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Capítulo 9
No Running in the Halls

–Siempre pierden, son unos matados, Kogane. –el chico de piel morena se rió abiertamente, pasándose la mano por el cabello y revolviéndoselo un poco. Apoyó el pie en la mesa del pupitre donde estaba sentado y suspiró. –Joder… pero al menos fue divertido pillar un bus y salir de este agujero por un día. Vaya mierda que no estés en el equipo de baloncesto.

–Creí que todo iba bien si estaba yo. –se quejó Yoshito. Pegándole una palmada en la espalda.

–Calla, tú eres un muermo…– Kenichi movió el hombro para que no se apoyase en él.

– Yo prefiero los deportes individuales. Así nunca pierdo por culpa de otros. – se rió el pelirrojo, sentándose en la mesa de su pupitre.

–Pero en los relevos sí pierdes a veces por culpa de otros…– Kim se sentó a su lado, un poco reído, porque una vez había perdido por su culpa.

–Pero tengo la oportunidad de recuperarme, en vez de continuar con lo mismo. Al menos admites que no fue mi culpa. – se rió de nuevo, apoyándose en su hombro. Kenichi mirando por la ventana con aire serio.

–Eh… ¿Habéis visto a ese tío que ha venido al pueblo? –preguntó el rubio, cotilleando tal y como había aprendido de su madre. En la tienda de consumibles que tenían, se enteraba uno de todo. Era mejor que poner la radio.

– ¿Qué tío? ¿Vino alguien nuevo? – el pelirrojo se giró, curioso. Allí nunca iba nadie.

–Sí, un tío que vino para el funeral de la fulana de la panadería. Mi madre dice que ya vivía en el pueblo antes. Que se llama Ikemoto y que pasó la noche en casa del profe de literatura porque eran amigos de la infancia…

– ¿Y qué más da eso? – se quejó Ken, que no era muy partícipe de los cotilleos sobre adultos.

–A mí me importa…– les dijo Senzo, como si les hubiese hablado alguna otra vez en su vida salvo para responder a sus ataques.

–Ah… me das escalofríos, tío…– Ken se movió un poco y le empujó el pecho para que se alejase.

–Pues entonces no me toques, que además me arrugas la ropa.

–Aj…

Kim se rió y miró a Senzo. –Tío, tú estás mal…

– En serio, ¿a ti qué más te da que haya pasado la noche con el profesor? Si eran amigos... – Kogane se inclinó hacia delante, mirándolo y luego a Ken. – Será porque no tiene ninguno.

–Y no me extraña, a ver quien pasa la noche con este…– el moreno se rió y Kim también.

–Mejor sería ponerse un tapón en el culo.

–Seguro que eso te daría gusto…– le respondió el chico, esbozando una sonrisa a pesar de que internamente estaba afectado por las palabras de Kogane. Ya que eran una absoluta verdad.

–Mira, tío…– el rubio lo sujetó de la camiseta, atrayéndolo hacia él, alterado. –No te rompo los dientes porque me das pena.

Senzo lo miró a los ojos y se echó adelante, besándole los labios de golpe y aprovechando para apartarse.

– ¡Mierda! –protestó el rubio, frotándose los labios.

Kenichi se levantó para cogerlo, pero pasó corriendo entre las mesas, escapándose por el pasillo.

– ¡Ven aquí! – lo persiguió el otro, empujando a otro chaval a su paso.

– ¡Ah! – Hiroki se cayó al suelo, soltando los libros que llevaba y frunciendo el ceño. Nunca tenían consideración por nada. Claro, no era como si él se esforzase en ser notado. Era una contradicción. – Mierda... – murmuró al ver que se le había roto una página. Ese libro era de la biblioteca.

Senzo golpeó la puerta del despacho del profesor de literatura. – ¡Profesor ¿Puedo pasar?!

– ¿Hasegawa-kun? – Sazae abrió la puerta, preocupado, dejándolo pasar. – ¿Sucede algo?

El chico se abrazó a él como si fuese su salvación. –Kenichi y Kim van a matarme…

– ¿Por qué van a matarte? Por Dios... – el profesor le acarició el cabello, asomándose para ver a los otros chicos que llegaban corriendo.

Senzo los miró de soslayo, sin soltarse, esbozando una sonrisa de triunfo ante los dos chicos que se voltearon como si con ellos no fuera la cosa.

– Eh, chicos... – los llamó el profesor, saliendo de su despacho con cara de que no les creía nada. – ¿Por qué corrían por el pasillo? ¿Se puede saber?

– ¿Por qué no le pregunta a Senzo, eh?... –Kim hizo una mueca de asco.

–Venga, vámonos…– le dijo Kenichi, tirando de él y pasando del profesor como si no existiera.

–Sí…– el rubio miró a Senzo con una cara que lo decía todo. La verdad es que ahora el chico tenía miedo, pero ya no podía hacer nada.

– Os veré en clase. – les contestó el profesor, haciendo gesto de que no pensaba dejarlo pasar. No era alguien que hiciera las cosas a la fuerza, pero de alguna manera tenía que educarlos. – Hasegawa-kun, venga a mi despacho y me explica qué está sucediendo.

–Sí…– el chico lo siguió con las manos caladas en los bolsillos. –Lo que pasa es que empezaron a decirme cosas desagradables, como siempre… y luego Kim quería pegarme y yo… me escapé como pude, por eso… – le explicó todo desorganizado, porque le daba vergüenza contarle la verdad.

– No les hagas caso... Les contestaste, ¿verdad? Bueno, no puedo decir que no lo comprendo. – negó con la cabeza. – ¿Han intentando golpearte antes?

–Claro…– se encogió de hombros, sentándose en una de las sillas. –En realidad le di un beso… –se rió, mirando al suelo y jugando las puntas de los playeros.

– No debiste hacer eso, Hasegawa-kun, no les provoques. Sabes cómo reaccionan. Además, muchos chicos se comportan violentamente cuando algo les da vergüenza, ¿no lo sabes? – le aclaró, sentándose de nuevo tras su escritorio.

–Es igual, ya me estaba sujetando por la camiseta de todos modos. –se encogió de hombros, ahora serio. –No puedo dejar que me traten como a un pusilánime. Prefiero… no sé… cualquier otra cosa.

– Hay otras maneras, Hasegawa-kun. Tú eres más inteligente que eso. – lo miró a los ojos, intentando convencerlo, porque realmente lo creía. Así como también creía que esos dos chicos no eran malos tampoco.

– ¡Pues no se me ocurrió nada mejor! Estaba asustado, ¿Vale? Estoy delgado… si me pega ese ¿Qué? ¿Eh? Me dolería mucho…– se subió la banda que llevaba en el cuello hasta la nariz, bajando la vista, aunque de todos modos ya era obvio lo que sucedía. – ¿Por qué tengo que ser yo el único en todo?

– Hasegawa-kun... – Sazae se puso de pie para ir a rodearlo por los hombros. – No eres el único, tú tienes tus problemas y ellos los suyos, aunque no lo parezca... Hablaré con ellos, ¿vale? Y no, no te preocupes, que no será lo que piensas. Lo hago por su bien y porque no pueden andar faltándole el respeto a los profesores.

–Sensei…– el chico se pegó a su pecho para poder llorar privadamente. No se olvidaba de lo que había escuchado en clase. Pero no quería saber nada, quería poder tener esa ilusión al menos.

– Tranquilo... la escuela no dura para siempre. – se rió con suavidad, intentando alegrarlo. Era un chico muy especial, eso se notaba. Y muy sensible.


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