| Capítulo 87
Children without Names, and The Stories the Dead Tell
Ya estaba completamente oscuro cuando los cuatro chicos llegaron
al lugar convenido, en donde ya los esperaban Kiri y el profesor
desde hacía un rato.
- Pensé que les habría dado miedo... –bromeó
el rubio aunque sin dar indicio de que eso es lo que hacía.
- No, ¿cómo va a ser? No me pierdo un viaje al cementerio
por nada – se rió Reiji que como siempre, venía
casi guindado de Dusk.
- Bien, aquí tienes. Creo que deberías llevarla tú.
– Kiri sonrió entregándole la guija, explicando.
– Lorenz y yo pensamos que sería mejor que utilizáramos
la misma de siempre. Tal vez tenga algún significado.
- Ah – exclamó de pronto Kinsei sobresaltándose
sólo porque se la acercaran como si fuese algo peligroso
y casi escondiéndose tras Arai.
- Tranquilo, no muerde.... – lo miró Reiji, poniéndola
bajo su brazo y alejándola un poco para no ponerlo nervioso.
-Buenas noches…- Lorenz sacó las llaves de uno de
sus bolsillos observándolos.
-Hola profe. Kinsei, la guija no es nuestro enemigo Kinsei…
ama a la guija…- el rubio se rió mirándolo mientras
Arai se limitaba a mirarla como planteándose el si lo era
o no. Aunque a él no le daba miedo, sentía curiosidad
y levantó la mano a modo de saludo.
-Pasad, venga…- dijo abriendo el coche y haciéndoles
una seña para que no se pasasen más rato haciendo
el memo.
-Joder… por lo menos podían habernos dejado un autocar
de la escuela… esto en cagarro… aquí no se cabe!!
Dios… me voy a morir de la claustrofobia… - dijo visiblemente
alterado por la estrechez -Yo voy junto a la ventana… como
esté muy lejos, me muero!
-Es para cuatro personas este coche… no me lo compré
con la idea de llevaros de paseo… lo siento…- el profesor
sonrió subiéndose al coche y bajando la ventanilla.
-Joder…- Arai se metió sintiéndose estrujado
-Coje a Reiji, tío…
-No… se aplastará la cabeza…- el rubio se rió.
- No, mi cabeza es muy dura. Anda, me sientod e lado – sonrió
colocándose sobre sus piernas y apoyándose contra
su pecho. – Así, cabemos y te distraigo de la claustrofobia.
Kinsei se subió apenas sobre Arai para no molestar, aunque
le daba algo de vergüenza y más con el profesor allí.
Casi iba con media nalga sobre sus piernas y la otra mitad en el
aire, sobre el asiento. Y por supuesto, con cara de que allí
no pasaba nada.
Kiri los miró, riendo bajito, tranquilamente sentado en
el asiento de pasajero, junto a Lorenz, bajando su ventana igualmente.
No tenía ganas de asarse tampoco.
Arai arrastró a Kinsei sobre él, recostándose
lo que podía y lo rodeó con un brazo abriendo la ventana
y separando las piernas ahora que había un poco más
de espacio -Abre la ventana Dusk…
-Ya va… que me voy a fumar un porro…- se rió
prendiéndolo -Si el sensei va a ser tan desconsiderado de
contaminarnos con su tabaco, al menos esto huele mejor…- dijo
sin abandonar la risa pensando en el coche del profesor como si
fuera un submarino y riéndose.
Lorenz apoyó un brazo por la ventanilla tratando de conducir
tranquilamente, cosa un poco difícil teniendo en cuenta las
circunstancias y que Dusk estaba sacando medio cuerpo por la ventanilla
-¿Es usted un perro?
-¿Yo?- preguntó el rubio riéndose pero entrando
de nuevo -Que me aso sensei…
-Puedo atarlo a la vaca del coche si lo prefiere …- dijo
mirándolo por el retrovisor con una sonrisa.
- No, que se me estropea....está delicado además.
– protestó Reiji pensando en su reciente tatuaje como
si fuese una herida grave y abrazándolo contra sí
a pesar del calor.
- Mientras más se aprieten entre sí, más calor
tendrán – murmuró Kiri, como si estuviera sólo
meditándolo aunque con una sonrisa extraña en los
labios.
Lorenz se rió sujetando el cigarro entre los labios y tuvo
que aguantarlo entre dos dedos cerrando los labios aunque aún
reído para que atrás lo mirasen con cara de susto.
-"Qué cosa más creepy…" - el rubio
apoyó la cara contra Reiji haciendo drama -"Esto es
como la casa del terror… no quiero…mira qué bien
se llevan, es horrible… "
Arai lo miró sonriendo y desviando la vista a la ventana
aunque apenas veía nada en aquella oscuridad. Se estaba preguntando
unas cuantas cosas pero no quería que nadie, aparte de Kinsei,
lo escuchara -Apenas hay casas…- le dijo en bajo a su novio
recostándose un poco más y pegándolo más
a él colando las manos sobre su pecho, bajo la camiseta.
-T las luces están apagadas… te quiero…- le susurró
de pronto al oído entre aquello.
- Yo también te quiero......susurró, enrojeciendo
y sin entender a qué venía aquello, más que
nada porque tan sólo unos segundos antes, lo que estaba era
asustándose cada vez más con los comentarios de Arai.
Y para colmo, con ese claro, se le pegaba su mano a la piel, rozándolo
y lo inquietaba aún más. Dirigió una rápida
mirada a los dos de adelante, que aún estaban sonriendo con
esa complicidad tenebrosa.
Kiri giró el rostro hacia atrás, para mirar al otro
rubio, que en el momento, estaba siendo apapachado por Reiji como
si fuera un niño pequeño. - ¿Qué sucede
Dusk? ¿Te incomoda que nos llevemos bien? – le sonrió,
dejando en claro que lo había escuchado.
-Eso parece…- el mayor torció para subir la cuesta
hacia el cementerio aparcando el coche más abajo para no
despertar habladurías y apoyando una mano en la pierna de
Kiri acariciándola.
-¿Eh?! No se escuchan las conversaciones de novios!- el
rubio se rió aunque creepeado, dejándose achuchar,
aunque remeciéndose entre los brazos de Reiji como de escudo
protector, pero no podía dejar de reírse y el porro
ayudaba, claro -Y los profesores no meten mano a los alumnos! Que
lo veo desde aquí!
-¿Pero por qué se pone tan nervioso con eso Dusk?
No soy su padre… - se rió el moreno apartando la mano
para ponerse un abrigo antes de salir.
- Y ya te dije que las conversaciones de novios, no deberían
ser acerca de otros y...menos en lugares donde otros puedan escucharlos.
Y... – finalizó bajándose del auto. - ...no
se habla de los demás a espaldas suyas.
- Te ganaron, Dusk – lo besó su novio, aún
abrazándolo y esperando que abriese la puerta para salir.
– Pero no importa, yo no soy sensei así que puedes
meterme mano todo el día y la noche si quieres.
Kinsei les lanzó una mirada a todos, como deseando regañarlos,
abriendo la puerta y prácticamente lanzándose fuera,
avergonzado por cuenta ajena. Y tomando la mano de Arai en cuanto
este hubo salido como si se le fuera a perder.
Lorenz simplemente pasó delante, abriendo las verjas metálicas
y dejando caer el cigarro en el exterior dirigiéndose hacia
las tumbas que habían visitado en la mañana del día
anterior -Ahora no hagan jaleo- dijo mirando a Dusk directamente
-Esto es un cementerio… algunas personas respetan eso.
-Pero si aún no dije nada…- protestó el rubio
que se pegaba a Arai por momentos.
Arai miró hacia el cementerio. No le gustaban mucho los
cementerios, le hacían sentir mal de algún modo, ver
todas aquellas tumbas, no le daban miedo alguno pero no podía
evitar sentirse triste al ver aquellos nombres grabados en la piedra,
las pequeñas tumbas blancas de menores… todo lo que
quedaba de una persona cuando moría era aquello. Apretó
un poco la mano de Kinsei finalmente rodeándolo por los hombros
y cobijándolo con su cuerpo como si pudiera protegerlo de
todo.
- Estas con las tumbas – señaló Kiri haciéndose
a un lado como si fuera el guía una vez hubieron llegado,
y sentándose sobre la tierra al lado de las mismas.
Kinsei las observó sobrecogido, apretando la mano de Arai,
aún con miedo. Pero ahora más, ya que no eran cualquier
tumba. Era como estar conectados de alguna manera con todo aquello
a un nivel mucho más real.
Reiji se acercó, con todo y tablero bajo el brazo, en silencio,
colocando una mano sobre la piedra, sin poder evitar ver los graffitti
que aún en la oscuridad, se notaban un poco, y bajando la
cabeza extrañamente respetuoso. – Tal vez...deberíamos
comenzar – comentó, separándose y sentándose
a su vez.
-Vale…- el rubio se sentó detrás de Reiji como
siempre, aunque le daba miedo que le fuera a salir que por la espalda
-Siéntate aquí Arai…- dijo señalando
a su lado como cubriendo todos los flancos. El moreno se sentó
en silencio quitándose la cazadora y poniéndola en
la tierra para que se sentase Kinsei, mientras que Lorenz tan sólo
se acuclilló sin intención alguna de mancharse, desde
luego.
Kinsei miró la cazadora un momento pensando que la iba a
manchar, pero seguro que si decía algo, Arai se molestaba,
así que se sentó sin más, aunque tratando de
no aplastarla mucho.
Mientras Reiji extendía el tablero en el centro del círculo,
colocando sus manos sobre el indicador, y preguntando. - ¿Estás
allí? – como si hablara por un teléfono.
El viento se levantó sacudiendo los árboles con fuerza
y haciendo entrechocar las hojas de los sauces y doblar las copas
de los cipreses dejando de nuevo salir aquel lamento silencioso.
-Creo que eso es un sí…- Lorenz sonrió -Preguntemos
algo más interesante… ¿Qué ocurrió?
¿Cómo murió? ¿Qué quiere que
hagamos? Reiji, usted también está preguntándose
esas cosas… adelante…
Kinsei se estremeció apretándose más contra
Arai sin poder evitarlo, claro.
Reiji asintió, volviendo su atención al tablero aunque
le costaba trabajo. - ¿Quién eres? ¿Qué
deseas? – preguntó temeroso porque así empezaba
más de una película de miedo, aunque ellos ya estaban
inmersos en eso.
La pieza se movió indicando un mensaje nada tranquilizador.
– M...u...e....r....t...e....... - y luego – M....i....s........
n....i.....ñ.....o......s...... l..o....s.... m....a....t....a...r....o...n.....
- ¿Pregúntale qué sucedió, Reiji? –
insistió el rubio curioso inclinándose hacia delante.
- Ya iba a eso.... – el chico apenas miró el tablero,
notando el aire blanquecino salir de su boca mientras respiraba,
como si la noche se hubiera helado súbitamente hasta un grado
casi inaguantable. La pieza tembló un poco sin moverse hacia
ninguna letra y de pronto se vieron rodeados por una multitud, como
si aquella sesión fuese un evento público.
-¿Son estos tus niños?- preguntó imprevisiblemente
Arai -¿Nosotros somos como ellos? Tus hijos… ¿Por
qué maté a mis padres? ¿Nos proteges?
Dusk lo miró creepeándose más al escuchar
la voz profunda del moreno hablando de pronto y diciendo esas cosas
aunque aún así, tirando de su brazo para acercarlo,
temblando un poco con aquellas figuras rodeándolos y observándolos
fijamente en la oscuridad. Sin embargo, Lorenz se ajustó
las gafas mirando al chico interesado.
Reiji observó el tablero rogando porque contestase y no
fuese a salir otra voz de las tinieblas ilógicamente a pesar
de estar rodeados. Y poco a poco la pieza se empezó a mover
deletreando la frase. – Mis niños..... Los padres no
hacen daño a sus niños. Yo soy su verdadera madre.......
Kiri se inclinó aún más hacia delante, mientras
que Kinsei se pegaba aún más si era posible, a Arai.
En lo que a él concernía era la madre más aterradora
que había conocido en su vida.
Arai lo rodeó entre sus brazos incluso subiéndolo
a sus piernas y tapándole los hombros con la cazadora -¿Y
por qué hemos tenido que pasar esas pruebas? …- dijo
haciendo que las miradas se dirigieran a él -Hemos sufrido…-
dibujó una sonrisa extraña en los labios y se sujetó
el cuello con una mano apretándoselo él mismo con
fuerza.
-Arai! Joder!- el rubio le agarró la mano observando cómo
el moreno se doblaba sobre sí mismo apretándose con
el rostro rojo y haciendo fuerza con las mandíbulas.
- Arai!!!!!! – Kinsei se giró sujetándole las
manos, aún con ayuda de Dusk, tratando de liberarlo. –
Detente! Mierda, detente!
Uno de los chicos tras ellos se agachó tras el moreno tapándole
la boca con fuerza y las manos de Arai bajaron a los lados de su
cuerpo como si no pudiese hacer nada aunque no dejaba de mirar a
Kinsei. Podía sentir las manos frías y algo descarnadas
contra sus labios y trataba de tranquilizarse -El verdugo jamás
habla...- dijo la figura tras él con un tono apagado, sin
vida.
-¿Qué nos intentas mostrar?- preguntó Lorenz
sin hacer nada porque en su opinión nada podían hacer
salvo tratar de comprender.
Kinsei le sostuvo la mirada sujetando su mano de todas formas,
y sólo de vez en cuando dirigiendo miradas hacia aquellos
chicos fantasmagóricos. Estaba respirando como si no existiera
el aire, tratando de calmarse a sí mismo y a Arai, ya que
eso parecía ser lo mejor por el momento. Aún así,
no pudo evitar susurrar . – Si le hacen daño, los mataré,
así tenga que ir al infierno para destruirlos de nuevo....
- ¿Qué quieren? ¿Qué desean que hagamos?
– preguntó Reiji, con una voz que evidenciaba que no
estaba nada tranquilo, le temblaban las manos violentamente y se
las sujetó una con la otra sin saber qué más
hacer.
Pero el chico que cubría la boca de Arai, negó con
la cabeza sin contestar a nada. – Ya lo saben.......
- No, no lo sabemos. – comentó Kiri con toda la paciencia
de la que era capaz. – O tal vez....... – murmuró
de pronto recordando el mensaje de la guija en las noches anteriores.
El chico volvió a hablar y todos los demás le siguieron,
murmurando a coro en una extraña voz mezcla de tonos infantiles
y adolescentes con un tono femenino distintamente sobresaliente.
– Primero deben ser mis niños.....luego deben comprender....y
luego deben realizar......
-Bien…- el profesor los miró subiéndose las
gafas -El verdugo no hablará más, podéis soltarlo…
- dijo como si tuviera autoridad alguna allí y pensando en
cómo podía él ser el niño de nadie,
dejando escapar una leve risa. Sin embargo, el chico lo soltó
retirándose hacia atrás aunque Arai permaneció
sin decir palabra y sin moverse, la sangre escurriéndose
por sus labios de nuevo -Ya somos tus niños… ahora…
déjanos comprender. ¿Qué te hicieron? ¿Por
qué os mataron?
Los niños se agacharon tapándose las orejas algunos,
la cabeza otros y gritando estridentemente a su alrededor, abriendo
sus bocas todo lo posible.
-¿Quiénes son estos niños? ¿Dónde
están sus nombres?- insistió Lorenz a pesar de los
gritos, alzando la voz.
Todo se oscureció de pronto. Ellos permanecían sentados
formando aquel corro en la oscuridad pero podían observarlo
a lo lejos cómo salía arrastrada por ellos…
apedreada, gritando. Un chico colgado de una estaca crucificado
como una macabra representanción de cristo, el fuego extendiéndose
por la cruz. Dusk apretó más a Reiji contra él,
temblando.
Kinsei haló a Arai contra sí, abrazándolo
como si así pudiese protegerlo de cualquier cosa, besando
su frente a pesar de estar espantado.
Las escenas seguían representándose ante ellos, con
una violencia inusitada como si estuvieran dentro de una pesadilla.
Observaron cómo un pequeño grupo de chicos se abrazaban
unos a otros contra una pared llorando, justo antes de que les cayese
una lluvia de piedras encima.
Otro se separó de las multitudes que huían, extendiendo
una mano hacia ellos, la marca de una cruz recién quemada
en su frente, y cayó hacia delante casi al lado del pequeño
círculo, con algo clavado en su espalda.
Reiji apartó la mirada antes de poder saber lo que era,
cubriéndose el rostro.
Uno de ellos, más mayor que los demás, de cabello
rubio, echó a correr -No os solteis! Corred!- dijo de pronto
a los que quedaban rezagados tirando de ellos sin parar, empujándolos.
Otro de los chicos mayores tiró del rubio metiéndolo
entre las pajas con un rastrillo ensangrentado en la mano.
-Miradla! Mirad a vuestra madre!- dijo alzando la cara de uno de
ellos -Mirad cómo arde por su culpa!!
-Miradlos a todos… recordad sus rostros- dijo el mayor de
ellos con un gesto de furia en el rostro.
El más pequeño escapó de pronto corriendo
entre los aldeanos, empujándolos, soltándose cuando
trataban de atraparlo.
-No!- el rubio detuvo a uno de los tres chicos restantes que trataba
de ir a buscarlo -No moriremos hasta que no paguen por ello!
El pequeño, lanzándose al mástil de madera
trepando y abrazándose, a medida que intentaba agarrarse
al chico que colgaba de este. Gritando, mientras la mujer era obligaba
a ver aquello mientras la martirizaban.
La escena continuó mientras los dos chicos ardían
hasta que no quedó nada de ellos, algunos de los otros habitantes
del pueblo torturando y asesinando a todo el que encontraban, tan
sólo salvándose aquellos refugiados en el granero,
observando con ojos llenos de odio y dolor la muerte de sus hermanos
y de su madre.
Súbitamente, todo se oscureció de nuevo, tan sólo
los cadáveres brillando como con luz propia, levantándose
luego de sus sitios de muerte para rodear al círculo de nuevo,
como si tan sólo se tratase de alguna obra de teatro aunque
sus carnes colgaban de los huesos y sus ojos velados los observaban
en silencio como demandando su atención.
Lorenz miró hacia la tumba de la mujer sintiendo un terrible
vacío en el estómago -Ocurrió hace mucho tiempo…
ya están muertos…- dijo refiriéndose a quienes
habían participado en aquella masacre -No sé qué
es lo que deseas…
Dusk se apretó más contra Reiji apoyando una mano
sobre la de Kinsei que sujetaba a Arai y apretándolas nervioso
pegándose más a ellos y llevándose a Reiji
con él, sin saber qué hacer, deseando que Arai reaccionara
de una vez, que se marchasen de allí, algo.
Los muertos permanecieron en silencio, observándolos sin
responder y súbitamente rodos lanzaron un grito hacia los
cielos, cada vez más altos, haciendo repicar las campanas
de la iglesia, como la primera vez. Y una voz que no era realmente
una voz, se lamentó entre el viento. – Mis niños.......sus
niños.........
Tanto Reiji como Kinsei se pegaron más a cada lado de Arai
y Dusk, el segundo sudando frío del susto.
- Sólo...¿venganza? – murmuro Kiri como si
estuviera un poco decepcionado, a pesar de estar visiblemente afectado,
cosa que ya era extraña en él de por sí.
-No creo… esos "niños" ahora sólo
serán viejos. Los que no hayan perecido ya…- dijo levantándose
un tanto hastiado de aquella postura -Tenemos que comprender y claramente
aún no lo hemos hecho, tal vez matar a esas personas nos
ayude a hacerlo…- sonrió levemente -¿Podemos
irnos?
De pronto los cadáveres se hicieron a un lado, en dos filas
como haciéndoles una calle de honor que se prolongaba hasta
la entrada del cementerio. Era claro que tendrían que pasar
entre ellos si es que deseaban irse.
- Creo que eso es un sí – afirmó Kiri poniéndose
de pie también y disponiéndose a salir de allí,
seguro de que no les harían nada.
-Supongo que nos están protegiendo de algo…- dijo
Lorenz sujetando al rubio de la cintura y caminando a su lado -Arai…-
lo llamó levantándole la cara por la mandíbula
y el moreno se apartó de golpe como si por fin notase que
podía moverse de nuevo. Se mordió la lengua con fuerza
hasta hacerse daño él mismo, levantándose y
escupiendo al suelo.
La fila se estrechó en torno a él y el moreno alzó
la vista avanzando con Kinsei de la mano atravesándolos como
si fueran intangibles, sintiendo entonces que lo dañaban
al pasar. Pero no dijo nada, siguió caminando sujetando a
Kinsei contra él.
El rubio se levantó entonces ayudando a Reiji a guardar
todo apresurado -Esperad joder!- dijo nervioso sujetando a Reiji
-Vamos…
Kiri pasó sin más inconvenientes a pesar de que se
sentía extrañamente nervioso de pronto. Pero siguió
adelante sin perder el paso.
Mientras que Kinsei iba casi tembloroso apretando la mano de Arai
contra sí, sin comprender por qué la fila se estrechaba
frente a ellos, súbitamente tomando valor y avanzando con
paso decidido, aunque cualquiera que hubiera visto su rostro, pensaría
que iba hecho una furia.
- Ya, listo... – Reiji se apresuró, dejándose
más bien arrastrar por Dusk, apretando el guija contra su
pecho como si fuera una tabla de salvación. Sintió
un viento frío en la nuca y se giró, para ver cómo
el camino se cerraba tras de él como si los cercaran de modo
que no pudiesen regresar.
El profesor se volvió un momento observando cómo
ahora se amontonaban frente a la puerta como una macabra despedida,
pero ella no estaba, hacía tiempo que no se aparecía.
Sólo sus niños y quisiera que no, se preguntaba el
motivo. Les sonrió subiéndose las gafas como si se
despidiera y siguió caminando hasta llegar al coche -Pasen…-
dijo para que de una vez dejasen de mirar atrás.
Dusk entró como una bala en el coche como si aquel vehículo
fuera la salvación y apretó a Reiji contra él.
El chico lo abrazó de vuelta, observando por encima de él
cómo entraban Arai y Kinsei, prefiriendo concentrarse en
eso que en lo que dejaban del otro lado.
- ¿Está listo? – le preguntó Kiri al
profesor, aún sin apartar la mirada de los chicos que ya
empezaban a desvanecerse como si jamás hubiesen estado allí.
-Espera…- el moreno prendió un cigarro en sus labios
y por fin puso en marcha el coche observando lo mismo que el rubio
y notando que le había hablado de tú. Total…
no tenía mucha importancia frente a quienes estaban. Bajó
por la cuesta simplemente mirando delante y desvió la vista
a Kiri preguntándose si estaba bien, pero claro, que teniendo
en cuenta las cosas que podían preocuparlo a él, mejor
simplemente esperaba a que estuvieran solos.
Repasaba la visión en su mente tratando de comprender algo
más allá de lo obvio y comenzaba, cómo no,
a obsesionarse con ello. El silencio que inundaba el coche tampoco
le ayudaba a dejar de pensar. Le pasó la mano por la pierna
al rubio apretándosela un poco aunque sin dejar de mirar
a la carretera, aquellas estradas de pueblo eran realmente oscuras.
Kiri le sonrió, dirigiéndole una mirada de soslayo.
Seguramente estaba preocupado, y lo cierto es que sí se sentía
extraño, pero no como en las otras ocasiones. Lo más
normal, es que ninguno de ellos estuviera en su estado regular de
todas maneras.
El silencio en el auto era tan denso, que la voz apenas susurrante
de Kinsei se escuchó perfectamente como si llevase un micrófono
ampliando sus sonidos. El chico le giró el rostro a su novio,
atreviéndose por fin a preguntar ahora que estaban más
lejos. - ¿Estás bien? No estás lastimado ¿verdad?
-No…- el moreno lo abrazó contra sí, pasándose
la mano por la cara y frotándose la sangre algo seca de ella,
aunque la boca aún le sabía a metal. Tenía
que cambiarse o así alguien creería que se había
comido a alguien -Estoy bien…- dijo mirando hacia fuera de
nuevo y abriendo la ventana pegándole una patada a Dusk disimuladamente.
El rubio le sonrió mirándolo -Bueno, sí que
sirvió venir al cementerio ¿no? Vimos esa visión
extraña… y ahora sabemos además que… Kiri
es el ejecutor, Arai el verdugo, Reiji… es mi neko…
tenemos que comprender lo que sucedió pero eso no es nada
nuevo, ya era lo que estábamos tratando, sólo tenemos
que seguir hasta descubrirlo.
El profesor sonrió abriendo la ventanilla y bajando el cristal
para apoyar el brazo por fuera -cierto…
- Y lo que desean, no sé ustedes pero no me convence. No
creo que se refiriese a venganza. Al menos no de esa manera tan
simple.... – comentó el rubio pensativo, sonriendo
un poco luego. – Una cosa es segura, no les gusta que nos
salgamos de nuestros papeles.
- No lo encuentro gracioso. – sentenció Kinsei bastante
serio, abrazando a Arai como para protegerlo.
- No, no dije que lo fuera. Más bien es interesante –
accedió el rubio aunque aún sonreía pero sin
voltearse.
-Pero aún hay gente que no sabe su papel… y yo desde
luego no sé cual es mi papel ¿eh? Tampoco sabía
que estábamos representando una obra…- el rubio se
revolvió el pelo acariciando las hebras plateadas del cabello
de Reiji sin poder evitar pensar que él era el sacrificio.
Lo apretó contra él sin querer saber a qué
se refería eso.
-Poco a poco se harán mas claras imagino… De todos
modos aún no sabemos por qué estaban haciéndoles
eso ¿no creen? Está claro que parecían cristianos
… incluso me recordó a la inquisición…
de algún modo… - terminó por aclarar el profesor.
- Tuve la misma impresión. – comentó Kiri,
bajando su propia ventana por fin, dejando que el aire circulase
mejor por el auto.
- Creo....que deberíamos averiguar qué sucedió.
Y qué pasó con los otros, los que estaban escondidos.
– aventuró Kinsei, aún apoyado contra Arai.
Seguía estando asustado pero de pronto tenía deseos
de terminar con aquello a como diera lugar.
- Estás atado a mí..... – murmuró Reiji
en un tono de voz sumamente bajo, y desacostumbradamente serio,
sintiendo que sin importar la situación, sólo lograría
hundir a Dusk.
-¿Qué?- el rubio lo miró como si no estuviese
hablando claro -Claro que estoy ligado a ti, pero porque me da la
gana, no hay correas en mi mente…- sacudió la cabeza
como renegando de todo y recordando al niño que corría
hacia la cruz lanzándose a las llamas y muriendo con el encrucijado.
-Me alegro de que sea así…
-Seguramente salieron con vida y se vengaron… o tal vez los
mataron y no pudieron llevar su venganza a cabo… y por eso
no pueden descansar en paz…- dijo el moreno de pronto -Pero
si fuera tan simple simplemente los habrían matado como pudieron
hacer con nosotros… no nos necesitan para eso…
- No, no nos necesitan.... – Kiri lo miró, aún
pensativo, el aire fresco de la noche alborotándole un poco
los cabellos, mientras en el auto volvía a hacerse aquel
silencio incómodo y pesado de tan solo unos minutos atrás.
Por su parte, Reiji, abrazándose a Dusk con más fuerza
y cerrando los ojos, aunque volviendo a abrirlos casi enseguida,
sin despegarse.
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