.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 43

Será el amor......

Reiji se recostó al lado de Dusk, pasándose la mano por la nariz una vez más, y apartándole el cabello rubio de la frente, besándosela. Suponía que debía haber sido más fuerte y haber permanecido totalmente lúcido ese día, pero no se había podido resistir más. Igual, así estaría más calmado para Dusk. Se dejó resbalar, apoyando la cara en su hombro, abrazándolo.

El rubio entreabrió los ojos, frotándose la nariz con una mano y riéndose. Se volvió hacia él y escondió la cara en su pecho, aspirando su aroma, murmurando a saber qué mientras se frotaba la nariz contra su camiseta a modo de rascadera.
–Tengo hambre… –murmuró como si se le hubiera olvidado todo, aunque bien que lo recordaba, pero no quería estarse amargando. No era su culpa, no lo era y punto, él no lo había hecho, al igual que Arai no había hecho esas cosas la noche anterior.

–¿Ya te sientes mejor? –Reiji se levantó un poco sobre un brazo, sonriéndole al ver que volvía a ser él mismo, y pasándole una mano por el rostro. Se inclinó para besarle suavemente los labios –. Puedo prepararte algo si quieres.

–Seguro que se te da horrible… –susurró, riéndose y abrazándose más, girando en el colchón mientras cruzaba los brazos y las piernas, para rodearlo, girando de nuevo –Los guapos no cocinan bien.

–Eh... ¿quién te dijo eso? ¿O es que tienes mucha experiencia? –se rió el moreno sobre él, sin soltarse –Sólo te iba a hacer un sándwich, no comida gourmet.

–Lo digo porque yo… cocino fatal –se rió por el piropo que acababa de echarse, levantándose de golpe con Reiji a cuestas y girando sobre sí mismo en el colchón, hasta caerse de culo con el mareo –... puaj… –se tiró para atrás, dejándose caer acostado en él –No quiero ir esta noche de nuevo, ¿y si vuelve a tocarnos?

–No creo que vuelva a tocarnos, de todos modos, estaremos juntos. Y quédate quieto –le sonrió, acariciándole el cabello de nuevo –. Yo tampoco quiero ir, pero tenemos que hacerlo.

–Me aburro – el rubio protestó –. ¿Por qué sabes que nos tocara juntos? ¿Y si te toca con Lorenz? ¿Y si me toca con Kiri? ¡Qué espanto! ¡No quiero! Me da miedo… –se rió, tirándose panza abajo en el colchón, aplastando la cara contra las sábanas.

–No lo sé, dijiste “si nos toca de nuevo” y el decir “nos”, me hizo pensar que nos tocaba juntos. No es que sea adivino ahora. Y no te espantes, ni que te fueran a comer –se rió, tirándosele encima y abrazándolo sólo porque le parecía irresistible.

–¿Me vas a dejar el culo como bebedero de patos? –se rió el rubio, volviendo la cara de lado para verlo –Una lengua… es para que la lamas… esta ahí para eso… –dijo sacándola y abanicándola de arriba abajo. Se sentía como si hubiera fumado veinte porros y sólo se había fumado dos.

–No sólo está ahí para eso, hay más maneras de utilizarla, ¿sabes? –se rió Reiji, sacando su lengua de todos modos y rozando la del rubio como le pedía, dejándose deslizar de encima suyo para quedar de lado.

–Ya… –Dusk dibujó una sonrisa en los labios, abrazándose y pegándose contra él, rodeándolo con una pierna sobre las suyas –Me gustas –dijo haciendo morritos contra sus labios, besándolos –. Eres tan guapo… y tan… gato. Eres un gato… –se rió, pasándole la mano por la espalda hasta las nalgas, dibujando sus contornos –Beso –le pidió, besándolo él como si sólo hubiera sido un anuncio, y alzando las cejas –A… a… –se quejó al oír que llamaban a la puerta, negándose a abrirla.

–Llaman... –Reiji se rió, besándolo de nuevo sin poder ni querer detenerse, y sobándose contra él de manera felina, sólo por complacerlo, y porque le gustaba, claro –Soy un gato fino, tendrás que comprarme caviar.

–Nooo… Soy un dueño pobre. Tendré que comprar palitos de cangrejo a modo de sucedáneo –se rió echando la cabeza atrás –. ¡¿Quién es?!–preguntó sin molestarse en levantarse para nada, ya lo haría si era interesante.

–Yo… –contestó la voz de Arai, que notaba que ya no parecía muy afectado, y ahora se preguntaba para qué había ido a verlo.

–¿Quién yo? –preguntó el rubio por joder, riéndose en silencio y tapándole la boca a Reiji, no fuera a reírse en alto.

–Tu madre es tan gorda… –murmuró el moreno sin explicación alguna salvo para ellos mismos, con una sonrisa entre los labios.

Reiji se rió de todos modos contra la mano del rubio, sin comprender aquella clave secreta, y soltándose para ir a abrirle la puerta, apoyándose en el marco.

–Menos mal que quien está con él es su delgado novio, entonces... Pasa –lo invitó, haciéndose a un lado.

–No te verías muy bien de otro modo… –el moreno sonrió levemente, bajando la cara.

–Tan gorda que usa de cinturón el ecuador… –el rubio se rió, lanzándole un cojín a la cabeza. El moreno se apartó, haciendo que parase en la cara del vecino que se dirigía a su casa tranquilamente.

Arai se volvió, cogiéndolo del suelo a los pies del hombre.
–Disculpe… –dijo serio, sonriendo luego al ver la cara del hombre, y pasando al interior. Cerró la puerta, bajando la cara mientras se reía, y tapándose los labios con la mano –Anormal –le lanzó el cojín de vuelta al rubio, tirándose en el colchón sobre él, atacándole a “puñetazos” en el estómago.

–Ah… ¡No quiero! ¡Me violan! –Dusk se rió, deslizándose bajo él y arrastrándose, casi dejándose los pantalones en la mano del moreno, que lo agarraba por la cintura de estos.

–¿Para qué vengo a verte si estás como si nada? –preguntó Arai soltándolo y suspirando –. Reiji, ¿ya os han dicho lo de cómo estaba el fiambre?

– No... Sólo regresamos a casa para que Dusk estuviese más cómodo –le contestó, acercándose por detrás al rubio, y deslizando sus brazos por su pecho, abrazándolo –. Y no debería estar haciendo tanto revuelo –le riñó como si estuviera enfermo, aunque en realidad, le alegraba verlo así de nuevo –. ¿Qué sucedió? ¿Se sabe algo?

–Pues… había una pila de cenizas y algo de metal derretido en donde debía de estar el cadáver –expuso el moreno, cogiendo un cigarro de su bolsillo, observando un tanto desangelado, que estaba espachurrado.

El rubio se rió de su cara.
–Fumémonos un… ¡porro! –exclamó como si fuera la gran fiesta, y sin hacer mucho caso al tema –No quiero saber naaada de eso.

–Vale…–Arai sonrió, mirando abajo y alzando una ceja, desviando la vista a Reiji después –Pero… eso es que tú no hiciste nada.

–No, por supuesto que no fue él. Tú mismo lo dijiste, ¿no? Que Dusk jamás haría algo así –se recostó contra él, jugueteando un poco con uno de los mechones rubios, sintiéndose culpable, por supuesto –. Y yo sé qué no lo haría.

El rubio prendió el porro entre sus labios, dando una profunda calada y pasándoselo a Reiji.

–Toma… –dijo sonriendo y besándole el cuello, lamiéndolo un poco –Claro que yo no fui.

–Creía que te gustaría saberlo –el moreno miró al colchón, apartándose un poco el flequillo con un movimiento de la cabeza.

–La verdad, sí –Dusk se rió, pasándose la mano por el pecho –Sólo espero… que jamás nos ataquemos los unos a los otros. Al menos dentro de esta pedazo de mierda de juego… nos tenemos… unos a los otros.

–Cierto... –Reiji le sonrió, tomando el porro y dándole una calada, la imagen de aquellos niños con las manos manchadas de sangre alrededor de la guija llenando de pronto su mente. Sacudió la cabeza, pasando el porro hacia Arai, como si se tratase de alguna ceremonia de promesa entre ellos tres.

El moreno se lo llevó a los labios, dándole una profunda calada y devolviéndoselo a Dusk, cerrando los ojos bajo su flequillo.

–Yo jamás os haría nada… –el moreno entreabrió los ojos de nuevo, levantándose y cogiendo una cerveza de la nevera.

–¡Tráeme un zumo! –pidió el rubio, fumando y sonriendo, sintiéndose agradecido.

–¿Reiji, quieres algo? –preguntó Arai, observando la nevera del rubio, colgado de la puerta –¿Puedo decirle a Kinsei que venga después de la clase?

–Dile que venga a quien te dé la gana… –el rubio se rió, besando los labios de Reiji sin dejarle contestar adrede y riéndose.

–Mmmm... –Reiji le introdujo la lengua, besándolo más profundamente antes de separarse, molestándolo –Si es así, ¿por qué no invitas a Lorenz, eh? Si ves una cerveza extra, es mía. Si no... zumo también –le respondió a Arai a pesar de todo.

El moreno cogió lo que le pedían, ya que había cervezas y bebidas para montar un bar, y se la pasó a Reiji, lanzándole después el zumo a Dusk.

–No morrees a la gente cuando le hablo…

–Jo… lo morreo cuando puedo –Dusk se rió, apoyándose el pecho de Reiji, besándoselo.

–Siempre puedes... –le sonrió su novio de vuelta, abrazándolo y besándole el cabello antes de dar un trago a la botella.

–Qué memo… –el moreno lo miró como alucinado de lo feliz que estaba, y le cogió el teléfono, marcando el móvil de Kinsei e imaginando que estaría en el cambio de clase.

Mientras, en la escuela, Kinsei caminaba con algo de pereza de un aula a otra, mentalmente quejándose de tener que estar acudiendo a clases aun con todo lo que estaba sucediendo. Además de que extrañaba a Arai. Por poco se le cayeron los libros, sobresaltado al escuchar el móvil. Se agachó en el suelo, recogiendo lo que se le había caído, mientras tomaba el móvil de su cinturón, contestando un tanto contrariado.

–¿Sí? ¿Quién es?

–Hola… –Arai le dio una calada al porro que Dusk le pasaba, antes de dedicarse a besar a Reiji, tirándose en el colchón y acariciándole la nuca, entrecerrando los ojos. El moreno sonrió, mirándolos como si nada.

–¡Ah! ¡Arai! –exclamó el chico, quizás un poco más entusiasta de lo que hubiese deseado, carraspeando luego –¿Su... Sucede algo? ¿Dónde estás? Iba hacia mi próxima clase.

–En casa de Dusk… ¿Por qué no vienes con nosotros después de las clases? Estamos… –se quedó callado, pensando en que seguro y no le gustaba mucho, y diciéndolo finalmente –Estamos fumando un poco y hablando…

–No fumes tanto, te vas a quedar sin pulmones. ¿No se supone que lo estabas dejan...? –se quedó en silencio, percatándose de qué es lo que estarían fumando si estaban en casa de Dusk, y contestándole serio luego –Allí estaré.

–Vale, ¿quieres que te vaya a buscar? –preguntó, de pronto, planteándose si tendría miedo de ir solo, y notando el cambio de tono.

–No, iré yo –suspiró Kinsei, en su mente exagerando el efecto de la droga, e imaginándose un sinfín de accidentes que le podrían ocurrir a Arai en el camino por no andar lúcido.

–Vale –el moreno miró a la pared, llevándose el porro a los labios de nuevo –. Escucha, si tienes miedo… llámame e iré a buscarte.

–No tengo miedo, no tiene por qué pasarme nada, pero... –se quedó en silencio un segundo, dudando en si decírselo o no, pero había escuchado el sonido de su exhalación al otro lado, aunque claro, también podía ser sólo un suspiro – ...deja de fumar.

Arai frunció el ceño al otro lado, haciendo una mueca con los labios.
–Claro, como quieras… luego nos vemos, ¿vale? –preguntó, observando el porro entre sus dedos.

–Sí, vale, te veo luego... –se quedó con el móvil en el oído, dudoso de nuevo. Le había parecido notar un tono algo molesto en Arai. Pero mejor colgaba, no fuera a enfadarlo más –Te quiero –finalizó a toda velocidad, apagando el móvil y guardándolo como si el tenerlo en la mano lo fuese a delatar.

Arai se llevó el porro a los labios, dándole otra calada y expulsando el humo lentamente mientras colgaba el teléfono.
–Yo a ti… –murmuró, tirándose en el colchón y dándole otra calada más.

–¿Va a venir? –preguntó el rubio, sonriéndole a Reiji, y acariciando los mechones plateados de su cabello con suavidad, como si fuera a romperlo.

–Sí… –contestó Arai sin más, cerrando los ojos.

–Está en modo autista… –susurró el rubio a Reiji, besándolo de nuevo.

–Será el amor... –murmuró el chico, devolviéndole el beso entre risas.

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