.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 52

"Aquel que piensa que lo sabe Todo, No sabe nada..."

Kiri aún examinaba los apuntes en la mano de Lorenz, aunque empezaba a impacientarse un poco. Le parecía que había pasado demasiado tiempo sin un solo evento. Continuó observando las líneas en silencio, analizándolas aunque ya las había leído más de una vez, notando que la escritura se le hacía borrosa, señal segura de que tenía los ojos cansados. Más cuando logró enfocar de nuevo, las letras ya no relataban los acontecimientos que habían estado estudiando, más bien, un montón de símbolos y garabatos que no parecían tener ningún sentido. – Lorenz sensei..... – dijo para atraer su atención sobre lo que veía. Y de pronto las figuras formaron una sola frase. “Aquel que piensa que lo sabe todo, no sabe nada” volviéndose a confundir entre garabatos extraños, haciendo sonreír al rubio. – Creo que comienza....

El moreno dirigió la mirada al cuaderno observando los borrones formar letras y frases tal vez incoherente o tal vez llenas de significado. Como sea, las observó atento para tratar de recordarlas y buscarles un sentido pero la mayoría no eran más que palabras sueltas y faltas de significado "la verdad". -No ha sido un comienzo muy espectacular teniendo en cuenta lo que nos han hecho esperar, comentó pese a todo, apartándolo delicadamente y levantándose ofreciéndole su mano para que la tomara y dejando el bloc de notas en el suelo. Sintiendo que se hacía un silencio pesado, aquel en el cual sólo escuchas tu propia respiración y la de quien está junto a ti. Lo miró sintiendo algo de frío y observó cómo el vaho salía entre los labios del rubio. Eso era normal según tenía entendido.

Kiri le sonrió, mirándolo de soslayo y observando de pronto u hilo de sangre resbalando por una de las comisuras en los labios del profesor. – Está....¿se da cuenta de que está sangrando? –le preguntó de manera casi formal, sintiendo que algo se enroscaba en su pierna y mirando abajo para observar una cantidad de serpientes que segundos antes no habían estado ni cerca, obviamente.

El profesor se pasó uno de los dedos en los que sujetaba el cigarro rozando la sangre, comenzando a sentir el sabor metálico en su boca. Pero se sentía perfectamente bien, exceptuando lo que estaba observando y notando la tenue presión de una de las corales que se enrollaba en su pierna, el color de las escamas rojas, negras y amarillas brillando, se preguntaba si era mordido aquel veneno podía matarlo. Cosa que dudaba, pero a los demás aquellas ilusiones les habían afectado como si se tratase de la mismísima realidad. Sintió como otra de ellas se enrocaba por encima de la coral deslizándose sinuosa -¿Sabe que usted me recuerda a un áspid?- preguntó, tratando de no alarmar a los animales a pesar de sentirse un tanto impulsado a sacárselas de encima.

- ¿De veras? – Kiri lo miró intrigado, agachándose para recoger una de las serpientes, como si nada, colocándola al lado de su rostro. - ¿Cree que nos parecemos? – la misma se enroscó en su brazo, deslizándose tranquilamente y lanzándose al suelo, alejándose, mientras las demás la seguían casi formando un camino, como si les señalara que debían seguirla.

Lorenz sonrió fascinado por el rubio y sintiéndose incluso dañado por un golpe de excitación ante aquella visión -Cada tengo más claro su parecido… y… me está usted seduciendo… aún sin hacerlo adrede … o al menos eso he de suponer… - sonrió levemente observando cómo los reptiles se desprendían de su pierna para seguir aquel sinuoso camino resbalando unas sobre las otras -Sigámoslas… - dijo invitándolo con la mano y apoyando la mano en su cintura caminando a su lado.

- Creo que debe concentrarse más en lo que está sucediendo ahora.... –le insinuó el rubio aunque sonriendo, a la vez que seguían a las serpientes, hasta girar en una esquina para encontrarse con un pasillo largo, en penumbras, con un montón de puertas a los lados, pero ya no había ni rastro de las serpientes.

-No se preocupe por mí, puedo atender a mi cuerpo y a mi mente a la vez …- miró alrededor subiéndose las gafas y aflojándose la corbata, comenzando a caminar por el pasillo preguntándose qué clase de juego era aquel o si tendría alguna lógica -¿Alguna sugerencia?- dijo abriendo una de las puertas para encontrarse la pared, la tocó pero era firme. Se volvió hacia la de enfrente descubriendo lo mismo.

- Hummm......no realmente. Podríamos quedarnos aquí y ver si nos obliga a hacer algo, como a Arai y Kinsei. – le parecía lo más lógico, ya que presentía que sólo una de las puertas llevaría a algún lado realmente. Hasta ahora, parecía estarlo tomando con calma y eso era extraño. – Y permítame preocuparme por usted si así lo deseo.

-Oh… hágalo entonces…- el moreno sonrió extrañamente sin poder evitarlo, en parte por el hecho de que se preocupase por él y en parte por su manera de decirle que hacía lo que deseaba -Podríamos quedarnos y esperar… pero…- deslizó un dedo por sus labios pensando y sonrió -¿no siente curiosidad?

- Mucha, pero tampoco deseo correr en círculos sin ton ni son. – respondió, vigilando a su alrededor. Estaría en su territorio, pero tampoco pensaba cederle el control completamente, ni entregarse al pánico.

-Ni quedarnos esperando aquí toda la noche… - se pasó las manos por el cabello echándolo hacia atrás impaciente de que algo ocurriese de una vez y las puertas se cerraron de golpe todas una vez más. El moreno se volvió a mirar la que estaba a su espalda y entonces lo sintió, miró hacia el fondo del pasillo viendo una silueta blanca de cabellos dorados salir de una de las puertas y sonreír mirándolos corriendo a la puerta contigua -Diría que esta vez es el escondite…

"Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda…." La cancioncilla infantil como tantas otras veces, sonó invadiendo la habitación al completo, la inocente voz sonando extraña y cruel en aquella estancia. Risas de niños.

-Por aquí, por aquí… vamos…- dijeron ahora unos cuantos niños correteando de nuevo de puerta en puerta, cerrándolas a su paso.

- Entonces....escondámonos – asintió el rubio, claramente intrigado y de mejor humor, decidiéndose por entrar tras aquella puerta en la que habían visto la primera silueta, sin saber por qué. Apenas hubo empujado la puerta, un niño lo sujetó de la mano, entre risas, halándolo. – Ven! Detrás del escritorio!!! – exclamó, agachándose a continuación, llevando a Kiri con él.

El moreno miró la escena extrañado y los siguió un tanto incómodo de tener que meterse allí, además de que el espacio no era lo suficientemente grande para él. Le dirigió una última mirada al rubio como pidiéndole que tuviera cuidado.

Pasó de largo, escondiéndose tras uno de los armarios y sonriendo, pensando en lo ridículo del asunto haciendo esa clase de cosas a su edad y … no soportaba a los niños… Se giró al sentir que tiraban de la manga de su camisa y observó a un morenito que le hizo una seña para que se agachase.

Lo hizo para ver qué deseaba decirle -¿Qué ocurre?

-Shh…- se rió un poco tapándole los labios y escondiéndose tras él -Hay más aquí…- dijo con una risita -que los coja a ellos…- dijo entonces con ese trazo de maldad y egoísmo inocente que sólo los niños poseían.

Se escucharon los pasos de la rubia saltando por las habitaciones y abrió la puerta de pronto -¿Dónde estáaaais?- Preguntó canturreando y riéndose como nerviosa, las tijeras colgando de su mano -Ahí voooy

Kiri permaneció agazapado, observando tan sólo los tobillos de la rubia, mientras buscaba por la habitación. Sin embargo, el niño que se escondía a su lado, empezó a reír de pronto, primero bajito, cada vez más alto, delatándolos. Y por úlitmo, simplemente levantándose alegremente, exclamando. – Aquí! Aquí! Aquí estamos! Quiero ser elegido!

Antes de que el rubio pudiese hacer nada, el cuerpo del pequeño, cayó frente a él, obviamente acuchillado por aquellas tijeras, ensangrentado y con una expresión de éxtasis y demencia a la vez en el rostro. El rostro de la chica apareció ante él, ahora guindada por encima del escritorio, sonriendo. Kiri! Te encontré! – exclamó, blandiendo las tijeras y clavándolas a un lado de su cabeza.

El moreno salió de detrás del armario al escuchar el nombre del rubio.

-No salgas…- el niño le agarró la camisa entre asustado y reído. Lorenz le sonrió soltándose y observó la escena mirando al chico muerto y a la niña en el escritorio. Se acercó en silencio apoyando la mano en su espalda y haciéndola quedarse pegada al escritorio. Arrancó las tijeras de la pared observando al rubio y después a la niña notando como los demás comenzaban a espiar lo que sucedía.

Lorenz se la llevó arrastrándola con las manos a la espalda mientras se revolvía y la puso delante de él cogiéndole una mano y abriendo las tijeras colocando los pequeños dedos entre los filos -Veamos… ¿cortamos unos cuantos?- preguntó comenzando a cerrar las tijeras -¿Dónde están mamá y papá?...- preguntó con cierto tono socarrón.

Kiri se fue acercando, de pronto viéndose rodeado por los demás niños, como si de una guardería bizarra se tratase, algunos aferrándose a su ropa y otros escondiéndose tras él, como si fuera su protector, cosa que desde luego, no pensaba ser. La niña seguía revolviéndose, lloriqueando como aterrorizada, súbitamente deteniéndose, y sonriendo macabramente, respondiendo. – Detrás de ti.... – Una enorme sombra negra empezó a formarse tras el profesor, casi oscureciendo la habitación. Algunos de los niños empezaron a gritar y tratar de huir, al ser tragados por esta, mientras que otros reían y alzaban los brazos jubilosos.

-¿Y detrás de ti?- le preguntó a la rubia el profesor que aún sostenía su mano y se volvió levemente pensando en la risa que le estaba entrando a la niña y lo irritante que era, sin poder evitar cerrar la tijera rasgándole todos los dedos y apartándola de ella -Corre… - le mando empujándola hacia el vacío -Te está llamando…- aseguró con la tijera en la mano apretando el metal y observando la sombra intrigado -¿Qué cree que sucedería si llegara a tragarnos?- preguntó sonreído -Creo que no siento la suficiente curiosidad como para quedarme a averiguarlo… - confesó, sintiendo aquello un tanto inquieto al notar cómo se expandía más y más.

- Huyamos entonces. –accedió el rubio, ahora tirando él de la mano del profesor, corriendo, aunque no muy seguro de que podrían escapar de aquello. – No moriremos, ninguno de los otros ha muerto. Pero tal vez se trate de supervivencia.

-Eso es mucho decir… tal vez ellos jugaron bien sus cartas y nosotros no …- el profesor, que había dejado la mano suelta le agarró la mano corriendo a su lado y notando cómo las puertas se iban abriendo de golpe tras ellos dejando expandir esa oscuridad de ellas. Se detuvo un momento deteniendo al chico -No… esto sólo es lo mismo de siempre… esta oscuridad pesada…- dijo recordando aquella vez cuando Sachi había muerto. Apoyó una mano en la pared sintiendo el tacto baboso de la sangre resbalando por ella -Corriendo sin sentido no haremos nada…

La rubia salió a medias de aquella oscuridad siendo absorbida de nuevo por ella, montones de pequeñas manos sujetándola y tirando de ella hacia dentro. -Esconderos…- susurró.

- Parece que quiere que nos escondamos. – comentó en un tono algo sarcástico, el chico, pasándose ambas manos por el cabello. No le veía sentido a nada de eso. Una de las puertas se abrió, la silueta de Kinsei asomándose por ella, haciéndoles un gesto. – Por aquí.....van a llegar tarde.

-Eso parece… - el moreno observó a Kinsei claramente, sabiendo que no se trababa de él para nada y decidiendo seguirlo de todos modos -Bueno… parece que ahora llega el momento en el que nos enfrentamos a los demás… como les sucedió a los otros.

Arai era quien estaba frente a ellos ahora, amordazado con un paño negro, la sangre seca de haber corrido por su boca y su cuello. Comenzó a abrir portón tras portón hasta llegar a una enorme sala donde Kinsei esperaba al fondo como si siempre hubiera estado allí.

- Arai, muéstrales sus asientos.... – ordenó Kinsei casi como si fuera su esclavo, mientras el moreno los guiaba caminando a paso de zombie hacia unos asientos que más bien parecían tronos, forrados de terciopelo rojo. Reiji salió súbitamente tras uno de ellos, sonriendo.

-¿Les gustan? Los pinté yo mismo..... – sonrió emocionado, mostrándoles sus brazos, con las muñecas cortadas, de cuyas heridas no dejaba de salir sangre.

Dusk tras él, sonreía, lamiendo un corte en su cuello con el cuerpo marcado y apretado por pesadas y gruesas cadenas. Atado a una de las patas de los asientos como si de un perro se tratase.

Lorenz se dirigió hasta su asiento notando la piel humedecida por la sangre del moreno y se sentó sin más, mirando al chico sabiendo que no era él. Aún así era realmente extraño verlo tan blanco y lívido -Un color único…- contestó el profesor mirándolo y notando que se le empapaba la piel de sangre a través de la tela, preguntándose qué demonios ocurriría ahora.

El moreno volvió junto a Kinsei arrodillándose a sus pies como si no existiera más que para obedecer sus órdenes. El profesor miró a Kiri pensando que estaba demasiado callado, ni tan siquiera opinaba nada, el que estuviera asustado le parecía lógico, tampoco él estaba relajado. Pero estaba actuando de un modo demasiado … extraño para tratarse de él.

- ¿Ves? Le gusta, te dije que le gustaría – Reiji se rió con Dusk, emocionado de más, casi saltando con él, y extendiendo una mano hacia el profesor, como si se tratara de ser amable. - ¿No quiere probar un poco?

El rubio simplemente se sentó en el otro asiento, empapándose con la sangre, sin prestarle atención a ese hecho, observando a los demás, sintiéndose un poco mareado.

- Kiri, si no juegas no podemos continuar con la ceremonia..... – comentó serio Kinsei, de pronto tomando las manos de Arai y colocándolas alrededor de su propia garganta, mientras le desataba la mordaza para besarlo, la sangre inundando su boca.

El profesor tomó su mano besándola y deslizó la lengua por su muñeca siguiendo aquel bizarro juego del que no comprendía nada en absoluto, sólo sentía como si fueran los invitados de honor a una extraña ceremonia -Exquisito…- dijo hilándolo con sus pensamientos y sonriendo, dejando salir la mano de la suya.

Dusk tiro de él, atrayéndolo y arrastrándose a cuatro patas por el peso de las cadenas, haciéndolas provocar un fuerte sonido al arrastrarse. Lorenz observó cómo Arai y Kinsei se besaban, la sangre derramándose entre los labios de ambos, las manos de Arai apretando el cuello de Kinsei hasta hacerle poner los ojos en blanco soltándolo entonces y haciéndole provocar una carcajada al chico que volvía en sí.

Se sentía como preso de un sueño alcohólico -Kiri…- dijo llamándolo y sintiéndolo como traspuesto.

- ¿Sí...? – el rubio giró el rostro, mirándolo como ensueñado, los ojos se le cerraban sin poder evitarlo, casi durmiéndose ya.

- ¿No es adorable? – preguntó Kinsei, ahora con el rostro ensangrentado también, sonriendo y acariciando la mejilla de Arai. - ¿No sería agradable sentir esto siempre? – preguntó, pasándose las manos por el cuello marcado con los dedos del moreno y acercándose a los asientos, mientras Dusk y Reiji se besaban y sobaban en el suelo, uno encima del otro, con el mismo recato que un par de animales salvajes.

De pronto, Kinsei alzó una mano, abofeteando con fuerza a Kiri.

- Ey! Pero..... – el chico abrió los ojos inmediatamente, sumamente molesto, pero notando que no podía levantarse del asiento.

Lorenz desvió la mirada de la pareja en el suelo pensando que esos ya fuera reales o no, se comportaban casi del mismo modo y observando a Kinsei levantar la mano una y otra vez contra el rostro del rubio sin dejar de abofetearlo -Descúbrelo!- le ordenó al moreno que se acercó al rubio partiéndole la camiseta. Trató de levantarse sin poder moverse en lo más mínimo tampoco.

Arai le sujetó el pelo al chico echándole la cara hacia delante casi incrustándola entre sus piernas y descubriendo su nuca con el tatuaje en la espalda. Lorenz lo observó sin saber qué sucedía con aquello.
Fue entonces Dusk quien se levantó siguiendo a Reiji quien portaba una enorme espada en sus manos, serpientes recorriéndola y enroscándose tanto en ella como en el mismo moreno. El chico dejó escapar un gemido cuando una de ellas se deslizó entre sus nalgas y rió después aún cargándola lentamente con Dusk a su paso tras él ahora las cadenas prendidas al tobillo de Reiji.

El rubio intentó levantarse aún, sin conseguir nada y demasiado orgulloso como para quedarse callado, sonriendo cínicamente contra sus piernas. – Si no tiene efecto, no tiene sentido que lo hagas. Y si tiene efecto, no conseguirás cortarlo.....- se sobresaltó un poco al sentir el frío metal de la espada contra su espalda, y escuchar la risa de Reiji.

- Pero es divertido..... y no duele casi nada, a menos que estés vivo, claro.

Kinsei le entregó otra espada a Dusk de pronto, empezando a reírse al unísono con Reiji. – Luego puedes cortarle algo a Lorenz sensei. Será como una tarea extra.....

Lorenz abrió los labios impresionado con aquello y lo peor es que no podía moverse ni hacer nada, pensando de paso en que se vengaría en la vida real como… tarea extra -¿Esto es una ceremonia? ¿Están muertos?- preguntó tratando de llamar la atención sobre él.

El rubio se levantó con dificultad, aunque sonriendo abiertamente y alzando la espalda bajándola contra el cuello de Kinsei y deteniéndola con un golpe seco contra su cuello, que sólo rascó su piel aunque golpeándola. Se rió de nuevo, apoyando la punta de la espada entre sus piernas inclinándose atrás y adelante con los brazos sobre la empuñadura, rozando los genitales de Lorenz en cada movimiento. El moreno sintió el afilado objeto contra su cuerpo sin poder moverse -¿No van a contestarme?

-Que lo haga Arai… propuso el rubio con una sonrisa que se transformó en carcajada general, salvo por el propio Arai que seguía serio tras Kinsei.

- Arai, ¿no quieres acercarte y contestarle? – le preguntó cariñosamente Kinsei al moreno, invitándolo con una mano, todos los demás riendo.

Kiri sintió una de las serpientes deslizarse por la espada, bajando por su cuerpo que permanecía inmóvil, aunque agitado por supuesto, mientras Reiji seguía riéndose con el afilado metal tocando su piel. El moreno continuó en sus carcajadas, “accidentalmente” haciéndole una cortada superficial, la sangre siguiendo el rastro de la serpiente, mientras el chico se mordía el labio con fuerza para no protestar, maldiciendo interiormente y sintiéndose mareado de nuevo.

El moreno se acercó al profesor como si aquellas palabras de Kinsei fueran la única verdad absoluta para él y besando al profesor. Lorenz trató de apartar la cara pero el moreno lo sujetó con ambas manos presionando su cuello como había hecho con Kinsei y derramando su propia sangre dentro de la boca del moreno. Manaba ahogándolo sin darle tiempo a tragar como si jamás tuviera fin, deslizándose y atragantándose en su garganta de manera asfixiante. Entrecerró los ojos sintiendo que perdía el sentido cuando el moreno lo soltó, tosió mirando hacia abajo y vomitando la sangre del chico preso de las arcadas. Escuchó las risas a su alrededor, sintió las manos de Reiji tocándolo pero ya no veía ni oía bien, todo se sentía lejano. Distante.

- Basta! – Kiri gritó de pronto, hartándose ya de tanto juego. No le veía el sentido y no se sentía muy bien. Aquello lo enfadaba, más allá del temor que sentía, que por cierto, tampoco lo hacía muy feliz. Se puso de pie, súbitamente, capaz de levantarse de la silla, observando cómo Arai besaba a Lorenz, mientras Reiji se acariciaba con ambos, ahora introduciendo la mano dentro del pantalón del profesor para tocarlo, riendo. Salió corriendo, sin que nadie hiciese nada por detenerlo, empujando a Dusk y arrebatándole la espada. Reiji saltó de pronto justo como el niño de las escondidas, gritando.

- A mí! A mí! Quiero ser el elegido!!!!! – aún riendo mientras Kiri lo atravesaba con la espada, clavándola al suelo., el cuerpo del moreno resbalándose por el filo, botando sangre por la boca y por el estómago, retorciéndose, sin dejar de reírse. Alzó la mano hacia el rubio, murmurando entre la sangre. - ¿No quieres....ser...como yo? – quedándose inerte.

Kiri retrocedió un paso, notando que ahora Dusk y Arai lo miraban atentos como un par de gárgolas, desde los lados del trono en donde se sentaba Lorenz. Unas manos cubrieron sus ojos, la voz de Kinsei susurrando en su oído. – Y ahora es la parte del show, en la que se separan.

 
 

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