.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 8

Who's Afraid of the Big Bad Wolf?

Tanuki se despertó, aún todo acurrucado sujetando el ala del grifo e intentó mover la cola, aún sin recordar por qué no podía, sentándose de inmediato y observando al otro dormir. Se inclinó sobre él, curioso, olfateándolo y examinando sus manos, buscando la manera de liberarse.

Sei abrió los ojos mirándolo fijamente y sus niñas se estrecharon aún más. Saltó sobre él, chafándolo en la cama y oliéndole el cuello aleteando.

- No me comas! – le gritó el mapache por si acaso, tratando de quitárselo de encima, pero por fin moviendo la cola libremente.

-Sólo iba a jugar…- el rubio lo miró confundido sentándose en la cama y mirándolo a los ojos moviendo la cola -¿Jugamos? Ah no… tenemos que trabajar…

- Hum..... pero podemos jugar un poco, ¿no? – contestó, contento de que quisiera jugar. Vivir solo, no era tan divertido. – Jugamos un rato, salimos a trabajar. – racionalizó, saltándole encima, reído.

El rubio se dejó caer hacia atrás y lo levantó de la cintura colgándolo sobre él reído y observando la cola pendulando de un lado al otro. Lo remeció un poco para ver cómo se movía y lo tapó con las alas dejándolo a oscuras y viendo sus ojos brillar amarillos –Te como….- dijo de broma.

- Ah no, eso no – protestó Tanuki como si de las reglas de un juego se tratase, removiéndose haciendo que su cola se moviera aún más, y rascándole las alas, para ver si le daban cosquillas.

-Sí…- el rubio abrió las alas volteándose reído y encerrándolo bajo él, moviendo la cola –Abrázame!- le dijo cogiéndolo por la cintura –Oh… no hay ventanas…

- No importa, te abrazo igual! – exclamó el mapache sin comprender, pegándose a él. – Me agradas.

-También me agradas- el moreno le lamió una oreja y se sentó con él encima como meditando profundamente –Tendremos que salir andando… - dijo extrañamente con la oreja del mapache contra la lengua levantándose un poco hiperactivo –Tengo hambre… a ver si tenemos algún cliente… escogeremos uno que pueda comerme a alguien…- dijo fresco como si nada echando a caminar con el otro amarrado.

- Pero no te puedes andar comiendo a la gente. Te enviarán a la cárcel de nuevo. Y además, duele.... – explicó, pensativo, alzando una mano para chafarse la oreja, limpiándosela. - ¿De veras sabe bien la gente? Los mapaches no tienen buen sabor. – insistió, previniendo.

-Vale… no como mapaches…- echó las orejas hacia atrás –Hay pocos mapaches…- dedujo sólo porque era el primero que veía aunque a lo mejor y no se había fijado –Depende de qué gente… saben bien los come flores…- explicó mirándolo a los ojos –pero si nos mandan cazarlo… tendré que matarlo… de paso ya me lo como- solucionó sonriendo abiertamente y agachándose en el suelo para saltar y agarrarse a una farola alzándose en el aire y desplegando las alas –Si te sueltas te chafaras…

- No me voy a soltar – replicó, aferrándose más, moviendo la cola en el aire, y mirando abajo entre asustado y maravillado. – Nunca he estado tan alto. Está bien, si lo matas, te lo comes. – accedió, como cerrando el trato.

-Vale- solucionó el grifo feliz con el trato y sobrevolando el bar bajando delante de la puerta y colocando al mapache en el marco de la puerta pasando por su lado y yendo a la barra directo -¿Tienes algo?

-Hola chicos…- el hombre le sirvió una taza de leche al mapache y le trajo la jarra de agua a Sei observándolos como divertido –Dos cosas…- dijo entregándole unos papeles.

- Leche! - exclamó el mapache, sentándose en una de las sillas y alzando la cola, como si nunca la hubiera visto antes y bebiendo un gran trago, tomando uno de los papeles para leerlo. – Mira..... este mató a 5 personas en un robo...... – anunció como si fuera muy entretenido, más que nada porque estaba feliz de que le dieran trabajo.

-¿Y qué es?- preguntó mirando la nota y leyendo –Si es un humano… saben mal…- notó el movimiento de la cola atrás y la sujetó, colocándola sobre sus piernas y “amasándola” mientras movía la suya colgando por fuera de la mesa sonriendo –Es un lobo…- anunció mirando el dibujo que no comprendía muy bien –Dibuja mal el cliente…

- ¿Te gustan los lobos? Yo tampoco dibujo bien – aclaró innecesariamente echándose atrás para tomar la cola del grifo como si fuese un juego de intercambio.

Sei se giró mirándose la cola y moviéndola dentro de la mano del chico mapache sonriendo y mirándolo después a los ojos. –No, saben mal…- analizó –pero parece divertido… es igual, lo cazamos pero no me lo como y después, con lo que ganemos, compramos comida… aunque la comida muerta no me gusta tanto...

- A mí sí, no me gusta la comida viva- respondió reído, aunque jamás había probado comerse a nadie, ni quería. – Luego buscamos otro cliente que te puedas comer.

-Vale!- el grifo lo miró animado como si no se le hubiera ocurrido, leyendo el otro papel –Este es un jabalí…- anunció lamiéndose los labios sin notarlo –Aceptaremos los dos… después traeré la prueba… - dijo levantándose y mirando al barman –como siempre…- anuncio bebiéndose todo el agua y derramándose un poco por encima –Vamos… tengo hambre…- se pasó la mano por la barriga escuchando cómo rugía.

- El jabalí sí te gustó- dijo el chico, siguiéndolo entusiasmado, luego de beberse toda su leche también. – Por fin tengo trabajo.... – murmuró, aunque no era precisamente el tipo de trabajo que esperaba. Claro, que tampoco había esperado que su compañero se comiese a lo que tuvieran que atrapar.

-…hum… pero tenemos que averiguar donde está… eso no me gusta… lo haces tú…- anunció mirándolo y acariciándole una oreja con el dedo índice –Tú investigas… yo cazo… investiga…

- Ya, yo investigo. Ya iba a hacerlo. – respondió, como si fuese una actividad que pudiera hacer en un segundo, moviendo la cola de nuevo. – Tenemos que ir a donde se le vio por última vez, aquí – señaló el nombre del edificio y el barrio para que Sei se enterase. – Tienes que venir conmigo, porque si lo encuentro, lo tienes que cazar.

-No iba a dejarte solo… eres pequeño- le recordó apoyándole una mano en la cabeza y comprobando que le cabía en la palma de la mano –Comerse mapaches es fácil… pero no saben bien…- dijo como pensando en alto –Yo te sigo…- dijo sujetando su cola como para no perderlo aunque en realidad era sólo para acariciársela.

- Tengo un arma – explicó para que supiera que podía defenderse, bajando las orejas al recordar que la había dejado en casa con lo contentos que habían salido. Aún así, moviendo la cola contra la mano de Sei, sólo porque lo divertía. – Los mapaches saben mal, muy mal. Y provocan indigestión. – insistió de nuevo.

-No como mapaches. Si me como a tu madre, lloras…- dijo sólo porque se le había ocurrido que podría ser que se comiera uno y después fuera su familia –No me gustan las armas… - explicó después bajando la cara para rozarse con la cola del mapache y sin importarle mucho el aspecto extraño que daban y sobre todo “lo amenazadores” que se veían -¿Es en este edificio?- dijo viendo el edificio antiguo y lleno de pintadas.

- Sí, es ese y tenemos que entrar con cuidado porque no sabemos si haya regresado – explicó, a pesar de que no tenía por qué saber que lo buscaban a él, añadiendo después. – Yo necesito un arma, porque si no me pueden matar.

-No, porque yo te cuido…- dijo dándole unas palmaditas en la cabeza como para decirle que estaba ahí –Vamos…- dijo entrando en el edificio sin más y subiendo las escaleras -¿Qué hacemos? ¿Llamamos a todas las puertas?

- No, porque si nos escucha, se puede ir. Tendríamos que esperar a ver si sale, pero si no está allí no va a salir.- Aclaró lo que era obvio de más. – Buscamos al conserje y le preguntamos. Le mostramos el dibujo.

-Vale… ¿tú eres conserje?- le preguntó a una chica que estaba pintarrajeándose las uñas y lo miró soplándoselas desinteresada.

-¿Tengo cara de conserje tío?

-No, de iguana… eres fea…- la miró parpadeando confundido aún más ante la cara de cabreo y el corte de mangas de la rubia –Ella no es conserje ¿me la como? Me enfada…

- No, no te comas a la gente porque te enfada. Te comes al jabalí. – le recordó Tanuki, pensando que debía tener mucha hambre, y desistiendo de preguntarle a la chica por el conserje. Con el enfado que traía, no los iba a ayudar. – Vamos adentro, decimos que queremos alquilar. – le indicó, entrando, esperando que lo siguiera.

-Vale…- lo siguió obediente y sentándose en el suelo a jugar con su cola mientras tanto pasándosela por la cara y cerrando los ojos sonreído como si no hubiese peligro ninguno –Queremos alquilar- dijo desde abajo levantándose de pronto sin soltar la cola.

-¿Un cuarto para los dos?- preguntó un hombre calvo tras la barra bostezando.

-No lo sé…- el león miró al chico como si realmente fueran a alquilar una -¿Hay algún lobo aquí?

- ¿Un lobo? – el hombre los miró, extrañado por la pregunta.

- Sí, es que.... le gusta estar cerca de los lobos. Le agradan – mintió, el mapache, imaginándose que les diría si había uno, a ver si les cobraba más. – Mientras más cerca, mejor.

-Me gustan los lobos, soy gay…- dijo fingiendo, porque en realidad no le gustaban los cánidos, pero le había parecido entender eso.

-Oh… eso no es mi problema…- contestó el hombre

-Tenemos dinero…- el chico grifo le mostró parte de lo que le habían dado en la cárcel.

-Habitación 16, en la de al lado hay un lobo…

- Gracias! – exclamó el mapache contento, tomando a Sei de la mano para que lo siguiera, deteniéndose de pronto. – Del pago, recuperas tu dinero. Y.... puede que no sea el mismo lobo Sei, así que no lo ataques aún.

-¿No?- preguntó extrañado porque habría sido lo que hubiera hecho de ir solo, aunque algunas veces sucedía… que se equivocaba y se comía a quien no era –Vale… tú investigas…- dijo como recordándole que él no quería hacer ese trabajo tan pesado –Ten cuidado, que no te coma…

- No me come. Si me trata de morder, grito. – dijo, esperanzado de que cumpliera con eso de que lo cuidaba, y siguiendo escaleras arriba, con la cola en alto. – Te quedas en el cuarto de al lado, pero presta atención.

-Yo te cuido, somos compañeros- le recordó por si no se daba cuenta del importante dato mirándolo con cara de obviedad –Escucho muy bien… veo muy bien… huelo… puedo oler muy bien…- le sonrió entrando en el cuarto y parándose delante –Tú ve a verlo… lo seduces y le dices que comes flores…

- No lo seduzco, le hablo....... – contestó enrojeciendo de pronto y girándose, corriendo hacia la puerta de al lado y empezando a llamar para ver si le abría.

- Así te ves más bonito!- le dijo como si lo hubiera hecho adrede –y sería mejor seducirlo… - murmuró cerrando la puerta y sentándose en el suelo con la oreja chafada contra la pared para escuchar mejor. Se fue caminando por la habitación y salió por la cornisa hasta la ventana de la habitación en la que supuestamente debía estar el lobo.

El mapache llamó a la puerta de nuevo, aún rojo, y moviendo la cola tras de sí, porque igual, le había gustado que le dijera bonito.

- ¿Sí? – el lobo le abrió con cara de pocos amigos, y Tanuki sacudió la cabeza tratando de verse serio.

- Hola, soy nuevo, estoy en el apartamento de al lado. Y necesito....... leche – se excusó, utilizando el único pretexto que se le ocurría.

- Pues no tengo. – le contestó el otro a secas, intentando cerrar la puerta.

El mapache metió un pie entre esta y el marco, impidiéndolo y sonrojándose, recordando lo que le había dicho Sei. – No es verdad, es que... quería conocerte, porque me gustan mucho los lobos pero nunca he conocido a uno. Y además, como flores. ¿Puedo pasar un momento? ¿Por favor?

El lobo sonrió de medio lado, abriendo la puerta. – Vaaaaaaale, lo hubieras dicho desde el principio. Pasa. – se hizo a un lado, cerrando la puerta apenas entró el chico.

Tanuki se volteó, mirándolo, pero sólo con verlo, no estaba seguro. Sei tenía razón, el cliente dibujaba mal.

Sei se quedó sentado en el marco de la ventana observándolos, aunque no veía mucho porque trataba de espiar por las rendijas de las persianas. Al menos veía que la luz estaba apagada, tenía la tele prendida… eso no le servía de nada. Claro, que él no tenía que investigar, sólo que cazar.

El lobo sonrió de oreja a oreja como si acabasen de lanzarle un regalo del cielo –Espera aquí… iré a buscar algo para ti…- dijo señalándole un sillón y esperando a que se sentase –No te muevas…

- O.K. – le sonrió Tanuki sentándose y parándose apenas el lobo salió del cuarto, poniéndose a revisar todo cuanto podía con rapidez, ya que no era un apartamento muy grande, pero era bueno para encontrar cosas. El lobo regresó, justo cuando el mapache, se encontraba agachado en el suelo, cola en el aire, tratando de alcanzar algo que brillaba bajo el sofá.

- ¿Qué haces? – lo sorprendió, haciéndolo saltar casi, aún así obteniendo el collar, que definitivamente le parecía familiar, y escondiéndolo en su bolsillo antes de que se diera cuenta.

- Se me cayó esto. – se explicó, mostrándole su encendedor, en vez de lo otro, y observando la expresión de sospecha del lobo, que ahora se encontraba en el marco de la puerta, con una pelotita brillante en una mano, y la otra tras la espalda.

-¿Te gusta?- preguntó mostrándosela y jugando con ella pasándosela entre los dedos –Te la doy…- dijo estirando la mano hacia él con la bolita en la mano y apoyándose en la pared sin rebelar lo que tenía en la otra.

Sei se quedó mirando atento y pensando que el lobo debía de creer que Tanuki era un gato, pero él sabía que era un mapache, aunque los gatos también sabían mal. De todos modos, se estaba poniendo nervioso porque no sabía lo que tenía en la otra mano.

- Gracias, es bonita...... – respondió el mapache, observando la bolita y luego los ojos del lobo, sin que se le pasara a él tampoco que tenía la otra mano escondida, pero acercándose igualmente. Claro, que con cautela. - ¿Desde cuando vives aquí?

- Casi un mes ya...... – le respondió el lobo sonriendo de nuevo y recogiendo un poco la mano, al notar que se acercaba.

- Ah..... Y ¿te gusta el lugar? ¿Es por eso que te mudaste? ¿Dónde vivías antes? – continuó, intentando sacarle información, más bien con el propósito de ver si decía algo que lo delatase y alargando la mano para tomar la pelotita, aunque más bien era un pretexto.

- Eres muy curioso, ¿no? – el lobo lanzó la pelotita en el aire a una baja altura, sujetando al chico por un hombro y sacando la pistola de dardos tranquilizantes que tenía tras la espalda, por poco dándole en el cuello, si no fuera porque Tanuki estaba alerta a que lo atacase, aún así, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo.

Sei se quedó confundido por unos segundos, y empujó la persiana entrando en el cuarto a través de la ventana. Apartó al mapache con una mano hacia atrás tirando al lobo de un golpe al suelo y saltándole encima para morderle el cuello sin pensárselo un segundo sujetándole la cabeza con una mano y apretándosela hacia abajo para partírselo.

Se quedó de cuclillas moviendo la cola a los lados y rebuscando en sus bolsillos la cartera del moreno. La cogió lamiéndose la cara –Busca lo que robó…- le pidió pensando, sacando una pequeña barrita metálica para tomar una foto de prueba.

El mapache sacudió la cabeza, quitándose el mareo de que lo zarandearan al suelo y levantándose algo aturdido. – Encontré esto. – dijo, mostrándole el collar y dejándolo con él, mientras se internaba en la habitación, revisando los cajones y el armario, al cabo de un rato, gritándole desde allá. –Aquí están! No mataste al equivocado!

-Ah… pero igual quería comerte…- le señaló levantándose como haciendo ver que tendría disculpa para habérselo comido de todos modos –Ya está- dijo caminando al baño y lavándose la cara y las manos para que no fueran a meterlo en la cárcel –Ahora me comeré al jabalí, este sabía mal, ya lo sabíamos…

- No te lo tenías que comer si no te gustaba, sólo atraparlo..... – dijo el chico, preguntándose si no lo habría obligado él a comérselo y bajando un poco las orejas. – Sí me cuidas.

-Sí, me gusta cuidar, en la cárcel cuidaba a mucha gente, también eran pequeños…- el rubio le dio unas palmaditas en la cabeza como remarcando ese hecho –Me lo comí, porque si no después tendré hambre solo con uno…- explicó saliendo por la puerta como si nada hubiera ocurrido allí, dejando atrás el manchón de sangre y algunos huesos.

Tanuki le sonrió, aunque lo había impresionado verlo atacar así, pero ya se le pasaba. – Luego compramos comida, que yo no como gente. – le recordó, por si acaso se le olvidaba, meneando la cola y jugueteando con un colgante extraño que se había llevado del lugar.

-No… no comas gente, en la cárcel se comen a los que son pequeños- le advirtió por si acaso y porque no quería compartir su comida, que le costaba mucho conseguirla.

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

 
 

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back