.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 3

Release

-No!- Sei se volvió con la barriga hacia arriba observando la pajita que se movía de un lado al otro incesantemente sobre él –Déjame… tengo sueño…- protestó, aunque sus ojos no dejaban de perseguir la pajita de un lado al otro.

-No puedo… necesito que te levantes, las hienas se están cargando a los herbívoros… se supone que eres el líder…- protestó el joven, trepado al cabecero de la cama de Sei observando sus enormes alas marrones –Mátalas… venga… al menos a una… que no te pierdan el respeto.

-¿Por qué no las matáis vosotros? A mí me da igual el respeto de unas hienas come fiambres… También sois leones…y yo no pedí ser el líder…estaba mejor solo…y me importan una mierda los come flores…- protestó de un golpe, lanzando la pajita al otro lado de la celda y por poco la mano del chico incluida, volteándose hacia abajo en la despotricada cama ovillándose y cobijándose totalmente con las alas –Dejadme… no estoy…- sintió cómo la barriga le rugía y se ovilló un poco más tratando de ignorarla, aunque moviendo la cola inquieto.

-Venga… si tienes hambre, no jodas, Sei… y no dices lo mismo cuando quieres jugar… - aseguró echándose hacia atrás no muy seguro de su reacción –Venga… mi novio está ahí abajo y está acojonado…

-Ya voy!- el grifo saltó desde la cama plantándose acuclillado en el suelo extendiendo a medias las alas y levantándose de nuevo, echando a correr de pronto por los pasillos de la cárcel sin importarle demasiado con quien arrasaba. De todos modos, les gustase o no, allí nadie se atrevía a levantarle la voz a Sei. Era el rey de su propia jungla, por más que a él le interesase ínfimamente, lo que él quería era jugar… dormir y comer. Pocas veces hacía otra cosa. Claro que para él, lo que iba a hacer ahora era jugar… y luego comer.

-Están abajo!- señaló el joven chico moviendo la cola y señalando abajo del todo donde estaban los herbívoros y los totalmente humanos. Era mejor separarlos.

Sei saltó acuclillado sobre la barandilla apoyando los pies en ella y mirando abajo, sujetándose con las manos e inclinándose un poco.

El piso veinticinco de la cárcel, donde estaban los grandes carnívoros, empezó a concentrarse alrededor de ella, todos sabían que algo divertido venía, al menos divertido para quienes allí estaban.

El chico de cabello dorado se levantó en la barandilla como si la falta de equilibrio no existiera para él y extendió las enormes alas lentamente moviendo la cola excitado al olor de la sangre y los sonidos de la manada de hienas. Se agachó de nuevo, sujetándose con las manos e inclinándose hacia abajo impulsándose al vacío y volando rápidamente hacia ellos. Sujetó la cabeza de uno con una mano, aplastándola contra el suelo como si fuera un huevo y se giró sobre él, dejando salir un gruñido haciendo que los otros se apartasen corriendo hacia las esquinas observándolo asustados. Sei se levantó con lo que quedaba del chico sujeto en la mano echando las pequeñas orejas hacia atrás y rugiendo de tal manera que las paredes retumbaron.

El resto de los leones echaron a correr escaleras abajo reídos –Os jodeis carroñeros! Os van a dar por culo!- les gritaron más que felices por su nuevo triunfo.

Sei se sentó en el suelo como si nada, comenzando a comer empapándose en sangre sin mucho apremio por cambiar aquel motivo por el cual lo habían encarcelado. Canibalismo. Claro que si lo habían hecho… era porque se había comido a las personas inapropiadas, si no, probablemente nadie se habría molestado en encerrarlo.

-Eh Sei, tío… no te comas eso… tío… no seas guarro por dios…- el chico león se acercó a él y retrocedió de nuevo ante su gruñido –Tranquilo… no iba a quitarte esa guarrada… ¿de veras que no prefieres una hamburguesa? No te comas gente, joder… Sei… vamos a jugar a algo…- sugirió sabiendo que era la palabra clave.

Sei lo miró a los ojos con fiereza y empapado en sangre pasándose el brazo por los labios y luego lamiéndoselo –Vale- cedió, echando a correr tras los otros tres leones. Nadie diría que acababa de hacer aquello. Sólo los que lo habían visto.

……

-Este es Sei ¿verdad?- preguntó un hombre de traje, examinándolo de arriba abajo dudándolo -¿Lleva tres años en la cárcel por canibalismo?

-Sí…- dijo uno de los carceleros que lo llevaba encadenado, aunque el rubio no parecía para nada dispuesto a hacer algo más que mirarlos confundido porque lo hubieran sacado de su celda –Los denunciantes no han vuelto a pagar las cuotas de su encierro…

-Bien… ni siquiera me parece un asesino… dejadlo salir.

El chico movió las orejas tratando de asimilar lo que creía haber comprendido. ¿Iban a dejarlo salir a la calle de nuevo?

-Eres libre… coje tus cosas y vete… y no vuelvas a comer personas… ¿me has escuchado?- preguntó el hombre abriéndole las cadenas. El grifo asintió con la cabeza aún confundido señalando la puerta como para preguntar si podía salir –Sí, vamos, puedes irte.

Se volvió sonriendo y echó la puerta abajo antes de salir corriendo y saltó las verjas de la cárcel para salir volando. Se quedó mirando el enrejado del techo, no, ya sabía que estaba electrificado. Era mala idea

-Sei…por la puerta…- dijo el hombre suspirando abajo y señalándosela.

Sei descendió mirándolo a los ojos y saliendo por la puerta como quien no ha hecho nada. No sabía a donde dirigirse ahora. Movió la cola a los lados lentamente. Lo mejor sería volver a su antiguo trabajo, así podía seguir jugando sin que lo metieran en la cárcel de nuevo.

Volvería a ser cazador de criminales, cobraba poco, así que casi todo el mundo prefería acudir a él antes que a la policía, era mucho más caro pagar sus servicios. Y no eran tan eficaces… si lo que querías era venganza.

Por lo pronto… necesitaba un nuevo compañero… y una casa… la de su compañero. Sonrió porque no le gustaba estar solo, iría al “Gummachine”. Allí tenía que haber más como él, alguno querría ser su compañero, al último… al último se lo había comido… si no recordaba mal. Movió la cola de nuevo pensando en aquello. Y se paró mirando el cielo y sonriendo, hacía mucho que no volaba alto… Saltó al borde de una farola impulsándose arriba y echando a volar.

Se quedó parado delante del pub, observando su foto en una fotocopia a color bastante añeja “Cuidado, Peligroso, se le acusa de canibalismo”. La arrancó, haciendo una bolita y lanzándola a su espalda lamiéndose la cara por si acaso quedaba algún rastro de sangre de la mañana y caminó en silencio en la oscuridad del Púb, él veía perfectamente como la mayoría allí.

Caminó hasta uno de los asientos dispuesto a esperar hasta encontrar a alguien interesante, pero por el momento… por el momento mejor dormía una siesta… Se ovilló de nuevo en los cojines camuflándose del ruido con las alas y escondiendo la cola en el interior de estas.

 

 
 

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