| Capítulo 16
Rendevouz
Hansa llevaba tiempo en el parque paseando, porque la verdad.......
no tenía nada mejor que hacer, y estaba inquieto. Pero ya
se acercaba la hora. Se rió, preguntándose qué
pensaría de él cuando lo viera y decidiendo jugarle
una bromita más. Estiró las enormes alas blancas,
elevándose en el aire y retrocediendo para sentarse en la
rama de uno de los árboles que rodeaban la fuente, oculto
tras su verdor.
El moreno apareció al cabo de un rato, naturalmente sin
fiarse demasiado. Más que nada, le preocupaban los cazadores
a sueldo que la policía, quienes no solían arriesgar
sus vidas por capturar a nadie, pero tampoco iba haciendo muchas
muestras de estar preocupado. Sonrió de medio lado girando
un caramelo con la lengua y mordió el palo escupiéndolo
mientras jugueteaba con la mariposa en el bolsillo. Se quedó
unos pasos enfrente de la fuente viendo que aún no había
llegado.
Aún se preguntaba si tendría los cojones de hacerlo.
Aún así, para empezar, él estaba esperando.
El chico se inclinó hacia delante, observando al toro, sonriendo,
maullando suavemente a ver si lo escuchaba, conteniendo una leve
risa.
Takeshi alzó la vista aún sonriendo del mismo modo
y se acercó a la fuente observando alrededor y sacudiendo
una oreja, haciendo tintinear los aritos dorados. Claro, que el
sonido le parecía venir de arriba –Que no tenga que
llamar a los bomberos para bajarte de un árbol…- susurró
pasando entre ellos por si lo veía –Los toros no trepan…-
se apoyó en la corteza de uno esperando y se dejó
caer acuclillado -¿Has afilado tus garritas antes de venir?-
preguntó, sacando la navaja y jugando con ella sin levantar
la mirada del suelo.
Hansa sonrió, descendiendo y posándose a su lado,
agachando el rostro para mirarlo a los ojos. – Siempre lo
hago. – sonrió más, mostrando sus colmillos.
– A los gatitos nos gusta jugar, ¿no lo sabías?
El moreno se echó un poco atrás sorprendido levantándose
y sujetando la navaja, aún jugando con ella mientras dibujaba
una sonrisa de medio lado –Pero tú no eres un gatito…
¿verdad que no?- preguntó irónicamente observando
su altura así como sus alas –o al menos, no uno doméstico…-
giró la navaja en la mano bajándola -¿meow?
- Meowwwww....... – respondió el chico, pasando dos
dedos por su brazo como si no le importase la navaja para nada.
Y de hecho, no le importaba. – Soy un felino en todo caso.
¿No califico de gatito? Y yo que esperaba que me recogieras
– se rió sin separarse.
-¿Quién dijo que no vaya a hacerlo?...- el moreno
miró abajo siguiendo su mano y después alzó
la vista a sus ojos observando el color celeste –He venido
armado… pero tú vienes así de serie…¿verdad?-
preguntó susurrando –Entonces ninguno de los dos nos
enfadamos…- levantó una mano parándola bajo
su mentón y acariciándole la marca en el cuello con
dos dedos hasta las clavículas –No has movido la colita…
-No, y hay algo más que no he hecho. – sonrió,
alzando la cola en el aire, meneándola sinuosamente, y levantándole
la mandíbula con toda confianza, lamiendo la herida que suponía,
era la que le había hecho su última víctima.
Se separó un poco, alejándose. - ¿Mejor?
-Aún no…- el moreno se rió, echando atrás
las orejas y entreabriendo los labios golpeando el tronco con la
cola negra –No te alejes… ¿o es que te da miedo
querer comerme?...- se rió mirándolo a los ojos –Un
tigre… y…. ¿Qué más?
- ¿Te refieres a esto? – preguntó, desplegando
sus alas de nuevo y ahuecando una de ellas, llevándola al
frente y acariciándola con una mano. – Cisne..... pero
eso no me priva de ser un gatito, ¿ne? Blanco con negro y
suave...... – sonrió, soltando el ala, y dejándola
regresar tras él. – No voy a comerte, ya te dije que
me agradas. Y..... me agradas. – repitió, recorriéndolo
con la mirada.
-Qué bien…- el moreno sacudió la cabeza apartándose
el cabello del rostro mirándolo de arriba a abajo de vuelta
–porque a mí tú también me gustas…
blanco…- se giró a su espalda pasándole la mano
por las alas –a rayas negras…- deslizó el dedo
por el nacimiento de la cola y bajó la mano con ella en el
interior dejándola deslizarse –y muy suave…-
repitió las palabras del “gatito” sonriendo de
medio lado.
- Esta es la mejor cita que he tenido en mucho tiempo, y eso que
no ha sucedido nada aún. – se rió el tigre,
moviendo la cola de manera rápida y girándose con
cuidado de no golpearlo con las alas. – Y ahora es mi turno-
sonrió, alzando las manos para tocarle los cuernos.
Takeshi apoyó la parte superior de la espalda en el tronco
sonriendo levemente enrojeciendo un poco, claramente excitado –Es
la mejor que he tenido nunca… gatito…- dijo pese a todo,
llamándolo de ese modo y deslizando una mano por su cuello
hacia arriba acariciándole la mandíbula y subiendo
entre su cabello para acariciarle una oreja lamiéndose el
labio inferior –No suelo tener citas… al menos…
ninguna que acabe bien… para el otro… - se rió
levemente.
Hansa le sonrió de vuelta, sin poner resistencia a las caricias.
– Ni yo, por eso...... esta es la mejor. Somos muy solitarios,
¿no crees? – fue bajando la voz hasta convertirla casi
en un susurro. – Cuando empecé a hacer esto.... no
creí que fuese a tener un colega. ¿No te parece gracioso?
-Mucho…- el moreno se rió pasándose la lengua
por los colmillos –y… ¿quieres que lo hagamos
juntos? … Parece divertido… y si alguien nos está
siguiendo la pista a alguno de los dos… ayudará a joder
sus conclusiones… Tienes unos colmillos… un poco peligrosos….
¿los usas?- sonrió moviendo la cola –pero no
son colmillitos…
- Por supuesto que sí..... pueden ser muy cariñosos......
– sonrió, mostrándolos más. – Los
uso... a veces. Depende de si me siento inspirado. Sería
divertido hacerlo contigo. – aceptó, tergiversando
un poco las palabras a propósito. – Mucho mejor si
no sabe que somos dos.....
-¿Usarlos conmigo?- el moreno lo vaciló mordiéndose
la lengua con uno de sus propios colmillos –Hagámoslo
entonces…- dijo sin abandonar el juego de palabras acercándolo
a él –Después de todas esas palabras…
habrá algún hecho ¿verdad?- preguntó
viéndolo a los ojos fijamente y deslizando la lengua por
sus labios.
- Milkyboy....... No me digas que aún no me crees. Tendría
que haberte traído alguna prueba. – bromeó,
medio en serio, moviendo la cola tras de su espalda.
- … ya sé qué clase de pruebas traen los gatitos…
y no me gusta la carne… aún menos asada…- guardó
la navaja en un bolsillo sujetándolo por la cintura con las
manos y notando su perfil. Casi podía rodearla con ellas,
sonrió mirando abajo y alzó la vista a sus ojos de
nuevo -¿Vas a venir conmigo?
- ¿De veras me vas a recoger? – sonrió el chico,
mordiéndose un labio y mirándolo a los ojos. –
¿A dónde vas a llevarme?
-A mi casa…- el moreno se rió sin retirar la mirada
y acabó sonriendo sin dejar de mirarlo –Creía
que eso querías… pero ya veo…
- Ya ves....... ¿qué? ¿Acaso dije que no quería
ir? – se rió, rodeando su cuello con los brazos. –
Una cosa, ¿eh? No creas que puedes tratarme como a ......
ya sabes. A los gatitos no nos gustan los maltratos. No reaccionamos
bien.
-¿Ya sé? ¿Cómo a quien?...- el moreno
lo miró fijamente pegándolo más a él,
con una mano en su cintura y bajando la otra por su cola acariciándola
-Ya te he dicho… que me gustan mucho los gatitos… nunca
maltrataría a uno… tengo muchos… La mayoría
de ellas… a ellas también les gustan mucho… tú
lo sabrás mejor…- sonrió bajando la mano por
una de sus nalgas y alzándole un poco la pierna dejándola
bajar de nuevo –En todo caso… tú sí puedes
maltratarme a mí… mientras estés jugando…
en realidad…- se aproximó más a su rostro entrecerrando
los ojos –Tú sabes muy bien que no podría matarte…
aunque quisiera…
- ¿Tan hipnotizado te tengo? ¿Tan pronto......? –
susurró, tergiversando sus palabras una vez más. –
Al menos sé que estás contento de verme – añadió,
refiriéndose al bulto que sentía contra sí.
Takeshi sonrió de medio lado –No te asustes…-
dijo refiriéndose al tamaño –Es mi raza…-
se rió hablando de sus fuertes impulsos sexuales –Me
gustan las mordidas de los gatos… y también sus garritas…-
aseguró sujetándole una mano para apoyarla sobre su
sexo al tiempo que sonreía deslizándola a su pierna
después -¿Vas a venir conmigo o esto se acaba aquí?
Hasta el próximo día… podríamos buscar
algo interesante…- dijo refiriéndose a una victima
–No creas que saltaré sobre ti cuando te descuides…
si es que alguna vez te descuidas… o tal vez… prefieres
quedar mañana para eso… no te gusta asesinar el misterio…
prefieres torturarlo…
- ¿Quién dijo que estaba asustado? – sonrió,
sin retirar las manos de su sexo, como si nada, pero moviendo la
cola de un lado a otro. – Hagámoslo mañana entonces.
Esta noche.... creo que tendrás mejores cosas que hacer-
sonrió, acercándose más y mordiendo ligeramente
su cuello sin hacerle daño.
El moreno, que se había quedado tenso ante el contacto de
sus dientes en el cuello, relajó los músculos de nuevo
dejando escapar la respiración con fuerza, enrojeciendo de
nuevo por la excitación y riéndose levemente pensando
que desde luego, sabía lo que haría al llegar a casa,
notando cómo su sexo pulsaba creciendo aún más
bajo el tacto del albino. Lo miró echando un poco más
las caderas adelante para aumentar el contacto –… pero
al final no has venido a por leche… qué gatito más
arisco- le pasó la mano por debajo del mentón deslizando
los dedos como si fuera un animalito -… no importa, al final
siempre vienen conmigo… los ariscos también…-
sonrió mirándolo a los ojos una vez más, acercándose
a su cuello para lamerlo, besándolo sin dejar de acariciarlo
con la lengua, dejándole sentir el calor y la humedad de
esta, mirando su cola moverse.
Se echó atrás apoyando la cabeza en el tronco sin
dejar de mirarlo –Hazlo… antes de irte…- sonrió
mirando sus ojos -quiero oírte… hazme feliz…-
dijo riéndose entre dientes por la burla a sus asesinatos.
- Vivo para complacer..... – se rió también,
por haber utilizado la misma frase que había utilizado con
aquella chica, retirando la mano de su sexo y pegando más
sus caderas. – Te diré lo mismo que te dije ayer por
teléfono.... Necesito ayuda, ¿me ayudas? –preguntó
fingiendo cara de ruego, aunque la mirada maldita no se le quitaba.
-¿Por qué no?...- el moreno sonrió observando
su sonrisa y notando su sexo contra la entrepierna del albino ahora
y mordiéndose el labio con una media sonrisa.
Deslizó las manos por la parte trasera de sus muslos dejándolas
resbalar bajo sus pantalones y la ropa interior, respirando agitado
contra sus labios sin dejar de mirarlo a los ojos, sonriendo sin
poder evitar plantearse si el albino sabía lo que hacía
al jugar con él a eso… Lo levantó con las manos
sobre su cuerpo a horcajadas rozando su sexo contra el del chico
y mirando a un lado un momento asegurándose de que estaban
bastante solos… a no ser por algunos que los miraban al pasar.
Cosa que se la traía floja. Deslizó más las
manos hacia dentro rozando entre sus nalgas mientras lo movía
suave pero pegado a él en todo lo posible.
- Así, lograrás otra cosa, pero..... – el tigre
le sonrió, mostrando sus colmillos de nuevo, rodeando su
cuello con los brazos y acercándose a su oído, entrecerrando
los ojos, para dejar escapar aquel suave ronroneo.
-Joder … cómo me pones… gatito…- el moreno
le apretó las nalgas dejándolo bajar pegado a su cuerpo
con los ojos cerrados y abriéndolos para verlo mientras acariciaba
su cola echándose adelante y lamiendo una de sus orejas blancas
y negras para susurrarle después –Mañana…
entra… quedamos a una hora… para buscar a una…
convencerla y por la noche… por la noche nos divertiremos…
- se rió deslizando los labios por el contorno de su oreja
pensando que tendría que controlarse un poco… al firmar.
- ¿Cómo podría rehusarme? Con las ganas que
tengo...... – le susurró de vuelta, separándose
un poco y relamiéndose los labios, bastante excitado él
también. Se besó dos dedos, colocándolos sobre
los labios del toro, sonriendo, y deslizándolos por ellos.
– Estaré conectado desde las cinco. Hasta entonces......
dulces sueños.
-Tendrás que esperarme de nuevo…- el moreno lo miró
a los ojos lamiéndose los labios, siguiendo la trayectoria
que sus dedos habían dibujado. Sonrió pensando que
igual faltaría a las clases y apoyó la mano en su
cuello pasando a su espalda y deslizando la mano desde su nuca hasta
la cola acariciándosela mientras se iba arrancando el papel
de un caramelo con los dientes. Lo miró de soslayo mientras
se iba con las manos en los bolsillos y sonrió desviándose
hacia el puerto sólo por mantener el camino a su casa en
secreto por el momento.
Hansa sonrió observándolo y desplegando las alas,
elevándose. Dudaba mucho que lo pudiera seguir a pie, y de
todos modos, no le veía la intención. Lo cierto es
que le agradaba bastante y tenía deseos de seguir jugándole
bromas, pero por el momento, lo mejor es que se fuera a casa. Ya
se verían la noche siguiente. Se giró, echándose
a volar sin mucha prisa
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