupaba y aquello era que no dejaban de asesinar a las modelos… la empresa estaba comenzando a resentirse y no podía darse el lujo de un fracaso ante sus padres, no cuando le había llevado la contraria una y otra vez, tampoco podía darse el lujo de que saliera a la luz su relación con “Death Whores”.

Suspiró de nuevo volviendo a su despacho tras haber revisado todos y cada uno de los escritorios –buen trabajo, a final de semana quiero al menos seis modelos de cada uno sobre mi mesa, gracias, sigan trabajando…- dijo mirándolos antes de encerrarse y sentarse en su silla de cuero mirando al teléfono, tal vez debía hablar con su socio, sería lo mejor. Nunca lo había visto en persona y a penas si se conocían de alguna charla telefónica, pero el odiaba hablar por teléfono. Mejor esperaba un poco más… era lo mas conveniente. No convenía alarmarse y mucho menos parecer alarmado.


 
 

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