| Capítulo 20
Everyone Should Sell Ice Cream!
Tanuki se había despertado y extrañamente, había
logrado resbalarse por debajo de Sei para escapar de su apretón,
porque el grifo siempre se estaba durmiendo y por mucho que le gustase
que lo abrazara, él ya no tenía sueño. Se movió
por el piso, buscando entre sus objetos algo con qué entretenerse,
hasta que halló un pequeño juguete, que hacía
ruido según lo girabas. Se tiró en el suelo, con el
susodicho objeto en el aire, girándolo reído, mientras
movía la cola.
El rubio se despertó incorporándose de golpe al escuchar
el ruido, sintiéndose accionado y se quedó sentando
en el colchón mirando el objeto rodar y recogerse una y otra
vez, siguiéndolo con la mirada bajando y subiendo la cabeza
a su vez sin poder evitar mover la cola a los lados. Se echó
adelante atrapándolo en el aire y rodando al suelo al pisar
el borde del colchón. Se quedó tirado hacia arriba
volviéndose de medio lado y haciendo rodar la bolita por
el suelo hacia Tanuki de nuevo –No me caí, me tiré…
- disimuló.
- No importa, jugamos..... – le contestó el mapache,
para el que poca diferencia hacía, ya que el se caía
a menudo, girando el juguete de nuevo y saltándole encima,
pasándoselo para que él hiciera lo mismo.
Sei lo alzó en una mano sacudiéndolo para escuchar
el sonido y alejándolo del mapache para que no lo alcanzara,
jugando con él –Vale, entonces sí me caí-
confesó reído –Si ibas a jugar, podías
despertarme…- le reprochó luego porque para eso sí
estaba bien dejar de dormir.
- Pero no quería que te enfadaras, porque..... ni siquiera
me dejas que me escape – le reprochó, aunque sí
se había escapado, e intentando subir por su brazo para atrapar
el objeto.
-Pero ya te escapaste…- lo miró con sus ojos dorados
pasando la pelotita a la otra mano, lanzándola sin dejarle
atraparla y riéndose animadamente, moviendo la cola emocionado
por el juego –Tampoco me voy a enfadar contigo si te escapas…
Si te escapas del todo, a lo mejor sí me enfado… porque
no me gusta quedarme solo…
- No me voy a escapar del todo. Yo tampoco quiero quedarme solo.
Y además, me gusta estar contigo. Dame! – exclamó,
contento, moviendo la cola y dando saltitos para atrapar la pelotita.
-No!- se rió de vuelta el rubio girándose de medio
lado y tirándolo al suelo en ello. Se hizo una bolita escondiendo
la pelotita contra su cuerpo –A ver si me la puedes robar!
Te entrenas!- anunció feliz.
- Sí puedo! – insistió, saltando más
sobre él y rodeándolo con rapidez por un lado y por
otro, a ver por donde lograba colarse hasta el tesoro que escondía
el rubio.
- No! Lo que me haces es cosquillas!- el león se giró
panza abajo, moviendo la cola a los lados reído y aleteando
un poco. Plegó las alas de nuevo notando que la bolita había
ido a parar bajo la cama y se estiró tratando de alcanzarla
–Se ha escapado…
- Es mía! – gritó el mapache, lanzándose
al suelo y metiéndose como podía bajo la cama, para
alcanzarla, meneando la cola en el aire.
El rubio se rió asombrado porque la hubiera podido alcanzar
ya que él, entre el tamaño y las alas no había
podido –Lo haces muy bien!- le felicito ayudándolo
a salir y abrazándolo. Se echó a un lado estornudando
–Pero te llenaste de polvo…- protesto, frotándose
la nariz con un brazo y mirándolo bajo él.
- Pero tengo la bolita...... – neceó el chico, contento
y orgullosos de su labor como si hubiese sido un enorme triunfo,
volviendo a agitar el juguete para que sonara.
- No me pienso bañar!- le advirtió desvelando su
pavor respecto al polvo –Ya me bañé ayer y no
da tiempo a ensuciarse en un solo día! Me lavé los
dientes…- aseguró saltando a la cama y escondiéndose
bajo las sábanas sacando la cola por fuera y balanceándola.
- Sí da tiempo, yo ya me ensucié. – aclaró
Tanuki, confundido porque él no había mencionado el
baño, pero ahora que lo mencionaba...... Le agarró
la cola, moviéndola divertido. – Báñate
conmigo! Me divierto más si nos bañamos juntos....
- No!!- se agarró con las uñas al jergón erizando
la cola –Me bañé ayer! Para toda la semana llega!-
se rió porque ya le entraba la risa. Sabía que se
había pasado con eso de toda la semana.
- No llega para toda la semana! Olerás mal y ..... se pudrirá
el colchón. – amenazó aunque también
estaba exagerando. – Vale..... no te bañas hoy, pero
mañana, sí.
-Vale! Pero no pudro los colchones… huelo bien… - se
giró bajo las sabanas asomando la cabeza bajo estas y mirándolo.
Se tiró boca arriba arramblando con las sábanas y
abriéndose el chaleco para enseñarle el abdomen como
si fuera una cosa muy importante -¿Me rascas?
- Te rasco, y sí hueles bien. – le aseguró
para que no fuera a pensar que era cierto, oliéndole la barriga
luego, para empezar a rascarlo. – Pero te bañas mañana
igual.
-Tú me lavas… yo te lavo a ti… ¿vale?
Si no, no… y como soy muy grande no puedes obligarme…
a no ser que te enfades conmigo… pero entonces me voy a poner
triste…- dijo como si todo eso no fuera claro como un libro
abierto -¿Qué vamos a hacer hoy? ¿Vamos a trabajar?
- Sí, tenemos que trabajar para vivir. Pero no le robemos
a nadie hoy, ¿vale? – sugirió, sujetando la
bolita contra su pecho como si fuera increíblemente especial.
– Y yo no me enfado, menos si te pones triste. Porque entonces,
me pongo triste yo.
-No quiero que llores… me como a quien te haga llorar…-
sentencio el león mirándolo a los ojos como shokeado
con sólo pensar en la cara del mapache llorando –Igual
tenemos dinero… porque ayer no nos lo gastamos…pero
si vamos a trabajar tenemos que salir…- anunció sentándose
aunque no le apetecía mucho con la rascadera y se ató
las botas girándose a verlo y depositando un beso en su nariz
riéndose luego –Hoy no robamos… entonces me como
a alguien…
- Siempre te quieres comer a alguien. – se rió el
mapache como si fuera un chiste, abrazándose a él
contento. – Podemos salir a pasear nada más. Y a lo
mejor, yo sí me llevo algo. Pero yo no robo, que lo que me
llevo ya era mío. – aclaró, por si acaso, lo
que para él estaba más que claro.
-¿Ya era tuyo? ¿Y por qué lo tenían
otros? ¿Te lo habían robado? ¿Debería
comérmelos? Quiero un helado…- anunció de pronto
porque se acababa de acordar que no comía uno desde que lo
habían metido en la cárcel –En la cárcel
no te dan helado… podemos trabajar igual… pero es que
si no como, me da hambre…
- No... ya era mío porque lo vi y me llamo la atención.
Y eso es que debía tenerlo...... ¿no? – preguntó
el mapache confundido de ver cuestionada su propia lógica
acerca de lo que hacía. – Vamos a comer helado y trabajamos,
pero sólo si puedes comer helado a la vez.
-Bueno… trabajamos y después me como el helado contigo…-
lo miró aún mareado con la teoría del mapache
–Tú me gustas y eres mi novio, también me llamaste
la atención- lo miró pensando que debía ser
verdad pero igual, él mejor no cogía cosas…
seguro que se notaba y después tenía que comerse a
gente que no le sabía bien –Vamos a la calle- le dio
la mano levantándose y alzándolo para cogerlo en brazos
–Te cargo un poco… vamos volando.
- Eso me gusta – sonrió el chico, abrazándose
más, alzando la cola. – Pero tú también
eres mi novio y yo no te tomé. Pero sí me gustas mucho.
Y ya no me da miedo volar. – explicó, más que
nada porque sabía que Sei volaba muy bien y no lo iba a soltar.
-Sí me tomaste. Yo te dije ¿quieres ser mi novio?
Y tú me dijiste sí, luego me abrazaste… y eso
es que me tomaste… ¿no?- lo miró fijamente y
ahora confundido él, aunque la teoría se dibujaba
a la perfección en su mente mientras se alzaba por el aire
en la noche. Se giró hacia arriba mirando la luna y revoloteando
hasta uno de los tejados apoyándose bajo una farola y revisando
las notas que aún tenían del día anterior –Vamos
a ver cual hacemos hoy…
- Vamos, pero tú escoges hoy cual quieres, mientras no sea
robarle a nadie.... – especificó, deseando que el chico
ardilla hubiese recuperado sus cosas, aunque seguro y sí.
– Eres mío! – exclamó de pronto, saltando,
resbalándose y subiendo de nuevo, pataleando con la cola
en el aire, preocupado.
El rubio lo abrazó contra él cerrándolo entre
las alas para que no fuera a caerse –No te caigas… que
te asustas hasta que te atrapo…- anunció como si fuera
un hecho imposible el que fuera a caerse al suelo. Claro, él
podía salvarlo, era su novio -Voy a coger este que sólo
es de comerse a alguien que odia su mujer… además es
un cerdo dice aquí…- dijo más bien porque su
mujer decía que era un cerdo. Claro, que él pensaba
en otra cosa muy diferente.
- Y ¿te gustan los cerdos? –preguntó como tomando
nota y muy bien sentadito ahora, sin atreverse a moverse demasiado.
– Vamos a buscarlo entonces. ¿Hay foto? ¿Dibujo?
-Sí…- dijo mostrándole una foto de carné
que no era para nada de un hombre cerdo, aunque gordo sí
estaba –Además, tenemos la dirección de su casa
y todo. Sólo hay que ir y matarlo… pero no me parece
un cerdo… si sabe mal… no me lo como…
- No te lo comas si sabe mal.... – reafirmó el chico,
preguntándose si lo iba a morder para ver qué tal
sabía y estremeciéndose de sólo pensar en que
lo mordieran a él. – Los mapaches saben mal. –
volvió a repetir aunque ya no era para recordárselo
a Sei. Más bien, lo decía como si fuera un amuleto
contra cualquier otro.
-Pero huelen bien…- bromeó el rubio saltando al vacío
con el chico abrazado a él y abriendo las alas por completo
para planear sobre la ciudad, buscando la calle en donde vivía
aquel hombre cerdo que sólo parecía humano –Yo
no voy a dejar que nadie te coma… que te quiero mucho…-
anunció moviendo la cola en el aire y bajando sobre uno de
los edificios –Vive en el piso 26, hay 26 pisos… Así
que es una de estas ventanas… te agarro de la mano, te descuelgas
y miras…a ti no te oyen…
- Vale, es porque soy pequeño y mapache – explicó
como si no fuera obvio, cada vez más contagiado de la diversión
que sentía con Sei, haciendo luego lo que le pedía,
y colándose por la ventana. Dio dos pasos tapándose
los oídos porque la televisión estaba a todo volumen,
y le molestaba y entró a la habitación en donde el
hombre dormía frente al aparato, con pinta de no haberse
bañado en días.
El rubio se asomó por la ventana descolgándose y
mirando al mapache para ver si era o no el hombre que debía
matar esperando una señal para entrar o no.
Tanuki le devolvió la mirada, regresando de puntillas, aunque
ya de por sí, el hombre dormía como un tronco, y era
sumamente improbable que lo despertara a menos que hiciera mucho
ruido. Se desvió de pronto, tomando un objeto de una mesa
y guardándoselo en el bolsillo y por fin llegando a la ventana
y susurrando - .........es el hombre cerdo......
-Vale…- el rubio entró en la casa descolgándose
en el interior lo más silenciosamente que pudo, teniendo
en cuenta su tamaño y se acercó a la habitación
mirándolo atentamente desde arriba –Hiede…- le
dijo al moreno arrugando la nariz –No quiero morderlo…
me lavé los dientes… no mires… está feo…-
le dijo como si comerse a la gente no lo estuviera y volteándolo
de espaldas a él. Le agarró la cabeza con la mano
dándole tiempo sólo a despertarle para notar que le
partía el cuello.
-Ya está…- dijo volteándolo de nuevo aunque
seguía viéndose la cabeza del hombre ahora colgando
de forma morbosa hacia su pecho –No me lo como que apesta…
tomo foto…- dijo tomándosela de prueba –Aunque
si es su mujer, ya lo sabrá cuando lo vea…
- Vale. No dijo nada....... – comentó el mapache sorprendido
porque ni sabía cómo lo había matado, mostrándole
luego lo que había tomado, que no era más que un reloj
de mesa, con unos muñequitos encima. – Me llevo esto.
– le explicó, para que no se sintiera excluido.
-Es que lo maté muy rápido, no pudo opinar…-
el león lo miró llevando las manos por delante –Me
voy a lavar las manos porque huele mal… no quiero oler como
él, así que me duchare… pero ahora no…-
se acordó de mentar.
- Mañana, ya lo dijimos. – le recordó Tanuki,
alzando la cola, contento porque quisiera ducharse. – Ahora
te lavas y vamos a comer helado.
-Vale…- el rubio lo miró mientras se secaba las manos
y se agachó en el mueble de las toallas llevándose
varias –Nos llevamos toallas del cerdo porque las tuyas son
pequeñas. Él no las usaba, así que me las puedo
quedar- dijo aprendiendo de las mañas del moreno –Vamos
a por helado… - sentenció cogiéndolo con un
brazo para saltar de la ventana.
- Mis toallas son pequeñas, porque soy pequeño. –
explicó de nuevo, sin ninguna necesidad y pensando inmediatamente
que no debería recalcar tanto que era pequeño porque
lo hacía ver aún más pequeño. Frunció
el ceño, sonriendo luego. - ¿Te gusta mucho el helado,
Sei? Todo el mundo debería vender helado.
-Me gusta mucho!- anunció el rubio que ya iba pensando en
el helado más que en otra cosa –Pero no todos pueden
venderlo porque no tienen frigorífico…- aclaró
sabiamente –A mí me gusta que seas pequeño…
eres más bonito… pero igual necesito toallas grandes…
o me verás la polla cuando me seque… como no me puedo
secar en el colchón…- recordó haciéndose
de rogar.
- No, no puedes – reafirmó, preguntándose si
necesitaría ver un muerto en un colchón podrido para
comprender. – Tú eres grande y eres bonito. Y quiero
helado de fresa!
-Yo de vainilla!- anunció bajando cerca de la taberna a
donde siempre iban buscar clientes –Pero yo no me gusto a
mí mismo… pero sí soy bonito…
Entró en el bar entregándole las pruebas al hombre
con el acuerdo de que al dóa siguiente les darían
el pago –Si no me paga… la mataré a ella también…-
expuso el león antes de salir muy inocentemente, pero aterrando
a todos los que había a su alrededor.
-Ya está, ahora podemos buscar helado…- dijo extendiendo
su mano hacia él.
- Sei....... – Tanuki lo miró de soslayo, impresionado
como si acabase de llevar a cabo una hazaña heroica. Pero
claro, a él ya lo habían estafado antes, quisiera
o no admitirlo. - .......Te quiero! – exclamó de pronto
contento, alzando la cola, sonrojado y abrazándose al grifo,
casi trepándose en él.
-Yo también te quiero!- el león lo cogió en
brazos sonriendo felizmente y cargándolo sobre él,
lamiéndole una oreja a pesar de que sabía que no le
parecía gustar demasiado –No estoy muy seguro de donde
venden helado…- dijo de pronto mirando adentro de otro bar
–Aquí seguro que no…- siguió caminando
y se paró a mirarlo -¿Tú sabes donde?
- Hum..... creo que por allá hay una heladería. Debimos
preguntar en el bar – comentó, moviendo la oreja con
rapidez como siempre que se la lamía, pero alzando la cola
también a pesar de estar cargado.
-Pero es que allá no tienen cara de comer helados…-
el rubio lo miró sujetando la cola y dejándolo en
el suelo para poder acariciársela bien por el camino -¿Aquí?-
dijo parado frente a la tienda y apoyándose contra el cristal
para ver adentro –No hay chicas… serán antipáticos…
- ¿Por qué son antipáticos? Nosotros somos
chicos....... – explicó, como si no supiera, pensando
en que ellos no eran antipáticos. Le sujetó la mano,
halándolo hacia el interior, apremiándolo. –
Vamos, aunque sean antipáticos, nos tienen que dar helado.
-Vale… ¿porque si no me los como?- preguntó
curioso pero pensando que de nuevo le diría que siempre quería
comerse a todos. Pero ahora sí tenía ganas de comerse
a alguien con el hambre que traía –Quiero ese…-
dijo mostrándole uno con nata y saber cuantas bolas –Me
dolerá el estómago, lo quiero igual… me da vergüenza,
tú lo pides…
- Está bien, pero sólo te comes el helado que luego
no nos dejarán volver – aclaró, como si el grifo
estuviese hablando de portarse mal, y no de comerse a alguien. Se
acercó al mostrador, pidiendo antes de que siquiera le dijeran
“bienvenido”, señalando lo que le había
pedido Sei. – Quiero ese! De vainilla, y..........otro de
fresa para mí – especificó, contento con la
cola alzada y moviendo un poco la nariz para sentir el olor ya.
El rubio cogió el suyo de encima de la vitrina, metiéndose
una bola entera en la boca como si tal cosa y tragándosela,
poniendo cara de sufrimiento por el frío al final esperando
para ir saliendo con el mapache mientras lamía la nata –No
dijeron nada- comentó, como si les hubieran dado oportunidad.
- No, no fueron antipáticos. Debe ser que les agradamos.
– sonrió el chico lamiendo su helado con más
tranquilidad que el grifo, pero con cara de felicidad total. - ¿Te
gusta? Te compro más si te gusta........ otro día
– añadió, imaginando que luego de ese, no iba
a poder comer más.
-Sí, me gusta mucho el helado…- explicó sin
perder baza en tragárselo y cogiéndolo de la mano
de nuevo tratando de entrelazar los dedos una vez más –Los
novios se cogen así… está incomodo…
- Está incómodo porque tenemos helado – aclaró,
por si acaso, pensando que así no le quedaba ninguna mano
libre, aunque tampoco es que tenía necesidad de hacer nada,
sólo comer. – Pero es bonito, me gusta que me agarres.
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