Capítulo
5
While the Kids are Having Fun
– ¡Trajimos la cerveza! – exclamó Kogane,
alzando una mano y entrando en la casa. La puerta estaba abierta
de par en par, y parecía que los chicos se querían
salir por las ventanas.
– ¡Hacen falta! –les dijo Takeda que estaba
con una chica bajo el brazo, hundidos en el sillón.
Kenichi apoyó la bolsa sobre la mesa y empezó a
sacar botellas y latas. –Dadle las gracias a mi viejo…
que ya me capará cuando se entere. – se rió
y abrió una lata de cerveza para él mismo. Su padre
era capaz de creerse que se las había bebido si eso le decían.
Kogane tomó una botella, abriéndola y bebiendo un
poco de la misma. – Si se entera, le diremos que se dejó
la puerta de la casa abierta... A mí me creerán porque
yo soy un buen chico.
–Claro… – uno de los chicos se rió, mezclando
cola y vino en un recipiente, junto con un poco de licor de moras.
–Ah… no veas que falta hacía esto, debisteis
llegar un poco antes, ahora sólo quedan cuatro tías.
–Y dos están pilladas…– remató
Kim, colgándose de los hombros de Kogane y bebiendo de un
botellín de cerveza, aunque parecía que ya se había
bebido él solo todo un barril.
– ¿Y la Makihara esa? ¿Aún está
aquí? –le preguntó Kenichi.
–Yo que sé…– el rubio se rió. –Estará…
– Por Dios con la Makihara esa, seguro que decepciona...
–exhaló el pelirrojo, bebiendo otro trago. –
Vamos, Kim, a ver quien anda por ahí.
–Vamos con Takeda, está contando cosas que su hermano
mayor le contó, habladurías terroríficas…
– el rubio se rió, llevándolo con él
y casi lanzándose en el sofá con el chico. –Ay…
que poteo…– se rió.
Kenichi los miró de soslayo y desvió la vista, frunciendo
un poco el ceño y observando a las dos chicas que regresaban
del baño. Su mirada se posó en los pechos de la que
suponía era Makihara. Eran muy grandes y esa camiseta de
tiras no dejaba mucho para la imaginación. Se aproximó
sin rodeos para ver si se la ligaba.
–A ver, sigue, Takeda… – lo instó el rubio.
– Pues dicen que hay algo extraño allí... se
puede escuchar la voz de un niño, llamando...
– “Takedaaaaaaaaaaaa”– lo llamó
Kogane con voz tenebrosa, por molestar. – Hola.
– ¡Que no es broma! Mi primo que vino de visita el
año pasado, ¿Os acordáis? Lo escuchó,
y también pisadas siguiéndolo. – aseguró
el chico al parecer muy convencido. – ¿No sabéis
que hace algunos años desapareció un niño?
Nadie lo ha podido explicar.
– “Y desde entonces se escucha la voz de un adolescente
contando cuentos de miedo en las fiestas para ver qué tía
cae en sus brazos” – susurró el pelirrojo en
el oído de Kim, seguro de que el próximo paso sería
invitar alguna a investigar para poder hacerse el héroe.
El rubio se rió, bebiendo de su cerveza y pasándole
el botellín a Kogane. –Kogane… ¿Vamos
a ver? Si tienes miedo te protegeré…– el rubio
lo abrazó, jugando y haciendo que Takeda le tirase un cojín
a la cabeza.
–Pues deberíamos ir a ver. –protestó
reído. –Vaya mierda de amigos tengo.
–Vale vamos. –le dijo la chica que estaba con él,
riéndose y levantándose con el chico sujeto por dos
dedos.
El rubio les silbó por molestar un poco más, y Takeda
les hizo un signo de victoria al pasar por delante.
– Sí somos buenos amigos, lo dejamos ir solo con ella.
– se rió el pelirrojo, saltando un poco por molestar.
– Se me ocurre algo, ¿sabes? Vamos a ver si Ken aún
no se ha enrollado y te lo cuento.
–Creo que es ese que está en la esquina…–
le dijo el rubio. Señalando al chico que estaba besando a
la dichosa Makihara, sujetándole un pecho con la mano, a
pesar de la mano de la chica sobre la suya. –Pero si logramos
apartarlo de la teta, a lo mejor nos hace caso. La quiere más
que a su madre…– le dijo por bromear.
Kogane frunció un poco el ceño, sintiéndose
molesto por alguna razón. – No, déjalo. Si le
interesa, que venga a buscarnos él. – haló al
rubio por el brazo, llevándoselo sin poder controlarse.
–Vale, vale…– el chico se dejó llevar,
riéndose porque le parecía que estaba celoso de la
atención de Kenichi. – ¿Qué quieres hacer?
Kogane se giró ligeramente, sonriendo de manera maldita.
– Pues vamos a ese lugar también... Y hacemos aparecer
al niño ese. “Takeeeeeeedaaaaaaaaaaaaa”–
llamó en voz baja, riéndose.
–Kogane, eres malvado…– el chico lo siguió.
Saliendo de la casa y caminando a bastante distancia de los otros
para que no los descubriesen. –Mejor será que nos metamos
por los árboles…– le indicó, desviándose
hacia la arboleda.
– Vale, de todos modos creo que van distraídos. –
señaló, observando cómo el brazo de su amigo
bajaba desde la espalda de la chica a sus nalgas. – Todo el
mundo se está enrollando en su casa y él es el único
que tiene que meterse en el bosque para hacerlo.
–Todo el mundo no, en realidad sólo Ken y Akira.
Las demás tías se fueron y además, nos insultaron…–
se rió y rompió una ramita. –“Sois unos
cerdos…” –se burló, haciendo la pija. –Y
verás, la amiguita de Makihara pronto se aburrirá,
y o se enrolla con alguien muy borracho, porque es un cayo…
o le pedirá a su amiga que se vayan.
– ¿Eso crees? Porque yo pienso que Ken tiene otra
idea en mente. – lo miró un poco serio, suspirando
luego. No sabía por qué se ponía así.
No tenía importancia. – ¿Y tú? ¿Por
qué no te enrollaste con alguna?
–Porque yo paso de tías… y paso de tocar algo
que no sé donde ha estado antes… ¿Sabes? –se
rió, mirándolo por ver si se metería con él.
–Me da un poco de asco…
– Sí, yo pienso lo mismo. – sonrió, aliviado
de que le dijera eso, y rascándose un brazo, un poco nervioso
ahora que se alejaban de la casa y la luz empezaba a ser más
escasa. No se lo había pensado bien.
– ¿Qué? –el rubio se rió al ver
como miraba hacia los lados. – ¿Tienes miedo? Porque
puedo protegerte de verdad… –le rodeó la cintura,
sonriendo levemente. Girándose al escuchar unos pasos para
nada silenciosos tras ellos.
–Eh… ¿Por qué os piráis así?
–Kenichi los alcanzó con cara de suplicio y una lata
de cerveza en la mano.
– ¡Ken! – se sobresaltó el pelirrojo
más que nada por su súbita aparición. –
Y ¿tú qué haces aquí? Creí que
tenías la mano adherida a la teta de Makihara.
–Se piró con su amiga cardo…– alzó
una ceja quejándose. – ¿Por qué todas
las tías buenas tienen una amiga fea, joder?
Kim se rió. –Es ley de vida…
– ¿De todos modos qué estáis haciendo
aquí?
–Estábamos siguiendo a Takeda para pegarle un susto,
pero…– el rubio miró adelante, ahora ya lo habían
perdido de vista con la distracción. –Ya no sé
donde está…
–Volvamos, sólo estamos los de clase ahora…
venga, están hablando de chismes de los profesores. –miró
a Kogane como pidiéndole que regresase con él.
El chico lo miró, pensando en negarse, pero bastó
darle un vistazo a la amenazadora oscuridad del bosque para hacerlo
desistir. – Sí, vamos... seguro que la tía esa
lo manda a volar apenas intente meterle mano. Ya luego Takeda nos
contará todo lo que no hizo con lujo de detalles.
Kim se rió, sabiendo que se refería a lo que se
inventaría el moreno mañana en clase. –Vale,
volvamos. Dios, ahora me ha picado un bicho para nada…–
le mostró el brazo a Kogane y se rascó un poco.
– ¿Y qué quieres? ¿Una tirita? –se
burló Kenichi. Empujándolo con un hombro.
–No, me das un besito y me cantas lo de “Sana, Sana...culito
de rana”

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