.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 55

The Secret Lives of Rocks

Kiri despertó algunas horas después, tan tranquilo como si durmiese en su casa. Después de todo, luego de pasada la prueba no había por qué pensar que sucedería otra cosa. Se sentó, restregándose un ojo, y sonriendo al ver cómo dormía el profesor a su lado, tan relajado como él mismo. Tomó su muñeca para ver la hora.

–Creo que ya podemos irnos –le advirtió, notando que ya eran pasadas las seis.

El moreno se pasó la mano por los ojos, volviéndose de frente en el colchón y acariciándose el pecho descubierto entre la abierta chaqueta del traje.

–Buenos días primero… –lo regañó inconscientemente, en un defecto irrevocable de profesión. Se enderezó, peinándose el cabello con una mano, tratando de tener un aspecto algo más presentable –. Cuanto antes mejor, no quiero cruzarme con ninguno de mis colegas.

–Disculpe usted, profesor –se excusó formalmente el rubio, aunque en un tono ligeramente burlón, poniéndose de pie –. Buenos días, entonces –añadió, sin preocuparse por mejorar su aspecto en lo más mínimo, a diferencia del moreno.

–Mejor –susurró Lorenz, parándose frente a él y metiendo los dedos entre su cabello, organizándoselo al menos un poco –. Que no crean que venimos de rebozarnos por las hierbas, aunque por otra parte… –sonrió divertido al imaginar sus caras.
–La gente tiene mentes muy simples a veces –se rio, incrédulo de que le estuviera arreglando así el cabello, aunque lo cierto era que no le molestaba –. Así está bien, no vaya en contra de su naturaleza –comentó, refiriéndose a lo claramente divertido que se veía el moreno con asombrar a los demás.

–Claro –sonrió Lorenz, guardándose las gafas en el bolsillo –, pero no quiero dejar este colegio. Ahora no es el momento apropiado –se rio levemente, dejando resbalar las manos por su nuca, y girándose para abrir la puerta tan dignamente como cada día.

–No... Sería una gran pérdida para el colegio además, sin importar la situación –sonrió Kiri, aunque lo que decía era en serio, saliendo de aquel almacén tranquilamente. Al menos, por allí no iba nadie a esas horas.

El moreno salió al exterior, con la suerte de no toparse con nadie, y cogió al rubio por los hombros, acariciándole la nuca y mirando a un lado, dejando salir el humo entre los labios, pensando que era un tanto imprudente. Sus ojos grises se posaron en los ojos castaños de la tutora del rubio, que directamente paró su mirada en su pecho desnudo, y acto seguido en el estudiante.

–Buenos días… –el moreno le dedicó una encantadora sonrisa a la mujer, aunque deteniendo sus caricias al rubio, divertido en cierto modo por la situación.

–Buenos días –Kiri la saludó, haciendo una reverencia muy formal por supuesto, sonriendo para sus adentros.
–Aoyama, ¿qué significa esto? ¿Quiere explicármelo? –se lanzó inmediatamente la mujer, de una manera que señalaba que se iba a llevar por lo menos un buen sermón.

–No, la verdad, no –sonrió el rubio frescamente, encogiéndose de hombros, cediendo un poco después sólo por el bien del profesor –. En realidad, nos enteramos de que hay rocas muy interesantes bajo la escuela, y el profesor Lorenz accedió a mostrarme algunos experimentos geológicos que... tuvieron algunas dificultades como puede ver.

–¿Acaso me está tomando el pelo? Voy a tener que hablar con sus padres –lo amenazó la mujer, a pesar de que el chico ni se inmutaba.

El profesor suspiró, pasándole la mano bajo el rostro a la mujer, girándole la cara y mirándola a los ojos.

–¿Qué les dirá? ¿Que vio a su hijo con un profesor, manchados de barro? –sonrió con sarcasmo –¿Qué cree que ellos responderán? Oh… sí… Eso significa que mi hijo estaba retozando en el barro como una bestia, y después le darán las gracias. Las conclusiones precipitadas… siempre son equivocadas –el hombre le alzó la cara un poco más, soltándola con un leve impulso –. Cuidado…

–¿Me está amenazando, Lorenz? –preguntó la mujer, hecha una fiera, y más roja imposible.

–No. Sólo le reitero… que tenga cuidado –dijo el hombre, volviéndose a verla de soslayo, clavando su mirada plateada en ella –. No me gustan los malentendidos.

–¡Oh! Eso me recuerda... ¿tiene el teléfono de mis padres? –preguntó Kiri inocentemente como si todo aquello le hubiese pasado desapercibido.

–Por supuesto que sí, jovencito. Sólo tengo que revisar su forma de inscrip... –antes de que la mujer pudiese terminar la frase, el rubio la interrumpió, con una sonrisa en el rostro.

–¡Oh! Lo siento, ese está equivocado. Es el viejo... Bueno, qué se le va a hacer –se encogió de hombros, girándose sin dignarse de corregir el supuesto error.

El moreno abrió la puerta del coche, dedicándole una última mirada seria a la mujer, que la hizo volverse. Entró entonces abriendo la guantera sobre las piernas del rubio, buscando sus gafas de repuesto y poniéndoselas, sujetando el cigarro entre los dedos mientras desaparcaba.

–¿Realmente es un teléfono falso? –preguntó igual de serio, aún molesto con la situación, aunque en cierto modo le divertía. Le gustaría verla tratando de probar su relación aun cuando él mismo no sabía si existía.

–No sé, ¿por qué no lo averigua? –le respondió el chico, mirándolo serio y sonriendo levemente de medio lado luego –De todos modos, ya le he dicho más de lo que le diría cualquiera de ellos. Así que a menos que les vaya a pedir mi mano...
El profesor se rio entre dientes, mirándolo de soslayo.

–No, gracias, el matrimonio me da escalofríos. Una vez fue suficiente calvario –sonrió, deteniéndose en un semáforo y apoyándole la mano en una pierna, acariciándola –. No negaré que más de una vez se me pasó por la cabeza llamarlos.
–No me sorprende –Kiri ladeó la cabeza, recostándose un poco hacia atrás –. Pero la mejor manera de conseguir información, es ir directo a la fuente. A menos, claro está, que no confíe en la fuente.

Lorenz apagó el cigarro en el cenicero del coche, apartando la mano de su pierna para cambiar la marcha.
–Digamos que usted despertó mi curiosidad aun antes de conocerlo –mencionó el moreno, aparcando frente al edificio del rubio, esperando a que se apease. Lo cierto es que necesitaba descansar.

–Me siento halagado –Kiri se inclinó hacia el asiento del conductor para besarlo suavemente en los labios –. Y dígame, ¿aún le parezco un áspid?

–Aún más. Me pregunto si dejará de ser tan escurridizo en algún momento –susurró contra sus labios, deslizando la lengua entre los suyos propios hasta alcanzar la del rubio, acariciando sus bordes y deslizándola bajo ella, lamiéndola. La dejó entrar entre sus propios dientes de nuevo, para besarle los labios de vuelta y echarse hacia atrás apenas un poco.

–Claro que sí, eso es obvio, pero... tiene que atraparme primero –le sonrió el chico, besándolo una vez más y separándose para abrir la puerta del coche –. Preferiblemente cuando no estemos medio muertos.

El moreno sonrió de medio lado, observándolo salir, de nuevo, "dañado".

–Hará que me enamore… –aseguró, apoyando la mano en el volante y mirando después la hora –. En cuatro horas en su portal. Por favor, no se retrase.

–No lo haré, no quiero echar a perder mi plan –bromeó, agachado sobre la puerta, ya afuera del coche, cerrándola luego para dirigirse a su casa.

Lorenz lo observó hasta que el chico desapareció en el portal y encendió el coche de nuevo para volver a casa, ya llegaba tarde a su ducha.

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