Capítulo
53
At the Bottom of the Spiral
Dusk se rió, sujetando el monopatín con una mano
tras pararlo contra su pierna. Había ido a su casa a buscarlo,
y se había pasado al menos unos veinte minutos con sus amigos
en la plaza, practicando. Se pasó la mano por la frente,
un tanto cubierta de sudor.
–Tío, estabas desaparecido –dijo una pelirroja
con dos coletas y atravesada por piercings en todos los lugares
posibles –. Ya ni siquiera vienes a la peluquería…
y dicen que estás con Reiji… –sonrió,
haciendo un globo con el chicle en sus labios y pisando el monopatín
para levantarlo contra su pierna también.
–Sí –el rubio se encogió de hombros –,
tener novio me quita mucho tiempo –sonrió, aunque de
un modo bastante extraño.
–¿Qué pasa, Dusk? –peguntó un moreno
colgándose de sus hombros –¿Cómo esta
el niño de mi niña? –se rió, mirando
a su novia, la cual le había martillado la cabeza todos los
días con que Dusk no aparecía.
–No pasa nada…
–No pasa nada... –sonrió Reiji al moreno que
se sentaba a su lado en el bar, sin saber que repetía la
frase del rubio.
–¿En serio? Ya empezábamos a extrañarte
por aquí –el chico se puso de pie, pasándole
los dedos por el cuello y bajando por su hombro–Escucha...
Tengo una fiesta privada ahí atrás, si quieres venir.
Ya sabes que allí siempre sales ganando.
Reiji lo miró, sonriendo de medio lado y bebiendo un poco
más de su trago, dejando que deslizase los dedos a lo largo
de su brazo para tomar su mano.
–¿Cómo podría rechazar tan encantadora
oferta? –se puso de pie, siguiéndolo, dejando que lo
guiara hacia los salones privados como tantas otras veces, pero
esta vez era distinto. No podía dejar de pensar en el rostro
de Dusk a cada paso
que daba.
–Y eso es todo… Así que, no sé a qué
hora va a volver hoy… –el rubio los miró a ambos
y se inclinó adelante al recibir la soberana colleja de la
chica.
–Eres un imbécil… ¿para qué dejas
que te trate así, eh? ¿Qué eres? ¿Un
perrito faldero? Ah… apestas, Dusk, en serio –dijo con
el ceño fruncido a más no poder, y sonriendo después
de que el moreno le asestase otra colleja al rubio en cuanto levantó
la cabeza de nuevo.
Dusk sonrió, frotándose el cuello.
–Coño, ya vale –en realidad, eran lo único
parecido a una familia que tenía, los únicos que habían
sido sus amigos incluso cuando no tenía ganas de sonreír.
Y tal vez Arai, pero eso era ahora –. Es que me da igual.
Yo lo quiero. ¿Qué quieres que haga? Además,
ya lo sabía antes de salir con él. Ahora me atengo
a ello, ni más ni menos.
–¿Para qué hace eso, eh? Por droga… pues
que trabaje –la chica frunció el ceño, haciendo
señas al aire como hablando sola.
–Pero es que así no puede conseguir tanto dinero como
necesita –la miró de soslayo, esperándose un
grito.
–Pues sí que te quiere mucho –le dijo el moreno
enfadado.
–Ser drogadicto es un problema. No es algo que te deje decidir
ni pensar bien… y… y... ¡Me importa una mierda!
–golpeó la mano contra el suelo –. Me importa
una mierda que se acueste con quien quiera, si me quiere a mí…
me da igual. Puedo ignorarlo.
–Siempre quieres ignorarlo todo…
–Este es Reiji –el moreno contuvo el aliento al ver
los mechones rubios por encima del hombro del moreno, pero claro,
no era Dusk. Ya se estaba volviendo loco. Le sonrió, haciendo
su mejor esfuerzo, y dejándose caer a su lado, mientras el
rubio sacaba una bolsita de su bolsillo.
–Buscaba con quien compartir esto, es cierto que te gusta,
¿no?
Reiji le sonrió aún más, relamiéndose
sin poder evitarlo, y pasando una mano por la quijada del otro,
atrayéndolo hacia sí en aquella esquina oscura.
–No tanto como me gustas tú –le susurró,
besándolo y colocándose sobre él, intentando
desconectarse de todo.
Sintió unas manos que le alzaban la camiseta, quitándosela,
y cerró los ojos dejándose llevar.
–Sí me quiere. No entendéis nada… –el
rubio se levantó, subiéndose al monopatín y
moviéndose un poco a los lados sobre él, mirando al
suelo con el cigarro en los labios. Se apoyó en una esquina,
girándolo y tratando de evadirse, sin conseguir más
que pensar en los ojos amatista del chico, en cómo seguramente
estaría diciéndole todas esas mierdas que le decía
a él, a cualquiera.
–¿Sabes en dónde está? –preguntó
la pelirroja levantándose sin soportar la cara de su amigo,
y dándole un toque en la cabeza como si fuera a activarlo
de ese modo –¿Que si sabes en dónde está?
¡Memo! –la chica lo sacudió y el rubio la apartó
de él, sujetando el cigarro en la mano y apoyando después
la frente sobre su pecho sin vergüenza ninguna, mordiéndose
el labio.
La pelirroja le pasó la mano por el pelo, revolviéndoselo.
–Me vas a mojar las tetas, y como se me encojan más,
te cortaré los huevitos esos que tienes ahí... –dijo
metiéndole mano a su entrepierna y haciendo que el rubio
sonriese a pesar de que sí estaba llorando. Le apartó
la mano.
–Con él aquí no –dijo refiriéndose
a Inoue, por supuesto de broma, aunque el moreno pasaba de ellos,
más bien dedicándose a su monopatín y a pegársela
contra el suelo –. No quiero ir. Él es así,
no hay más, no quiero cagarla. No hay más –repitió
sin separarse.
La pelirroja lo rodeó, levantándole la cara y pegando
la frente contra la suya.
–Si yo fuera él, me gustaría ver que te molestas
en ir a buscarlo y que no te da igual… Sí, a lo mejor
me cabrearía en un primer momento, pero después ya
no.
El rubio la miró, negando.
–No me atrevo. Debería volver a casa, me dijo que no
tardaría.
El moreno se relamió de nuevo, sonriendo, riéndose
por las cosquillas que le causaba el otro al aspirar la droga de
su abdomen. Cerró los ojos, mareado por las luces. Él
mismo ya había consumido tanta que no podía ni ponerse
de pie, pero la necesitaba, especialmente esa noche. Y aún
así, no dejaba de pensar en el rubio, en su risa cuando él
mismo reía.
Apenas entreabrió los ojos, el amigo del rubio, (que era
como lo llamaba en su mente), se inclinó sobre él
para besarlo, sonriente, introduciendo la lengua profundamente en
su boca, a la vez que le alzaba la barbilla, mientras el rubio iba
bajando por su abdomen, ahora con su lengua, desabrochando el pantalón
del chico sin dejar de lamerlo.
No le había sorprendido que fueran dos, siempre pasaba lo
mismo en ese tipo de fiestas, cualquiera con cualquiera. De todos
modos, ambos le estaban pagando.
–Reiji... –escuchó su nombre, sintiéndose
bastante ido y riéndose de nuevo.
–¿Entonces crees que debería ir? –preguntó
de nuevo, volviendo a lo mismo sin decidirse.
–Yo iría, tú sabrás –la pelirroja
lo miró mascando el chicle de nuevo y escupiéndolo
a sus pies, lanzándolo de una patada –. De todos modos,
si te dijo que regresaría pronto… te diré que
ya ha pasado una hora y cuarenta minutos.
–Pero debería pasar por aquí para ir a casa…
–el rubio miró la hora también, como si su reloj
fuera a decirle algo distinto. Seguramente ya ni se acordaba de
volver con él. Miró a otro lado, enterrando los dedos
en su cabello y bajando la cabeza –. Odio esto –murmuró
con un tinte de dolor, pero aun así, sonrió.
–Vamos, te acompañamos hasta allí ¡Inoue!
Deja de machacar el suelo con tu cabeza y ven a acompañar
a este desecho de niño hasta donde esté el otro –Vio
cómo el moreno venía y el rubio se subió al
skate de nuevo.
–Pero no os metáis, sólo acompañadme.
No quiero ir solo –los miró y ella asintió como
si no le estuviera escuchando, apoyándose en el skate color
magenta.
Reiji simplemente se dejaba manipular, como fuera, no le importaba
mucho lo que hicieran con él, ni siquiera estaba allí.
Sintió cómo lo empujaban hacia delante, penetrándolo,
alzándolo un poco. Sentía algo pegajoso el rostro
y se pasó la lengua por los labios, sintiendo aquel sabor
familiar, pero ahora no estaba seguro de si le había hecho
una mamada a alguien, o de si se lo había imaginado. Gimió
un poco al caer hacia delante sobre otro chico, gracias a las embestidas
del rubio. El moreno lo abrazó riéndose, acariciándole
el rostro y besándolo.
–Reiji... ahora es mi turno, ¿no? Lo prometiste –lo
empujó con suavidad hacia abajo, hacia su sexo.
El chico entornó los ojos, enfocando la vista, notando algo
extraño, aunque no le colaba en la realidad.
–Eso es sangre... Estás sangrando... ¿Estoy
sangrando? –se rió un poco, a causa de lo colgado que
estaba, olvidándose al instante de todo y volviendo a bajar.
El rubio se paró delante de la puerta del Púb. al
que habían ido la primera vez, no estaba muy seguro de nada,
pero como el camarero le había tratado de ese modo, imaginaba
que debía de ser asiduo allí, aunque eso era mucho
decir tratándose de Reiji.
Tenía el estomago hecho un asco y sentía nauseas,
estaba demasiado nervioso.
–No puedo entrar… –dijo parándose de pronto,
sintiendo la necesidad de pegar una pataleta, hiperactivo, riéndose
por los nervios –Mejor espero a que salga.
–¡Ah no! ¡Entras ahí! –la chica lo
empujó seguida de su novio, que se reía levemente,
los tres cargando el skate en la mano. No lo dejaban en la calle
por nada del mundo –Eh, tía… guarda esto en el
ropero ese –dijo la pelirroja, pasándole los tres a
una chica, a la que por poco se le caen las manos al suelo, confiada
por cómo los levantaba la otra.
Dusk se pasó la mano por el cabello, acercándose a
la barra como si le estuvieran extirpando el hígado, esperando
a que el camarero se acercase.
–Oye… ¿sabes si Reiji está aquí
esta noche? –preguntó, deseando huir.
–¡Uy qué camarero! –la chica se sentó
sin más en las piernas de su novio, que ya estaba pidiendo
una cerveza. El rubio la miró de soslayo, deseando meterle
la sombrillita de un abandonado cóctel en un ojo.
–Sí, está en la parte de atrás, pero
es una fiesta privada –le contestó el camarero, poniendo
la cerveza delante del otro chico –. Tú eres el que
vino con Reiji la última vez, ¿no? A lo mejor sale
dentro de un rato, aunque no sé...
–¿Buscas a Reiji? –una chica se colgó
de Dusk por detrás, como si llevaran años conociéndose
–Si quieres yo te llevo con él, puedo entrar en cualquier
lado... Pero tienes que darme algo a cambio, ¿eh?
El rubio la miró, sonriéndole levemente sintiéndose
aliviado pese a que no sabía muy bien por qué, si
realmente no quería verlo. ¿Para qué iba? Mejor
le hubiera sido irse a su casa y meterse en la cama con ochenta
kilos de marihuana.
–¿El qué? –preguntó después
volteándose.
–No sé, ¿qué tienes? –preguntó
la chica obviamente buscando sustancias especiales, sin quitarse
de encima, sonriendo.
Dusk suspiró, metiéndose las manos en los bolsillos
pero a parte de costo y éxtasis, no tenía nada más.
–Esto…
–¡Eso es suficiente! –exclamó la chica
de manera alegre, tomándolo de sus manos. En realidad, era
más de lo que había esperado conseguir –. Anda,
sígueme –lo llevó por el pasillo hasta una puerta
en la que había un encargado de la seguridad bastante grande,
y se colgó del hombre, reída –. Eh, traigo un
amigo...
–Es una fiesta privada, Leyla. Cuantas veces te lo voy a repetir.
Siempre haces lo mismo.
–Aaaandaa... Luego te lo pagó con creces, ¿no?
–Vaaale, pero sólo porque eres tú. Y que sea
la última –la reprendió el hombre, recibiendo
el beso agradecido de la chica y abriendo la puerta para dejarlos
pasar.
–¡Ven! –Leyla llevóó a Dusk de la
mano, introduciéndolo al oscuro salón, tan lleno de
luces extrañas y música como la parte frontal del
lugar, y casi tan abarrotado de gente, cada quien ocupándose
de su propio asunto. Se acercó al moreno que había
saludado a Reiji en primer lugar –. Eh, ¿en dónde
está Reiji?
–Está por allí, pero no molestes, está
con clientes –el chico señaló a la ensombrecida
esquina, en donde apenas se veía la silueta del chico, ahora
siendo penetrado por el castaño, mientras el rubio se concentraba
en sorber más droga, jugueteando con él de vez en
cuando, riéndose.
Dusk se quedó mirando aquello con el corazón como
si se le hubiese parado, claro ¿Qué creía?
¿Que iban a estar jugando a las cartas? Se rió un
poco, aunque más bien, llamándose de todo mentalmente.
–Gracias… –le dijo a la chica de todos modos,
mirando de pasada al moreno, preguntándose si sería
su chulo o si al menos se lo creía. Se quedó allí
de pie, parado sin saber qué hacer. Ahora sólo se
sentía mucho peor. Echó unos pasos atrás, mirando
un momento y sentándose en uno de los sillones al lado de
dos chicas que se estaban enrollando, así no lo molestaban.
Pero no podía dejar de mirarlo.
Se llevó las manos a la frente, apoyando los codos en sus
rodillas y mirándolo sin cesar. ¿Cómo pretendía
volver pronto? Es más, ¿Cómo pretendía
volver? Sonrió dañado, mirando a un lado y cogiendo
el trago de alguien, bebiéndoselo de golpe.
–¡Eh! –dijo el propietario. Le mostró “su
dedo especial”, perdiendo la mirada de nuevo en Reiji.
Las luces girando, la música machacante, el ambiente pesado
y lo que veía, sólo le hacían sentirse aún
más encerrado en una pesadilla.
El moreno levantó la mirada, observando de pasada el sillón
desde donde lo observaba Dusk, sonriendo un poco. Realmente estaba
colgado, no podía estar allí. El chico se corrió
dentro de él, gimiendo sonoramente, deslizándose fuera
mientras Reiji se dejaba caer sobre el regazo del otro. No tenía
ni idea de cómo iba a regresar, no se sentía muy bien.
Lo mejor sería pedir que lo acercasen. Cerró los ojos,
apenas escuchando las palabras que le dirigían.
El rubio se llevó la mano al pecho al ver cómo le
miraba y le sonreía, se sentía como si aquello hubiera
sido una puñalada. No, seguro que ni había notado
que estaba allí. Seguro que sólo le había parecido
que lo miraba. De todos modos, hizo ademán de levantarse,
sentándose de nuevo, pensando en lo que dirían aquellos
tíos si trataba de llevárselo.
Sentía un sabor amargo en la boca, y náuseas, sobre
todo eso. Se pasó las manos por el pelo una y otra vez, hundiendo
la cara en ellas. Finalmente se levantó, acercándose,
aunque le temblaba todo.
–Reiji… –lo llamó, apretando las mandíbulas
al llegar hasta él y verlo así, sin poder evitar mirar
a quienes se habían acostado con él.
–Reiji, parece que te buscan... –le mostró el
cliente rubio, sin inmutarse demasiado, a pesar de la mirada del
otro.
–¿Eh? –Reiji alzó la cabeza, confundido,
su sonrisa congelándose a pesar del sopor que lo embargaba,
abriendo los ojos como para estar seguro –¿Dusk...?
¿De verdad...? ¿Qué haces aquí? –de
pronto sentía el corazón latir como nunca. Se pasó
una mano por el rostro, consciente de su aspecto, limpiándose,
aunque no cambiaba nada.
–Vine a… No sé… –el rubio lo miró
a los ojos, pasándose una mano por la nariz –, a buscarte
– supongo, finalizó en su mente, con el corazón
latiendo a toda prisa en su pecho. Sentía que se le iba a
desbocar –. No te cabrees, sólo vine… Es muy
tarde –dijo, mordiéndose el labio, pensando un mar
de cosas.
–Yo no... No voy a cabrearme –contestó totalmente
confundido, mirando a sus clientes, como queriendo excusarse, aunque
ya había cumplido con su trabajo –. Supongo que...
debo irme.
–¿Seguro? ¿No te quedas un rato más,
Reiji? –le preguntó el moreno, abrazándolo con
gesto lastimero –. Tu amigo puede quedarse también.
–No... No, de verdad, tengo que irme –sonrió,
intentando ponerse en pie, y casi cayéndose al suelo.
–Bueno, toma –el cliente rubio le entregó el
pago, acercándose para besarlo, sonriendo –. Ojalá
se repita... –dijo antes de pasarle la camiseta.
Dusk lo miró sin ayudarlo. No sabía qué hacer,
pero no quería tocarlo. La verdad, le daba asco, el semen
le manchaba la piel, y había visto cómo el otro se
corría en su interior. Sintió nauseas de nuevo, ¿de
qué? ¿De haberlo hecho con él? Estaba demasiado
confundido, pensaba que era más fuerte, claro que, tampoco
había amado a nadie. Pero la imagen que tenía delante
era la de un perdedor. No sabía ni cómo no tenía
las mil y una enfermedades, y el aspecto que daba era deplorable.
Reiji se vistió como pudo, aún mareado.
–Ya. Sí, hasta luego –sonrió débilmente
guardándose el dinero en el bolsillo del pantalón
–Vámonos... –le murmuró a Dusk, sin poder
mirarlo a la cara. No le había mentido, sabía lo que
era, pero no había esperado que lo viese así. Y no
sabía por qué no le estaba gritando o algo. Aquello
era hasta peor, no sabía qué estaría pensando.
–Vete al baño y lávate un poco… –susurró
el rubio, finalmente cogiéndolo por la cintura, aunque aún
sentía bastante repulsión.
Lo acercó a la puerta del baño, quedándose
quieto, como esperando a que entrase.
–Sí, claro... –respondió extrañado,
entrando al baño sólo para quedarse mirando embobado
el lavamanos por un rato, observando luego su rostro en el espejo.
Se veía terrible, no sabía cómo Dusk aún
no salía huyendo. Se agachó, lavándose el rostro,
restregándolo tanto como podía, demasiado quizás.
Se secó a la ligera, saliendo del baño y apoyándose
en el marco de la puerta –. Ya.
–Vamos –Dusk lo cogió de nuevo por la cintura,
pasando al lado de Inoue y Maki –. Me voy a casa… –dijo
mirando de pasada a la pelirroja, que miró a Reiji, pensando
inevitablemente que Dusk estaba echando a perder su vida con ese.
Eso, si no acababa a saber de qué modo por estar con él.
No sabía cómo tenía el rostro de aceptar como
novio a alguien, y menos a alguien como Dusk. ¿Es que no
lo conocía, o es que le daba igual?
–Pues ve –respondió tosca la chica, mirando los
ojos rojos del rubio –. Es patético y tú más
por estar con él –dijo no obstante, saliendo cabreada
y arrastrando a su novio con ella, cogiendo los skates. Le pasó
el suyo al rubio y se largó, dirigiéndole una última
mirada de desaprobación.
Dusk apartó la vista, mirando al suelo y cargando a Reiji
un poco más. Sinceramente, no sabía ni qué
pensar. Sólo sabía que realmente sí se sentía
patético.
–No les agrado mucho a tus amigos –intentó bromear
el moreno, sonriendo débilmente, pero sin conseguir llegar
a posar su mirada sobre los ojos del rubio. Se sentía como
una mierda, tenían razón..., al menos con él.
Lo empujó un poco, suavemente, separándose de él,
a pesar de todo –. Creo que será mejor si duermo en
mi casa esta noche. Tú también ve a dormir, los niños
buenos no deberían venir a lugares así.
–¡No juegues a eso conmigo, imbécil! –el
rubio se quedó callado por sus propias palabras, como si
no supiera de dónde salían –No puedes coger
ahora y decirme que me vaya a mi casa, ¿crees que no sé
cómo te sientes? Puede que sea bueno, pero no soy estúpido
–lo miró a los ojos –. Tú no quieres que
te deje solo. Ni siquiera puedes mantenerte en pie. ¿Cómo
ibas a volver, eh? ¿Cómo crees que me habría
sentido si no hubieras vuelto, Reiji? Es tarde para ahora decirme
que fue un error aceptarme –sostuvo su mirada, sujetándolo
por los hombros.
–No importa... cómo me sienta –el chico bajó
el rostro, sin poder sostenerle la mirada –. Te lo dije, tenía
razón, ¿no? Esto es lo que soy, y no es como en las
películas. Es patético, como dijo tu amiga, y es feo,
y es...Y no fue un error para mí el aceptarte, te amo. Pero
fue un error para ti el aceptarme. Puedo pedir que me lleven, no
tienes por qué cuidarme, no es tu culpa, ni tu responsabilidad.
–Detente… para ya, Reiji. No vayas por ahí…
porque no puedes ignorarme, ni siquiera podrías dejar de
verme aunque quisieras. Ni yo a ti, ¿entiendes? Y no me importa.
No me importa nada. No debí ir, y no tienes derecho a mandar
sobre mis sentimientos, no he dejado de quererte. No voy a decirte
lo que sentí al verte, ni siquiera lo que siento ahora…,
porque ahora mismo no siento NADA, sólo pienso… pienso
y me siento confundido. Vas a venir a mi casa –sentenció
finalmente.
Reiji asintió, aún sin levantar la cabeza, más
que nada porque no quería mostrarle las lágrimas que
resbalaban ahora por su rostro. Se odiaba a sí mismo, era
una basura, una mierda, nada.
–Te amo, y no te merezco. Nunca lo hice –murmuró,
sabiendo que Dusk no le permitiría regresar a su propia casa
esa noche. Pero no le iba a sorprender nada, si al día siguiente
el rubio había cambiado de opinión.
–Lo que no te mereces es esto que te estás haciendo
–el rubio le levantó la cara, apartándole las
lágrimas con las manos –. Quisiera saber cual es la
parte buena de esto –dijo, tendiéndole el skate, o
más bien poniéndoselo contra el pecho, y cogiéndolo
en brazos –. Mañana ya hablaremos, cuando te enteres
de lo que te estoy diciendo, pero no te preocupes, no voy a abandonarte.
Cuando te dije que te quería, todas y cada una de las veces…
lo dije porque lo sentía. Te quiero… Ahora mismo no
sé si lo siento, pero tengo la certeza… –dijo
upándolo un poco más mientras caminaba.
–Era tan fácil... estando solo, era tan fácil
–murmuró, recostándose en su pecho a pesar de
todo, abrazando el skate como si se le fuera la vida en ello, cerrando
los ojos –. Nunca te he visto patinar, Dusk. Y ahora... –se
fue quedando dormido, sin poder controlarlo por mucho más
tiempo, seguro de que alguien estaba cantando, pero no era Dusk,
¿cierto? ¿Por qué estaría cantando Dusk?
Dusk lo miró en sus brazos, seguro de que lo que decía
no tenía sentido ninguno ni para él.
–Y ahora, ¿qué? –preguntó no obstante,
sin saber si estaba despierto o dormido –. Ya me verás
mañana, o cuando sea… –le aseguró, sintiendo
que poco a poco se iba desmoronando, y notando la mirada empañada
mientras abría la puerta de la casa.
Lo dejó sobre la colcha un momento y comenzó a desnudarlo.
Pasándose la mano por la nariz y sorbiéndose los mocos.
Reiji se movió sobre el colchón, murmurando algo ininteligible,
completamente entregado al sueño, una frase colándose
de pronto entre sus murmullos
–Eres muy bueno... –y volvió a sumirse en sus
incoherencias, sin que se aclarase si se refería a lo que
decía el rubio, o a quien sabe qué sueño que
estuviese teniendo.
Dusk lo miró, apretando las mandíbulas e imaginando
lo que andaría recordando, deseando taparle la boca con cinta
aislante y dibujando una sonrisa en los labios a pesar de que tenía
la cara cubierta de lágrimas. Si por el contrario se lo decía
a él, no le iba a parecer lo mismo después, cuando
lo metiera dentro a darse un baño de agua fría. Desde
luego, así no lo metía en su cama, el agua fría
era sólo para ver si se despertaba, lo estaba poniendo nervioso.

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