.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 15

Somos Novios! Y Seguimos Buscando Animales! Pero al conejo no........

Tanuki se despertó, ya desesperado por el juego, revolviéndose inquieto, entre los brazos de Sei y asomándose por encima de su ala, dándose la vuelta y pasándole la cola por el rostro.

Sei abrió la boca mordiéndosela, al parecer soñando algo indeterminado –No quiero con pelos!- dijo volteándose de frente profundamente dormido y espatarrado en el colchón.

- Ah! No me muerdas!!!! – le gritó el chico, saltando y sujetando la cola contra sí, acariciándosela él mismo. - Si no quieres pelos, no me comas.

-¿Eh?!- el león se levantó sentándose de golpe en el colchón y viendo al mapache –No te como…- dijo tranquilo y sin enterarse de nada -¿Te comía?- preguntó sacándose pelos de la lengua bajando las orejas –pero no te comía adrede…

- Pero tampoco me comas accidentalmente, que igual quedo comido.... – lo riñó, aún protegiendo su cola. – Me dolió....... mordiste duro.....

El grifo lo miró apenado cogiéndolo sobre las piernas y acariciándole la cola mientras le lamía una oreja de nuevo como cariño aunque siempre se la quitaba cuando lo hacía.

El mapache movió la oreja con rapidez, sonriendo y abrazándose a él, ya contento. – No importa, no me comiste. Pero sígueme acariciando.

-No quiero comerte, si no después no estás…- sentenció como una súper conclusión sonriendo al notar cómo movía la oreja y tocándola con un dedo reído -¿Hoy también vamos a ir a buscar animales?

- Hoy podemos ir más lejos, porque ya llegó el colchón. – explicó el mapache, asintiendo y alzando la recuperada cola de nuevo. – Pero hoy sí te bañas.

-Claro… hoy vamos lejos de lejos…- explicó el rubio haciéndose el loco respecto a bañarse –Me lavo los dientes… todos los días varias veces… no me hace falta bañarme…

- Eso no llega. Tienes que bañarte o acabas oliendo mal. Báñate conmigo! – le insistió, colgándose de su cuello.

-Vale… pero no me la mires…- le recordó mirándolo a los ojos muy serio pero rojo –Yo sí te la veré, a ti no te importa y quiero ver.

- Está bien, pero quiero ver...... – el mapache lo miró, ahora curioso. – Pero no la veo. Vamos a bañarnos – exclamó, alejándose y empezando a quitarse la ropa.

Sei se quitó la ropa también esperando a que se llenase la bañera para sacarse la ropa interior y mirando al fondo viendo cómo se iba juntando más y más agua –No me gusta el agua… el jabón me gusta aún menos que el agua…- aseguró mirándolo desnudarse ahora más pendiente de eso y mirando el nacimiento de su cola.

- A mí sí me gusta el agua, el jabón me da igual pero es necesario para estar limpio. Y me gusta estar limpio. Entra. – lo llamó, meneando la cola de arriba abajo, y entrando él, chapoteando un poco.

-Voy…- dijo sentándose en el borde de la bañera para quitarse la ropa interior y dejándose caer adentro del agua, mojando el suelo y viendo cómo se iba por el desagüe –Tu bañera sí es grande… cabe más agua… debía ser pequeña… Si no cabía no me bañaba…- anunció mirándolo y tocándole un pezón apretándolo reído.

- Ah! – el mapache se echó atrás un poco rojo, salpicando más con la cola. – Es grande porque me gusta jugar cuando me baño. Así es divertido. – se lanzó de pronto sobre el otro, revolviéndole el cabello.

El león se hundió desprevenidamente y se sentó rapidamente de nuevo algo confundido por el remojón y sacudiendo la cabeza –No quiero mojarme la cara!- anunció haciendo drama –Se me colará agua en las orejas!- se rió empujándolo él dentro del agua y viéndole la cola mojada –Tu cola se espachurró….

- Está mojada – explicó, como si no fuera obvio, sacudiéndola. – Y las orejas también se limpian- pasó a demostrarlo subiendo las manos y frotándose las orejas, empezando a restregarse con la barra de jabón luego.

El león lo miró restregándose las orejas sin apartar la vista muy atento y buscando una esponja después para lavarse de cualquier manera –No me gusta…- le recordó por si pensaba que ya le estaba agradando –Tengo el culo mojado…- le anunció también por si no era obvio –Mejor nos lavábamos con la lengua, Tanuki…

- Eso no llega tampoco.. – aclaró, más bien pensando que él tampoco quería tener que lamerse todo. – Luego te secas. Mi culo está mojado también! – exclamó, girándose y alzando la cola para mostrarle.

-Tu culo es bonito… mojado también…- anunció el león que se había excitado al verlo así, aunque no le ponía mucha atención a esas cosas, aún así, tocándole una nalga -¿Me lavas tú las orejas?

- Está bien – accedió el mapache, restregándoselas con suavidad, casi acariciándolas. – Me gustan mucho tus orejas, son suaves y distintas a las mías.

-A mí también me gustan las tuyas… aunque me gusta más tu cola… ahora no… está espachurrada…- le recordó mirándola con algo de pena, ese era otro motivo porque el agua le iba a agradar menos cada vez. El grifo bajó la cabeza para que se las restregase mejor y sonrió viendo su sexo y alzando una mano como para ir a tocarlo riéndose sin hacerlo –Te estoy viendo…

- Y yo te estoy viendo a ti – contestó, sin comprender, de pronto rodando como podía detrás de él y cubriéndole los ojos con las manos. - Ahora no me ves.

-Pero te huelo… y puedo comerte igual…- sonrió abriendo las alas para aplastarlo contra la bañera reído y cogiéndole las manos para destaparse –Las alas no se lavan…- le recordó aunque igual estaban bastante mojadas.

- Tramposo! – le reprochó, riéndose. – Pero yo he visto a los pajaritos que se mojan y luego se sacuden. ¿Lo hacen porque les gusta? Y no me comas!!!!!!!!

-No, pero no puedo sacudirme en tu casa porque no me caben las alas…- le explicó mirando atrás y apoyándose en él, levantándose de nuevo pensando que lo chafaría. Se volvió a verlo intrigado -¿No me tendré que echar desodorante? Eso sí no me gusta…

- No te eches desodorante. Conque te bañes, llega. – le explicó, dejándose resbalar, ahora que no tenía el apoyo del grifo contra la bañera, y casi metiéndose por completo al agua, moviendo la cola bajo ella, ocasionando que se formasen burbujitas en la superficie.

El rubio le agarró la cola reído y salió del agua sacudiéndose y cubriéndose la cabeza con una toalla, sentándose en el baño sin querer secarse echando a correr hacia el colchón y rebozándose sobre él para secarse.

- No, no, no, no, no!!!!!! Que luego se daña! – lo riñó el mapache, corriendo tras él con la cola en el aire y como Dios lo trajo al mundo, halándolo de un brazo luego. – Eso daña los colchones y luego no tenemos donde dormir. ¿No te gusta secarte?

-No…- el rubio lo miró levantando la cabeza del colchón y observándolo fijamente abrazándose al colchón como defendiendo su posición y no pensaba ceder en ello –No se daña…

- Sí se daña. Se moja y se pudre..... – insistió, halando como si fuese a pasar en ese mismo instante y como si tuviese alguna posibilidad de mover al grifo de allí.

-¿Tú crees?- el león lo miró muy atento aún así, frotando la cara contra el colchón tratando de secarse una oreja –Tengo que secarme…- se justificó, como si no pudiera usar una toalla como todo el mundo.

- Yo te seco. – ofreció el mapache, imaginándolo de pronto en prisión, corriendo desnudo y mojado hasta su celda para secarse contra el colchón y empezando a reírse.

-¿Por qué te ríes?- preguntó el rubio reído y sentándose en el colchón como impulsado por un resorte invisible, alzando los brazos como haciendo patente que no era la primera vez que acababa secándolo otro.

- Porque te imaginaba haciendo esto en prisión y te veías gracioso. – respondió, con toda la sinceridad del mundo, el otro, yéndose a buscar la toalla para regresar, empezando a secarlo, aún estando mojado y desnudo él, como si lo suyo sí fuese de lo más normal. Claro, que se había sacudido.

-¿Te seco con la lengua?- preguntó extrañamente para casi cualquiera. Pasándole la lengua por la cara para recoger las gotas que se escurrían del cabello abriendo un poco las alas y sacudiéndolas incómodo por las plumas pegadas.

- No, no..... – respondió, riendo porque le hacía cosquillas. – Ya me seco yo cuando termine de secarte a ti. Haces como los pajaritos! – exclamó, recordando lo que habían estado hablando en la bañera.

-Sí, sí…- el león sonrió echándose adelante y lamiéndole el cuello reído –Te seco- le aseguró, echándose atrás con la lengua fuera -¿No te gusta mi lengua porque es de gato y raspa?- preguntó metiendo dos dedos en su boca para sacarle la lengua.

- .... se siente rara.. – intentó decir, claro que de manera mucho menos inteligible, echándose a reír, sin sacar los dedos del otro, pero tirándosele encima colocando la toalla sobre su cabeza, ya distraído con el juego.

El grifo sacudió la cabeza tratando de sacar la toalla sin conseguirlo y se tiró en la cama riéndose y pasándole la toalla por el pelo al mapache –Deberías secar tu cola…- dijo preocupado al ver que aún se veía espachurrada.

- Ya la seco, no me va a pasar nada. – contestó, sacudiéndola, y mojando todo a su alrededor, sólo porque no quería dejar de jugar ahora.

-La mía está igual mojada que seca- dijo moviéndola y dándole en el culo con ella -¿Ya no me secas más?- preguntó, por ver si de paso había más caricias –Y mi lengua es rara pero es bonita… es grande – dijo sacándola.

- Sí, es graaaaaaande y bonita. – asintió el mapache, mostrando la suya como comparando y procediendo a secarlo más, meneando la cola, para ver si se le secaba naturalmente. – Te quiero, Sei - soltó de pronto, enrojeciendo y pasando atrás de él, echándole la cabeza adelante para secarlo.

-Yo también te quiero- el rubio se quedó con la cabeza abajo sólo porque le frotaba el pelo y le gustaba, aunque ahora quería mirarlo y se había ido a su espalda –No puedo abrazarte…- anunció seguro de que si se volteaba lo mandaba al otro extremo del cuarto con las alas.

- Yo te abrazo...... – contestó rojo aún, alzándole el brazo y deslizándose por debajo hasta quedar al frente de nuevo, porque ahora quería que lo abrazara. – Ya sé que no me vas a comer.

-No te como… si no, ya no te veo… y no quiero que llores… yo también lloro…- le explicó un mar de cosas antes de abrazarlo contra él –Estás bonito cuando te pones rojo…- anunció viendo que su cola volvía a estar esponjosa sujetándola con una mano.

- Es porque me da vergüenza..... – murmuró, pegándose a él, abrazándose más fuerte y moviendo la cola en su mano. – Tú estás bonito siempre.

-Tú también… pero estás más bonito…- se rió, viendo cómo se ocultaba en su pecho y lo cubrió con las alas besándole una oreja y apoyando la nariz contra ella –¿Hoy buscaremos animales lejos?

- Sí! Vamos lejos, tú me llevas volando y no me dejas caer. – especificó, como si necesitase instrucciones y de paso, sí que pensaba que era un gran plan. – Ya te bañaste, así que hoy no te mojas las orejas.

-No!- se tapó las orejas con las manos del mapache como si el peligro fuera inminente –Luego me duelen… - dijo bajando las manos sólo porque la verdad no escuchaba muy bien así–Pero tenemos que vestirnos.

- Vamos a vestirnos, entonces – sonrió Tanuki, despegándose de su pecho, tapándole las orejas de nuevo porque le hacía gracia y poniéndose de pie, buscando en la desordenada gaveta y sacando su ropa interior, subiéndosela y colando su cola por el agujero para ella, meneándose para que quedase bien colocada.

El león sonrió viendo cómo la cola salía por el agujerito como si no sucediese exactamente lo mismo cuando él se vestía y revolvió en su bolsa para ponerse su ropa interior tratando de verse atrás cómo salía su cola y fracasando con las alas. Sacudió la cabeza como mareado por el intento, mientras se ponía los pantalones acercándose al chico mapache para acariciarle la cola mientras tanto –Si vamos muy lejos hoy no trabajamos… ¿tenemos dinero?

- Hum... un poco. Pero deberíamos trabajar..... – comentó, bajando las orejas más porque se le arruinara la diversión. – Pero vamos un poquito más lejos? – movió una oreja como negociando.

-Pero es que si vamos muy lejos después estaré cansado…- anunció el león que no estaba muy por la labor de cansarse en el vuelo, cazando y después cazar de nuevo –Pero bueno… podemos ir a investigar y cazar mañana… si no hay que andar mucho…

- Sí, podemos hacer eso. Hagamos eso. Investigar no cansa mucho. – asintió enérgicamente el mapache, aunque todo dependía, claro, pero estaba muy interesado en ir a ver animales.

-Vale; hagamos eso…- el león se puso el chaleco y se ató las botas mirándolo y moviendo la cola esperando a que saliera para correr escaleras arriba. Tenía ganas de volar, claro que siempre tenía desde que por fin había salido de la cárcel.

Tanuki se terminó de vestir, colocándose un gorrito por donde sobresalían sus orejas, como punto final, y tomándolo de la mano. – Vamos! – exclamó, echando a correr alzando la cola tras de sí.

-Vale!- le siguió el león corriendo delante de él y poco menos que llevándolo en volandas hasta que alzó el vuelo –Me gusta tu gorro… no te tapes las orejas…- le recordó, no fuera a ser que usara otro que se las chafara.

- No me tapo las orejas, que no escucho. – explicó, sin comprender por qué le decía eso y preguntándose si iría a gritar o algo así.

Sei sobrevoló la montaña mirando abajo y observando cómo se movía la maleza y las hojas de los árboles allí abajo. Suponía que eran animales, aunque no lo sabía desde allí arriba –Aquí hay animales… o personas pero también puedo comérmelas…

- Pero vinimos a buscar animales. En la ciudad, ya había personas. ¿Tienes hambre? – preguntó, ya que sólo parecía pensar en comérselo todo.

-Tengo… Sólo como una vez al día… desde ayer ya siento hambre… y volar me da hambre…- explicó mirándolo y lanzándose hacia abajo en picado sólo porque le agradaba la sensación del viento plegando las alas a su espalda y abriéndolas antes de acuclillarse en el suelo con el pelo alborotado –Aquí huele bien… hace frío…

- Debiste ponerte una camiseta. – le sugirió el mapache, aunque ya era tarde para eso. De todos modos, él llevaba una y también tenía frío. Escuchó el follaje moverse a su alrededor, parando las orejas. – Creo que hay algo cerca, ¿será un animal?

El grifo movió las orejas sin moverse y giró la cabeza observando entre la maleza y más bien, olfateando el ambiente y acuclillándose en la hierba –Es un conejo…- susurró viéndolo a lo lejos –Pero es bonito…

Tanuki observó las orejas moverse, y sus ojos rojos mirarlos de vuelta, igual de curioso que los suyos. – Sí, quiero abrazarlo – murmuró, yendo hacia él y correteando más rápido cuando vio que el conejo echaba a correr.

Sei se levantó observándolos corretear pensando que así no se atrapaba un conejo y sonrió porque le hacía demasiado chiste, saltando a un árbol y observando para saltar sobre él, amarrándolo con una mano y pasándoselo al mapache medio infartado –Los conejos corren mucho…- le explicó, volteándose a mirar alrededor tratando de encontrar algo menos bonito para comerse.

- Ya me di cuenta..... Gracias – le sonrió, sujetando al asustado conejo, que se fue calmando al ver que sólo lo abrazaba y acariciaba. El mapache se rió mirándolo. – Es muy suave....

-Seguro que sabe bien…- remató la frase el rubio moviendo la cola y mirándolo atrás de soslayo –No es un mapache…

- No, pero no te lo comas, que me gusta. Yo podría ser un conejo – afirmó utilizando aquella extraña excusa para protegerlo, sin soltarlo. – No te comes al conejo, ni a los mapaches. Busquemos otro animal.

-Pero si lo fueras no serías tan bonito… yo tengo un amigo con un novio conejo… pero él no quiere comérselo… no come gente… me dice guarro…- siguió barruntando mientras caminaba, escuchando más que observando –Me dejarás sin animales para comer…

- No...... pero al conejo, no. – negó con la cabeza, sin atreverse a soltarlo, no fuera a ser que Sei se confundiera. – Es normal que no se quiera comer a su novio. Yo tampoco me comería a mi novio.

- No me comas… no puedes…- dijo riéndose y asumiendo que era su novio porque ambos se querían, de hecho ya lo había asumido antes de eso. Siguió adelante moviendo la cola y extendiendo las alas sólo porque podía, sacudiéndolas con fuerza.

- No te iba a comer ni aunque pudiera..... Sei – lo miró de soslayo, rojito de nuevo, acariciando al conejo que ahora se portaba como si lo hubiera conocido de toda la vida. - ¿Soy tu novio?

-Sí… ¿no? Creía que sí…- lo miró volteándose ahora un poco apenado por si no lo era –De nuevo te pusiste rojo… ¿te da vergüenza? ¿O no quieres ser mi novio? ¿Es porque me raspa la lengua?

- No, sí quiero ser tu novio. Es que no lo sabía, y nunca he tenido novio – le aclaró, sonriendo. – Tenías que preguntarme y yo tenía que decirte que sí. Pero así también vale.

-Qh… no sabía… tampoco he tenido novio… pensé que con quererse ya llegaba… - aclaró sonriéndole -¿quieres ser mi novio?

- Sí! –asintió el mapache, alzando la cola tras de sí y dejando escapar al conejo de lo contento que estaba.

Sei miró al conejo correr pensando en si debía ir a buscárselo, pero ahora prefería cogerlo porque le gustaba verlo feliz así que lo sujetó por la cintura cogiéndolo en brazos sonriendo –Vale! Somos novios! Pero sigo teniendo hambre…- dijo bajando las orejas y aún así moviendo la cola.

- Somos novios! Y seguimos buscando animales! Pero al conejo no..... – le recordó, sonriendo también y besándole la punta de la nariz. – Ahora ya tienes novio con el que jugar. Se lo puedes decir a tus amigos.

-Cuando los saquemos de la cárcel… que no quiero entrar de nuevo…- le recordó un poco espantado de pensarlo, por mucho que echase de menos jugar allí -¿Qué crees que puedo comerme que no te guste y sepa bien?- preguntó, ya hambriento de más –Hmm… además nada mas veo pájaros…

- No sé, a ti te gustan los que comen flores, busca flores. O cómete un pájaro – le sugirió, aunque le gustaban los pájaros pero no tanto como el conejo.

-No quiero… que tienen plumas y nada de comer… y tendría que comerme muchos… me acabaría los pájaros….- dijo exagerando claramente deteniéndose para dejarlo sobre la hierba y agachándose para apoyar una mano en el suelo hundiéndola y sacando un ratón metiéndoselo en la boca antes de que viera si era bonito o no –No me gusta mucho…- sentenció con cara de ascos y la cola por fuera.

- Buscamos otro.... – murmuró Tanuki sin ver muy bien . – ¿Por qué te gusta cazar?

-Es divertido…- el rubio lo miró a los ojos –Después podemos cazar peces y seguro que también te divierte… luego te los comes… no son para jugar…- le aseguró pensando en cómo cazarlos y seguramente de un zarpazo podía.

- Ya sé, pero sí jugamos antes, ¿no? Yo como poco, así que no importa. – afirmó, ahora deseando tener al conejo con él de nuevo y en vez de eso, agarrándole la cola al grifo, jugando con la punta.

Sei movió la cola haciéndole cosquillas en la cara y se rió mirándolo de soslayo –Pero es que tengo hambre…- anunció, por si alguien no sabía aún –No puedo comerme un burro…- dijo porque escuchaba una cabra a lo lejos, que no era un burro, pero sí para él –Que no soy un grifo animal… y no me llegan los dientes… y no me puedo comer al conejo… - se tiró en el suelo cerrando los ojos –Hambre…

- Pero si te comes al conejo, me pondré triste...... Busca otro animal. No lo vas a encontrar acostado y con los ojos cerrados. – le insistió, tirándose encima de él a pesar de todo. - ¿Quieres que te busque un animal yo?

- Te caerá bien y ya no querrás… que me lo coma…- dijo con los ojos entreabiertos y mirando a un lado tratando de identificar los ruidos del bosque y encontrar un animal –Me comeré una oveja…- dijo mirando a la montaña y observando cabras en lo alto esta vez identificándolas… como ovejas.

- Cómete una oveja. Pero esas no son ovejas- comentó, mirando arriba y viendo a las cabras, que tampoco sabía qué eran pero sí que no eran ovejas. – Mira! – exclamó, señalando una iguana porque le llamaba la atención.

-Una lagartija…- aseguró Sei como si fuera un experto identificando animales cuando de hecho era al contrario –Los reptiles saben asco…- aseguró volteándose en la hierba sujetándolo con un brazo contra él y empujándola con un dedo –Está fría… es asco… me comeré una de esas blancas… no te vayas…- dijo saltando para alzarse –Las iguanas no comen mapaches… ¿no?

- Es muy chiquita... – se rió el chico, pensando que él la podía mandar a volar si se lo intentaba comer, pero igual se iba a molestar si lo mordía.

-Si te quiere comer, súbete a un árbol…- dijo sonriendo porque le gustaba recordarlo, y alzando el vuelo sobre la cabra para bajar sobre ella y la levantó en el aire dejándola caer sólo para bajar sobre ella y comérsela mirando al mapache desde arriba.

Tanuki lo siguió atento, con la mirada, y con la boca abierta, maravillado, subiéndose al árbol de pronto, más que nada porque le entraban ganas y porque así sentía como que podía subir más cerca de donde volaba el grifo.

Sei lo miró mientras devoraba a la cabra sin mucho miramientos escuchando cómo arriba las demás protestaban alertadas y corriendo a esconderse, pero no iba a comerse más. Con esa le llegaba.

Al cabo de un rato descendió sobre el río limpiándose la cara y parándose arrodillado en la orilla bebiendo sin parar y observando un pez en el fondo. Metió la mano dentro y la dejó un rato mientras seguía bebiendo, pegando un zarpazo y lanzándolo a volar al campo riéndose –Cacé un pez!

- Un pez.......... – lo celebró Tanuki, corriendo hacia el mismo e intentando atraparlo mientras le rebotaba entre las manos por lo resbaloso, comiéndoselo luego y revolcándose en el suelo contento.

Sei se rió viéndolo comer y pensando que seguro que con ese le llegaba, aunque se sentía tentado de seguir sacando más y más porque era divertido… pero no era divertido que se muriesen para nada. Se fue a su lado llevándole agua en las manos por si quería beber –La cosa blanca sabía bien…

- El pez también, aunque prefiero que no me peguen – respondió, refiriéndose a los coletazos y acercándose a sus manos, para beber, más porque estaba allí el agua que porque se le hubiera ocurrido ir a buscarla.

El grifo se agachó a beberse lo que le quedaba y se acercó, lamiendo el agua de sus labios y el mentón. Se separó reído –Te sequé- dijo como si mereciese un premio por ello levantándose –Habrá que volver… oscurece y tenemos que trabajar… deberíamos vivir en el campo… pero hace frío y no hay colchón…

- Y cuando vives en el campo, puede venir alguien y comerte- aseguró muy convencido por lo que había observado, aunque en la ciudad igual se lo podían comer. – Me divertí mucho hoy- finalizó, adhiriéndose del grifo como esperando a que levantara el vuelo, para que no fuera a dejarlo.

-Yo también- el rubio sonrió saltando a una rama e impulsándose para ayudarse a alzar el vuelo –No pueden comerte porque yo te cuido… a mí no me puede comer nadie… Me lo dijo mi madre, así que es verdad.

- A mí mi madre sólo me dijo que no me dejara comer, pero igual sí pueden si no me cuidas. – le sonrió, abrazado y añadiendo más serio, por si lo veía débil. – Pero yo me sé cuidar también.

-Claro… si no, no estarías vivo hasta ahora- el león lo miró a los ojos como confundido porque para él estaba muy claro aquello –De todos modos como eres pequeño te cuido, me gusta cuidarte.

- Me gusta que me cuides. – movió la cola contento sin soltarse, subiéndola tras él. Ya no le daba tanto miedo volar, siempre y cuando lo llevase él.



 
 

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