Capítulo
48
Algo en qué Creer
El rubio bajó las escaleras del gimnasio
a toda prisa, deslizándose por el pasamanos con la mochila
al hombro y bostezando al llegar abajo. Además, le dolía
la cabeza. Llamó a la puerta dos veces, pegándose
en la frente después con la misma, llamándose bobo
a sí mismo y abriendo. Ni que fuera la habitación
de un hotel, habría que estar chalado para pegarse el lote
en un momento como ese.
–Hola… –el rubio saludó desde la puerta,
y Arai lo miró, aún sin levantarse de donde estaba
sentado abrazando a Kinsei. No se fiaba, y no sabía si ya
era de día o no –. Oye… Arai, tío, me
estás creepeando. Habla de una vez o me piro. Al menos muéstrame
la lengua…
Kinsei alzó el rostro, mirando igual de desconfiado a Dusk.
–No vamos a caer dos veces en el mismo juego. Te voy a matar
así tomes la apariencia de quien sea.
–Vaaale. Veo que no habéis pasado una buen noche –el
rubio lo miró, retrocediendo un poco. Las cosas no estaban
como parar tomarse una amenaza así a la ligera –. Mirad,
yo sólo vine a deciros que ya es hora de que podáis
salir. Así que, me abro… –Dusk, sin importarle
si quedaba de cobarde o no, echó a correr escaleras arriba
de nuevo, agarrándose al pasamanos para impulsarse e ir más
rápido –. Joder… –murmuró.
El moreno le pasó la mano por el hombro a Kinsei, apoyando
la frente en él.
–Creo que sí era Dusk –sonrió sin poder
evitarlo –, porque si no, no se habría largado así
de cagado.
–¿Crees? –el chico alzó el rostro, ahora
avergonzado, debía creer que era un psicópata –Tendré
que disculparme luego –murmuró, sonriendo por fin,
aliviado de que aquella noche hubiese terminado.
–Yo creo que él ya lo comprende. Sólo estaba
asustado –el moreno se levantó, alzándolo con
él y pasándose la mano por la cara.
Aquello había sido horrible. No sabía exactamente
por lo que habían pasado Reiji y Dusk, pero él comenzaba
a hartarse de todo.
–No importa, de todos modos me disculparé. No sabía
que era él –le apretó la mano como indicándole
que quería salir de allí enseguida, agregando luego
–. Y también... debo disculparme contigo.
–¿Conmigo? No –el moreno salió del almacén,
cerrando la puerta a su espalda y pasándose la mano por el
rostro, cansado. Miró a Kinsei de soslayo, observando la
mala cara que tenía. Era de esperar tras lo que habían
pasado, en realidad se preguntaba si habría dormido al menos
un poco.
–Sí, contigo. Por la forma en la que me comporté
allí dentro... –le sonrió, desviando la mirada
luego avergonzado –. Y por abofetearte, no lo hice por...
Estaba histérico. Me molesté contigo... por decir
eso –añadiendo sin embargo, bastante serio –.
Nunca vuelvas a decir algo como eso, por favor.
–De esa forma sólo consigues que cuando lo piense de
nuevo no lo diga –el moreno lo miró, deteniéndose,
y lo abrazó, apoyando la espalda en el pasillo junto a la
puerta de la salida trasera del edificio. Le besó el pelo,
cansado –. Yo también estaba histérico, hiciste
bien… –dijo el moreno pese a que por poco se la había
devuelto. No soportaba que nadie le pusiera una mano encima, con
su padre le llegaba, mejor si ni lo tocaban. Claro que, con él
era diferente.
–Bien, entonces puedes pedirme que te mate todos los días
si quieres, y yo te seguiré abofeteando. Así podemos
hacernos daño mutuamente –le contestó molesto
porque pudiese pensar en algo así. ¿No era él
quien le había dicho que haría lo que fuera necesario
por sobrevivir? Sin embargo, no quería pelear, no en esos
momentos. Más bien, quería dejarse caer sobre una
cama y quedarse allí el resto del día. Si era posible,
con Arai –. Lo... Lo siento, aún estoy alterado.
–Tranquilo –el moreno lo miró suspirando. No
soportaba que le dijeran lo que tenía que decir y lo que
no, pero no iba a decir nada, no estaba por la labor de enfadarse
–. No vas a ir a clase. Ven conmigo a mi casa. Si tu madre
te ve así le dará un infarto además.
–Sí, quiero estar contigo –respondió cabizbajo,
aunque esbozando una tenue sonrisa.
–Vale. Ahora no hay nadie en casa –Arai se apartó,
llevándolo al exterior, sujetándolo de la cintura
y caminando en silencio, tratando de no reparar demasiado en las
miradas que la gente les echaba a causa de su aspecto –. Deberíamos
buscar un modo de detener esto en lugar de seguir obedeciendo. Estoy
cansado…
–Estoy de acuerdo. Además, si seguimos así,
terminaremos matándonos, ¿no crees? –lo observó,
sin estar muy seguro de si se refería a que estaba cansado
en ese mismo instante, o si era por la situación, pero daba
igual, las dos cosas eran agobiantes –. Aún no le he
preguntado al profesor Lorenz por qué estaba cerrado el almacén.
Siempre lo olvido.
–Tal vez no lo sepa. Si no, probablemente ya nos lo habría
dicho. De todos modos, en lo que Reiji y Dusk contaron, explicaron
que ya hubieron otros antes que nosotros que usaron esta guija.
Tal vez se descubrió que se habían cometido crímenes
o algo así, y por eso lo cerraron. No lo sé, pero
no hay nada que se haya guardado recientemente. Todo se ve mugriento.
–De nuevo tienes razón, soy tonto –comentó
Kinsei, cohibido por haberse aferrado a eso como si fuera la solución
de todo –. Pero ya no sé lo que es real y lo que no,
si nos muestra el pasado, o... sólo se burla de nosotros.
¿Y qué pasa con todos esos juegos infantiles? –suspiró,
obviamente exhausto –Si esos niños realmente están
ahí... deben estar muertos, ¿no? Los mató...
¿Los hizo matarse? ¿Queda alguno vivo? ¡Ah!
–se sujetó la cabeza frustrado, enterrando un poco
los dedos por entre el cabello.
–No sé la respuesta a ninguna de esas preguntas…
–el moreno abrió la puerta de la casa, caminando por
los silenciosos y vacíos pasillos hasta entrar en su cuarto,
cerrando con pestillo luego de que entrase el Kinsei –. Imagino
que esos niños pequeños fueron los primeros en utilizar
la guija. Eran muchos, supongo que… no sé, tal vez
perdieron la cabeza hasta convertirse en lo que has visto. Pero
tal vez alguno haya sobrevivido. No lo había pensando –se
quitó la camiseta, sentándose en la cama, o más
bien, dejándose caer agotado, bajando la cabeza y entremetiendo
los dedos en su cabello negro.
Kinsei lo imitó, quitándose la camiseta también
y sentándose a su lado, acariciando su espalda con dos dedos.
–Estás muy maltratado... –murmuró, observando
los golpes y las cortadas superficiales, que si bien no era la gran
cosa, para él eran importantes –Vamos a averiguar qué
sucedió, y vamos a buscar la manera de salir de esto.
El moreno le sujetó la mano, besándola. Le sonrió
levemente, llevándolo con él a la cama y girándose
de medio lado. Lo abrazó con fuerza, acariciándole
el cabello para apartárselo de la cara.
–¿Realmente crees eso? –pregunto, mirándolo
serio.
Kinsei en cambio, le sonrió como para aligerar la situación,
hundiéndose más en el colchón.
–No tengo otra opción. Es eso o creer que todo seguirá
igual hasta que muramos o nos mate. Y si ese es el caso, ya podríamos
ahorrarle el trabajo ahora –extendió una mano, acariciándole
también el rostro, pensativo –. Pero no haremos eso,
¿cierto?
–No creo –el moreno lo miró, tapándose
con la sábana y cerrando los ojos a sus caricias, abrazándolo
más contra él –. ¿Y si nos volvemos locos?
Como lo que le sucedió a Dusk… empezamos a perder el
control, y acabamos haciéndonos daño los unos a los
otros.
–Entonces tendremos que encontrar una solución antes
de que eso pueda pasar –Kinsei lo miró, preocupado
–. Yo no creo que ni siquiera así, podría hacerte
daño. Creo que me daría cuenta.
–Reiji le hizo daño a Dusk cuando se sintió
poseído.
–Ya lo sé –el chico bajó la cabeza entre
las sábanas, deseando creer en lo que había dicho
antes –. Pero... anoche me sentí bien por un momento,
y vi a Sachi. Me dijo que si me quedaba allí, siempre me
sentiría así. Y lo pensé, seriamente lo pensé,
pero escuché tu voz. Y luego... se supone que debía
tirarte piedras para poder salir de aquel lugar. Y tampoco lo hice,
¿no? –se escondió aún más, deseando
poder escapar de la realidad –Ya sé que soy débil,
pero puedo ser fuerte al menos en eso, ¿no? Por ti.
–Tienes razón, eres muy fuerte. Si no fuera por ti,
seguramente habríamos muerto. No, yo habría muerto,
me habría dejado matar. Estaba cansado. Aún lo estoy,
de todo –se acercó, apoyando los labios en la frente
de Kinsei, acariciándole la nuca, y pasó la mano por
su hombro, tocándolo con suavidad –. Dime que me quieres.
–No, no soy fuerte, sólo por ti –insistió
necio, abrazándose contra él luego, y cerrando los
ojos, sintiendo su calor ahora que podían estar tranquilos
–. Te quiero, Arai. Más que a nadie en el mundo.
El moreno cerró los ojos, sintiéndose extraño.
Lo abrazó aun más, hundiéndose un poco en las
sábanas y llevándoselo con él en un beso suave.
–Es verdad. No vamos a morir. Te protegeré como te
prometí.
–Y yo cuidaré de ti –susurró, pensando
en que incluso si moría, quería seguir cuidándolo,
por absurdo que aquello pareciera, y añadiendo –. Por
siempre.
–¿Crees en algo, Kinsei? ¿Crees que existe Dios?
–no podía evitar que le asaltasen aquellas dudas siempre
que pensaba en la muerte –¿Crees que existe el alma?
–sus ojos marrones lo observaron fijamente, separándose
apenas un poco de él.
–Pues... sí –contestó extrañado,
devolviéndole la mirada –. Creo que existe el alma,
y creo que existe algo. No sé si lo llamaría Dios,
pero... sí, creo que hay algo más grande que nosotros.
¿Y tú, Arai? ¿Crees en algo?
–Creo que cuando te mueres todo se acaba. No queda nada, ni
tus pensamientos, ni tu cuerpo… ni nada. Al menos eso creía
hasta ahora –el moreno lo miró fijamente –. ¿No
crees que pensar en el cielo es sólo un consuelo? El pensar
que seguirás con los que quieres a través de la muerte.
–No me importa. Nadie sabe qué sucede después
de la muerte más que los muertos, ¿cierto? Así
que... podemos creer lo que queramos –bajó la mirada,
cohibido, seguro que Arai pensaba que era un infantil –. De
todos modos, no me importa el cielo. Yo sólo quiero estar
junto a ti.
El moreno lo abrazó de nuevo, dándolo un poco por
imposible. Sonrió de pronto, mirándolo. Abrió
la boca como para decir algo, simplemente besándolo después.
–Duerme, yo te cuidaré.
–Vale, pero tú duerme también. Necesitas descansar
–respondió severo el chico, aunque sonriendo luego
a la vez que se abrazaba más a él.
–Trataré… –replicó Arai, sintiendo
un calor agradable al notar cómo lo abrazaba con más
fuerza.

Sigue Leyendo
|