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Capítulo 3
Pasándose la Pelota

–No querías ir a primera hora. ¿No? –le preguntó Kenichi al pelirrojo, sentándose en su cama luego de acabarse la comida y subir a su cuarto.

– No, la verdad es que no. No me gustan las tías de esa escuela. Están un poco desesperadas... – se rió, tirándose boca abajo en la cama. – Y tengo cosas mejores en las que concentrarme ahora. ¿Tú sí querías ir?

–Es igual, primero están los colegas…– lo miró de soslayo y sonrió un poco. – ¿Qué cosas?

– Ya sabes que tengo que mantener mis notas para que me dejen en paz. Pero me refiero a mi entrenamiento... No quiero tener que empezar a faltar a prácticas y cosas de esas por culpa de una tía.

–Ah, ya…– el moreno meneó un poco la cabeza, serio. Como diciéndole que tenía razón. – De todos modos, no pensaba echarme una novia, en todo caso me enrollaría con una y después que la follen…chst…– se rió, apoyando las manos tras su propio cuerpo en el colchón. –Las tías son un coñazo, no me recuerdes cuando estuve saliendo con esa mema de Kaede… –cogió un cigarro y se levantó a abrir la ventana para poder fumárselo.

– No sé qué te poseyó para salir con ella. Mira que es una descerebrada... ¿O fue por eso? – se rió, observándolo sin moverse de su posición. – Lo hiciste, ¿verdad?

–Sí, varias veces… y fue por las tetas. –se rió también, sentándose en el marco de la ventana y mirándolo desde allí. –No había forma de meterle mano sin pedirle para salir. Pero sus tetas me tenían poseído.

Kogane se rió con sinceridad, alzándose un poco sobre sus codos. – Eso sí que le sobra. Yo no imagino correr con algo así por delante. – suspiró, dejándose caer de nuevo. – Ya quiero que lleguen las vacaciones.

–Eso es porque no corría, sólo tenía un trotecillo cochinero… –Kenichi le dio una calada profunda al cigarro, y lo apagó en el marco de la ventana, dejándolo caer y aproximándose al pelirrojo. –Este año por fin aprobaré todo…– torció una sonrisa, había repetido dos años. –Mis viejos dicen que hago los cursos de dos en dos…

– Pero este año... ni siquiera los estás haciendo. –se rió nuevamente, dándole con suavidad en una pierna. – ¿No hay ninguna materia que te interese?

–No, sólo la gimnasia… –se rió, sentándose al lado de la almohada. – ¿Por qué me va a interesar esa mierda? Me interesaba historia hasta que empezaron con la actualidad… –lo miró un momento y cruzó los brazos tras la cabeza. – ¿Salimos a ver si han bajado los demás a jugar al fútbol?

–No lo sé, pero a mí me interesa lo mismo que ti. – asintió, levantándose de la cama de un salto. – Vamos, seguro que ya están allí.

–Vale…– el otro se levantó también, aunque mucho más calmadamente. –Oye. ¿Viste eso a la salida? El marica besó al profesor…– se rió entre dientes, y dejó su sudadera encima de la cama del pelirrojo, ya que haría calor afuera, e iba a regresar para cenar en su casa.
–Sí, ¿qué le sucede? No sé porqué no lo para en seco, el profesor, ¿eh? Va a terminar creyendo que también es marica. – lo miró con gesto de disgusto.

–Supongo que le da lástima, y como además es un pelota con él… –bajó las escaleras con las manos en los bolsillos, y salió afuera para bajar la cuesta que llevaba a la plaza desde la casa de Kogane. –Es un creep ese pavo…

– Pues sí, te apuesto a que hace magia negra cuando nadie lo ve, y luego te encuentras un altar en su cuarto digno de un asesino en serie... – bromeó, pasándose las manos por el cabello y echándoselo hacia atrás. – No sé, a mí me pone nervioso a veces.

–A mí también… sobre todo en el vestuario. –se rió, bromeando con él. –Pero si hasta se pinta las uñas.

– Sí, y se las pinta perfecto. ¿Has visto? Ni se sale por las orillas. Como una señorita. – se rió, mostrándole las suyas con gesto amanerado.

Kenichi se rió abiertamente. –Normal, tiene mucho tiempo para perfeccionar su técnica. Porque… ¿Qué es lo que hace? Nunca lo veo salir de casa salvo para ir a clase, o comprar algo en la librería. Seguro que tiene posters de hombres peludos en la pared…

– Por Dios, no me hagas vomitar... – se rió, cubriéndose la boca e imaginándose aquello. – Oye, yo no lo comprendo. Es un raro y no sé para qué quiere ser así.

–Yo qué sé, porque algo le pasa en el cerebro probablemente…– silbó a Kim que estaba recostado en la hierba con la camiseta en la cabeza. Aún así era él, con esos shorts tan horteras no podía ser otro.

El rubio se levantó y saltó al suelo. –Nah… aún no baja nadie y yo no tengo bola… ¿qué hacéis?

–Hablar del marica…– el moreno puso la mano delante para que no le pegase el puñetazo que pretendía. Jugando con él y sonriendo.

– ¿Vamos a cantarle algo bajo la ventana? –sugirió bromeando.

– ¿Sabes cantar, Kim?– bromeó Kogane, tirándose en la hierba y arrancando unas hierbitas a manera de juego. – Dime una cosa, ¿recuerdas haber visto a Hasegawa sin esmalte de uñas alguna vez?

–Yo qué sé, no le miro las uñas a los tíos, joder…– se rió, tirándose a su lado y cogiéndole una mano. Se la soltó de nuevo y se rió. –Yo me las muerdo.

–Cerdo…– Kenichi hizo una mueca y se sentó al otro lado de Kogane. –Yo tampoco me fijo, pero es que canta.

–Pero mira, estamos en una escuela de tíos, una niña viene bien para alegrar el ambiente. –se rió Kim. –Para él debe ser el paraíso.

– Pues yo no quiero una niña que se vea así. – Kogane se echó hacia atrás, pensando que sería una niña con problemas hormonales.

–No, tú quieres una con tetas…– el moreno se rió, hablando de sí mismo en realidad.

–Odio las ubres… Teta que mano no cubre, no es teta si no ubre…– Kim se rió y le pellizcó un pecho a Kogane. –Irá Makihara.
– ¿Quién es esa? –Ken le dio en la mano y luego se rió. –Tío, no hagas mariconadas.

–Es esa tía tan parada que tiene las tetas grandes. Se deja mazo, es idiota.

– Pues yo no, así que... – Kogane le dio con la palma de la mano en la cabeza, aunque era de broma. – A mí no me gustan las tetas grandes.

–Bueno, más para mí, estáis atrofiados. –Kenichi cruzó los brazos tras la cabeza y se puso a mirar las nubes. –Voy de palo para irme del pueblo, cuando acabe este año, os piraréis todos a la universidad.

– Pues consigue una beca de fútbol o algo así, y te vienes conmigo. O haz que el E.T. te consiga una beca... – bromeó el pelirrojo, mirándolo. No le gustaba pensar en eso. Por supuesto que quería irse del pueblo, pero lo iba a extrañar. – Si no, enviaré a alguien a por ti cuando sea millonario.

–No, para entonces ya tendré calva y una mujer gorda…

Kim se rió a más no poder. –Vaya mierda de futuro tío, estás loco. Yo me pondré a trabajar con mi viejo, y no me trauma.

–Ah… calla. –Kenichi se rió, sólo de imaginarse a sí mismo dependiente de esa tienda horrible para toda la vida.

– Para que lo sepas, yo voy a ser famoso y millonario muy pronto. Apenas salga de este pueblo, alguien notará mi talento. A ver si se ríen cuando me vean en televisión y en las revistas. – lo empujó el pelirrojo con una mano, haciendo una mueca con la boca.

–Vale, vale… pues entonces vienes en tu helicóptero y me sacas de aquí…– el moreno se rió, y Kim también.

–Qué bonita historia de amor…

–Calla. –Kenichi se puso serio y le dio con el puño en el hombro, un poco fuerte para ser una broma. El rubio poniéndose un poco por encima de Kogane para devolvérsela.

–Saca. –Kenichi lo empujó y se levantó.

– ¡Eh! ¡¿Qué hacéis ahí?! –Takeda los llamó, sonriendo al ver que se peleaban como siempre. Lanzándoles la pelota. El moreno parándola con el pie y dedicándose a hacer toques con cara de cabreo.

–Ken se ha cabreado como siempre…

–No…– el moreno refunfuñó y torció una sonrisa, pasándole la pelota.

Kim se encogió de hombros sonriendo. Parándola con un pie y pasándosela al pelirrojo.

–Vamos a jugar, Kogane. –llamó Kenichi al chico.

– ¡Sí! – exclamó el chico, saltando y haciéndose el que no tenía nada que ver con esa pelea que no era pelea. – ¡Pásamela!


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