| Capítulo 17
El Grifo, el mapache y la Ardilla Demonio
Sei se sentó con las piernas cruzadas en uno de los butacones
como si fuera alguna extraña esfinge y miró al mapache
beberse su leche. Le hacía gracia verlo y sonrió mirando
después los papeles con los casos que podían coger
–… no sé… tú escoges esta vez…
además hoy será todo tu responsabilidad, yo te cuido
mientras…
Tanuki le sonrió, asintiendo y alzando la cola, terminándose
su leche, contento, e intentando buscar un caso que no fuera muy
complicado. Por lo general, le llamaba la atención lo contrario,
pero ambos estaban algo cansados a pesar de su hiperactividad. Le
mostró uno de los papeles. – Mira, otro robo. Y no
tenemos que cazar a nadie, sólo devolver lo robado.
-¿Qué te parece si lo robamos de nuevo? Al ladrón!
Sin que lo note… a ti se te da bien coger cosas sin que sepan-
dijo señalando su mano notando que llevaba varios azucarillos
aunque él no veía nada malo en ello claro –Sería
divertido…- anuncio sujetándole al borde del taburete
y balanceándose un poco.
- Sí!!!!!!! – exclamó emocionado el mapache
por poder hacer lo que más le divertía. – Pero
primero tenemos que averiguar donde lo guarda. Hay que ir a su casa
y esperar para seguirlo.
-no sabemos donde vive… ¿lo sabemos?- dijo mirando
la ficha –no, no sabemos… pero sabemos que roba en esta
zona… de aquí…- dijo viendo el mapa dibujado
–yo se donde esta- se levantó de un salto tendiéndole
la mano –vamos… nos escondemos a ver si lo vemos…
- Vamos, te sigo. – se levantó, tomando su mano y
moviendo la cola y las orejas. -De veras eres el mejor compañero
del mundo. Cuando lo veamos, lo seguimos, pero no hagas ruido.
-¿Crees que sea un mapache?- preguntó sólo
porque Tanuki robaba muy bien –Tú también eres
el mejor del mundo… de todo…- sonrió dándole
unas palmaditas en la cabeza como siempre que quería felicitarlo
–Es por aquella calle- dijo viendo a una pareja que pasaba
con las manos entrelazadas y entrelazó los dedos con los
del mapache moviéndolos y volviendo a tomarle la mano sintiendo
aquello un poco incómodo.
Tanuki se sonrojó un poquito, sólo porque veía
a la pareja y pensaba que eran novios y ellos también, pero
igual, eso lo hacía feliz. – No..... ¿por qué
va a ser un mapache? Los mapaches somos buenos. No nos cazan –
afirmó, sólo porque era su especie, aunque sin duda
habían muchos mapaches que cometían crímenes.
– Si es un mapache, lo dejamos que robe..... – concluyó,
como si fuera derecho de nacimiento.
-Bueno… pero sólo si no roba a gente pobre…
Si no, le decimos que robe a otros ¿vale? Si robas a pobres…
te portas mal- le dijo muy serio como si él lo hubiera hecho
–Si no, los dejamos porque los mapaches son bonitos…
Busca a ver donde nos escondemos… que yo también quepa…
- Vamos a esa ventana- señaló hacia arriba, a una
ventana sin vidrio, en un edificio, a todas luces abandonado. –
Así nos asomamos y vemos toda la calle. Y yo no robo a pobres.
– aseguró, por si acaso, aunque no tenía idea
de si las cosas que se llevaba pertenecían a pobres, y tampoco
lo consideraba robar.
-Vale!- el grifo lo sujetó saltando para encaramarse a la
ventana y se coló en el interior arrodillándose en
el suelo espiando afuera apoyado en el marco de la ventana con el
mapache entre las piernas -¿Ves bien de lejos? Yo sí…
pero no sé qué busco… alguien sospechoso…-
se autocontestó.
- Eso mismo! – exclamó el mapache como si le estuviera
dando clases. – Eres muy bueno, Sei- lo felicitó, ahora
palmeándole la cabeza él, felicitándolo. –
Veo bien desde aquí. – respondió, por fin, asomando
la cabeza por la ventana.
El león se llevó la mano a la cabeza palmeándose
y notando la diferencia de la mano pequeña de Tanuki a la
suya. Se rió apoyando los labios en su hombro mirando afuera
–Nos aburrimos… no pasa nada… debimos traer chocolates…
- Hay que tener paciencia, los detectives tienen paciencia- le
contestó, moviendo la cola y “milagrosamente”
sacando un chocolate de su bolsillo, dándoselo al grifo.
-Yo soy cazador… no detective… ese eres tú…-
el rubio abrió los ojos iluminado al ver la chocolatina y
lo abrazó lamiéndole una mejilla y abriéndola.
Mordió la mitad metiendo la otra en la boca del mapache abrazándolo.
Tanuki se rió, comiéndose su parte y abrazándolo
de vuelta, sin comprender muy bien, pero lo que sabía es
que le gustaba que lo abrazara. – Yo soy el detective, pero
tú me acompañas. Vigilo. – se soltó,
mirando de nuevo por la ventana y alzando la cola, esperando.
El grifo lo miró, pasando la cara por su cola mientras,
acariciándose mucho más divertido con aquello que
en participar de la investigación. Le pasó la lengua
por ella metiendo la pinta de la nariz contra el pelo y abrazándolo
por atrás de nuevo apoyando la cara en su espalda -¿Ya
lo ves?- preguntó inquieto.
- Veo a varios...... Mira, un mapache! – exclamó,
señalando y luego moviendo su mano. – Pero ese se ve
más raro – comentó, mostrando un chico con cola
de ardilla y cuernos.
El rubio se asomó al escuchar aquello viendo al chico ardilla
–No… tu cola es más bonita…- anunció,
sentándose de nuevo y volviendo a su trabajo de acariciarse
con ella –¿Cómo sabremos que es un ladrón?
- Lo seguimos. Si no es ladrón, no tiene las cosas robadas.
– le recordó, lo que para él era muy claro,
ya que tenían una lista de los objetos.
¿Lo seguimos? Entonces bajamos…- dijo saltando sigilosamente
y alzando los brazos para que se tirase –¿También
puedes trepar hacia abajo?
- Sí- le respondió, intentándolo aunque la
pared era más resbalosa que un árbol, finalmente soltándose
y tirándose a los brazos del grifo. Igual, le gustaba que
lo apañara. – Seguimos su cola, es grande. –
sugirió, como gran plan.
-Vale…- el rubio lo agarró abrazándolo contra
él y colgándoselo del cuello sólo porque le
hacía chiste. Se giró en una esquina siguiendo al
chico ardilla que parecía tener mucha prisa en llegar a donde
quiera que fuese –Lleva una mochila… a lo mejor tiene
cosas robadas… o a lo mejor tiene libros…
- O a lo mejor comida. – sugirió de nuevo el mapache,
guindado como estaba, contento. – Corre rápido, ¿no?
Pero tú eres más rápido. – dijo al ver
al chico apresurarse, doblando una esquina.
-Si quiero, sí…- el rubio alzó el vuelo mirándolo
desde arriba y siguiéndolo por el aire porque asó
no los vería y además hacían menos ruido –No
te sueltes… que te espachurras… después lloro…-
sentenció muy serio como casi siempre –Se mete ahí…
- No, que yo también lloro. No me quiero espachurrar. –
murmuró, aferrándose con la cola en el aire tras él.
– Baja, que se nos pierde de vista. Yo creo que ahí
queda su casa- señaló, al verlo entrar por una puerta
un tanto pequeña.
El rubio bajó, parándose cerca y dejando al otro
en el suelo -Ahora es tu turno… Yo vigilo, y si te quiere
hacer daño, me lo como…
- No te lo comas, que no mató a nadie. – le pidió,
porque le parecía agradable su cola, y porque llevarse cosas
le seguía pareciendo inocente si tenía las mismas
razones que él. – Yo entro en silencio..... –
murmuró, trepándose por la pared hasta hallar una
ventana y entrando por ahí.
Sei lo miró emocionado a ver cómo se trepaba y se
quedó en el portal confundido sobre si debía ir o
no, pero seguro que con lo grande que era, molestaba. Se quedó
esperando preocupado.
Tanuki cayó al otro lado, corriendo a esconderse tras unas
cajas, porque el lugar más bien parecía un depósito.
Un depósito chiquito y lleno de cosas, pero no una casa.
Se asomó a la habitación de al lado, observando al
chico que ni se percataba de su presencia, y que se disponía
a guardar los contenidos de la mochila en otra caja. Tanuki bajó
las orejas sólo porque de pronto se imaginaba cómo
se pondría si se robaban sus tesoros, y sacudió la
cabeza, pensando en que tenía que cumplir con su misión.
Sacó la lista releyendo, y decidiendo que mejor, sólo
se llevaba lo que estaba allí, porque no veía para
qué recuperar algo que nadie le había pedido. Se regresó
a la habitación de al lado, rebuscando por si estaba allá
y le era más fácil., habiendo decidido que él
era el ladrón, sólo porque lo que llevaba en la maleta
no eran libros.
El chico se giró de pronto escuchando los sonidos y se levantó
curioso, acercándose al marco de la puerta y mirando al interior
sin ver nada, claro que no veía muy bien así. Volvió
de nuevo a la sala recogiendo cosas en unas cajas y guardándolas
en otras organizando por colores.
Abajo el grifo se sentó en el suelo de la calle cruzando
las piernas una vez más y moviendo la cola ondeando impaciente
porque saliera de nuevo.
Tanuki se agachó cuando vio que el chico se asomaba, quedándose
así unos minutos y empezando a sacar cosas de las cajas luego,
ya que por un golpe de suerte, había resultado tener razón.
Claro, que él no lo llamaría suerte. Miró a
su alrededor, deseando haber llevado una bolsa para guardar las
cosas y tomando una caja, vaciándola con cuidado y metiendo
lo que iba encontrando allí. Se asomó por la ventana
aunque aún le faltaban algunos objetos, susurrando. –
Sei.... toma la caja.....
El grifo sonrió impaciente por tenerlo cerca como si nada
malo pudiera pasar a su lado y saltó a la cornisa cogiendo
la caja y saltando al suelo de nuevo. La dejó a sus pies
alzando los brazos para que saltase a él.
- Es que me falta algo..... – le susurró de vuelta,
moviendo las orejas y girándose para ver al chico ardilla
tras él, en el marco de la puerta.
- Eh! ¿qué hacen? No se lleven mis cosas! –
empezó a correr hacia él y Tanuki saltó, espantado,
cayendo en los brazos de Sei.
El grifo lo miró con Tanuki entre los brazos –Es que
no son tuyas, las robaste y ahora el dueño las necesita…
- explicó el rubio –No te puedes comer a Tanuki porque
es mi novio y si tratas, yo te comeré a ti… y no quiero
porque me gusta tu cola… pero tienes que darnos otra cosa
más, luego ya las robas de nuevo cuando nos paguen.
- Pero es que ya me las robé.... – insistió
la ardilla, consciente de que sí se lo podía comer.
- No importa, yo te digo donde robarlas de nuevo, que yo tampoco
quiero que te coma. Y además, el dueño tiene muchas....
– le sonrió el mapache, comprensivo, por supuesto.
– Necesito esta estatuita- le mostró el dibujo en el
papel, a ver si lo ayudaba.
El chico desapareció dentro, regresando al rato con la susodicha,
dejándola caer para que el mapache la atrapara, aún
en los brazos de Sei.
-Gracias…- el león sonrió abriendo los labios
y mostrándole los colmillos como siempre que sonreía
sólo porque creía que debía, aunque más
bien daba terror.
-De nada…- la ardilla se medio escondió en el marco
de la ventana mirándolos.
-Luego te los robas de nuevo…- indicó el león
dejando a Tanuki en el suelo porque debía cargar la caja
y tomándolo de la mano después.
- Mapa!!!!! – exclamó Tanuki, lanzando el papel embolillado
en donde venía la dirección del cliente, que seguro
no era muy inteligente en dar esa dirección, pero quería
que se la llevasen a su casa. – Pero te la robas luego que
tienen que pagarnos! – advirtió, observando al chico
que tras tomar el papel, se había vuelto a esconder.
Sei lo miró sonriendo –Tanuki, eres un detective muy
bueno… lo descubriste a la primera, eres muy listo…-
se agachó frotando la cara contra una de sus orejas cerrando
los ojos.
- Gracias, es que....... se veía sospechoso – respondió,
enrojeciendo, pero orgulloso, abrazándose a él. –
Ahora dejamos esto y nos pagan.
-Claro…- el grifo lo miró cogiendo la caja con un
brazo y al mapache con el otro, porque quería llevarlo incorporado
–Puedo con todo…- dijo sin pena ninguna de demostrar
que estaba fuerte.
Al cabo de un rato el rubio esperaba que los clientes ingresasen
la mitad del dinero en cada una de las cuentas tras haberlo comprobado
todo y observó su tarjeta cuando se la entregaban sonriendo
de nuevo terroríficamente.
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