.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 1

¿Couldn't You Just Die?

- Sí!!!!!! – la sangre salpicó dentro de la pantalla y el chico gritó, pateando el artefacto una vez más, logrando que todos se volteasen a mirarlo.

- Se... señor.... le tengo que pedir que no haga eso, por favor.

- ¿Qué no haga qué? – preguntó Hansa, sin siquiera voltearse a ver al tímido empleado del local, que intentaba solucionar las cosas de buena manera. En vez de eso, lanzando otro grito y pateando la máquina de nuevo.

- Es que..... la puede dañar, y esta haciendo demasiado escándalo. – insistió el empleado que ya estaba recibiendo miradas amenazadoras de su jefa por no haberlo detenido ya.

- ¿Ah, sí? – los ojos azul brillante se dirigieron a él sólo por un segundo, con una mirada nada tranquilizadora, volviendo a observar la pantalla. – No me jodas, que hago demasiado ruido en una sala de máquinas de juego..... – murmuró incrédulo.

- Bueno, sí, pero..... podría no patear la máquina y...... Mi jefa me está evaluando, por favor.... – le pidió el chico, ya reducido al ruego, haciéndolo soltar una ligera risa y detenerse a mirarlo un momento.

- ¿De veras? ¿Cuál es? – le preguntó de manera muy amable, dirigiendo su mirada hacia la mujer que el empleado señalaba, y enviándole un saludo y un besito, riendo aún más hacia su cara de furia, y volviendo a su juego como si nada. – Ya vete, me irritas – le murmuró al empleado, ignorándolo luego como si ya se higuera ido.

El chico miró a su jefa, decidiéndose y alzando la voz un poco, armado de valor ante esa nueva afrenta. – Joven, voy a tener que pedirle que se vaya, o me veré obligado a llamar a seguridad.

Hansa dejó de jugar inmediatamente, girándose con una sonrisa de medio lado, para mirarlo. Y sacó una moneda que hasta hace unos segundos había estado destinada a otro juego. Movió la cola, sonriendo un poco más y mostrando sus colmillos, al lanzar la moneda en el aire, tomando luego la mano del confundido empleado, entregándosela. – Consérvala, es un amuleto de buena suerte.

- ¿Buena... suerte? – preguntó el empleado confundido, cuando el chico ya le daba la espalda.

- Estás vivo, ¿no? – lo miró Hansa, casi riéndose y saliendo del local con las manos en los bolsillos, meneando la cola tras de sí. Tenía una cita a la que atender después de todo.

.................

- ¿Realmente..... te gustaría morir? ¿Por qué querrías hacer eso?

La chica se rió de una manera atontada, apoyando su espalda contra la pared de manera coqueta y entrecerrando los ojos luego en un gesto dramático. - ¿Por qué querrías vivir? La vida es muy aburrida, vulgar incluso. Y yo no soy así, me gusta la noche, la oscuridad, la sangre.... Oye, ¿no quieres ir a algún lado? Conozco un club gótico. Todos los que son alguien van allí, muchas chicas del foro incluso....

Hansa le sonrió de medio lado nuevamente, ahora extendiendo sus blancas alas tras él. - ¿Te parezco atractivo?

- ¿Qué? – la chica se rió, interpretándolo como una pregunta vanidosa, pero sin duda le atraía mucho. Era como salir con un chico malo. Le pasó dos dedos por las rayas negras bajo sus ojos, observando su cabello albino también rayado en negro. – Te encuentro extremadamente guapo. Aunque No me pareces para nada un gatito perdido. – dijo, en referencia a su apodo en aquel foro. - ¿Por qué? ¿Prefieres ir a un lugar más privado?

El chico se rió abiertamente como si le hubiese dicho una broma, respondiéndole. – No estoy aquí para eso, vengo a hacer tus sueños realidad.

- ¿Eh? – la chica lo observó, sin comprender a qué se refería, pero sin duda era algún jueguito, y hansa comenzó a recitar aquella supuesta fantasía, que había leído en su perfil antes de invitarla a salir.

- “Me gustaría morir en una noche de luna llena, en un callejón oscuro, en los brazos de un joven hermoso y misterioso......” Esa es, ¿no?

La chica se rió de nuevo, enredando un dedo en uno de sus mechones teñidos de verde, riéndose nerviosamente. – ¿Estás loco? Es... es una metáfora – respondió, sin saber si se trataba de una broma.

- Ah..... una metáfora, qué linda. – se rió el chico, colocando ambas manos a los lados de su cabeza, mirándola penetrantemente. – Te voy a preguntar de nuevo. Y esta vez respóndeme con la verdad. nada de metáforas.... ¿Quieres morir?

- Estás loco! Mira.... eres muy lindo y todo, pero mejor me voy a casa. – balbuceó, intentando quitar uno de los brazos del chico, para escabullirse, pero Hansa sólo golpeó la pared a su lado, afirmando su brazo y deteniéndola.

- Contéstame! ¿Quieres morir o no?! – insistió, moviendo la cola furiosamente tras de sí.

- No... No! – gritó la chica por fin, aterrorizada, y mirando alrededor, pero no había nadie.

Hansa bajó el rostro, respirando con más calma. – No..... entonces ¿para qué dices que sí? ¿Te parece bien andar diciendo mentiras?¿O acaso te sientes muy especial por decir que deseas la muerte? Pues te voy a conceder tu deseo, quieras o no.

- No, espera.... ¿de qué hablas? Es..... es una broma, ¿verdad? Déjame ir, por favor.... – la chica le rogó, ya al borde de las lágrimas y Hansa se alejó con una sonrisa, dejándola salir de entre sus brazos, observándola correr apenas unos pasos, antes de saltarle encima.

- Estoy hablando.... de que no deberías pedir cosas que no quieres realmente. O puede ser que las obtengas. – se rió, alzando su brazo y clavando sus garras en el estómago de la chica, salpicando su ropa blanda y su rostro, aún sonriendo ante sus gritos. – Vamos! Pretende que lo deseas! Estoy cumpliendo tu sueño! – se rió, atacándola más veces hasta que por fin dejó de moverse. Finalmente sacando una pequeña navaja, a pesar de ser innecesaria para él, y cortándole las cuerdas vocales de un solo tajo. – No más mentiras.....

Se levantó, cubierto en sangre, riendo ante el desastre y extendiendo sus alas para alzar el vuelo. Desgraciadamente, no podía caminar por las calles con ese aspecto, aunque con la adrenalina que tenía, volar le venía muy bien. Dio unas dos vueltas, riendo y guardando la navaja en su bolsillo. Ya se había divertido lo suficiente por una noche. Sólo le quedaba darse un baño y sentarse frente a su ordenador como casi cualquier madrugada. El problema era toda la energía que le quedaba aún.



 
 

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