| Capítulo 11
Somewhere to Fall On
Sei se despertó a media tarde, con el estómago rugiéndole
y sin muchas ganas de levantarse, mucho menos al tener compañía
en su lecho que le diera calorcito. Lo abrazó más
contra él, aún sin retirar el ala de encima de ellos
ocultándolos de la luz del sol y le lamió las orejas
“como cariño”.
El mapache movió las orejas, buscando liberarse de aquello,
y finalmente abriendo los ojos aún medio dormido, exclamando.
Ah! Me come! Me come!... – sonriendo al ver quien era. –
Sei.... tú no me comes. – dijo, moviendo la cola contra
él.
-No…- el rubio lo miró confundido por los gritos y
sonriendo después, mirando abajo a su cola y plegando el
ala a su espalda entrecerrando los ojos a la luz y bostezando con
la lengua fuera, tirándose de frente en la cama y subiéndose
la sábana entre las piernas porque le daba pena. Bajó
la otra mano directamente a la cola del mapache amarrándosela
y estrujándola a ratos –Duermo mas… - anunció.
- No duermas más! Ya te despertaste. Vamos a jugar. –
se rió el chico, encaramándosele encima, sacando la
cola de su mano y parándola tras su espalda.
-No… me quitaste la cola…¿quieres la mía?-
la coló entre ambos rozándole la cara con ella sonriendo
y lo cogió por la cintura con las manos alzándolo
sobre él y meneándolo para ver cómo se balanceaba
la cola –Tengo hambre…
- Vamos a comer – sugirió, muy lógicamente
Tanuki, moviendo la cola aún más de un lado a otro,
e intentando tomar la cola de Sei. – Hoy vamos a buscar animales.
-¿Para comérnoslos? Habrá que buscar pescados…-
anunció muy lógicamente en su mente y sonriendo, bajándolo
sobre él de nuevo acariciándole las orejas con los
dedos -¿Esta noche no trabajamos? Tenemos dinero aún…
me dijiste que comprábamos una cama…- le recordó.
- Pero aún no es de noche – le recordó también,
por si le cortaba la diversión. De todos modos, se divertía,
claro, pero llevaba mucho tiempo sin compañero de juegos.
– Vamos a comprar la cama, comemos y buscamos animales. –
aclaró, en un itinerario no tan lógico ya.
-Vamos a buscar animales, nos los comemos y luego nos acostamos
en la cama…- anunció el grifo moviendo las orejas como
si así se hiciera patente que su itinerario era mejor. Se
volteó de pronto poniéndose sobre él y frotándose
la nariz contra su pecho aleteando un poco.
Tanuki se rió, porque le hacía cosquillas, agarrándole
el rostro para detenerlo y explicando. – Pero tenemos que
comprar la cama primero, porque si no, no podemos acostarnos. Y
tú tienes hambre ya.
-Es verdad… compramos la cama… buscamos animales…
nos los comemos y luego nos acostamos en la cama… y no nos
bañamos…- recordó de pronto porque eso no le
gustaba y se le pegaban las plumas y era odioso –y menos con
agua fría…
- Pero si no te bañas, hueles mal. – explicó
Tanuki, observándolo confundido y negociando luego. –
Con agua caliente, y yo me baño contigo.
-Vale… pero no nos duchamos y no me lavo las alas…-
anunció arrodillándose y alzándolas hacia arriba
como defendiéndolas del agua que no existía –Y
no me mires la polla… que me da vergüenza… - dijo
recordando las duchas de la cárcel.
- No te la miro, pero la quiero ver.... Pero no te la miro. –
accedió, demostrando claramente su curiosidad y resistiendo
a duras penas el deseo de bajar la mirada justo en ese momento,
a ver si veía algo. – Sei... mueve las alas.
-No me caben…- anunció el león estirándolas
lo que podía en el cuarto y tirando con varias cosas por
el suelo –Tiré algo… varios algos… - sonrió
sin poder evitarlo moviendo la cola a los lados.
- No tires mis cosas.... – se lamentó el mapache,
saliendo de debajo de él para ir a revisar, sonriendo después
al ver que no había daño, y mirándolo con un
montón de cosas entre las manos. – Es que me gustan,
Sei. Nunca había visto unas de tan cerca.
-En la calle te las enseño… - dijo pensando en subirse
a un edificio o le pegaría a la gente con ellas. No era la
primera vez… claro que no siempre era sin querer –A
ti también te quedarían bien unas…- dijo como
si fuera un accesorio –Las tiré sin querer…-
aseguró después mirándolas y poniéndose
el pantalón rápidamente sacando la cola por fuera
–Te llevas muchas cosas…
- Porque son bonitas, me llaman la atención, así
que son mías. – sonrió, mostrándole orgulloso.
La mayoría eran adornos, y cosas sin mucha importancia. Algunos
juguetes pequeños, y así. – Y ya sé que
las tiraste sin querer. No eres malo. Pero yo no tengo alas, que
los mapaches no volamos. – aseguró, sin caer en cuenta
que la mayoría de los leones tampoco.
-Los leones tampoco… los grifos sí… yo soy un
grifo…- le recordó por si acaso y acabando de vestirse
para pasar de la ducha -¿Nos vamos? A por la cama…
grande… me gustan tus cosas….- observó después,
mirándolas y aplastándole la cabeza con la mano a
modo de caricia.
- Sí, déjame guardarlas – sonrió, contento
porque le dijera eso y procediendo a colocarlas donde estaban, lo
cual tampoco parecía llevar ningún orden en particular.
– Yo sí soy un mapache. – recalcó, también
por si acaso, y alzando la cola en el aire.
-¿Por qué alzas la cola así?- preguntó
curioso parado tras él y tocándole la punta de la
cola interesado. Pasó la cara por ella metiéndosela
en la boca y babeando los pelos mordiéndola un poco -Está
dura… parecía blanda…- anunció como si
nada.
- ¿Ves? Por eso, no me comas! Te lo dije! – se quejó,
agarrándose la cola contra su pecho, y acariciándosela,
limpiándola un poco. – La alzo porque estoy feliz.
Me agradas, pero no me muerdas la cola.
-No te mordí con fuerza…- bajó las orejas mordiéndose
su cola para comprobar si dolía –No dolía…-
dijo amarrándose a la suya y mirándolo aún
-¿Me muerdes en venganza?
- No dolía, pero me asustó – se quejó
igual, mirándolo luego y observando su cola, y sonriendo.
– No te muerdo, pero sí la agarro. – sentenció,
tomándola contento de llevar él la cola del otro.
-Vale… - el rubio lo miró confundido porque no le
mordiese para quedar en paz e igual dejándose llevar de la
cola feliz.
...................
- Sei!!!!! ¿Te gusta esta? – le gritó el mapache,
saltando sobre un colchón a pesar de la mirada molesta de
uno de los vendedores.
- Joven, no puede saltar sobre los muebles. – lo riñó.
- Pero ¿cómo voy a saber si son buenos, si no salto?
– respondió el mapache, confundido, quedándose
quieto por el momento.
Sei se acostó en la cama estirándose en varias posturas
y tirándose de frente finalmente mirando al vendedor cabeza
abajo –Déjalo que salte… o te comeré…-
le anunció, mirándolo muy serio ante su misión
de defender a su compañero –Esta me gusta… pero
no me cae bien el empleado…
- Sí...sí, señor – respondió
el hombre alejándose un poco, con miedo.
Tanuki lo miró aún más confundido, riéndose
luego con Sei, y saltando más. - ¿Quieres ir a una
tienda donde sí te caiga bien el vendedor?
-Bueno… pero no sé qué le moleste más…
Hagamos lo que más le moleste… ¿Qué te
parece que le molestará más? Vayamos a buscar a una
mujer… son mejores…- dijo levantándose de pronto
con el mapache de la mano y buscando una dependiente. Se paró
delante de una de las chicas con una sonrisa –Queremos un
colchón… pero no queremos que nos atienda él…
-Oh…- la chica los miró extrañada y sonrió
moviendo una oreja y caminando delante de ellos -¿Es este?-
preguntó porque de lejos ya había visto al mapache
saltando sobre él.
- Sí, es cómodo., pero no me dejaban saltar. Y no
se puede saber si es el mío, si no salto sobre él.
– explicó, como si con sólo reconocerlo, ya
fuera suyo. – Pero yo creo que sí es mío. A
Sei también le gustó.
-Sí…- anunció el león mirándola
muy seriamente –pero este no lo quiero que ahí se acuesta
todo el mundo y huele… a mucha gente…- explicó
extrañamente.
- Tienes razón…- dijo la chica moviendo la cola a
su espalda y volteándose –pero no vamos a daros ese.
Os lo dejamos en casa claro…- sonrió caminando con
ellos detrás y el rubio le extendió una plaquita para
que le cobrase, tocándole la cola como quien no quiere la
cosa.
La chica sonrió y Sei apartó la mano mirando a un
lado –Esa cola tampoco la vi nunca…- le susurró
al mapache sólo porque era una cola de topo.
- Es cola de topo. ¿Te gusta? – le susurró
de vuelta el mapache, tentado a tocarla también, sólo
porque Sei la había tocado. - ¿Es más suave
que la mía? No te la comas. – le advirtió, porque
la chica los trataba bien y además, quería su colchón.
-No sé… está pelona…- el rubio lo miró
confundido –No me gustan las colas pelonas… parecen
de ratón…- se lió a susurrar agarrando la del
mapache de nuevo y acariciando el pelo para tocar otra vez la de
la chica, se rió al notar que la movía.
-¿Vas a comprar el colchón? ¿O mi cola? –
preguntó mirándolo a los ojos reída.
-El colchón- sentenció rojo.
- Sí, su cola es suya- aclaró, el mapache por si
no se entendía, pensando a saber quien sabe qué, y
preguntando luego. - ¿Puedo tocar su cola?
La chica lo miró, sonriendo, accediendo. – Vale, toca
mi cola tú también.
- Gracias- Tanuki sonrió, sujetando la cola, con todo y
la mano de Sei aún en ella, y soltándola luego. -
También puedes tocar mi cola. ¿Cuándo nos llega
el colchón? Tenemos que ir a comer.
-Bueno… podéis iros a comer… y por la tarde
os llegará… hoy…- dijo mirando un papel con las
entregas y un poco reída sin poder evitarlo, acariciando
la cola del mapache –a las nueve…- sonrió mirándolos.
-Yo no tengo reloj ¿y tú?- preguntó al mapache.
- Hum..... hay uno en la casa – dijo el chico, sin saber
si eso les serviría, y sonriendo al sentir la caricia en
su cola. Lo cierto, es que sólo lo tenía porque se
lo había robado y no había pensado en llevarlo porque
sólo iban a buscar animales. Y además, siempre se
le estaban olvidando cosas cuando salía. – ¿Regresamos
al oscurecer?
-Vale…- el león miró a la chica cogiendo la
cola del mapache para acariciarla él –Yo también
se la toco…- anunció por si no sabía alguien
a esas alturas.
-Bien…- la chica se aguantó la risa –Cuando
oscurezca, llegara el colchón… para que durmáis
bien…- se rió acompañándolos a la puerta
y previniendo el infarto de su jefe.
- Gracias! – exclamó el mapache, contento, alzando
la cola de nuevo, aún en la mano del grifo y guiándolo
afuera.
Sei lo cogió en brazos, saltando y amarrándose a
una farola para alzar el vuelo extendiendo las alas y planeando
para alzarse por encima de los edificios. Apoyó a Tanuki
en el suelo acuclillándose en la cornisa y desplegando las
alas –Ya las ves… después buscamos animales…
hay en el zoo pero esos no puedo comérmelos…
- No, esos son para que los cuiden. – explicó el chico,
muy seguro de sus conocimientos, abrazándose al grifo y mirando
cómo pasaba el paisaje bajo ellos. – Me gusta volar,
me da miedo...... Vamos lejos -
-Si te da miedo… ¿Por qué te gusta?- el león
lo miró confundido y sonrió bajando hacia el suelo
en picado sólo para subir de nuevo tratando de asustarlo
reído y moviendo la cola con fuerza a los lados –A
mí me gusta…
- Ahhh! - Tanuki gritó por el susto, aferrándose
más a él, y alzando la cola, como para que no fuera
a tocar el piso, explicando luego. – No sé, es bonito.
Me asusta, porque no me quiero caer, que yo no vuelo.
-No te voy a dejar caer….- el rubio echó a volar hacia
fuera de la ciudad –No pesas…- sentenció después
como si con eso motivase el no dejarlo caer -¿Crees que haya
animales para comer? Sólo veo edificios…- entrecerró
los ojos mirando a lo lejos –Allí… hay un campo…
- Vamos a ver. – afirmó, mirando abajo y luego al
grifo. – Yo sé que no me vas a dejar caer, pero igual
me asusto. Y no te bañaste- recordó de pronto, aunque
no olía mal.
-No… - dijo haciéndose el inocente y volando más
rápidamente,ahora que sabía a donde dirigirse –Allí
hay un lago… pero estará frío…- anunció
mirando hacia allí y pensando que al menos así no
habría jabón apestoso –pero habrá peces…
- Peces!!!!!! – casi saltó Tanuki, contento, agarrándose
de nuevo, asustado. – Pero te tendrías que bañar
en el baño...... Te vas a ensuciar buscando animales. No
comas mapaches – le recordó por si acaso.
-No como mapaches, saben mal… comen pescado…- recordó
todo lo que se le venía a la mente bajando hacía el
bosque y sobrevolando el agua observando dentro –Podemos pescar
peces!- dijo animado soltando al mapache en la orilla sonriendo
y parándose afuera –No te mojes la ropa…
- Vale... pesquemos! – exclamó entusiasmado el chico,
quitándose la camiseta y el pantalón, arrodillándose
en la orilla, observando, casi metiendo la cabeza en el agua.
El rubio lo siguió, desnudándose también y
dejándose la ropa interior como si aquello hubiera sido una
excursión a la montaña y no estuvieran rodeados de
edificios y civilización. Se acercó al agua un poco
reticente, metiéndose hasta la cintura y alzando las alas
–No veo muchos peces…
- ¿No? – Tanuki lo miró, un poco decepcionado,
metiendo por fin la cabeza bajo el agua, alzando la cola completamente
en el aire al inclinarse, y volviendo a sacarla, de nuevo. –
Yo tampoco veo. Pero alguno debe haber. – saltó de
pronto hacia Sei, cayéndose casi encima, exclamando. –
Báñate!! – y cayendo al agua reído, salpicando.
-Ah! Me mojaste!- dijo alarmado como si eso fuera lo peor y salpicándolo
con las alas riéndose y corriendo hacia el fondo, olvidando
que no quería bañarse por la diversión. Hundió
la cabeza en el agua también buscando peces sin ver ninguno
y sacándola agobiado sacudiendo la cabeza –se me mojan
las orejas!- dijo con autentico drama.
- Las mías también! – exclamó el chico,
sin que le importara mucho. –Aún me gustan tus orejas,
mojadas. Pero aquí no veo animales. ¿Vamos más
lejos? – preguntó, sacudiendo la cabeza y la cola,
secándose a pesar de aún estar en el agua y por supuesto,
volviéndose a mojar.
- No… pero que no se me mojen!- dijo saliendo a todo correr
del agua -¿Me roban los pantalones?- los cogió, subiéndolos
a un árbol y notando que le pesaban las alas –Vamos
mas lejos…- le cogió la mano acuclillándose
de pronto frente a él –Se te ve…- aclaró
mirando la tela de la ropa interior.
- A ti también – se rió el mapache, cayendo
sentado de la risa, con la cola saliendo por entre las piernas,
tapándose con la misma sólo por molestar, y meneando
las orejas. – Subo mi ropa también. – afirmó
de pronto, tomándola y subiéndose al árbol,
trepándola aún más alto, y llevándose
la de Sei también.
Sei alzó la vista emocionado y se amarró al tronco
del árbol –No te caigas!- lo miró sonriendo
porque le había gustado verlo trepar. Se pegó más
al tronco rojo de pronto y pensando en eso de que se le veía,
rozándose con la corteza para secar la ropa –Salta
y te apaño!
- Está bien, pero no me dejes caer! – le contestó,
Tanuki, girándose sobre el tronco, guindando un poco. –
Allá voy!!!! – exclamó, lanzándose con
los brazos extendidos.
El león se agarró del tronco con una mano para saltar
más alto y lo atrapó al vuelo para salir corriendo
reído, aunque no tenía mucha idea de a dónde,
ni si había animales por allí. Se detuvo para dejarlo
en el suelo de pronto mirando alrededor y oliendo algo. Torció
la cabeza –Vamos por allí…- acordó echando
a andar moviendo la cola a los lados lentamente.
- ¿Hueles algo? Sí, hueles algo – se contestó
a sí mismo el mapache, al ver el movimiento de su nariz,
siguiéndolo emocionado, con la cola en el aire de nuevo,
mirando a todos lados.
-Huele a algo…- el rubio echó la mano atrás
para coger la del otro sin dejar de andar y se paró delante
de una casa cerrada por una muralla –Humm….- saltó
a la muralla acuclillándose y mirando dentro –Hay vacas…-
anunció moviendo la cola –y ovejas… ¿te
trepas?- preguntó volviéndose a verlo.
- Pero las ovejas no son pescado- recalcó, sólo porque
él quería pescado, subiéndose de todas maneras,
por curiosidad. – Ya las veo...... ¿quieres entrar?
– preguntó, ya de por sí medio colgado hacia
abajo.
-No quiero ir a la cárcel de nuevo…y tú no
puedes coger una vaca… están pesadas…- el rubio
miró a las vacas dentro descolgándose afuera de nuevo
–Esas no valen…- dijo tras apañar al otro y saltar
abajo con él prendido. Lo dejó en el suelo de nuevo
frustrándose –No hay…- dijo apoyado en la muralla.
- Sólo las iba a ver de cerca, no como vacas....... –
respondió Tanuki, resbalándose por la muralla, hasta
quedar sentado con las piernas abiertas y la cola en medio, sujetándola
contra sí de nuevo. – Deberíamos irnos muy lejos
de la ciudad, donde no haya gente. Seguro que allá sí
hay.
-Seguro… pero no sé si haya lejos tan cerca bosques
o algo… donde vivía con mi madre, sí había…
pero eso está muy lejos… necesitaríamos que
esté lejos… pero más cerca. Hoy no podemos porque
viene el colchón…- el rubio se giró mirándolo
y se sujetó la cola como probando a ver por qué lo
hacía, pero seguía sin comprender –Puedo comer
carne muerta hoy…- dijo con suplicio.
- Está bien, vamos otro día. La carne muerta no es
tan mala....... Vamos a buscar algo que sepa bien- le sonrió
el mapache, tratando de animarlo, y levantándose, tomándolo
de la mano como para guiarlo.
-Tendrás que acariciarme las orejas…- determinó
levantándose sin mucho apremio desanimado y tras que ya le
rugía el estómago. Se apoyó en sus hombros
pegándose a él y caminando medio a rastras igual moviendo
la cola porque ahora le parecía un juego.
- Vale, y te dejo abrazar mi cola mientras duermes – añadió,
como si no lo fuese a hacer de todas maneras. – Eres el mejor
compañero del mundo.
-Tú también…- el rubio lo abrazó por
detrás sonriendo y aleteando un poco –Tu cola también
es la mejor del mundo…- anunció, sintiendo que la aplastaba
en medio.
- ¿De veras? Pero me gusta tu cola también..... –
afirmó, aunque moviendo la cola como podía, entre
ambos y sonriendo contento, continuando luego con aquello que ya
parecía y de hecho era, un juego extraño. –
Tus alas son las mejores del mundo.
.....................
El rubio entró en el portal cargando con las bolsas de carne
que habían comprado y miró cómo Tanuki llevaba
su comida en una bolsita. Sin duda debía de ser tan pequeño
porque comía poco. Entró en la casa tras él,
sentándose en la cama y comiéndose el contenido de
una de las bolsas –Podría ser peor…
- Sí, podrías comer pescado- se rió, haciendo
un chiste y comiendo de la lata de sardinas que había sacado,
por su parte, muy contento. - ¿Te gusta vivir aquí,
Sei? – preguntó, como si llevasen viviendo juntos años,
o por lo menos, meses.
-No, pescado no!- el rubio torció la nariz arrancando más
carne con los dientes y llenándose la boca como si así
no pudieran meterle pescado dentro. Lo miró tragándoselo
–Me gustas, me gusta vivir aquí… pero no quepo
en el colchón…- lo miró atento a su pescado
y volviendo a la carne -¿Te gusta que viva aquí?
- Sí, pero me gusta más ahora que vives conmigo.
Y sólo bromeaba, bromeaba – repitió, por si
no le creía, sonriendo y comiéndose otra sardina.
– Ahora nos traen el colchón nuevo y ya cabes.
-Comes poco… por eso estás pequeño- le dijo
señalándolo como si fuera una injuria aunque en realidad
era en venganza por meterse con él… aunque sólo
había sido una broma. Se tiró en la cama boca abajo
moviendo la cola en el colchón porque se había quedado
lleno.
- Yo.. soy pequeño de nacimiento. –afirmó,
como si no hubiera crecido ni un centímetro desde que nació,
y le saltó encima de pronto. – Tú eres muy grande!
– le regresó, echándole la culpa a él.
-No! Yo también soy grande de nacimiento!- reclamó,
aunque la verdad no, pero se estaba riendo por la mentira que acababa
de decir –Cuando tú naciste debías de ser….
Muuuy pequeño…- dedujo “muy sabiamente”
abrazándolo y sujetándole las manos para llevarlas
a sus orejas y que se las acariciase –Aún estoy deprimido…-
hizo el cuento bajando las manos a su cintura de nuevo y acariciándole
la cola.
- No estés triste..... – lo consoló el chico,
sin responder a esa batalla de tamaños, porque no quería
deprimirlo más. Le sonrió, moviendo sus propias orejas,
mientras le acariciaba las del grifo. – Sí era muy
pequeño y mi madre me llevaba en brazos.
- A mí la mía también…- anunció
aunque no lo recordaba para ser sinceros –Yo puedo seguir
llevándote en brazos ahora…- el rubio lo miró
sonriendo y se levantó al escuchar la puerta alzándolo
en brazos –Llaman! Es el colchón! Abre… es tu
casa…- dijo apoyándolo en el suelo.
Tanuki se apresuró a abrir la puerta, saludando. –
Hola!!!! - y echándose hacia atrás al ver el enorme
colchón casi bloqueando la entrada. Uno de los chicos que
lo cargaba, se asomó por encima de este, preguntando.
- Es la casa de Fujimura Tanuki? Venimos a entregar un colchón...
- Sí, esta es. Pasen. La cama está allá –
señaló, como indicando que lo pusieran encima, cosa
que no era muy práctica la verdad.
-¿Nos llevamos el colchón viejo?- preguntó
el chico tratando de sortear las cosas que había por todos
los lados hasta donde debía colocar el colchón.
-Sí… no quepo…- anunció el grifo mirándolos
como vigilando que no tirasen las cosas del mapache.
El chico pasó adentro, mientras el otro sacaba el colchón
antiguo, que por cierto era realmente pequeño y no quería
ni imaginar al rubio acostado allí.
Tanuki se esperó mientras colocaban el colchón donde
debía ir, vigilando al otro sólo porque el colchón
era suyo y se sentía raro de que se llevaran algo suyo aunque
ya no lo necesitara. – No tumbes! – le gritó,
cuando el chico sin querer tocó una figurita con una esquina
del colchón, haciéndola tambalearse. El mapache saltó,
tomándola en el aire justo cuando caía y sujetándola
contra su pecho como si fuese muy valiosa.
- Lo siento..... – le sonrió el chico, sobresaltado,
aún saliendo por la puerta, y el mapache alzó la cola.
- No importa, no se rompió. – contestó aliviado,
volviendo a ponerla en su lugar, y esperando a que el otro también
saliera para acompañarlo a la puerta.
Sei se tiró sobre la cama directamente panza abajo luchando
con los plásticos y rompiéndolos, a pesar de que los
chicos aún no salían. Se quedó parado observándolos
como echándolos con la mirada y continuó con su tarea…
al parecer muy divertida, de asesinar el embalaje.
Una vez se hubieron ido, Tanuki regresó a su lado, saltando
sobre el colchón de nuevo, contento de poder hacerlo con
toda la libertad y halando los plásticos para ayudarlo. -
¿Estás feliz, Sei? Ya cabes en la cama.
-Sí- el grifo lo miró rebozando la cara contra el
colchón y estirándose moviendo la cola emocionado
–En la cárcel tampoco cabía en la cama…
pero era más cómoda que el metro… sólo
que ahora huele mal…
- No huele mal, huele a nuevo. Luego olerá a nosotros. –
le explicó, como si el hecho de que Sei dijese que olía
mal, quisiese decir que no sabía por qué. –
Ahora tienes que cumplir la ley, para poder seguir durmiendo aquí.
-No… pero ya la incumplí… ¿ya no quieres
que duerma contigo?- lo miró arrodillándose y moviendo
la cola inquieto y confundido porque él le había dicho
que no le importaba que se los comiera –Prefería cuando
olía a mapache… aunque comas pescado….
- Pero yo no te voy a enviar a la cárcel. A eso me refiero.....
– contestó, confundiéndose él mismo.
– Yo sí quiero que duermas conmigo, me gusta que me
abraces y me acaricies la cola, aunque luego ya no puedo levantarme
hasta que te despiertes. – lo miró, sentándose
y quedándose quieto un momento, razonando que de todas maneras,
no se quería levantar.
-Ya… pero es que yo no quiero que te levantes cuando estoy
durmiendo…- el rubio lo miró tirándose de frente
ahora con la cola entre las piernas y girándose sobre el
colchón para apoyar la cabeza en las piernas de Tanuki mirándolo
intrigado y tocándole las marcas de los ojos.
- ¿Te gustan? Son de mapache... – aclaró, como
si todo en él no fuera de mapache. – Gracias por ser
mi compañero, Sei.
-¿Por qué? A mí me gusta ser tu compañero…
no es un favor…- el rubio le apretó un poco una mejilla
–Sí me gustan… me gustan los mapaches, son bonitos…
tú eres bonito…- se corrigió pensando que seguro
y los había muy feos.
- Porque nadie me toma en serio, y tú eres el único
que sí lo hace. Pero es que a mí me gusta jugar. –
aclaró la razón por la que pensaba que no lo tomaban
en serio, sonriendo con el apretón de mejilla, y agarrándole
las orejas con los dedos. – Tú también me gustas
mucho a mí. Y además, eres divertido.
-A mí también me gusta jugar… no deberías
tener compañeros que … que no sean yo- remató
el león sonriendo y echando las manos atrás para sujetarle
la cola y pasársela por la cara cerrando los ojos –Se
puede trabajar jugando… ¿sino para que querrías
trabajar?
- Cierto! Me agradas más! – saltó, frente a
él, aún mientras le sujetaba la cola. – Nunca
tuve un compañero antes.
-Yo nunca tuve un compañero que me gustara antes!- el león
lo miró emocionado por ver el salto, le había hecho
gracia y sonrió, extendiendo los brazos para que fuera a
abrazarlo –Ahora ya sólo nos queda dormir…- dijo
repasando su itinerario mental- … hoy no trabajamos…
ya comí…
- Vale, tú siempre duermes – comentó, como
protestando porque él estaba hiperactivo, pero abrazándolo
de todas maneras porque le gustaba que lo abrazaran y porque estaba
contento con Sei.
-Bueno… pero es que cuando como mucho, siempre me entra sueño…
y siempre como mucho…- afirmó lo que era una gran verdad
y movió las orejas rodeándolo –Todos los leones
duermen mucho…
- Los leones comen demasiado. – comentó, dejándose
abrazar.- Pero cuando despiertes, jugamos. Los mapaches jugamos
mucho.
-Vale!- el rubio se volvió de lado recogiéndolo entre
los brazos y cubriéndose con un ala –No como demasiado…
si no, tengo hambre… y no estoy gordo…- anunció.
- No estás gordo, te ves bien. Pero sí eres grande,
pero a mí me agradas – comentó, enredándose
y finalizando por si acaso. – Yo tampoco estoy gordo.
-No, tú no pesas nada… eres pequeño…
a mí me gustas asó…- le lamió una oreja
cerrando los ojos y sujetándole la cola –No te escapes
mientras duermo…
- No me iba a escapar – le aseguró, moviendo la oreja
con rapidez, como sacudiéndose la lamida y acurrucándose
contra el grifo.
El león se quedó con la lengua fuera, confundido
por el movimiento de la oreja y más porque le había
hecho cosquillas en la lengua. Miró abajo guardando la lengua
y encerrándolo con una de sus alas de nuevo.
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