.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 45

Until We Can No Longer Breathe

El profesor dejó salir el humo entre los labios, observando el tablero en la penumbra. Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en la pared amarillenta del cuarto. De nuevo la misma prueba, debían permanecer allí una noche más. Sonrió de pronto. A quién escogería esta vez.

Dusk se acercó un poco más a Reiji, arrastrando el culo por el suelo, aproximándose y abrazándolo por la cintura, aplastando los labios contra su hombro.

–Seguro que no nos toca de nuevo… –le susurró al tenso moreno, que después de todo, competía con su propio nerviosismo. Miró a Arai que apretaba la mano de Kinsei con fuerza, como tratando de darle seguridad, y le escuchó susurrar un "todo irá bien". Se preguntaba si realmente sería así.

–Estoy bien... –le susurró Kinsei al moreno, sonriéndole débilmente, y apretando su mano de vuelta. La verdad es que se moría del miedo, pero no iba a preocupar de más a Arai, ya tendría bastante con sus propios problemas.

–Adelante, Reiji… –pidió el profesor como tratando de desenfrascar al chico de su lógico pavor.

Reiji suspiró, mirándolo, más bien como tomando aliento. Bajó la cara de nuevo, reconfortado por el abrazo del rubio, colocando las manos sobre el indicador. Ya ni siquiera se molestaba en preguntar, sólo tenía que pensar en lo que quería saber y la guija le contestaba.

–¿Y bien? –preguntó Kiri, un tanto impaciente, echándose hacia delante al ver que la pieza se movía por el tablero, pero Reiji aún no decía nada.

El moreno esperó a que la guija hubiese terminado de darle su respuesta, para alzar los ojos violetas, anunciando:
–Arai y Kinsei.

Arai respiró, en parte aliviado de que les hubiese tocado juntos, porque ya temía que a Kinsei le tocase con el profesor de nuevo. Se quedó callado, mirando a la pared y bostezando de pronto.

–Buenas noches entonces… –susurró el profesor, levantándose y despidiéndose muy a su modo.

Dusk se puso de pie, sin poder evitar sentirse aliviado de que el repetir no estuviera en la mente fantasma, y le sonrió levemente a los dos chicos que aún estaban sentados en el suelo.

–Suerte… –dijo sin querer despedirse de ningún modo –¡Esta vez soy yo quien vendré a daros los buenos días! –anunció sonriendo –¡Os besaré! ¡Y os arroparé!

–Eso es para acostarse… –el moreno lo miró, sacudiendo la cabeza, negando.

–Jo… ¡calla! –Dusk sonrió, tratando de llevarlo lo mejor posible –Hasta mañana.

–Nos vemos –salió Kiri de entre las sombras. Lo cierto es que le hubiera gustado quedarse a él, pero era de suponer que lo haría la siguiente noche.

Reiji se apoyó en el hombro de Dusk, observando a Kinsei, que tenía cara de que le hubieran dado sentencia de muerte.
–Bueno... no os preocupéis. Imaginad que estáis en una casa embrujada de algún parque y ya está. Y mañana también habrá reunión y vigilaré para que Dusk no cocine con hierbas extrañas, ¿eh?

–Sí, gracias... –sonrió el otro chico, sin alzar la cabeza y aferrándose a la mano de Arai como si fuera un salvavidas.
El moreno observó cómo la puerta se cerraba y se levantó, cogiendo de la pared del fondo, dos de las colchonetas que estaban medio raídas. Las tiró en la esquina de la habitación y llamó a Kinsei.

–Ven… –antes de sentarse en la lona verde.

El chico se acercó bastante rápido, porque no quería separarse de él.
–Tengo miedo –confesó, sentándose a su lado y mirando alrededor.

Mientras tanto, afuera, los demás ya salían del complejo, y el profesor, como tantas otras noches, invitaba a Kiri a subirse a su coche.

Abrió la puerta y pasó a su asiento, indicándole al chico que subiera. Eran las diez y media.

Por su parte, Kiri se apoyó sobre la puerta del coche, sonriendo de medio lado.

–Ya se está convirtiendo en una costumbre, profesor –finalizó, tras entrar, cerrando la puerta.

–Sin embargo, yo no le veo muy disgustado –el profesor arrancó, subiendo las gafas que habían resbalado por el puente de su nariz –. Es bueno cuidar las buenas costumbres…, y no me resisto a invitarle a pasar un rato haciéndome compañía.

–Pues yo tampoco me resisto a aceptar la invitación –el rubio le sonrió desde su asiento, apoyándose en el respaldo –. Además, nunca tengo ganas de dormir luego de las sesiones, me cuesta un buen rato.

Arai rodeó con los brazos a Kinsei, besándole la mejilla y haciéndolo recostarse en el colchón a su lado, poniéndolo contra la pared para protegerlo con su cuerpo. Le acarició el cabello en silencio, besándole los labios, para variar sin saber qué decir.

–Pase lo que pase, estamos juntos… –dijo finalmente lo que pensaba –. Yo no dejaré que nada malo te suceda. Y si no puedo evitarlo, me iré contigo –prometió sinceramente. Podía parecer extraño cuando apenas se conocían, pero él sentía las cosas de otro modo, tal vez diferente a todos los demás, o así lo creía él –. No pongas esa cara tan triste…

–Entonces no digas esas cosas. Pase lo que pase... –Kinsei lo miró a los ojos, como estudiándolo un poco –. No quiero que me suceda nada, pero... tampoco quiero que te suceda nada a ti. No vayas a hacer ninguna tontería por mi culpa.

–Entonces no diré nada… –el moreno se quedó callado, observándolo serio. Sinceramente sin saber qué decir si no podía comunicarle lo que pensaba.... Aunque tampoco era que le preocupase mucho el estar de ese modo.

Estiró el brazo, cogiendo la mochila. Sacó el reproductor de música del interior, encendiéndolo y poniéndose los auriculares. Al menos, el estar escuchando música le relajaba en cierto modo, tampoco estaba alterado, más bien… expectante.

–No quiero que te suceda nada, no quiero perderte –murmuró Kinsei lo más bajo que podía, apoyándose en el hombro del moreno y cruzándose de brazos como si tuviese frío, aunque no era eso lo que le pasaba, claro.

Arai sacó la arrugada chaqueta de lana de la bolsa, cubriéndolo con ella, aunque sabía que lo que tenía era miedo. Le pasó la yema de un dedo por el contorno del rostro, desviándola a sus labios, dibujándolos.

–Tus labios tienen una forma especial… –susurró, alzando la vista a sus ojos y apoyando tres yemas en ellos ahora, presionándolos un poco. Alzó la mano a su cabello, apartándolo con suavidad y acariciando los mechones.

Kinsei le sonrió dulce e irremediablemente, agradecido.

–Dices las cosas más extrañas... –susurró, sujetando la chaqueta contra sí.

El moreno sonrió un poco al ver aquel gesto en el rostro de Kinsei.

–Me gusta mirarte… en silencio –Arai se apartó el cabello, acercándose y besando suavemente sus labios, abrazándolo contra él y acariciando su espalda con suavidad –. Ayer cuando dormías… –le pasó la mano por el pecho –, tu pecho se movía de una forma muy suave. Pensé que te amaba –cerró los ojos, pegándolo a él y besándole la frente, susurrando la misma canción que sonaba en aquellos momentos. Le rodeó la cintura como si tratase de acunarlo.

El chico simplemente se dejó abrazar, entrecerrando los ojos, sin atreverse a hablar precisamente por lo que acababa de decirle Arai. Además, prefería escuchar cómo le susurraba aquellas palabras, aunque claro, para no variar, estaba sonrojado.

–Kinsei –el moreno bajó la vista, llamándolo para que lo mirase, y notando su piel sonrojada –. No tienes por qué volver a celarte… –dijo de pronto sin saber muy bien por qué, recordando aquello sucedido en la tarde –. Reiji siempre le ha gustado a Dusk.

–Yo no estaba celoso... –bajó el rostro aún más, para que no siguiera viéndole el color, murmurando luego, a la vez que se contradecía –. Ya sé, pero es que...Reiji es Reiji y yo... y tú...

–No, tú y yo no somos Reiji –el moreno sonrió sin saber ni de qué hablaba y sin poder evitar sonreír ante su vergüenza –. ¿Te celaste porque se trataba de Reiji? –preguntó sin creerle.

–¡No me refería a eso! –dijo, levantando el rostro de pronto y volviendo a bajar la voz avergonzado –Pero mira a Reiji... Seguro que es más atractivo. Y además, mírame a mí, soy estudioso, no hago cosas peligrosas y me porto bien, y hasta anoche era virgen. No soy la clase de persona que le debe gustar a alguien como tú. Soy aburrido, y pienso que... si me comparas con otros... –enterró la cara contra su hombro, como si pudiese borrarse el rubor.

–Reiji es muy atractivo…, pero no es mi tipo –dijo como meditándolo seriamente, y preguntándose a qué vendría de pronto tanto trauma. Seguramente le había afectado, o se había sentido un tanto desplazado en casa de Dusk, pero quería que conociera a los que eran ahora sus mejores amigos, o más bien, los únicos a los que consideraba como tales –. A mí tú me pareces mucho más interesante, no me aburres para nada. Además, yo no te comparo con nadie. Tú eres tú… yo vine a ti. Ha de ser por algo, ¿verdad?

Kinsei asintió, separándose un poco para mirarlo a los ojos.

–Lo siento, soy muy tonto. Es que nunca he estado en esta situación y... no sé lo que debo hacer. Pienso que te voy a enfadar a cada rato y... no quiero que dejes de quererme –confesó, casi riéndose, por el nerviosismo.

–Yo no voy a dejar de quererte, aunque nos enfademos… sólo estaría enfadado, pero te seguiría queriendo. Aunque lo más probable sería que lo negase –reconoció, alzándole la cara con la mano y besándole los labios, sintiéndose reconfortado –. Podemos besarnos, hasta que no aguantemos más –retomó el beso, profundizando en su boca y acariciando la espalda del moreno bajo la ropa sintiendo la piel templada. Todo parecía tranquilo. Sólo quería besarlo, y no pensar en nada.

Kinsei se abrazó a él, devolviéndole el beso, pensando en que si en algún momento le decía que ya no lo quería porque estaba enfadado, entonces era otro el que se iba a enfadar, y sonriendo luego contra sus labios. Por el momento, no pensaba en nada más, era casi como si estuviesen en su casa o en la de Arai, sólo ellos dos.


 
 

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