.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 87

Children without Names, and The Stories the Dead Tell

Ya estaba completamente oscuro cuando los cuatro chicos llegaron al lugar convenido, en donde ya los esperaban Kiri y el profesor desde hacía un rato.

- Pensé que les habría dado miedo... –bromeó el rubio aunque sin dar indicio de que eso es lo que hacía.

- No, ¿cómo va a ser? No me pierdo un viaje al cementerio por nada – se rió Reiji que como siempre, venía casi guindado de Dusk.

- Bien, aquí tienes. Creo que deberías llevarla tú. – Kiri sonrió entregándole la guija, explicando. – Lorenz y yo pensamos que sería mejor que utilizáramos la misma de siempre. Tal vez tenga algún significado.

- Ah – exclamó de pronto Kinsei sobresaltándose sólo porque se la acercaran como si fuese algo peligroso y casi escondiéndose tras Arai.

- Tranquilo, no muerde.... – lo miró Reiji, poniéndola bajo su brazo y alejándola un poco para no ponerlo nervioso.

-Buenas noches…- Lorenz sacó las llaves de uno de sus bolsillos observándolos.

-Hola profe. Kinsei, la guija no es nuestro enemigo Kinsei… ama a la guija…- el rubio se rió mirándolo mientras Arai se limitaba a mirarla como planteándose el si lo era o no. Aunque a él no le daba miedo, sentía curiosidad y levantó la mano a modo de saludo.

-Pasad, venga…- dijo abriendo el coche y haciéndoles una seña para que no se pasasen más rato haciendo el memo.

-Joder… por lo menos podían habernos dejado un autocar de la escuela… esto en cagarro… aquí no se cabe!! Dios… me voy a morir de la claustrofobia… - dijo visiblemente alterado por la estrechez -Yo voy junto a la ventana… como esté muy lejos, me muero!

-Es para cuatro personas este coche… no me lo compré con la idea de llevaros de paseo… lo siento…- el profesor sonrió subiéndose al coche y bajando la ventanilla.

-Joder…- Arai se metió sintiéndose estrujado -Coje a Reiji, tío…

-No… se aplastará la cabeza…- el rubio se rió.

- No, mi cabeza es muy dura. Anda, me sientod e lado – sonrió colocándose sobre sus piernas y apoyándose contra su pecho. – Así, cabemos y te distraigo de la claustrofobia.

Kinsei se subió apenas sobre Arai para no molestar, aunque le daba algo de vergüenza y más con el profesor allí. Casi iba con media nalga sobre sus piernas y la otra mitad en el aire, sobre el asiento. Y por supuesto, con cara de que allí no pasaba nada.

Kiri los miró, riendo bajito, tranquilamente sentado en el asiento de pasajero, junto a Lorenz, bajando su ventana igualmente. No tenía ganas de asarse tampoco.

Arai arrastró a Kinsei sobre él, recostándose lo que podía y lo rodeó con un brazo abriendo la ventana y separando las piernas ahora que había un poco más de espacio -Abre la ventana Dusk…

-Ya va… que me voy a fumar un porro…- se rió prendiéndolo -Si el sensei va a ser tan desconsiderado de contaminarnos con su tabaco, al menos esto huele mejor…- dijo sin abandonar la risa pensando en el coche del profesor como si fuera un submarino y riéndose.

Lorenz apoyó un brazo por la ventanilla tratando de conducir tranquilamente, cosa un poco difícil teniendo en cuenta las circunstancias y que Dusk estaba sacando medio cuerpo por la ventanilla -¿Es usted un perro?

-¿Yo?- preguntó el rubio riéndose pero entrando de nuevo -Que me aso sensei…

-Puedo atarlo a la vaca del coche si lo prefiere …- dijo mirándolo por el retrovisor con una sonrisa.

- No, que se me estropea....está delicado además. – protestó Reiji pensando en su reciente tatuaje como si fuese una herida grave y abrazándolo contra sí a pesar del calor.

- Mientras más se aprieten entre sí, más calor tendrán – murmuró Kiri, como si estuviera sólo meditándolo aunque con una sonrisa extraña en los labios.

Lorenz se rió sujetando el cigarro entre los labios y tuvo que aguantarlo entre dos dedos cerrando los labios aunque aún reído para que atrás lo mirasen con cara de susto.

-"Qué cosa más creepy…" - el rubio apoyó la cara contra Reiji haciendo drama -"Esto es como la casa del terror… no quiero…mira qué bien se llevan, es horrible… "

Arai lo miró sonriendo y desviando la vista a la ventana aunque apenas veía nada en aquella oscuridad. Se estaba preguntando unas cuantas cosas pero no quería que nadie, aparte de Kinsei, lo escuchara -Apenas hay casas…- le dijo en bajo a su novio recostándose un poco más y pegándolo más a él colando las manos sobre su pecho, bajo la camiseta. -T las luces están apagadas… te quiero…- le susurró de pronto al oído entre aquello.

- Yo también te quiero......susurró, enrojeciendo y sin entender a qué venía aquello, más que nada porque tan sólo unos segundos antes, lo que estaba era asustándose cada vez más con los comentarios de Arai. Y para colmo, con ese claro, se le pegaba su mano a la piel, rozándolo y lo inquietaba aún más. Dirigió una rápida mirada a los dos de adelante, que aún estaban sonriendo con esa complicidad tenebrosa.

Kiri giró el rostro hacia atrás, para mirar al otro rubio, que en el momento, estaba siendo apapachado por Reiji como si fuera un niño pequeño. - ¿Qué sucede Dusk? ¿Te incomoda que nos llevemos bien? – le sonrió, dejando en claro que lo había escuchado.

-Eso parece…- el mayor torció para subir la cuesta hacia el cementerio aparcando el coche más abajo para no despertar habladurías y apoyando una mano en la pierna de Kiri acariciándola.

-¿Eh?! No se escuchan las conversaciones de novios!- el rubio se rió aunque creepeado, dejándose achuchar, aunque remeciéndose entre los brazos de Reiji como de escudo protector, pero no podía dejar de reírse y el porro ayudaba, claro -Y los profesores no meten mano a los alumnos! Que lo veo desde aquí!

-¿Pero por qué se pone tan nervioso con eso Dusk? No soy su padre… - se rió el moreno apartando la mano para ponerse un abrigo antes de salir.

- Y ya te dije que las conversaciones de novios, no deberían ser acerca de otros y...menos en lugares donde otros puedan escucharlos. Y... – finalizó bajándose del auto. - ...no se habla de los demás a espaldas suyas.

- Te ganaron, Dusk – lo besó su novio, aún abrazándolo y esperando que abriese la puerta para salir. – Pero no importa, yo no soy sensei así que puedes meterme mano todo el día y la noche si quieres.

Kinsei les lanzó una mirada a todos, como deseando regañarlos, abriendo la puerta y prácticamente lanzándose fuera, avergonzado por cuenta ajena. Y tomando la mano de Arai en cuanto este hubo salido como si se le fuera a perder.

Lorenz simplemente pasó delante, abriendo las verjas metálicas y dejando caer el cigarro en el exterior dirigiéndose hacia las tumbas que habían visitado en la mañana del día anterior -Ahora no hagan jaleo- dijo mirando a Dusk directamente -Esto es un cementerio… algunas personas respetan eso.

-Pero si aún no dije nada…- protestó el rubio que se pegaba a Arai por momentos.

Arai miró hacia el cementerio. No le gustaban mucho los cementerios, le hacían sentir mal de algún modo, ver todas aquellas tumbas, no le daban miedo alguno pero no podía evitar sentirse triste al ver aquellos nombres grabados en la piedra, las pequeñas tumbas blancas de menores… todo lo que quedaba de una persona cuando moría era aquello. Apretó un poco la mano de Kinsei finalmente rodeándolo por los hombros y cobijándolo con su cuerpo como si pudiera protegerlo de todo.

- Estas con las tumbas – señaló Kiri haciéndose a un lado como si fuera el guía una vez hubieron llegado, y sentándose sobre la tierra al lado de las mismas.

Kinsei las observó sobrecogido, apretando la mano de Arai, aún con miedo. Pero ahora más, ya que no eran cualquier tumba. Era como estar conectados de alguna manera con todo aquello a un nivel mucho más real.

Reiji se acercó, con todo y tablero bajo el brazo, en silencio, colocando una mano sobre la piedra, sin poder evitar ver los graffitti que aún en la oscuridad, se notaban un poco, y bajando la cabeza extrañamente respetuoso. – Tal vez...deberíamos comenzar – comentó, separándose y sentándose a su vez.

-Vale…- el rubio se sentó detrás de Reiji como siempre, aunque le daba miedo que le fuera a salir que por la espalda -Siéntate aquí Arai…- dijo señalando a su lado como cubriendo todos los flancos. El moreno se sentó en silencio quitándose la cazadora y poniéndola en la tierra para que se sentase Kinsei, mientras que Lorenz tan sólo se acuclilló sin intención alguna de mancharse, desde luego.

Kinsei miró la cazadora un momento pensando que la iba a manchar, pero seguro que si decía algo, Arai se molestaba, así que se sentó sin más, aunque tratando de no aplastarla mucho.

Mientras Reiji extendía el tablero en el centro del círculo, colocando sus manos sobre el indicador, y preguntando. - ¿Estás allí? – como si hablara por un teléfono.

El viento se levantó sacudiendo los árboles con fuerza y haciendo entrechocar las hojas de los sauces y doblar las copas de los cipreses dejando de nuevo salir aquel lamento silencioso.

-Creo que eso es un sí…- Lorenz sonrió -Preguntemos algo más interesante… ¿Qué ocurrió? ¿Cómo murió? ¿Qué quiere que hagamos? Reiji, usted también está preguntándose esas cosas… adelante…

Kinsei se estremeció apretándose más contra Arai sin poder evitarlo, claro.

Reiji asintió, volviendo su atención al tablero aunque le costaba trabajo. - ¿Quién eres? ¿Qué deseas? – preguntó temeroso porque así empezaba más de una película de miedo, aunque ellos ya estaban inmersos en eso.

La pieza se movió indicando un mensaje nada tranquilizador. – M...u...e....r....t...e....... - y luego – M....i....s........ n....i.....ñ.....o......s...... l..o....s.... m....a....t....a...r....o...n.....

- ¿Pregúntale qué sucedió, Reiji? – insistió el rubio curioso inclinándose hacia delante.

- Ya iba a eso.... – el chico apenas miró el tablero, notando el aire blanquecino salir de su boca mientras respiraba, como si la noche se hubiera helado súbitamente hasta un grado casi inaguantable. La pieza tembló un poco sin moverse hacia ninguna letra y de pronto se vieron rodeados por una multitud, como si aquella sesión fuese un evento público.

-¿Son estos tus niños?- preguntó imprevisiblemente Arai -¿Nosotros somos como ellos? Tus hijos… ¿Por qué maté a mis padres? ¿Nos proteges?

Dusk lo miró creepeándose más al escuchar la voz profunda del moreno hablando de pronto y diciendo esas cosas aunque aún así, tirando de su brazo para acercarlo, temblando un poco con aquellas figuras rodeándolos y observándolos fijamente en la oscuridad. Sin embargo, Lorenz se ajustó las gafas mirando al chico interesado.

Reiji observó el tablero rogando porque contestase y no fuese a salir otra voz de las tinieblas ilógicamente a pesar de estar rodeados. Y poco a poco la pieza se empezó a mover deletreando la frase. – Mis niños..... Los padres no hacen daño a sus niños. Yo soy su verdadera madre.......

Kiri se inclinó aún más hacia delante, mientras que Kinsei se pegaba aún más si era posible, a Arai. En lo que a él concernía era la madre más aterradora que había conocido en su vida.

Arai lo rodeó entre sus brazos incluso subiéndolo a sus piernas y tapándole los hombros con la cazadora -¿Y por qué hemos tenido que pasar esas pruebas? …- dijo haciendo que las miradas se dirigieran a él -Hemos sufrido…- dibujó una sonrisa extraña en los labios y se sujetó el cuello con una mano apretándoselo él mismo con fuerza.

-Arai! Joder!- el rubio le agarró la mano observando cómo el moreno se doblaba sobre sí mismo apretándose con el rostro rojo y haciendo fuerza con las mandíbulas.

- Arai!!!!!! – Kinsei se giró sujetándole las manos, aún con ayuda de Dusk, tratando de liberarlo. – Detente! Mierda, detente!

Uno de los chicos tras ellos se agachó tras el moreno tapándole la boca con fuerza y las manos de Arai bajaron a los lados de su cuerpo como si no pudiese hacer nada aunque no dejaba de mirar a Kinsei. Podía sentir las manos frías y algo descarnadas contra sus labios y trataba de tranquilizarse -El verdugo jamás habla...- dijo la figura tras él con un tono apagado, sin vida.

-¿Qué nos intentas mostrar?- preguntó Lorenz sin hacer nada porque en su opinión nada podían hacer salvo tratar de comprender.

Kinsei le sostuvo la mirada sujetando su mano de todas formas, y sólo de vez en cuando dirigiendo miradas hacia aquellos chicos fantasmagóricos. Estaba respirando como si no existiera el aire, tratando de calmarse a sí mismo y a Arai, ya que eso parecía ser lo mejor por el momento. Aún así, no pudo evitar susurrar . – Si le hacen daño, los mataré, así tenga que ir al infierno para destruirlos de nuevo....

- ¿Qué quieren? ¿Qué desean que hagamos? – preguntó Reiji, con una voz que evidenciaba que no estaba nada tranquilo, le temblaban las manos violentamente y se las sujetó una con la otra sin saber qué más hacer.

Pero el chico que cubría la boca de Arai, negó con la cabeza sin contestar a nada. – Ya lo saben.......

- No, no lo sabemos. – comentó Kiri con toda la paciencia de la que era capaz. – O tal vez....... – murmuró de pronto recordando el mensaje de la guija en las noches anteriores.

El chico volvió a hablar y todos los demás le siguieron, murmurando a coro en una extraña voz mezcla de tonos infantiles y adolescentes con un tono femenino distintamente sobresaliente. – Primero deben ser mis niños.....luego deben comprender....y luego deben realizar......

-Bien…- el profesor los miró subiéndose las gafas -El verdugo no hablará más, podéis soltarlo… - dijo como si tuviera autoridad alguna allí y pensando en cómo podía él ser el niño de nadie, dejando escapar una leve risa. Sin embargo, el chico lo soltó retirándose hacia atrás aunque Arai permaneció sin decir palabra y sin moverse, la sangre escurriéndose por sus labios de nuevo -Ya somos tus niños… ahora… déjanos comprender. ¿Qué te hicieron? ¿Por qué os mataron?

Los niños se agacharon tapándose las orejas algunos, la cabeza otros y gritando estridentemente a su alrededor, abriendo sus bocas todo lo posible.

-¿Quiénes son estos niños? ¿Dónde están sus nombres?- insistió Lorenz a pesar de los gritos, alzando la voz.

Todo se oscureció de pronto. Ellos permanecían sentados formando aquel corro en la oscuridad pero podían observarlo a lo lejos cómo salía arrastrada por ellos… apedreada, gritando. Un chico colgado de una estaca crucificado como una macabra representanción de cristo, el fuego extendiéndose por la cruz. Dusk apretó más a Reiji contra él, temblando.

Kinsei haló a Arai contra sí, abrazándolo como si así pudiese protegerlo de cualquier cosa, besando su frente a pesar de estar espantado.

Las escenas seguían representándose ante ellos, con una violencia inusitada como si estuvieran dentro de una pesadilla. Observaron cómo un pequeño grupo de chicos se abrazaban unos a otros contra una pared llorando, justo antes de que les cayese una lluvia de piedras encima.

Otro se separó de las multitudes que huían, extendiendo una mano hacia ellos, la marca de una cruz recién quemada en su frente, y cayó hacia delante casi al lado del pequeño círculo, con algo clavado en su espalda.

Reiji apartó la mirada antes de poder saber lo que era, cubriéndose el rostro.

Uno de ellos, más mayor que los demás, de cabello rubio, echó a correr -No os solteis! Corred!- dijo de pronto a los que quedaban rezagados tirando de ellos sin parar, empujándolos. Otro de los chicos mayores tiró del rubio metiéndolo entre las pajas con un rastrillo ensangrentado en la mano.

-Miradla! Mirad a vuestra madre!- dijo alzando la cara de uno de ellos -Mirad cómo arde por su culpa!!

-Miradlos a todos… recordad sus rostros- dijo el mayor de ellos con un gesto de furia en el rostro.

El más pequeño escapó de pronto corriendo entre los aldeanos, empujándolos, soltándose cuando trataban de atraparlo.

-No!- el rubio detuvo a uno de los tres chicos restantes que trataba de ir a buscarlo -No moriremos hasta que no paguen por ello!

El pequeño, lanzándose al mástil de madera trepando y abrazándose, a medida que intentaba agarrarse al chico que colgaba de este. Gritando, mientras la mujer era obligaba a ver aquello mientras la martirizaban.

La escena continuó mientras los dos chicos ardían hasta que no quedó nada de ellos, algunos de los otros habitantes del pueblo torturando y asesinando a todo el que encontraban, tan sólo salvándose aquellos refugiados en el granero, observando con ojos llenos de odio y dolor la muerte de sus hermanos y de su madre.

Súbitamente, todo se oscureció de nuevo, tan sólo los cadáveres brillando como con luz propia, levantándose luego de sus sitios de muerte para rodear al círculo de nuevo, como si tan sólo se tratase de alguna obra de teatro aunque sus carnes colgaban de los huesos y sus ojos velados los observaban en silencio como demandando su atención.

Lorenz miró hacia la tumba de la mujer sintiendo un terrible vacío en el estómago -Ocurrió hace mucho tiempo… ya están muertos…- dijo refiriéndose a quienes habían participado en aquella masacre -No sé qué es lo que deseas…

Dusk se apretó más contra Reiji apoyando una mano sobre la de Kinsei que sujetaba a Arai y apretándolas nervioso pegándose más a ellos y llevándose a Reiji con él, sin saber qué hacer, deseando que Arai reaccionara de una vez, que se marchasen de allí, algo.

Los muertos permanecieron en silencio, observándolos sin responder y súbitamente rodos lanzaron un grito hacia los cielos, cada vez más altos, haciendo repicar las campanas de la iglesia, como la primera vez. Y una voz que no era realmente una voz, se lamentó entre el viento. – Mis niños.......sus niños.........

Tanto Reiji como Kinsei se pegaron más a cada lado de Arai y Dusk, el segundo sudando frío del susto.

- Sólo...¿venganza? – murmuro Kiri como si estuviera un poco decepcionado, a pesar de estar visiblemente afectado, cosa que ya era extraña en él de por sí.

-No creo… esos "niños" ahora sólo serán viejos. Los que no hayan perecido ya…- dijo levantándose un tanto hastiado de aquella postura -Tenemos que comprender y claramente aún no lo hemos hecho, tal vez matar a esas personas nos ayude a hacerlo…- sonrió levemente -¿Podemos irnos?

De pronto los cadáveres se hicieron a un lado, en dos filas como haciéndoles una calle de honor que se prolongaba hasta la entrada del cementerio. Era claro que tendrían que pasar entre ellos si es que deseaban irse.

- Creo que eso es un sí – afirmó Kiri poniéndose de pie también y disponiéndose a salir de allí, seguro de que no les harían nada.

-Supongo que nos están protegiendo de algo…- dijo Lorenz sujetando al rubio de la cintura y caminando a su lado -Arai…- lo llamó levantándole la cara por la mandíbula y el moreno se apartó de golpe como si por fin notase que podía moverse de nuevo. Se mordió la lengua con fuerza hasta hacerse daño él mismo, levantándose y escupiendo al suelo.

La fila se estrechó en torno a él y el moreno alzó la vista avanzando con Kinsei de la mano atravesándolos como si fueran intangibles, sintiendo entonces que lo dañaban al pasar. Pero no dijo nada, siguió caminando sujetando a Kinsei contra él.

El rubio se levantó entonces ayudando a Reiji a guardar todo apresurado -Esperad joder!- dijo nervioso sujetando a Reiji -Vamos…

Kiri pasó sin más inconvenientes a pesar de que se sentía extrañamente nervioso de pronto. Pero siguió adelante sin perder el paso.

Mientras que Kinsei iba casi tembloroso apretando la mano de Arai contra sí, sin comprender por qué la fila se estrechaba frente a ellos, súbitamente tomando valor y avanzando con paso decidido, aunque cualquiera que hubiera visto su rostro, pensaría que iba hecho una furia.

- Ya, listo... – Reiji se apresuró, dejándose más bien arrastrar por Dusk, apretando el guija contra su pecho como si fuera una tabla de salvación. Sintió un viento frío en la nuca y se giró, para ver cómo el camino se cerraba tras de él como si los cercaran de modo que no pudiesen regresar.

El profesor se volvió un momento observando cómo ahora se amontonaban frente a la puerta como una macabra despedida, pero ella no estaba, hacía tiempo que no se aparecía. Sólo sus niños y quisiera que no, se preguntaba el motivo. Les sonrió subiéndose las gafas como si se despidiera y siguió caminando hasta llegar al coche -Pasen…- dijo para que de una vez dejasen de mirar atrás.

Dusk entró como una bala en el coche como si aquel vehículo fuera la salvación y apretó a Reiji contra él.

El chico lo abrazó de vuelta, observando por encima de él cómo entraban Arai y Kinsei, prefiriendo concentrarse en eso que en lo que dejaban del otro lado.

- ¿Está listo? – le preguntó Kiri al profesor, aún sin apartar la mirada de los chicos que ya empezaban a desvanecerse como si jamás hubiesen estado allí.

-Espera…- el moreno prendió un cigarro en sus labios y por fin puso en marcha el coche observando lo mismo que el rubio y notando que le había hablado de tú. Total… no tenía mucha importancia frente a quienes estaban. Bajó por la cuesta simplemente mirando delante y desvió la vista a Kiri preguntándose si estaba bien, pero claro, que teniendo en cuenta las cosas que podían preocuparlo a él, mejor simplemente esperaba a que estuvieran solos.

Repasaba la visión en su mente tratando de comprender algo más allá de lo obvio y comenzaba, cómo no, a obsesionarse con ello. El silencio que inundaba el coche tampoco le ayudaba a dejar de pensar. Le pasó la mano por la pierna al rubio apretándosela un poco aunque sin dejar de mirar a la carretera, aquellas estradas de pueblo eran realmente oscuras.

Kiri le sonrió, dirigiéndole una mirada de soslayo. Seguramente estaba preocupado, y lo cierto es que sí se sentía extraño, pero no como en las otras ocasiones. Lo más normal, es que ninguno de ellos estuviera en su estado regular de todas maneras.

El silencio en el auto era tan denso, que la voz apenas susurrante de Kinsei se escuchó perfectamente como si llevase un micrófono ampliando sus sonidos. El chico le giró el rostro a su novio, atreviéndose por fin a preguntar ahora que estaban más lejos. - ¿Estás bien? No estás lastimado ¿verdad?

-No…- el moreno lo abrazó contra sí, pasándose la mano por la cara y frotándose la sangre algo seca de ella, aunque la boca aún le sabía a metal. Tenía que cambiarse o así alguien creería que se había comido a alguien -Estoy bien…- dijo mirando hacia fuera de nuevo y abriendo la ventana pegándole una patada a Dusk disimuladamente.

El rubio le sonrió mirándolo -Bueno, sí que sirvió venir al cementerio ¿no? Vimos esa visión extraña… y ahora sabemos además que… Kiri es el ejecutor, Arai el verdugo, Reiji… es mi neko… tenemos que comprender lo que sucedió pero eso no es nada nuevo, ya era lo que estábamos tratando, sólo tenemos que seguir hasta descubrirlo.

El profesor sonrió abriendo la ventanilla y bajando el cristal para apoyar el brazo por fuera -cierto…

- Y lo que desean, no sé ustedes pero no me convence. No creo que se refiriese a venganza. Al menos no de esa manera tan simple.... – comentó el rubio pensativo, sonriendo un poco luego. – Una cosa es segura, no les gusta que nos salgamos de nuestros papeles.

- No lo encuentro gracioso. – sentenció Kinsei bastante serio, abrazando a Arai como para protegerlo.

- No, no dije que lo fuera. Más bien es interesante – accedió el rubio aunque aún sonreía pero sin voltearse.

-Pero aún hay gente que no sabe su papel… y yo desde luego no sé cual es mi papel ¿eh? Tampoco sabía que estábamos representando una obra…- el rubio se revolvió el pelo acariciando las hebras plateadas del cabello de Reiji sin poder evitar pensar que él era el sacrificio. Lo apretó contra él sin querer saber a qué se refería eso.

-Poco a poco se harán mas claras imagino… De todos modos aún no sabemos por qué estaban haciéndoles eso ¿no creen? Está claro que parecían cristianos … incluso me recordó a la inquisición… de algún modo… - terminó por aclarar el profesor.

- Tuve la misma impresión. – comentó Kiri, bajando su propia ventana por fin, dejando que el aire circulase mejor por el auto.

- Creo....que deberíamos averiguar qué sucedió. Y qué pasó con los otros, los que estaban escondidos. – aventuró Kinsei, aún apoyado contra Arai. Seguía estando asustado pero de pronto tenía deseos de terminar con aquello a como diera lugar.

- Estás atado a mí..... – murmuró Reiji en un tono de voz sumamente bajo, y desacostumbradamente serio, sintiendo que sin importar la situación, sólo lograría hundir a Dusk.

-¿Qué?- el rubio lo miró como si no estuviese hablando claro -Claro que estoy ligado a ti, pero porque me da la gana, no hay correas en mi mente…- sacudió la cabeza como renegando de todo y recordando al niño que corría hacia la cruz lanzándose a las llamas y muriendo con el encrucijado. -Me alegro de que sea así…

-Seguramente salieron con vida y se vengaron… o tal vez los mataron y no pudieron llevar su venganza a cabo… y por eso no pueden descansar en paz…- dijo el moreno de pronto -Pero si fuera tan simple simplemente los habrían matado como pudieron hacer con nosotros… no nos necesitan para eso…

- No, no nos necesitan.... – Kiri lo miró, aún pensativo, el aire fresco de la noche alborotándole un poco los cabellos, mientras en el auto volvía a hacerse aquel silencio incómodo y pesado de tan solo unos minutos atrás.

Por su parte, Reiji, abrazándose a Dusk con más fuerza y cerrando los ojos, aunque volviendo a abrirlos casi enseguida, sin despegarse.

 
 

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