.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 47

Here Comes the Fear Again

Kinsei entreabrió los ojos, sin saber qué lo había despertado. Miró a su alrededor sin salir de los brazos de Arai y escuchando el suave sonido apagado de la música que viajaba a través de los audífonos del moreno. Seguro era eso. No sabía cuanto tiempo se habían quedado dormidos ni se creía que hubieran podido hacer algo así, pero en su fuero interno rezaba porque ya la noche se hubiera terminado y en cualquier momento apareciese Dusk en la puerta, haciendo alguno de sus chistes. Se levantó un poco, acariciando el cabello de Arai y sonriendo al verlo dormir tan profundamente, ahora era su turno. De pronto escuchó lo que en realidad lo había traído de vuelta a la conciencia, un golpe como de algo pesado cayendo, cadenas....permaneció en silencio escuchando, conteniendo la respiración, y justo cuando empezaba a relajarse de nuevo, allí estaba, contundente, como declarando que no era una casualidad, que no podría achacarlo a su imaginación. – Arai, Arai, despierta..... – lo sacudió ligeramente, susurrando como para que no lo escuchase nadie más.

El cuerpo del moreno se cayó a un lado, rodando de frente como inerte y entreabrió los ojos apenas un poco, abriendo los labios para hablar, logrando que un fino hilo de sangre bajara por la comisura de estos sin lograr articular sonido alguno y comenzando a derramar más y más sangre por la boca, cerrando los ojos como si fuera demasiado peso como para soportar el mantenerlos abiertos.

-¿Qué pasa?- preguntó el chico mirándolo a los ojos observando su rostro descompuesto por el horror sin comprender por qué lo miraba asi -Kinsei…- lo sacudió del hombro como para hacerlo volver en sí.

- ¿Que.....qué pasa?! – le preguntó de vuelta, con los ojos completamente abiertos, ya completamente alterado, sujetándolo por los hombros, como revisándolo para asegurarse de que estuviese bien. – Estabas sangrando! Y.... ¿No escuchas eso?! – exclamó casi temblando al escuchar aquel golpe de nuevo ahora mucho más cerca, y sin querer ni voltearse a mirar.

El moreno lo miró confundido un momento y enderezándose después seguro de que debía de haberse despertado de una pesadilla, apagando la música y escuchando. Pero apenas tuvo tiempo de escuchar las cadenas arrastrarse pues pronto estas chocaron contra la madera de la puerta con suma fuerza retumbando en el cuarto. El moreno no pudo evitar sobresaltarse por aquel sonido que había cortado el silencio y se levantó, arrastrando a Kinsei con él -Ayúdame…- dijo arrastrando uno de los armarios hacia la puerta para atrancarla.

Lo empujaron apenas un poco volviéndose para ver que la puerta estaba ahora al lado contrario -BLAM!- de nuevo las cadenas sonaron metálicas contra la madera astillándola y el moreno se quedó parado sujetando la mano de Kinsei sin saber qué hacer. El sonido parecía ahora llegar de todas partes y se girase hacia donde se girase, no dejaba de ver la puerta en la pared como si todas las paredes fueran la misma -BLAM!- se escuchó de nuevo restallar en todas y cada una de las puertas.

- Es inútil..... – se desesperó el chico llevándose la mano a la cabeza. Incluso si conseguían tapar la puerta, sólo lograrían encerrarse allí, ¿no? SE abrazó a Arai, asustado, sin dejar de girar la cabeza constantemente para observar las puertas sin saber de donde provendría el peligro. – BLAM! – se escuchó de nuevo, ahora con más fuerza y todas las puertas se abrieron a la vez, dejando entrar un viento gélido, súbitamente toda la habitación llenándose de nieve helada, que empezó a arremolinarse a su alrededor como pequeñas tormentas.

Arai entreabrió los labios respirando con fuerza por lo agitado de su corazón en el pecho y el vapor salió blanco entre estos -Salgamos de aquí…- le sujetó la mano al moreno tratando de caminar hacia la salida, pero el viento los empujó hacia atrás de nuevo con una inusitada furia, golpeándolos a ambos contra la pared a su espalda. El moreno se quedó en el suelo a donde había resbalado por el dolor en su espalda tosiendo violentamente. No sabía qué hacer, sólo quería que eso acabase, pero desde luego, eso no era algo que estuviese en su mano.

Entonces lo observó a lo lejos acercándose, se trataba de Lorenz sensei… cubierto por aquella túnica, la capucha ensombreciendo su rostro ¿Qué demonios llevaba entre cadenas? La capa ondeó violentamente con las ráfagas de viento dejando observar a Reiji atado por estas y algo ensangrentado, desnudo… Se estaba riendo… riendo sin parar…

- Re...Reiji? – Kinsei se aventuró a preguntar, con los ojos como platos, aferrándose al brazo de Arai, aún en el piso sin moverse. Se estaba helando además.

El chico se siguió riendo, revolcándose un tanto en el piso, tiñendo la blanca nieve con su sangre, que poco a poco se extendía por la superficie congelada, y acariciándose con la pierna del profesor, como si realmente se tratase de un animal. De pronto se detuvo, mirándolos fijamente, y dirigiéndoles la palabra en una voz que era la de Reiji, pero a la vez no lo era, como si tuviese un trasfondo extraño. – Soy el sacrificio, muerte y vida, mi sangre se lava con tu sangre. ¿No quieres venir conmigo? ¿No quieres compartir mi dicha? – sus ojos se dirigieron de un chico al otro, y se echó a reír de nuevo revolcándose, como si se estuviera burlando de ellos.

Arai se quedó inmóvil donde estaba observándolo como mágicamente atraído por sus palabras. Sacudió la cabeza negando y llevándose la mano a la frente como sintiéndose enfermo y abotargado -¿Y Dusk?- preguntó como si toda aquella situación fuera excepcionalmente normal salvo por la ausencia del rubio.

-Él ya ha entregado su sangre…- la voz del profesor sonó rotunda, como lejana y la capucha resbaló hasta sus hombros flotando y avanzando hacia ellos, arrastrando a Reiji con las cadenas tirando de estas y apretándole el cuello para pegarlo a su cuerpo, la nieve tiñéndose de carmín cada vez más profundo y oscuro. Se rió de pronto mirando a Reiji -Busca a Dusk, Reiji… Quieren verlo…

El moreno se agachó entre la nieve hundiendo sus manos en el rojo y dejando ver el rostro azulado del rubio. Arai se echó atrás renegando de aquello y negando con la cara, apretando a Kinsei contra él y retrocediendo.

- Dusk...... – Reiji lo llamó, casi canturreando su nombre, mirando sólo aquel rostro azulado. – Crepúsculo.....ya se ha puesto el solo, como tú.... ¿No es hermoso? – miró a los chicos sonriendo e inclinándose para besar los congelados labios, introduciendo su lengua en su boca, y formando un marco alrededor de su rostro, con su propia sangre.

- De...deténganse! Deténganse! – Kinsei se llevó las manos a la cabeza, caminando hacia atrás también como Arai, sólo que muchísimo más alterado. Aquello era horrible. No estaba seguro de qué estaba sucediendo pero quería salir huyendo de allí.

Arai lo agarró de la mano -No es verdad… Reiji y Dusk están en casa… esto… no está pasando…- dijo tratando de auto convencerse aunque sus palabras parecían tremendamente seguras. De pronto, todo pareció girar a su alrededor con rapidez, la risa de Reiji… la risa de Reiji… cada vez más alta… una y otra vez, su rostro sonriendo, la risa de Lorenz, ellos mismos, sus rostros contraídos por el frío y el horror.

De pronto el más profundo de los silencios, la más negra de las oscuridades, sujetaba a Reiji con fuerza ¿Cómo? Se preguntó internamente observando la figura de Lorenz frente a él y a Kinsei encadenado, ensangrentado, sus ropas rasgadas -Kinsei…

- Estoy aquí...... – le contestó Reiji a su lado, apretando su mano con fuerza, mientras era Kinsei ahora quien reía entre la nieve, revolcándose, canturreando en una tonadita burlona. – Abajo es arriba, arriba es abajo y ahora tú eres yo. – finalizó, señalando al chico que sujetaba la mano de Arai, y cayendo de pronto entre el blanco manto helado inmóvil, como muerto.

El moreno se soltó como si sintiera repulsión por su contacto y se agachó entre la nieve roja apartándola a manotazos y volteando a Kinsei para ver su rostro. -Dusk… respiró agitado observando al rubio muerto en sus brazos y bajó la cabeza cubriéndose el rostro con el cabello. El rubio abrió los ojos blancos tirándose sobre él y apretándole el cuello con fuerza tratando de ahogarlo. Arai luchaba por soltarse pero la carne del rubio se deshacía en sus manos como mantequilla y su fuerza aún era mayor cuanto más se resistía, se estaba mareando, asfixiando… le faltaba el aire y cerró los ojos. Los abrió de nuevo al sentir la humedad de la sangre que entraba por sus fosas nasales, su boca. Se levantó en el almacén girando alrededor de sí mismo buscando a Kinsei.

-Kinsei…- le llamó observando de pronto en el marco de la puerta a dos niñas que sonreían cogiéndose de la mano y girando como bailarinas haciendo volar los vestidos de encajes riendo y riendo. Lo tomaron de las manos arrastrándolo hasta la mitad del pasillo donde observó al chico columpiándose en un columpio de madera, flores enroscadas en sus cadenas de hierro. Mientras dos chicos lo empujaban haciéndolo subir más y más alto cada vez. Esta vez no era una ilusión, no, era Kinsei. Ni siquiera pudo correr hacia él, las niñas lo sujetaron entre risas cuando serpientes amarillas, rojas, negras se anudaron entre ellas enroscándose a las cadenas y bajando hacia el moreno.

Kinsei bajo la mirada, observando al moreno como si estuviese a años luz de distancia. No sabía cómo había llegado allí, pero se sentía bien, en paz. Siguió columpiándose, notando un vestido que ondeaba a su espalda, y alzó la mirada de nuevo, dejando caer la cabeza hacia atrás, observando cómo Sachi le sonreía, de pie tras él. La chica se inclinó susurrándole. - ¿No es hermoso? ¿No te gustaría permanecer así para siempre? – le cubrió los ojos con las manos, y cuando volvió a destaparlo, bajo él ya no se encontraba el almacén, si no un inmenso abismo, tan grande como el universo mismo, y Sachi ahora era una niña pequeña. - ¿No quieres saltar? Sólo salta, salta conmigo! – se rió, tomándolo de la mano y preparándose para saltar. Pero en ese momento, escuchó la voz de Arai llamándolo, haciéndolo reaccionar. ¿Qué coño estaba haciendo allá arriba? Sacudió la mano que apretaba la suya, y que ahora era la mano de un cadáver, sin atreverse a alzar la vista para observar el rostro de quien lo sujetaba. – Arai!!!! Arai!!!!! – lo llamó, lanzándose hacia atrás en vez de hacia donde lo halaba el cadáver, más por instinto, y cerrando los ojos.

El moreno se revolvió tratando de soltarse de quien le agarraba pero las niñas lo sujetaban con extremada fuerza, se sacudió de nuevo observando a Kinsei caer y caer. Se paró de pronto levantando una pierna y golpeando a una de ellas en la cara enzarzándose a patadas, golpeándola contra la pared una y otra vez sintiendo cómo su rostro se aplastaba, cómo el cráneo se partía manchando aquella pared infinitamente negra, resbalando viscoso.

Notó que la otra simplemente desaparecía, soltándolo de golpe, cayó al suelo con el impulso, horrorizado por sus propios actos. Echó a correr por el pasillo negro resbalando y pegándose a la pared, estaba empapada, resbalaba una y otra vez para ponerse de pie de nuevo sintiéndose cada vez más frustrado y levantándose de nuevo una vez más para caerse sin dejar de observar cómo Kinsei caía sin parar. Se paró de rodillas con las manos en el suelo y gritó, dejó escapar un alarido de rabia y furia escuchando su voz desgarrada como jamás lo había hecho.

Pero el chico sólo caía y caía, sin jamás llegar al suelo. Se cubrió los oídos escuchando aquel alarido dentro de su cabeza, resonándole, y haciéndolo gritar a su vez, cerrando los ojos. Dejó de caer de pronto, aunque el chico ni cuenta se dio, y permaneció en el suelo del almacén, en posición casi fetal, gritando y gritando sin poder detenerse.

Arai se quedó parado en aquel pasillo, su garganta pidiéndole que se detuviese, dañada. Se arrastró a gatas cubierto por la sangre, con el cabello delante del rostro empapado en carmesí. "Kinsei" quiso decir pero la voz no salía de su garganta. Se arrastró de aquel modo hasta él, temiendo levantarse y caerse de nuevo otra vez y sin pensarlo más se abrazó a él con fuerza acunándolo contra él y empapándolo en sangre, en vísceras. "Kinsei" quiso llamar de nuevo sin conseguir que una palabra saliera de sus labios.

El chico lanzó otro grito al sentir aquella sustancia cálida y viscosa caer sobre él y los brazos que lo sujetaban fuertemente. Abrió los ojos, tratando de liberarse y se aterró aún más cuando vio de quien se trataba, de su estado. – Arai!! Arai, ¿qué te pasó? ¿Estás bien? Dime que estás bien......

El moreno se echó atrás mirándolo y abriendo la boca para hablar de nuevo sin conseguir una palabra, ni siquiera un susurro. Se apartó un poco sintiéndose extraño, angustiado, notando un reguero de sangre resbalar por la comisura de sus labios. Apoyó las manos en el suelo tosiendo de pronto y escupiendo sangre a borbotones, no podía respirar apenas.

- Arai! – Kinsei se acercó más a él, pasando una mano por su cabello, sin saber qué hacer, entrando un poco en la histeria. – Arai.... – de pronto se pasó uno de sus brazos por el cuello decidido. – Vamos, tenemos que salir de aquí, te llevaré a un hospital.....

- - ¿Buscaban un médico? – se arrodilló de pronto Kiri frente a ellos, sonriendo, con un enorme escalpelo en una mano, provocando que Kinsei gritara de nuevo echándose hacia atrás.

- Tú.....tú no eres médico! – apretó al moreno que no dejaba de vomitar sangre contra sí.

El rubio pareció meditarlo un poco, respondiendo finalmente. – Tienes razón, pero....he leído muchos libros. Es mejor que la alternativa. –se acercó de nuevo, sonriendo.

Arai se echó hacia atrás espantado de pronto sintiéndose amarrado en una camilla, Lorenz sujetándolo por las muñecas y Reiji por las piernas, Kiri rasgando su camiseta con el escalpelo, cortando levemente su piel.

-Habrá que operar…- el rubio sonrió, dejando poco a poco salir una carcajada. El moreno notó entonces que ya no manaba sangre de su boca.

-Kinsei!- dijo de nuevo ahora de pronto sujetando las muñecas del chico, Kiri pasando el escalpelo por el estómago del moreno cortando ropa y piel. Lo soltó de pronto como horrorizado por lo que sucedía agarrándolo de la mano y casi tirándolo de la camilla arrastrándolo con él por los pasillos jadeando.

Kinsei se dejó llevar, corriendo tanto como podía, escuchando cómo Kiri les gritaba desde atrás. - No! Necesita un transplante! Se va a morir!!!! – con una voz realmente preocupada, aunque echándose a reír de nuevo.

De pronto sintió que algo le golpeaba en la cabeza, la sangre resbalando por su sien. – Le di! Le di! – se oyó entre un coro de risas infantiles, y giró el rostro para encontrar sólo oscuridad. Sin embargo las risas permanecían en el aire.

Arai lo miró, deteniéndose y escuchando las risas -¿Estás bien?- lo agarró abrazándolo sin saber a donde escapar ni de donde provenían. De pronto los observó en la oscuridad, meras siluetas que reían. Definitivamente no podía estar bien, de nuevo se sentía inútil.

-Pan y tomate, para que no te escapes!, Pan y tocino! Te quedas conmigo!- los niños echaron a correr cargando las piedras en sus camisetas y vestidos, los cabellos dorados votando a cada paso, las risas resonando en sus oídos, lejanas. El moreno se quedó parado y lo abrazó cubriéndolo como podía, arrodillándose en el suelo sintiendo las pedradas castigando su cuerpo. De pronto notó el fuerte golpe en su cabeza, el frío del dolor invadiéndolo.

-Inútil… - su padre… ¿su padre? -Maricón de mierda, no haces nada… Debería ponerte a trabajar, trabajar de verdad… como un hombre!

-Déjalo… déjalo- la voz de su madre resonando una y otra vez en su cerebro.

-Es un inútil, no lo protejas- el hombre se rió. De pronto notó cómo le tiraba del cabello hacia atrás sujetándole el rostro -Putón…

Arai se cayó hacia atrás mareado contra el piso -Kinsei…

El chico apretó los puños, enfureciéndose, a pesar del dolor palpitante que sentía a causa de la pedrada, poniéndose de pie de un salto, y abalanzándose contra el hombre, metiéndole un puñetazo, a la ve que gritaba. – Suelte a Arai!!! – Sin embargo la silueta de su padre se disolvió, como apartándose a los lados para evitar el golpe y volviendo a formarse a su lado, para propinarle un puñetazo al chico, que cayó al suelo de lado, su labio sangrando también ahora. Se arrastró hacia Arai, abrazándolo mientras escuchaba las voces infantiles alzarse cada vez más, cantando, mientras se acercaban a ellos. Los niños formaron un círculo a su alrededor, y poco a poco, las voces empezaron a transformarse, pasando a ser más adultas, más graves, aunque no completamente, las siluetas cambiando a su vez. Ahora eran ellos mismos quienes formaban el círculo sujetos de las manos. Lorenz, Reiji, Kiri, Dusk e incluso sus propias imágenes, todos lastimados y sangrando sobre los dos chicos.

El moreno se levantó apenas un poco observando su propia figura seria observándolo. Se abrazó a Kinsei deseando murmurar "no puedo más" y rendirse a aquello, a todo… a lo que fuera porque aquello terminase de una vez. Se alzó tambaleante en lugar de eso, sujetando a Kinsei como podía levantándolo con él y desprendiéndose, amarrándose de nuevo a sus hombros apretándolo con fuerza y apoyando uno contra la pared para mantenerse -Ya basta…


-Ya basta…- repitieron las voces de todos a su alrededor como mofándose con una sonrisa. De nuevo los niños sujetándose las manos formando un corro y comenzando a corretear alrededor de ellos sin soltar sus manos -Ya basta! Ya basta!- dijeron entre risas cada uno gritando a un tiempo distinto.

Kinsei respiraba agitado, sin poder calmarse, entre los brazos de Arai. Sentía que le iba a dar un ataque, y lo cierto es que aquello lo estaba volviendo loco. – Basta, basta, basta..... – empezó a repetir él mismo como si estuviese imitando a los niños, que de pronto se silenciaron, como mirándolo confundidos.

Uno de ellos se acercó, tirándole de la camiseta y observándolo con rostro angelical. - ¿Estás bien?

- No! No estoy bien! Basta!!!!!!! – le gritó el chico, abrazándose aún más a Arai como deseando escabullirse, y el niño sonrió contento.

- Bien! – exclamó, alejándose entre saltitos, canturreando alguna tontería.

Kinsei comenzó a temblar entre los brazos del moreno, sin saber muy bien qué le sucedía, pero el miedo estaba dando paso a la furia. No aguantaba que jugaran tanto con ellos. Y súbitamente, se desprendió de Arai, gritando – Voy a matarte!!!!!!!!!! – y corriendo en pos del niño, lleno de ira.

El moreno lo miró llevándose la mano a la cabeza sin saber si aquello era real o no. No podía creerse que estuviera teniendo esa reacción, pero la comprendía. Sonrió mirando abajo sin comprenderse a sí mismo apoyando las manos en la pared e impulsándose para levantarse de esta, avanzando tras ellos y echando a correr de pronto con pasos inseguros como borracho por el golpe que había recibido. Se paró de pronto al lado de Kinsei y corriendo tras los niños que corrían gritando de felicidad y riéndose divertidos por el macabro juego.

-No me coges… ¿a que no me coges?- se rió el rubio corriendo, los pompones de sus calcetines botando esponjosos.

- Agh!!!! – Kinsei gritó furioso, más que rabioso en realidad. Estaba harto de todo aquello. Esos no eran niños y nada de eso era real, ¿cierto? Entonces podía hacer lo que quisiera. Saltó sobre el rubio, metiéndole un puñetazo, y listo para pegarle otro cuando miró a quien sostenía bajo él. Era rubio, sí, pero no era ningún niño, era Dusk.

El rubio tosió, como mareado por el golpe, observándolo. - ¿Por qué me golpeas? Soy yo, vine a buscarlos. – miró a Arai, un poco reído. – Eh neandertal, ¿no le diste algo de fumar?

- Tú no eres Dusk!!!!!! - Kinsei alzó el puño de nuevo, listo para golpearlo, pero no podía hacerlo, no estaba seguro, ya no estaba seguro de nada.

Arai sonrió un poco frotándose la cara con la mano, de pie frente a ellos y se agachó sujetando el cabello del rubio con los dedos golpeándolo una y otra vez contra el suelo, invadido por la furia y la desesperación.

-Arai! ¿Qué haces? Deténte!- el rubio trató de separarse de él entre golpes llevándose las manos a la cara -Kinsei haz algo!- pidió desesperado sin que el moreno se detuviese golpeándolo y estrellándolo contra el suelo sin cesar.

Kinsei se cambió de una pierna a la otra, nervioso, sin saber qué hacer, qué creer ya. Sujetó el brazo de Arai, decidiéndose, porque el rubio no se defendía, ni estaba sucediendo nada extraño. – Arai! Deténte! Es Dusk! ¿Ves? Dusk! – se agachó a su lado tratando de calmarlo, mientras el rubio yacía en el suelo, recuperando la respiración. – Ya terminó.....- suspiró el moreno, sin saber que “Dusk” se levantaba tras él, con una pesada cadena en las manos. De pronto, sólo supo que algo cortaba su respiración, y se llevó las manos al cuello intentando zafarse de la cadena, mientras el rubio lo arrastraba hacia atrás por el cuello.

Arai se levantó del suelo como molesto porque le hubiesen arrebatado a su presa y sujetó la cadena entre la mano de Dusk y el cuello de Kinsei tirando de ella adelante y cogiéndole la cabeza con la mano de nuevo, esta vez, haciéndolo golpearse contra la pared. Agarró a Kinsei de la mano arrastrándolo con él -Corre…- le dijo sin saber a dónde exactamente, atravesando los pasillos negros cansado y mareado, cerca de la locura y la desesperación. Se detuvo en la oscuridad, de nuevo Dusk frente a él, a veces un niño a veces un adulto, riéndose con la cadena en sus manos. El moreno se cubrió con el brazo al sentir el cadenazo contra él y se abalanzó sobre el rubio, ahora un niño de nuevo. Anudó la cadena en su cuello apretándola, notando cómo cedían sus músculos y se partían -Muérete, muérete, muérete- repitió mientras apretaba fuera de sus cabales al lloroso niño.

Kinsei se dejó caer en el suelo, arrodillado, cubriéndose la cabeza con las manos, no aguantaba más.- No....ya.....paren. Basta! Basta!!!!!!! – sin siquiera caer en cuenta de lo que hacía, empezó a golpear su cabeza contra la pared, aún gritando – Basta!!!!!!!!! – como si con eso pudiese sacarse aquellas imágenes del cerebro.

EL moreno se levantó con las manos marcadas por la cadena respirando con fuerza. Lo había matado, ahora ya daba igual… Dusk estaba en el suelo y lo había matado… no… no era Dusk claro… era ese niño…. -Para…- el moreno metió la mano entre la pared y el moreno como si el verlo de aquel modo lo despertara de aquel trance. Tiró de él apoyándolo contra su cuerpo y apretándolo con fuerza para que no pudiera seguir con aquello -Kinsei… te quiero…- dejó escapar entre sus labios sin saber qué decir o qué era lo correcto.

- Haz que se detenga....Arai, haz que se detenga. – pidió ilógicamente el chico, aferrándose a la camiseta del moreno. Levantó el rostro con los ojos un tanto aguados, respirando como si le costaba, que de hecho, sí le costaba. – Lo siento, lo siento....

-Tranquilo…- el moreno lo abrazó con fuerza rodeándolo de nuevo sin saber qué decir, no se le daba bien la gente… ¿Qué hacer para tranquilizarlo? Seguramente algo equivocado… como siempre. Se dejó caer en el suelo sentado sin soltarlo… llevándolo con él en aquel negror, sólo eso, sin abrir la boca pues no sabía que más podía decir.

- Está bien, está bien...Ya está bien, ¿verdad? – Kinsei se abrazó a él con todas sus fuerzas. Este sí era Arai, eso lo sabía. No era posible que lo confundiese con nadie, no. – Va a estar bien, porque...Dusk y Reiji salieron vivos. Nosotros también.....

-Estamos solos…- el moreno respiró cansado y agotado. Apretó las manos doloridas apoyando la frente en el hombro del moreno como sin desear ver si iba a ocurrir algo más de un momento a otro -pero no me siento de ese modo…- dejó salir el moreno comenzando a sentir las risas de los niños de nuevo como si fuesen un suplicio, las canciones infantiles…. Se levantó parándose frente a Kinsei apoyando la mano en la pared y mirando a un chico moreno frente a él. Sonreía.

-¿A que no me cojeis?- preguntó observando después como los otros chicos corrían tras él atravesándolo como si no estuviera allí.

- Y......y si nos rehusamos? – aventuró Kinsei, aún en el suelo detrás de las piernas de Arai, sin querer levantarse, pero los chicos volvieron a pasra por el mismo lugar como si se repitiese la escena, el moreno alzando una mano y señalando tras ellos a una multitud más como esperando una señal. De pronto empezaron a gritar. – Muerte! Muerte! Muerte! - cada vez más alto, hasta que el sonido parecía inundar la habitación. El chico moreno sonrió, volviendo a repetir. – A que no me cojeis. – y salió corriendo, entre risas.

Kinsei se puso en pie, con el rostro descompuesto, tal parecía que se iba a caer en cualquier momento. – parece....que tenemos que seguirlo. – murmuró, contrariado.

El moreno le agarró la mano respirando con fuerza agotado y entrelazó los dedos con los suyos tal vez con demasiada fuerza pero no quería separarse de él de nuevo. Estaba asustado pero sobre todo cansado, cansado hasta decir basta, sintiendo el deseo de dejarse ir por aquello que clamaban con tanto deseo los infantes. Pero echó a correr tras el chico, tres más atravesándolos y corriendo tras él también con piedras de nuevo. Una de ellas golpeó la pierna del morenito y este cayó al suelo de rodillas con lágrimas en los ojos, todo se quedo oscuro para él por momentos…

Arai se levantó del suelo con la pierna golpeada corriendo ¿y Kinsei? -Kinsei!!- gritó desesperado por aquella legión de infantes corriendo tras él con las piedras.

Arai!!! – lo llamó el chico, al no verlo a su lado. ¿Cómo era posible? Si estaba justo allí.

- Toma- se rió un niño a su lado, dejando caer entre sus manos un montón de piedras pesadas, otro empujándolo para que corriese con ellos, explicando al confundido moreno – Si le das, ya se acaba el juego..... – señaló hacia delante, las sombras apartándose de pronto dejando ver a Arai corriendo, llamándolo, intentando eludir las piedras.

Kinsei parpadeó horrorizado, aún dejándose llevar. ¿De veras esperaban que atacara a Arai? Frunció el ceño, la furia invadiéndolo una vez más, y tomó una de las piedras, echando a correr ahora por su propia voluntad. –No!!!! Arai!!! – le avisó para que estuviese atento, emprendiéndola a pedradas con cuanto niño podía, no le importaba si lloraban o si sangraban o si gritaban, lo que fuera. No eran reales, no lo eran.

El moreno se giró en una de las esquinas a oscuras y se metió en el interior de la habitación con el corazón en un puño, a tientas buscando algo, pero ya venían y no encontraba nada ¿Qué iba a coger para defenderse de ellos? Si eran demasiados… y cargados con piedras lo destrozarían mientras se deshiciese de unos pocos. Saltó por la ventana a la clase contigua y de nuevo estaba en ese pasillo corriendo hacia ellos. Se detuvo angustiado para volverse a correr por el infinito pasillo oscuro. Una piedra en el costado. No acababa nunca.

-Ven!! Ven conmigo!! Escapemos!!- dijo el morenito que había corrido en primera instancia. -Vamos!!- rió alegremente amoratado por las piedras.

Arai lo siguió sin saber qué más hacer jadeando y rogando porque Kinsei estuviera bien.

- Arai??! Arai, no lo sigas! – le gritó Kinsei, viendo cómo se alejaban, desapareciendo de su vista, sintiendo una pedrada en un brazo por descuidarse, y girándose , dejando caer una de las que llevaba en las manos en toda la cabeza del niño que lo había golpeado. - AHHHHHH! – gritó desesperado, salpicado por la sangre.

Los niños súbitamente se detuvieron, serios, dejando caer las piedras al suelo de manera estruendosa, todos mirándolo, incluso los que habían caído muertos, levantándose con las cabezas reventadas y los rostros deformes. Todos alzaron un brazo a la vez, señalando el pasillo adelante, y haciendo que Kinsei se girase a mirar, a pesar de todo, pero no veía nada. Y cuando volvió a ver a los niños, ya no estaban.

Se encaminó, buscando al moreno, sujetándose el pecho como si el corazón se le fuera a salir. – A...Arai? – no se atrevía ni a levanta la voz por miedo a que lo escuchase alguien más.

Arai siguió corriendo tras el niño, que de pronto se detuvo, entregándole un montón de piedras y cayendo al suelo. El moreno miró las piedras en su mano esperando a que alguien atravesase el pasillo sin comprender nada. Alzó la mano sin más, dispuesto a lo que fuera con tal de que aquello acabase.

Kinsei se aproximó por el pasillo, asomándose a los salones, susurrando- Arai... – en cada uno de ellos, pero no encontraba al moreno por ningún lado. Se estaba desesperando cada vez más. Y ¿si no lo encontraba? Y ¿si Arai estaba muerto? Y ¿si él iba a morir? Sacudió la cabeza, frunciendo el ceño de nuevo, como si el estar enfadado lo protegiese de malos pensamientos. Divisó una silueta en la oscuridad, sin estar seguro de si se trataba del moreno o no. No era un niño, eso definitivo. – A....Arai? –preguntó una vez más, preparado para lo que pudiese venir.

El moreno avanzó entonces sin soltar la piedra en su mano y observó a Kinsei frente a él y detrás de nuevo, el pequeño moreno que lo agarraba de la mano corriendo con él.

-Vamos!! Corre!! Huye!! Él carga las piedras!! Él coge!!- se rió cantarinamente, echando a correr con Kinsei de la mano.

- No!!!! – el chico sacudió la mano, intentando soltarse y resisitiéndose a ser arrastrado. – Arai jamás me haría daño!!!! Suéltame! – lo pateó como pudo, sintiendo remordimiento por un momento, se veía tan lastimado......Sacudió la cabeza de nuevo. En ¿qué tonterías estaba pensando? Eso no era un niño, un niño normal no podría correr de esa manera con esa cantidad de golpes en su cuerpo. No, ni siquiera estaría vivo. Se revolvió de nuevo, observando cómo una vez más, la mano que lo sujetaba era la de un cadáver. Gritó, doblando el esfuerzo, llevado por la adrenalina del terror, y cayendo hacia atrás de nalgas, la mano desprendiéndose del niño con un sonido seco y adhiriéndose a su brazo. Kinsei se la quitó de encima, tirándola lejos con los ojos cerrados por el asco, y girándose a ver a Arai.

El moreno sujetó las piedras parado en la oscuridad sin saber qué hacer o qué creer, se estaba volviendo loco… Bajó la cabeza sonriendo y riéndose de pronto, cubriéndose la cara con una mano y acercándose a él -Kinsei…- lo llamó, deseando acabar con aquello y dejó caer las piedras a su lado arrodillándose en el suelo con los ojos cerrados -Mátame… no lo aguanto más…

Kinsei se quedó mirándolo, y alzo las manos acariciándole el rostro. Era lo mismo que le había dicho aquel niño. “Si le das, ya se acaba el juego....” De pronto elevó una mano, metiéndole una fuerte bofetada al moreno, con cara desencajada. – No! ¿Cómo se te ocurre? – lo abrazó, de pronto avergonzado por haberlo golpeado, apretándolo contra él. – Incluso si nos quedamos aquí para siempre, incluso si yo tengo que morir, no pienso matarte Arai! – tembló un poco contra él susurrando. – Lo siento...- y de pronto colocándole los audífonos en los oídos, como si aquello fuese a resolver algo, pero quería hacerlo sentir mejor.

El moreno alzó la mano apretando las mandíbulas con la rabia marcada en sus ojos y dispuesto a golpearlo. Se quedó mirando abajo y alzó la vista hacia él, sorprendido por todos sus actos y sobre todo por el golpe que acababa de recibir. Bajó la mano al suelo golpeándolo y abriendo la mano en él, echándose adelante y apoyando el rostro de Kinsei contra su pecho acariciando su cabello y acunándolo un poco de nuevo, comenzando a susurrar "Nee waratteyo mou nakanaide koko kara zutto anata wo mite iru wa" ¿Estaba cantando? No lo soportaba más. Le besó la mejilla, besando su cuello y abrazándolo con fuerza. El corro de niños a su alrededor en todas partes rodeándolos y dándoles la espalda desapareciendo.

- Te quiero, te quiero..... – le susurró el chico entre sus brazos, como aferrándose a eso y sintiéndose extrañamente tranquilo, y seguro.

 
 

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