.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 68

It Only Hurts Until You Die

Ya era medio día. Arai había dejado a Kinsei delante de la puerta de su casa en la mañana y acto seguido se había dirigido a su propia casa como llevado por un extraño instinto. Se detuvo en la puerta de esta, esperando sin saber muy bien a qué y sin pensar muy bien en lo que hacía, pero sabía que tenía que estar allí, esperando.

Kiri recorrió seguro las calles como si algo lo guiara. No estaba seguro de hacia donde iba, pero había tenido un sueño la noche anterior en el que se había visto recorriendo esa mismas calles y por algún extraño motivo, sentía que debía repetir los pasos del sueño, incluso las partes que no recordaba, pero sabía que su instinto lo guiaría. Observó al moreno, parado frente a la puerta, comprendiendo en donde estaba enseguida, a pesar de jamás haberlo visitado antes, y ni siquiera saber su dirección. – Arai. – lo saludó.

-Vamos…- el moreno se volvió, comprendiendo entonces lo que estaba sucediendo… de alguna extraña manera, lo que iba a pasar, iba a jugar, ambos iban a hacerlo. Abrió la puerta de la casa y miró al interior, pero no parecía haber nadie, tenía que estar… Abrió la puerta del salón, estaba vacío …. Fue entonces cuando sus propios pasos lo llevaron al dormitorio, ahí estaba en la cama durmiendo -Ahí está…- dijo observándolo -ahora vengo…

- Bien..... – murmuró en tono bajo para no despertar al hombre, comprendiendo aún mejor lo que debían hacer, esperando, vigilando.

El moreno volvió con un bate metálico en la mano y lo apoyó en la mano de Kiri, cogiendo una correa y amarrándolo a la cama… El hombre se despertó violentamente al sentir el último apretón de su hijo atándolo -Hola papá…

-¿Arai? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué haces?!! Te voy a matar!! Suéltame!! ¿Dónde está tu madre?!!- el hombre se puso rojo, las venas hinchándose en su cuello.

-Mamá… está siempre conmigo…- dijo el moreno echándose atrás para que la mujer rubia lo cogiese rodeándolo por el pecho con una sonrisa.

Kiri le sonrió a la mujer como complacido de verla allí y volvió a mirar al hombre. – Nuestra mamá desea que seamos felices. Desea que Arai sea feliz. Ella me lo dijo. Y yo deseo cumplir los deseos de mi madre – alzó el bate sobre su cabeza, mientras el hombre empezaba a revolverse en la cama, intentando huir, llamándolos de todo y por supuesto pidiendo ayuda. Kiri bajó el bate por un momento suspirando, y susurrándole sonriente. –Está bien, dejará de doler cuando muera. Es más fácil si no se mueve tanto – aclaró como si fuera lo más lógico pedirle su cooperación, alzando el bate de nuevo, para dejarlo caer, con toda la fuerza posible.

La mujer, que era niña de nuevo, se agarró a un borde de la cama subiéndose a las piernas del hombre y aplaudiendo en su cara riéndose con el cabello rubio resbalando hacia delante -Como una calabaza!!! Jajajaja!! Más! Más!

Arai cerró un poco los ojos al sentir el sonido del cráneo de su padre al partirse y la sangre cálida salpicándole la cara, sus sesos manchándolo y resbalando por su mejilla, lo observó retorcerse espasmódicamente trazando una sonrisa en sus labios de pronto. Escuchó cómo llamaban a la puerta y se giró de golpe mucho más serio, se volvió para ver a Kiri -Es mi madre…

-NO! Tu madre soy yo!- la rubia lo miró a los ojos como devolviéndolo a aquel estado de "alterego"

-Mamá… - el moreno miró a la niña que de nuevo le sonrió.

-Vamos a recibirla!!- sonrió saltando de la cama y cogiéndolos de la mano.

Kiri se dejó llevar, aún cargando aquel bate ensangrentado en la mano, por no hablar del aspecto que presentaba él mismo, dirigiendo su mirada hacia Arai. - ¿Quieres recibirla tú ahora?

-¿Quiénes son estos Arai?!! Arai hijo!! ¿Qué has hecho?!!!- gritó la mujer desesperada, el moreno levantó la mano abofeteándola y tirándola al suelo del golpe -Arai…- la mujer se levantó buscando algo en el salón con lo que defenderse, arrojándole uno de los ceniceros de cristal. La rubia se rió sujetándolo entre las manos antes de que tan siquiera rozase a Arai.

-Mátala…- se rió entregándole el cenicero al moreno que avanzó hacia ella pisándole la frente con un pie y dejando caer el cenicero al suelo de canto. Apoyó el pie en el cristal haciéndolo girar adelante y atrás avanzándolo contra su cuello y reventándolo poco a poco.

Kiri se agachó al lado de la mujer, girándole el rostro, haciendo una mezcla de sonidos entre su cuello destrozado, la sangre y los trozos de cristal que aún permanecían. – Está muerta, está hecho – alzó el rostro manchado, sonriendo, observando a Arai y luego a la rubia.

La niña sonrió aplaudiendo y abrazando a Kiri -Mamá está muy orgullosa…- sonrió abiertamente abrazando después a Arai y riéndose, mientras la habitación comenzaba a llenarse de insectos, cucarachas…

Arai se echó atrás como si de pronto despertase de aquello al escuchar el sonido de los insectos inundando la habitación, devorando el cadáver de su madre, la sangre del suelo, todo. Abrió la boca sin sonido alguno retrocediendo hasta la pared y echando a correr hacia la habitación, parado en la puerta observando exactamente lo mismo en esta. Negó con la cabeza caminando hacia atrás de nuevo.

Kiri retrocedió también muy calladamente, observando los insectos trabajar sobre el cadáver y pensando que lo mejor era permanecer quieto. Alzó su mirada hacia el moreno, bastante seguro de lo que había sucedido, pero aún así confirmando. – Arai.....acabamos de matar a tus padres, ¿no es cierto?

Arai lo miró un solo momento sintiéndose incluso mareado -Sí…- ¿Habían matado a sus padres? ¿Y ahora qué? ¿Ahora qué iba a hacer? De pronto salió corriendo y abrió una de las puertas apoyándose en la pared de azulejos y vomitando, se cayó de rodillas mareado por completo y apoyó las manos en la taza del bater, sintiendo arcadas de nuevo a pesar de que ya no había nada en su estómago.

Kiri permaneció aún observando aquel grotesco espectáculo pero sin poder retirar la vista fascinado, el cadáver prácticamente desapareciendo frente a sus ojos. Por fin se levantó, dirigiéndose a la cocina para servir un vaso de agua, y regresar en busca del moreno. Una vez lo encontró, cosa que sólo le llevó unos segundos, claro, extendió la mano, ofreciéndoselo. – Toma, creo que te haría bien beberlo.

-Gracias…- el moreno cogió el vaso bebiendo lentamente y levantándose con las piernas un tanto flojas, un sudor frío recorriéndole el cuerpo por entero. Abrió el grifo lavándose las manos sin alzar la cabeza hasta notar lo que había en ella, frotándosela de pronto con violencia incluso y respirando agitado, le temblaba todo.

- Escucha, si quieres, puedes tomar un baño, tal vez sea mejor. Yo espero afuera. – se quedó esperando sin saber realmente qué decir. No era bueno para eso, eso estaba demostrado, y menos aún si no sabía qué era lo que lo afectaba. ¿El haber matado a sus padres? ¿El haber matado? ¿Lo extraño del asunto? Lo cierto es que él mismo empezaba a sentirse algo irritado, así que prefirió dejar ese análisis para otro momento. – Te ofrecería que lo hicieras en mi casa pero.... – se encogió de hombros, seguro de que Arai comprendía el hecho de que ninguno de los dos podía salir así a la calle.

-No… no hace falta…- el moreno se quitó la camiseta caminando a la cocina y volvió de nuevo hacia Kiri -Dame tu ropa… la lavaré… y mientras te dejo algo mío…- se quitó las botas negras dejándolas a un lado y quitándose los jeans, al menos Kiri sólo estaba manchado por arriba -¿Quieres ducharte tú?- se pasó la mano por un brazo de nuevo tras meter su propia ropa en el aparato y volver para que el rubio le diera la camiseta. ¿Qué carajo pasaba? ¿Por qué se sentía todo tan normal? Sólo sabía que si se duchaba ahora, es más, si se quedaba solo, no sabía lo que haría.

- No, estoy bien, sólo....me enjuagaré la cabeza si no te molesta. – accedió, quitándose la camiseta, y sintiendo el cabello pegado a su frente y no precisamente por el sudor.

-No…- el moreno la cogió metiéndola en la lavadora y pasó a su lado un momento -Voy… a buscar ropa a mi cuarto- dijo señalando la puerta arriba -Ahora te traigo ropa…- se pasó la mano por la cara apartándose el pelo y aún sintiendo náuseas.

- O.K. – se giró abriendo el grifo y deteniéndose de pronto porque no lo veía nada bien, claro. – Escucha, sé que no te agrado mucho pero si necesitas algo puedes pedírmelo. – se ofreció un tanto incómodo, pero tampoco quería que se fuese a suicidar de pronto y tenía cara de que podía.

-Gracias… - se paró agarrado al pasamanos y finalmente subió sin decir nada a su cuarto para buscar una camiseta. Pero en cuanto abrió la puerta, sintió como si las paredes negras se le vinieran encima. Se agachó en el suelo tapándose la cabeza asustado y alzó la vista de nuevo sintiendo aquel sudor frío, no… era su imaginación… Se levantó apoyando una mano en el suelo y trastabillando un tanto hasta ponerse en pie, abrió el armario observando su reflejo en el espejo interior, estaba pálido. "Estoy mareado…" pensó rebuscando entre las camisetas y cogiendo la menos cutre que encontró bajando de nuevo y llamando en la puerta del baño -¿Puedo pasar?

- Sí, pasa – le abrió la puerta, ya secándose el cabello con una de las toallas y observando el rostro inusualmente pálido del chico.

-Toma…- le entregó la camiseta mirándolo y pensando ahora que se fijaba, que le iba a ir grande. Claro, que eso era lo de menos -Si quieres irte… no te preocupes… ya me la devolverás…- dijo apoyándose contra la pared y mirándolo embobado como si fuera lo más interesante del mundo, aunque en realidad, tenía la vista perdida.

Kiri se puso la camiseta, estirando los brazos comprobando que en efecto, le quedaba floja, peor no era que le importase demasiado. Volvió a dirigir su vista hacia el moreno que seguía viéndolo como hipnotizado. Suspiró, echándose un mechón de cabello húmedo hacia atrás. – No creo que debas estar solo. Puedo quedarme un rato si quieres.... – sugirió, ya que de todas maneras, no tenía ningún compromiso, nunca lo tenía claro y le hubiera dado igual aún así. – O puedo llamar a alguien tal vez.

-No quiero verlo…- dijo refiriéndose a Kinsei y mirándolo entonces -¿Quieres subir a mi cuarto? Necesito acostarme… estoy mareado…- casi susurró, mirando abajo cubierto con el cabello -No quiero quedarme solo ahora…

- Está bien, comprendo. Lo imaginaba – asintió sonriendo ligeramente aunque la situación no era como para eso.

Arai echó a caminar hacia su habitación acostándose en la cama y apoyando la mano en su frente sintiendo aún aquel sudor frió -Ven…- le pidió señalando la cama -¿Y ahora… qué haré? ¿Y si nos descubren?- preguntó de pronto sintiéndose terrible por preocuparse por algo tan egoísta -Debería denunciar su desaparición…

- Sí, creo que deberías hacer eso. Si no, se verá sospechoso. Los cadáveres han desaparecido, igual que con Takase..... – meditó, sentándose y girando luego el rostro para observarlo.

-Eso se hace tres días después de la desaparición… ¿verdad? Y después de una semana comienzan a investigar…- se volvió de lado en la cama temblando -Vendrán a mi casa… tengo… - se agarró a la muñeca de Kiri con una mano apoyándose la otra en la frente -¿Pero cómo es posible?...- se rió un poco aunque sin sentido -Dios… quiero morirme…

- Arai...¿tú... – bajó su mirada a la mano que lo sujetaba un poco sorprendido. – No digas esas cosas. Se supone que harías lo que fuera por sobrevivir ¿no? Y ¿qué hay de Kinsei? – volvió a desviar la mirada, más incómodo por estar animando a alguien y de esa manera. – Es mejor afrontar los hechos y tomar responsabilidad. Y...pienso que deberías reportarlos mañana, aunque no investiguen, se vería extraño que no te preocupes antes. ¿Querías a tus padres? – preguntó de pronto, llevado un tanto por la curiosidad.

-A mi madre…- dijo casi cerrando los ojos bajo su propia mano como si de ese modo pudiera evitar imaginarse aquello que estaba recordando de nuevo, sintiendo náuseas y tosiendo aunque ya no había nada en su estómago. Se encogió sobre sí mismo tapándose con los brazos. Le dolía hasta respirar. Se llevó la mano a su propio cuello como tratando de calcular el dolor de cómo la había matado e incluso apretándose un poco él mismo -Kinsei no necesita alguien como yo… ¿y si lo mato a él?... ayer… por la noche… tuvimos algo… todos… apareció esa mujer… y nos dijo … que teníamos que jugar…

- Interesante..... ¿les dijo...a qué debían jugar? – preguntó, curioso de si habría sido a la misma hora en la que él había tenido aquel sueño, y pensando en si habría sido planeado por el ente que Arai matase precisamente a quien quería y no al revés. – No creo que mates a Kinsei, es uno de nosotros....sus niños.....

-… sus niños…- el moreno repitió aquellas palabras sintiéndose mareado -No… Reiji y Dusk parecían completamente absorbidos por esas personalidades extrañas… y Kinsei y yo… no…- se pasó las manos por el pelo de nuevo mesándoselo.

- Pero hoy sí que lo estabas. Tal vez sea lo mismo para Kinsei, tal vez le tome más tiempo – se encogió de hombros, aunque aquello sonaba mal. No pensaba dejar que le dirigieran la vida. - ¿Qué sucedió? Con....Dusk y Reiji.

-Cuando yo me desperté uno estaba atado al otro y Reiji estaba lleno de cortadas… Dusk las lamía…- dijo en un tono bastante mas inexpresivo aún de lo habitual -Me refería a que ellos estaban poseídos y Kinsei y yo no, nos insistió en que jugáramos… incluso nos gritó… tengo que ir a ver a Kinsei…- se levantó cambiándose y pasándose las manos por el pelo con los ojos cerrados. ¿Y si le había pasado lo mismo que a él?

- ¿Deseas que te acompañe hasta allí?– preguntó por si acaso, añadiendo luego. - Pero no sabemos si ha sucedido algo, así que ten cuidado de no preguntarle nada enfrente de otros. ¿Sabes? Tanto Dusk como Reiji ya habían sido poseídos antes por completo. Tal vez eso tenga que ver.

-No… seguro que le da vergüenza… Bueno, es igual… ven…- dijo sintiéndose extrañamente ligado a Kiri como si no quisiese dejarlo solo a pesar de que no parecía estar afectado en lo más mínimo -¿Estás bien?- le preguntó de pronto mirándolo de soslayo a través del cabello.

- Estoy bien, gracias. Sólo.....bueno, no es importante supongo, no me gusta ser manipulado, es todo. – le devolvió la mirada. Tratando de imaginarse por unos minutos cómo sería si fueran sus padres, pero de todos modos no sería la misma situación. Incluso si hubieran vivido las mismas exactas experiencias, dos personas distintas no podían reaccionar igual.

-El profesor y tú… ¿estáis enrollados?- preguntó de pronto cogiendo las llaves y guardándoselas en el bolsillo mientras salían.

- Pues, yo no lo pondría de esa forma, pero sí. – sonrió ligeramente siguiéndolo. – Pero confío en que puedes guardar el secreto, ¿cierto?

-Yo no hablo con nadie…- el moreno lo miró a los ojos y bajó la vista de nuevo -Sólo con Kinsei… y no hablamos de esas cosas… lo decía porque tal vez él haya hecho algo también…

- Sí, lo pensé....Le preguntaré más tarde cuando lo vea. – comentó, pensando que de todas maneras, querría que describiesen sus experiencias en el cuaderno seguramente.

-De todos modos no creo que esté afectado…- el moreno torció en la plaza parándose frente a la casa de Kinsei y tragó saliva nervioso -¿Te quedas? No tienes por qué irte, no sobras…- dijo mirando abajo.

- Tal vez Kinsei no piense lo mismo... – le sonrió, ladeando la cabeza. Lo cierto es que ya se veía mucho mejor, pero aún así tal vez era mejor acompañarlo hasta el final.

-No creo… Kinsei no es así…- dijo de pronto preguntándose si le molestaría, aunque no había motivo… pero normalmente no lo comprendía muy bien. Tragó saliva llamando al timbre y echándose atrás hacia Kiri.

Para su suerte fue el mismo Kinsei quien abrió la puerta. El chico se asomó con una cara no del todo tranquila, susurrando. – No es buen momento.... – mientras se oía a sus padres discutiendo en el fondo y probablemente no muy contentos de que su hijo estuviera recibiendo visita en esos momentos. Pero el chico se puso aún más serio cuando vio de quien venía acompañado Arai, saliendo de detrás de la puerta y cerrándola tras de sí. – ¿Sucedió algo? ¿Arai? ¿Estás bien? – se acercó preocupado, dirigiéndole una mirada a Kiri, para ver si le explicaba algo. Pero el rubio prefirió permanecer callado, en todo caso, le correspondía a Arai contarle.

-No… ¿estás hablando con tus padres de eso?- preguntó el moreno mirándolo a los ojos obviamente mintiendo y mostrándose igual de serio que siempre.

- Sí....en realidad, ya terminé, ahora hacen drama pero.... – lo cierto es que las cosas no le habían salido tan mal. Su madre estaba llorando y se echaban la culpa el uno al otro, pero en sus padres...eso era normal. Igual lo castigaban y venían unos días de lucha pero no pensaba dar su brazo a torcer. – Pero ...¿qué sucedió? ¿Arai? ¿Kiri?

El rubio suspiró, mirando a Arai y luego a Kinsei de nuevo, empezando a lamentar el haberse quedado. – Fuimos manipulados, como Arai dice que les sucedió anoche también. Miren, tal vez deba dejarlos solos para que hablen.

-No hace falta Kiri… como tú quieras…- el moreno lo miró a los ojos pero no podía dejar de pensar que no era humanamente posible que estuviera indiferente a lo que habían hecho, aunque a lo mejor se equivocaba -Si quieres te acompaño a tu casa o algo…

- No, no te preocupes, estoy bien. Ustedes tendrán mucho de qué hablar ¿no? – alzó una mano como para despedirse, girándose. Tal vez se dirigiese a casa de Lorenz, no estaba seguro aún.

Arai se quedó mirándolo sin saber muy bien qué hacer, guardándose las manos en los bolsillos -Dijiste que no era un buen momento… y no es algo que pueda explicar en diez minutos… ¿les has hablado de mí?

- Bueno...les dije que tenía un novio, aún no les digo exactamente, pero.....¿estás bien, verdad? ¿No te sucedió nada? – preguntó preocupado, tomándole el rostro con las manos para mirarlo a los ojos, como revisándolo aunque estuviese allí parado. – Si quieres, puedes regresar luego, y te subes por mi ventana como siempre.......

-No…- el moreno cerró los ojos mientras le levantaba la cabeza -Tiene que ser ahora…

- Bi...bien.....vamos. – cerró la puerta de pronto, tomándolo de la mano y echando a caminar, la parte de atrás de su cerebro pateándolo por irse en esos momentos, pero lo sentía por sus padres y la guerra que viniese después. Arai era más importante.

-A mi casa no…- el moreno se paró de pronto con el corazón en el pecho y le apretó la mano con fuerza tragando saliva y parándose en el medio de la calle -… me vas a odiar… cuando te diga lo que hicimos… Kiri y yo…- le apretó más la mano como para no dejarle escaparse de él y sin atreverse a mirarlo.

- No......no hay forma de que te odie, Arai. – se le acercó, cada vez más asustado, alzándole el rostro por la quijada con suavidad. – Por favor, mírame.

El moreno tragó saliva apartando la cara y bajándola de nuevo -Los matamos… entre los dos… primero a mi padre y luego a mi madre…- se mordió el labio con fuerza sin levantar la cabeza y sintiendo el cabello ocultando su rostro, incluso el sabor de la sangre a través de aquella mordida sintiendo náuseas de nuevo.

- Tú....¿mataron a tus padres? ... – lo miró como si no comprendiera, no le parecía real, y la cara de tranquilidad que le había visto a Kiri no ayudaba en nada. – Arai...¿de qué hablas? ¿Por qué...cómo?

-No lo sé!- el moreno levantó la voz mirando aún al suelo y tapándose la cara, acuclillándose en la mitad de la acera sin que le importase lo más mínimo lo extraño que aquello se veía. Se tapó la cara con los brazos sujetando su pelo y casi tirando de él con una mano -Dios… - Ahora empezaban a preocuparle aún más cosas, ¿Qué iba a hacer para mantener la casa y comer? ¿Qué iba a decirle a sus familiares? ¿Qué iba a decirle a la policía?

- Arai.....Arai – Kinsei se agachó frente a él, sujetándole las manos, intentando retirarlas de su cabeza para que lo mirase. – Tú no lo hiciste. Kiri dijo que habían sido manipulados ¿verdad? No es tu culpa. Es como aquella vez...con Dusk. – lo rodeó con sus brazos, sin saber cómo solucionar aquello, qué hacer.

-Pero son mis padres, joder!- el moreno se apretó aún más a sí mismo, consciente de su propio estado, maldiciéndolo, maldiciendo mostrarse de ese modo, más aún en la calle pero no podía detenerse. Aún mordía su labio con fuerza aguantándose los deseos de gritar. Ni siquiera podía pensar bien, había sido verlo a él y desmoronarse.

- Lo sé, lo sé.... –lo abrazó con más fuerza, mirando a su alrededor como si algo de lo que había en la calle pudiese ayudarlo. – Vamos....vamos a otro lado, ¿sí? Un lugar solitario – sugirió imaginando que es lo que deseaba Arai. – No voy a dejarte solo.

El moreno se levantó tapándose la cara con la mano casi apretándose y bajando aún más la cabeza cubriéndose con el pelo -Vamos a mi casa…- dijo finalmente de todos modos, tenía que vivir allí y por otra parte allí… no había nada ya.

- ¿Estás seguro? - - preguntó Kinsei, poniéndose de pie a su lado, sin dejar de rodearlo con un brazo. Él mismo sentía ganas de llorar de sólo verlo así. No podía dejar de tocarlo, ni romper el contacto por un segundo, como si temiera que se fuera a alejar de alguna manera.

Arai asintió con la cabeza y ambos caminaron en silencio, incapaz de decir nada. Abrió la puerta de la casa tirando las llaves al mueble de la entrada y le agarró la mano con más fuerza, caminando directo hacia su habitación como si fuera el único lugar en el mundo donde se sintiese alejado de la realidad y del mundo. Cerró la puerta tras él sin saber qué decir ahora aún con la cabeza gacha, apoyando la espalda en la madera.

Kinsei simplemente lo abrazó, acariciando su espalda como tratando de reconfortarlo, apretándolo contra él, sintiendo que cualquier cosa que hiciera era poco. Le besó el hombro, no atreviéndose a alzarle el rostro de nuevo, seguro y no quería que lo viera.

El moreno siguió con las manos bajas aún tapándose la cara con ellas y no pudo evitar llorar. Hacía siglos que no lloraba, ni siquiera se acordaba de cuándo. Escuchaba sus propios llantos, apretó las mandíbulas reteniéndolos y golpeó el suelo con un puño una y otra vez abrazándose finalmente a Kinsei y apretándolo con fuerza, sintiendo cómo incluso la sangre le mojaba el mentón sin ser capaz de abrir su llanto.

- Te amo, Arai. Está bien...Si quieres llorar, llora. Es natural. – lo abrazó, casi temblando y conteniendo su propio llanto para no cohibir al moreno, ni preocuparlo por cosas que no venían al caso. – Te sentirás mejor.....

Arai negó con la cabeza abrazándose más a él y apoyando las rodillas en el suelo entre las piernas del moreno, apretándolo entre sus brazos y mordiéndose un dedo, bajando después la cara arrastrándola por su mano y mirando al suelo tratando de controlarse y negando con la cabeza de nuevo -Le corté el cuello… con un cenicero…Dios…

- No es tu culpa, no lo hiciste tú – le insistió el chico, sintiendo que perdía el control y sin poder dejar de apretarlo. – Vamos...¿quieres acostarte? Me quedo contigo.....toda la noche. Sólo....no sabía ni qué decirle, no era algo que se pudiese consolar con unas cuantas palabras.

- Quiero morirme…- el moreno no pudo evitar llorar agarrándolo con fuerza y echó la cabeza hacia atrás golpeándose contra la puerta y tapándose la cara hundiéndola de nuevo entre sus piernas y pasándose una mano por el pelo hundiéndola en él -pero no quiero dejarte… no quiero morirme por su culpa!- dijo contradiciéndose de pronto y sintiendo que necesitaba estallar.

- No vas a morir.....Tú eres el fuerte, ¿no es así? Así lo veo yo.... – le susurró como acunándolo contra sí. – Tú lo dijiste, que no debía dejarme morir por esto, que debía luchar. Y eso haremos, los dos. Yo te cuido a ti y tú me cuidas a mí, ¿no? – lo atrajo aún más contra sí, besándole el cabello. Tenían que encontrar la manera de terminar con eso, definitivamente, aunque no veía cómo.

El moreno sonrió débilmente apoyando la cabeza en su pecho y pasándose las manos por la cara pensando en que él no era fuerte, él no se sentía fuerte. ¿Por qué? Pero le daba igual todo y eso era lo que más le dolía, lo que más le avergonzaba, sólo quería estar con él y ahora no era posible, no era posible. Podía negar todo aquello, podía tratar de borrarlo como si no existiera ¿pero acaso quedaría impune de aquel crimen? -¿Qué voy a hacer? Tengo que decírselo a la policía… que han desaparecido…- dijo sin mirarlo -Tengo… tengo que ver si me van a pasar la pensión de mis padres… eso… sí… venderé el piso… y me iré de aquí…- dijo casi hablando solo -No pueden acusarme… no hay pruebas…

- ¿Adónde irás? Arai.... – le levantó el rostro ahora sí, para observarlo con los ojos aguados. – Si tú te vas, yo me iré contigo. No me importa.....No quiero estar sin ti.

-Me iré a otro piso… - lo miró a los ojos reflejándose en los suyos y cerrándolos -Lo siento…- le pasó las manos por la cara sujetándolo por las mejillas y besándole los labios -No pasa nada ¿verdad? No va a pasar nada… me creerán… - lo miró a los ojos apartándose un poco -Soy …- se rió un poco negando -… tengo miedo… más que culpabilidad…- murmuró con el rostro descompuesto y riéndose levemente.

- Está bien – le sonrió un poco, apretando sus manos con las suyas, aún en sus mejillas. – Me asustaste, creí que ibas a dejarme..... Claro que te creerán, no pasará nada. Y yo...voy a estar contigo siempre que me necesites.

-Creí que ibas a odiarme… aún tengo miedo… de que me descubran… de que nos descubran… a Kiri y a mí…- susurró tapándose la cara -De que vuelva a pasar … yo te necesito siempre… - el moreno lo miró a los ojos abrazándolo con fuerza -Nunca te haría daño…- dijo de pronto como salido de la nada -no te pondría una mano encima…

- Eso lo sé, me siento seguro contigo sin importar lo que esté sucediendo alrededor. Siempre que me abrazas.....me siento seguro – sonrió abrazándolo igualmente, escondiendo su rostro en su cuello. – Nunca podría odiarte. Esto no es tu culpa y aún......podrías ser el próximo Hitler y yo seguiría queriéndote.

-Eso no va a pasar…- bajó la cara sonriendo sin poder evitarlo, pensando que esas no eran cosas de decir y que él no era el único que decía cosas extrañas en el momento inadecuado -Kinsei… ¿Qué te han dicho tus padres?- alzó la vista bastante determinado, como si el mundo no existiera tras aquella puerta en la que se apoyaba. Sin poder evitar pensar ahora en que lo había sacado de su casa en un mal momento, en que lo había puesto entre la espada y la pared.

- Bueno....no lo han tomado tan mal. Mi madre me preguntó que si usaba drogas y creo que.....pensaban que era algo de rebeldía o algo así. Aún hacían drama cuando llegaste y seguro que me castigan ahora pero no me importa......Creo que lo entenderán...si sigo firme. No te preocupes por eso – le acarició el rostro, separándose más para mirarlo, aliviado de que estuviese mejor.

-Me siento extraño… como si no fuese real…- sonrió con amargura -¿Quieres verlo? Donde los matamos…

- Si tú...si quieres enseñármelo. Pero.....sólo si es lo que deseas, no quiero que sigas sufriendo – contestó nervioso, aunque no es que tuviera ninguna curiosidad morbosa pero si a Arai lo hacía sentir mejor compartirlo con él.

El moreno se levantó, sujetándole la mano, necesitaba enseñarle que allí no había nada, nada de nada… ni siquiera manchas de sangre. Bajó las escaleras sintiendo el silencio excesivo del vacío y abrió el cuarto de sus padres, las sogas en la cama que rápidamente desató sujetándolas en su mano para quemarlas aunque ya no había sangre en ellas, ni en las mantas… nada…. - Ven…- dijo llevándolo al salón donde sólo quedaba el cristal partido en el suelo en una alfombra vacía -No hay nada…

- No hay nada..... – repitió el chico aunque sí le había dado escalofrío el ver aquellas sogas, y apretó la mano de Arai. – No podrán inculparte... – añadió, sintiéndose algo culpable, pero él tampoco quería que terminara en la cárcel.

-No…- el moreno no pudo evitar sonreír extrañamente golpeándose la frente con la mano y poniéndose serio como si negase el poder sonreír en una situación así, pero se sentía extrañamente aliviado -No me siento tan mal… como debería…

- Deberías sentirte como te sientas, no soy alguien que vaya a juzgarte. Además.....ya te dije que no es tu culpa. – insistió casi con necedad el chico, sacudiendo la cabeza.

-Pero tú me quieres… no es lo mismo…- lo miró a los ojos abrazándolo -Quédate conmigo… no me dejes solo…- le pidió a pesar de saber que no debía -Por favor… iré a dormir a tu casa… pero no me dejes solo ahora…

- Ya te dije que no lo haría. ¿Seguro que no quieres que nos quedemos aquí? – le preguntó apartando un mechón de su rostro y pasando los dedos por el contorno de su cara luego.

-Sí quiero, pero mejor no… no quiero que te castiguen… sabrán que te has ido con tu novio…

- Entonces....¿puedes entrar por mi ventana como antes? No quiero molestarte pero.....tampoco creo que te dejen quedarte si te presentas así. – le pidió, algo avergonzado por ponerlo en esos líos en un momento como ese.

-Puedo entrar…- sonrió mirándolo a los ojos y bajando la cara -No pienso presentarme de ningún modo a tus padres a no ser que no quede más remedio… ya me verán…- le pasó la mano por el pelo aún sonriendo como si el rostro de Kinsei pudiera borrar cualquier dolor -¿Me acompañas mientras me ducho? Necesito… ducharme…

- Claro – le sonrió asintiendo, tratando de ignorar su vergüenza por una vez. Habían cosas más importantes.


 
 

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