Capítulo
42
Tal Vez, Tal Vez, Tal Vez
El profesor se llevó el cigarro a los labios, escuchando
la historia de Kiri.
–Parece ser… que no vamos a morir. No al menos por el
momento. Mi teoría es que nos necesita para algo, o que nos
identifica con ciertas personas… “mis niños…”
¿Qué habrá querido decir? –el profesor
dejó escapar el humo entre los labios, sin reparar en las
miraditas de los alumnos, que sin enterarse aún de lo sucedido
a Takase, encontraban mucho más interés en comentar
los idilios del profesor con sus estudiantes.
–Con ciertas personas, o con cierto tipo de personas... –respondió
el rubio pensativo –Esos niños podrían ser el
pasado, ¿no? Tal vez sea algo que se repite. Y tal vez las
primeras tareas fueron una especie de prueba. Si así fue...parece
que pasamos –unas chicas pasaron a su lado cuchicheando y
riéndose, causando que Kiri se preguntase qué pensarían
de haber visto a todos los estudiantes reunidos en el despacho del
profesor unos minutos antes. ¿Que tenía una orgía?
Se rió un poco sin poder evitarlo.
–Sí… eso pensaba… ¿un entrenamiento?
–el moreno sonrió levemente pensando en ese tipo de
entrenamientos, y subió las gafas por el puente de su nariz
–He investigado eso, y el edificio era una fábrica
de armas, aunque no fue construido con esos fines. Ya existía
antes de eso… así que, no sé a qué se
destinó en primer lugar –explicó, atravesando
las puertas del instituto y acercándose para ver sólo
un montón de ceniza en el suelo, que pareció esperar
por ellos para comenzar a levantarse con el viento.
Kiri paseó su mirada por los alrededores, pero sin encontrar
nada más que eso.
–O alguien se llevó el cuerpo, o... esto es todo lo
que queda –comentó, pensando en que jamás había
escuchado de alguien quemándose de esa manera tan completa,
y mucho menos en ese corto espacio de tiempo, ni en esas condiciones.
–Demasiada ceniza para que sólo sea una parte del cuerpo.
Además, no hay nadie aquí… como si nada hubiera
sucedido –se acercó al montón, pasando un zapato
por encima y haciendo que se levantara más con el viento,
tratando de encontrar algo que no fuera ceniza. Se agachó,
ajustándose las gafas al ver metal fundido en el suelo, tal
vez de un anillo o un colgante –La plata se funde a 961 c
¿Me equivoco?
–Y 999 si es pura. En todo caso, se necesita de una temperatura
muy alta, más que la de un simple mechero –el rubio
lo observó, siguiendo su mirada hasta el objeto, y luego
mirando hacia arriba, no podía evitar hacerlo al saber que
alguien había caído toda esa distancia –. Supongo
que esto nos libra.
–Supongo… –el moreno se limpió las manos
con el pañito, mirando después el reloj plateado en
su muñeca –Le invito a un café para que no interrumpa
la clase. Me gustaría un poco de compañía con
neuronas para variar, escasean en la cafetería a estas horas
–dijo refiriéndose al resto de profesores –.
Me pregunto si esta noche seremos otros los elegidos para dormir
allí o bien si nos encargaran otra de esas pruebas. Por mi
parte… –el moreno tiró la colilla al montón
de ceniza, como si fuera un bulto de basura –, prefiero matar,
a pasar una noche acostado en el cemento, aunque… no negaré
que estoy deseando ser elegido. Resulta tremendamente interesante.
–Interesante, sí. Por mi parte, me hubiera gustado
ver con mis propios ojos lo que sucedió anoche. Tal vez...
pasaron por alto algo importante –comentó mientras
lo seguía, refiriéndose a que ni Dusk ni Reiji eran
realmente de fiar cuando se trataba de detalles, y aceptando su
invitación –. Y esa representación nuestra...
¿cree usted que significaba algo, o sólo eran efectos
especiales?
El profesor sonrió ante lo que decía el rubio, y prendió
un nuevo cigarro, entrando en el edificio como si no le importase
que estuviera prohibido fumar por los pasillos.
–Imagino que tenía un significado, una ceremonia...
Imagino que iremos enterándonos poco a poco –dejó
salir el humo entre sus labios, echándose el cabello hacia
atrás –. O tal vez sólo eran los miedos, las
propias paranoias de Reiji y Dusk reflejadas. Aunque no encuentre
muy terrorífico el hecho de que haga una felación
–el profesor se rió entre dientes sin poder evitarlo.
–Tal vez él lo encuentre terrorífico, no lo
sé –se rió también por lo absurdo de
la idea –. Estamos igual que antes: tal vez, tal vez...
Lorenz pasó la mano por el cuello del chico y entró
en la cafetería del instituto, llevándolo consigo
a una de las mesas del fondo y haciendo que la profesora de la clase
anterior se volviese un tanto escandalizada al verlos.
–¿No tiene clase, señor Aoyama? Que sus notas
sean buenas, no quiere decir que pueda dejar de asistir a clases,
y mucho menos tendría que estar luchando con uno de sus profesores
para que no lo aliente a faltar…
El profesor la miró con una sonrisa apenas perceptible en
los labios, y se ajustó las gafas bajando un poco la cabeza
y riéndose. Dejó salir el humo entre los labios.
–¿Qué le hace pensar que no estoy en clase?
No es necesario estar dentro de un aula para aprender cosas –le
sonrió el chico de manera irreverente a la profesora, pasándole
por delante como si tal cosa.
–Qué le hace pensar, sería la pregunta adecuada…
–el profesor siguió caminando hacia la mesa de la esquina
con el rubio, y pidió dos cafés al hijo de la dueña,
que de todos modos ya sabía lo solía ordenar –.
¿Ya han vuelto sus padres? –preguntó, aflojándose
la corbata mientras consultaba su horario. No tenía más
clases en el día, los de segundo habían ido al museo
de ciencias. La deslizó por su cuello, enrollándola
metódicamente mientras hojeaba las notas que había
tomado. Desabrochó algunos botones de la camisa, mirándolo
entonces, echándose atrás en su silla.
–No, ya le dije que no vendrán hasta pasados un par
de meses, y tan sólo hace unos días que preguntó
–el chico se apoyó en sus manos, sonriendo un poco
y pensando que actuaba como si estuviese en su casa –. ¿Acaso
desea hablar con ellos?
–Lo había olvidado… –sonrió el profesor,
que sólo comprobaba si iba a obtener la misma respuesta –No
creo que haya nada que deba hablar con ellos, estoy seguro de que
no saben mucho de usted, como la mayoría de los padres saben
muy poco de sus hijos… –le dio una calada al cigarro,
dejando salir el humo a un lado y mostrándole un plano, aún
sin decir nada. Pasó un dedo por la última planta,
en donde estaba el almacén del gimnasio –Es extraño
que sus padres tarden tanto en volver y no informen al centro.
–Mis padres confían lo suficiente en mí como
para saber que soy capaz de cuidarme solo –le contestó,
bajando la mirada hacia el plano, observando el lugar en cuestión,
los fogones de la antigua fábrica de armas –. Interesante...
¿Qué cree usted? ¿La violencia genera violencia?
–inquirió un tanto reído, como si fuese un chiste.
El profesor lo miró reído también, sujetando
el cigarro entre los dientes.
–No creo que hasta tal punto –tomó el cigarro
entre dos dedos –, pero si es así… –siguió
marcando con su dedo los pasillos, subiendo las escaleras hasta
el campanario –, esto antes era un sistema de alarma, –aclaró,
hasta llegar al ahora laboratorio del instituto –, la sala
de pruebas… Me pregunto qué pruebas realizaban. No
creo que eso pueda consultarse en libro alguno –sonrió
levemente, mirándolo entonces.
–¿Usted cree...? –lo miró de vuelta el
rubio –Pero aun así, me los imagino realizando pruebas
químicas, biológicas quizás, pero... no me
los imagino jugando con un tablero de guija inscrito en griego y
en latín. A menos que haya quedado algo en el aire y el tablero
vino después. Me refiero a pruebas psíquicas por ejemplo.
El moreno se echó hacia atrás en el asiento, cruzando
los brazos mientras les servían el café.
–Gracias –desvió su mirada hacia el rubio de
nuevo y echó unas cucharaditas de azúcar en su propia
taza –. Pensaba en pruebas psíquicas. De cualquier
modo, opino que ese tablero es mucho más antiguo que todo
esto… –dijo cerrando el plano y entregándoselo
–Tenga una copia. Deseo saber qué había antes
de esta fábrica. Esto era una zona rural.
–Gracias –Kiri tomó el plano, guardándolo
cuidadosamente en su mochila y bebiendo un poco de café,
pensativo –. Más antigua... Supongo que podríamos
averiguar. Tal vez habría que indagar un poco sobre la historia
de esta zona, y no sólo sobre el edificio en sí.
–Tal vez… –el moreno desvió su mirada al
patio, en donde Arai estaba haciendo gimnasia con el resto de su
clase. Al parecer debía de ser la única asignatura
a la que asistía –Veremos qué se nos ofrece
esta noche…

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