.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 9

No te Como, Te protejo

Tanuki sonrió contento porque por fin les habían pagado como se debía y además, al ir al bar, había vuelto a beber leche. – ¿Estás satisfecho? Vamos a comprar mi comida ahora, y luego, ya podemos jugar – anunció, más que nada, por el hecho de que estaban libres de deber.

- Vale… ¿Qué vas a comerte? Yo ya no tengo hambre…- aclaró por si acaso, lo cierto es que se sentía bastante lleno y ahora lo que tenía era un sueño terrible -¿A qué les gusta jugar a los mapaches? Yo me lo pasé muy bien ahora…

- Frutas y...... pescado! – exclamó, sonriendo y mirándolo, ladeando la cabeza con una oreja gacha, sólo porque sí. - ¿Te gusta mucho cazar, Sei? ¿Cómo te atraparon? Me alegra que no te hayan comido. – añadió, sólo porque el rubio le daba la impresión de que los cazadores siempre te querían comer, aunque le resultaba difícil imaginarse a alguien comiéndose a Sei.

-A mí no me comen… yo me los como- defendió orgulloso por naturaleza aunque demasiado inocente como para mostrarlo muy a menudo. Le sujetó la oreja entre dos dedos, acariciando la pelusa y sonriendo como embobado, finalmente liberándola y tocándose las suyas como comprobando cuales eran mas suaves –Me quedé dormido… por eso me atraparon… Me quedé dormido en el coche de los que me había comido.

- Pero te podían haber comido porque estabas dormido. El lobo me quería dormir. – comentó, enseriándose por un segundo, y pensando que mejor que no lo había atacado directamente para comérselo. Le sonrió luego al grifo, mirándolo. – Si te comes a alguien y te quedas dormido, yo te despierto.

-Pero eso era para hacerlo contigo… ¿o sería para comerte? Creo que pensaba que eras un gato… los gatos también saben mal… debiste advertirle que los mapaches no saben bien… - le sujetó la cola entrando en la tienda donde imaginaba iban a comprar la comida –No dejes que me duerma en la calle… - se le ocurrió de pronto recordarle.

- No, te despierto – sonrió, entrando contento, ahora acostumbrado a que le sujetara la cola, aunque sin comprender qué quería hacer el lobo con él. Se dirigió a la sección de frutas, tomando algunas manzanas y luego corriendo hacia la sección de productos del mar, como si de un juego se tratase, y sin siquiera meter las manzanas en una bolsa.

Sei cogió las manzanas para ayudarlo, metiéndose una entera en la boca y masticándola como quien no quiere la cosa, de todos modos tragándosela sin más y gratis, cómo no –No me gusta el pescado…- explicó mirando los moluscos y tocando uno con un dedo.

-Señor… por favor, no toque los pulpos…- le reprendió una dependienta.

-Me ha reñido… ¿me la como?

- No te la comes! Sólo te comes a los que cazas..... – negó el chico con la cabeza, pidiendo un pescado ante la mirada no muy agradable de la dependienta luego de aquellos comentarios. – Los mapaches comemos pescado, por eso sabemos mal. – afirmó, sin tener idea, pero apoyando aquella gran verdad que se había inventado.

-Pero no hueles a pescado- dijo oliendo el pescado y arrugando la nariz apoyándola después en el pelo del mapache y escondiéndola detrás de una de sus orejas mirando con odio a la dependienta –Ella huele a pescado…

- Es que ella trabaja con pescado, yo sólo lo como. – “y no muy a menudo” finalizó en su mente, dado que por lo general, no le alcanzaba para pescado, pero mejor que no lo supiera, porque desbarataba su teoría. – Vamos a pagar y luego a casa – explicó, llevando las cosas a la caja y tomando un chocolate apenas la cajera le quitó la mirada de encima.

Sei miró cómo se guardaba el chocolate, guardándole más en el bolsillo sólo porque él también quería y luego miró a la cajera sonriéndole extrañamente como si no hubiera hecho nada de nada. La chica le sonrió de vuelta extrañada y siguió pasando las cosas por el láser para cobrárselas.

En cuanto salió, le metió la mano en el bolsillo para comerse una chocolatina con aire distraído como si no hubieran hecho nada –Mi compañero de antes dormía en el metro… yo también… con él… olía mal… pero allí veías a mucha gente de la que después teníamos que buscar…

- ¿Quieres ir a dormir al metro? Tendremos frío..... – aseguró, mirándolo, preguntándose si él también pensaría que hacía mal su trabajo. - ¿Cómo era tu otro compañero? ¿Qué era?

-Era un ratón negro…- lo miró a los ojos fijamente –Los ratones comen de todo…- le aleccionó después, por si no sabía –No quiero dormir en el metro que huele mal y hace frío, prefiero tu cama... A él no le gustaba que comiera gente- movió una oreja sacudiéndola -¿Te gusta que coma gente?

Tanuki sacudió la cabeza, comiéndose un chocolate él, sólo porque ahora tenía muchos. – No me gusta, pero tampoco me molesta. No me importa, porque es tu naturaleza. Pero no quiero que me comas! – aclaró, por si acaso, añadiendo no muy seguro después. – Es tu naturaleza, ¿verdad? Sólo que cómete a los que caces, no a los demás, porque te puedes comer a alguien que me agrade.

-No, sólo me como a los que cazo… o si se portan mal conmigo también… Si se portan mal contigo, también me los voy a comer…- le explicó cogiéndolo de la cola de nuevo -¿Ahora vamos a tu casa para que comas? Yo duermo… tú puedes comer… Si no te molesta que yo me coma a gente, no puede molestarte que otros coman gente… Entonces me como a gente buena.
- No, pero.... no te comas a la gente buena! – exclamó, con cara de no haber entendido nada, intentando aclarar en su mente lo que le acababa de decir el grifo. - Pero igual, hay gente que no come, sólo mata. Cómete a esos......

-Es verdad… pero la mayoría son sólo humanos…- lo miró y siguió caminando hacia el piso, bostezando y apoyando la cara en su cabeza –Tengo mucho sueño, Tanuki… hoy también puedes rascarme… ¿te gusta investigar? El próximo caso puedes elegirlo tú.

- Gracias.... Sí me gusta. Siempre he querido hacerlo, pero nadie me hace caso.... – se medio quejó, aunque ahora se estaba divirtiendo. – Te rasco, pero primero como, ¿está bien?

-Está bien…- el rubio entró en el portal, bajando las escaleras en lugar de usar el ascensor porque lo ponía claustrofóbico y lo cogió en brazos para bajarlo con él, dejándolo delante de la puerta esperando a que abriese. Se coló en la habitación tirándose en la cama y deslizándose bajo la sábana, quitándose el chaleco y el pantalón observándolo y moviendo la cola como si fuera a saltarle.

Tanuki fue a dejar las cosas en la parte que servía de cocina, aunque no cocinaba. Más bien, sólo almacenaba, y lo miró desde allá curioso, metiéndose detrás de una columna, no se lo fuera a comer, aunque más bien, le parecía que quería jugar.

-No te como…- le dijo riéndose y girándose de vuelta con la barriga hacia arriba enrollándose en las sabanas y “luchando” con ellas hasta voltearse.

- No me comas – repitió el mapache, observándolo divertido, aún desde detrás de la columna, y corriendo hacia él, lanzándose encima, revolviéndole el cabello, sólo porque le divertía.

El grifo se giró de espaldas cubriéndose con las alas reído y enterrándose más hacia abajo entre las sábanas, sacando la mano sólo para agarrarle la cola de pronto y después un pie, arrastrándolo hacia dentro y aplastándolo –Hueles a pescado…- dijo de pronto –tendrás que rascarme más por eso.

- Pero aún no como..... – protestó el mapache aunque riéndose y removiéndose bajo él, intentando escapar.

-Pues lo has tocado…- lo miró a los ojos tapándose la cabeza con la sábana para ver cómo brillaban y apoyó su nariz contra la del mapache riéndose y bajando la cara para lamerle la barriga -¿Seguro que no sabes bien?- preguntó por meterse con él.

- Seguro! Tengo muy mal sabor! – exclamó, bajándose la camiseta apresurado por si acaso, como si la tela lo fuera a proteger, y escurriéndose como podía, hasta quedar semi colgado de la cama.

-Te caerás…- examinó el grifo envuelto en las sábanas porque le daba vergüenza y mirándolo así enrollado como estaba –No voy a comerte… - le recordó porque no lo veía con mucha fe en eso –Come… yo te toco la cola… y me duermo…

- Está bien, pero es que te comiste a tu otro compañero.... ¿No te agradaba? – preguntó de pronto, preocupado, y deslizándose cómo podía de la cama, quedando a cuatro patas y poniéndose de pie luego para ir a buscar su pescado y su manzana.

- Es que no me dejaba comer… siempre me estaba riñendo… además estaba gordo… - dijo examinándolo desde la cama y moviendo la cola de nuevo –Quiero sacar a mis amigos de la cárcel…- le dijo mirándolo a los ojos –cuando tengamos más dinero… ¿vas a ayudarme? Primero quiero una cama más grande…

- Pero esta es enorme. – se asombró, ya que para él, sí que lo era, y se sentó en el borde, comiendo, moviendo la cola y dejándola finalmente sobre el colchón para que se la sujetara. - ¿Tienes muchos amigos? Yo no quisiera ir a la cárcel.

El rubio le cogió la cola enroscándose extrañamente entorno a él y pasándosela por la cara con los ojos cerrados –Tengo muchos… son leones…- explicó pacientemente –pero no tienen alas, todos están en la cárcel porque han hecho algunas cosas… y juegan conmigo, pero a veces me enfadan porque me despiertan cuando duermo. Algunos tienen novios… y esos no juegan tanto conmigo… también me enfadan…

- Pero no te los comes, porque son tus amigos. – concluyó Tanuki, masticando. – Cuando los saquemos, diles que no me coman tampoco. A mí me gusta mucho jugar, pero no tengo a nadie con quien hacerlo, así que juego solo. Yo no tengo novio. –aclaró, como diciéndole que podía jugar con él.

-No te comerán… ellos no comen personas… dicen que es una guarrada… pero a mí no me gusta comerme comida muerta que yo no he cazado… algunos de sus novios comen flores…- se rió porque le hacía gracia llamar así a los herbívoros –Ahora podemos jugar juntos… pero necesitamos una cama más grande… no tengo sitio para estirarme…

- Mañana buscamos una. – le aseguró, confiado y sonriendo, imaginándose a Sei jugando con otros como él. – Yo no como flores, aunque lo dije. No sé, ¿debería comer flores? ¿Sabrán bien? – preguntó, más bien, pensando en voz alta. – Son bonitas, al menos.

- No sé… no sé si comen flores… pero comen sólo hierba ¿no?... como las vacas… los conejos… los ciervos… sólo comen hierbas… Yo no quiero que sólo comas hierbas o me reñirás por comerme gente, no me gustan los comeflores… sólo para comérmelos… A ti no voy a comerte porque me gustas y además eres mi compañero, también me gusta comerme otras cosas… pero tendría que comer mucho… y me quedo sin dinero.

- Pero yo también como pescado – le mostró, el susodicho, a medio comer. – Pero si veo a un chico pez por la calle, no me lo como. – se rió, imaginándose a saber qué cosa. De todos modos, no podría respirar fuera del agua, ¿o sí? – No te riño, pero no te comas a cualquiera.

-No… ellos viven bajo el agua…- explicó aunque no tenía idea ni de si existían siquiera –Deben oler fatal… no pueden hacerlo… tienen cola… no tienen con qué hacerlo… - lo miró pasándose la cola por la nariz sin dejar de observarlo fijamente –No me como animales porque aquí no hay… no hay en ningún lado casi… no es mi culpa.

- No es tu culpa, no lo decía de esa manera. – se excusó, mirando su plato, y terminando de comer. – Pero tiene que haber animales porque luego venden carne. Podemos buscar animales! – exclamó, viéndolo más como un juego que otra cosa, y recuperando su cola, moviéndola energéticamente tras de sí, para ver si se la atrapaba de nuevo.

Sei siguió el movimiento con la vista amarrándola con un movimiento y chafándola contra el colchón reído, soltándola de nuevo para volver a atraparla y moviendo su propia cola emocionado, frustrándose de pronto porque no podía mover las alas con ese lío de sabanas. Se empezó a revolver para todos lados medio histérico hasta caerse al suelo. Saltó al colchón de nuevo como si no hubiera sucedido, arrodillándose –Busquemos animales! Pero me los comeré…

- Hum....... tú todo te lo comes. – se quejó el chico, observando todos aquellos movimientos con mirada curiosa, casi trepándole encima de pronto. – No comas mapaches.

-No… porque saben mal…- lo miró a los ojos muy atento –y además no quiero comerme a tus amigos… - lo amarró contra él, preguntándose a donde se trepaba pero divertido extrañamente por ello –Tampoco me los comeré a todos, pero si me como animales no me como gente… pero igual nos pagan por que los mate… así que tengo que matarlos… los animales saben mejor ¿te gusta treparte en mí?

- Sí, es divertido porque eres más grande. – le sonrió el chico, cesando sus intentos. – Pero no a todos hay que matarlos. A algunos, sólo los quieren presos, pero si ya los matas, pues.... no se puede- le explicó, muy serio, alzando las manos para tocarle las orejas.

-Pero no todo el mundo puede pagar el mantenimiento de los presos… por eso me soltaron… pero vale, a esos no los mataremos… sólo si han matado a alguien bueno…- lo miró exponiendo su lógica teoría y bajando las orejas para que se las acariciase, tocándole las suyas a cambio entre dos dedos frotando la pelusa gris.

- Me agradas mucho. Me alegro de que los que te mandaron cazar, no te quisieran muerto. Y también de que se les acabara el dinero.... – sonrió, alegre de que le acariciase sus orejas también. – Y también me alegro de haber hecho las tarjetas, porque si no, no me hablas....

-La tarjeta era bonita…- explicó sus motivos para haberla cogido y haberse dirigido a él –Hoy puedes acariciarme las orejas en vez de rascarme…- “le sugirió muy sutilmente” el grifo -¿Quieres que me vista para dormir?

- No, te puedes quedar así si quieres, no me molesta. Acaríciame las mías también. – pidió, por su parte, nada sutil, el mapache, acurrucándose contra él, enroscando su cola contra su pecho.

El rubio lo abrazó más contra él acariciándole las orejas con la otra mano aunque mirando para su cola y notando los pelitos rozarle. Sonrió extendiendo un ala y encerrándose a ambos con ella –No tengas miedo, que no te como… te protejo…- le recordó para que no se asustara, moviendo la cola y soltándola sobre las piernas de ambos.



 
 

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