Capítulo 15
Somos Novios! Y Seguimos Buscando Animales! Pero al conejo no........
Tanuki se despertó, ya desesperado por el juego, revolviéndose
inquieto, entre los brazos de Sei y asomándose por encima
de su ala, dándose la vuelta y pasándole la cola por
el rostro.
Sei abrió la boca mordiéndosela, al parecer soñando
algo indeterminado –No quiero con pelos!- dijo volteándose
de frente profundamente dormido y espatarrado en el colchón.
- Ah! No me muerdas!!!! – le gritó el chico, saltando
y sujetando la cola contra sí, acariciándosela él
mismo. - Si no quieres pelos, no me comas.
-¿Eh?!- el león se levantó sentándose
de golpe en el colchón y viendo al mapache –No te como…-
dijo tranquilo y sin enterarse de nada -¿Te comía?-
preguntó sacándose pelos de la lengua bajando las
orejas –pero no te comía adrede…
- Pero tampoco me comas accidentalmente, que igual quedo comido....
– lo riñó, aún protegiendo su cola. –
Me dolió....... mordiste duro.....
El grifo lo miró apenado cogiéndolo sobre las piernas
y acariciándole la cola mientras le lamía una oreja
de nuevo como cariño aunque siempre se la quitaba cuando
lo hacía.
El mapache movió la oreja con rapidez, sonriendo y abrazándose
a él, ya contento. – No importa, no me comiste. Pero
sígueme acariciando.
-No quiero comerte, si no después no estás…-
sentenció como una súper conclusión sonriendo
al notar cómo movía la oreja y tocándola con
un dedo reído -¿Hoy también vamos a ir a buscar
animales?
- Hoy podemos ir más lejos, porque ya llegó el colchón.
– explicó el mapache, asintiendo y alzando la recuperada
cola de nuevo. – Pero hoy sí te bañas.
-Claro… hoy vamos lejos de lejos…- explicó el
rubio haciéndose el loco respecto a bañarse –Me
lavo los dientes… todos los días varias veces…
no me hace falta bañarme…
- Eso no llega. Tienes que bañarte o acabas oliendo mal.
Báñate conmigo! – le insistió, colgándose
de su cuello.
-Vale… pero no me la mires…- le recordó mirándolo
a los ojos muy serio pero rojo –Yo sí te la veré,
a ti no te importa y quiero ver.
- Está bien, pero quiero ver...... – el mapache lo
miró, ahora curioso. – Pero no la veo. Vamos a bañarnos
– exclamó, alejándose y empezando a quitarse
la ropa.
Sei se quitó la ropa también esperando a que se llenase
la bañera para sacarse la ropa interior y mirando al fondo
viendo cómo se iba juntando más y más agua
–No me gusta el agua… el jabón me gusta aún
menos que el agua…- aseguró mirándolo desnudarse
ahora más pendiente de eso y mirando el nacimiento de su
cola.
- A mí sí me gusta el agua, el jabón me da
igual pero es necesario para estar limpio. Y me gusta estar limpio.
Entra. – lo llamó, meneando la cola de arriba abajo,
y entrando él, chapoteando un poco.
-Voy…- dijo sentándose en el borde de la bañera
para quitarse la ropa interior y dejándose caer adentro del
agua, mojando el suelo y viendo cómo se iba por el desagüe
–Tu bañera sí es grande… cabe más
agua… debía ser pequeña… Si no cabía
no me bañaba…- anunció mirándolo y tocándole
un pezón apretándolo reído.
- Ah! – el mapache se echó atrás un poco rojo,
salpicando más con la cola. – Es grande porque me gusta
jugar cuando me baño. Así es divertido. – se
lanzó de pronto sobre el otro, revolviéndole el cabello.
El león se hundió desprevenidamente y se sentó
rapidamente de nuevo algo confundido por el remojón y sacudiendo
la cabeza –No quiero mojarme la cara!- anunció haciendo
drama –Se me colará agua en las orejas!- se rió
empujándolo él dentro del agua y viéndole la
cola mojada –Tu cola se espachurró….
- Está mojada – explicó, como si no fuera obvio,
sacudiéndola. – Y las orejas también se limpian-
pasó a demostrarlo subiendo las manos y frotándose
las orejas, empezando a restregarse con la barra de jabón
luego.
El león lo miró restregándose las orejas sin
apartar la vista muy atento y buscando una esponja después
para lavarse de cualquier manera –No me gusta…- le recordó
por si pensaba que ya le estaba agradando –Tengo el culo mojado…-
le anunció también por si no era obvio –Mejor
nos lavábamos con la lengua, Tanuki…
- Eso no llega tampoco.. – aclaró, más bien
pensando que él tampoco quería tener que lamerse todo.
– Luego te secas. Mi culo está mojado también!
– exclamó, girándose y alzando la cola para
mostrarle.
-Tu culo es bonito… mojado también…- anunció
el león que se había excitado al verlo así,
aunque no le ponía mucha atención a esas cosas, aún
así, tocándole una nalga -¿Me lavas tú
las orejas?
- Está bien – accedió el mapache, restregándoselas
con suavidad, casi acariciándolas. – Me gustan mucho
tus orejas, son suaves y distintas a las mías.
-A mí también me gustan las tuyas… aunque me
gusta más tu cola… ahora no… está espachurrada…-
le recordó mirándola con algo de pena, ese era otro
motivo porque el agua le iba a agradar menos cada vez. El grifo
bajó la cabeza para que se las restregase mejor y sonrió
viendo su sexo y alzando una mano como para ir a tocarlo riéndose
sin hacerlo –Te estoy viendo…
- Y yo te estoy viendo a ti – contestó, sin comprender,
de pronto rodando como podía detrás de él y
cubriéndole los ojos con las manos. - Ahora no me ves.
-Pero te huelo… y puedo comerte igual…- sonrió
abriendo las alas para aplastarlo contra la bañera reído
y cogiéndole las manos para destaparse –Las alas no
se lavan…- le recordó aunque igual estaban bastante
mojadas.
- Tramposo! – le reprochó, riéndose. –
Pero yo he visto a los pajaritos que se mojan y luego se sacuden.
¿Lo hacen porque les gusta? Y no me comas!!!!!!!!
-No, pero no puedo sacudirme en tu casa porque no me caben las
alas…- le explicó mirando atrás y apoyándose
en él, levantándose de nuevo pensando que lo chafaría.
Se volvió a verlo intrigado -¿No me tendré
que echar desodorante? Eso sí no me gusta…
- No te eches desodorante. Conque te bañes, llega. –
le explicó, dejándose resbalar, ahora que no tenía
el apoyo del grifo contra la bañera, y casi metiéndose
por completo al agua, moviendo la cola bajo ella, ocasionando que
se formasen burbujitas en la superficie.
El rubio le agarró la cola reído y salió del
agua sacudiéndose y cubriéndose la cabeza con una
toalla, sentándose en el baño sin querer secarse echando
a correr hacia el colchón y rebozándose sobre él
para secarse.
- No, no, no, no, no!!!!!! Que luego se daña! – lo
riñó el mapache, corriendo tras él con la cola
en el aire y como Dios lo trajo al mundo, halándolo de un
brazo luego. – Eso daña los colchones y luego no tenemos
donde dormir. ¿No te gusta secarte?
-No…- el rubio lo miró levantando la cabeza del colchón
y observándolo fijamente abrazándose al colchón
como defendiendo su posición y no pensaba ceder en ello –No
se daña…
- Sí se daña. Se moja y se pudre..... – insistió,
halando como si fuese a pasar en ese mismo instante y como si tuviese
alguna posibilidad de mover al grifo de allí.
-¿Tú crees?- el león lo miró muy atento
aún así, frotando la cara contra el colchón
tratando de secarse una oreja –Tengo que secarme…- se
justificó, como si no pudiera usar una toalla como todo el
mundo.
- Yo te seco. – ofreció el mapache, imaginándolo
de pronto en prisión, corriendo desnudo y mojado hasta su
celda para secarse contra el colchón y empezando a reírse.
-¿Por qué te ríes?- preguntó el rubio
reído y sentándose en el colchón como impulsado
por un resorte invisible, alzando los brazos como haciendo patente
que no era la primera vez que acababa secándolo otro.
- Porque te imaginaba haciendo esto en prisión y te veías
gracioso. – respondió, con toda la sinceridad del mundo,
el otro, yéndose a buscar la toalla para regresar, empezando
a secarlo, aún estando mojado y desnudo él, como si
lo suyo sí fuese de lo más normal. Claro, que se había
sacudido.
-¿Te seco con la lengua?- preguntó extrañamente
para casi cualquiera. Pasándole la lengua por la cara para
recoger las gotas que se escurrían del cabello abriendo un
poco las alas y sacudiéndolas incómodo por las plumas
pegadas.
- No, no..... – respondió, riendo porque le hacía
cosquillas. – Ya me seco yo cuando termine de secarte a ti.
Haces como los pajaritos! – exclamó, recordando lo
que habían estado hablando en la bañera.
-Sí, sí…- el león sonrió echándose
adelante y lamiéndole el cuello reído –Te seco-
le aseguró, echándose atrás con la lengua fuera
-¿No te gusta mi lengua porque es de gato y raspa?- preguntó
metiendo dos dedos en su boca para sacarle la lengua.
- .... se siente rara.. – intentó decir, claro que
de manera mucho menos inteligible, echándose a reír,
sin sacar los dedos del otro, pero tirándosele encima colocando
la toalla sobre su cabeza, ya distraído con el juego.
El grifo sacudió la cabeza tratando de sacar la toalla sin
conseguirlo y se tiró en la cama riéndose y pasándole
la toalla por el pelo al mapache –Deberías secar tu
cola…- dijo preocupado al ver que aún se veía
espachurrada.
- Ya la seco, no me va a pasar nada. – contestó, sacudiéndola,
y mojando todo a su alrededor, sólo porque no quería
dejar de jugar ahora.
-La mía está igual mojada que seca- dijo moviéndola
y dándole en el culo con ella -¿Ya no me secas más?-
preguntó, por ver si de paso había más caricias
–Y mi lengua es rara pero es bonita… es grande –
dijo sacándola.
- Sí, es graaaaaaande y bonita. – asintió el
mapache, mostrando la suya como comparando y procediendo a secarlo
más, meneando la cola, para ver si se le secaba naturalmente.
– Te quiero, Sei - soltó de pronto, enrojeciendo y
pasando atrás de él, echándole la cabeza adelante
para secarlo.
-Yo también te quiero- el rubio se quedó con la cabeza
abajo sólo porque le frotaba el pelo y le gustaba, aunque
ahora quería mirarlo y se había ido a su espalda –No
puedo abrazarte…- anunció seguro de que si se volteaba
lo mandaba al otro extremo del cuarto con las alas.
- Yo te abrazo...... – contestó rojo aún, alzándole
el brazo y deslizándose por debajo hasta quedar al frente
de nuevo, porque ahora quería que lo abrazara. – Ya
sé que no me vas a comer.
-No te como… si no, ya no te veo… y no quiero que llores…
yo también lloro…- le explicó un mar de cosas
antes de abrazarlo contra él –Estás bonito cuando
te pones rojo…- anunció viendo que su cola volvía
a estar esponjosa sujetándola con una mano.
- Es porque me da vergüenza..... – murmuró, pegándose
a él, abrazándose más fuerte y moviendo la
cola en su mano. – Tú estás bonito siempre.
-Tú también… pero estás más bonito…-
se rió, viendo cómo se ocultaba en su pecho y lo cubrió
con las alas besándole una oreja y apoyando la nariz contra
ella –¿Hoy buscaremos animales lejos?
- Sí! Vamos lejos, tú me llevas volando y no me dejas
caer. – especificó, como si necesitase instrucciones
y de paso, sí que pensaba que era un gran plan. – Ya
te bañaste, así que hoy no te mojas las orejas.
-No!- se tapó las orejas con las manos del mapache como
si el peligro fuera inminente –Luego me duelen… - dijo
bajando las manos sólo porque la verdad no escuchaba muy
bien así–Pero tenemos que vestirnos.
- Vamos a vestirnos, entonces – sonrió Tanuki, despegándose
de su pecho, tapándole las orejas de nuevo porque le hacía
gracia y poniéndose de pie, buscando en la desordenada gaveta
y sacando su ropa interior, subiéndosela y colando su cola
por el agujero para ella, meneándose para que quedase bien
colocada.
El león sonrió viendo cómo la cola salía
por el agujerito como si no sucediese exactamente lo mismo cuando
él se vestía y revolvió en su bolsa para ponerse
su ropa interior tratando de verse atrás cómo salía
su cola y fracasando con las alas. Sacudió la cabeza como
mareado por el intento, mientras se ponía los pantalones
acercándose al chico mapache para acariciarle la cola mientras
tanto –Si vamos muy lejos hoy no trabajamos… ¿tenemos
dinero?
- Hum... un poco. Pero deberíamos trabajar..... –
comentó, bajando las orejas más porque se le arruinara
la diversión. – Pero vamos un poquito más lejos?
– movió una oreja como negociando.
-Pero es que si vamos muy lejos después estaré cansado…-
anunció el león que no estaba muy por la labor de
cansarse en el vuelo, cazando y después cazar de nuevo –Pero
bueno… podemos ir a investigar y cazar mañana…
si no hay que andar mucho…
- Sí, podemos hacer eso. Hagamos eso. Investigar no cansa
mucho. – asintió enérgicamente el mapache, aunque
todo dependía, claro, pero estaba muy interesado en ir a
ver animales.
-Vale; hagamos eso…- el león se puso el chaleco y
se ató las botas mirándolo y moviendo la cola esperando
a que saliera para correr escaleras arriba. Tenía ganas de
volar, claro que siempre tenía desde que por fin había
salido de la cárcel.
Tanuki se terminó de vestir, colocándose un gorrito
por donde sobresalían sus orejas, como punto final, y tomándolo
de la mano. – Vamos! – exclamó, echando a correr
alzando la cola tras de sí.
-Vale!- le siguió el león corriendo delante de él
y poco menos que llevándolo en volandas hasta que alzó
el vuelo –Me gusta tu gorro… no te tapes las orejas…-
le recordó, no fuera a ser que usara otro que se las chafara.
- No me tapo las orejas, que no escucho. – explicó,
sin comprender por qué le decía eso y preguntándose
si iría a gritar o algo así.
Sei sobrevoló la montaña mirando abajo y observando
cómo se movía la maleza y las hojas de los árboles
allí abajo. Suponía que eran animales, aunque no lo
sabía desde allí arriba –Aquí hay animales…
o personas pero también puedo comérmelas…
- Pero vinimos a buscar animales. En la ciudad, ya había
personas. ¿Tienes hambre? – preguntó, ya que
sólo parecía pensar en comérselo todo.
-Tengo… Sólo como una vez al día… desde
ayer ya siento hambre… y volar me da hambre…- explicó
mirándolo y lanzándose hacia abajo en picado sólo
porque le agradaba la sensación del viento plegando las alas
a su espalda y abriéndolas antes de acuclillarse en el suelo
con el pelo alborotado –Aquí huele bien… hace
frío…
- Debiste ponerte una camiseta. – le sugirió el mapache,
aunque ya era tarde para eso. De todos modos, él llevaba
una y también tenía frío. Escuchó el
follaje moverse a su alrededor, parando las orejas. – Creo
que hay algo cerca, ¿será un animal?
El grifo movió las orejas sin moverse y giró la cabeza
observando entre la maleza y más bien, olfateando el ambiente
y acuclillándose en la hierba –Es un conejo…-
susurró viéndolo a lo lejos –Pero es bonito…
Tanuki observó las orejas moverse, y sus ojos rojos mirarlos
de vuelta, igual de curioso que los suyos. – Sí, quiero
abrazarlo – murmuró, yendo hacia él y correteando
más rápido cuando vio que el conejo echaba a correr.
Sei se levantó observándolos corretear pensando que
así no se atrapaba un conejo y sonrió porque le hacía
demasiado chiste, saltando a un árbol y observando para saltar
sobre él, amarrándolo con una mano y pasándoselo
al mapache medio infartado –Los conejos corren mucho…-
le explicó, volteándose a mirar alrededor tratando
de encontrar algo menos bonito para comerse.
- Ya me di cuenta..... Gracias – le sonrió, sujetando
al asustado conejo, que se fue calmando al ver que sólo lo
abrazaba y acariciaba. El mapache se rió mirándolo.
– Es muy suave....
-Seguro que sabe bien…- remató la frase el rubio moviendo
la cola y mirándolo atrás de soslayo –No es
un mapache…
- No, pero no te lo comas, que me gusta. Yo podría ser un
conejo – afirmó utilizando aquella extraña excusa
para protegerlo, sin soltarlo. – No te comes al conejo, ni
a los mapaches. Busquemos otro animal.
-Pero si lo fueras no serías tan bonito… yo tengo
un amigo con un novio conejo… pero él no quiere comérselo…
no come gente… me dice guarro…- siguió barruntando
mientras caminaba, escuchando más que observando –Me
dejarás sin animales para comer…
- No...... pero al conejo, no. – negó con la cabeza,
sin atreverse a soltarlo, no fuera a ser que Sei se confundiera.
– Es normal que no se quiera comer a su novio. Yo tampoco
me comería a mi novio.
- No me comas… no puedes…- dijo riéndose y asumiendo
que era su novio porque ambos se querían, de hecho ya lo
había asumido antes de eso. Siguió adelante moviendo
la cola y extendiendo las alas sólo porque podía,
sacudiéndolas con fuerza.
- No te iba a comer ni aunque pudiera..... Sei – lo miró
de soslayo, rojito de nuevo, acariciando al conejo que ahora se
portaba como si lo hubiera conocido de toda la vida. - ¿Soy
tu novio?
-Sí… ¿no? Creía que sí…-
lo miró volteándose ahora un poco apenado por si no
lo era –De nuevo te pusiste rojo… ¿te da vergüenza?
¿O no quieres ser mi novio? ¿Es porque me raspa la
lengua?
- No, sí quiero ser tu novio. Es que no lo sabía,
y nunca he tenido novio – le aclaró, sonriendo. –
Tenías que preguntarme y yo tenía que decirte que
sí. Pero así también vale.
-Qh… no sabía… tampoco he tenido novio…
pensé que con quererse ya llegaba… - aclaró
sonriéndole -¿quieres ser mi novio?
- Sí! –asintió el mapache, alzando la cola
tras de sí y dejando escapar al conejo de lo contento que
estaba.
Sei miró al conejo correr pensando en si debía ir
a buscárselo, pero ahora prefería cogerlo porque le
gustaba verlo feliz así que lo sujetó por la cintura
cogiéndolo en brazos sonriendo –Vale! Somos novios!
Pero sigo teniendo hambre…- dijo bajando las orejas y aún
así moviendo la cola.
- Somos novios! Y seguimos buscando animales! Pero al conejo no.....
– le recordó, sonriendo también y besándole
la punta de la nariz. – Ahora ya tienes novio con el que jugar.
Se lo puedes decir a tus amigos.
-Cuando los saquemos de la cárcel… que no quiero entrar
de nuevo…- le recordó un poco espantado de pensarlo,
por mucho que echase de menos jugar allí -¿Qué
crees que puedo comerme que no te guste y sepa bien?- preguntó,
ya hambriento de más –Hmm… además nada
mas veo pájaros…
- No sé, a ti te gustan los que comen flores, busca flores.
O cómete un pájaro – le sugirió, aunque
le gustaban los pájaros pero no tanto como el conejo.
-No quiero… que tienen plumas y nada de comer… y tendría
que comerme muchos… me acabaría los pájaros….-
dijo exagerando claramente deteniéndose para dejarlo sobre
la hierba y agachándose para apoyar una mano en el suelo
hundiéndola y sacando un ratón metiéndoselo
en la boca antes de que viera si era bonito o no –No me gusta
mucho…- sentenció con cara de ascos y la cola por fuera.
- Buscamos otro.... – murmuró Tanuki sin ver muy bien
. – ¿Por qué te gusta cazar?
-Es divertido…- el rubio lo miró a los ojos –Después
podemos cazar peces y seguro que también te divierte…
luego te los comes… no son para jugar…- le aseguró
pensando en cómo cazarlos y seguramente de un zarpazo podía.
- Ya sé, pero sí jugamos antes, ¿no? Yo como
poco, así que no importa. – afirmó, ahora deseando
tener al conejo con él de nuevo y en vez de eso, agarrándole
la cola al grifo, jugando con la punta.
Sei movió la cola haciéndole cosquillas en la cara
y se rió mirándolo de soslayo –Pero es que tengo
hambre…- anunció, por si alguien no sabía aún
–No puedo comerme un burro…- dijo porque escuchaba una
cabra a lo lejos, que no era un burro, pero sí para él
–Que no soy un grifo animal… y no me llegan los dientes…
y no me puedo comer al conejo… - se tiró en el suelo
cerrando los ojos –Hambre…
- Pero si te comes al conejo, me pondré triste...... Busca
otro animal. No lo vas a encontrar acostado y con los ojos cerrados.
– le insistió, tirándose encima de él
a pesar de todo. - ¿Quieres que te busque un animal yo?
- Te caerá bien y ya no querrás… que me lo
coma…- dijo con los ojos entreabiertos y mirando a un lado
tratando de identificar los ruidos del bosque y encontrar un animal
–Me comeré una oveja…- dijo mirando a la montaña
y observando cabras en lo alto esta vez identificándolas…
como ovejas.
- Cómete una oveja. Pero esas no son ovejas- comentó,
mirando arriba y viendo a las cabras, que tampoco sabía qué
eran pero sí que no eran ovejas. – Mira! – exclamó,
señalando una iguana porque le llamaba la atención.
-Una lagartija…- aseguró Sei como si fuera un experto
identificando animales cuando de hecho era al contrario –Los
reptiles saben asco…- aseguró volteándose en
la hierba sujetándolo con un brazo contra él y empujándola
con un dedo –Está fría… es asco…
me comeré una de esas blancas… no te vayas…-
dijo saltando para alzarse –Las iguanas no comen mapaches…
¿no?
- Es muy chiquita... – se rió el chico, pensando que
él la podía mandar a volar si se lo intentaba comer,
pero igual se iba a molestar si lo mordía.
-Si te quiere comer, súbete a un árbol…- dijo
sonriendo porque le gustaba recordarlo, y alzando el vuelo sobre
la cabra para bajar sobre ella y la levantó en el aire dejándola
caer sólo para bajar sobre ella y comérsela mirando
al mapache desde arriba.
Tanuki lo siguió atento, con la mirada, y con la boca abierta,
maravillado, subiéndose al árbol de pronto, más
que nada porque le entraban ganas y porque así sentía
como que podía subir más cerca de donde volaba el
grifo.
Sei lo miró mientras devoraba a la cabra sin mucho miramientos
escuchando cómo arriba las demás protestaban alertadas
y corriendo a esconderse, pero no iba a comerse más. Con
esa le llegaba.
Al cabo de un rato descendió sobre el río limpiándose
la cara y parándose arrodillado en la orilla bebiendo sin
parar y observando un pez en el fondo. Metió la mano dentro
y la dejó un rato mientras seguía bebiendo, pegando
un zarpazo y lanzándolo a volar al campo riéndose
–Cacé un pez!
- Un pez.......... – lo celebró Tanuki, corriendo
hacia el mismo e intentando atraparlo mientras le rebotaba entre
las manos por lo resbaloso, comiéndoselo luego y revolcándose
en el suelo contento.
Sei se rió viéndolo comer y pensando que seguro que
con ese le llegaba, aunque se sentía tentado de seguir sacando
más y más porque era divertido… pero no era
divertido que se muriesen para nada. Se fue a su lado llevándole
agua en las manos por si quería beber –La cosa blanca
sabía bien…
- El pez también, aunque prefiero que no me peguen –
respondió, refiriéndose a los coletazos y acercándose
a sus manos, para beber, más porque estaba allí el
agua que porque se le hubiera ocurrido ir a buscarla.
El grifo se agachó a beberse lo que le quedaba y se acercó,
lamiendo el agua de sus labios y el mentón. Se separó
reído –Te sequé- dijo como si mereciese un premio
por ello levantándose –Habrá que volver…
oscurece y tenemos que trabajar… deberíamos vivir en
el campo… pero hace frío y no hay colchón…
- Y cuando vives en el campo, puede venir alguien y comerte- aseguró
muy convencido por lo que había observado, aunque en la ciudad
igual se lo podían comer. – Me divertí mucho
hoy- finalizó, adhiriéndose del grifo como esperando
a que levantara el vuelo, para que no fuera a dejarlo.
-Yo también- el rubio sonrió saltando a una rama
e impulsándose para ayudarse a alzar el vuelo –No pueden
comerte porque yo te cuido… a mí no me puede comer
nadie… Me lo dijo mi madre, así que es verdad.
- A mí mi madre sólo me dijo que no me dejara comer,
pero igual sí pueden si no me cuidas. – le sonrió,
abrazado y añadiendo más serio, por si lo veía
débil. – Pero yo me sé cuidar también.
-Claro… si no, no estarías vivo hasta ahora- el león
lo miró a los ojos como confundido porque para él
estaba muy claro aquello –De todos modos como eres pequeño
te cuido, me gusta cuidarte.
- Me gusta que me cuides. – movió la cola contento
sin soltarse, subiéndola tras él. Ya no le daba tanto
miedo volar, siempre y cuando lo llevase él.
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