.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 13

Light My Fire

Hansa se volteó sobre el colchón, suspirando impaciente. ¿Para qué se tardaba tanto? Claro, en cierta forma, podría decirse que era su culpa, pero podría haber salido más temprano, ¿no? Finalmente escuchó llamar a la puerta y saltó de la cama, moviendo la cola de un lado a otro, y dirigiéndose a abrir.

- Llegas tarde, ya me iba – dijo como todo saludo, a la chica que lo miraba, claramente cansada, con aire contrariado.

– Pues con esas direcciones que me diste.... Y además, ¿tenías que alquilar en el último piso de un edificio sin elevador?

- Dijiste que te gustaba caminar..... – sonrió de medio lado, como si estuviera haciendo una broma, apartándose para que pasara.

- Ya, pero no exageres..... - La chica se rió, sin duda encontrándolo muy gracioso, y rodeando su cuello con los brazos. - ¿De veras vamos a hacer esto? No creí conocer a alguien como tú. No me digas que haces esto con todas las chicas.

- Vivo para complacer......- le rodeó la cintura como si fueran muy íntimos. – Todavía estás dispuesta, ¿no? No me digas que la aventurera chica con la que hablé ayer, no vino hoy. ¿Tienes miedo?

La chica negó con la cabeza, mordiéndose un labio. Estaba un tanto nerviosa con lo de los asesinatos, pero a la vez, le parecía muy divertido todo aquello. Además de que no creía que él fuera el asesino. Ya la hubiera matado, ¿no? No, seguramente era el otro que siempre estaba vanagloriándose de ello.

- Bien, porque si no, no te vuelvo a hablar. –bromeó el chico tigre, fingiendo a la perfección. – Anda, allá está el baño, a cambiarse.

- Voy a hacer que tus fantasías se vuelvan realidad – le susurró la morena, mirándolo a los ojos seductoramente y separándose por fin, llevándose la bolsa que había traído y regresando al cabo de unos minutos, con un disfraz bastante sexy, de conejita, orejas incluidas.

Hansa hizo una mueca, observándola, burlándose en su interior, recordándole. –Pero no estás vestida de conejo gigante.

- Eso era por joder. Lo modifiqué para ti. – le sacó la lengua la chica, acercándose de nuevo, y acariciándole su sexo por encima de la ropa, mientras intentaba besarlo. Intentaba, porque antes de que lo lograse, el chico le desgarró el disfraz con las garras, rompiendo casi toda la parte frontal del mismo. – Ey! Que lo tengo que devolver! – protestó la morena, justo antes de que Hansa le hiciese una llave, girando su brazo dolorosamente tras de su espalda, mostrando los colmillos.

- Los violadores no se fijan en esas cosas. – le colocó las esposas que había llevado, arrastrándola hasta la cama y enredándolas con la cabecera para que no pudiera escapar. - ¿Te agrada tu fantasía hasta ahora? – preguntó a la chica que a pesar de estar un tanto molesta aún por lo del disfraz, empezaba a excitarse.

El albino le arrancó el panty tomando un consolador de gran tamaño que había llevado consigo, ya que él, no tenía intenciones de tocarla personalmente, e introduciéndolo en su vagina de manera un tanto salvaje, provocando que la chica gritara.

- No....duele!!!!!! Oye..... – la observó removerse intentando escapar, pero continuó como si nada, aunque mirando para otro lado. Lo cierto es que esa parte no le gustaba mucho. Más lo hacía por aceptar el reto de Milkyboy que por mandarla feliz a su muerte. Suavizó el movimiento, por andar distraído, sintiéndose asqueado al escucharla gemir. Estaba enferma.

Se inclinó sobre ella, susurrando en su oído. - ¿Quieres morir? .......

- Ah....ah.... pero....primero métemelo, ¿sí? El tuyo.... – gimió la morena, ahora má excitada al sentir el movimiento menos brusco.

- No... respóndeme. ¿Quieres morir?

- Sí... sí! – le respondió la chica, riendo, dejándose llevar por su fantasía.

- Sí.... – Hansa se separó de ella, cesando ya con eso y sonriendo.

- Oye! No te detengas, ¿qué haces? - protestó, moviendo más las manos entre las esposas. – Ese no fue el trato.

- Es que yo no me estaba divirtiendo –contestó tranquilamente el chico, agachándose para tomar un recipiente lleno de gasolina, vertiéndolo sobre la chica.

- Aghh.. ¿qué haces? ¿Qué es eso? Huele.... huele.... – la morena abrió los ojos completamente, revolcándose frenéticamente sobre el colchón. – No! Estás loco? Que era broma! Oye...

- ¿Qué? ¿Broma? Entonces..... ¿no quieres morir realmente? – la miró sumamente serio, como si tuviera que planteárselo, sin quitar sus penetrantes ojos azules de los de la chica. – Dime...

- No! Claro que no! Era..... por joder. Oye, tú no me vas a matar ¿verdad? – se rió nerviosamente, negociando, terriblemente asustada.

- ¿Cuántas veces lo tengo que decir? No pidas cosas que no quieres! – le gritó el albino, realmente furioso, ahora. De veras la detestaba, las odiaba a todas. – Claro que te voy a matar. –Encendió un fósforo, dejándolo caer sobre ella, alejándose un poco mientras la veía arder, entre gritos, revolviéndose.

Hansa sonrió por fin, empezando a reírse de pronto, y sacando su cuchilla, jugando con ella. – No creo que tengas mucho que hacer hoy – le dijo, mirando de nuevo aquel horrible espectáculo, pensando que no era completamente de su estilo pero se hacía lo que pedían, ¿no?

- Milkyboy, espero que estés satisfecho con lo que hizo el gatito. – se rió, saliendo al pasillo y sonando la alarma de incendios, antes de regresar a la habitación para salir por la ventana. No veía por qué todos debían de morir por culpa de una imbécil.


 
 

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